3 oct 2005

Sesión Cuadragésimo Primera: Humo y espejos

_ Recuerdo haber oido algo al respecto. Al parecer, su buena situación económica resultaba molesta a más de uno.- continuó Vykos- En concreto, a los Giovanni venecianos.
Loni alzó una ceja, tendría una bonita conversación con Ambrogino Giovanni.
_ Al parecer, los Giovanni sabían bien la conexión de los Medici con Michelle de Mauvernay. Oí que prepararon una pantalla de humo para librarse de ellos y sabían que Michelle no tenía poder para tomar represalias.

Oh, sí, touché.

_ Mientras Michelle dedicase sus esfuerzos contra la pantalla de humo, ellos podrían hacerse con los negocios de los Medici.- Vykos carraspeó- Perdona, Loni... Es que aún me cuesta pensar en ti como Michelle y Loni a la vez... Sois tan diferentes...
Loni alzó una mano inquisitiva.
_ No te equivoques, Vykos.- dijo- Michelle fui yo todo el tiempo, no pienses en Loni como en la impostora de Theresa. Michelle fue todo lo diferente que quise que fuera. Ahora dime ¿Qué ha sido de mis Medici?
_ Por lo que mi contacto me comentó, los Giovanni les necesitaban para hacerse con todos sus recursos. Muertos no podrían hacerse con el control de sus negocios, de modo que aparentaron sus muertes y se los llevaron lejos de Italia. Al parecer, un grupo de toreador franceses aceptó ayudar a los Giovanni, y extraer la información a los Medici. Pero parece que sus negocios son amplios, y que les necesitaron vivos y numerosos para coaccionar a los señores de la familia. Lo que no sabían esos toreador, es que uno de ellos me debe la vida, y que hace más de cien años que me explica todo lo que sucede en Grenoble. Ahí están los Medici, o al menos estaban hace ocho meses.
Loni asintió. En aquel momento era incapaz de concentrarse, incapaz de pensar. Las imágenes borrosas de los dos últimos años se deslizaban por su mente a una velocidad vertigionsa y se sentía mareada.
_ Dime, Loni... ¿Sabes algo del Dracon?- continuó Vykos al darse cuenta de su turbación- Eras agente suyo. Y hace mucho que no sé de él.
_ Sé donde está- respondió- ¿Hay algun tremere en quien él confiara especialmente? ¿Aparte de Theresa Kymena?
Vykos negó con la cabeza.
_ El Dracon no confía en los tremere. Sólo en ella. Y los tremere la quieren muerta por ello. Abetorius ha estado a punto de darle caza en media docena de ocasiones.
Un gesto de desprecio se dibujó en el rostro de Loni.
_ Pues fue su pequeña discipula quien le hizo lo que intento solucionar. Esa sucia traidora se presentó en mi casa pidiendo explicaciones y le hizo algo. No sé de magia, pero parecía satisfecha de sí misma. Necesitaría mas Mortis para poder despertarle, pero aunque lo hiciera... no sé en qué estado está. No sé que le hizo aquella bruja.
Vykos frunció el ceño
_ ¿Algo? No puedo creerlo...
_ Dijo palabras extrañas, le hirió, utilizó su sucia magia contra él ¿Como puedo confiar en Theresa si su pequeña rata le hizo aquello?
_¿Qué palabras pronunció?
Loni hizo memoria, las palabras seguían allí despues de todo aquel tiempo.
_ Azak Ashrak Azur Mekhet.- recitó.
Vykos se puso en pie bruscamente.
_ ¡Maldita sea!- exclamó- ¿Cómo aprendió ese sello koldun?
_ Preguntale a Theresa- se encogió de hombros Loni- también hizo algo del todo desagradable con mis ghouls.
Vykos negó con la cabeza.
_ Esas palabras son en el idioma de los Koldun. El Dracon es un maestro koldun. Theresa no puede usar esa magia, es una tremere. Sólo los tzimisce la conocen. Loni abandonó el lado de Theresa hace más de medio siglo. Bueno, la otra Loni. Qué aprendió, o de quién, no lo sé. Pero conozco a alguien que puede asesorarnos.
Otro recuerdo llegó a la mente de Loni, el recuerdo de un castillo, una presencia, un fuerte viento.
_ Yorak...
Vykos la atravesó con la mirada.
_ Jamás vuelvas a pronunciar ese nombre en voz alta. Si Yorak supiese que el Dracon ha caido, lo remataría.- Loni asintió, sorprendida- No, creo que... ¿Has oido hablar de Velya?
_ No.
Vykos volvió a sentarse, completamente serio.
_ Velya el Vivisector, señor del Viejo Bosque. Uno de los compañeros de Lugoj Rompesangre, y heredero de las tradiciones koldun tzimisce.
_ Qué nombre tan encantador...- siseó Loni con una sonrisa amarga. Luego recordó- Lugoj, conozco ese nombre. Dijeron que había diabolizado al propio Tzimisce.
Vykos asintió.
_ Pero no lo hizo solo. Le asistieron Lambach y Velya, y muchos anarquistas. Son diabolistas, implacables... La pureza de mi clan corre por sus venas. Nos llaman Demonios por gente como ellos. Y no se doblegan ante nadie. Ni siquiera ante el Dracon o Yorak.
_ ¿Entonces Tzimisce murió definitivamente?- inquirió Loni con tono distraido.
_ Eso oí. Pero... ¿Puede morir un antediluviano?
_ Nada sé de esos asuntos- Loni dio por finalizado el tema quitándole importancia con un gesto de la mano.- Y ese tal Velya ¿Puede ayudarme a liberar al Dracon el hechizo?
_ Si alguien puede es él-fue la respuesta de Vykos- Es un maestro koldun, pero dudo que quiera otra cosa del Dracon que no sea su diablerie. Si vamos a buscar su consejo, debe ser mediante el engaño. Velya es ambicioso, y con Lugoj fuera del mapa, tiene un poder enorme sobre los anarquistas tzimsice.
_ Tu pareces conocerle ¿Qué argucia crees que podemos utilizar con él?
_ Si le decimos que hemos hallado a un antiguo de la cuarta generación sellado con magia koldun... Quizás acceda a ayudarnos. Fue él quien reveló el secreto koldun de la vaulderie a los anarquistas. Fueron él y Lugoj.
Loni alzó una ceja.
_ ¿Vaulderie?
Vykos las alzó ambas.
_ ¿No has oido hablar de ella?- Loni negó con la cabeza- La vaulderie es un ritual que los sabbats tzimisce emplean para romper los vínculos de sangre, vierten su sangre en un cuenco, y beben de él, vinculándose entre todo el sabbat. Rompen un vínculo, y se hacen leales los unos a los otros. Por eso los anarquistas son tan fuertes, porque los vinculums evitan que se quieran traicionar entre ellos. Y los inmunizan ante los vínculos de sangre.
Loni recordó entonces su encuentro con el Ordo, en Pamplona ¡Maldito fuera su nombre! Por él se había lanzado a la torre de Malkav sin pensar siquiera... Recordó el círculo, a Motoko, a Boudicca, al pequeño bastaro de Claudio y a Rodrigo... Y el cáliz, el cáliz lleno de sangre...
Sacudió la cabeza tratando de borrar aquel recuerdo maldito.
_ ¿Y nos enseñará ese Velya a llevar a cabo la magia para romper el sello? ¿O debería venir con nosotros?- le preguntó a Vykos.
_ No lo sé. Desconozco qué poder es necesario para formar o romper el sello.
Loni apretó los puños con rabia.
_ ¡Entonces nos arriesgamos a que tenga que venir con nosotros!- maldijo- ¡Y no quiero llevarle hasta él!
_ Entiendo... ¿Qué quieres hacer, pues?
_ ¡Quiero despertarle!- comenzó a dar vueltas por la habitación, como un animal enjaulado.- Me debe unas cuantas explicaciones... ¿Tú no conoces la hechiceria koldunica?
Vykos negó con la cabeza.
_ Aunque conozco otros koldun menores, pero ninguno de la maestría de Velya. Y todos siervos de Yorak. También podríamos implorar a Yorak clemencia... Pero eso es un viaje a la Catedral de la Carne.
Esta vez fue el turno de Loni de negar con la cabeza y dejarse caer sobre la cama, rendida, agotada.
_ Él odia al Dracon, no nos ayudará. Y no puedo llevar a sus enemigos hasta él.- suspiró.
_ Entonces, me temo que deberemos esperar que el Dracon rompa lo que sea que hizo la otra Loni por sí mismo.- dijo Vykos, y Loni se incorporó para mirarle incrédula.
_ Si pudiera hacerlo, ya lo habría hecho ¿no crees?- espetó.- De todos modos aquella traidora no podía ser muy poderosa, era una copia de mí. No puede ser demasiado dificil deshacer lo que ella hizo, ¿no?
_ Es probable que no, a menos que...-pareció pensativo un momento- Ya atrajiste una vez a un anciano vampiro. ¿Y si hubiese atraido a otro anciano? Es que no me explico que afectara al Dracon por sí sola. El Dracon se fijó en ti por algo. Quizás ese algo lo desconozcas, pero otro antiguo podría haberse interesado por ese algo en tu copia, y el Dracon tiene enemigos. Quizás sólo la usaba de vehículo. Sé que el Dracon era capaz de crear focos en algunos de sus agentes que reaccionaban ante ciertos... Estímulos. Y eso le permitía actuar a través de sus agentes.
_ Ella no sabía que lo encontraría.- dijo Loni.
Vykos frunció el ceño, frustrado.
_ No lo sé. Quizás sólo especulamos demasiado.
_ Lo único seguro es que está sellado con esa magia koldunica que dices, y puede que algún enemigo ya haya averiguado su paradero. No pienso dejar que lo encuentren, Vykos, si a la traidora la manejaba algun enemigo del Dracon como él mismo usa a sus agentes, ya deben saber donde está.
_ Entonces tenemos un problema.- suspiró Vykos.

Llegó el invierno y Loni vio como su brazo se recuperaba con los cuidados de las gentes de Vykos, que en todo parecían una manada anarquista... Su comportamiento le resultó peculiar y se preguntó si no habrían llevado a cabo el ritual de la Vaulderie entre ellos. Era muy interesante.
Le llevó tiempo aclarar su mente y sentirse lo bastante Loni después de ser tanto tiempo Malkav. A veces se revolvía en el lecho, y despertaba con la sensación de haber soñado aunque sabía que no era posible, y de cuando en cuando le asaltaban recuerdos que no eran suyos, recuerdos residuales que habían quedado en su mente trás la llegada de Malkav...
Una noche, por fin, se vio con suficiente fuerza para abandonar su cuerpo y volar hasta Florencia en un viaje largo y dificil. Tenía un mal presentamiento y no habría sido una sorpresa encontrarse con que su casa y su patriminio habían desaparecido. Lo que no esperaba era que aparentemente todo fuera bien.

Alba, su chiquilla, llevaba la casa y las cuentas de las escuelas de manera impecable, y bajo su mano todo parecía prosperar. Había estado alimentando a sus ghouls con su propia vitae, aunque no vio rastro de Vincenzo, su sirviente más preciado.
Todo iba bien, Florencia parecía más espléndida que nunca, sin embargo no encontró a María en su casa. La buscó en todas las galerías y salones y no la encontró hasta que descendió a su refugio secreto, un lugar inaccesible para cualquiera que no supiera donde se hayaba. Y la encontró domirda, en letargo. Su imagen yaciente sobre edredones de brillante terciopelo negro la hacían parecer hermosa incluso en aquel estado. Loni se deslizó a su lado y deslizó unos dedos intangibles por los cabellos de ébano, no había esperado aquello.
Y se dio cuenta... Si María dormía el letargo ¿Quién tenía el principado de la ciudad?
Fue entonces cuando encontró a la extraña.
Era una mujer hermosa de cabello rojo y rizado como había sido el de Michelle, pero no podía ni compararse a su belleza ultraterrena. Y comprendió: María la había echado de menos tanto que había necesitado buscarle una copia, deficiente, pero copia al fin y al cabo... En la mente de la chiquilla vio que María había caido en una profunda depresión con la desaparición de Michelle y que esta la habia Abrazado para superar la pérdida. Luego se había retirado del mundo y había dejado a su chiquilla al mando de la ciudad.

Y entonces lo pensó. Flotando frente a su espléndida casa se dio cuenta de que había algo que no había intentado para ayudar al Dracon, tal vez lo más sencillo de todo: hablar con él. No sabía si podría hacerlo, si existiría realmente bajo sus cimientos, en ellos, pero debía intentarlo.
Se armó de valor y se concentró para ser uno con la casa en el plano astral.

De repente, desapareció la casa a su alrededor, y se encontró rodeada, allá donde alcanzaba la vista, de hebras como raíces tan brillantes que la cegaron e hicieron daño en los ojos. Tardó un instante en recuperar la vista en aquel vacío repleto de hilos de luz, y cuando lo hizo se dio cuenta de que estas hebras venían de muchos lugares, perdiéndose en la lejanía, y que venían a unirse justo bajo su casa. Se estaba preguntando si aquello había estado siempre ahí, o si era la forma del Dracon al unirse con la casa, cuando descubrió una forma que yacía presa, firmemente sujeta por estas raices de luz. Se acercó, de manera que pudiera distinguir su forma, y por vez primera vio la terrible y hermosa verdadera forma del Dracon, amante de Miguel de Constantinopla. Jamás había imaginado algo de tal belleza, aunando luz y oscuridad al tiempo, una belleza más allá de cualquier concepción y una oscuridad tan siniestra a su alrededor. Jamás, en su vida, había imaginado a Arístides de aquella manera: era un arcángel caido.
Tenía los ojos cerrados, y Loni sintió que no podía despertar a algo tan hermoso. Pero debía hacerlo, y para no profanar aquella belleza con su mano, deslizó hasta la mente del arcángel sus recuerdos: las ruinas en Constantinopla, caminando bajo la luz de la luna, hablando de arte. Su primer encuentro.
Y entonces el Dracon abrió los ojos y la miró, y Loni se sintió desnuda y completamente transparente ante aquella mirada que había visto eras, como si nada pudiera ocultarle, como si pudiera ver hasta lo más ínfimo de su ser. Y entonces, en aquel vacío repleto de luz, el Dracón habló.

_ Tú... Te reconozco... Loni... Michelle...- parecía tener dificultades para hablar. No, no para hablar, para pensar, para concentrarse.
Loni sintió el impulso de acercarse a él, de tocarle con aquel cuerpo suyo que era menos denso que el material de los sueños, pero se contuvo. Tenía la impresión de que si aquellas raices de luz podían mantener preso al Dracon, era más que probable que la mataran a ella con solo tocarlas. Asintió.
_ ¿Qué puedo hacer para ayudarte?- le preguntó. No había esperado poder hablar con él realmente, pero llegada la situación, era posible que quien mejor supiera como salvarle fuera él mismo.
El Dracon cerró un instante los ojos, como si le costara mantenerse despierto.
_ ¿Ayudarme? Sí... Absimiliard... Busca a... No, evita a... Nictucku... Busca a... Mi hermano... Kupala... El demonio...
Loni no entendió lo que le decía, aquellos nombres le eran desconocidos, y no sabía ya a quien debía buscar o de quien debía huir. El Dracon sufría, podía verlo, y su poder de mortis no sirvió para aliviarle, puesto que solo afectaba al cuerpo. Pero al tratar de usarlo en él, comprendió al fin el terrible poder del sello: no fue "Loni" sellando al Dracon, sino señalándolo, para un enemigo. Y entendió qué eran las hebras que venían de lugares tan lejanos que ni podía soñar alcanzarlos.
Contempló impotente al Dracon, preso en las luces.
_ ¿Quién te ha hecho esto?- preguntó, ansiosa.
Arístides, el Dracon, parecía ido y hablaba con dificultad.
_ Abs...Absimilliard- dijo, pero Loni no reconocía aquel nombre. Trató de probar suerte con los primeros nombres que había pronunciado.
_ ¿Kupala podra liberarte?- inquirió, insegura.
_ ¡No!- incluso en su debilidad, el Dracon respondió con vehemencia- Kupala... Esto... Un ensayo... Absimiliard... Ensaya con... conmigo... Mi her... mano... pactado... Kupala... el Demonio... koldun...
Aquello resultaba cada vez más confuso y Loni se sentía cada vez más frustrante al no comprenderle.
_ ¿Yorak?-intentó- ¿Yorak pactó con un demonio para hacerte esto?
_ No...- se sentía rabiosa por verle tan débil, por no poder ayudarle, y él parecía cada vez más ido- Pero... Yorak en... peligro... Absimiliard... Él...- de pronto se dibujó el miedo en el rostro del Dracon y Loni se sintió aterrorizada ¿Qué clase de poder podía asustarle tanto a él?- ¡Vete! ¡Viene! ¡Vete!- exclamó el Dracon, ansioso- Vigila... Nictucku... ¡Vete!
Loni dudó: no soportaba dejarle solo, no tan aterrado e inmóvil como estaba. Miró el hilo de plata que la unía a su cuerpo. Si él temía aquello, ella moriría si era encontrada, pero no podía marcharse. Se volvió para buscar algun lugar donde esconderse.
_ ¡Vete! ¡Por favor!- gimió el Dracon. Y aunque aquellas palabras le decían que debía marcharse, aunque su tono imperioso le dijera que debía sobrevivir por él, no pudo marcharse, no pudo abandonarle. Flotó hasta una raiz más alejada, confiando que su resplandor la ocultara, y esperó, atenazada por el miedo.

De pronto una de las hebras comenzó a ennegrecerse,y de repente, una Aberración astral se materializó ante el Dracon. Era algo tan absurdamente antinatural, tan horroroso, que no había palabras para describirlo, y su poder era algo que empequeñecía a Malkav o a Tzimisce: era un antediluviano, otro, en su pleno poder, manifestado por completo. Su presencia era absoluta y omnipresente, y, en medio del terror que crecía en su interior, supo su nombre como si cada partícula del universo lo pronunciaran: Nosferatu.
Aquella Aberración se acercó al Dracon y aseguró sus ataduras de luz. Loni se sintió desfallecer: un antediluviano, la única criatura más poderosa que el Dracon... Y entonces tuvo conciencia de que aquella presencia que todo lo llenaba, llenaba tambien cualquier espacio y mente que pudiera haber alrededor... La descubriría, la vería. Inmersa en el mayor terror que había sentido en su vida, miró el hilo.
La vería, si se movía la vería.
Y si no, la vería de todos modos... Moriría...
Miró de nuevo el hilo, y tiró de él hacia su cuerpo sintiendo como enloquecía de terror y viendo como todo se volvía oscuro a su alrededor...
 

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