13 ene 2006

Sesión Quincuagésimo Cuarta: Ba'hara

La luna llena sobre los árboles bañaba todo con un manto de plata tan ligero como si estuviera hecho de sueños, el viento había dejado de soplar y reinaba en toda la finca una quietud propia de un monasterio, con tan solo los grillos y las cigarras lanzando a la noche su canción.
Clavada en el suelo, Loni observaba la figura que había surgido ante ella. Su aspecto era apenas algo más crecido que cuando lo había visto por última vez, hacía más de cien años, sin embargo aquello no fue lo que más le sorprendiera, pues su aura, aunque pálida y señal de condenación, tenía un brillo extraño. Lo que realmente le impedía moverse fue el hecho de recordar su cuerpo desgajado sobre los adoquines de la calzada de Toledo, de su cuchillo abriéndole la garganta, de la terrible garra de la mujer misteriosa partiendo su cuerpo en dos...
_ ¿Cómo...?- murmuró, sin comprender, asustada- Te vi morir... Te... te maté...
Junto a ella, Marianne había cruzado los brazos sobre el pecho y dijo con tono solemne:
_ Hubo un precio alto...
Pedro se acercó a ellas lentamente hasta que quedó frente a Loni.
_ Hola, Loni.- dijo, y su voz era la misma que hacía tanto tiempo, pero más triste, más vieja- Es largo de explicar.
Sí, era largo de explicar y problablemente con todo el tiempo del mundo no consiguiera entenderlo jamás: había vuelto de entre los muertos y aquello no era ni parecido a lo que eran los Condenados. Se dió cuenta de que había retrocedido un paso inconscientemente. Pedro agachó la cabeza, algo triste, melancólico...
_ Ella conoce los secretos - intervino Marianne- pues comió del árbol. Pedro pudo volver por ella.

Loni miró a la mujer, tratanto de asimilar aquello ¿Por qué habían traído de vuelta a Malkav?
_ Pero él era... le buscaba... Y estaba aquella mujer y ya no era Pedro...
_ No, no era Pedro. Era Malkav- Loni sintió un escalofrío al recordar la claustrofobia que había sentido al estar encerrada en su cuerpo mientras Malkav lo ocupaba...- Tú mejor que nadie deberías saber lo peligroso que es que Malkav recupere un cuerpo físico.
Asintió.
_ Pero entonces ¿Por qué?
_ Yo... soy necesario para acabar con todo esto - dijo Pedro entonces, como disculpándose- Fui el primero en morir, sólo que no lo recordaba. Malkav me obligó a regresar al mundo de los vivos. Quería mi ser para...
Marianne le interrumpió entonces con un gesto de la mano.
_ Ya basta, Pedro. Nunca se sabe quién puede estar mirando.- el joven asintió. Tenía aquellos mismos ojos, aquel mismo rostro de ángel. Conocía bien aquel rostro: lo había esculpido miles de veces.
Loni buscó con la mirada caballos, o algún carro, y descubrió un carruaje humilde pero eficaz contra el sol parado junto a la cerca exterior de la finca.
_ ¿Partimos esta noche?- inquirió, sorprendida. Marianne miró el carruaje.
_ Sí, pero no hará falta el carro. Con una fuente o estanque bastará.- Loni alzó las cejas ¿Más sorpresas- ¿Hay alguna fuente o balsa en la finca?
Hizo un gesto con la mano indicando la parte trasera del caserón.
_ Hay un pequeño embalse en la parte de atrás.

Caminaron como si se tratara de un cotidiano paseo por los terrenos. El agua de la balsa reflejaba la luz de la luna como un espejo, y Marianne se acercó a las aguas para tomar un poco con la mano y acercarla a sus labios para probarla.
_ Si, servirá.- sacó entonces un cuchillo de entre sus ropas, e hizo un pequeño corte en su muñeca.- Esta fuente nunca ha sido usada. Tengo que consagrarla, así que necesitaré al menos una o dos horas. Si queréis hablar, adelante, pero recordad que siempre puede haber alguien mirando.
Tratando de asimilar todo, Loni se volvió hacia Pedro.
_ Vamos dentro.

Pedro la siguió en silencio hasta el interior de la casa. La chimenea estaba encendida y aún reposaba en la mesa la taza que había ofrecido a Marianne cuando llegó. Tomó asiento en la butaca y Pedro la imitó, y cuando ambos estuvieron sentados y cómodos, Loni le habló de la única manera que sabía que nadie podía oir.

"Tuve que hacerlo. Lo sabes ¿Verdad?"


Pedro asintió.

"Es el pasado" respondió él.

"¿Cómo has vuelto?¿Por qué?"


"Un ritual de resurrección que... Malakai aprendió de Saulot"


Una ola de recuerdos invadió su mente. Malakai era la hermana gemela de Malkav, hermana también de Saulot, que obediente a Caín, no había creado progenie y estaba en guerra con el resto de antediluvianos... ¿Estaba viva Malakai? ¿Había vuelto al mundo? Sintió vértigo...

"Ella... ¿Ella lo hizo?"

"Ella dio el poder a quien ejecutó el rito. ¿Por qué? Porque solo y opuedo levantar la Maldición de Caín, sólo yo puedo perdonar a mi hermano..."

Loni se fingió todo lo serena que le permitían las circustancias pero ¿Levantar la Maldición de Caín? ¿Terminar con los vampiros? No estaba segura de desear aquello... Pedro continuó hablando en su mente.

"Malkav me devolvió a este mundo para apropiarse de mi esencia. Lo descubrí... trás morir. Con Ella, al menos sé que nadie podrá volverlo a intentar. Y Ella tampoco desea mi alma, como la deseaba Malkav, incluso me dejó marcharme si lo deseaba."

Intranquila, posó las manos sobre su regazo.

"Necesito tiempo para asimilar todo esto" dijo "Necesito que alguien me explique que de verdad esto está pasando, si todo esto... real. ¿Qué ocurrió trás... trás lo de Toledo"


"Morí. Y deambulé en el reino de los muertos, hasta que mi alma fue de nuevo reclamada a este mundo... a un terrible... precio... Mi madre estaba presente en mi resurrección, y también otros que estuvieron en mi muerte, aunque ellos no me vieron."

¿Presentes en su muerte? ¿Hablaba de Isaac? ¿Y de la extraña assamita, Niza? Oh... Hacía tantos, tantos años... Todo parecía irreal tan lejos en el tiempo...

"Y luego he estado en Ba'hara, de donde no me he movido"

Loni fruncio el ceño.

"¿Qué es Ba'hara¿ ¿Donde está?

"Es a donde vamos, el Jardín de Ba'hara"


Recordó a Marianne y miró por la ventana, desde donde se veía el embalse.
"¿Cómo vamos a llegar allí?" preguntó intrigada

"Lo verás pronto. Sería más fácil si estuviéramos en Venecia, pero..."


"Hablame de ella, por favor..."
inquirió de pronto Loni, queríendo saber más de la madre de todos los vampiros...

"Ella... ¿O tu madre?" fue la respuesta de Pedro.

Aquello le sorprendió. Se dio cuenta de como se había lanzado a confiar en Marianne sin saber siquiera quién era, si realmene era su madre o se trataba de algún tipo de argucia... Estaba tan desesperada por confiar en alguien que no había dudado en seguirla...

"De Marianne"
dijo al fin.

"Ella es como tú. Tíene sus pasiones, sus virtudes y sus fantasmas. Ahora sire a Malakai porque desea ayudarla"

"¿Por qué? ¿Qué quiere Malakai?"

"Ella es la hermana gemela de Malkav, pero al contrario que su hermano, ella respetó a Cain y no abrazó. Por su hermano, ella fue la primera víctima de la Yihad, y ahora, sólo desea deshacerse de su dolor. El dolor de la traición. Marianne alivia su carga."

"¿De qué manera? ¿Cómo puede liberarse de su dolor?"

"De muchas formas... Malakai es especial".


Marianne entró entoces, discreta y silenciosa, en el salón.
_ Ya está todo listo.-dijo- Loni, si quieres coger algo, adelante. Aunque donde vamos, nada necesitarás.
Loni apenas cogió unas monedas y volvió a ponerse la capa, diciendo a los sirvientes que se marchaba y que tal vez regresara días más adelante. Luego los tres se dirigieron al estanque, que permanecía idéntico a cuando lo habían dejado. Loni había esperado símbolos mágicos, o grandes aspavientos, pero Marianne solo entonó un leve cántico a la vez que sacaba una ampolla de cristal y vertía el agua de ella al estanque. Luego, lleno la pequeña ampolla con agua de la balsa.
_ Vamos.- comenzó a caminar hasta el agua, dejando que se le empaparan las ropas, sumergiéndose, aunque la balsa no era profunda, completamente. Pedro miró a Loni y le hizo un gesto para que le siguiera, e intrigada, Loni lo hizo.
El agua fría le lamió las ropas y le cubrió las rodillas, el pecho, la cabeza... Por unos momentos, se sintió rodeada de ocuridad, esperó un zarandeó, un remolino como aquella noche en Damasco, pero de pronto emergió y sintió el aire fresco acariciarle el rostro.

Y aquello no era La Toscana.
Un manto de hierba cubría el terreno alrededor de la laguna de la que emergieron, rodeado de árboles, planta y oscuridad. La luna parecía hecha de cristal y las estrellas eran tan brillantes como soles,como si el cielo fuera un manto de terciopelo añíl cuajado de joyas... El aire inspiraba quietud y una calma más allá de cualquier sueño, y una sabe fragancia de frutas y azahar se deslizaba por el aire como una melodía. Todo a su alrededor era belleza, como si aquel lugar hubiese surgido de alguna mente celestial: si alguna vez había imaginado el Jardín del Edén, sería como aquel lugar...
El trance la embargó y no le importó. Dejó que la belleza penetrara sus poros y bañara su alma. Cuanto tiempo pasó en aquel estado, no lo sabía, pero cuando volvió en sí, Marianne y Pedro ya estaban fuera del agua y sus ropas casi secas.
_ ¿Cómo...?- logró articular- ¿Dónde...?
Su mente no le dejaba pensar con claridad: quería preguntar tantas cosas que era incapaz de preguntar una sola...
Marianne sonrió tendiéndole una mano para ayudarla a salir del agua.
_ El Jardín de Ba'hara- dijo, e incluso su voz parecía mas sedosa y tranquila- Hay misterios de este mundo desconocidos para la mayoría, aunque los assamitas conocen este medio de transporte.
_ Pero...
Marianne seguía sonriendo con benevolencia.
_ Otros han tenido esta misma reacción. Ven, te presentaré a los demás.

La tomó del brazo con suavidad, guiándola através del jardín. Pedro, trás ellas, las seguía silencioso como una sombra. Tras avanzar a través de árboles y arbustos a través de una alfombra de hierba fresca, llegaron a un claro enorme, bañado en la luz de la luna como un paisaje de ensueño. Sentados alrededor de un pequeño fuego del que sólo quedaban las brasas, un grupo de seis o siete personas charlaban, y al verles acercarse, se pusieron en pie.
_ Buenas noches, amigos míos- dijo Marianne al llegar hasta ellos- Os presento... a mi hija.

Loni, sin saber qué hacer o decir, deslizó la mirada por los seis presentes, y uno entre ellos llamó toda su atención tan pronto como sus ojos pasaron sobre él. Por un momento, un puño se cerró entorno a su corazón, su mente quedó eclipsada por él, como sólo Arístides había hecho antes... Pero no era él... ¿Quién era aquel hombre?
Él, al ver como inevitablemente, le miraba, hundió el rostro en su capucha y dio un paso hacia atrás.
_ Lo siento.- dijo con voz suave, disculpándose por lo que fuera que había ocurrido. Y ya no dijo más.

Marianne comenzó a presentarle a los demás. La primera era una muchacha joven, que no aparentaba más edad que ella misma. Vestía un sencillo traje de paño, y tenía un rostro corriente adornado por dos hermosos ojos llenos de una tristeza inmensa y pureza sin igual, una inocencia mancillada...
_ Malakai, esta es Loni.
Loni reprimió una exclamación ¿Aquella era la hermana de Malkav? ¿Poderosa entre poderosos? Se sintió a un tiempo sorprendida e invadida porun profundo resepto, como cada vez que había estado en presencia de alguien tan antiguo... La muchacha, con delicadeza, se acercó a ella y le besó la mejilla, sin grandes gestos, sino con timidez, sin decir palabra.
Se miraron en silencio largos segundos, y al final sonó la voz de Malakai, frágil y llena de nostalgia.
_ ¿Te hizo daño?
Loni sonrió debilmente al recordar el dolor que había sentido cuando Vykos arrancó de ella los miembros de Malkav, pero no quería hacer daño a aquella criatura en apariencia frágil, de modo que sonrió debilmente.
_ Nada que no pudiera curar... - y era cierto.
Malakai asintió y Marianne sonrió, presentandole al siguiente, un hombre que no aparentaba más de veinte años, de tez bronceada y aspecto serio.
_ Ilyes.- se saludaron con una leve inclinación de cabeza y Marianne prosiguió con el hombre encapuchado.
_ Lucian.
El hombre dio un paso al frente.
_ Siento lo sucedido... Los que me ven por primera vez, no están acostumbrados.- Loni comprendió a qué se refería. En cuanto le había visto el rostro, había sentido el amor más profundo hacia él, como si un extraño hechizo le invadiera. Tomó entonces Lucian su mano para besarla, pero en cuanto sus pieles se rozaron, el hombre quedó inmóvil y la miró con ojos extraños.
_ Has visto... Le has visto... A Absimiliard... Lo noto...
Al oir aquel nombre, Loni se desprendió de su mano con un gesto brusco y retrocedió varios pasos, aterrorizada. ¿Quién era aquel hombre?
Lucian ahora alzaba las cejas y había en su rostro un gesto sorprendido y satisfecho.
_ Vaya...- dijo- Si eres su enemiga, eres más que bienvenida entre nosotros.
Loni trató de serenarse, pero el terror que la invadía cada vez que recordaba a Nosferatu era tal que tenía que contenerse para no gritar y salir corriendo. Se retorció las manos y miró al suelo, avergonzada por su reacción.
_ Yo... lo lamento... El recuerdo es demasiado horrible.
En los ojos de Lucian había comprensión y Loni se sintió inmensamente agradecida.
_ Sin duda. Él produce esto.

De pronto Loni se dio cuenta de que toda la repulsa que sentía por Absimiliard era exactamente lo opuesto a lo que sentía cuando miraba a Lucian. Eran tan opuestos pero complementarios como la noche y el día, la luz y la oscuridad. No entendía por qué, pero era así como lo sentía... Marianne ya la guiaba del brazo para presentarle al siguente, pero Loni se desprendió de ella y regresó frente al hombre encapuchado.
_ ¿Quien eres?-inquirió- ¿Por qué me recuerdas a él y eres al mismo tiempo tan distinto?
Lucian pareció sorprendido un momento pero al fin respondió.
_ Porque nos abrazó el mismo sire.- fue su sencilla respuesta.
Volvió a sentir vértigo y se sintió terriblemente joven e inexperta... Tan antiguo como Absimiliard, como Malakai, como Tzimisce y Malkav... Aprovechando su sorpresa, Marianne la llevó hasta la siguiente persona, una mujer.
_ Judith.- vestía con hábitos similares a los de las mujeres judías que vivían en la Crida de Girona, cuando vivió con Isaac, y supo en aquel preciso momento que aquella mujer era la Judith de las Sagradas Escrituras.
_ Un placer conocer a la hija de Marianne.- dijo.
Se saludaron con una leve inclinación de cabeza y pasaron al siguiente.
_ Este es Cayo.- Se trataba de unjoven fuerte con algunas cicatrices visibles en su cuello y rostro, y tal vez más ocultas en el resto del cuerpo.
Y llegaron por fin a la última mujer, de largos cabellos oscuros, que aparentaba tener el doble de edad que ella misma o Malakai.
_ Y esta es María Magdalena.

Las rodillas le flojearon tan pronto como comprendió que era ella realmente. Sintió entonces el impulso, olvidado tanto tiempo atrás, de arrojarse a sus pies como la gran matriarca de su estirpe, de los Cátaros. Los Sacerdotes le habían enseñado que Jesucristo y María Magdalena habían tenido hijos, y que ellos eran los descendientes de aquellos hijos... Los ministros del Dios extranjero decían que aquello era herejía pero ahora podía saber cuanto de cierto había en las palabras de los Puros... Sin embargo, no era el momento...
Hizo una leve reverencia.
_ Disculpadme. Lamento ser tan poco locuaz, pero todo esto es tan extraño...
Todos asintieron.
_ ¿Donde está Ella?- preguntó entonces Marianne.
_ Está en la parte norte, con Mekhet- respondió Lucian.

Loni se sobresaltó al oir aquel nombre, que era el de Tzimisce, sire de Arístides y antediluviano del Clan, pero de pronto sintió en su mente una negación y supo que venía de Lucian.
_ Noto en tu hija parte de su esencia- dijo entonces Malakai- Es como tú ¿Verdad, Marianne?
_ Sí.- respondió la mujer.
_ Entonces, si prueba su sangre...
_ Eso haría despertar esa parte de su alma, sí.- la interrumpió Marianne, que parecía inquieta con aquel tema.
Pedro se sentó junto al fuego.
_ ¿Qué va a suceder ahora?- Loni se sorprendió, puesto que ya casi se había olvidado de él.
Lucian retiró su capucha y removió las brasas.
_ Nada. Aún falta mucho para que llegue nuestro momento.
_ Pero intuyo- insistió Malakai- que si Loni despierta...
Marianne volvió a interrumpirla, esta vez con más brusquedad.
_ Eso lo decidirá ella.

Algo ocurría, algo más extraño y oculto que todo lo que había ocurrido hasta entonces ¿Cómo osaba su madre a mostrase tan brusca con alguien como Malakai?
_ ¿Qué he de decidir?- inquirió al fin, cansada de que hablaran de ella como si no estuviera delante.
Malakai le hizo un gesto para que se sentara a su lado, y cuando lo hizo, comenzó a hablar con aquella voz tan triste.
_ Hace mucho, hubo una guerra. La primera guerra. No fue entre los hombres, sino entre los elohim. Tú ya conoces a uno de ellos- Y Loni supo que se refería a Adonai- En aquella guerra, no hubo ni vencedores ni vencidos, solo malditos; Dios maldijo a muchos, y por último se maldijo a sí mismo por haber pecado de orgullo y se condenó a sí mismo a estar solo el resto de la eternidad, porque al fin y al cabo, fue su orgullo el que trajo la guerra a sus Hijos. Si él hubiese sido humilde, sus hijos nunca habrían sentido envidia. Nunca habrían necesitado envidiarle. Los elohim estaban desconcertados. Ellos eran puros, pero a su alrededor el mundo se desmoronaba. Bueno, su mundo se desmoronaba. Que Caín matara a Abel... aquello no lo entendieron, algunos trataron de ayudar a los hombres, querían aliviar su dolor, su sufrimiento, pues dura era la vida fuera del Edén para los descendientes de Adán. Dios les maldijo también: quería a sus hijos ignorantes para que no pudieran envidiarle, y envió a los Elohim que estaban con él en los Cielos para castigar a los que ayudaban al hombre, y aquella fue la primera guerra.- suspiró Malakai antes de proseguir, perdiendo su mirada en las brasas- No hubo derramamiento de sangre... Al principio, pues ambos bandos eran puros. Luzbel luchó contra Miguel, pero ni el uno ni el otro llegaron a chocar sus espadas. Se miraron y Luzbel comprendió que no podía ganar y aceptó su derrota.

<Luzbel aprendió entonces el sentimiento del Odio y se convirtió en Lucifer, y Caín regresó con nosotros, sus chiquillos, para vengarse de la que había sido su maestra, la única que se apiadó de él y le enseñó a sobrevivir. Nos dijo que ella le había hecho sufrir, y dimos muerte a sus seis hijos con Lucifer. Solo con el tiempo nos dimos cuenta del terrible pecado que habíamos cometido matando a seis inocentes, y Lilith nos perdonó. Ahora, la ayudamos aliviando su pesar eterno. Los hijos de Lilith y Lucifer, sin embargo, no eran por completo mortales, ni por completo inmortales, sus almas no se podían destruir así como así, se fragmentaron y se dispersaron en el mundo de los vivos.>>

Loni comenzó a comprender. ¿Estaba diciendo que ella era hija de Lucifer y de la Madre de Todos los Vampiros?
_ Sí.- respondió Malakai como si leyera sus pensamientos- una parte de ti contiene una fracción de una de esas almas. El genio creativo suele indicar a un portador, pues Luzbel era un angel de la creación y sus hijos conservaban esa chispa divina original. Ella busca a los fragmentos que fueron sus hijos pero cada fragmento, ha resultado ser un fuego con vida propia. No podemos resucitar a sus hijos, pero es deseo de ella que alimentemos esas chispas que fueron paridas por su vientre, para que ardan con su propia luz.
_ Y por eso, te he traído, hija mía.- dijo entonces Marianne.
Loni asintió y se llevó una mano al pecho. Ahora comprendía...
_ El Don...
_ Hay cosas que el mundo no puede oir, por eso no podía explicartelo. ¿Lo entiendes ahora?
_ Lo entiendo.
Malakai volvió a hablar entonces.
_ Hay algo que debes saber.- Loni volvió a sentir vértigo ¿Todavía mas sorpresas?

_ No solo ella busca a sus hijos, también su padre. Si despiertas esa parte de tí, él te podría encontrar, y el Príncipe del Infierno ya no es el ángel del señor que fue antaño. Mientras estés cerca de Ella no tienes qué temer, pero si tomas este camino y te alejas de Ella alguna vez, estarás sola si Él te encuentra.
_ ¿Deberé entonces quedarme aquí por el resto demis días?
Marianne sonrió.
_ No, claro que no. Pero toda luz produce oscuridad, brilla demasiado y todos te verán. Y las sombras que produzca tu luz serán más grandes y más peligrosas.
Se volvió entonces Malakai hacia los árboles.
_ Ah, ya está aquí.

Vestida con una humilde túnica de lino viejo sin teñir, una figura surgió de entre los árboles. Los largos cabellos de azabache caían por su espalda, y sus ojos de ámbar relucían con la luz de la luna dotando a su piel pálida de un manto de irrealidad. Caminaba descalza y liviana sobre la hierba fresca, y se detuvo ante Loni con una mezcla de curiosidad y reconocimiento. A su lado, Marianne se inclinó en señal de respeto.
_ Mi señora...
Una breve sonrisa apareció en el rostro de Lilith.
_ Se parece a tí, Marianne. ¿Cómo te llamas, pequeña?
Loni titubeó un instante, sin saber como dirigirse a aquella criatura, la mujer más antigua del mundo, que no nació de vientre alguno...
_ Mi nombre es Loni.- dijo al fin.
_ Bienvenida, Loni.- dijo entonces la mujer. Su voz era tan vieja como el tiempo, y hermosa como un canto grave y exótico- Quédate tanto como desees. En mi casa nunca te faltará de nada.
Reaccionó por fin Loni y se inclinó en una profunda reverencia.
_ Te lo agradezco.
_ Le he contado.- dijo Malakai a su espalda.
_ Lo sé, lo he visto en sus ojos.- respondió Lilith- pero duda, es natural.

Y Loni pensó que no dudaba: recuperar parte de su esencia divina quería decir que tendría más poder para devolverle a Adonai la suya... Estaba ansiosa...
_ Me pregunto quién de ellos hay en tí.- dijo entonces Lilith, y le pareció ver melancolía en sus ojos. Tendió entonces la mano hacia ella para que la tomara si quería y Loni no titubeó un instante: cerró sus dedos de alabastro entorno a la mano que se le ofrecía, y los ojos de Lilith brillaron.
_ Inanna...- dijo entonces, y Loni escuchó aquel nombre y supo que era el suyo, como si alguien la estuviera llamando desde algún lugar muy lejano en el tiempo.- Mi hija mayor. Orgullosa. Poderosa. Enamoraba a todo mortal que la miraba, y suyas fueron... -se interrumpió- Pero todo eso fue hace mucho. Loni ¿deseas que despierte lo que queda de mi hija en tu alma? Eso es algo que te cambiará para siempre.
Loni asintió, entonces Lilith se rasgó suavemente la mejilla con la uña, y una gota de sangre apareció en la piel tersa, resumando lentamente. Despacio y con suavidad, Loni se acercó a ella y besó su mejilla herida, recogiendo con la lengua aquella gota de sangre de la primera mujer que caminó sobre la tierra, el ser más antiguo que había pisado el mundo...

Como la más dulce ambrosía, la gota se mezcló con sus sentidos; como el fuego más ardiente, sintió el calor abrasarle las ventas en un éxtasis arrebatador. Sus ojos vieron entonces cosas que habían sido, vió a Isaac, vió a Talbo, y vio a Adonai. Y entonces... Le vio a él. A Absimiliard. Y entiendió por qué le repulsaba tanto: porque él dio muerte a Inanna cuando Caín y los suyos atacaron a los hijos de Lilith y Luzbel. Pero ya no había miedo en su alma, solo la certeza de que aquella parte de sí misma había regresado, y entonces se dio cuenta...
Ya conocía a Adonai.
De pronto, todo estaba claro, todo encajaba, todo tenía sentido. Le había conocido siempre y recordarlo fue una inmensa sensación de alivio. Sin embargo, cuando abrió los ojos, ya no recordaba por qué, como el sueño que se olvida al despertar, que no se puede recuperar, que se percibe de reojo pero que desaparece al mirarlo directamente... Pero estaba ahí. Ahora lo sabía.
Sin embargo, toda la certeza que había sido, se fragmenta cuando regresó a sí misma. Su alma había sido rota y sólo había tenido la ilusión de esa certeza.
Arrodillada sobre la hierba del Jardín de Ba'hara, entendió al fin qué había perdido en su alma al romperse esta, y entendió que jamás podría reunir los pedazos, del modo que una vezun cristal se rompe, sus pedazos pàra siempre serían pedazos.

Lo mismo sucedía con el alma rota.
 

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