Prólogo
Basileion (Mundo aparte)
I- Comienzos
II- El Príncipe de Lleida
III- Lo que yace debajo
IV- La fuerza de la Estirpe
V. Interludio
VI- Talbo
VII-i- La Huida
VII-ii- La Espera
VII-iii- El Reencuentro
VIII- El Ángel, la Copa y el Malkavian
IX- Salou
X-i- La Trampa
X-ii-In Vitae, Veritas
X-iii- Ordo Enigmatis
X-iv- El Tercer Caín
XI- Toledo I
XII- Toledo II
XIII- Un viejo amigo
XIV- La Torre
XV- Girona
Ira
XVI-i- Catársis
XVI-ii- Madrid
XVII- Transilvania
XVIII- Constantinopla
XIX- Damasco
XX- Dracon
XXI- Petra
XXII- La Ciudad de los Puentes
XXIII- Nerón
XXIV- Carnaval
XXV-El códice de Aristóteles
XXVI- Stravaganza
XXVII-Ardan
XXVIII- Ambrogino
XXIX- Tal-mahe-rah
XXX- Huir hacia delante
XXXI- Florencia
XXXII- Fauna de la Toscana
XXXIII- Latido
Entreacto- Reflexión
XXXIV- Interludio
XXXV- Revuelta
XXXVI- Marianne
XXXVII- Loni de Lances
Revelación
XXXVIII- Marionette
XXXIX-Malta
XL- Renaissance
XLI- Humo y espejos
XLII- El Terror
XLIII- Luz
XLIV- Mónaco
XLV- Kahina
XLVI- Errores
XLVII- Oscuridad
XLVIII- Presencias
XLIX- Isabel
L- Dolor
LI- Humillación
LII- Retornos
LIII- Filo Negro
LIV- Ba´hara
LV- Inconnu
LVI- Thorns
LVII- Concilio
LVIII- Camarilla
LIX- Progenie
LX- Lalaika
LXI- Lazos
LXII- Tratos
LXIII- Familia
LXIV- Sacrificio
LXV- Paz
LXVI- Cenizas

26 may 2010
30 may 2006
Sesión Sexagésimo Sexta: Cenizas
Venecia fue a su regreso un recordatorio de la masacre y de las sombras que se avecinaban. A mercerd de los Giovanni y sus caprichos, Michelle sentía que lo que ocurriera desde que anunciara su principado escaparía completamente de su control. Los Giovanni, ellos mismos neutrales, le obligaban a afiliarse públicamente al Sabbat, lo que le traería más problemas todavía, pero trataba de no pensar en ello. Al fin y al cabo, era un asunto de supervivencia.
_ Normalmente se prepara un Concilio- le explicó María cuando Michelle preguntó acerca de la proclama- al cual acuden los vampiros reconocidos como habitantes de la ciudad. El demandante proclama su candidatura al principado y entonces, los diferentes asistentes otorgan su apoyo a esa candidatura. Normalmente, el apoyo se logra otorgando cargos y territorios de caza, o sectores de influencia, al fin y al cabo, se trata de montar una estructura de gobierno y unas reglas para el juego. Supongo que los Giovanni estarán negociando los apoyos para tu candidatura, y te anunciarán a quién investir con qué poderes y cargos.
Michelle suspiró, resignada.
_ Contaba con ello.
_ Muy probablemente- continuó María- te pidan que Ambrogino sea el Primogénito de la ciudad, o al menos el primogénito Giovanni. Aunque teniendo en cuenta que quieren meter a miembros del Sabbat en Venecia afines a ellos, sin duda habrá cosas inusuales en la estructura que creen.
Inquieta, Michelle comenzó a caminar por la habitación, como un león enjaulado. Pero no había ansia en su rostro, sino pesar.
_ Yo no quería esta ciudad, no a este precio...
_ A saber cuántos príncipes han llegado o subsisten en su principado en modos semejantes. Si he de hacer caso a algunos rumores de mi época como Reina de Florencia, al menos un buen puñado.
"Magro consuelo" pensó Michelle dejándose caer en la butaca.
_ Entonces esperemos a que los Giovanni anuncien su jugada - dijo con rabia, apretando los puños- y entonces nos moveremos los peones.
_ No te preocupes.- dijo entonces la voz de Arístides, que había permanecido en silencio en un rincón. De nuevo recordó el beso que aquel ángel había depositado en sus labios y sintió una punzada de dolor indescifrable.- Puede que los Giovanni crean que carecemos de amigos, y puede que ahora sea cierto. Pero tenemos amigos, y poderosos. El tiempo atraerá gente a nuestro lado. Que crean que han puesto una bonita oveja en el trono.
Michelle miró a aquellos ojos que tanto amaba y de nuevo le asaltó el dolor.
_ Tú no puedes quedarte aquí- murmuró al darse cuenta de la situación- No con Augustus en el mausoleo...
Arístides no mudó el rostro: su gesto era tranquilo.
_ Hay gente a quien debo ver.-dijo sencillamente- Gente que nos puede ser de ayuda.
Sí, aquello era la esencia de Arístides, recorrer los caminos, conocer el mundo. Si había temido enjaularle, aquello debería aliviarla, pero muy lejos de aquello, también le retorcía las entrañas que se marchara lejos ahora que por fin le había encontrado.
_ Antes de que te marches, quiero pedirte algo.- dijo, casi con vergüenza de mirarle a los ojos para que no pudiera leer su turbación- Aunque no sé si tengo derecho a pedirte nada después de haberte cortado las alas.- Arístides asintió- Enseñame a Miguel.
Hubiera esperado desconfianza, incluso ira en sus ojos, pero no aquella absoluta bondad y aquella sonrisa, ni la delicadeza con que se introdujo en su mente, compartiendo con ella sus recuerdos. Por un momento, Michelle se sintió una intrusa, pero pronto la belleza que contemplaba la sobrecogió y ya no importó nada más.
Allí estaba, grandiosa y magnífica, Hagia Sofía en la vieja Constantinopla. La luna llena brillaba sobre sus cúpulas bañandola en una luz de ensueño y dotando a sus vidrieras de una magia singular. En el interior, coros celestiales cantaban alabanzas al Dios extranjero y allí, bajo la gran cúpula, arrodillado ante el altar de Cristo, vio a un ser de belleza pura, tan esbelto como la llama que quema todo mal, tan puro como la nieve de las más altas cumbres. Unas alas blancas y níveas se desparraban a su espalda como una cascada de espuma, y el cabello color miel parecía oro a la luz de las velas. Su voz, como un trino, como el arrullo de los ríos, como campanas, oraba al Señor, y tan conmovedora era que no pudo resistir el deseo de llorar de hermosura.
_ Él era puro.- dijo Arístides con la voz embargada de emoción- Solo deseó lo mejor para todos los que vivían bajo sus alas, mortales o inmortales. Su sueño lo era todo, y en su sueño Antonius y yo nos quedamos entretejidos.
De pronto, Miguel se alzó sobre el altar en su mente, y su imagen se distorsionó de manera extraña, y de pronto su piel adquirió los colores del arcoiris y el brillo del cristal, como si fuera una vidriera que hubiera cobrado vida. Con gracia infinita se posó ante la gran vidriera que coronaba el absis de Hagia Sofía, y vio a su diestra otro ángel que le daba la mano, y antes de verle el rostro, ya sabía que aquel ángel era Adonai, con aquel rostro que había visto en él la noche que casi le quitó la vida. Junto a ellos, había otro hombre, pero era tan regio y magnífico que podría haber sido el rey de reyes, de rostro solemne, solemne y sabio, y la mano izquierda de Miguel rodeaba a aquel hombre. Y aquellas tres criaturas eran magníficas como solo podían serlo los ángeles, y poco a poco la imagen se desvaneció, descubriendo los ojos llenos de lágrimas de Arístides, María y Michelle, que de pronto se sentía pequeña, sucia e indigna. Y sus lágrimas ya no eran de belleza.
Arístides miró al vacío con los ojos conmovidos.
_ Miguel... ¿Por qué?- murmuró.
Michelle alzó el mentón tembloroso.
_ Él te amaba...- dijo con voz débil llena de amargura, luego se miró las manos, el vestido, que otrora le parecieran tan esplendorosas y ahora se le antojaban andrajos- Y yo soy solo esto...
Y trás decir aquello, como si ya no estuviera allí sino muy lejos, se marchó.
No salió en varios días del taller y no dejó a nadie ver en qué estaba trabajando. Cuando al fin salió, estaba decidida a enseñar la Biblioteca de Malta a Arístides. María se mostró de acuerdo y hablaron a Arístides de ella.
_ Creo...- dijo admirado Arístides entonces- que la biblioteca puede ser un buen lugar para esconderme.
De nuevo, un puñal se hundió en las entrañas de Michelle que veía como aquel ángel quedaba enjaulado de nuevo, pero bien lejos, donde no podía verle.
_ María, ¿no es cierto que diste muerte al bibliotecario? ¿Quién sabe eso?- continuó Arístides. María sonrió traviesa y señaló a Michelle, que no sonreía ni parecía divertida. Arístides las miró a ambas, tratando de descifrar el motivo por el que una sonreía y no la otra, pero al cabo de un momento desistió y se introdujo en la mente de María para extraer una imagen exacta del hombre que la había tenido presa en Malta. Podía haber entrado en la mente de Michelle para averiguar qué ocurría, pero no lo hizo, y de nuevo Michelle no pudo sino sentir gratitud. Al cabo de unos instantes, en el lugar en que había estado Arístides, encontraron al segundo sire de María, Simón,
y los tres se embarcaron hacia la pequeña isla, mientras en Venecia, Lucio y Angelo quedaban a la espera de las consignas Giovanni.
La Biblioteca de los Secretos abrió sus puertas para ellos una vez más y Arístides observó y tocó los lomos de los libros y de los volúmenes que allí se custodiaban.
_ Hay mucho saber acumulado- dijo- muchos secretos.
Sin tocarlos ni abrirlos, tan solo con la mirada, evaluó uno a uno el contenido de los libros, descartando e indagando aquellos que podían ser interesantes. Cuando hubo pasado un tiempo razonable, Michelle se alejó en pos de la puerta y Arístides y María se volvieron hacia ella.
"Puedo enseñarte el lugar en que descansaba Malkav" dijo a Arístides, excluyendo a María deliberadamente. Ella no necesitaba saber aquello.
Arístides asintió.
"Vamos"
Y los tres caminaron hacia la torre en ruinas que había alojado al señor de los locos.
La torre estaba aún en peor estado que la última vez. Lo que quedaba de techo se había hundido completamente, así como la pared lateral derecha de la puerta. No veía a Gata en ningún lugar, tal vez se hubiera marchado cuando ella y Malkav dejaron Malta. Arístides tocó el suelo con la mano y dejó que sus sentidos fluyeran hacia la tierra.
"Estaba ahí dentro, solo un pedazo de carne" dijo Michelle, recordando aquella noche maldita "Y tu sire brotó de mi pecho y habló con él. Aquí desapareció Michelle por cincuenta largos años"
"Estabas tocada con su esencia, como todos los que emplean la Vicisitud. Es el precio a pagar por el poder de mi clan." respondió Aristides. De pronto se puso en pie y se volvió "Sal"
Michelle había aprendido a no cuestionar sus ordenes cuando era tan escueto, pero de pronto comprendió que no se refería a ella, y de pronto Gata apareció sobre uno de los muros en ruinas, agachada, lamiéndose una mano descuidadamente.
_ Puedes verme- ronroneó- Felicidades.
Su sonrisa era felina y despreocupada, como si no le importase en absoluto que ante ella hubiera alguien capaz de contrarrestar su ofuscación. Reparó entonces en Michelle.
_ ¡Michelle! ¡Cuanto tiempo!- exclamó- ¡Él te envía recuerdos!
Michelle la miró con recelo, entrecerrando los ojos. Aquella era una chiquilla de Malkav... Arístides, en cambio, estaba aparentemente relajado, aunque pudo intuir todos sus sentidos fijos en Gata. De pronto abrió mucho los ojos y de sus labios escapó una exclamación en una lengua extraña.
_ Vaya, vaya, vaya...- dijo al fin- Mari-el-aia... Esto sí que es una verdadera sorpresa. ¿Gata? ¿Ahora te haces llamar así?
Michelle maldijo para sí, aquello era como una pesadilla: allí donde llevaba a Arísitides, aparecía alguien capaz de destruirlo. Gata se sobresaltó y con ojos felinos estudió a un Aristides disfrazado de Simón. Poco a poco, Arístides mutó su forma a una que jamás había visto en él, y Gata abrió mucho los ojos, con reconocimiento.
_ Adonai.- y recuperando su postura anterior, continuó lamiéndose la mano- ¡Esto sí es una sorpresa!
Pudo sentir la relajación de Arístides, y pronto aquellas dos poderosas criaturas comenzaron a hablar en una lengua que Michelle ni siquiera reconocía. Al cabo de un rato, Gata se despidió y de un salto, desapareció. Arístides recuperó la forma del anciano y se volvió hacia Michelle.
_ Ya podemos volver a la biblioteca.- precibió entonces el miedo en el cuerpo de Michelle y sonrió suavemente- Tranquilizate, no es peligrosa. Ella fue un capricho de Malkav.
Dijo aquello como si pudiera ser un consuelo, al parecer sin darse cuenta que incluso un capricho de Malkav podía reducirla a cenizas sin que ella lo viera siquiera.
_ Intenté domesticarla para llevarmela a casa- murmuró, recordando la conversación que había tenido con Gata hacía tanto tiempo, en las calles de Malta- Vamonos.
Arístides alzó las cejas.
_ ¿Domesticarla? ¿Sabes que es probable que lo hubieras conseguido? Mari-e-aia era... ¿Cómo decirlo? Inocente. Si los malkavain tienen todos una lcotura, la de ella es ser inocente hasta el extremo por toda la eternidad. Su corazón carece de la habilidad para hacer el mal, al menos conscientemente. La eterna niña. Para muchos insufrible. Pero para otros, un faro de luz capaz de recordarnos noche a noche que incluso en nosotros aún puede haber inocencia. Ama a Malkav como a un padre. En las Guerras de Generación fue atacada tres veces por jóvenes sedientos de su sangre. Una de las veces, Saulot en persona fue quien la salvó. Otra, Malkav. La tercera fui yo. Me considera... Su hermano mayor desde entonces. Le he pedido que no diga a Malkav que estamos aquí. Podéis contar con ella para lo que queráis en esta isla. Y me ha pedido disculpas para ti. Nunca pensó que Malkav pudiese hacerte daño. Su corazón inocente sencillamente no podía concebir tal idea. Aún ahora cree que se trata de un malentendido, y que con el tiempo se resolverá.
"Malentendido, claro" pensó, sarcástica.
_ Bueno, media cara y un brazo. Un pequeño precio, que dirían.- dijo con lengua afilada- Le debo la vida a Vykos.
Pero Arístides no la escuchaba, negaba con la cabeza y miraba con tristeza hacia las ruinas.
_ ¿Sabes?- decía- Me da lástima. Se siente sola en este mundo eterno. ¿No has notado el aura de triste solitud que emana?
"¿Has sentido tú la mía?" pensó Michelle con amargura.
_ Por eso decía que ella habría aceptado de buen grado irse contigo.-continuó Arístides- Para no estar sola. A los niños...
_ Vámonos.- le cortó Michelle bruscamente- No quiero seguir ni un minuto más aquí. No son recuerdos gratos lo que tengo de este lugar. Si tanta lástima te da, llevala contigo a la biblioteca.- espetó.
Al fin, Aristides pareció comprender su estado de ánimo, aunque la razón para eĺ parecía seguir siendo un enigma. No dijo nada más, y caminaron de vuelta a la biblioteca.
María permaneció atrás en el camino, a su lado, mientras él abría camino, varios metros más adelante.
_ ¿Qué te pasa?- susurró con delicadeza pero con voz firme. Pero Michelle no respondió, negó con la cabeza y siguió caminando. Ellos no podían entenderlo.
Tras pasar un par de noches en la biblioteca revisando el lugar,, Arístides decidió que lo mejor que podía hacer era quedarse allí oculto.
_ No deseo atraer miradas giovanni durante tu investidura. Sería peligroso. Pero puedo pasar de vez en cuando por Venecia. También es mejor que usemos correos normales para comunicarnos. Los giovanni podrían usar un wraith para seguirte hasta aquí astralmente.
Un puño retorciendose en sus entrañas.
_ Sí, será mejor así.
"Perdoname" pensó con amargura "pero te amo demasiado para permitir que ames a alguien como yo."
No hubo despedidas y María y Michelle dejaron la biblioteca. Caminaron en silencio hacia el barco, pero cuando llegaron al puerto, vieron a Gata esperando cerca de la pasarela.
_ Siento mucho lo sucedido con mi amigo.- dijo cuando llegaron hasta ella- Yo... quería disculparme.
Era tan absurdo que Michelle no pudo sino asentir.
_ Acepto tus disculpas, Gata.- y la mujer sonrió.
_ Esto es para ti - dijo, y dejó algo en el suelo -. Un regalo para mostrarte mis disculpas... Y ahora, debo irme.
Dicho esto, se esfumó, y allí quedaron Michelle y María, con aquello a los pies. Parecía una joya sencilla, pero si algo había aprendido era que aquellas cosas jamás eran sencillas.Tanteó espiritualmente la joya y al cabo de un instante, entendió qué era y como funcionaba. Era algo similar a la moneda, una caja llena de recuerdos, pero en esta ocasión, eran de un solo tiempo y lugar, un tiempo y lugar que no reconocía, pero en el que descubrió a Arístides en la forma que se mostró a Gata. Comprendió con sorpresa que aquel debía ser su rostro trás dejar de ser Adonai... Sin embargo, Aristides no era el único que aparecía en aquellos recuerdos. Vio también a otros matusalenes cuando eran apenas unos neonatos, y comprendió con asombro que también eran los auténticos rostros de los antediluvianos los que veía en aquellos recuerdos. Aquello era peligroso y sintió un escalofrío. Guardó la joya en su bolsa, mirando a su alrededor temiendo que alguien pudiera comprender lo que había en aquella piedra, y María y ella embarcaron de nuevo hacia Venecia.
A su regreso, Lucio le anunció que Ambrogino había pedido verla para darle los detalles de la proclama. No le hizo esperar, quería terminar aquello cuanto antes y aquella misma noche lo recibió en el salón privado de su casa, acompañada por María.
_ Buenas noches, Michelle, y María.- dijo Ambrogino al entrar al salón y encontrarlas allí, sentadas en sus espléndidos sillones como si de tronos se trataran.- Espero que esos asuntos que os han obligado a salir de la ciudad hayan sido... satisfactorios.
Michelle se preguntó si algú wraith del ejército Giovanni las habría seguido hasta Malta, pero decidió no mostrarse inquieta.
_ Bien- dijo, ignorando el comentario- ¿Ya está todo listo?
_ Lo está- asintió Ambrogino- Oficialmente, vos y vuestra gente acabasteis con Alfonso de Venecia, con el apoyo y beneplácito de los Amici Noctis. Los Amici Noctis son un grupo interno del clan lasombra que decide quién debe morir dentro del clan. Por tanto, para tener su beneplácito, Venecia tendrá dos primogénitos: yo como independiente, y un lasombra sabbat.
_ ¿Y ellos saben que me dieron su apoyo y beneplácito?-interrumpió Michelle, irónica- ¿O los tendré llamando a mi puerta en menos de una semana?
_ Los Amici saben bien que Alfonso era problemático. Sencillamente ha sido conveniente "su" apoyo. Así han hecho entender dentro de su clan que tienen las riendas de todo, incluso para acabar con alguien como Alfonso. El elegido para la primogenitura se llama Ludovico Andreotti, y aunque es genovés de nacimiento, lleva doscientos años siendo miembro destacado de los cainitas romanos. Ludovico está al tanto de nuestros tratos, y es consciente que los Amici nada tuvieron que ver con la caida de Alfonso. Sin embargo, en Roma nunca fue ambicioso incluso cuando se le dio ocasión para ello. Es un lasombra que prefiere quedarse en la sombra de un príncipe brillante, y no asumir el liderazgo de nada.
_ Dadle tiempo, signore.- apostilló Michelle.
_ Bueno, si se muestra peligroso, siempre podemos retirarle nuestro apoyo.
"Peligroso para los Giovanni, por supuesto" se dijo Michelle, y compartió aquel pensamiento con María, que asintió.
_ Por debajo de los giovanni y los lasombra, y de vos, habrá un triunvirato.- continuó Ambrogino- Cada uno de los miembros del triunvirato quedará bajo supervisión directa de uno de los primogénitos y el príncipe. El triunvirato serán las cabezas visibles de los cainitas menores, y se ocuparán de la mayor parte de la administración menor de la ciudad. Nosotros supervisaremos al cónsul de los clanes independientes, Luca Giovanni. Los otros dos miembros están elegidos, aunque no bajo quién quedará su supervisión. Por un lado, hay el cónsul de los antitribu combatientes, aquellos antitribu que han optado por combatir a la Camarilla. Por el otro lado, el cónsul de los no combatientes. Aquellos que han preferido crear una sociedad Sabbat propia. Los combatientes los liderará el ventrue antitribu Adriano mientras que los otros los dirigirá la nosferatu antitribu Ariadna Comneno.
Michelle reprimió un gesto de desagrado ante aquel incipiente nido de víboras.
_ Adriano es chiquillo de Hardestat el Joven,-continuó Ambrogino- chiquillo a su vez del Fundador Hardestat, y una de las cabezas visibles más prominentes de los antitribbu de su clan. Ariadna por su parte es una superviviente de más de quince batallas contra la Camarilla incipiente, que ha dejado de lado las armas para construir un ideal Sabbat.
_ ¿Algo más?- inquirió con saña Michelle. Ambrogino alzó las cejas, sin comprender aquel tono.
_ ¿Perdón? Eso debería venir de vos, Signora.
_ Bien, explicadme ahora ¿Por qué ese interés en que no vuelvan por estas tierras ni Vykos ni el Vivisector?
_ Los Amici Noctis vigilaban el lugar del encuentro. Es más, Montano en persona lo hizo. Saben de nuestra implicación, y que Vykos y Velya estaban sólo de paso. Augustus tuvo que negociar personalmente con Montano. El acuerdo fue cerrado de este modo. Venecia y Florencia nuestras, pero a cambio hemos cedido algunos dominios que teníamos en disputa.
Michelle asintió.
_ Entonces levantaré esa orden. Quiero al menos poder decidir quien etra y quien no en esta ciudad.
Ambrogino mantuvo la compostura, pero Michelle pudo intuirlo incómodo.
_ Eh... claro,-dijo- Como príncipe de Venecia, tendréis la autoridad habitual de un príncipe: derecho a repartir dominios de caza, entradas y salidas de la ciudad, progenie... Nosotros sólo deseamos que nuestro habitante ilustre pase desapercibido, pues aunque Montano sabe de su presencia aquí, nuestro acuerdo debería evitar problemas por ese lado. En cualquier caso, nuestra autoridad sobre las fuerzas de la ciudad es limitada. Un control por nuestra parte sobre el triunvirato, por ejemplo, podría levantar sospechas en el Sabbat... No deseadas. Es por ello que tendréis autoridad plena por nuestra parte, y los lasombra del Sabbat garantizan que al menos por el momento los representantes del Sabbat os serán leales. De todos modos, sugieren que busquéis un priscus de confianza para oficiar los ritos oficiales de la secta.
La conversación terminó con aquello. Ambrogino se marchó visiblemente aliviado, sin entender demasiado bien por qué la cortesía y amabilidad de Michelle de Mauvernay habían mutado en fría ironía. Pasadas un par de noches, Augustus Giovanni le dio permiso para hacer la proclama. Se vistió con su vestido más magnífico y solemne, y reunió en la gran casa a los vampiros de Venecia. Entre ellos estaban sus dos primogénitos y su triunvirato, esperando como si nada o poco supieran del asunto.
"Bien, empecemos la farsa" se dijo.
Cuando todos estuvieron en el palacio, Michelle subió lentamente la escalinata desde la que inauguraba bailes y fiestas, bien a la vista de todos, y saludó con una inclinación de cabeza, uno a uno, a los más prominentes miembros de la sociedad cainita veneciana.
_ Buenas noches, respetables señores- comenzó- Sed bienvenidos en este palacio. Algunos de vosotros me conocéis, otros apenas habréis oido hablar de mí, pero Venecia no me ha olvidado. Soy Michelle de Mauvernay, chiquilla de Loni de Lances, chiquilla de Rodrigo de Lances. Os he reunido aquí esta noche porque el Usurpador ha caído, pagando con su vida el precio de lo que había arrebatado al mundo, devolviendo a Venecia la posibilidad de la luz que una vez la inundó, llenándola de grandeza. Una grandeza que el viento anunció en toda Italia y más allá de los Alpes. La fama de esta ciudad fue una vez inmensa pero en estos tiempos aciagos se volvió sombría, un resquicio apenas de lo que fue en otros tiempos. Pero Venecia me recuerda. Recuerda cuando llegué a esta ciudad hace más de doscientos años, cuando era apenas una neonata sin bienes ni gloria, y me vio crever, convertirme en lo que ahora véis. Tomé de ella como ella tomó de mí, y regreso ahora, después de tanto tiempo, con la intención de devolver a esta ciudad el esplendor que un día tuvo. Con vuestro apoyo, Venecia será de nuevo grande, hermosa y temida.-los rostros de los asistentes mostraban asentimiento y sintió que le infundían valor- ¡Un bastión ante el rostro de la Camarilla! Que tengan ante sus ojos el faro más luminoso del Sabbat que les ciegue, que les queme la vista, porque Venecia es la gran puerta a la Tierra del Sabbar, en sus marismas comienza Italia, y cualquier hermano será bienvenido en sus calles, y aquellos que no traigan intenciones de guerra ni de mal tendrán caza refugio en esta ciudad.
Tomó aliento, los ojos le brillaban.
_ Pero yo no soy Venecia.-continuó- Venecia somos todos y cada uno de los presentes aquí esta noche, y si yo le daré la luz que le falta, vosotros podéis ayudarme a darle la dureza del acero, la agudeza de la espada y la grandeza del pasado. Para conseguir todo esto, yo, Michelle de Mauvernay, necesitaré de dos sólidos pilares. Adelantaos, Ambrogino Giovanni.
Ambrogino dio un paso al frente.
_ Vos sois un respetable ciudadano en Venecia, un sobresaliente miembro en vuestro Clan y un hombre honorable ¿Queréis vos ser uno de mis pilares y ayudarme a gobernar Venecia con justicia?
El Giovanni asintió con una leve reverencia.
_ Si es vuestro deseo, sí, Signora.
Michelle asintió y Ambrogino se situó a su lado.
_ Adelantaos, Ludovico Andreotti.
Ludovico avanzó. Era un hombre de aspecto anciano, delgado, algo encorvado y lleno de arrugas, como un viejo cuervo, sin embargo, su mirada estaba llena de fuego y había en él una extraña vitalidad.
_ Durante doscientos años habéis sido un respetable miembro en la sociedad cainita Romana, gran joya de la corona italiana. Vuestro nombre os precede y honra esta casa y esta ciudad ¿Deseáis ser vos mi pilar, para ayudarme a gobernar Venecia con sabiduría y fuerza?
Andreotti se inclinó como lo hiciera Ambrogino y mintió:
_ Con humildad lo deseo, Signora.
"Ya solo queda el acto final"
_ Ciudadanos de Venecia, ante vosotros tenéis a vuestros dos primogénitos.- exclamó- Los hermanos del Sabbat y aquellos independientes tienen representación y cabida en el gobierno de esta ciudad.Que no se diga de Venecia que se cierran las puertas a quienes la quieren bien.- sonaron aplausos en el salón y Michelle sintió que hoy más que nunca estaba interpretando su gran papel- En esta noche, ciudadanos de Venecia, y ante vuestros ojos y a vuestros pies, se alza Michelle de Mauvernay, Reina de Venecia y Luz de Italia. Que mi reinado traiga a Venecia todo el esplendor que se merece y al Sabbat su estandarte más esplendoroso.
Los aplausos lo llenaron todo.
Había comenzado el Reinado de las Cenizas.
_ Normalmente se prepara un Concilio- le explicó María cuando Michelle preguntó acerca de la proclama- al cual acuden los vampiros reconocidos como habitantes de la ciudad. El demandante proclama su candidatura al principado y entonces, los diferentes asistentes otorgan su apoyo a esa candidatura. Normalmente, el apoyo se logra otorgando cargos y territorios de caza, o sectores de influencia, al fin y al cabo, se trata de montar una estructura de gobierno y unas reglas para el juego. Supongo que los Giovanni estarán negociando los apoyos para tu candidatura, y te anunciarán a quién investir con qué poderes y cargos.
Michelle suspiró, resignada.
_ Contaba con ello.
_ Muy probablemente- continuó María- te pidan que Ambrogino sea el Primogénito de la ciudad, o al menos el primogénito Giovanni. Aunque teniendo en cuenta que quieren meter a miembros del Sabbat en Venecia afines a ellos, sin duda habrá cosas inusuales en la estructura que creen.
Inquieta, Michelle comenzó a caminar por la habitación, como un león enjaulado. Pero no había ansia en su rostro, sino pesar.
_ Yo no quería esta ciudad, no a este precio...
_ A saber cuántos príncipes han llegado o subsisten en su principado en modos semejantes. Si he de hacer caso a algunos rumores de mi época como Reina de Florencia, al menos un buen puñado.
"Magro consuelo" pensó Michelle dejándose caer en la butaca.
_ Entonces esperemos a que los Giovanni anuncien su jugada - dijo con rabia, apretando los puños- y entonces nos moveremos los peones.
_ No te preocupes.- dijo entonces la voz de Arístides, que había permanecido en silencio en un rincón. De nuevo recordó el beso que aquel ángel había depositado en sus labios y sintió una punzada de dolor indescifrable.- Puede que los Giovanni crean que carecemos de amigos, y puede que ahora sea cierto. Pero tenemos amigos, y poderosos. El tiempo atraerá gente a nuestro lado. Que crean que han puesto una bonita oveja en el trono.
Michelle miró a aquellos ojos que tanto amaba y de nuevo le asaltó el dolor.
_ Tú no puedes quedarte aquí- murmuró al darse cuenta de la situación- No con Augustus en el mausoleo...
Arístides no mudó el rostro: su gesto era tranquilo.
_ Hay gente a quien debo ver.-dijo sencillamente- Gente que nos puede ser de ayuda.
Sí, aquello era la esencia de Arístides, recorrer los caminos, conocer el mundo. Si había temido enjaularle, aquello debería aliviarla, pero muy lejos de aquello, también le retorcía las entrañas que se marchara lejos ahora que por fin le había encontrado.
_ Antes de que te marches, quiero pedirte algo.- dijo, casi con vergüenza de mirarle a los ojos para que no pudiera leer su turbación- Aunque no sé si tengo derecho a pedirte nada después de haberte cortado las alas.- Arístides asintió- Enseñame a Miguel.
Hubiera esperado desconfianza, incluso ira en sus ojos, pero no aquella absoluta bondad y aquella sonrisa, ni la delicadeza con que se introdujo en su mente, compartiendo con ella sus recuerdos. Por un momento, Michelle se sintió una intrusa, pero pronto la belleza que contemplaba la sobrecogió y ya no importó nada más.
Allí estaba, grandiosa y magnífica, Hagia Sofía en la vieja Constantinopla. La luna llena brillaba sobre sus cúpulas bañandola en una luz de ensueño y dotando a sus vidrieras de una magia singular. En el interior, coros celestiales cantaban alabanzas al Dios extranjero y allí, bajo la gran cúpula, arrodillado ante el altar de Cristo, vio a un ser de belleza pura, tan esbelto como la llama que quema todo mal, tan puro como la nieve de las más altas cumbres. Unas alas blancas y níveas se desparraban a su espalda como una cascada de espuma, y el cabello color miel parecía oro a la luz de las velas. Su voz, como un trino, como el arrullo de los ríos, como campanas, oraba al Señor, y tan conmovedora era que no pudo resistir el deseo de llorar de hermosura.
_ Él era puro.- dijo Arístides con la voz embargada de emoción- Solo deseó lo mejor para todos los que vivían bajo sus alas, mortales o inmortales. Su sueño lo era todo, y en su sueño Antonius y yo nos quedamos entretejidos.
De pronto, Miguel se alzó sobre el altar en su mente, y su imagen se distorsionó de manera extraña, y de pronto su piel adquirió los colores del arcoiris y el brillo del cristal, como si fuera una vidriera que hubiera cobrado vida. Con gracia infinita se posó ante la gran vidriera que coronaba el absis de Hagia Sofía, y vio a su diestra otro ángel que le daba la mano, y antes de verle el rostro, ya sabía que aquel ángel era Adonai, con aquel rostro que había visto en él la noche que casi le quitó la vida. Junto a ellos, había otro hombre, pero era tan regio y magnífico que podría haber sido el rey de reyes, de rostro solemne, solemne y sabio, y la mano izquierda de Miguel rodeaba a aquel hombre. Y aquellas tres criaturas eran magníficas como solo podían serlo los ángeles, y poco a poco la imagen se desvaneció, descubriendo los ojos llenos de lágrimas de Arístides, María y Michelle, que de pronto se sentía pequeña, sucia e indigna. Y sus lágrimas ya no eran de belleza.
Arístides miró al vacío con los ojos conmovidos.
_ Miguel... ¿Por qué?- murmuró.
Michelle alzó el mentón tembloroso.
_ Él te amaba...- dijo con voz débil llena de amargura, luego se miró las manos, el vestido, que otrora le parecieran tan esplendorosas y ahora se le antojaban andrajos- Y yo soy solo esto...
Y trás decir aquello, como si ya no estuviera allí sino muy lejos, se marchó.
No salió en varios días del taller y no dejó a nadie ver en qué estaba trabajando. Cuando al fin salió, estaba decidida a enseñar la Biblioteca de Malta a Arístides. María se mostró de acuerdo y hablaron a Arístides de ella.
_ Creo...- dijo admirado Arístides entonces- que la biblioteca puede ser un buen lugar para esconderme.
De nuevo, un puñal se hundió en las entrañas de Michelle que veía como aquel ángel quedaba enjaulado de nuevo, pero bien lejos, donde no podía verle.
_ María, ¿no es cierto que diste muerte al bibliotecario? ¿Quién sabe eso?- continuó Arístides. María sonrió traviesa y señaló a Michelle, que no sonreía ni parecía divertida. Arístides las miró a ambas, tratando de descifrar el motivo por el que una sonreía y no la otra, pero al cabo de un momento desistió y se introdujo en la mente de María para extraer una imagen exacta del hombre que la había tenido presa en Malta. Podía haber entrado en la mente de Michelle para averiguar qué ocurría, pero no lo hizo, y de nuevo Michelle no pudo sino sentir gratitud. Al cabo de unos instantes, en el lugar en que había estado Arístides, encontraron al segundo sire de María, Simón,
y los tres se embarcaron hacia la pequeña isla, mientras en Venecia, Lucio y Angelo quedaban a la espera de las consignas Giovanni.
La Biblioteca de los Secretos abrió sus puertas para ellos una vez más y Arístides observó y tocó los lomos de los libros y de los volúmenes que allí se custodiaban.
_ Hay mucho saber acumulado- dijo- muchos secretos.
Sin tocarlos ni abrirlos, tan solo con la mirada, evaluó uno a uno el contenido de los libros, descartando e indagando aquellos que podían ser interesantes. Cuando hubo pasado un tiempo razonable, Michelle se alejó en pos de la puerta y Arístides y María se volvieron hacia ella.
"Puedo enseñarte el lugar en que descansaba Malkav" dijo a Arístides, excluyendo a María deliberadamente. Ella no necesitaba saber aquello.
Arístides asintió.
"Vamos"
Y los tres caminaron hacia la torre en ruinas que había alojado al señor de los locos.
La torre estaba aún en peor estado que la última vez. Lo que quedaba de techo se había hundido completamente, así como la pared lateral derecha de la puerta. No veía a Gata en ningún lugar, tal vez se hubiera marchado cuando ella y Malkav dejaron Malta. Arístides tocó el suelo con la mano y dejó que sus sentidos fluyeran hacia la tierra.
"Estaba ahí dentro, solo un pedazo de carne" dijo Michelle, recordando aquella noche maldita "Y tu sire brotó de mi pecho y habló con él. Aquí desapareció Michelle por cincuenta largos años"
"Estabas tocada con su esencia, como todos los que emplean la Vicisitud. Es el precio a pagar por el poder de mi clan." respondió Aristides. De pronto se puso en pie y se volvió "Sal"
Michelle había aprendido a no cuestionar sus ordenes cuando era tan escueto, pero de pronto comprendió que no se refería a ella, y de pronto Gata apareció sobre uno de los muros en ruinas, agachada, lamiéndose una mano descuidadamente.
_ Puedes verme- ronroneó- Felicidades.
Su sonrisa era felina y despreocupada, como si no le importase en absoluto que ante ella hubiera alguien capaz de contrarrestar su ofuscación. Reparó entonces en Michelle.
_ ¡Michelle! ¡Cuanto tiempo!- exclamó- ¡Él te envía recuerdos!
Michelle la miró con recelo, entrecerrando los ojos. Aquella era una chiquilla de Malkav... Arístides, en cambio, estaba aparentemente relajado, aunque pudo intuir todos sus sentidos fijos en Gata. De pronto abrió mucho los ojos y de sus labios escapó una exclamación en una lengua extraña.
_ Vaya, vaya, vaya...- dijo al fin- Mari-el-aia... Esto sí que es una verdadera sorpresa. ¿Gata? ¿Ahora te haces llamar así?
Michelle maldijo para sí, aquello era como una pesadilla: allí donde llevaba a Arísitides, aparecía alguien capaz de destruirlo. Gata se sobresaltó y con ojos felinos estudió a un Aristides disfrazado de Simón. Poco a poco, Arístides mutó su forma a una que jamás había visto en él, y Gata abrió mucho los ojos, con reconocimiento.
_ Adonai.- y recuperando su postura anterior, continuó lamiéndose la mano- ¡Esto sí es una sorpresa!
Pudo sentir la relajación de Arístides, y pronto aquellas dos poderosas criaturas comenzaron a hablar en una lengua que Michelle ni siquiera reconocía. Al cabo de un rato, Gata se despidió y de un salto, desapareció. Arístides recuperó la forma del anciano y se volvió hacia Michelle.
_ Ya podemos volver a la biblioteca.- precibió entonces el miedo en el cuerpo de Michelle y sonrió suavemente- Tranquilizate, no es peligrosa. Ella fue un capricho de Malkav.
Dijo aquello como si pudiera ser un consuelo, al parecer sin darse cuenta que incluso un capricho de Malkav podía reducirla a cenizas sin que ella lo viera siquiera.
_ Intenté domesticarla para llevarmela a casa- murmuró, recordando la conversación que había tenido con Gata hacía tanto tiempo, en las calles de Malta- Vamonos.
Arístides alzó las cejas.
_ ¿Domesticarla? ¿Sabes que es probable que lo hubieras conseguido? Mari-e-aia era... ¿Cómo decirlo? Inocente. Si los malkavain tienen todos una lcotura, la de ella es ser inocente hasta el extremo por toda la eternidad. Su corazón carece de la habilidad para hacer el mal, al menos conscientemente. La eterna niña. Para muchos insufrible. Pero para otros, un faro de luz capaz de recordarnos noche a noche que incluso en nosotros aún puede haber inocencia. Ama a Malkav como a un padre. En las Guerras de Generación fue atacada tres veces por jóvenes sedientos de su sangre. Una de las veces, Saulot en persona fue quien la salvó. Otra, Malkav. La tercera fui yo. Me considera... Su hermano mayor desde entonces. Le he pedido que no diga a Malkav que estamos aquí. Podéis contar con ella para lo que queráis en esta isla. Y me ha pedido disculpas para ti. Nunca pensó que Malkav pudiese hacerte daño. Su corazón inocente sencillamente no podía concebir tal idea. Aún ahora cree que se trata de un malentendido, y que con el tiempo se resolverá.
"Malentendido, claro" pensó, sarcástica.
_ Bueno, media cara y un brazo. Un pequeño precio, que dirían.- dijo con lengua afilada- Le debo la vida a Vykos.
Pero Arístides no la escuchaba, negaba con la cabeza y miraba con tristeza hacia las ruinas.
_ ¿Sabes?- decía- Me da lástima. Se siente sola en este mundo eterno. ¿No has notado el aura de triste solitud que emana?
"¿Has sentido tú la mía?" pensó Michelle con amargura.
_ Por eso decía que ella habría aceptado de buen grado irse contigo.-continuó Arístides- Para no estar sola. A los niños...
_ Vámonos.- le cortó Michelle bruscamente- No quiero seguir ni un minuto más aquí. No son recuerdos gratos lo que tengo de este lugar. Si tanta lástima te da, llevala contigo a la biblioteca.- espetó.
Al fin, Aristides pareció comprender su estado de ánimo, aunque la razón para eĺ parecía seguir siendo un enigma. No dijo nada más, y caminaron de vuelta a la biblioteca.
María permaneció atrás en el camino, a su lado, mientras él abría camino, varios metros más adelante.
_ ¿Qué te pasa?- susurró con delicadeza pero con voz firme. Pero Michelle no respondió, negó con la cabeza y siguió caminando. Ellos no podían entenderlo.
Tras pasar un par de noches en la biblioteca revisando el lugar,, Arístides decidió que lo mejor que podía hacer era quedarse allí oculto.
_ No deseo atraer miradas giovanni durante tu investidura. Sería peligroso. Pero puedo pasar de vez en cuando por Venecia. También es mejor que usemos correos normales para comunicarnos. Los giovanni podrían usar un wraith para seguirte hasta aquí astralmente.
Un puño retorciendose en sus entrañas.
_ Sí, será mejor así.
"Perdoname" pensó con amargura "pero te amo demasiado para permitir que ames a alguien como yo."
No hubo despedidas y María y Michelle dejaron la biblioteca. Caminaron en silencio hacia el barco, pero cuando llegaron al puerto, vieron a Gata esperando cerca de la pasarela.
_ Siento mucho lo sucedido con mi amigo.- dijo cuando llegaron hasta ella- Yo... quería disculparme.
Era tan absurdo que Michelle no pudo sino asentir.
_ Acepto tus disculpas, Gata.- y la mujer sonrió.
_ Esto es para ti - dijo, y dejó algo en el suelo -. Un regalo para mostrarte mis disculpas... Y ahora, debo irme.
Dicho esto, se esfumó, y allí quedaron Michelle y María, con aquello a los pies. Parecía una joya sencilla, pero si algo había aprendido era que aquellas cosas jamás eran sencillas.Tanteó espiritualmente la joya y al cabo de un instante, entendió qué era y como funcionaba. Era algo similar a la moneda, una caja llena de recuerdos, pero en esta ocasión, eran de un solo tiempo y lugar, un tiempo y lugar que no reconocía, pero en el que descubrió a Arístides en la forma que se mostró a Gata. Comprendió con sorpresa que aquel debía ser su rostro trás dejar de ser Adonai... Sin embargo, Aristides no era el único que aparecía en aquellos recuerdos. Vio también a otros matusalenes cuando eran apenas unos neonatos, y comprendió con asombro que también eran los auténticos rostros de los antediluvianos los que veía en aquellos recuerdos. Aquello era peligroso y sintió un escalofrío. Guardó la joya en su bolsa, mirando a su alrededor temiendo que alguien pudiera comprender lo que había en aquella piedra, y María y ella embarcaron de nuevo hacia Venecia.
A su regreso, Lucio le anunció que Ambrogino había pedido verla para darle los detalles de la proclama. No le hizo esperar, quería terminar aquello cuanto antes y aquella misma noche lo recibió en el salón privado de su casa, acompañada por María.
_ Buenas noches, Michelle, y María.- dijo Ambrogino al entrar al salón y encontrarlas allí, sentadas en sus espléndidos sillones como si de tronos se trataran.- Espero que esos asuntos que os han obligado a salir de la ciudad hayan sido... satisfactorios.
Michelle se preguntó si algú wraith del ejército Giovanni las habría seguido hasta Malta, pero decidió no mostrarse inquieta.
_ Bien- dijo, ignorando el comentario- ¿Ya está todo listo?
_ Lo está- asintió Ambrogino- Oficialmente, vos y vuestra gente acabasteis con Alfonso de Venecia, con el apoyo y beneplácito de los Amici Noctis. Los Amici Noctis son un grupo interno del clan lasombra que decide quién debe morir dentro del clan. Por tanto, para tener su beneplácito, Venecia tendrá dos primogénitos: yo como independiente, y un lasombra sabbat.
_ ¿Y ellos saben que me dieron su apoyo y beneplácito?-interrumpió Michelle, irónica- ¿O los tendré llamando a mi puerta en menos de una semana?
_ Los Amici saben bien que Alfonso era problemático. Sencillamente ha sido conveniente "su" apoyo. Así han hecho entender dentro de su clan que tienen las riendas de todo, incluso para acabar con alguien como Alfonso. El elegido para la primogenitura se llama Ludovico Andreotti, y aunque es genovés de nacimiento, lleva doscientos años siendo miembro destacado de los cainitas romanos. Ludovico está al tanto de nuestros tratos, y es consciente que los Amici nada tuvieron que ver con la caida de Alfonso. Sin embargo, en Roma nunca fue ambicioso incluso cuando se le dio ocasión para ello. Es un lasombra que prefiere quedarse en la sombra de un príncipe brillante, y no asumir el liderazgo de nada.
_ Dadle tiempo, signore.- apostilló Michelle.
_ Bueno, si se muestra peligroso, siempre podemos retirarle nuestro apoyo.
"Peligroso para los Giovanni, por supuesto" se dijo Michelle, y compartió aquel pensamiento con María, que asintió.
_ Por debajo de los giovanni y los lasombra, y de vos, habrá un triunvirato.- continuó Ambrogino- Cada uno de los miembros del triunvirato quedará bajo supervisión directa de uno de los primogénitos y el príncipe. El triunvirato serán las cabezas visibles de los cainitas menores, y se ocuparán de la mayor parte de la administración menor de la ciudad. Nosotros supervisaremos al cónsul de los clanes independientes, Luca Giovanni. Los otros dos miembros están elegidos, aunque no bajo quién quedará su supervisión. Por un lado, hay el cónsul de los antitribu combatientes, aquellos antitribu que han optado por combatir a la Camarilla. Por el otro lado, el cónsul de los no combatientes. Aquellos que han preferido crear una sociedad Sabbat propia. Los combatientes los liderará el ventrue antitribu Adriano mientras que los otros los dirigirá la nosferatu antitribu Ariadna Comneno.
Michelle reprimió un gesto de desagrado ante aquel incipiente nido de víboras.
_ Adriano es chiquillo de Hardestat el Joven,-continuó Ambrogino- chiquillo a su vez del Fundador Hardestat, y una de las cabezas visibles más prominentes de los antitribbu de su clan. Ariadna por su parte es una superviviente de más de quince batallas contra la Camarilla incipiente, que ha dejado de lado las armas para construir un ideal Sabbat.
_ ¿Algo más?- inquirió con saña Michelle. Ambrogino alzó las cejas, sin comprender aquel tono.
_ ¿Perdón? Eso debería venir de vos, Signora.
_ Bien, explicadme ahora ¿Por qué ese interés en que no vuelvan por estas tierras ni Vykos ni el Vivisector?
_ Los Amici Noctis vigilaban el lugar del encuentro. Es más, Montano en persona lo hizo. Saben de nuestra implicación, y que Vykos y Velya estaban sólo de paso. Augustus tuvo que negociar personalmente con Montano. El acuerdo fue cerrado de este modo. Venecia y Florencia nuestras, pero a cambio hemos cedido algunos dominios que teníamos en disputa.
Michelle asintió.
_ Entonces levantaré esa orden. Quiero al menos poder decidir quien etra y quien no en esta ciudad.
Ambrogino mantuvo la compostura, pero Michelle pudo intuirlo incómodo.
_ Eh... claro,-dijo- Como príncipe de Venecia, tendréis la autoridad habitual de un príncipe: derecho a repartir dominios de caza, entradas y salidas de la ciudad, progenie... Nosotros sólo deseamos que nuestro habitante ilustre pase desapercibido, pues aunque Montano sabe de su presencia aquí, nuestro acuerdo debería evitar problemas por ese lado. En cualquier caso, nuestra autoridad sobre las fuerzas de la ciudad es limitada. Un control por nuestra parte sobre el triunvirato, por ejemplo, podría levantar sospechas en el Sabbat... No deseadas. Es por ello que tendréis autoridad plena por nuestra parte, y los lasombra del Sabbat garantizan que al menos por el momento los representantes del Sabbat os serán leales. De todos modos, sugieren que busquéis un priscus de confianza para oficiar los ritos oficiales de la secta.
La conversación terminó con aquello. Ambrogino se marchó visiblemente aliviado, sin entender demasiado bien por qué la cortesía y amabilidad de Michelle de Mauvernay habían mutado en fría ironía. Pasadas un par de noches, Augustus Giovanni le dio permiso para hacer la proclama. Se vistió con su vestido más magnífico y solemne, y reunió en la gran casa a los vampiros de Venecia. Entre ellos estaban sus dos primogénitos y su triunvirato, esperando como si nada o poco supieran del asunto.
"Bien, empecemos la farsa" se dijo.
Cuando todos estuvieron en el palacio, Michelle subió lentamente la escalinata desde la que inauguraba bailes y fiestas, bien a la vista de todos, y saludó con una inclinación de cabeza, uno a uno, a los más prominentes miembros de la sociedad cainita veneciana.
_ Buenas noches, respetables señores- comenzó- Sed bienvenidos en este palacio. Algunos de vosotros me conocéis, otros apenas habréis oido hablar de mí, pero Venecia no me ha olvidado. Soy Michelle de Mauvernay, chiquilla de Loni de Lances, chiquilla de Rodrigo de Lances. Os he reunido aquí esta noche porque el Usurpador ha caído, pagando con su vida el precio de lo que había arrebatado al mundo, devolviendo a Venecia la posibilidad de la luz que una vez la inundó, llenándola de grandeza. Una grandeza que el viento anunció en toda Italia y más allá de los Alpes. La fama de esta ciudad fue una vez inmensa pero en estos tiempos aciagos se volvió sombría, un resquicio apenas de lo que fue en otros tiempos. Pero Venecia me recuerda. Recuerda cuando llegué a esta ciudad hace más de doscientos años, cuando era apenas una neonata sin bienes ni gloria, y me vio crever, convertirme en lo que ahora véis. Tomé de ella como ella tomó de mí, y regreso ahora, después de tanto tiempo, con la intención de devolver a esta ciudad el esplendor que un día tuvo. Con vuestro apoyo, Venecia será de nuevo grande, hermosa y temida.-los rostros de los asistentes mostraban asentimiento y sintió que le infundían valor- ¡Un bastión ante el rostro de la Camarilla! Que tengan ante sus ojos el faro más luminoso del Sabbat que les ciegue, que les queme la vista, porque Venecia es la gran puerta a la Tierra del Sabbar, en sus marismas comienza Italia, y cualquier hermano será bienvenido en sus calles, y aquellos que no traigan intenciones de guerra ni de mal tendrán caza refugio en esta ciudad.
Tomó aliento, los ojos le brillaban.
_ Pero yo no soy Venecia.-continuó- Venecia somos todos y cada uno de los presentes aquí esta noche, y si yo le daré la luz que le falta, vosotros podéis ayudarme a darle la dureza del acero, la agudeza de la espada y la grandeza del pasado. Para conseguir todo esto, yo, Michelle de Mauvernay, necesitaré de dos sólidos pilares. Adelantaos, Ambrogino Giovanni.
Ambrogino dio un paso al frente.
_ Vos sois un respetable ciudadano en Venecia, un sobresaliente miembro en vuestro Clan y un hombre honorable ¿Queréis vos ser uno de mis pilares y ayudarme a gobernar Venecia con justicia?
El Giovanni asintió con una leve reverencia.
_ Si es vuestro deseo, sí, Signora.
Michelle asintió y Ambrogino se situó a su lado.
_ Adelantaos, Ludovico Andreotti.
Ludovico avanzó. Era un hombre de aspecto anciano, delgado, algo encorvado y lleno de arrugas, como un viejo cuervo, sin embargo, su mirada estaba llena de fuego y había en él una extraña vitalidad.
_ Durante doscientos años habéis sido un respetable miembro en la sociedad cainita Romana, gran joya de la corona italiana. Vuestro nombre os precede y honra esta casa y esta ciudad ¿Deseáis ser vos mi pilar, para ayudarme a gobernar Venecia con sabiduría y fuerza?
Andreotti se inclinó como lo hiciera Ambrogino y mintió:
_ Con humildad lo deseo, Signora.
"Ya solo queda el acto final"
_ Ciudadanos de Venecia, ante vosotros tenéis a vuestros dos primogénitos.- exclamó- Los hermanos del Sabbat y aquellos independientes tienen representación y cabida en el gobierno de esta ciudad.Que no se diga de Venecia que se cierran las puertas a quienes la quieren bien.- sonaron aplausos en el salón y Michelle sintió que hoy más que nunca estaba interpretando su gran papel- En esta noche, ciudadanos de Venecia, y ante vuestros ojos y a vuestros pies, se alza Michelle de Mauvernay, Reina de Venecia y Luz de Italia. Que mi reinado traiga a Venecia todo el esplendor que se merece y al Sabbat su estandarte más esplendoroso.
Los aplausos lo llenaron todo.
Había comenzado el Reinado de las Cenizas.
15 may 2006
Sesión Sexagésimo Quinta: Paz
Cuando regresaban, silenciosas, por las calles de Venecia, Michelle se sintió derrotada y rabiosa. A menudo había deseado el poder que implicaba un principado, de hecho, el poder bajo cualquiera de sus formas, pero ahora que tenía el control de la ciudad que amaba y que había obtenido Florencia para restaurarsela a María, el triunfo le sabía amargo y se le convertía en cenizas en la boca. María caminaba a su lado, cogiéndola de la mano, y trás ellas, silencioso, marchaba Ambrogino. Caminaba con la mirada clavada en el suelo y el elegante bastón en la mano, y su sombra se proyectaba oscura y larga entre las dos mujeres.
Llegaron a la casa y entraron sin ceremonia, y los sirvientes se afanaron en retirar capas y sombreros antes de que los tres se dirigieran sin detenerse al salón privado. Allí permanecieron de pie, alumbrados por lámparas en las paredes, hasta que Michelle emitió el primer sonido desde que dejaran el refugio de Augustus: Un suspiro.
Ambrogino, interpretando aquello como la señal, dejó su bastón apoyado contra la pared y se acercó a ella hasta quedar a una distancia pero aún así lo suficientemente cortés.
_ Para contactar con un difunto- dijo- a menudo es mejor emplear alguna cosa a la que tuviese apego en vida ¿Su chiquilla sobrevivió?
Michelle pensó en la bella Caterina, herida en el lecho, destrozada por la pérdida de Pietro, y asintió.
_ Está malherida.
_ Quizás ella pueda servir de foco. La llamada de un ser querido siempre puede ser de utilidad en estos casos.
Michelle suspiró.
_ ¿Qué debe hacer?
_ Llamarle. Mis conocimientos harán que su voz se oiga más allá del Velo de la muerte.
Asintió y mandó una orden a los sirvientes para que trajeran a Catherina en una camilla y también a los hermanos de Pietro y a la joven Joanna. Todos debían estar presentes. No tardaron apenas, y cuando llegaron, Caterina estaba consciente. El refresco de sangre que le habían dado había sido suficiente como para que pudiera ponerse en pie, aunque a duras penas se tenía derecha, pero aún así, y con toda la dignidad que trataba de mantener de su linaje, se levantó y saludó a Ambrogino.
El silencio era opresivo en la sala, hasta que sonó la voz temblorosa de la muchacha.
_ ¿Qué necesitáis de mí, Signora?
Michelle clavó sus ojos en ella.
_ No puedo dejar que Pietro se marche de esta manera, Caterina, necesito tu ayuda.- dijo, y su voz era una mezcla de rabia y tristeza- Necesito que le llames. El signore Giovanni te explicará lo que debes hacer.
Caterina miró a Ambrogino, que la instó a tumbarse en la camilla y puso una mano en su frente.
_ Necesito que pienses en el, Caterina. Necesito que le llames.
Caterina cerró los ojos y lo mismo hizo el Giovanni, en un inconfundible gesto de concentración y trance, y Michelle se preguntó qué estaría viendo. Al cabo de unos minutos, Ambrogino suspiró y abrió los ojos.
_ No noto nada...
La muchacha se volvió hacia él, con la desesperación brillando en los ojos.
_ ¿Es... estoy haciendo algo mal?- inquirió, asustada. Ambrogino negó con la cabeza.
_ No, signora, no hacéis nada mal.- su voz era grave pero amable y Michelle le agradeció que tuviera aquella deferencia para con los suyos.
_ Intentalo de nuevo.- le instó, y luego miró a sus dos chiquillos y a la joven Joanna- Tomadla de la mano, llamadle vosotros también. No puede irse así.
Ambrogino miró a Michelle y asintió.
_ Volveré a intentarlo, pues.
Cerró los ojos de nuevo, en concentración, y lo intentaron de nuevo, y trás unos instantes, Ambrogino abrió los ojos repentinamente.
_ Está aquí.
Michelle apretó los puños y sin mediar palabra, emergió de su cuerpo y su alma flotó en la habitación. En plano astral, lo primero que llamó su atención fue el aspecto de Ambrogino, extremadamente débil y terriblemente deformado, apenas una sombra del hombre que fue antaño. Y sus ojos. Podía ver sus extraños ojos brillando en las tinieblas y Michelle supo que así podía verles.
Y Pietro estaba allí. La miró con su único ojo sano, su rostro colgando del hueso, lleno de heridas purulentas y putrefactas. Parecía haber sufrido horrorosas deformidades en su muerte.
"Esas heridas..." murmuró Ambrogino al verle "Me temo que su alma fue atrapada por las almas que invocamos en nuestra ayuda en batalla. Si Pietro no hubiese sido fuerte, habría quedado esclavizado. Es un milagro que escapara de sus garras."
Sin escucharle, Michelle flotó hacia aquel niño que había criado en su regazo y acarició con ternura el rostro mutilado.
"Tú... Mi hijo más querido..."
Sintió congoja en su interior. Pietro era frío al tacto y su único ojo sano miraba a Michelle con una mezcla de sentimientos que jamás había visto.
"Ve con cuidado" le advirtió Ambrogino "Siento que su Sombra le posee, Michelle. Este no es el Pietro que conociste. Al menos, no ahora mismo."
Michelle le habló sin apartar los ojos del que había sido su hijo pródigo, de su carne muerta...
"¿No descansará jamás?"
"Por la fuerza que he necesitado para llamarle, su alma había descendido mucho en los Abismos del mundo de los muertos. Supongo que eso significa que por sí mismo llegaba a un lugar de reposo."
Volvió a acariciar el rostro que tanto había amado, recordando como había sido cuando era apenas una criatura deseosa de complacerla, con aquel gesto solemne y los ojos grises como la piedra que era su nombre...
"Perdoname" murmuró "Te hubiera regalado el mundo. No debías morir, tú no... Mi hijo..."
Pietro se mantuvo inmóvil, taciturno, ajeno a sus palabras y a sus caricias. Entonces dijo algo en voz tan baja que era casi inaudible.
"El sol se ha puesto"
Michelle no entendió aquello, pero de pronto el ojo sano de Pietro pareció cobrar vida, pero no fue a Michelle a quien miró, sino a la bella y joven Caterina, que aún sin verle, lloró sangre mirando al vacío en su dirección y Michelle supo que le estaba hablando. Y entonces se desvaneció.
Sintió como si se le helaran las entrañas, viendo como su hijo de marchaba sin dirigirle siquiera una mirada amable, y sintió que incluso en el mundo de los muertos, su chiquillo más querido la creía culpable de su muerte. Regresó de forma brusca a su cuerpo y se revolvió para zafarse de Angelo, que la había sujetado para que no cayera durante la proyección. Le empujó haciendo que se alejara y gritó con rabia y dejó que la ira la embargara como aquella vez, hacía tanto tiempo. Dejó que la presión y la rabia y el miedo que la habían atenazado fluyeran a través de ella y de pronto, el caos había estallado a su alrededor, entre cortinas rasgadas, jarrones y esculturas reducidos a pedazos, muebles destrozados y mesas partidas. Asustados por aquella reacción, los presentes no se atrevieron a reducirla, y preocupados pero sin poder hacer nada, la fueron dejando sola. Incluso María, que la contemplaba angustiada por su dolor, bajó la vista apenada, sintiendo que Michelle necesitaba realmente liberar aquella ira que la embargaba.
Todo terminó algunas horas depués, cuando apenas quedaba una sola escultura en pie en la casa, cuando todo estaba lleno de restos de piedra y cerámica y telas, cuando dos cadáveres yacieron en el suelo y los sirvientes se apiñaron en un rincón, aterrorizados... Entonces y solo entonces, agotada, exhausta, como si un ciclón hubiera barrido su interior arrancándole cualquier pasión y convirtiéndola en un remanso de paz, se detuvo. Miró el caos a su alrededor y con su poder calmó a los sirvientes y les hizo olvidar lo que habían visto, ordenandoles a continuación reparar los desperfectos y arreglar la casa. Aquella noche, ninguno de sus chiquillos ni de la progenie que había sobrevivido a la masacre volvió a hablar con ella. Solo María subió a la torre donde tenía el salón privado, cuando la vio como una sombra desaparecer en las escaleras.
Cuando abrió la puerta y entró en aquel rincón acogedor no podía saber que Michelle acababa de engullir la piedra del zafiro que adornaba su cuello. Ahora, después de aquella purga, había entendido que si realmente amaba a María, necesitaba que la amara con todo lo que conllevaba ser Michelle de Mauvernay: con su presente, su futuro... y su pasado.
Se sentó pesadamente en una butaca cuando bajo su piel comenzaron los cambios, y al verla, María reprimió una exclamación, asustada.
_ ¡Michelle!-exclamó acercándose a ella- ¿Qué te sucede? ¿Qué es esto que te bulle bajo la piel?
Había alarma en su voz y Michelle sonrió debilmente.
_ María, tengo que contarte algo.- dijo, sencillamente, y María la miró sin comprender, asustada y preocupada por lo que podía ver bajo su piel, recorriéndola como una serpiente.- Te necesito a mi lado siempre, y para eso tengo que mostrate quién soy en realidad.
Casi de manera intuitiva, envió a su mente los recuerdos que conservaba de la noche en que se habían conocido, en la plaza de Florencia. También del baile en que por fín se había entregado a ella, y de todas las cosas que habían vivido juntas. María, en reconocimiento, compartió sus recuerdos con ella y Michelle tuvo el valor de continuar, a sabiendas que tal vez aquella sería la última noche que querría verla.
_ Una vez te dije que nunca había estado en Tierra Santa.- dijo, mirándola a los ojos, y María vio que sus iris cambiaban del color zafiro de Michelle a un verde oliva que no había visto jamás.- Te mentí. Perdóname pero tenía que hacerlo, por tu bien, por el mío. Y ahora te cuento la verdad, porque ha llegado el momento, porque te amo tanto que necesito que conozcas cada rincón de mi ser. María, Michelle de Mauvernay nació en Petra.
Envió a su mente imagenes de la ciudad excavada en la roca a la luz de la luna, y aunque María nunca había estado allí, supo que lo había reconocido por grabados que había visto.
_ Hace años, cuando aquella farsante llegó a las puertas de mi casa, en Florencia- continuó, y trató de que su voz sonara firme aunque se sentía desnuda de una manera impúdica frente a ella- te hablé de como Loni había matado a una chiquilla de Theresa Kymena y huido. Recuerda sus palabras.
María, sin decir nada asintió y Michelle sintió la necesidad de saber qué estaba pensando. Pero no violaría su mente, no ahora. Nada podía leerse en su rostro y no tuvo más remedio que continuar.
_ Aquella mujer no mentía, y por eso la maté, porque iba a desvelar algo que solo yo debía decirte.
Al oir aquello, por primera vez pudo percibir lo que ocurría en el interior de María, que entrecerró los ojos con sospecha y dudas... Sintió que la perdía y sintió pánico.
_ María, Michelle no fue jamás una joven francesa casada con un conde... Michelle nació para ocultar a Loni.
De pronto, un brillo de comprensión en los ojos de María, que la miró a medio camino entre el miedo y la lucidez.
_ Tú eres Loni de Lances.- susurró, y su rostro era la más clara visión de la sorpresa.
Michelle asintió, bajando la vista como si hubiera cometido un terrible pecado. Su rostro estaba cambiando y sus cabellos ya no eran de fuego, sino de paja discreta y oscura.
_ Perdoname.- dijo- Te amo, te amé siempre y te amaré hasta el resto de mis días si tú me dejas.
Pero María escuchaba vagamente sus palabras, la miraba como si bajo su piel hubiera descubierto un monstruo, como si de pronto ya no la conociera. Su confusión era evidente, y Michelle no supo si tenía miedo o si la odiaba por haberle mentido.
_ ¿Cómo es posible?- dijo al fin con voz temblorosa la mujer que había sido Reina de Florencia- ¿Qué es esto que te sucede? Y sobre todo... ¿Por qué te ocultaste? ¿De quién? ¿Qué sucedió?
Michelle miró el cuerpo menudo en que estaba mutando el exhuberante aspecto de Michelle y alzó las manos con humildad...
_ Esto... es obra de un buen amigo a quien pronto conocerás. Él me dio el poder de cambiar entre Loni y Michelle. En Damasco maté a la chiquilla de Theresa Kymena porque estaba asustada. Jamás había salido de Iberia más que en mi tierra natal, en los Pirineos franceses. Lucia de Aragón buscaba a Theresa para matarla, pero no la encontró en su capilla y estacó a su chiquilla en el laboratorio con el fin de averiguar donde estaba Theresa. Luego se marchó y me dejó sola con ella en aquel lugar lleno de símbolos extraños. Yo por aquel entonces era ambiciosa y deseaba robar su saber de Tremere, pero tuve miedo, tuve miedo de que al soltarla me matara, de que me buscara, y la maté. Luego, arrepentida, busqué a Theresa y la encontré en Petra. Le dije que se cuidara de Lucía pues la buscaba para matarla, y trás aquello, trás matar a la chiquilla de Theresa y traicionar a Lucía, para ocultarme, me convertí en Michelle. De allí fui directa a Venecia y el resto de la historia ya la conoces...
Cuando terminó de hablar, temblaba. Jamás había contado a nadie lo que había ocurrido aquella noche en Damasco y saber que ahora María podía rechazarla le causaba pavor. Pero María estaba tan sorprendida que su ceño se fruncía intentando comprender.
_ Pero... ¿Quién es ese amigo tuyo? Este poder de ocultación jamás lo había visto...
Michelle suspiró. También debía hablarle de él, de él a quien nadie hablaba.
_ Recuerdas cuando te encontré en Malta... Percibiste en mi una tristeza inmensa y te dije que por mi culpa habían dañado a un ser muy querido.
María asintió.
_ Lo recuerdo.
_ Él era quien descansaba bajo mi casa en Florencia, a quien ella se refería. Fue él quien la atacó cuando trató de usar su magia conmigo y me permitió estacarla y por defenderme fue apresado por una criatura terrible que no quiero ni nombrar. Y por pagar la deuda de vida que tenía con él...- cerró los ojos para reunir valor, y cuando lo hizo, los abrió para clavar la mirada verde en los ojos de María- Desaparecí cincuenta años, por salvarle.
María se quedó inmóvil y en silencio, habiendo recibido aquel golpe. Aquellos cincuenta años habían supuesto su depresión, su letargo, su caída, y de pronto Michelle sintió que ni siquiera su causa era suficiente justificación.
_ No puedes ni imaginar, María, el horror que habitaba bajo mi casa, el horror que invadía la ciudad, como una sombra terrible en cada calle, en el aire, en el agua...
Y entonces María dijo lo que jamás habría imaginado.
_ Le vi en mis pesadillas, mientras estuve en letargo. Esperaba poder vigilar la ciudad aún en mis sueños, pero ese horror que nombras me lo impidió. Ahora lo sé. Sé que era ese horror que mencionas. Un horror que te asficia, como si aún pudieses respirar, tapándote todos los poros del cuerpo, aislándote de la luz, del recuerdo. Y si te pierdes en él, te olvidas de tí misma...
Michelle, que era ahora Loni, asintió sobrecogida al recordar lo que ella misma había sentido bajo los cimientos de su casa.
_ Entregando esos cincuenta años, pude hacer que se marchara, que lo liberara. Y entonces volví a tí. Habría matado a tu chiquilla si no te hubiera encontrado en Malta.
María cerró los ojos y se apoyó contra el respaldo, incómoda.
_ Son... muchas cosas, Michelle.- dijo.- Pero por encima de ellas, hay una que me carcome ¿Por mí también habrías desaparecido cincuenta años?
Michelle la miró fanáticamente a los ojos.
_ Por tí desaparecería el resto de mis días, María.
María, su aliada y amante, cerró los ojos sopesando aquellas palabras, y al fin volvió a mirarla.
_ ¿Quién es ese amigo que te separó de mí?
Allí estaba, la prueba de fuego, la pregunta más dificil.
_ Le conocerás esta noche.- respondió- Y le viste la noche pasada, desapareció en el lago, envuelto en llamas...
De pronto, los ojos de María se llenaron de horror, e inconscientemente retrocedió hasta que la butaca no le permitó alejarse más.
_ No puede ser...-murmuró- ¿Quién... quién eres tú?
Loni bajó la vista, con los ojos llenos de tristeza.
_ Me conoces, María- respondió simplemente- y ahora lo sabes todo de mí. Te he dado una saeta apuntando directa a mi corazón y no me importa. Y si ya no me amas, me marcharé, desapareceré para siempre.
Y para su sorpresa y alivio, María asintió.
_ Lo sé- dijo- y por eso sé que no me mientes cuando me dices que me amas, aunque te miro y me cuesta imaginar que eres Michelle... Que siempre ha sido Michelle...
_ Y seré Michelle siempre, si lo deseas.
Se miraron a los ojos en silencio, María asumiendo lo que veía y oía, y Michelle llena de gratitud porque ella no la había apartado de su lado. Si la aceptaba sabiendo aquello, sabia que su unión sería indestructible y que realmente estaba preparada para lo que tenía preparado para ella... Sin decir una palabra, invocó a Marianne.
María se irguió entonces en su asiento y la miró a los ojos.
_ Seré justa contigo.- dijo- Yo también tengo algunos secretos.- Michelle escuchó con atención- ¿Recuerdas a Rafael de Corazón?- asintió, intuyendo lo que le iba a decir- Yo soy su madre, le parí con mi vientre.
Tuvo que fingirse perpleja para que María no descubriese que el propio Rafael le había confesado aquello en Thorns.
_ Mi sire es François Villon, príncipe de Paris. Él crió a mi hijo, pues me abrazó apenas unos meses trás el parto. Luego, mandó a Rafael a las mejores escuelas del reino. Le habría dado el Abrazo, pero la sire de François intervino. Nos lo quitó. Yo no pude soportar la idea de perder a mi hijo. Le rogué a François que hiciese lo posible para no tener que separarme de Rafael. No hizo nada. Y Rafael se alejó de mi. Me sentí traicionada, como se sintió François. Y me fui de París.
Michelle recordó el anciano que había perecido bajo el cuchillo de filo negro, en la Biblioteca.
_ Entonces... ¿El hombre que había en Malta?
_ No era mi sire, aunque me convertí en su chiquilla adoptada. ¿Dónde mejor que huir, que a ese rincón sólo conocido por unos pocos?
_ Pero Rafael aún te amaba, María.- se vio obligada a decir.
_ Lo sé. Me ha pedido más de una vez que regrese a Francia, pero en Malta sucedió algo que me impide regresar. Conocí a Nefeo. Mi maestro y más que eso. Su aspecto era el de un cadáver, pero su alma tenía una luz más fuerte que el sol del mediodía. Acudía de vez en cuando a la biblioteca en busca de secretos, y con Simón siempre tratando de poseerme, era mi alivio. Y él me sacó de Malta, y me llevó a conocer los lugares del mundo antiguo. Él, que había sido hermano de Lázaro y de Japeth. Y me enseñó cosas que no puedes ni imaginar, Michelle... Hasta que su sire le llamó a Italia, hace casi quinientos años. Fue cuando me presentaron a su nuevo hermano, Augustus. Nefeo murió poco después. Una manada de baali penetró en su Sanctum, y devoraron su alma usando un impío ritual. Mi ira fue enorme... Y Augustus se ofreció a vengar la afrenta a su clan. Japeth no movió un dedo - y escupió al pronunciar el nombre de Japeth. Luego, continuó- Junto a Augustus, y a otros, les dimos caza. A todos. Augustus se convirtió en mi amante. Él llenó el vacío dejado por Nefeo. Y yo, en la caza de los baali, aprendí cosas que no puedes ni imaginar, Michelle...
Abrió entonces la mano y de pronto, de la palma, brotó una llama de oscuridad.
_ Para vencer a los demonios, aprendí sus armas. Y por ello tuve que perder mi humanidad y liberar mis pasiones y mis instintos. Y pactar.
Acercó la llama a su cabello y con ella quemó el pelo de la parte superior de la frente, y bajo la piel quemada, Loni vio aparecer una marca que quedaba no podía verse a causa del cabello. Un pacto con diablos...
_ Augustus me dejó poco después de nuestra victoria, tras un siglo de lucha. Yo tomé Florencia bajo mi mando. Y esa cosa aún me viene a atormentar de vez en cuando. Pero en dos ocasiones ya ha intentado hacerte daño, Michelle, por mi culpa. En una pude detenerle. En la otra, los suyos desaparecieron sin más, aún no sé cómo. Los demonios del infierno se ríen de mi, Michelle... Y para obligarme a usar su poder, te han usado dos veces. No pueden obligarme a usar el poder que me garantizan, si yo no lo empleo. Por eso, en esas dos ocasiones han intentado hacerte daño. Puede que lo intenten en un futuro otra vez. Cuando desapareciste... Creí que habían sido ellos. Cuando entré en letargo, creí que esas pesadillas eran ellos que se burlaban de mi y venían a reclamar mi alma. Cuando te vi en Malta... Me diste algo por lo que vivir de nuevo... Y me devolviste la fe en mi misma, porque temí que hubiese sido mi culpa ¿Lo entiendes ahora? ¿Entiendes por qué sentí tanto miedo cuando desapareciste? Todas tenemos secretos, Michelle... Secretos terribles...
Loni asintió y se puso en pie para tomarle la mano, que temblaba trás la confesión.
_ Aún queda uno, María. Aún queda algo que debes ver, alguien a quien debes conocer. Existe un lugar y quiero que vengas conmigo.
Volvió a llamar a Marianne con su mente, pero apenas había pensado en ella cuando la mujer apareció en un rincón del salón, retirando el velo de ofuscación que la ocultaba. María la miró, como congelada en su asiento, al ver que aquella desconocida podía haber escuchado toda su confesión, pero Loni la tranquilizó con la mirada. Luego miró a la recién llegada.
_ Necesito ir a Bajara, Marianne.
La mujer miró a María.
_ ¿También ella?
Loni asintió.
_ También. Quiero que la conozca. Tal vez ella pueda liberarla de su yugo como hizo con el mío y debo encontrarle a él ¿Cómo está?
_ Agotado.- fue la sencilla respuesta. Pero agotado significaba vivo.
Sintió el alivio recorrer cada centímetro de su ser.
_ No le harán daño allí ¿Verdad?- inquirió entonces al recordar las criaturas que había conocido entorno a la hoguera.
Marianne negó con la cabeza.
_ Aún conserva amigos, pese a la guerra que les separó. Adonai siempre fue bueno con Malakai y ella no olvida.
Asintió y tomó de la mano a María.
_ Entonces vámonos.- miró a su amante entonces, que parecía confundida- María, pase lo que pase esta noche, veas lo que veas, te amo. No lo olvides ni lo dudes jamás.
Entonces Marianne obró su poder sobre ellas y ocultas a los ojos de todos, como lo había hecho Camilla Banes en Thorns, atravesaron Venecia y entraron en una casa que Loni no conocía. Tenía una fuente en un salón, y cuando María vertió en ella el agua de un jarro de rosas, comprendió que aquel era un portal consagrado. Allí en Venecia, tan cerca de su casa... Se preguntó si podría usarlo ella sola...
María contempló aquello y se inclinó sobre Loni.
_ El rito de la fuente... Dur an Ki... ¿Assamitas?- susurró, pero fue Marianne quien le contestó.
_ Algunos de ellos lo aprendieron de nosotros.
Al oir aquello, María enmudeció, intrigada, y las tres penetraron en la fuente para aparecer en Bahara.
El jardín primigenio que las rodeó brillaba con la luz plateada de la luna perenne que viajaba entre las estrellas en el cielo límpido y Loni supo que, como el día en que ella había pisado el jardín por primera vez, de haber tenido respiración, María la habría contenido.
_ ¿Qué es esto?- atinó a preguntar, con la voz embargada de emoción.
Loni sonrió.
_ El edén...
María se volvió hacia ella con los ojos muy abiertos, pero Marianne intervino.
_ El Edén está vetado a todos, Loni. Bahara puede parecerse al Edén, pero el jardín de Yahvé no es este. Este es el jardín de Lilith.
_ ¿Lilith?- inquirió, aturdida María- Un momento.. esto es...
Marianne sonrió
_¿Imposible? Aquí nada es imposible.
Comenzaron a caminar, siguiendo a Marianne Marianne entre la vegetación y el arrullo del agua y la brisa, y en un claro vieron un rayo de luna que descendía desde los cielos límpido como una columna. De hecho, lo sorprendente de la columna de pálida luz era ver como emergía de la luna... y del suelo, que brillaba como si le respondiera. Allí, al llegar a la base de la columna de luz, un ser de plata refulgente, permanecía sentado sobre una roca, mirando a las estrellas, con las alas plegadas a la espalda, y al reconocer su silueta, Loni no pudo reprimir un sollozo de alivio.
Adonai tenía la mirada triste mirando al cielo, y su cuerpo de ángel estaba desnudo y sin mácula, tal y como lo recordaba.
_ Aquí está, Loni.- dijo Marianne en voz baja- Voy al claro con los demás. Espero que sepas qué estás haciendo.
Desapareció entre la vegetación y Michelle se acercó al ángel, que bajó la mirada de las estrellas y se volvió para encontrar su rostro. Alzó una mano resplandeciente entonces, y extendio la palma hacia ella, ofreciéndosela. Como un amargo dolor, Loni recordó aquella aciaga noche en Transilvania, y posó en la mano que le tendía, su pequeña mano marmorea.
Una lágrima solitaria recorría el rostro de Adonai, pero no era sangre lo que bañaba su rostro, sino luz pura, como una lágrima de plata... Se demoró en el rostro perfecto que había visto tan pocas veces pero que ya conocía tan bien, aquel rostro que había tallado e inmortalizado en la piedra de su estudio, y entonces él habló, y su voz temblaba.
_ Estás bien...
Loni se sintió desfallecer al comprender que era alivio lo que oía en aquella voz de campanas.
_ Tenía tanto miedo de perderte una segunda vez, por mi culpa...- comenzó, pero entonces con delizadeza, el ángel acercó su rostro hasta ella y apagó sus miedos con los labios.
Loni sintió que algo se iluminaba en su interior al recibir aquel beso que había ansiado durante siglos, como si por fin pudiera ver el sol de nuevo, como si le devolvieran el aire que le faltaba, y se demoró en aquellos labios de seda deseando que aquello no desapareciera jamás.
Y entonces recordó a María.
Se separó del consuelo de aquellos labios con pereza pero también con urgencia, y Adonai, percibiendo aquello, le permitió alejarse. Loni tomó entonces la mano de María, que invadida por un trance ante aquella belleza, tenía la vista fija en el ángel de plata. Y Loni tiró de ella hasta acercarla a los dos.
_ Esta es María.-le dijo al ser por el que daría su vida, y dijo las palabras que no podía ocultar aunque sabía que una vez más, podía perderle. Pero debía comprender, tenía que hacerlo...- Mi amante, mi compañera, mi apoyo y mi aliada.
Adonai se volvió lentamente y reparó por primera vez en ella, y su luz se tambaleó, vibró, y Loni percibió su confusión con tristeza y temor. No dijo nada, pero sabía como si lo sintiera ella misma que aquella palabra, amante, le había chocado... Después de aquel beso y si ella era su amante ¿Quién era él ahora?
Loni sonrió con tristeza al comprender, al ver que después de tanto tiempo él todavía no había entendido que su amor por él estaba por encima de cualquier amor terrenal... Adonai cerró entonces los ojos y rió levemente, como si recordara una broma privada.
_ Es mi destino.- dijo entonces, con amable resignación. Cerró los ojos y de pronto se encontró junto a María. Le acarició el rostro sin que ella pudiera reaccionar, embelesada como estaba.- Encantado de conocerte, María.
Y la besó con la misma delicadeza que había ofrecido con sus labios a Loni. Luego le tomó la mano con suavidad y se la ofreció a la pequeña mujer de cabello de oro viejo y ojos de oliva, y alzó la vista a las estrellas, que iluminaron las nuevas lágrimas de plata que rodaron por sus mejillas.
_ ¿Lo ves, Miguel, como era mi destino?- murmuró al aire con un amor infinito- Si Antonius me viera se reiría de mi, de mis celos...
Loni contempló aquella escena con devoción y de pronto sintió los brazos sedosos de una María conmovida que la rodeaban. Adonai se volvió entonces hacia ellas y las envolvió con las niveas alas blancas. Y por un momento, todo estuvo en su lugar. Y Loni, que por primera vez sentía el cuerpo firme del ángel contra el suyo, entró en su mente y se arropó en ella, y le habló con amor.
"Ella es como la tierra bajo mis pies, dándome su fuerza y su apoyo. Tu eres como el cielo que me cubre, incalcanzable como las estrellas. Me apoyo en ella para tratar de estar más cerca de tí. Perdona lo que te hice y lo que te hago"
Las alas de Adonai se replegaron entonces y la luz de la luna se desvaneció, y de pronto junto a ellas el ángel había desaparecido y en su lugar estaba Arístides, aquel que había conocido y amado desde el primer momento de su encuentro, en Constantinopla.
Y él la acunó en su mente y le respondió.
"Entonces, tú eres el fuego que une el cielo y la tierra. Mi motivo para creer que ni siquiera para mí es tarde aún"
Le sonrió con la más bella de sus sonrisas, con una sonrisa tan íntima y cálida que solo dos personas en el mundo la habían visto en todos aquellos siglos desde que naciera al mundo, y Aristides tomó una túnica de lino blanco que guardaba entre las ramas y se envolvió en ella.
Y los tres, en silencio pero unidos por un lazo invisible, caminaron hacia el claro.
Allí, Malakai estaba sentada sobre un tronco, hablando con Marianne. No había nadie más con ellas y Loni se preguntó donde estarían los demás y cuan grande sería aquel lugar.
_ Bueno, Adonai...- dijo Malakai, aquella criatura milenaria con rostro de chiquilla, al verlos llegar- ¿Ya estás mejor?
Arístides asintió con amabilidad.
_ Sí. Gracias, Malakai.
El rostro juvenil de ojos profundos se volvió entonces hacia María, que miraba la escena tan confusa como cuando pisara el jardín al salir del lago. Su gesto era indescifrable, aunque parecía apacible y amable, aquellos ojos habían visto caer imperios y era imposible leer en ellos cualquier emoción.
_ Y tú debes ser María Sforza.
Aquella afirmación fue tan sencilla y evidente que Loni no pudo evitar sonreir ante el gesto confuso de María, que asintió.
_ Y vos sois...- preguntó.
_ Malakai. Aunque me conocen muchos como la hermana de mi hermano.
Una ceja se alzó en el hermoso rostro de María, que no podía ni siquiera imaginar con quién estaba hablando.
_ Y vuestro hermano es...
_ Malkav.
Aquel nombre pronunciado de manera tan sencilla e incluso con una nota de cariño, resonó en el jardín como una campana, y María se tambaleó un instante, como si fuera a caer. Loni le ofreció un brazo para que se apoyara en ella, y aquella con quien compartía su vida se inclinó junto a su oído y susurró, anonadada:
_ Michelle ¿Qué... qué lugar es este?
_ El Jardín de Lilith, María, Bahara, un lugar de paz infinita, un refugio.- le respondió con cariño, casi como cuando hablaba de las constelaciones a los niños de la Academia, hacía tanto tiempo, cuando era feliz...
Malakai se encogió levemente de hombros.
_ Bueno, tanto como de paz infinita...-dijo- Algunos discutirían la naturaleza de esas palabras.
Marianne se volvió entonces y de entre los árboles surgió una anciana de aspecto vigoroso comiendo una manzana a bocados, y Loni supo en el fondo de su arma que aquella mujer era Lilith también.
_ La he traído, Madre.- dijo Marianne, y Loni se arrodilló ante la madre de todos los vampiros.
_ Madre...
Lilith masticó un último bocado de su manzana y las miró un instante antes de dirigirse a ellas. María miraba a la anciana como si esperara un nuevo golpe, y no se atrevía a hablar.
_ Loni de Lances y María Sforza- dijo al fin- Y Adonai... ¿Has pensado en mis palabras de ayer?
Aquella pregunta intrigó a Loni que una vez más deseó saber cuales habían sido aquellas palabras que la Madre había compartido con él. Arístides, por su parte, asintió.
_ He pensado en ellas, señora. No tengo muchas opciones.
_ Sirves a un antediluviano, Adonai.- dijo Lilith- Si regresas al mundo, pones en peligro a los que estamos aquí.
_ Creo que ya sé cómo resolver este problema, señora. El mundo espera el regreso de aquel que conocen como el Dracon, pero si regresa Arístides de Constantinopla, nadie verá en mi más que a un viajero.
Lilith le estudió con atención.
_ ¿Te someterás pues a un pacto?
Arístides asintió y miró a María y luego a Loni.
_ Así es. Hay algo por lo que deseo volver al mundo. Tengo un motivo. Y si ellas estan con vos, yo también.-se arrodilló en el suelo e inclinó la cabeza- Así que ante vos, bajo las estrellas y bajo la luna llena, renuncio a mi Sangre y a mi Sire y os juro lealtad a vos, Lilith.
La anciana que era Lilith se acercó entonces a él y dijo:
_ Acepto, y como muestra de gratitud, te libero de tu Sangre- y poniendo una mano sobre la cabeza de Arístides, una sustancia negra supuró de sus oídos.
Se volvió entonces a María.
_ En ti siento un pacto también hacia otro.
Imitando a Loni y a Arístides, María se arrodilló en el suelo frente a ella y agachó la cabeza.
_ Me someto, Madre.- dijo, con voz temblorosa- Si Loni ha confiado su destino a vuestras manos, no dudaré que sois aquella a quien debo servir.
De nuevo la mano más antigua del mundo se posó sobre la frente de María y de pronto, con un siseo, un ligero aroma azufre llenó el aire.
_ Liberada quedas de ese demonio, y te doy la bienvenida a Bahara.
Loni sintió entonces la mirada de Lilith en ella y alzó el rostro para mirarla.
_ Tú la has traido a mi, es tu responsabilidad enseñarle. ¿De acuerdo?
Asintió, llena de gratitud: de pronto, nada podía ir mal.
_ Gracias, Venerable.
Lilith se marchó sin decir más y Marianne les guió de nuevo a la laguna. Antes de entrar en el agua, se detuvo en la arena clara y tendió a Loni un puñado de pergaminos. Loni miró los volúmenes en sus manos, ya casi había olvidado los primeros que recibiera en aquel lugar. Miró a Marianne a los ojos.
_ Gracias... madre.
Un brillo de emoción y reconocimiento apareció en los ojos en Marianne, y la rodeó con los brazos, abrazándola. Arístides se acercó a ellas entonces, y Marianne se volvió hacia él.
_ Adonai... ¿La instruirás?
Arístides asintió.
_ Su Don será instruido, Marianne.
Allá en el agua, María esperaba. Tenía el gesto ausente y estupefacto y no pareció reparar en sus palabras. Los tres se acercaron a ella y, tomándose de las manos, abandonaron Bahara.
Y por un momento, todo estuvo bien.
Llegaron a la casa y entraron sin ceremonia, y los sirvientes se afanaron en retirar capas y sombreros antes de que los tres se dirigieran sin detenerse al salón privado. Allí permanecieron de pie, alumbrados por lámparas en las paredes, hasta que Michelle emitió el primer sonido desde que dejaran el refugio de Augustus: Un suspiro.
Ambrogino, interpretando aquello como la señal, dejó su bastón apoyado contra la pared y se acercó a ella hasta quedar a una distancia pero aún así lo suficientemente cortés.
_ Para contactar con un difunto- dijo- a menudo es mejor emplear alguna cosa a la que tuviese apego en vida ¿Su chiquilla sobrevivió?
Michelle pensó en la bella Caterina, herida en el lecho, destrozada por la pérdida de Pietro, y asintió.
_ Está malherida.
_ Quizás ella pueda servir de foco. La llamada de un ser querido siempre puede ser de utilidad en estos casos.
Michelle suspiró.
_ ¿Qué debe hacer?
_ Llamarle. Mis conocimientos harán que su voz se oiga más allá del Velo de la muerte.
Asintió y mandó una orden a los sirvientes para que trajeran a Catherina en una camilla y también a los hermanos de Pietro y a la joven Joanna. Todos debían estar presentes. No tardaron apenas, y cuando llegaron, Caterina estaba consciente. El refresco de sangre que le habían dado había sido suficiente como para que pudiera ponerse en pie, aunque a duras penas se tenía derecha, pero aún así, y con toda la dignidad que trataba de mantener de su linaje, se levantó y saludó a Ambrogino.
El silencio era opresivo en la sala, hasta que sonó la voz temblorosa de la muchacha.
_ ¿Qué necesitáis de mí, Signora?
Michelle clavó sus ojos en ella.
_ No puedo dejar que Pietro se marche de esta manera, Caterina, necesito tu ayuda.- dijo, y su voz era una mezcla de rabia y tristeza- Necesito que le llames. El signore Giovanni te explicará lo que debes hacer.
Caterina miró a Ambrogino, que la instó a tumbarse en la camilla y puso una mano en su frente.
_ Necesito que pienses en el, Caterina. Necesito que le llames.
Caterina cerró los ojos y lo mismo hizo el Giovanni, en un inconfundible gesto de concentración y trance, y Michelle se preguntó qué estaría viendo. Al cabo de unos minutos, Ambrogino suspiró y abrió los ojos.
_ No noto nada...
La muchacha se volvió hacia él, con la desesperación brillando en los ojos.
_ ¿Es... estoy haciendo algo mal?- inquirió, asustada. Ambrogino negó con la cabeza.
_ No, signora, no hacéis nada mal.- su voz era grave pero amable y Michelle le agradeció que tuviera aquella deferencia para con los suyos.
_ Intentalo de nuevo.- le instó, y luego miró a sus dos chiquillos y a la joven Joanna- Tomadla de la mano, llamadle vosotros también. No puede irse así.
Ambrogino miró a Michelle y asintió.
_ Volveré a intentarlo, pues.
Cerró los ojos de nuevo, en concentración, y lo intentaron de nuevo, y trás unos instantes, Ambrogino abrió los ojos repentinamente.
_ Está aquí.
Michelle apretó los puños y sin mediar palabra, emergió de su cuerpo y su alma flotó en la habitación. En plano astral, lo primero que llamó su atención fue el aspecto de Ambrogino, extremadamente débil y terriblemente deformado, apenas una sombra del hombre que fue antaño. Y sus ojos. Podía ver sus extraños ojos brillando en las tinieblas y Michelle supo que así podía verles.
Y Pietro estaba allí. La miró con su único ojo sano, su rostro colgando del hueso, lleno de heridas purulentas y putrefactas. Parecía haber sufrido horrorosas deformidades en su muerte.
"Esas heridas..." murmuró Ambrogino al verle "Me temo que su alma fue atrapada por las almas que invocamos en nuestra ayuda en batalla. Si Pietro no hubiese sido fuerte, habría quedado esclavizado. Es un milagro que escapara de sus garras."
Sin escucharle, Michelle flotó hacia aquel niño que había criado en su regazo y acarició con ternura el rostro mutilado.
"Tú... Mi hijo más querido..."
Sintió congoja en su interior. Pietro era frío al tacto y su único ojo sano miraba a Michelle con una mezcla de sentimientos que jamás había visto.
"Ve con cuidado" le advirtió Ambrogino "Siento que su Sombra le posee, Michelle. Este no es el Pietro que conociste. Al menos, no ahora mismo."
Michelle le habló sin apartar los ojos del que había sido su hijo pródigo, de su carne muerta...
"¿No descansará jamás?"
"Por la fuerza que he necesitado para llamarle, su alma había descendido mucho en los Abismos del mundo de los muertos. Supongo que eso significa que por sí mismo llegaba a un lugar de reposo."
Volvió a acariciar el rostro que tanto había amado, recordando como había sido cuando era apenas una criatura deseosa de complacerla, con aquel gesto solemne y los ojos grises como la piedra que era su nombre...
"Perdoname" murmuró "Te hubiera regalado el mundo. No debías morir, tú no... Mi hijo..."
Pietro se mantuvo inmóvil, taciturno, ajeno a sus palabras y a sus caricias. Entonces dijo algo en voz tan baja que era casi inaudible.
"El sol se ha puesto"
Michelle no entendió aquello, pero de pronto el ojo sano de Pietro pareció cobrar vida, pero no fue a Michelle a quien miró, sino a la bella y joven Caterina, que aún sin verle, lloró sangre mirando al vacío en su dirección y Michelle supo que le estaba hablando. Y entonces se desvaneció.
Sintió como si se le helaran las entrañas, viendo como su hijo de marchaba sin dirigirle siquiera una mirada amable, y sintió que incluso en el mundo de los muertos, su chiquillo más querido la creía culpable de su muerte. Regresó de forma brusca a su cuerpo y se revolvió para zafarse de Angelo, que la había sujetado para que no cayera durante la proyección. Le empujó haciendo que se alejara y gritó con rabia y dejó que la ira la embargara como aquella vez, hacía tanto tiempo. Dejó que la presión y la rabia y el miedo que la habían atenazado fluyeran a través de ella y de pronto, el caos había estallado a su alrededor, entre cortinas rasgadas, jarrones y esculturas reducidos a pedazos, muebles destrozados y mesas partidas. Asustados por aquella reacción, los presentes no se atrevieron a reducirla, y preocupados pero sin poder hacer nada, la fueron dejando sola. Incluso María, que la contemplaba angustiada por su dolor, bajó la vista apenada, sintiendo que Michelle necesitaba realmente liberar aquella ira que la embargaba.
Todo terminó algunas horas depués, cuando apenas quedaba una sola escultura en pie en la casa, cuando todo estaba lleno de restos de piedra y cerámica y telas, cuando dos cadáveres yacieron en el suelo y los sirvientes se apiñaron en un rincón, aterrorizados... Entonces y solo entonces, agotada, exhausta, como si un ciclón hubiera barrido su interior arrancándole cualquier pasión y convirtiéndola en un remanso de paz, se detuvo. Miró el caos a su alrededor y con su poder calmó a los sirvientes y les hizo olvidar lo que habían visto, ordenandoles a continuación reparar los desperfectos y arreglar la casa. Aquella noche, ninguno de sus chiquillos ni de la progenie que había sobrevivido a la masacre volvió a hablar con ella. Solo María subió a la torre donde tenía el salón privado, cuando la vio como una sombra desaparecer en las escaleras.
Cuando abrió la puerta y entró en aquel rincón acogedor no podía saber que Michelle acababa de engullir la piedra del zafiro que adornaba su cuello. Ahora, después de aquella purga, había entendido que si realmente amaba a María, necesitaba que la amara con todo lo que conllevaba ser Michelle de Mauvernay: con su presente, su futuro... y su pasado.
Se sentó pesadamente en una butaca cuando bajo su piel comenzaron los cambios, y al verla, María reprimió una exclamación, asustada.
_ ¡Michelle!-exclamó acercándose a ella- ¿Qué te sucede? ¿Qué es esto que te bulle bajo la piel?
Había alarma en su voz y Michelle sonrió debilmente.
_ María, tengo que contarte algo.- dijo, sencillamente, y María la miró sin comprender, asustada y preocupada por lo que podía ver bajo su piel, recorriéndola como una serpiente.- Te necesito a mi lado siempre, y para eso tengo que mostrate quién soy en realidad.
Casi de manera intuitiva, envió a su mente los recuerdos que conservaba de la noche en que se habían conocido, en la plaza de Florencia. También del baile en que por fín se había entregado a ella, y de todas las cosas que habían vivido juntas. María, en reconocimiento, compartió sus recuerdos con ella y Michelle tuvo el valor de continuar, a sabiendas que tal vez aquella sería la última noche que querría verla.
_ Una vez te dije que nunca había estado en Tierra Santa.- dijo, mirándola a los ojos, y María vio que sus iris cambiaban del color zafiro de Michelle a un verde oliva que no había visto jamás.- Te mentí. Perdóname pero tenía que hacerlo, por tu bien, por el mío. Y ahora te cuento la verdad, porque ha llegado el momento, porque te amo tanto que necesito que conozcas cada rincón de mi ser. María, Michelle de Mauvernay nació en Petra.
Envió a su mente imagenes de la ciudad excavada en la roca a la luz de la luna, y aunque María nunca había estado allí, supo que lo había reconocido por grabados que había visto.
_ Hace años, cuando aquella farsante llegó a las puertas de mi casa, en Florencia- continuó, y trató de que su voz sonara firme aunque se sentía desnuda de una manera impúdica frente a ella- te hablé de como Loni había matado a una chiquilla de Theresa Kymena y huido. Recuerda sus palabras.
María, sin decir nada asintió y Michelle sintió la necesidad de saber qué estaba pensando. Pero no violaría su mente, no ahora. Nada podía leerse en su rostro y no tuvo más remedio que continuar.
_ Aquella mujer no mentía, y por eso la maté, porque iba a desvelar algo que solo yo debía decirte.
Al oir aquello, por primera vez pudo percibir lo que ocurría en el interior de María, que entrecerró los ojos con sospecha y dudas... Sintió que la perdía y sintió pánico.
_ María, Michelle no fue jamás una joven francesa casada con un conde... Michelle nació para ocultar a Loni.
De pronto, un brillo de comprensión en los ojos de María, que la miró a medio camino entre el miedo y la lucidez.
_ Tú eres Loni de Lances.- susurró, y su rostro era la más clara visión de la sorpresa.
Michelle asintió, bajando la vista como si hubiera cometido un terrible pecado. Su rostro estaba cambiando y sus cabellos ya no eran de fuego, sino de paja discreta y oscura.
_ Perdoname.- dijo- Te amo, te amé siempre y te amaré hasta el resto de mis días si tú me dejas.
Pero María escuchaba vagamente sus palabras, la miraba como si bajo su piel hubiera descubierto un monstruo, como si de pronto ya no la conociera. Su confusión era evidente, y Michelle no supo si tenía miedo o si la odiaba por haberle mentido.
_ ¿Cómo es posible?- dijo al fin con voz temblorosa la mujer que había sido Reina de Florencia- ¿Qué es esto que te sucede? Y sobre todo... ¿Por qué te ocultaste? ¿De quién? ¿Qué sucedió?
Michelle miró el cuerpo menudo en que estaba mutando el exhuberante aspecto de Michelle y alzó las manos con humildad...
_ Esto... es obra de un buen amigo a quien pronto conocerás. Él me dio el poder de cambiar entre Loni y Michelle. En Damasco maté a la chiquilla de Theresa Kymena porque estaba asustada. Jamás había salido de Iberia más que en mi tierra natal, en los Pirineos franceses. Lucia de Aragón buscaba a Theresa para matarla, pero no la encontró en su capilla y estacó a su chiquilla en el laboratorio con el fin de averiguar donde estaba Theresa. Luego se marchó y me dejó sola con ella en aquel lugar lleno de símbolos extraños. Yo por aquel entonces era ambiciosa y deseaba robar su saber de Tremere, pero tuve miedo, tuve miedo de que al soltarla me matara, de que me buscara, y la maté. Luego, arrepentida, busqué a Theresa y la encontré en Petra. Le dije que se cuidara de Lucía pues la buscaba para matarla, y trás aquello, trás matar a la chiquilla de Theresa y traicionar a Lucía, para ocultarme, me convertí en Michelle. De allí fui directa a Venecia y el resto de la historia ya la conoces...
Cuando terminó de hablar, temblaba. Jamás había contado a nadie lo que había ocurrido aquella noche en Damasco y saber que ahora María podía rechazarla le causaba pavor. Pero María estaba tan sorprendida que su ceño se fruncía intentando comprender.
_ Pero... ¿Quién es ese amigo tuyo? Este poder de ocultación jamás lo había visto...
Michelle suspiró. También debía hablarle de él, de él a quien nadie hablaba.
_ Recuerdas cuando te encontré en Malta... Percibiste en mi una tristeza inmensa y te dije que por mi culpa habían dañado a un ser muy querido.
María asintió.
_ Lo recuerdo.
_ Él era quien descansaba bajo mi casa en Florencia, a quien ella se refería. Fue él quien la atacó cuando trató de usar su magia conmigo y me permitió estacarla y por defenderme fue apresado por una criatura terrible que no quiero ni nombrar. Y por pagar la deuda de vida que tenía con él...- cerró los ojos para reunir valor, y cuando lo hizo, los abrió para clavar la mirada verde en los ojos de María- Desaparecí cincuenta años, por salvarle.
María se quedó inmóvil y en silencio, habiendo recibido aquel golpe. Aquellos cincuenta años habían supuesto su depresión, su letargo, su caída, y de pronto Michelle sintió que ni siquiera su causa era suficiente justificación.
_ No puedes ni imaginar, María, el horror que habitaba bajo mi casa, el horror que invadía la ciudad, como una sombra terrible en cada calle, en el aire, en el agua...
Y entonces María dijo lo que jamás habría imaginado.
_ Le vi en mis pesadillas, mientras estuve en letargo. Esperaba poder vigilar la ciudad aún en mis sueños, pero ese horror que nombras me lo impidió. Ahora lo sé. Sé que era ese horror que mencionas. Un horror que te asficia, como si aún pudieses respirar, tapándote todos los poros del cuerpo, aislándote de la luz, del recuerdo. Y si te pierdes en él, te olvidas de tí misma...
Michelle, que era ahora Loni, asintió sobrecogida al recordar lo que ella misma había sentido bajo los cimientos de su casa.
_ Entregando esos cincuenta años, pude hacer que se marchara, que lo liberara. Y entonces volví a tí. Habría matado a tu chiquilla si no te hubiera encontrado en Malta.
María cerró los ojos y se apoyó contra el respaldo, incómoda.
_ Son... muchas cosas, Michelle.- dijo.- Pero por encima de ellas, hay una que me carcome ¿Por mí también habrías desaparecido cincuenta años?
Michelle la miró fanáticamente a los ojos.
_ Por tí desaparecería el resto de mis días, María.
María, su aliada y amante, cerró los ojos sopesando aquellas palabras, y al fin volvió a mirarla.
_ ¿Quién es ese amigo que te separó de mí?
Allí estaba, la prueba de fuego, la pregunta más dificil.
_ Le conocerás esta noche.- respondió- Y le viste la noche pasada, desapareció en el lago, envuelto en llamas...
De pronto, los ojos de María se llenaron de horror, e inconscientemente retrocedió hasta que la butaca no le permitó alejarse más.
_ No puede ser...-murmuró- ¿Quién... quién eres tú?
Loni bajó la vista, con los ojos llenos de tristeza.
_ Me conoces, María- respondió simplemente- y ahora lo sabes todo de mí. Te he dado una saeta apuntando directa a mi corazón y no me importa. Y si ya no me amas, me marcharé, desapareceré para siempre.
Y para su sorpresa y alivio, María asintió.
_ Lo sé- dijo- y por eso sé que no me mientes cuando me dices que me amas, aunque te miro y me cuesta imaginar que eres Michelle... Que siempre ha sido Michelle...
_ Y seré Michelle siempre, si lo deseas.
Se miraron a los ojos en silencio, María asumiendo lo que veía y oía, y Michelle llena de gratitud porque ella no la había apartado de su lado. Si la aceptaba sabiendo aquello, sabia que su unión sería indestructible y que realmente estaba preparada para lo que tenía preparado para ella... Sin decir una palabra, invocó a Marianne.
María se irguió entonces en su asiento y la miró a los ojos.
_ Seré justa contigo.- dijo- Yo también tengo algunos secretos.- Michelle escuchó con atención- ¿Recuerdas a Rafael de Corazón?- asintió, intuyendo lo que le iba a decir- Yo soy su madre, le parí con mi vientre.
Tuvo que fingirse perpleja para que María no descubriese que el propio Rafael le había confesado aquello en Thorns.
_ Mi sire es François Villon, príncipe de Paris. Él crió a mi hijo, pues me abrazó apenas unos meses trás el parto. Luego, mandó a Rafael a las mejores escuelas del reino. Le habría dado el Abrazo, pero la sire de François intervino. Nos lo quitó. Yo no pude soportar la idea de perder a mi hijo. Le rogué a François que hiciese lo posible para no tener que separarme de Rafael. No hizo nada. Y Rafael se alejó de mi. Me sentí traicionada, como se sintió François. Y me fui de París.
Michelle recordó el anciano que había perecido bajo el cuchillo de filo negro, en la Biblioteca.
_ Entonces... ¿El hombre que había en Malta?
_ No era mi sire, aunque me convertí en su chiquilla adoptada. ¿Dónde mejor que huir, que a ese rincón sólo conocido por unos pocos?
_ Pero Rafael aún te amaba, María.- se vio obligada a decir.
_ Lo sé. Me ha pedido más de una vez que regrese a Francia, pero en Malta sucedió algo que me impide regresar. Conocí a Nefeo. Mi maestro y más que eso. Su aspecto era el de un cadáver, pero su alma tenía una luz más fuerte que el sol del mediodía. Acudía de vez en cuando a la biblioteca en busca de secretos, y con Simón siempre tratando de poseerme, era mi alivio. Y él me sacó de Malta, y me llevó a conocer los lugares del mundo antiguo. Él, que había sido hermano de Lázaro y de Japeth. Y me enseñó cosas que no puedes ni imaginar, Michelle... Hasta que su sire le llamó a Italia, hace casi quinientos años. Fue cuando me presentaron a su nuevo hermano, Augustus. Nefeo murió poco después. Una manada de baali penetró en su Sanctum, y devoraron su alma usando un impío ritual. Mi ira fue enorme... Y Augustus se ofreció a vengar la afrenta a su clan. Japeth no movió un dedo - y escupió al pronunciar el nombre de Japeth. Luego, continuó- Junto a Augustus, y a otros, les dimos caza. A todos. Augustus se convirtió en mi amante. Él llenó el vacío dejado por Nefeo. Y yo, en la caza de los baali, aprendí cosas que no puedes ni imaginar, Michelle...
Abrió entonces la mano y de pronto, de la palma, brotó una llama de oscuridad.
_ Para vencer a los demonios, aprendí sus armas. Y por ello tuve que perder mi humanidad y liberar mis pasiones y mis instintos. Y pactar.
Acercó la llama a su cabello y con ella quemó el pelo de la parte superior de la frente, y bajo la piel quemada, Loni vio aparecer una marca que quedaba no podía verse a causa del cabello. Un pacto con diablos...
_ Augustus me dejó poco después de nuestra victoria, tras un siglo de lucha. Yo tomé Florencia bajo mi mando. Y esa cosa aún me viene a atormentar de vez en cuando. Pero en dos ocasiones ya ha intentado hacerte daño, Michelle, por mi culpa. En una pude detenerle. En la otra, los suyos desaparecieron sin más, aún no sé cómo. Los demonios del infierno se ríen de mi, Michelle... Y para obligarme a usar su poder, te han usado dos veces. No pueden obligarme a usar el poder que me garantizan, si yo no lo empleo. Por eso, en esas dos ocasiones han intentado hacerte daño. Puede que lo intenten en un futuro otra vez. Cuando desapareciste... Creí que habían sido ellos. Cuando entré en letargo, creí que esas pesadillas eran ellos que se burlaban de mi y venían a reclamar mi alma. Cuando te vi en Malta... Me diste algo por lo que vivir de nuevo... Y me devolviste la fe en mi misma, porque temí que hubiese sido mi culpa ¿Lo entiendes ahora? ¿Entiendes por qué sentí tanto miedo cuando desapareciste? Todas tenemos secretos, Michelle... Secretos terribles...
Loni asintió y se puso en pie para tomarle la mano, que temblaba trás la confesión.
_ Aún queda uno, María. Aún queda algo que debes ver, alguien a quien debes conocer. Existe un lugar y quiero que vengas conmigo.
Volvió a llamar a Marianne con su mente, pero apenas había pensado en ella cuando la mujer apareció en un rincón del salón, retirando el velo de ofuscación que la ocultaba. María la miró, como congelada en su asiento, al ver que aquella desconocida podía haber escuchado toda su confesión, pero Loni la tranquilizó con la mirada. Luego miró a la recién llegada.
_ Necesito ir a Bajara, Marianne.
La mujer miró a María.
_ ¿También ella?
Loni asintió.
_ También. Quiero que la conozca. Tal vez ella pueda liberarla de su yugo como hizo con el mío y debo encontrarle a él ¿Cómo está?
_ Agotado.- fue la sencilla respuesta. Pero agotado significaba vivo.
Sintió el alivio recorrer cada centímetro de su ser.
_ No le harán daño allí ¿Verdad?- inquirió entonces al recordar las criaturas que había conocido entorno a la hoguera.
Marianne negó con la cabeza.
_ Aún conserva amigos, pese a la guerra que les separó. Adonai siempre fue bueno con Malakai y ella no olvida.
Asintió y tomó de la mano a María.
_ Entonces vámonos.- miró a su amante entonces, que parecía confundida- María, pase lo que pase esta noche, veas lo que veas, te amo. No lo olvides ni lo dudes jamás.
Entonces Marianne obró su poder sobre ellas y ocultas a los ojos de todos, como lo había hecho Camilla Banes en Thorns, atravesaron Venecia y entraron en una casa que Loni no conocía. Tenía una fuente en un salón, y cuando María vertió en ella el agua de un jarro de rosas, comprendió que aquel era un portal consagrado. Allí en Venecia, tan cerca de su casa... Se preguntó si podría usarlo ella sola...
María contempló aquello y se inclinó sobre Loni.
_ El rito de la fuente... Dur an Ki... ¿Assamitas?- susurró, pero fue Marianne quien le contestó.
_ Algunos de ellos lo aprendieron de nosotros.
Al oir aquello, María enmudeció, intrigada, y las tres penetraron en la fuente para aparecer en Bahara.
El jardín primigenio que las rodeó brillaba con la luz plateada de la luna perenne que viajaba entre las estrellas en el cielo límpido y Loni supo que, como el día en que ella había pisado el jardín por primera vez, de haber tenido respiración, María la habría contenido.
_ ¿Qué es esto?- atinó a preguntar, con la voz embargada de emoción.
Loni sonrió.
_ El edén...
María se volvió hacia ella con los ojos muy abiertos, pero Marianne intervino.
_ El Edén está vetado a todos, Loni. Bahara puede parecerse al Edén, pero el jardín de Yahvé no es este. Este es el jardín de Lilith.
_ ¿Lilith?- inquirió, aturdida María- Un momento.. esto es...
Marianne sonrió
_¿Imposible? Aquí nada es imposible.
Comenzaron a caminar, siguiendo a Marianne Marianne entre la vegetación y el arrullo del agua y la brisa, y en un claro vieron un rayo de luna que descendía desde los cielos límpido como una columna. De hecho, lo sorprendente de la columna de pálida luz era ver como emergía de la luna... y del suelo, que brillaba como si le respondiera. Allí, al llegar a la base de la columna de luz, un ser de plata refulgente, permanecía sentado sobre una roca, mirando a las estrellas, con las alas plegadas a la espalda, y al reconocer su silueta, Loni no pudo reprimir un sollozo de alivio.
Adonai tenía la mirada triste mirando al cielo, y su cuerpo de ángel estaba desnudo y sin mácula, tal y como lo recordaba.
_ Aquí está, Loni.- dijo Marianne en voz baja- Voy al claro con los demás. Espero que sepas qué estás haciendo.
Desapareció entre la vegetación y Michelle se acercó al ángel, que bajó la mirada de las estrellas y se volvió para encontrar su rostro. Alzó una mano resplandeciente entonces, y extendio la palma hacia ella, ofreciéndosela. Como un amargo dolor, Loni recordó aquella aciaga noche en Transilvania, y posó en la mano que le tendía, su pequeña mano marmorea.
Una lágrima solitaria recorría el rostro de Adonai, pero no era sangre lo que bañaba su rostro, sino luz pura, como una lágrima de plata... Se demoró en el rostro perfecto que había visto tan pocas veces pero que ya conocía tan bien, aquel rostro que había tallado e inmortalizado en la piedra de su estudio, y entonces él habló, y su voz temblaba.
_ Estás bien...
Loni se sintió desfallecer al comprender que era alivio lo que oía en aquella voz de campanas.
_ Tenía tanto miedo de perderte una segunda vez, por mi culpa...- comenzó, pero entonces con delizadeza, el ángel acercó su rostro hasta ella y apagó sus miedos con los labios.
Loni sintió que algo se iluminaba en su interior al recibir aquel beso que había ansiado durante siglos, como si por fin pudiera ver el sol de nuevo, como si le devolvieran el aire que le faltaba, y se demoró en aquellos labios de seda deseando que aquello no desapareciera jamás.
Y entonces recordó a María.
Se separó del consuelo de aquellos labios con pereza pero también con urgencia, y Adonai, percibiendo aquello, le permitió alejarse. Loni tomó entonces la mano de María, que invadida por un trance ante aquella belleza, tenía la vista fija en el ángel de plata. Y Loni tiró de ella hasta acercarla a los dos.
_ Esta es María.-le dijo al ser por el que daría su vida, y dijo las palabras que no podía ocultar aunque sabía que una vez más, podía perderle. Pero debía comprender, tenía que hacerlo...- Mi amante, mi compañera, mi apoyo y mi aliada.
Adonai se volvió lentamente y reparó por primera vez en ella, y su luz se tambaleó, vibró, y Loni percibió su confusión con tristeza y temor. No dijo nada, pero sabía como si lo sintiera ella misma que aquella palabra, amante, le había chocado... Después de aquel beso y si ella era su amante ¿Quién era él ahora?
Loni sonrió con tristeza al comprender, al ver que después de tanto tiempo él todavía no había entendido que su amor por él estaba por encima de cualquier amor terrenal... Adonai cerró entonces los ojos y rió levemente, como si recordara una broma privada.
_ Es mi destino.- dijo entonces, con amable resignación. Cerró los ojos y de pronto se encontró junto a María. Le acarició el rostro sin que ella pudiera reaccionar, embelesada como estaba.- Encantado de conocerte, María.
Y la besó con la misma delicadeza que había ofrecido con sus labios a Loni. Luego le tomó la mano con suavidad y se la ofreció a la pequeña mujer de cabello de oro viejo y ojos de oliva, y alzó la vista a las estrellas, que iluminaron las nuevas lágrimas de plata que rodaron por sus mejillas.
_ ¿Lo ves, Miguel, como era mi destino?- murmuró al aire con un amor infinito- Si Antonius me viera se reiría de mi, de mis celos...
Loni contempló aquella escena con devoción y de pronto sintió los brazos sedosos de una María conmovida que la rodeaban. Adonai se volvió entonces hacia ellas y las envolvió con las niveas alas blancas. Y por un momento, todo estuvo en su lugar. Y Loni, que por primera vez sentía el cuerpo firme del ángel contra el suyo, entró en su mente y se arropó en ella, y le habló con amor.
"Ella es como la tierra bajo mis pies, dándome su fuerza y su apoyo. Tu eres como el cielo que me cubre, incalcanzable como las estrellas. Me apoyo en ella para tratar de estar más cerca de tí. Perdona lo que te hice y lo que te hago"
Las alas de Adonai se replegaron entonces y la luz de la luna se desvaneció, y de pronto junto a ellas el ángel había desaparecido y en su lugar estaba Arístides, aquel que había conocido y amado desde el primer momento de su encuentro, en Constantinopla.
Y él la acunó en su mente y le respondió.
"Entonces, tú eres el fuego que une el cielo y la tierra. Mi motivo para creer que ni siquiera para mí es tarde aún"
Le sonrió con la más bella de sus sonrisas, con una sonrisa tan íntima y cálida que solo dos personas en el mundo la habían visto en todos aquellos siglos desde que naciera al mundo, y Aristides tomó una túnica de lino blanco que guardaba entre las ramas y se envolvió en ella.
Y los tres, en silencio pero unidos por un lazo invisible, caminaron hacia el claro.
Allí, Malakai estaba sentada sobre un tronco, hablando con Marianne. No había nadie más con ellas y Loni se preguntó donde estarían los demás y cuan grande sería aquel lugar.
_ Bueno, Adonai...- dijo Malakai, aquella criatura milenaria con rostro de chiquilla, al verlos llegar- ¿Ya estás mejor?
Arístides asintió con amabilidad.
_ Sí. Gracias, Malakai.
El rostro juvenil de ojos profundos se volvió entonces hacia María, que miraba la escena tan confusa como cuando pisara el jardín al salir del lago. Su gesto era indescifrable, aunque parecía apacible y amable, aquellos ojos habían visto caer imperios y era imposible leer en ellos cualquier emoción.
_ Y tú debes ser María Sforza.
Aquella afirmación fue tan sencilla y evidente que Loni no pudo evitar sonreir ante el gesto confuso de María, que asintió.
_ Y vos sois...- preguntó.
_ Malakai. Aunque me conocen muchos como la hermana de mi hermano.
Una ceja se alzó en el hermoso rostro de María, que no podía ni siquiera imaginar con quién estaba hablando.
_ Y vuestro hermano es...
_ Malkav.
Aquel nombre pronunciado de manera tan sencilla e incluso con una nota de cariño, resonó en el jardín como una campana, y María se tambaleó un instante, como si fuera a caer. Loni le ofreció un brazo para que se apoyara en ella, y aquella con quien compartía su vida se inclinó junto a su oído y susurró, anonadada:
_ Michelle ¿Qué... qué lugar es este?
_ El Jardín de Lilith, María, Bahara, un lugar de paz infinita, un refugio.- le respondió con cariño, casi como cuando hablaba de las constelaciones a los niños de la Academia, hacía tanto tiempo, cuando era feliz...
Malakai se encogió levemente de hombros.
_ Bueno, tanto como de paz infinita...-dijo- Algunos discutirían la naturaleza de esas palabras.
Marianne se volvió entonces y de entre los árboles surgió una anciana de aspecto vigoroso comiendo una manzana a bocados, y Loni supo en el fondo de su arma que aquella mujer era Lilith también.
_ La he traído, Madre.- dijo Marianne, y Loni se arrodilló ante la madre de todos los vampiros.
_ Madre...
Lilith masticó un último bocado de su manzana y las miró un instante antes de dirigirse a ellas. María miraba a la anciana como si esperara un nuevo golpe, y no se atrevía a hablar.
_ Loni de Lances y María Sforza- dijo al fin- Y Adonai... ¿Has pensado en mis palabras de ayer?
Aquella pregunta intrigó a Loni que una vez más deseó saber cuales habían sido aquellas palabras que la Madre había compartido con él. Arístides, por su parte, asintió.
_ He pensado en ellas, señora. No tengo muchas opciones.
_ Sirves a un antediluviano, Adonai.- dijo Lilith- Si regresas al mundo, pones en peligro a los que estamos aquí.
_ Creo que ya sé cómo resolver este problema, señora. El mundo espera el regreso de aquel que conocen como el Dracon, pero si regresa Arístides de Constantinopla, nadie verá en mi más que a un viajero.
Lilith le estudió con atención.
_ ¿Te someterás pues a un pacto?
Arístides asintió y miró a María y luego a Loni.
_ Así es. Hay algo por lo que deseo volver al mundo. Tengo un motivo. Y si ellas estan con vos, yo también.-se arrodilló en el suelo e inclinó la cabeza- Así que ante vos, bajo las estrellas y bajo la luna llena, renuncio a mi Sangre y a mi Sire y os juro lealtad a vos, Lilith.
La anciana que era Lilith se acercó entonces a él y dijo:
_ Acepto, y como muestra de gratitud, te libero de tu Sangre- y poniendo una mano sobre la cabeza de Arístides, una sustancia negra supuró de sus oídos.
Se volvió entonces a María.
_ En ti siento un pacto también hacia otro.
Imitando a Loni y a Arístides, María se arrodilló en el suelo frente a ella y agachó la cabeza.
_ Me someto, Madre.- dijo, con voz temblorosa- Si Loni ha confiado su destino a vuestras manos, no dudaré que sois aquella a quien debo servir.
De nuevo la mano más antigua del mundo se posó sobre la frente de María y de pronto, con un siseo, un ligero aroma azufre llenó el aire.
_ Liberada quedas de ese demonio, y te doy la bienvenida a Bahara.
Loni sintió entonces la mirada de Lilith en ella y alzó el rostro para mirarla.
_ Tú la has traido a mi, es tu responsabilidad enseñarle. ¿De acuerdo?
Asintió, llena de gratitud: de pronto, nada podía ir mal.
_ Gracias, Venerable.
Lilith se marchó sin decir más y Marianne les guió de nuevo a la laguna. Antes de entrar en el agua, se detuvo en la arena clara y tendió a Loni un puñado de pergaminos. Loni miró los volúmenes en sus manos, ya casi había olvidado los primeros que recibiera en aquel lugar. Miró a Marianne a los ojos.
_ Gracias... madre.
Un brillo de emoción y reconocimiento apareció en los ojos en Marianne, y la rodeó con los brazos, abrazándola. Arístides se acercó a ellas entonces, y Marianne se volvió hacia él.
_ Adonai... ¿La instruirás?
Arístides asintió.
_ Su Don será instruido, Marianne.
Allá en el agua, María esperaba. Tenía el gesto ausente y estupefacto y no pareció reparar en sus palabras. Los tres se acercaron a ella y, tomándose de las manos, abandonaron Bahara.
Y por un momento, todo estuvo bien.
9 may 2006
Sesión Sexagésimo Cuarta: Sacrificio
Pasados unos días, María encontró el modo de que la amenaza menguara y la fiesta no se convirtiera en una masacre. Ambas habían olvidado a los Giovanni que vivían en Venecia, pero ellos bien podían ser la fiel de la balanza en la fiesta: si Alfonso intentara algo, los Giovanni podrían interpretarlo como un ataque a su clan, y lo mismo que ocurriría si la progenie de Michelle pensara otro tanto. De este modo todos se veían condicionados a guardar la calma. Y si los Giovanni iban a ser invitados, había alguien que no podía faltar, de modo que a cuatro días de la fiesta, Michelle de Mauvernay invocó a su viejo amigo, Ambrogino Giovanni. De acudir tardaría algunos días, puesto que desconocía donde estaba trás Thorns, de modo que se dedicó a preparar la fiesta como si nada ocurriera y fuera la inofensiva fiesta que nadie, salvo ella, pretendía celebrar. Como su heredero en Venecia y más conocido por los cainitas de la ciudad, envió a Pietro con las invitaciones para los vampiros, mientras que su chiquilla Caterina se encargaba de buscar una casa en las afueras lo suficientemente grandes para recibir a todos los invitados. El resto de labores las llevarían a cabo ghouls y criados.
Pietro regresó diciendo que había hablado con el primogénito giovanni de Venecia, un tal Luca, y que este había quedado en dar su respuesta dos noches más tarde. Ante aquella respuesta, Michelle decidió que antes de alarmarse quería saber qué pensaba exactamente Alfonso, y la noche siguiente abandonó su cuerpo y flotó hasta el palacio del principe, una casa mucho menos ostentosa que la de la propia Michelle pero que, extrañamente, presentaba una inusual actividad a aquellas horas incluso para la casa de un vampiro. Al parecer el príncipe tenía a unos cuantos visitantes esa noche, desde comerciantes a juzgar por los ricos carruajes, hasta hombres de armas, todos reunidos allí por orden de Alfonso. Y todos ellos eran vampiros. El temor de María era fundado. Michelle recorrió el exterior de la casa, reuniendo información: al parecer Alfonso por ahora solo estaba reuniendo fuerzas. Decidió entrar, pero cuando cruzó la puerta del servicio, en la parte de atrás, no vio a nadie y su sexto sentido percibió algo que no estaba bien en el palacio, que había algo peligroso y oscuro en el interior. Michelle, que ya estaba escarmentada de sensaciones como aquella, regresó a su cuerpo y habló a María de lo que había visto.
Ella se mostró preocupada, más sabiendo que Luca Giovanni no daría su respuesta hasta el día siguiente por la noche, lo que quería decir que primero quería escuchar lo que tenían que decirle en casa de Alfonso.
_ Esperemos a mañana, a la respuesta de Luca.-dijo- Y recemos por que Ambrogino aparezca.
Michelle estuvo de acuerdo, pero temerosa de que Ambrogino, siguiendo la tradición familiar, se inclinara de parte de los Giovanni dejandola sin apoyo, decidió invocar a otro viejo amigo junto al cual se sentiría más segura, y llamó Sasha Vykos.
La noche siguiente, se presentó en la puerta de la Casa Mauvernay un carruaje con la G de Giovanni en la puerta. Michelle esperó ver aparecer a su viejo amigo Ambrogino, pero el que se apeó del transporte no era nadie que conociera.
_ Buenas noches, Singora.- saludó el hombre con cortesía, al llegar hasta ella.- Soy Claudius Giovanni. ¿Podemos hablar?
Aquel nombre la heló por dentro. Claudius era el chiquillo de Augustus Giovanni, que había diabolizado a Capadocius. Un hijo de la cuarta generación, uno más, allí, en su casa.
_ Por supuesto- sonrió- Pasad.
Claudius entró y tomó asiento en un cómodo butacón forrado de terciopelo rojo, y permitiendo que los sirvientes guardaran su media capa y su bastón de marfil. Michelle le ofreció un refrigerio, que el Giovanni rechazo cortesmente, agradecido. Cuando los sirvientes los hubieron dejado a solas, Michelle cruzó las manos sobre el regazo.
_ Y bien, Signore Claudius, es un honor teneros en mi casa.- dijo.
_ Gracias, Signora.-dijo el hombre- Sinceramente, vuestro regreso a la vida activa en Venecia ha levantado mucha expectación.
Michelle maldijo para sí. De modo que todo era cierto. Sonrió de nuevo.
_ ¡Oh!- exclamó agitando la mano para quitar importancia al tema- Se adelantan los acontecimientos, me temo. Pretendía organizar una gran fiesta para presentarme de nuevo a Venecia y honrar al príncipe, pero por lo visto, los rumores se me adelantan, una lástima.
Claudius asintió.
_ Sí, eso se rumoreaba. Y ahora sé que es cierto. Pero Alfonso de Venecia... El príncipe es un paranoico: Ha llamado a sus aliados para acabar con vos. Cree que se trata de una maniobra de algún chiquillo de Miguel de Constantinopla para vengarse de él.
Michelle abrió mucho los ojos, sorprendida de veras.
_ ¿Chiquillo del patriarca Miguel! ¡Pero eso es absurdo! Solo soy yo...
_ ...una chiquilla de Loni de Lances, quien estuvo en Constantinopla pocos años después de la caída, y viajó a Tierra Santa, donde se refugiaron los chiquillos de Miguel supervivientes.- Michelle se quedó sin habla ante aquellas palabras- Ve en vos una punta de lanza de alguien, y sus paranoias le hacen creer ciegamente en ello. Pocas cosas pasan en esta ciudad que yo no sepa. Os coaccionaron recientemente, ¿no es así?
Michelle frunció el ceño.
_ Es una manera poco sutil de decirlo, señor mío.
_ Mi sire siempre dijo que la sutileza no era una de mis virtudes, y que lo prefería así. Pero no quiere que nadie centre demasiado su atención en la ciudad en que reside en secreto... ¿Comprendéis?
Comprendía, y lo que oía no quería creerlo. Augusutos Giovanni en Venecia, oculto...
_ Está furioso con toda esta actividad- añadió Claudius.- Y Alfonso irá a esa fiesta, pero con veinte fieles con él.
No podía entender como aquello se le había escapado tan rápido de las manos. Suspiró.
_ ¿Qué sugerís, signore?
_ Seguid con la fiesta. Mi sire no desea que Alfonso siga gobernando Venecia.-Imaginó la fiesta, toda su descendencia, sus amados chiquillos, la progenie que aún no conocía, y los soldados de Alfonso, la masacre. Se estremeció.- Dos años con él de príncipe ya le han dado bastante dolor de cabeza.
_ Pero mi progenie, mi patrimonio...
_ Elegid, vuestra vida está en juego.
_ ¿Y cuales son mis opciones? ¿Dejar que nos masacre a mí y a los míos?
Claudius agitó la mano para hacerla callar.
_ Un amigo vuestro ha hablado por vos ante mi sire. Tiene algo en mente para vos.
Ambrogino.
_ Lo tratará con vos en persona dentro de tres noches.- finalizó el giovanni.
Michelle decidió que era hora de que María escuchara aquello y la llamó telepáticamente para que acudiera, invisible.
_ De modo que debo celebrar una fiesta en la que probablemente acaben conmigo para escuchar, si sobrevivo, una propuesta de vuestro sire... Es un extraño plan, signore.
_ No esperamos que vuestra progenie combata. Pero habéis revelado la naturaleza de Alfonso, digno chiquillo de Narsés. Y os habéis convertido en un cebo perfecto.
_ ¿Y cómo garantizaré la seguridad de los míos?
_ Eso lo dejamos en vuestras manos. Pero tened esto presente: si Alfonso sospecha algo, soplaremos dos velas de la tarta en lugar de una. Dad gracias a Ambrogino. Él ha hecho caer en cuenta a mi sire que podéis serle útil. Estaba igual de enfadado con vos como con Alfonso. Pero recordad que útil no es imprescindible...
De pronto, no pudo dejar de escuchar su voz y supo que estaba utilizando en ella el poder que ella misma utilizaba con sus sirvientes, pero a un nivel aterrador.
_ No hablaréis de nada de lo que hemos dicho con nadie, aunque conservéis el recuerdo y podáis actuar en consecuencia.- dijo el Giovanni, y Michelle no pudo sino asentir, frustrada.
Claudius se levantó y dijo:
_ Vámonos, Cos.
Y cuando se marchó, Michelle oyó el grito de María, en sus habitaciones. Se precipitó escaleras arriba y encontró a María acurrucada en un rincón de la habitación, en posición fetal y de pronto todas su sentido de alerta le previno: estaba en Rötchreck. Asustada, golpeó su mente con recuerdos y cayó inmediatamente inconsciente. Preocupada, se dio cuenta de que había sido preocupantemente fácil: fuera lo que fuera contra lo que luchó, le había devorado la fuerza de voluntad. Se quedó a su lado hasta que su amante despertó, y cuando lo hizo, María estaba terriblemente débil.
_ Monstruos... Los giovanni son monstruos...- dijo.- Cuando vine... Eso me atacó... Quería devorar mi alma... Olió a Nefeo en mi... Mi maestro capadocio, el que me enseñó el Don... Los giovanni matan capadocios... Si descubren tu secreto, que usas tu Don que te enseñé... Te matarán sin dudarlo, Michelle.
Michelle la rodeó con los brazos y hundió el rostro en su cuello alabastrino.
_ Lo siento, lo siento tanto...- María le devolvió el abrazo, y temblaba.
La noche siguiente, al despertar, encontró en el salón un ghoul giovanni esperando con una carta que solo ella debía leer. Michelle deseó con todas sus fuerzas que fuera de Ambrogino Giovanni y la leyó.
"Querida Michelle:
Siento mucho lo sucedido. Sé que en tu mente jamás pasaría derrocar a Alfonso de Venecia, pero él ha visto en tu presentación una amenaza a su autoridad, o algo similar. Todo habría sido más fácil de no ser porque nuestro gran padre habita bajo el mausoleo. Con la Camarilla apuntándole como uno de los vampiros más buscados, no desea que haya tanta atención sobre Venecia como hay ahora. Me ha dicho sus planes, y sólo te advierto que te despidas de los tuyos, pues mañana perderás a alguno de ellos. Ya ha sido decidido. Por nuestra vieja amistad, te doy esa posibilidad, para que puedas hacerlo bien.
Siento no haber podido hacer más.
Ambrogino."
Miró la carta largo rato, recibiendo sus palabras como un mazazo. Ya estaba decidido: iba a perder a su progenie ¿Pero quién? ¿Acaso los habían elegido? No podía hablar de ello con María, puesto que Claudius la había hechizado para que guardara silencio, y podía percibir la frustración de su amante que veía como no podía ayudar de ningún modo. Desamparada, Michelle visitó astralmete la casa que Catalina había elegio para comprobar que era posible huir si ocurriera lo inevitable. Era una casa grande, con amplios jardines y muchos salones, y decidió que en caso de necesidad, podrían huir a los exteriores. En aquel momento de desasosiego, solo se le ocurrió una persona a la que recurrir, aunque su llamada fuera vana, y acarició la moneda, enviando su llamamiento. No hubo respuesta, pero percibió una extraña palpitación que no había percibido jamás. Aquello la inquietó y volvió a intentarlo, pero percibió la misma perturbación.
Agotada y asustada, aquella noche durmió repleta de angustia.
Poco antes del amanecer, María llegó para meterla en el carro en que viajarían a la casa. No habían planeado que ella acuriera, pero su amante se negaba a dejarla sola de nuevo y arriesgarse a perderla. Trató de convencerla, temiendo por ella, pero María era arrojada y apasionada, y no era fácil hacerla cambiar de opinión. Michelle sabía que la matarían, pero por mucho que rogó, María decidió acompañarla de todos modos y nada de lo que dijo pudo hacerla cambiar de parecer.
_ Si te matan, no me lo perdonaré jamás.- le dijo.
_ Si te matan a ti, mi vida me dejará de importar.- fue su respuesta.
La tomó de la mano.
_ Prometeme que huirás si ocurre algo.
_ Lo prometo.
Y haciendo esta promesa, ambas subieron a los carros, hacia su funeral.
La noche fatal despertó en una mullida cama. Estaba en la casa que Caterina había elegido y alguien la había trasladado desde el carro al dormitorio. Lo primero que llamó su atención fue la suave música de orquesta que llegaba a ella desde algun lugar del piso inferior, señal de que los músicos contratados estaban ensayando.
Se dio un baño y se vistió y peinó con ayuda de sus sirvientas con un vestido tan exquisito que, cuando bajó las escaleras, Caterina, que salía a su encuentro, no pudo reprimir una exclamación. Sin embargo parecía preocupada.
_ Signora... Me dicen que el príncipe Alfonso ha venido con una numerosa delegación, y su campamento está a apenas media milla de la casa. ¿Qué hemos de hacer?- su voz era nerviosa. El resto de invitados nada sabían, salvo Pietro. La suerte estaba echada.
_ Los recibiremos.
Caterina asintió, y justo trás ella, Lucio y Alba se acercaron a ella. Lucio, el dorado Lucio, lucía una agradable sonrisa de reencuentro. Alba, por su parte, estaba entusiasmada con la fiesta.
_ Signora... - dijo su chiquillo saludándola como hacía en la Academia.
Michelle le premió con una radiante sonrisa, como solía, y se volvió hacia Alba, la directora de la escuela de Florencia.
_ Alba, he oído que haces un gran trabajo con la escuela de Florencia.- concedió, mangnánima. Alba se inclinó en reverencia cortés.
_ Aprendí de la mejor, Signora.
De pronto, Lucio alzó la vista y mirando las escaleras, sonrió exclamando:
_ ¡Angelo!
Bajando del brazo de una joven, su segundo chiquillo acababa de aparecer. Como dos hermanos largo tiempo separados, Angelo soltó a la muchacha para abrazarse impetuosamente con su hermano de sangre. Trás el abrazo, avanzaron cogidos por los hombros hacia ella, que los recibió con una sonrisa.
_ Es un placer estar en casa... Signora.- dijo Angelo el apasionado.
Michelle, le devolvió la sonrisa.
_ Ya solo falta el solemne Pietro y tendré conmigo a mis cuatro hijos.- dijo.
Pietro no tardó en aparecer, pues Caterina había ido a buscarle. Más comedido que sus hermanos, Pietro estaba alegre por ver a los que hacía tiempo que se marcharon y con los que tanto tenía en común. Viéndolos reunidos, su corazón se volvió de piedra al recordar que tal vez uno de ellos moriría aquella noche. No podía advertirles de la amenaza Giovanni, pero al menos, podría prevenirles de los Lasombra.
_ Bien, antes de que comience la fiesta, me gustaría hablar con vosotros en privado, mis herederos.
El resto de descendientes que les rodeaban asintieron y se alejaron para dejar a Michelle con la primera generación de su progenie, que subieron al piso superior y se acomodaron en un estudio. Michelle los contempló un instante, tan hermosos como el día que los creó, más sabios y fuertes, y se sintió orgullosa de ellos. Sin embargo, temerosa de que alguien pudiera escuchar su conversación, decidió hablar directamente en sus mentes.
"Me alegro de veros reunidos a los cuatro por fin, después de tanto tiempo...", se interrumpió, al agudizar sus sentidos para usar la telepatía, había percibido algo terriblemente oscuro e inquietante. Era lejano, pero se acercaba, y sintió miedo. Sin embargo, sus chiquillos no percibieron su preocupación y pudo seguir. Ellos escuchaban, en silencio.
"Esta noche, la casa va a llenarse de invitados y Caterina me ha informado que el Principe Alfonso ha traido un séquito numeroso. La velada promete ser dificil, muy dificil. Los que conocéis a Alfonso sabéis de su caracter..."
"Alfonso de Constantinopla, menudo uno" interrumpió Lucio.
"Os recomiendo fervientemente cautela. Más que eso. Quiero que tengáis cuidado, y si algo ocurre, os pongáis a salvo."
Ahora se miraban entre sí, preocupados.
"¿Por qué? ¿Sucede algo malo entre Alfonso y tú?" exclamó Angelo.
"Digamos que esta fiesta ha despertado más que sospechas en él. Hasta ahora eran solo eso, sospechas, pero ahora están ahí fuera. Necesito, por el bien de todos, que os comportéis de la manera habitual. Sé que es dificil, pero debemos hacerlo. Le recibiremos y agasajaremos, a él y a su séquito, pero si ocurriera algo, no esperéis. Debéis jurarme que os pondréis a salvo y os separaréis, para que no puedan encontraros a todos juntos."
Asintieron al unísono, inquietos. Sin embargo, Angelo pareció expectante, como si aún quisiera hacer una pregunta.
"Di, querido"
"Signora... Madre. Hay algo que hace mucho quiero preguntaros, y no se me ocurre mejor ocasión que esta noche, con todos vuestros hijos presentes. En mi estancia en Portugal, he criado a chiquillos, y su sangre ha resultado ser más potente de lo que debiera ser en generaciones tan altas. Consulté con un tremere ducho en el tema... Y no soy de la onceava generación. Soy de la octava. ¿Por qué?"
Michelle suspiró y sonrió débilmente. Casi había olvidado aquel pequeño desajuste.
"Supongo que es justo que lo sepáis, sois de la octava generación, los cuatro, y vuestros chiquillos lo son de la novena. También yo me creí de la décima por un tiempo, hasta que, como vosotros, descubrí que mi sangre era más poderosa de lo que debía ser."
"Entonces ¿No eres chiquilla de Loni de Lances?" inquirió de nuevo Angelo.
Negó con la cabeza.
"Sí lo soy, pero fue Loni, mi sire, quien comenzó la farsa. ¿Cómo lo hizo? Solo existe una manera y yo no quiero ni pensar en algo tan terrible, pero la cuestión es que aquí estamos. Tenemos en nuestras manos un poder inospechado, pero si lo desvelamos, estaremos en peligro más de lo que ya lo estamos esta noche"
Asintieron de nuevo.
"Cuidad vuestro poder, usadlo con moderación. Todos debemos seguir siendo los banales toreador que todos creen. Os agradezco de corazón que hayáis acudido. Me siento reconfortada con vuestra compañía en esta aciaga noche. Ahora, por favor, volvamos a los salones y comportemonos como la ocasión se merece. Esta es mi fiesta."
Las música los recibió en el vestíbulo mientras bajaban las escalinatas de mármol como un cortejo de ángeles, todos jóvenes y hermosos. Y malditos. Uno a uno, sus chiquillos fueron presentando a sus descendientes, que eran numerosos y la miraban con devoción. Ella los recibió con su más sublime sonrisa, aunque por dentro gritaba de rabia al pensar que cada uno de ellos podía morir aquella maldita noche. En aquel último momento antes de arrojarse a los brazos del destino, buscó bajó la piel la moneda y lanzó al mundo su último llamamiento.
De nuevo, no tuvo respuesta, y se unió a sus invitados con una máscara de sonrisa aunque dentro estaba iracunda y triste.
Estaba saludando a sus últimos descendientes, los más jóvenes, cuando llegó Claudius Giovanni, con Ambrogino y una amplia delegación Giovanni, unos diez miembros de la familia. Michelle acudió a recibirles, como la mangífica anfitriona que era, y les deleitó con su mejor sonrisa.
_ ¡Cómo me alegro de que hayan aceptado la invitación, signores! Es un honor recibirles en esta mi casa.- mintió.
Fue Ambrogino quién habló, con su máscara de perfecto Giovanni, de modo que no mostró ninguna complicidad con ella, y menos con Claudius delante.
_ Fue un placer descubrir que a los Giovanni no les faltan amigos, Signora, en estas aciagas noches.- respondió, elegante como le recordaba.
Michelle se inclinó en reverencia ante Claudius y saludó al resto con cortesía, haciéndoles pasar.
Los Giovanni se mezclaron entonces con los invitados y su joven descendencia toreador, les asaltaron con preguntas y cumplidos, como buenos cortesanos.
Hizo llamar entonces a la joven Ravnos, Joanna, su apadrinada, que había prosperado bajo su nombre, y le pidió que con su magia creara una luz difusa que no creara sombras en ninguno de los salones. Joanna frunció el ceño, extrañada, pero con disimulo lo hizo, mientras alguno de sus chiquillos, aquellos con el auspex más alto, arrugaban la nariz al notar el quimerismo en la sala.
"Las sombras seguirán estando, solo que las ilusiones las cubrirán. Si alguien sabe qué buscar, lo encontrará. Pero será más dificil encontrarlas" pensó la joven, para que Michelle pudiera recoger el pensamiento de su mente.
"Si es lo único que puede hacerse, tendrá que bastar. Gracias, querida"
Apenas unos minutos más tardes, el chambelán anunció la llegada de tres nuevos invitados. Michelle se volvió para verles y el alivio casi la hizo gemir al ver en la puerta a Vykos acompañado de alguien que le heló la sangre: Velya el Vivisector. Iba con ellos un lasombra milanés, y fueron anunciados como emisarios del magnánimo Sabbat en los reinos itálicos. Michelle corrió a recibirles.
_ ¡Que grata sorpresa, señores! ¡Me alegro de que hayan decidido acudir a esta fiesta!- dijo, y en aquella ocasión era cierto. Incluso la presencia de Velya le tranquilizaba si acompañaba a Vykos. No estaría sola.- Vuestra presencia honra mis salones.
Vykos estaba irreconocible, y lo que vio bajo su capucha no podía ser humano, sin embargo, aquellos gestos felinos, casi reptiloides, le resultaron tan hermosos y fascinantes que apenas pudo apartar la mirada de su rostro.
_ Oí de esta celebración, y acompañaba a mi buen amigo Velya en su camino hacia los Cárpatos... - dijo Vykos- De modo que decidimos pasarnos por aquí. Nos encontramos al conde Sforza de camino. No molestamos, ¿verdad?
_ ¡En absoluto, signore!- exclamó Michelle.- ¡Todos sois bienvenidos en esta fiesta!
"Gracias a Dios que has venido" dijo en su mente.
"¿Qué sucede?"
"Alfonso tiene fuera medio ejército de fieles para acabar conmigo y mi progenie. Cree que queremos vengar a Miguel de Constantinopla"
_ Por favor, pasad: el banquete está servido en el salón azul y la música en el salón verde.
"¿Y no es así? Lástima... Porque me odia, y con Velya aquí podríamos montar una buena juerga... Yo estaba en el bando de Miguel cuando él atacó Constantinopla, ¿sabes? Seguro que él aún se acuerda..." bromeó Vykos.
Velya fue a refrescarse, y el conde Sforza con él. En ese momento, el chambelán anunció un nuevo invitado.
_ Dominus, del Clan Ventrue.
Michelle y Vykos se volvieron para verle, y Sascha, bajo la capucha, entrecerró receloso los ojos.
"¿Qué hace Dominus aquí?"
Michelle no había visto en la vida a aquel hombre.
"No lo sé. No le invité, tal vez haya venido con Alfonso. Si siquiera sé quién es... Dios mio... ¿Qué he hecho?
Vykos se giró para ver la reacción de Claudius Giovanni, y vio que el giovanni había dado un paso atrás y se había ido a un sitio discreto con Ambrogino.
"No, ese no. Estaba con los Arpad en una fiesta en Transilvania hace unos años. Se enfrentó a Vladimir Rustovich, y salió victorioso. Es viejo"
"Entonces no lo sé, no lo sé, cielos..." Sintió pánico, aquello estaba completamente fuera de control.
Se acercó a la puerta para recibirle, pues al fin y al cabo era un Ventrue y eso le hacía distinguido. Debía guardar las formas.
_ Buenas noches...- dijo el hombre- ¿Tenéis algo para secarme? Me temo que he pisado algo de lodo al llegar.
Michelle le miró perpleja un momento. No había llovido y el suelo estaba seco, pero de todos modos llamó con premura a un criado para que este le ayudara a limpiarse, pero entonces reparó en la mirada del ventrue y comprendió: no había llegado por el camino. Había salido del estanque. Un monitor, un miembro del Inconnu.
_ Es un placer que hayais acudido, signore, por favor pasad.- Dominus miró a los presentes y asintió antes de pasar al salón.
Al fin, el chambelán anunció al último invitado y Michelle sintió que un puño le atenazaba el pecho.
_ Alfonso de Venecia, Príncipe de la Ciudad de los Canales, heredero legítimo del trono de Constantinopla, y su séquito.
Toda sonrisas, Michelle acudió a recibirle.
_ ¡Signore Alfonso! Al fin llegáis... Es un honor que el príncipe de mi amada Venecia nos deleite con su presencia en esta fiesta
Alfonso le devolvió las sonrisas, pero sus palabras estaban cargadas de veneno.
_ Ah... La famosa Michelle de Mauvernay... Al fin nos conocemos, Signora.
_ Lamento que tenga que ser en algo tan poco privado, Signore, pero asi podremos agasajaros como es debido, por favor, pasad.
_ No pasa nada, signora.- la disculpó Alfonso- Solo que no estoy acostumbrado a este tipo de cosas. Comprended... Que normalmente son mis vasallos los que me vienen a ver a mi, y no al revés... Y no tras un año residiendo en mi ciudad.
Michelle se mordió un labio.
_ Lo tendré en cuenta para próximas ocasiones, mi señor. Yo también suelo optar por fiestas más discretas para asuntos menos triviales. Tenéis razón, olvidé los modales trás tanto tiempo fuera. Me disculpo ante vos.
Alfonso asintió y él y su séquito entraron en la casa, mezclándose con los invitados.
Michelle se volvió para mirarlos a todos: casi cuarenta y cinco vampiros reunidos en su casa. De pronto se acordó de Isaac y de lo que había hecho con los príncipes de la camarilla.
"Que venga ahora Rafael y prenda fuego a la casa" pensó con amargura "Veremos que fiesta..."
Cuando el chambelán cerró las puertas, Michelle hizo una seña al director de los músicos y estos comenzaron con una alegre melodía. Ya estaba todo dispuesto, ahora solo debía estallar la chispa que lo prendería todo en llamas. Estaba observando a los invitados en el salón verde cuando de pronto escuchó un grito sesgar el aire.
_ ¡Por Miguel!- gritó la voz- ¡Por el Patriarca! ¡Muerte al Usurpador!
Su mundo se resquebrajó al reconocer la voz. Se volvió, casi como si el tiempo se hubiera detenido, y vio a Pietro, a su amado Pietro, sujetando por la empuñadura una espada que atravesaba el pecho de Alfonso de lado a lado.
El grito brotó de sus labios y se abalanzó sobre ellos, pero ya era tarde.
_ ¿Qué...?- murmuraba un Alfonso sorprendido, mirando la sangre de su herida- ¿Sanguinaria? ¿De dónde la has... sacado?
Y de pronto estalló, convirtiéndose en polvo ante el monumental silencio.
Michelle alcanzó a su chiquillo y lo sacudió por los hombros, perpleja, aterrada..
_ ¡Pietro! ¡Pietro! ¿Qué has hecho? ¡Por dios! ¿Qué has hecho?
Pero en sus ojos solo vio miedo. Estaba aterrado, no sabía lo que había hecho, y entonces Michelle comprendió y odió con toda su alma a Claudius Giovanni.
_ Santo Dios...- murmuró, y de pronto unos tentáculos de oscuridad se abalanzaron sobre Pietro, que gritó. Michelle trató de alcanzarle, pero el caos que estalló a su alrededor le fue alejando más y más. Podía oirle gritar, pero ya no le veía, y gruesas lágrimas de sangre rodaron por sus mejillas.
A su lado, Vykos y Velya adoptaron sus formas de combate. No vio al Sforza milanés entre el gentío y se dio cuenta de que debía salir de allí cuanto antes. Buscó con su mirada a sus chiquillos y les ordenó, y envió un mensaje a María ordenandole que saliera corriendo de la casa. Ya había perdido a uno y no quería perder a ninguno más.
"¡Salid de aquí" gritaba en sus mentes "¡Salid de aquí, por Dios!"
Entonces oyó la voz de María en su mente.
"Deberías ver lo que se acerca"
Y de pronto, se encontró viendo por sus ojos y no pudo creer lo que veía. Una figura enorme, de ojos rojos furiosos, volando a toda velocidad hacia la casa y gritando como en una pesadilla... Un dragón... Un sollozo le sacudió el pecho al comprender quién era...
Sus gritos se hicieron más intensos.
"María ¡Sald de aquí! ¡Sal de aquí ahora mismo!"
De pronto comprendió que lo que había percibido, enorme y amenazador, arriba, había sido él. Ahora podía reconocerle: se movía por instinto, por el instinto de protegerla de aquello que la aterraba cuando le llamó. Era la primera vez que le veía en la forma que le dio el nombre de Dracon, y era terrible. Azuzó a su progenie para que saliera de la casa cuando oyó la voz de Vykos trás ella.
_ ¡Muevete! ¡O te van a matar!- gritaba, y pudo ver que había acabado con un lasombra que trataba de asesinarla por la espalda. Se dio cuenta entonces de que se había quedado clavada en el suelo al ver al dragón, y corrió tan deprisa como pudo hacia la salida. De pronto el suelo comenzó a temblar bajo sus pies, y las paredes comenzaron a tambalearse. Cruzo el umbral y salió al exterior, donde la gente corría sin control, tratando de huir. Oyó gritos y lamentos espirituales saturando el cielo, y supo que los Giovanni habían traido a su propio ejército. Las sombras se arremolinaron en las ventanas, señal de que los Lasombra estaban plantando cara en la batalla. Una carnicería se estaba llevando a cabo en el interior y deseó desesperada que toda su progenie hubiera podido salir de allí.
María corría trás ella, no muy lejos, y ambas corrieron a refugiarse a un lugar oscuro, donde Michelle mutó sus rostros para evitar que las persiguieran.
Y entonces llegó el Dracon. Aterrizo frente a la casa y su forma mutó, y de pronto cientos de tentáculos de carne entraron por las ventanas de la casa con ansia homicida en una transformación casi instantanea.
Pensó en su progenie, en sus chiquillos en el interior, y quiso correr hacia la casa, pero María la sujetó con fuerza. Por el rabillo del ojo vieron a Dominus ir hacia el estanque, y pudieron ver también que Claudius y Ambrogino corrían también para ponerse a salvo. El Dracon penetró completamente en la casa, pero oyeron un grito espantoso casi de inmediato y salió de nuevo, con una parte de su cuerpo envuelto en llamas. Michelle gritó, pero de nuevo María la retuvo.
De pronto un crugido terrible llenó el aire, y la estructura de la mansión no soportó más la presión y se hundió. El grito que brotó de los labios de Michelle fue antinatural y terrible, lleno de angustia y rabia.
Entonces, lo impensable.
El Dracon, con el cuerpo en llamas, se arrojó al estanque para salvarse, justo en el momento en que Dominus entraba en el portal. Y ambos desaparecieron.
Cayó al suelo como fulminada, de rodillas, con las manos abiertas y los brazos inertes, los ojos abiertos sin mirar nada, golpeada por lo ocurrido, por el miedo, por la pena, por la ira... De pronto todo estaba en calma, la casa estaba en ruinas y ardía en llamas, y aquí y allá veía a la gente huir despavorida, sin embargo, nada oía. Todo sucedía despacio, como aquella noche en Thorns, como si el tiempo hubiera quedado suspendido. Vio a Angelo, estaba bien, pero cargaba al hombro a Joanna, malherida. Buscó con la mirada, pero no vio a Pietro ni a Lucio en ningún lugar, pero los jardines eran grandes y había mucha confusión. Viendo las ruinas, tuvo la certeza de que no quedaba ni uno solo del séquito lasombra. Vio a Velya. Arrastraba a un Vykos que había vuelto a su forma humana, lo cual quería decir que había sufrido heridas terriblemente graves. Su progenie...
Alguien la sacudió por los hombros y la hizo reaccionar.
_ Tenemos que irnos.- le urgía María, asustada y preocupada- Es peligroso quedarse aquí...
Michelle asintió sin querer y su cuerpo se puso en pie automáticamente. No lo movía ella, sino su instinto de supervivencia. Ella hubiera permanecido allí y levantado cada piedra en busca de sus descendientes.
Los carros las llevaron de vuelta a la ciudad, donde poco a poco fueron llegando aquellos de su progenie que se habían salvado. Nada más podían hacer, salvo esperar. La noche siguiente, el recuento aún era provisional, pero al parecer,
de sus cuatro chiquillos, solo Angelo y Lucio seguían con vida, y Caterina y Joanna estaban malheridas pero en casa. Todos parećian atribuir la culpa a Vykos y a Velya, puesto que fueron ellos quien invocaron el magma, y aquello era sin duda obra de tzimisces. Salvo ella y María, nadie había visto al dragón, solo el horror tentacular. Estaban demasiado ocupados en escapar o sobrevivir. Aún estupefacta y entumecida por el terrible golpe que había supuesto lo ocurrido, Michelle se preparó aquella noche para ver al patriarca de los Giovanni. Caminaba ausente, como un autómata, con la vista perdida, y ni siquiera se dio cuenta de que María la había seguido hasta que la cogió del brazo, ante la verja del mausoleo familar de los Giovanni.
_ Déjame ir contigo.- dijo la reina de Florencia- Le conocí cuando aun era un chiquillo de Capadocius. Es arriesgado, sabiendo lo que sé, pero también es arriesgado para ti.
Michelle se sacudió su brazo con tristeza.
_ ¿Y que nos domine a las dos?
María frunció el ceño.
_ ¿Prefieres ir sola y que te gire en mi contra?
_ Jamás- gimió al pensar en aquella posibilidad- Te necesito más que nunca, María.
_ Si vamos juntas, al menos podremos seguir estando juntas. Y Augustus me debe un favor de su época anterior a su... Divinización. Déjame acompañarte... Y esta vez, sin ocultarme. Ya me he escondido demasiado tiempo.
Michelle la cogió de la mano sin decir nada, y juntas entraron en el mausoleo.
Les recibió Ambrogino, silencioso y con la mirada gacha.
_ Bienvenidas.- dijo- Lo siento... lo siento mucho...
Michelle sabía que sus palabras eran sinceras, pero entonces oyó la voz de Claudius.
_ No sientas nada, Ambrogino.- dijo desde una puerta lateral- Es impropio de un Giovanni de tu posición.
Ambrogino miró a Claudius pero no replicó.
_ Mi señor te espera- dijo el viejo Giovanni a Michelle. Luego se volvió hacia María.- Vaya, vaya, vaya... María Sforza. Qué sorpresa.
María alzó el mentón y le miró, desafiante.
_ Voy con ella, Claudius.
Claudius la miró de arriba a abajo y sonrió bufón.
_ Como quieras.-dijo simplemente- Por aquí.
Las dos mujeres le siguieron por las oscuras galerías del mausoleo, cogidas de la mano sin querer soltarse. En un estudio, sentado en una mesa redactando cartas, vieron a un hombre de estatura importante, cerca de metro noventa, vestido al modo del renacimiento. Estaba escribiendo una carta y no les prestó atención, y cuando al fin terminó trás largos minutos, alzó la vista y las miró. Su mera presencia era abrumadora, podía recordar haber sentido lo mismo en presencia de Tzimisce y Malkavian, así como el terror absoluto de la presencia de Absimilliard, y de Ella, pero cada vez que lo había sentido había sido como si fuera la primera de toda su vida. Era magnífico y terrible, y la invadió un sentimiento de temor reverencial.
_ Michelle de Mauvernay y María Sforza.-dijo Augustus con su perfecta voz de barítono, tranquila y pausada.- Es una sorpresa ver a la reina de Florencia. Hacía mucho, María.
María apretó la mano de Michelle.
_ Mucho, Augustus. Desde que me dejaste.
Augustus sonrió levemente.
_ Cosas de la familia.- dijo- Asuntos que debía atender. Veo que me reemplazaste bien.- Y señaló con la cabeza a Michelle, junto a ella.- He de reconocer que no me sorprende verte de nuevo, viendo quien acompañas.- se volvió a Michelle de nuevo- Parece que anoche Vykos y Velya hicieron algo extraño...
_ Nosotras salimos de la casa en cuanto mataron a Alfonso. No vimos qué ocurrió dentro.- dijo ella, y su voz sonó fría, carente de emoción. Se sentía como una de sus esculturas, sin entrañas, de fría piedra.
_ Siento el sacrificio por parte de vuestra progenie, Signora.- dijo Augustus con tono desafectado- Era necesario para evitar efectos colaterales.
Michelle apretó la mandíbula y no dijo nada.
_ Todo el mundo cree que Pietro actuaba influenciado por los temores de Alfonso- continuó Augustus, y Michelle apretó los puños con rabia- Y eso os situa en una posición excepcional.
Michelle quiso matarle, no soportaba el modo en que hablaba de él como un mero accesorio, como un juguete.
_ No digáis su nombre.- siseó con la ira contenida en su voz. Augustus decidió obviarla y continuó hablando.
_ Seréis príncipe de Venecia, arzobispo del Sabbat que ha acabado con un lasombra que ponía en jaque los intereses del Sabbat en el norte de Italia. Anunciaréis vuestra nueva afiliación, reivindicaréis su muerte, y bajo mi protección podréis reinar en Venecia. Alfonso era demasiado llamativo, y con demasiada ansia de poder. Sus hermanos lasombra no le veían con buenos ojos. Michelle de Mauvernay será mucho mejor Reina de Venecia.
Michelle trató de asimilar aquellas palabras y recordó lo que habían propuesto los lasombra como oferta para su afiliación al Sabbat.
_ ¿Qué ocurrirá con Florencia?
Augustus miró a María.
_ Si estáis dispuesta a tener protección giovanni, y aceptar la afiliación al Sabbat, no será inconveniente para mi devolverle a María su dominio natural. Esto incluye ayuda en nuestra guerra declarada con esos bastardos de los Fundadores.
_ Así que seremos tus máscaras de porcelana... Bellas y frágiles. Propio de ti, Augustus.- replicó María.
_ Yo te amaba, María. Pero amo a mi familia, y tengo mis deberes. No me tengas rencor, por favor.
Maria calló y fue el turno de Michelle.
_ ¿Y eso es todo? ¿Así de sencillo?- preguntó con amargura.
Augustus alzó las cejas.
_ Por cierto, como muestra de buenas intenciones, nuestro enlace será Ambrogino. A Claudius le mandaré al sur de Italia. Ambrogino ha hecho bien las cosas. Se merece lo mejor.- y añadió con tono casual- Otra cosa. Por su comportamiento, el primer edicto de la nueva reina será este: declarar caza de sangre a Vykos y a Velya el Vivisector en Venecia. Bien. Mi presencia en Venecia debe permanecer en el más estricto secreto por el momento.
Michelle le interrumpió.
_ Vos... vos podéis hablar con los muertos.- Augustus la miró con interés.- ¿Podéis dar un cuerpo a un espíritu que ha perdido el suyo?
_ Creedme, aunque eso es sencillo, el cuerpo se deteriora rápidamente, y la mente muerta emboza el alma. No puedo resucitar.
_ ¿Podré al menos hablar con él?
Augustus asintió.
_ Ambrogino puede encargarse. Pero os advierto. Sólo si algo le retiene en este mundo, podréis hablar con él. Si no es así, sencillamente se habrá ido.
Michelle le miró entonces desafiante y de sus labios brotaron palabras cargadas de veneno.
_ ¿Lo que le hicisteis no os parece suficiente?- siseó. Augustus no respondió, pero su mirada fue todo un ultimatum.
"Capadocius lo habría hecho" pensó con amargura, pero se calmó.
_ ¿Algo más?- inquirió, deseando salir de aquel lugar.
_ Una muestra de buena voluntad por vuestra parte.- dijo el Giovanni- Solo esta vez.
Y tomando un cortaplumas de la mesa, cortó su muñeca, y tendió la herida sangrante hacia ellas. Michelle le maldijo en su interior, pero miró a María.
_ Es la segunda vez que me haces beber- dijo la Reina.
_ Es la segunda vez que me das motivos para ello.- respondió él. Y para sorpresa de Michelle, María obedeció.
No tuvo más remedio que imitarla.
Augustus cerró la herida y las despidió. Estaban cruzando el umbral del estudio cuando habló de nuevo.
_ Ah, un detalle- decía- Que la proclama sea discreta.
Pietro regresó diciendo que había hablado con el primogénito giovanni de Venecia, un tal Luca, y que este había quedado en dar su respuesta dos noches más tarde. Ante aquella respuesta, Michelle decidió que antes de alarmarse quería saber qué pensaba exactamente Alfonso, y la noche siguiente abandonó su cuerpo y flotó hasta el palacio del principe, una casa mucho menos ostentosa que la de la propia Michelle pero que, extrañamente, presentaba una inusual actividad a aquellas horas incluso para la casa de un vampiro. Al parecer el príncipe tenía a unos cuantos visitantes esa noche, desde comerciantes a juzgar por los ricos carruajes, hasta hombres de armas, todos reunidos allí por orden de Alfonso. Y todos ellos eran vampiros. El temor de María era fundado. Michelle recorrió el exterior de la casa, reuniendo información: al parecer Alfonso por ahora solo estaba reuniendo fuerzas. Decidió entrar, pero cuando cruzó la puerta del servicio, en la parte de atrás, no vio a nadie y su sexto sentido percibió algo que no estaba bien en el palacio, que había algo peligroso y oscuro en el interior. Michelle, que ya estaba escarmentada de sensaciones como aquella, regresó a su cuerpo y habló a María de lo que había visto.
Ella se mostró preocupada, más sabiendo que Luca Giovanni no daría su respuesta hasta el día siguiente por la noche, lo que quería decir que primero quería escuchar lo que tenían que decirle en casa de Alfonso.
_ Esperemos a mañana, a la respuesta de Luca.-dijo- Y recemos por que Ambrogino aparezca.
Michelle estuvo de acuerdo, pero temerosa de que Ambrogino, siguiendo la tradición familiar, se inclinara de parte de los Giovanni dejandola sin apoyo, decidió invocar a otro viejo amigo junto al cual se sentiría más segura, y llamó Sasha Vykos.
La noche siguiente, se presentó en la puerta de la Casa Mauvernay un carruaje con la G de Giovanni en la puerta. Michelle esperó ver aparecer a su viejo amigo Ambrogino, pero el que se apeó del transporte no era nadie que conociera.
_ Buenas noches, Singora.- saludó el hombre con cortesía, al llegar hasta ella.- Soy Claudius Giovanni. ¿Podemos hablar?
Aquel nombre la heló por dentro. Claudius era el chiquillo de Augustus Giovanni, que había diabolizado a Capadocius. Un hijo de la cuarta generación, uno más, allí, en su casa.
_ Por supuesto- sonrió- Pasad.
Claudius entró y tomó asiento en un cómodo butacón forrado de terciopelo rojo, y permitiendo que los sirvientes guardaran su media capa y su bastón de marfil. Michelle le ofreció un refrigerio, que el Giovanni rechazo cortesmente, agradecido. Cuando los sirvientes los hubieron dejado a solas, Michelle cruzó las manos sobre el regazo.
_ Y bien, Signore Claudius, es un honor teneros en mi casa.- dijo.
_ Gracias, Signora.-dijo el hombre- Sinceramente, vuestro regreso a la vida activa en Venecia ha levantado mucha expectación.
Michelle maldijo para sí. De modo que todo era cierto. Sonrió de nuevo.
_ ¡Oh!- exclamó agitando la mano para quitar importancia al tema- Se adelantan los acontecimientos, me temo. Pretendía organizar una gran fiesta para presentarme de nuevo a Venecia y honrar al príncipe, pero por lo visto, los rumores se me adelantan, una lástima.
Claudius asintió.
_ Sí, eso se rumoreaba. Y ahora sé que es cierto. Pero Alfonso de Venecia... El príncipe es un paranoico: Ha llamado a sus aliados para acabar con vos. Cree que se trata de una maniobra de algún chiquillo de Miguel de Constantinopla para vengarse de él.
Michelle abrió mucho los ojos, sorprendida de veras.
_ ¿Chiquillo del patriarca Miguel! ¡Pero eso es absurdo! Solo soy yo...
_ ...una chiquilla de Loni de Lances, quien estuvo en Constantinopla pocos años después de la caída, y viajó a Tierra Santa, donde se refugiaron los chiquillos de Miguel supervivientes.- Michelle se quedó sin habla ante aquellas palabras- Ve en vos una punta de lanza de alguien, y sus paranoias le hacen creer ciegamente en ello. Pocas cosas pasan en esta ciudad que yo no sepa. Os coaccionaron recientemente, ¿no es así?
Michelle frunció el ceño.
_ Es una manera poco sutil de decirlo, señor mío.
_ Mi sire siempre dijo que la sutileza no era una de mis virtudes, y que lo prefería así. Pero no quiere que nadie centre demasiado su atención en la ciudad en que reside en secreto... ¿Comprendéis?
Comprendía, y lo que oía no quería creerlo. Augusutos Giovanni en Venecia, oculto...
_ Está furioso con toda esta actividad- añadió Claudius.- Y Alfonso irá a esa fiesta, pero con veinte fieles con él.
No podía entender como aquello se le había escapado tan rápido de las manos. Suspiró.
_ ¿Qué sugerís, signore?
_ Seguid con la fiesta. Mi sire no desea que Alfonso siga gobernando Venecia.-Imaginó la fiesta, toda su descendencia, sus amados chiquillos, la progenie que aún no conocía, y los soldados de Alfonso, la masacre. Se estremeció.- Dos años con él de príncipe ya le han dado bastante dolor de cabeza.
_ Pero mi progenie, mi patrimonio...
_ Elegid, vuestra vida está en juego.
_ ¿Y cuales son mis opciones? ¿Dejar que nos masacre a mí y a los míos?
Claudius agitó la mano para hacerla callar.
_ Un amigo vuestro ha hablado por vos ante mi sire. Tiene algo en mente para vos.
Ambrogino.
_ Lo tratará con vos en persona dentro de tres noches.- finalizó el giovanni.
Michelle decidió que era hora de que María escuchara aquello y la llamó telepáticamente para que acudiera, invisible.
_ De modo que debo celebrar una fiesta en la que probablemente acaben conmigo para escuchar, si sobrevivo, una propuesta de vuestro sire... Es un extraño plan, signore.
_ No esperamos que vuestra progenie combata. Pero habéis revelado la naturaleza de Alfonso, digno chiquillo de Narsés. Y os habéis convertido en un cebo perfecto.
_ ¿Y cómo garantizaré la seguridad de los míos?
_ Eso lo dejamos en vuestras manos. Pero tened esto presente: si Alfonso sospecha algo, soplaremos dos velas de la tarta en lugar de una. Dad gracias a Ambrogino. Él ha hecho caer en cuenta a mi sire que podéis serle útil. Estaba igual de enfadado con vos como con Alfonso. Pero recordad que útil no es imprescindible...
De pronto, no pudo dejar de escuchar su voz y supo que estaba utilizando en ella el poder que ella misma utilizaba con sus sirvientes, pero a un nivel aterrador.
_ No hablaréis de nada de lo que hemos dicho con nadie, aunque conservéis el recuerdo y podáis actuar en consecuencia.- dijo el Giovanni, y Michelle no pudo sino asentir, frustrada.
Claudius se levantó y dijo:
_ Vámonos, Cos.
Y cuando se marchó, Michelle oyó el grito de María, en sus habitaciones. Se precipitó escaleras arriba y encontró a María acurrucada en un rincón de la habitación, en posición fetal y de pronto todas su sentido de alerta le previno: estaba en Rötchreck. Asustada, golpeó su mente con recuerdos y cayó inmediatamente inconsciente. Preocupada, se dio cuenta de que había sido preocupantemente fácil: fuera lo que fuera contra lo que luchó, le había devorado la fuerza de voluntad. Se quedó a su lado hasta que su amante despertó, y cuando lo hizo, María estaba terriblemente débil.
_ Monstruos... Los giovanni son monstruos...- dijo.- Cuando vine... Eso me atacó... Quería devorar mi alma... Olió a Nefeo en mi... Mi maestro capadocio, el que me enseñó el Don... Los giovanni matan capadocios... Si descubren tu secreto, que usas tu Don que te enseñé... Te matarán sin dudarlo, Michelle.
Michelle la rodeó con los brazos y hundió el rostro en su cuello alabastrino.
_ Lo siento, lo siento tanto...- María le devolvió el abrazo, y temblaba.
La noche siguiente, al despertar, encontró en el salón un ghoul giovanni esperando con una carta que solo ella debía leer. Michelle deseó con todas sus fuerzas que fuera de Ambrogino Giovanni y la leyó.
"Querida Michelle:
Siento mucho lo sucedido. Sé que en tu mente jamás pasaría derrocar a Alfonso de Venecia, pero él ha visto en tu presentación una amenaza a su autoridad, o algo similar. Todo habría sido más fácil de no ser porque nuestro gran padre habita bajo el mausoleo. Con la Camarilla apuntándole como uno de los vampiros más buscados, no desea que haya tanta atención sobre Venecia como hay ahora. Me ha dicho sus planes, y sólo te advierto que te despidas de los tuyos, pues mañana perderás a alguno de ellos. Ya ha sido decidido. Por nuestra vieja amistad, te doy esa posibilidad, para que puedas hacerlo bien.
Siento no haber podido hacer más.
Ambrogino."
Miró la carta largo rato, recibiendo sus palabras como un mazazo. Ya estaba decidido: iba a perder a su progenie ¿Pero quién? ¿Acaso los habían elegido? No podía hablar de ello con María, puesto que Claudius la había hechizado para que guardara silencio, y podía percibir la frustración de su amante que veía como no podía ayudar de ningún modo. Desamparada, Michelle visitó astralmete la casa que Catalina había elegio para comprobar que era posible huir si ocurriera lo inevitable. Era una casa grande, con amplios jardines y muchos salones, y decidió que en caso de necesidad, podrían huir a los exteriores. En aquel momento de desasosiego, solo se le ocurrió una persona a la que recurrir, aunque su llamada fuera vana, y acarició la moneda, enviando su llamamiento. No hubo respuesta, pero percibió una extraña palpitación que no había percibido jamás. Aquello la inquietó y volvió a intentarlo, pero percibió la misma perturbación.
Agotada y asustada, aquella noche durmió repleta de angustia.
Poco antes del amanecer, María llegó para meterla en el carro en que viajarían a la casa. No habían planeado que ella acuriera, pero su amante se negaba a dejarla sola de nuevo y arriesgarse a perderla. Trató de convencerla, temiendo por ella, pero María era arrojada y apasionada, y no era fácil hacerla cambiar de opinión. Michelle sabía que la matarían, pero por mucho que rogó, María decidió acompañarla de todos modos y nada de lo que dijo pudo hacerla cambiar de parecer.
_ Si te matan, no me lo perdonaré jamás.- le dijo.
_ Si te matan a ti, mi vida me dejará de importar.- fue su respuesta.
La tomó de la mano.
_ Prometeme que huirás si ocurre algo.
_ Lo prometo.
Y haciendo esta promesa, ambas subieron a los carros, hacia su funeral.
La noche fatal despertó en una mullida cama. Estaba en la casa que Caterina había elegido y alguien la había trasladado desde el carro al dormitorio. Lo primero que llamó su atención fue la suave música de orquesta que llegaba a ella desde algun lugar del piso inferior, señal de que los músicos contratados estaban ensayando.
Se dio un baño y se vistió y peinó con ayuda de sus sirvientas con un vestido tan exquisito que, cuando bajó las escaleras, Caterina, que salía a su encuentro, no pudo reprimir una exclamación. Sin embargo parecía preocupada.
_ Signora... Me dicen que el príncipe Alfonso ha venido con una numerosa delegación, y su campamento está a apenas media milla de la casa. ¿Qué hemos de hacer?- su voz era nerviosa. El resto de invitados nada sabían, salvo Pietro. La suerte estaba echada.
_ Los recibiremos.
Caterina asintió, y justo trás ella, Lucio y Alba se acercaron a ella. Lucio, el dorado Lucio, lucía una agradable sonrisa de reencuentro. Alba, por su parte, estaba entusiasmada con la fiesta.
_ Signora... - dijo su chiquillo saludándola como hacía en la Academia.
Michelle le premió con una radiante sonrisa, como solía, y se volvió hacia Alba, la directora de la escuela de Florencia.
_ Alba, he oído que haces un gran trabajo con la escuela de Florencia.- concedió, mangnánima. Alba se inclinó en reverencia cortés.
_ Aprendí de la mejor, Signora.
De pronto, Lucio alzó la vista y mirando las escaleras, sonrió exclamando:
_ ¡Angelo!
Bajando del brazo de una joven, su segundo chiquillo acababa de aparecer. Como dos hermanos largo tiempo separados, Angelo soltó a la muchacha para abrazarse impetuosamente con su hermano de sangre. Trás el abrazo, avanzaron cogidos por los hombros hacia ella, que los recibió con una sonrisa.
_ Es un placer estar en casa... Signora.- dijo Angelo el apasionado.
Michelle, le devolvió la sonrisa.
_ Ya solo falta el solemne Pietro y tendré conmigo a mis cuatro hijos.- dijo.
Pietro no tardó en aparecer, pues Caterina había ido a buscarle. Más comedido que sus hermanos, Pietro estaba alegre por ver a los que hacía tiempo que se marcharon y con los que tanto tenía en común. Viéndolos reunidos, su corazón se volvió de piedra al recordar que tal vez uno de ellos moriría aquella noche. No podía advertirles de la amenaza Giovanni, pero al menos, podría prevenirles de los Lasombra.
_ Bien, antes de que comience la fiesta, me gustaría hablar con vosotros en privado, mis herederos.
El resto de descendientes que les rodeaban asintieron y se alejaron para dejar a Michelle con la primera generación de su progenie, que subieron al piso superior y se acomodaron en un estudio. Michelle los contempló un instante, tan hermosos como el día que los creó, más sabios y fuertes, y se sintió orgullosa de ellos. Sin embargo, temerosa de que alguien pudiera escuchar su conversación, decidió hablar directamente en sus mentes.
"Me alegro de veros reunidos a los cuatro por fin, después de tanto tiempo...", se interrumpió, al agudizar sus sentidos para usar la telepatía, había percibido algo terriblemente oscuro e inquietante. Era lejano, pero se acercaba, y sintió miedo. Sin embargo, sus chiquillos no percibieron su preocupación y pudo seguir. Ellos escuchaban, en silencio.
"Esta noche, la casa va a llenarse de invitados y Caterina me ha informado que el Principe Alfonso ha traido un séquito numeroso. La velada promete ser dificil, muy dificil. Los que conocéis a Alfonso sabéis de su caracter..."
"Alfonso de Constantinopla, menudo uno" interrumpió Lucio.
"Os recomiendo fervientemente cautela. Más que eso. Quiero que tengáis cuidado, y si algo ocurre, os pongáis a salvo."
Ahora se miraban entre sí, preocupados.
"¿Por qué? ¿Sucede algo malo entre Alfonso y tú?" exclamó Angelo.
"Digamos que esta fiesta ha despertado más que sospechas en él. Hasta ahora eran solo eso, sospechas, pero ahora están ahí fuera. Necesito, por el bien de todos, que os comportéis de la manera habitual. Sé que es dificil, pero debemos hacerlo. Le recibiremos y agasajaremos, a él y a su séquito, pero si ocurriera algo, no esperéis. Debéis jurarme que os pondréis a salvo y os separaréis, para que no puedan encontraros a todos juntos."
Asintieron al unísono, inquietos. Sin embargo, Angelo pareció expectante, como si aún quisiera hacer una pregunta.
"Di, querido"
"Signora... Madre. Hay algo que hace mucho quiero preguntaros, y no se me ocurre mejor ocasión que esta noche, con todos vuestros hijos presentes. En mi estancia en Portugal, he criado a chiquillos, y su sangre ha resultado ser más potente de lo que debiera ser en generaciones tan altas. Consulté con un tremere ducho en el tema... Y no soy de la onceava generación. Soy de la octava. ¿Por qué?"
Michelle suspiró y sonrió débilmente. Casi había olvidado aquel pequeño desajuste.
"Supongo que es justo que lo sepáis, sois de la octava generación, los cuatro, y vuestros chiquillos lo son de la novena. También yo me creí de la décima por un tiempo, hasta que, como vosotros, descubrí que mi sangre era más poderosa de lo que debía ser."
"Entonces ¿No eres chiquilla de Loni de Lances?" inquirió de nuevo Angelo.
Negó con la cabeza.
"Sí lo soy, pero fue Loni, mi sire, quien comenzó la farsa. ¿Cómo lo hizo? Solo existe una manera y yo no quiero ni pensar en algo tan terrible, pero la cuestión es que aquí estamos. Tenemos en nuestras manos un poder inospechado, pero si lo desvelamos, estaremos en peligro más de lo que ya lo estamos esta noche"
Asintieron de nuevo.
"Cuidad vuestro poder, usadlo con moderación. Todos debemos seguir siendo los banales toreador que todos creen. Os agradezco de corazón que hayáis acudido. Me siento reconfortada con vuestra compañía en esta aciaga noche. Ahora, por favor, volvamos a los salones y comportemonos como la ocasión se merece. Esta es mi fiesta."
Las música los recibió en el vestíbulo mientras bajaban las escalinatas de mármol como un cortejo de ángeles, todos jóvenes y hermosos. Y malditos. Uno a uno, sus chiquillos fueron presentando a sus descendientes, que eran numerosos y la miraban con devoción. Ella los recibió con su más sublime sonrisa, aunque por dentro gritaba de rabia al pensar que cada uno de ellos podía morir aquella maldita noche. En aquel último momento antes de arrojarse a los brazos del destino, buscó bajó la piel la moneda y lanzó al mundo su último llamamiento.
De nuevo, no tuvo respuesta, y se unió a sus invitados con una máscara de sonrisa aunque dentro estaba iracunda y triste.
Estaba saludando a sus últimos descendientes, los más jóvenes, cuando llegó Claudius Giovanni, con Ambrogino y una amplia delegación Giovanni, unos diez miembros de la familia. Michelle acudió a recibirles, como la mangífica anfitriona que era, y les deleitó con su mejor sonrisa.
_ ¡Cómo me alegro de que hayan aceptado la invitación, signores! Es un honor recibirles en esta mi casa.- mintió.
Fue Ambrogino quién habló, con su máscara de perfecto Giovanni, de modo que no mostró ninguna complicidad con ella, y menos con Claudius delante.
_ Fue un placer descubrir que a los Giovanni no les faltan amigos, Signora, en estas aciagas noches.- respondió, elegante como le recordaba.
Michelle se inclinó en reverencia ante Claudius y saludó al resto con cortesía, haciéndoles pasar.
Los Giovanni se mezclaron entonces con los invitados y su joven descendencia toreador, les asaltaron con preguntas y cumplidos, como buenos cortesanos.
Hizo llamar entonces a la joven Ravnos, Joanna, su apadrinada, que había prosperado bajo su nombre, y le pidió que con su magia creara una luz difusa que no creara sombras en ninguno de los salones. Joanna frunció el ceño, extrañada, pero con disimulo lo hizo, mientras alguno de sus chiquillos, aquellos con el auspex más alto, arrugaban la nariz al notar el quimerismo en la sala.
"Las sombras seguirán estando, solo que las ilusiones las cubrirán. Si alguien sabe qué buscar, lo encontrará. Pero será más dificil encontrarlas" pensó la joven, para que Michelle pudiera recoger el pensamiento de su mente.
"Si es lo único que puede hacerse, tendrá que bastar. Gracias, querida"
Apenas unos minutos más tardes, el chambelán anunció la llegada de tres nuevos invitados. Michelle se volvió para verles y el alivio casi la hizo gemir al ver en la puerta a Vykos acompañado de alguien que le heló la sangre: Velya el Vivisector. Iba con ellos un lasombra milanés, y fueron anunciados como emisarios del magnánimo Sabbat en los reinos itálicos. Michelle corrió a recibirles.
_ ¡Que grata sorpresa, señores! ¡Me alegro de que hayan decidido acudir a esta fiesta!- dijo, y en aquella ocasión era cierto. Incluso la presencia de Velya le tranquilizaba si acompañaba a Vykos. No estaría sola.- Vuestra presencia honra mis salones.
Vykos estaba irreconocible, y lo que vio bajo su capucha no podía ser humano, sin embargo, aquellos gestos felinos, casi reptiloides, le resultaron tan hermosos y fascinantes que apenas pudo apartar la mirada de su rostro.
_ Oí de esta celebración, y acompañaba a mi buen amigo Velya en su camino hacia los Cárpatos... - dijo Vykos- De modo que decidimos pasarnos por aquí. Nos encontramos al conde Sforza de camino. No molestamos, ¿verdad?
_ ¡En absoluto, signore!- exclamó Michelle.- ¡Todos sois bienvenidos en esta fiesta!
"Gracias a Dios que has venido" dijo en su mente.
"¿Qué sucede?"
"Alfonso tiene fuera medio ejército de fieles para acabar conmigo y mi progenie. Cree que queremos vengar a Miguel de Constantinopla"
_ Por favor, pasad: el banquete está servido en el salón azul y la música en el salón verde.
"¿Y no es así? Lástima... Porque me odia, y con Velya aquí podríamos montar una buena juerga... Yo estaba en el bando de Miguel cuando él atacó Constantinopla, ¿sabes? Seguro que él aún se acuerda..." bromeó Vykos.
Velya fue a refrescarse, y el conde Sforza con él. En ese momento, el chambelán anunció un nuevo invitado.
_ Dominus, del Clan Ventrue.
Michelle y Vykos se volvieron para verle, y Sascha, bajo la capucha, entrecerró receloso los ojos.
"¿Qué hace Dominus aquí?"
Michelle no había visto en la vida a aquel hombre.
"No lo sé. No le invité, tal vez haya venido con Alfonso. Si siquiera sé quién es... Dios mio... ¿Qué he hecho?
Vykos se giró para ver la reacción de Claudius Giovanni, y vio que el giovanni había dado un paso atrás y se había ido a un sitio discreto con Ambrogino.
"No, ese no. Estaba con los Arpad en una fiesta en Transilvania hace unos años. Se enfrentó a Vladimir Rustovich, y salió victorioso. Es viejo"
"Entonces no lo sé, no lo sé, cielos..." Sintió pánico, aquello estaba completamente fuera de control.
Se acercó a la puerta para recibirle, pues al fin y al cabo era un Ventrue y eso le hacía distinguido. Debía guardar las formas.
_ Buenas noches...- dijo el hombre- ¿Tenéis algo para secarme? Me temo que he pisado algo de lodo al llegar.
Michelle le miró perpleja un momento. No había llovido y el suelo estaba seco, pero de todos modos llamó con premura a un criado para que este le ayudara a limpiarse, pero entonces reparó en la mirada del ventrue y comprendió: no había llegado por el camino. Había salido del estanque. Un monitor, un miembro del Inconnu.
_ Es un placer que hayais acudido, signore, por favor pasad.- Dominus miró a los presentes y asintió antes de pasar al salón.
Al fin, el chambelán anunció al último invitado y Michelle sintió que un puño le atenazaba el pecho.
_ Alfonso de Venecia, Príncipe de la Ciudad de los Canales, heredero legítimo del trono de Constantinopla, y su séquito.
Toda sonrisas, Michelle acudió a recibirle.
_ ¡Signore Alfonso! Al fin llegáis... Es un honor que el príncipe de mi amada Venecia nos deleite con su presencia en esta fiesta
Alfonso le devolvió las sonrisas, pero sus palabras estaban cargadas de veneno.
_ Ah... La famosa Michelle de Mauvernay... Al fin nos conocemos, Signora.
_ Lamento que tenga que ser en algo tan poco privado, Signore, pero asi podremos agasajaros como es debido, por favor, pasad.
_ No pasa nada, signora.- la disculpó Alfonso- Solo que no estoy acostumbrado a este tipo de cosas. Comprended... Que normalmente son mis vasallos los que me vienen a ver a mi, y no al revés... Y no tras un año residiendo en mi ciudad.
Michelle se mordió un labio.
_ Lo tendré en cuenta para próximas ocasiones, mi señor. Yo también suelo optar por fiestas más discretas para asuntos menos triviales. Tenéis razón, olvidé los modales trás tanto tiempo fuera. Me disculpo ante vos.
Alfonso asintió y él y su séquito entraron en la casa, mezclándose con los invitados.
Michelle se volvió para mirarlos a todos: casi cuarenta y cinco vampiros reunidos en su casa. De pronto se acordó de Isaac y de lo que había hecho con los príncipes de la camarilla.
"Que venga ahora Rafael y prenda fuego a la casa" pensó con amargura "Veremos que fiesta..."
Cuando el chambelán cerró las puertas, Michelle hizo una seña al director de los músicos y estos comenzaron con una alegre melodía. Ya estaba todo dispuesto, ahora solo debía estallar la chispa que lo prendería todo en llamas. Estaba observando a los invitados en el salón verde cuando de pronto escuchó un grito sesgar el aire.
_ ¡Por Miguel!- gritó la voz- ¡Por el Patriarca! ¡Muerte al Usurpador!
Su mundo se resquebrajó al reconocer la voz. Se volvió, casi como si el tiempo se hubiera detenido, y vio a Pietro, a su amado Pietro, sujetando por la empuñadura una espada que atravesaba el pecho de Alfonso de lado a lado.
El grito brotó de sus labios y se abalanzó sobre ellos, pero ya era tarde.
_ ¿Qué...?- murmuraba un Alfonso sorprendido, mirando la sangre de su herida- ¿Sanguinaria? ¿De dónde la has... sacado?
Y de pronto estalló, convirtiéndose en polvo ante el monumental silencio.
Michelle alcanzó a su chiquillo y lo sacudió por los hombros, perpleja, aterrada..
_ ¡Pietro! ¡Pietro! ¿Qué has hecho? ¡Por dios! ¿Qué has hecho?
Pero en sus ojos solo vio miedo. Estaba aterrado, no sabía lo que había hecho, y entonces Michelle comprendió y odió con toda su alma a Claudius Giovanni.
_ Santo Dios...- murmuró, y de pronto unos tentáculos de oscuridad se abalanzaron sobre Pietro, que gritó. Michelle trató de alcanzarle, pero el caos que estalló a su alrededor le fue alejando más y más. Podía oirle gritar, pero ya no le veía, y gruesas lágrimas de sangre rodaron por sus mejillas.
A su lado, Vykos y Velya adoptaron sus formas de combate. No vio al Sforza milanés entre el gentío y se dio cuenta de que debía salir de allí cuanto antes. Buscó con su mirada a sus chiquillos y les ordenó, y envió un mensaje a María ordenandole que saliera corriendo de la casa. Ya había perdido a uno y no quería perder a ninguno más.
"¡Salid de aquí" gritaba en sus mentes "¡Salid de aquí, por Dios!"
Entonces oyó la voz de María en su mente.
"Deberías ver lo que se acerca"
Y de pronto, se encontró viendo por sus ojos y no pudo creer lo que veía. Una figura enorme, de ojos rojos furiosos, volando a toda velocidad hacia la casa y gritando como en una pesadilla... Un dragón... Un sollozo le sacudió el pecho al comprender quién era...
Sus gritos se hicieron más intensos.
"María ¡Sald de aquí! ¡Sal de aquí ahora mismo!"
De pronto comprendió que lo que había percibido, enorme y amenazador, arriba, había sido él. Ahora podía reconocerle: se movía por instinto, por el instinto de protegerla de aquello que la aterraba cuando le llamó. Era la primera vez que le veía en la forma que le dio el nombre de Dracon, y era terrible. Azuzó a su progenie para que saliera de la casa cuando oyó la voz de Vykos trás ella.
_ ¡Muevete! ¡O te van a matar!- gritaba, y pudo ver que había acabado con un lasombra que trataba de asesinarla por la espalda. Se dio cuenta entonces de que se había quedado clavada en el suelo al ver al dragón, y corrió tan deprisa como pudo hacia la salida. De pronto el suelo comenzó a temblar bajo sus pies, y las paredes comenzaron a tambalearse. Cruzo el umbral y salió al exterior, donde la gente corría sin control, tratando de huir. Oyó gritos y lamentos espirituales saturando el cielo, y supo que los Giovanni habían traido a su propio ejército. Las sombras se arremolinaron en las ventanas, señal de que los Lasombra estaban plantando cara en la batalla. Una carnicería se estaba llevando a cabo en el interior y deseó desesperada que toda su progenie hubiera podido salir de allí.
María corría trás ella, no muy lejos, y ambas corrieron a refugiarse a un lugar oscuro, donde Michelle mutó sus rostros para evitar que las persiguieran.
Y entonces llegó el Dracon. Aterrizo frente a la casa y su forma mutó, y de pronto cientos de tentáculos de carne entraron por las ventanas de la casa con ansia homicida en una transformación casi instantanea.
Pensó en su progenie, en sus chiquillos en el interior, y quiso correr hacia la casa, pero María la sujetó con fuerza. Por el rabillo del ojo vieron a Dominus ir hacia el estanque, y pudieron ver también que Claudius y Ambrogino corrían también para ponerse a salvo. El Dracon penetró completamente en la casa, pero oyeron un grito espantoso casi de inmediato y salió de nuevo, con una parte de su cuerpo envuelto en llamas. Michelle gritó, pero de nuevo María la retuvo.
De pronto un crugido terrible llenó el aire, y la estructura de la mansión no soportó más la presión y se hundió. El grito que brotó de los labios de Michelle fue antinatural y terrible, lleno de angustia y rabia.
Entonces, lo impensable.
El Dracon, con el cuerpo en llamas, se arrojó al estanque para salvarse, justo en el momento en que Dominus entraba en el portal. Y ambos desaparecieron.
Cayó al suelo como fulminada, de rodillas, con las manos abiertas y los brazos inertes, los ojos abiertos sin mirar nada, golpeada por lo ocurrido, por el miedo, por la pena, por la ira... De pronto todo estaba en calma, la casa estaba en ruinas y ardía en llamas, y aquí y allá veía a la gente huir despavorida, sin embargo, nada oía. Todo sucedía despacio, como aquella noche en Thorns, como si el tiempo hubiera quedado suspendido. Vio a Angelo, estaba bien, pero cargaba al hombro a Joanna, malherida. Buscó con la mirada, pero no vio a Pietro ni a Lucio en ningún lugar, pero los jardines eran grandes y había mucha confusión. Viendo las ruinas, tuvo la certeza de que no quedaba ni uno solo del séquito lasombra. Vio a Velya. Arrastraba a un Vykos que había vuelto a su forma humana, lo cual quería decir que había sufrido heridas terriblemente graves. Su progenie...
Alguien la sacudió por los hombros y la hizo reaccionar.
_ Tenemos que irnos.- le urgía María, asustada y preocupada- Es peligroso quedarse aquí...
Michelle asintió sin querer y su cuerpo se puso en pie automáticamente. No lo movía ella, sino su instinto de supervivencia. Ella hubiera permanecido allí y levantado cada piedra en busca de sus descendientes.
Los carros las llevaron de vuelta a la ciudad, donde poco a poco fueron llegando aquellos de su progenie que se habían salvado. Nada más podían hacer, salvo esperar. La noche siguiente, el recuento aún era provisional, pero al parecer,
de sus cuatro chiquillos, solo Angelo y Lucio seguían con vida, y Caterina y Joanna estaban malheridas pero en casa. Todos parećian atribuir la culpa a Vykos y a Velya, puesto que fueron ellos quien invocaron el magma, y aquello era sin duda obra de tzimisces. Salvo ella y María, nadie había visto al dragón, solo el horror tentacular. Estaban demasiado ocupados en escapar o sobrevivir. Aún estupefacta y entumecida por el terrible golpe que había supuesto lo ocurrido, Michelle se preparó aquella noche para ver al patriarca de los Giovanni. Caminaba ausente, como un autómata, con la vista perdida, y ni siquiera se dio cuenta de que María la había seguido hasta que la cogió del brazo, ante la verja del mausoleo familar de los Giovanni.
_ Déjame ir contigo.- dijo la reina de Florencia- Le conocí cuando aun era un chiquillo de Capadocius. Es arriesgado, sabiendo lo que sé, pero también es arriesgado para ti.
Michelle se sacudió su brazo con tristeza.
_ ¿Y que nos domine a las dos?
María frunció el ceño.
_ ¿Prefieres ir sola y que te gire en mi contra?
_ Jamás- gimió al pensar en aquella posibilidad- Te necesito más que nunca, María.
_ Si vamos juntas, al menos podremos seguir estando juntas. Y Augustus me debe un favor de su época anterior a su... Divinización. Déjame acompañarte... Y esta vez, sin ocultarme. Ya me he escondido demasiado tiempo.
Michelle la cogió de la mano sin decir nada, y juntas entraron en el mausoleo.
Les recibió Ambrogino, silencioso y con la mirada gacha.
_ Bienvenidas.- dijo- Lo siento... lo siento mucho...
Michelle sabía que sus palabras eran sinceras, pero entonces oyó la voz de Claudius.
_ No sientas nada, Ambrogino.- dijo desde una puerta lateral- Es impropio de un Giovanni de tu posición.
Ambrogino miró a Claudius pero no replicó.
_ Mi señor te espera- dijo el viejo Giovanni a Michelle. Luego se volvió hacia María.- Vaya, vaya, vaya... María Sforza. Qué sorpresa.
María alzó el mentón y le miró, desafiante.
_ Voy con ella, Claudius.
Claudius la miró de arriba a abajo y sonrió bufón.
_ Como quieras.-dijo simplemente- Por aquí.
Las dos mujeres le siguieron por las oscuras galerías del mausoleo, cogidas de la mano sin querer soltarse. En un estudio, sentado en una mesa redactando cartas, vieron a un hombre de estatura importante, cerca de metro noventa, vestido al modo del renacimiento. Estaba escribiendo una carta y no les prestó atención, y cuando al fin terminó trás largos minutos, alzó la vista y las miró. Su mera presencia era abrumadora, podía recordar haber sentido lo mismo en presencia de Tzimisce y Malkavian, así como el terror absoluto de la presencia de Absimilliard, y de Ella, pero cada vez que lo había sentido había sido como si fuera la primera de toda su vida. Era magnífico y terrible, y la invadió un sentimiento de temor reverencial.
_ Michelle de Mauvernay y María Sforza.-dijo Augustus con su perfecta voz de barítono, tranquila y pausada.- Es una sorpresa ver a la reina de Florencia. Hacía mucho, María.
María apretó la mano de Michelle.
_ Mucho, Augustus. Desde que me dejaste.
Augustus sonrió levemente.
_ Cosas de la familia.- dijo- Asuntos que debía atender. Veo que me reemplazaste bien.- Y señaló con la cabeza a Michelle, junto a ella.- He de reconocer que no me sorprende verte de nuevo, viendo quien acompañas.- se volvió a Michelle de nuevo- Parece que anoche Vykos y Velya hicieron algo extraño...
_ Nosotras salimos de la casa en cuanto mataron a Alfonso. No vimos qué ocurrió dentro.- dijo ella, y su voz sonó fría, carente de emoción. Se sentía como una de sus esculturas, sin entrañas, de fría piedra.
_ Siento el sacrificio por parte de vuestra progenie, Signora.- dijo Augustus con tono desafectado- Era necesario para evitar efectos colaterales.
Michelle apretó la mandíbula y no dijo nada.
_ Todo el mundo cree que Pietro actuaba influenciado por los temores de Alfonso- continuó Augustus, y Michelle apretó los puños con rabia- Y eso os situa en una posición excepcional.
Michelle quiso matarle, no soportaba el modo en que hablaba de él como un mero accesorio, como un juguete.
_ No digáis su nombre.- siseó con la ira contenida en su voz. Augustus decidió obviarla y continuó hablando.
_ Seréis príncipe de Venecia, arzobispo del Sabbat que ha acabado con un lasombra que ponía en jaque los intereses del Sabbat en el norte de Italia. Anunciaréis vuestra nueva afiliación, reivindicaréis su muerte, y bajo mi protección podréis reinar en Venecia. Alfonso era demasiado llamativo, y con demasiada ansia de poder. Sus hermanos lasombra no le veían con buenos ojos. Michelle de Mauvernay será mucho mejor Reina de Venecia.
Michelle trató de asimilar aquellas palabras y recordó lo que habían propuesto los lasombra como oferta para su afiliación al Sabbat.
_ ¿Qué ocurrirá con Florencia?
Augustus miró a María.
_ Si estáis dispuesta a tener protección giovanni, y aceptar la afiliación al Sabbat, no será inconveniente para mi devolverle a María su dominio natural. Esto incluye ayuda en nuestra guerra declarada con esos bastardos de los Fundadores.
_ Así que seremos tus máscaras de porcelana... Bellas y frágiles. Propio de ti, Augustus.- replicó María.
_ Yo te amaba, María. Pero amo a mi familia, y tengo mis deberes. No me tengas rencor, por favor.
Maria calló y fue el turno de Michelle.
_ ¿Y eso es todo? ¿Así de sencillo?- preguntó con amargura.
Augustus alzó las cejas.
_ Por cierto, como muestra de buenas intenciones, nuestro enlace será Ambrogino. A Claudius le mandaré al sur de Italia. Ambrogino ha hecho bien las cosas. Se merece lo mejor.- y añadió con tono casual- Otra cosa. Por su comportamiento, el primer edicto de la nueva reina será este: declarar caza de sangre a Vykos y a Velya el Vivisector en Venecia. Bien. Mi presencia en Venecia debe permanecer en el más estricto secreto por el momento.
Michelle le interrumpió.
_ Vos... vos podéis hablar con los muertos.- Augustus la miró con interés.- ¿Podéis dar un cuerpo a un espíritu que ha perdido el suyo?
_ Creedme, aunque eso es sencillo, el cuerpo se deteriora rápidamente, y la mente muerta emboza el alma. No puedo resucitar.
_ ¿Podré al menos hablar con él?
Augustus asintió.
_ Ambrogino puede encargarse. Pero os advierto. Sólo si algo le retiene en este mundo, podréis hablar con él. Si no es así, sencillamente se habrá ido.
Michelle le miró entonces desafiante y de sus labios brotaron palabras cargadas de veneno.
_ ¿Lo que le hicisteis no os parece suficiente?- siseó. Augustus no respondió, pero su mirada fue todo un ultimatum.
"Capadocius lo habría hecho" pensó con amargura, pero se calmó.
_ ¿Algo más?- inquirió, deseando salir de aquel lugar.
_ Una muestra de buena voluntad por vuestra parte.- dijo el Giovanni- Solo esta vez.
Y tomando un cortaplumas de la mesa, cortó su muñeca, y tendió la herida sangrante hacia ellas. Michelle le maldijo en su interior, pero miró a María.
_ Es la segunda vez que me haces beber- dijo la Reina.
_ Es la segunda vez que me das motivos para ello.- respondió él. Y para sorpresa de Michelle, María obedeció.
No tuvo más remedio que imitarla.
Augustus cerró la herida y las despidió. Estaban cruzando el umbral del estudio cuando habló de nuevo.
_ Ah, un detalle- decía- Que la proclama sea discreta.
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