Cuando Ambrogino se marchó, Michelle subió a su dormitorio, se desvistió con ayuda de sus doncellas y se sentó con el camisón en la butaca, como hiciera la noche anterior, mientras Vincenzo, sentado en la cama frente a ella, la observaba en silencio.
Se sentía inquieta, pero era algo que tenía que hacer: se había ofrecido a llamar a Luc de Montpellier y no tenía ni la mas remota idea de donde empezar a buscar. De manera que dirigió su alma hacia el único lugar del que tal vez pudiera extraer algo: la casa de Lucio Giovanni.
Desde el exterior, pudo ver que aquella oscuridad que la rodeaba era mucho más densa que el primer día que trató de visitarla desde aquel plano: aquella casa exudaba dolor y aflicción. Pero tenía que entrar, por Lucio, por el joven Tonino, por su trato con Ambrogino y por ella misma. Y entró.
Al cruzar la puerta principal, un viento gélido de muerte le acuchilló el rostro. Al caminar por el vestíbulo, sintió un chapoteo de algún líquido que caía del techo. Miró al suelo... era sangre, sangre que caía de la media docena de cadáveres descuartizados que había colgados del techo con ganchos y cadenas: Lucio y sus apoderados.
Reprimió un grito. Trató de calmarse.
"No están aquí, es solo su huella astral"
Quienquiera que los matara, los mató tanto en cuerpo como en alma, y de una manera brutal. Michelle ascendió hasta el techo y tocó uno de los cadáveres, estaba frío al tacto y pudo sentir como marchitaba su propio dedo, y lo retiró asustada. Probó con la cadena y ocurrió lo mismo, pero hizo un esfuerzo.
De pronto vio la escena:
"Un hombre solo, colgando en el plano astral, las almas de los ganchos, mientras desollaba a los ghouls en el plano físico y devoraba su carne como un camino. Los ojos, amarillos inyectados con un brillo enfermo antinatural... "
Los mató simultaneamente, en ambos planos: El poder de aquel individuo era, sencillamente, espantoso.
Se desprendió de la cadena y flotó hasta el cadáver de Lucio.
"Había opuesto resistencia, con algún tipo de magia nigromante. Le vio enviar almas de los muertos desde el plano astral a atacar al intruso. Era un nigromante, pero también lo era su asesino, puesto que las repelía sin verlas: sabía donde estaban. Trás aquello, el hombre de los ojos amarillos se lanzó bruscamente contra el estómago de Lucio, con los dientes abriéndose paso por el vientre de Lucio, saliendo por el otro lado su cabeza, devorándolo desde dentro hasta que Lucio muerió en el plano físico, y en el plano astral, destrozando su alma, que se elevó a las cadenas y ganchos que colgaban del techo."
Se descolgó del cadáver, conmocionada, y flotó hasta el suelo, donde permaneció sentada un instante, tratando de recuperarse de la impresión. Sus manos tocaron el suelo y una nueva imagen llenó su mente:
"El hombre entraba en la antesala de la casa de Lucio.
_ ¡Ah, el misterioso patrón de Luc! Es un placer conocerle...- decía Lucio, dandole la bienvenida.
Y sin mediar palabra, el hombre comenzó su masacre, él solo... contra todos..."
Retiró las manos como si le quemaran: aquel hombre habia ido alli solo para matar a Lucio, y el Giovanni no le conocía de nada. Allí no estaba Luc ¿Pero qué importaba?
Lo que había visto era infinitamente más importante y aterrador...
Regresó a su cuerpo, y se arrojó en brazos de Vincenzo. No dijo nada, tan solo quería permanecer allí, rodeada por aquellos brazos fuertes y aquel pecho firme, que la refugiaban del miedo que aguardaba fuera.
A la noche siguiente, se bañó y vistió y partió inmediatamente a casa de Ambrogino Giovanni. El Gondolieri llegó enseguida, y en la casa, los guardias la condujeron inmediatamente al ático.
Ambrogino la recibió, dejando su lectura a la luz de una vela, y le besó la mano con elegancia.
_ Signora... Buenas noches de nuevo a mi morada.
_ Buenas noches, monsieur- dijo ella- espero no interrumpir.
Ambrogino negó con la cabeza.
_ No interrumpís nada que no pueda hacer en otro momento.- Michelle asintió.
_ He estado pensando, signore, en lo que hablamos anoche respecto a Luc de Montpellier.- Ambrogino la tomó del brazo con suavidad y la acompañó hasta una butaca, ofreciéndole asiento.
_ Os escucho.
_ Estuve pensando en la manera en que procedería a llamar a monsieur Luc - dijo con sencillez- y me di cuenta de que no tengo manera de saber donde está, sin embargo... creo que tal vez podría encontrar su rastro.
Ambrogino se inclinó hacia delante, en su butaca.
_ ¿Qué tenéis en mente?
_ Podría ir a un lugar... pero me da miedo ir sola después de lo ocurrido.
Ambrogino sonrió.
_ ¿Y de qué lugar se trata, signora?
_ Necesito que me acompañéis a casa de Lucio, signore.- si, al decirlo en voz alta supo que era lo que tenía que hacer. No podía desvelar su poder diciendo que envió su alma a investigar, no. Debía permanecer en su imagen de tonta hermosa...
_ Comprendo.- respondió Ambrogino asintiendo levemente con la cabeza.- Puedo ir con vos, si eso os hace sentir mejor. Cuando deseeis ir, sólo hacédmelo saber.
_ ¿Sería posible hacerlo esta noche?- inquirió ella, cruzándo las manos sobre el regazo- Me encuentro inquieta desde que me di cuenta de que podría encontrar algo acudiendo a la casa, y es francamente incómodo.
Ambrogino se puso en pie y Michelle le imitó.
_ Sin problemas, esperadme abajo, signora, me prepararé en un momento.- Michelle descendió las escaleras en silencio, y esperó en el patio a que su anfitrión bajara. De pronto un gritó cortó el aire: Ambrogino se estaba alimentando de sus criados y no estaba usando dominación para haerlo menos traumático. Reprimió un escalofrío. Pasados unos minutos, Ambrogino bajó, vestido con elegancia y con un bastón cuyo pomo era un cráneo labrado en marfil.
_ Gongoliere, a casa del señor Lucio.- dijo, ayudandola a embarcar.
Michelle procuró mostrarse inquieta, lo cual no era dificil puesto que asi se sentía, y se acercó lo suficiente a Ambrogino como para que le pareciera débil y desvalida.
Llegaron a la casa de Lucio, que desde aquel plano parecía completamente normal, aunque más oscura que cuando sus habitantes vivían. Podía sentir el peligro en el aire, pero todo parecía normal, de manera que entraron. Todo estaba limpio, impecable, limpiado tras la investigación
Se alegró de ver que desde alli, los cadáveres no colgaban del techo, aunque sabía que seguían allí, solo que no podía verlos.
Paseó un momento por la habitación, como buscando el lugar idóneo, y al cabo de un instante, apoyó sendas manos contra la pared, para leer el mensaje que tenían para ella.
Revivió la escena de la muerte de Lucio, con el ceño fruncido, asustada de nuevo, pero esta vez percibió un detalle que no había visto la primera vez que leyó el suelo: Lucio, mientras moría, decía una palabra.
"Tal-mahe-rah"
_ ¿Tal-mahe-rah? ¿Qué es eso?- sin darse cuenta, lo había dicho en voz alta. Michelle apartó las manos de la pared y retrocedió.
_ Lo... lo dijo Lucio... Mientras ese hombre le... le devoraba... - no le hacía falta fingir demasiado, se encontraba al borde de las lágrimas debido a aquellas atroces imágenes.- No es Luc, no sé quién es...no hay nadie más, solo él..y los cadáveres - le habló del hombre de ojos amarillos, sintiéndo como un escalofrío le recorría la espalda.
Ambrogino frunció el ceño:
_ Lucio no estaba solo. Y era un nigromante competente. No tan bueno como yo, pero si un sólo individuo pudo con él...¿Qué has podido saber de ese hombre? Descríbemelo. Cosas que dijo. Lo que sea.
_ Lucio le recibió... - musitó, como si le costara recordar- era el patrón de Luc de Montpellier, pero él no respondió, no dijo nada, directamente empezó a ... a... - se cubrió el rostro con las manos. Al cabo de un instante, suspiró y se descubrió.- y mientras moría, Lucio dijo esa palabra "talmaherah".
Ambrogino pasó con amplias zancadas por la sala.
_ Mmmm. Vino a matar a Lucio. Eso quiere decir que Luc debió decirle algo para que matase a Lucio. No me lo explico de otro modo. - se acercó a ella- Ven, acompáñame. Quiero ir al lugar donde se alojaba Luc. Quizás de su encuentro con su mentor, descubramos algo.
Michelle se apoyó en su brazo para zaminar, y volvieron a la góngola, que les llevó a la posada en la que se alojó Luc. Su habitación era la más elegante.
Cuando estuvieron dentro, Ambrogino cerró la puerta y miró a su alrededor.
_ Michelle... Os lo pido, ¿podeis buscar pistas?.-Michelle asintió compugnida y apoyó las palmas de las manos en las jambas de la puerta.
En cuanto las imágenes llenaron su mente, comezzó a describirlas para Ambrogino.
"El hombre cruzó la puerta.
_ Informa, aprendiz.- dijo, dirigiéndose a Luc.
_ Bien señor: en cuanto a la familia giovanni, creo que seria mejor tenerlos de nuestro lado, tienen gran cantidad de recursos para conseguir cosas de las que nosotros buscamos: Gozan de un gran poder en esta ciudad y toda Italia, y sus lazos se extienden por todo el mediterraneo. He entablado una buena relacion con uno de sus miembros mas importantes, se llama lucio giovanni el fue quien me vendio la copia parciarl del libro que os mencione"
Michelle tomó nota mental de aquello ¿Copia parcial del códice de aristóteles?
"_No es mucho pero aqui lo teneis si quereis hecharle un vistazo.- le tendió el libro al asesino, que pasó las hojas rápido.
_ ¿Esto es todo?
_ Si, maestro.- respondió Luc.- por lo visto el copista de Lucio se volvio loco mientras copiaba el libro, el libro original lo compro un miembro del clan tremere llamado Ardan de la senda dorada. Yo pujé por él pero el dinero que me disteis no alcanzaba para cubrir su puja. Envié a Francesco para seguirlo pero en cuanto salió de la fiesta desaparecio
_ Una lástima.- dijo el asesino-.Debemos hacerle saber a la Tal-mahe-rah. Ese libro no debe ser de los impuros tremere."
_ Talmahrah... Tal-mahe-rah... ¿Qué demonios es eso?- oyó decir a Ambrogino.
"_Pero esa es una prueba de que la familia giovanni puede ser muy beneficiosa para nosotros, mientras dispogamos dinero buscaran todo lo que les pidamos.
_ Otros se dedican a eso, aprendiz. Tenemos cosas que hacer en Venecia.
Luc asintió
_ ¿Ha ocurrido algo maestro?
_ Nuestro conocimiento sobre los Giovanni debe aumentar, es imperativo. Quiero reunirme con Lucio Giovanni. A solas. Hazlo posible, mi aprendiz.
_ Iré a casa de Lucio. Si se encuentra alli creo que esta misma noche podreis reuniros con él.
_ Ve.- Caius despidió a su aprendiz."
La escena volvió, pero había pasado el tiempo. Luz había vuelto.
"_ Bien maestro, la cita esta concertada. si haceis el favor de acompañarme.- decía Luc al entrar por la puerta.- por cierto ¿con que nombre quereis que os presente? Jamas os he dado ningun nombre.
_ Caius.- dijo el asesino.- Iré solo, mi aprendiz. Espera mi regreso. Si mañana no he llegado, es que he muerto. En ese caso, regresa a Marsella y avisa a la Tal.Mahe-Rah.
Luc asintió, preocupado.
_ Bien, maestro. ¿Pero como he de ponerme en contacto con ellos?
_ En mi casa, hay un reloj de arena.- dijo Caius.- Dale la vuelta y espera.
Caius se marchó y Luc ordenó a Francesco que preparara todo para la partida."
Faltaba apenas media hora para el alba cuando regresó Caius.
"Tan pronto como cruzó la puerta, golpeó con fuerza a Luc en el rostro, con una sonora bofetada.
_ ¡Imbécil!- exclamó. Estaba fuera de sí.- Te dejaste leer la mente, te dejaste Dominar. ¡Tienen un espía! ¡Aquí!- Luc miraba sin entender nada.- Estúpido... ¡Son Nigromantes! ¡Y son buenos! Debemos largarnos. Y rápido.
Que venga esa bola de sebo de Francesco. Nos servirá.- Sacó un cuchillo y se lo tendió a Luc.
_ ¡Maldita sea!- exclamó Luc, todavía confuso.- ¿Como demonios lo han hecho?
_ Su sirviente nos ha oido hablar de la Tal-mahe-rah, cuando has ido antes, te han dominado, sacado secretos y hecho olvidar. Les he tenido que matar... a Todos - dijo Caius.- Estamos en guerra con los nigromantes.
Luc llamó a Francesco, que acudió raudo. Y se marcharon."
Michelle se dejó caer agotada sobre la cama.
_ Tal-mahe-rah...- dijo Ambrogino.- Lucio debió poner un wraith espía a Luc. Caius debió notarlo, y sacarle la información de camino a su casa. - se volvió hacia ella.- Michelle, Lucio murió por saber un nombre: tal-mahe-rah. Eso os convierte en un objetivo de ese grupo. Ya habeis visto de lo que son capaces... Y sabeis más de lo que jamás supo Lucio..- Michelle se cubrió la boca con ambas manos. No, no podía ser verdad, no podía estar ocurriendo.
_ Pero ellos... ellos no saben que yo sé... - murmuró- y vos... vos también sabéis...
_ Estamos juntos en esto, Michelle. Os guste o no os guste. Si os dan caza, vendrán a por mi y si me dan caza, irán a por vos. Y comprendereis que no puedo quedarme de brazos cruzados ante esta amenaza.
Michelle seguía sin asumir todo aquello, no estaba segura de querer entender todo lo que implicaba.
_ Pero yo... ¿Qué vais a hacer?- inquirió con la voz quebrada.
_ Teneis dos opciones: Venir conmigo y colaborar con los giovanni en esta guerra que esa tal-mahe-rah nos han declarado, o tratar de seguir una vida normal, atenazada por el miedo a ser descubierta. Partiré esta misma noche a Roma. Debo informar a Augustus, el cabeza de familia.
Michelle negó con la cabeza, todo iba demasiado rápido.
_ Yo no.. yo necesito pensar..
_ Habeis visto la masacre, Michelle. Si os quedais, no puedo protegeros. Ni dejando ghouls, ni jóvenes Giovanni. Lucio era experto, y nada pudo hacer. Mi sangre es mucho más potente.- aquello era cierto, pero debía hablar primero con Arístides. Seguro que él podría aconsejarle.
_ Pero ellos no saben que lo vi ¡ no pueden saberlo!
_ ¿Ah, no? ¿Y si mandan a alguien, y hace lo que vos en casa de Lucio?
Michelle volvió a negar con la cabeza, tratando de poner orden a sus ideas.
_ No pueden ver mi mente, solo pueden verme a mi, en la entrada. Allí ya no había nada... - quería creerlo con todas sus fuerzas.
Ambrogino se sentó frente a ella y la miró a los ojos fijamente.
_ Dejasteis una huella psíquica. Vuestro miedo al leer los sucesos. Sois testigo. Y yo también. No hay vuelta atrás, Michelle.
Michelle ocultó el rostro entre los brazos.
_ Esto no está ocurriendo...- murmuró.
_ Michelle, sé que es difícil de aceptar, os doy una salida. Quedáos, y será a vuestra suerte. ¿Dejareis vuestro destino en manos del azar? ¿De ese Caius? ¿Os lo imaginais entrando en vuestra casa... con todos en ella?
_ No..No puedo responderos ahora.- dijo, alzando la mirada.¡Necesitaba más tiempo!- Esto no tenía que haber ocurrido..
Ambrogino le tomó una mano.
_ Siento que os hayais involucrado en esto, si seguimos vivos cuando acabe esto, prometo recompensaros sobradamente, decidais lo que decidais.
_ Yo necesito volver a casa ahora... necesito estar sola y pensar...
Ambrogino se puso en pie y se dirigió a la puerta.
_ Bien. Si me buscais, id a Roma. Estaré allí, me voy al amanecer.- y se marchó.
Michelle regresó a casa como una autómata. Todavía no conseguía asumir todo lo que había pasado.
Se desvistió sola esta vez y, sentada en la cama, concentró toda su voluntad en la moneda oculta en su pecho.
"Qué sucede, mi pequeña?" dijo la voz de Arístides en su mente.
"Tal-mahe-rah..."
"¿Donde has oido ese nombre, mi pequeña?"
"Aquí, en Venecia. Yo vi... pero ellos no saben que vi."
"Mis pasos a veces se han cruzado con los suyos. Fanáticos. Peligrosos. Amigos de nadie. Poderosos, viejos. Algunos más que yo. No te mezcles con ellos, Michelle. No puedo protegerte de su poder."
Michelle sintió un escalofrío. Hasta aquel momento, Arístides era el ser más poderoso que había conocido, y su poder le sobrecogía. No quería imaginar alguien más viejo y poderoso que él.
"Huye, Michelle. Si te quieren muerta, pueden hacerlo. O si no... Recuerda la lágrima..."
Y se desvaneció.

31 may 2005
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