1 abr 2006

Sesión Sexagésimo Primera: Lazos

Cuando regresó a su celda, envió de inmediato un mensaje a Vykos. Recibió la respuesta más rápido de lo que había esperado, en la cual Vykos la citaba una hora antes del amanecer... en el claustro. Michelle se enfureció: trataba de inclinarla por su bando cuando le había dejado muy claro que no quería entrar en aquel juego. Sin embargo, acudiría, y no sería Michelle quien se expusiera, sino alguien mucho menos conocido...
El poder del zafiro casi agotó sus fuerzas y para cuando la transformación se completó, estaba hambrienta. Casi diezmó a su rebaño tomando de ellos la sangre suficiente para no sentirse débil, y tomó de una de sus sirvientas un sencillo vestido de paño, mucho más apropiado para el aspecto de Loni. Una vez alimentada y vestida, y llegada la hora del encuentro, se dirigió al claustro.
El monasterio estaba tranquilo y silencioso, puesto que al parecer el incidente ocurrido al principio de la noche había provocado una retirada en casi todos los bandos. Había poca gente en las galerías, y todos se retiraban ya a sus celdas, debido a la cercanía del amanecer, pero al cruzar una de las galerías, vio a un hombre que se detenía al verla y se le quedaba mirando. No tardó en reconocerlo, puesto que aquel hombre había sido su esposo durante los largos años de mortal y los primeros años como cainita, y era, de hecho, la criatura a la que más detestaba en el mundo. No se detuvo, sino que trató de pasarle de largo como si no existiera, camino del claustro.
_ ¿Qué haces aquí?- inquirió Talbo cuando estuvo cerca. Loni pasó de largo sin mirarle.
_ Lo que yo haga o deje de hacer hace mucho que dejó de incumbirte, Talbo.- respondió con tono frío, y siguió caminando. El hombre entonces la agarró con fuerza por un brazo y la acercó a él, amenazador, aunque lo único que recibió el brujah fue una sonrisa indiferente por parte de la que había sido su esposa. Loni pudo leer en su rostro una gran cotradicción, y decidió regodearse en su confusión.
_ ¿Vas a usar la fuerza conmigo, Talbo?- preguntó con voz desafiantemente dulce, y él la soltó con violencia.
_ Puta.- espetó. Si la carcajada que obtuvo como respuesta le había enfurecido, no lo demostró, puesto que ya caminaba con paso firme a lo largo del pasillo, alejándose de ella.

Una vez sola, Loni pudo continuar su camino, y para cuando llegó al claustro, Vykos estaba solo, mirando las estrellas. Se acercó a él en silencio y cuando estuvo en su lado le habló como se habla a un viejo amigo.
_ Aún recuerdo la escultura que me regalaste, la última vez que nos vimos...- le dijo. Él no la miró, sino que continuó mirando al firmamento.
_ Bella ¿verdad?- dijo.
_ Palpitante, diría yo.
Vykos bajó entonces los ojos del cielo y la miró frunciendo el ceño.
_ Te oí reir en la escalera ¿Ha ocurrido algo?
Loni negó la cabeza levemente y sonrió con amargura.
_ Oh, me encontré con un viejo conocido... Hacía siglos que no me veía, y tenía una bonita palabra guardada para mí- respondió- ¿Cómo te va todo?
_ Están alterados, quieren cargarse a Hardestat, pero aún no es el momento, y eso al fin lo han entendido. Hay que sacar a la luz a ese monstruo, que todos le vean: juega a ser el piadoso pero no lo es.
Aquel tema le aburría y no se había reunido con él para hacer campaña. Loni agitó la mano descartando el tema con desdén.
_ No me interesan los asuntos de los cainitas. Lo mío es el mundo y sus largos caminos. Sé que conociste a mi chiquilla en Venecia, sublime ¿Verdad?
Una sonrisilla asomó al rostro de Vykos.
_ Me gustan las pelirrojas, tiene fuego en el cuerpo.
Loni asintió complacida, miró al cielo y habló como si tratara el asunto más banal del mundo.
_ Iba a sugerirle que me acompañara en mi próximo viaje. quiero visitar la vieja Constantinopla, pero al parecer graves asuntos la retendrán en Thorns durante toda la convención. Una lástima, la verdad, porque tenía pensado partir mañana con ella. Debería olvidarse de todos estos asuntos y dedicarse por completo al arte, lo que hace es un desperdicio de talento.
Vykos asintió ausente.
_ Desde luego ¿Te has dado cuenta de algo? El revuelo ha roto la concentración de Camilla Banes y de Rafael de Corazón.
Loni alzó las cejas, sorprendida, y comprobó que decía la verdad, su auspex funcionaba tan bien como antes.
_ Oh... ¿no se supone que eso puede ser letal en este lugar?- inquirió, curiosa. Vykos se encogió de hombros.
_ Es posible. De todos modos...
_ Vaya, vaya, vaya...- interrumpió una voz terriblemente familiar, y ambos se volvieron alarmados para encontrarse con una proyección perfectamente definida del infame Rodrigo de Lances, pero tan imponente y cambiado que nadie que no le hubiera conocido bien, lo habría reconocido.
_ Busco a tu chiquilla, Loni. ¿La has visto?- inquirió el fantasma, y Loni entrecerró los ojos con recelo y odio.
_ ¿Para qué puedes quererla tú, serpiente?- espetó, y casi le escupió a los pies. Casi había olvidado lo mucho que le odiaba... El fantasma alzó las cejas.
_ ¿Serpiente? Me duele en el alma oir eso de los labios de mi chiquilla favorita- respondió.
Esta vez fue Vykos el sorprendido.
_ ¿Es tu sire? Vaya, está cambiado...
Rodrigo le ignoró y continuó mirando a Loni.
_ Me encantaría quedarme,-dijo- pero amanecerá en poco tiempo, y quiero antes encontrar a Michelle de Mauvernay.
_ Le diré que te escupa cuando te vea, que tengas suerte...- fue la desdeñosa respuesta de su chiquilla.
El fantasma frunció el ceño.
_ ¿Yo te enseñé a ser tan malhablada?- de pronto Vykos agitó la mano, trazando un extraño símbolo en el aire y Rodrigo desapareció con una maldición.
_ Qué molesto...- siseó cuando volvió a haber silencio en el claustro, y Loni no pudo sino darle la razón.
_ Desde luego... Me gusta ese método contra las moscas ¿Me lo enseñarás algun día?
Vykos chasqueó suavemente la lengua.
_ Solo si te unes a mi, lo sabes bien. ¿Conoces a Eloise de Blanchard?- Loni negó con la cabeza- Es amiga mía. Una vidente. Malkavian. Dice que vio en su mente a tu chiquilla con Hardestat hace unas horas.- bajó entonces la voz hasta que fue apenas un susurro- Tenemos unos pocos minutos de privacidad. Eso que he hecho no dejará que nadie oiga o entre en este claustro.
Loni maldijo en su interior y suspiró.
_ Hardestat tiene a Michelle en una posición tremendamente frágil, Vykos.-dijo- No puedo hacer nada que pueda perjudicarla, no con todo lo que le ha costado conseguir lo que tiene. No podrá marcharse antes de la noche de conclusiones y tengo miedo por ella.
_ En ese caso, puedo crear una Michelle falsa, a ojos de Hardestat, la habríamos secuestrado. Con un poco de tu ayuda, no se daría cuenta antes de las conclusiones y eso le dejaría tiempo.
Loni no lo veía nada claro, aquello era justo lo contrario a lo que pretendía. Se encogió de hombros.
_¿Y después?
_ La Michelle falsa morirá, no lo dudes. Hardestat no la dejará viva, si no muere, sabremos qué quería de ella. A menos que me lo digas ahora, claro...
_ No es Michelle quien necesita ojos en la Camarilla, y lo sabes, y ella tiene ojos en lugares inaccesibles para ellos. Las escuelas son una potente fuente de información del territorio Lasombra en Italia ¿No querrías tú unos ojos en la corte de Hardestat?-añadió, afilada.
Vykos pareció pensativo un instante.
_ Puede ser, puede ser ¿Qué es entonces lo que deseas? ¿Que Michelle escape, o que Hardestat caiga?
Loni negó con la cabeza.
_ Por nuestra vieja amistad, Vykos. Dí lo que tengas que decir a tu gente, pero sabes tan bien como yo que ni siquiera tú puedes despreciar unos ojos en el corazón de la Camarilla.
Aquello pareció ser la fórmula correcta. Vykos asintió.
_ Así lo haré, pero si lo hago, Hardestat sabrá que he dado esa premisa, sólo necesitará un traidor, o un prisionero, para ello.
Loni volvió a negar.
_ No tiene por qué, eres mucho más inteligente que eso.
Vykos alzó las cejas.
_ ¿De veras? A veces, me da la sensación que lucho contra el océano en tormenta.
Guardaron silencio un instante, y al fin Loni volvió a hablar.
_ No me dirás qué ocurrirá ¿Verdad?
_ No puedo. No quiero cometer ningún error. Y a ti te vigila demasiado Camilla Banes.
Loni asintió y se puso en pie.
_ Confio en tí, Vykos.- comenzó a caminar hacia las escaleras, pero se detuvo al dar unos pocos pasos y se volvió hacia su viejo compañero.- Ah, y me alegro de verte.
_ Ten cuidado, Rodrigo sabe que estás aquí.
_ La cuestión es ¿cuanto sabe? Y... ¿para quién?
Vykos se encogió de hombros y negó con la cabeza, y Loni regresó a las escaleras.
En el pasillo, encontró a Talbo sentado. Estaba mirando el cielo que empezaba a palidecer y Loni pasó de largo, pero una vez más le habló, cuando Loni había supuesto que ya no tenían más que decirse.
_ ¿Sabes que me he reconciliado con Isaac?- dijo el brujah, y Loni sonrió con amargura.- Me ha dicho algunas cosas interesantes...
_ Pensaba que le matarías el día que le vieras. Al menos eso decía tu carta- respondió con ironía deteniendose a una distancia prudencial.
_ Las cosas cambian. No todas, pero sí muchas.
_ Me alegro por vosotros.- mintió.
_ Hay una cosa que me gustaría saber- dijo el hombre- ¿Por qué?
La carcajada de Loni retumbó por el pasillo y luego dirigió a Talbo una sonrisa burlona.
_ Desde luego, no has hablado lo suficiente con Isaac.- espetó, y comenzó a caminar de nuevo- Buenos días.
Entonces Talbo habló a su espalda, y lo que dijo estuvo a punto de dejarla clavada en el suelo.
_ ¿Quién es Adonai?
No pudo detenerse, porque detenerse habría sido darle una respuesta que no se merecía, y continuó caminando, apretando fuerte los dientes y los puños. Talbo no insistió, sino que volvió a sentarse donde le había encontrado.
Cuando llegó a su celda, recordó las palabras de Vykos. De modo que Camilla Banes la vigilaba... Emergió de su cuerpo brevemente para asegurarse de que no había nadie en la habitación con ella y entonces lo vio: Rodrigo. Estaba allí, suspendido en el aire, inconsciente de que ya había sido descubierto. Loni decidió fingir y se volvió hacia uno de sus sirvientes.
_ ¿Donde está Michelle?- inquirió al tiempo que daba las respuestas que debía ofrecer, directamente en su mente.
_ Está en el pueblo, dijo que volvería mañana, tenia que reunirse con alguien- respondió obediente el criado. Loni asintió.
_ Ve con ella, dile que me marcharé mañana justo después de la puerta de sol, si quiere despedirse, tendrá que volver pronto.
El criado asintió y se marchó, pero Rodrigo no se marchó y Loni maldijo para sí, puesto que no podía convertirse en Michelle si él estaba presente. Se fingió ocupada para ver si se cansaba de esperar, pero entonces otro ente entró en el plano astral, se acercó a Rodrigo y le dio una palmada en el hombro.

"Tenemos que irnos ya" dijo el extraño. Rodrigo suspiró.

"¿Puedes darme unas horas?" inquirió,y añadió casi suplicante "Por favor..."

El extraño le miró sorprendido y asqueado, y luego se encogió de hombros.
"Estás enfermo"

"¡Por favor!" rogó Rodrigo.

"Como quieras" fue la respuesta del extraño, y de pronto, Loni sintió que las paredes comenzaban a alejarse de ella, como si algo se detuviera de repente.

Miró por la ventana y vio un pájaro suspendido en el cielo. No, no estaba inmóvil, pero se movía a una velocidad antinaturalmente lenta. Loni no podía creerlo: había ralentizado el tiempo hasta casi detenerlo y sintió vértigo ante aquel poder.

"Tienes una hora. No me puedo arriesgar a hacer más en este lugar." dijo el extraño, y desapareció. Y entonces, cuando estuvieron de nuevo a solas, Loni comenzó a sentir algo que recordaba como una pesadilla, unos extraños zarcillos intentando penetrar en su mente como dedos untuosos...

Reprimió un grito y las arcadas, y casi instintivamente, se sacudió los zarcillos de su mente, devolviendo todos sus pensamientos a Rodrigo. El fantasma se estremeció y Loni vio entonces lo que jamás habría pensado presenciar: el fino hilo de plata que unía el espíritu de Rodrigo con su cuerpo, que se perdía en la lejanía, se quebró con un chasquido. Había roto el lazo. El rostro de Rodrigo era la más clara expresión del terror, y de pronto el aturdimiento le golpeó de pleno y quedó suspendido en el aire, inconsciente.
Loni emergió entonces de su cuerpo, para tratar de alejar al fantasma a algun lugar donde el sol pudiera besarlo al amanecer, pero por alguna razón el extraño hechizo que había detenido el tiempo no le permitió salir de la celda y se preguntó si fuera de sus muros, en el resto del monasterio, el tiempo seguiría corriendo. Regresó a su cuerpo, resignada a esperar a que Rodrigo despertara y marchara.
Al cabo de un tiempo, Rodrigo comenzó a volve en sí. Su rostro seguía reflejando el terror más absoluto, y comenzó a lamentarse.

"¿Cómo ha podido pasar...? ¡¿Cómo?! Voy a morir... ¡Voy a morir!" en su forma astral, se sentó en un rincón, como una bestiezuela asustada, y comenzó a pedir auxilio a gritos, gritos que solo se oirían en el mudno astral,y Loni, que seguía fingiendo no verle, se regodeó en su pesar.

"Maldito Rathmonicus... Es culpa de su poder..." parloteaba, desesperado "Voy a morir... Esto no puede estar pasando..."

Al cabo de casi una hora entera, la miró con lástima y resentimiento y le habló sin saber que ella escuchaba.

"Y todo por desearte... ¿Por qué ha tenido que pasar? Eras mi pequeña Loni, mi escultora de sueños y quimeras... Aquella a la que siempre protegí... ¿Cuándo cambió todo? ¿Fue el Ordo? ¿Fue Roque el que me alejó para siempre de ti? ¿O fue cuando me uní a la Tal-mahe-rah? ¿Cuándo cambié tanto?" Loni reprimió un grito de angustia. Rodrigo miró a su alrededor, exasperado. "No quiero morir..."

Era consciente de que el tiempo se terminaba, y se dio cuenta de que Rodrigo no sabía qué sería de él cuando el tiempo volviera a correr normalmente. Haciendo acopio de sus últimas fuerzas, invocó de nuevo su poder para que el fantasma fuera visible. Loni, al verlo, se fingió sorprendida y ofendida.
_ ¡Sucia rata!- le espetó al mirarle- ¿Qué haces aquí?
El rostro de Rodrigo era la más absoluta desolación.
_ Me muero, Loni.- fueron sus palabras. Loni sonrió con crueldad.
_ Debiste hacerlo hace mucho tiempo, Rodrigo de Lances.
Rodrigo asintió, apesadumbrado.
_ Puede ser. Hoy tendrás la satisfacción de verme morir, muy a pesar mío...
Podía notar la tensión en su voz y en su gesto, estaba aterrado. Loni decidió que quería volver a golpearle.
_ Eres como las cucarachas,-añadió con desdén- no me creeré nada hasta que vea tus cenizas.
El rostro de Rodrigo se contrajo como si hubiera recibido un golpe.
_ ¿Qué nos pasó, Loni?
Aquello sí la enfureció, y le miró con ojos llameantes.
_ ¿Y tú me lo preguntas?- siseó- Muerete ya y déjame tranquila.
_ Me muero, Loni- gimió el fantasma- Por quererte ver una vez más, me muero... Cuando te vi en el claustro, no pude resistir verte una vez más... Así que te daré un regalo de despedida. Algo que debí hacer hace tiempo. Porque aunque sé que me odias, en el fondo siempre te quise. Siempre lo haré. Hay un pasaje secreto bajo el castillo en que te rescaté, o más bien, bajo sus ruinas. Ahora eres tú su custodio...
Su curiosidad la traicionó, alzó las cejas e inquirió:
_ ¿Qué hay allí?
El trino de un pájaro marcó el final del hechizo y la cara de Rodrigo mutó a una máscara de terror y comenzó a deformarse. Loni quiso gritar que respondiera antes de que fuera demasiado tarde, pero las palabras de Rodrigo ya estaban en su labios antes de que pudiera hablar siquiera.
_ El corazón de...
Las palabras flotaron en el aire cuando Rodrigo se esfumó, sin haber podido completar su respuesta. Si estaba muerto, eso Loni no lo sabía, aunque lo dudaba.
 

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