Cuando la luz se desvaneció, Loni sintió el impulso de seguirla pero se contuvo. Debía liberar a Arístides al precio que fuera, después la buscaría.
Salió de la taberna y flotó sobre la espléndida ciudad, y más allá, hasta el mar, sobrevoló la costa de Italia. Cuando llegó a Roma, la ciudad eterna dormía, y por algún motivo parecía especialmente siniestra vista desde aquel lado de la realidad. Pasó de largo y continuó hasta que se encontró con el Mediterraneo. Sabía que sería un largo viaje, pero lo había pospuesto demasiado: debía viajar al Cairo y asegurarse de que Ambrogino seguía allí antes de embarcarse en vano.
Efectivamente, tardó horas en cruzar el mar hasta que encontró la desembocadura del Nilo y siguió rio arriba. Vio las pirámides, enormes monolitos de piedra, recortarse contra el cielo Y a pocos kilómetos de ellas, El Cairo.
La ciudad estaba dormida a aquellas horas de la noche, y a medida que bajaba, sintió como una leve corriente eléctrica que le cruza el cuerpo. Nada alarmante en realidad, era sólo como si se le erizara el vello del cuerpo. Trás vagar por sus calles durante unos instantes, Loni se dio cuenta del problema: aunque recordaba la dirección desde la que Ambrogino le había enviado las cartas, en aquellas calles polvorientas no había señales. Buscó hasta encontrar un grupo de guardias conversando en una garita, pero hablaban egipcio y Loni nunca había aprendido aquella lengua. Entró en sus mentes en busca de algún recuerdo que contuviera la imagen de Ambrogino Giovanni, más no lo halló.
Se alzó de nuevo sobre la ciudad. Las calles estaban desiertas, y si encontraba a alguien caminando por ellas, había probabilidades de que fuera un vampiro. Y era más probable que un vampiro supiera de Ambrogino.
Se concentró para discernir las auras de quien pasara bajo ella, pero de pronto, sonó una voz en su mente.
La recorrió un espasmo de terror y sintió el impulso de volver a su cuerpo ¡La había encontrado!
Esperó el golpe, el dolor, pero no llegó.
Y la voz habló en francés.
"¿Qué haces aquí?"
Loni se encogió sobre sí misma.
"Busco a alguien"
La voz tardó un instante en responde
"No en El Cairo. Márchate si no quieres morir. No eres bienvenida."
Algo le dijo que no se trataba de Nosferatu ni sus enviados, y se sintió un poco más tranquila. Y también más osada.
"¿Por qué? ¿Quien eres?"
"Eso debería preguntarte yo a tí" dijo la voz "Pero ya sé quien eres, Loni de Lances. Y a quién buscas... ¿A un geomante?"
Volvió a sentirse inquieta y tremendamente vulnerable. Siempre se sentía así cuando alguien leía su mente ¡Debía aprender a cerrarla!
"Creo que en ese caso, mis hijos pueden darte lo que quieres..." Continuó la voz, "Prepararé tu llegada y la de Vykos. Os esperarán en el puerto de El Cairo"
Un geomante... Le ofrecían un geomante... Supuso que estaba hablando con un Setita. Debía ir con cuidado, Yorak les había advertido que sería arriesgado tratar con ellos.
"¿Quién eres?" Insistió
"Eso no importa" respondió la voz "Lo importante es lo que quiero a cambio de liberar a tu amigo"
Ah, ahí estaba. Sí, y ya sabía lo que pediría. Aún así, preguntó.
"¿Qué quieres?"
"A tí"
Oh, sí. Por supuesto.
"¿Por qué?"
"Porque quiero saber por qué Ellos te tienen tanto aprecio. Lo puedo leer en tí... Muy interesante. Eres muy interesante, Loni de Lances..."
A cualquier precio...
"Si voy a venderme quiero saber quien me compra" dijo.
"Por supuesto", dijo la voz " Un humilde siervo de Set"
No se había equivocado, por supuesto que era un setita.
"¿Por qué habría de confiar en una serpiente?" inquirió.
"Porque tengo un geomante reputado a mi servicio"
Había sido una pregunta estúpida. Tenía que confiar en él porque era a quien buscaba, porque los setitas parecían los únicos capaces de ayudarla.
"Tendrás que ayudarme primero"
"No"
Loni apretó los puños.
"Dijiste que lo querías a cambio. No tendrás nada hasta que mi amigo esté libre ¿O acaso no crees que puedas cumplir tu palabra?"
De pronto, se volvió sobresaltada, y vio a una figura, que no era ni femenina ni masculina, sujetando el hilo de lplata que la unía con su cuerpo, en una mano. Ya no se sentía ni tranquila ni osada. Ahora tenía miedo.
"El trato era una cortesía, Loni de Lances. Puedo tomar lo que deseo si lo deseo"
Loni supo que decía la verdad. Temblorosa y resignada, asintió.
"Está bien" dijo la figura "Mis emisarios os esperarán en el puerto. Te deseo un buen viaje... Y no tardes. No me gustaría tener que ir a buscarte"
Loni se estremeció y cuando la figura desapareció, tiró del hilo de plata para volver a su cuerpo.
Estaba asustada, tenía miedo.
Pero tenía un geomante.
Cuando regresó a su cuerpo, Vykos no había vuelto a la posada y sintió el Hambre. Bajó a la taberna de la posada. No había mucha gente, y toda estaba entorno a ua mesa en la que se jugaba a los naipes. Eran seis hombres, cuatro jugando y dos mirando. Las apuestas eran interesantes y Loni inspeccionó a los jugadores con la mirada. Se trataba de un navegante, un noble y dos comerciantes.
No le interesaba el juego, y como niña, por mucho que pudiera ayudarse de sus poderes, sería tremendamente sospechoso si jugara, de modo que invocó su poder para resultar una criatura apetecible, y salió de la taberna con la intención de que algún desaprensivo la siguiera fuera.
No tardó: uno de los que miraban la partida, que era un noble que había perdido todo jugando, se levantó de la mesa con la excusa de haber perdido demasiado en una noche, y la siguió invadido de lujuria.
Cuando hubo terminado con él, vio llegar a Vykos. Parecía bastante decaído y Loni supuso que se había encontrado con su chiquilla, su querida Deirdre.
_ ¿Encontraste pasaje en algún barco?- inquirió Loni desde las sombras. Vykos se sobresaltó levemente.
_ Ah, eres tú...- dijo al reconocerla- No, no pude mirar.
Loni hizo un gesto con la cabeza, señalando la taberna.
_ Ahí dentro hay un navegante, pero va a Marsella, así que tampoco nos sirve.
Pero Vykos no la escuchaba. De hecho, el pasaje parecía el menor de sus problemas. Repitió lo que había dicho y Vykos volvió en sí.
_ Tendremos que esperar entonces... Ciertamente, hallar un viajante directo será complicado.
Loni alzó las cejas, la curiosidad la corroía.
_ ¿Viste a...? ¿Cómo se llamaba? ¿Deirdre?
Vykos no alzó la vista del suelo.
_ Sí.
_ Pensaba que no querías verla- inquirió divertida.
Vykos parecía incómodo, y realmente era divertido. No era algo que pasar muy a menudo.
_ Ella... me llamó.- carraspeó- Ha aprendido a usar sus talentos de Auspex, como tú. Supo de mi llegada desde que entramos en la ciudad.
Loni reprimió una risita traviesa.
_ Controladora ¿eh?
Vykos negó con la cabeza.
_ No, no es eso. En realidad es un nuevo juego al que juega. En forma astral, juega con los sueños de la gente. Sencillamente, nos vio llegar durante uno de sus juegos. A ella... Siempre le gustó jugar.
Loni se apoyó, satisfecha, contra el muro.
_ Y por lo visto obtuvo lo que quiso contigo, hace horas que saliste.- despachó el tema con un gesto de la mano.- De todos modos no me interesa- mintió- tenemos que encontrar un barco a El Cairo cuanto antes.
_ Sí- contestó Vykos- Ella me dijo que lso barcos a África son raros en Mónaco, pero que al menos pasa uno hacia Túnez o Argel cada mes. Si tenemos paciencia, podremos tomar uno hacia esas costas, y de allí ir a Egipto será más fácil. El cuándo llegue, eso no lo sé.
_ Entonces tendremos que buscar un alojamiento más... apropiado. ¿Tu querida Deirdre no te ofreció ninguno?
_ Sí, lo hizo. Y me aseguró que el príncipe nos echará de Mónaco... Si no nos alojamos con ella. Para ser precisos, si no me alojo con ella. Mientras lo haga, a ti te dejarán tranquila. Al menos, así podrás buscar ese pasaje.
Loni asintió. Por una parte, se sentía aliviada de poder separarse de Vykos aunque fuera un par de noches después de todo el tiempo que estaban pasando juntos, pero por la otra... le inquietaba la idea de quedarse sola ¿Y si la encontraba Nosferatu? ¿Cómo sabría Vykos que sencillamente no se había marchado?
_ ¿De cuanto dinero disponemos?- preguntó al fin.
Al resguardo de las sombras del callejón, Vykos hizo desaparecer su mano en el interior de su cuerpo - Loni no quiso saber cómo- y extrajo una especie de esfera de carne. Con una uña la abrió, dejando al descubierto monedas y gemas de las cuales tendió un buen puñado a Loni. Luego, guardó la esfera de nuevo.
_ Con esto debería bastar.- Loni cogió el dinero y lo guardó.
_ ¿Donde he de buscarte cuando tenga el pasaje?
_ Visítame en el castillo de los príncipes de Mónaco. Una cripta bajo las cocinas. Busca mi mente, no mi cuerpo.
Loni asintió y se incorporó para marcharse.
_ Espero que no te dejes entretener más de la cuenta por esa chiquilla tuya. - Vykos negó con la cabeza- Nos esperan el El Cairo, y me temo que voy a pagar un precio demasiado ir alto como para ir sola.
Vykos la miró sin entender aquello último. Loni suspiró.
_ Te buscaré cuando tenga el pasaje, ahora estoy cansada. Buenas noches.
Pero Vykos también debía ir a la taberna para recoger sus cosas, de modo que ambos caminaron en silencio hasta que llegaron. Luego Vykos se marchó, y Loni decidió dormir.
La noche siguiente, Loni cambió su aspecto para convertirse en una hermosa mujer sureña, de piel bronceada y cabello oscuro, y pidió otra habitación en la posada, más cómoda, y una tina de agua caliente para bañarse. Cada noche desde entonces, se dirigía a las tabernas en busca de marineros y navegantes, pero todos ellos pasaban por Marsella y ninguno le servía. Así pasaron cuatro noches, y al fin, la quinta, entró en su propia posada un nuevo navegante con su bella esposa.
En cuanto entraron, su mirada y la de la mujer se cruzaron inmediatamente, y Loni supo que ambas se habían reconocido como vampiras. Al parecer habían llegado aquel mismo día desde Marsella y en su trayecto pensaban bordear la costa italiana hacia el sur, hasta Sicilia, Túnez, Argel, Alejandría y Tierra Santa, en busca del extremo occidental de la ruta de la seda: eran comerciantes de tejido, lo cual los convertía en el principal objetivo de Loni.
El marido era, como había supuesto, un ghoul anciano, y ambos vestían de manera anticuada pero elegante. Y por supuesto, él creía ser su esposo.
Su barco era robusto, y su nombre era Occitania.
Sin dudar, invocó para sí aquel poder que deslumbraba al resto y se acercó a ellos, comprobando que la mujer estaba haciendo exactamente lo mismo. Le sonrió con complicidad.
_ Buenas noches.- dijo, y aunque parecía dirigirse a ambos, sus palabras eran solo para la mujer.
_ Buenas noches, señora.- De pronto Loni se dio cuenta de que la mujer estaba empleando con ella un código corporal toreador, que le enseñó María, no a hacer pero sí a entenderlo. Esencialmente, era una manera de dar a entender a una posible toreador que ella misma lo era.
Puesto que no sabía responderle, le sonrió abiertamente para darle a entender que la había comprendido. La mujer también sonrió.
_ Pareceis una mujer culta y refinada. Muy propia de la noche monegasca, ¿no crees, Philip?- añadió volviéndose hacia su ghoul, que asintió. Ella le acaricio suavemente el pelo trás una oreja, como se acariciaba a un perro, a una mascota.
_ No os había visto por la ciudad. ¿Acaso habéis llegado hoy?
La mujer sonrió.
_ Así es. Me llamo Marianne, y este es mi esposo, Philip. Somos de Marseille, y estamos haciendo la ruta de la seda. En el barco aún nos queda algo de seda con la que comerciar. Estoy segura que os sentaría de maravilla alguna cosa hecha con este misterioso tejido, señora.
Loni suspiró al recordar los hermosos vestidos que había llevado como Michelle cuando era la diva de Florencia.
_ ¡Oh!- exclamó- No sabéis como echo de menos mis vestidos, madame.- de pronto, se fingió abatida- Sin embargo me temo que no puedo demorarme en el ocio, debo encontrar pasaje en un barco para ir hasta Egipto y parece que últimamente nadie cruza el Mediterraneo.
Marianne alzó las cejas, al parecer sorprendida.
_ ¿A Egipto?- inquirió- Nuestra ruta nos lleva a pasar por Alejandría. Aunque... si venís, debereis pagar vuestro pasaje, y el de vuestros acompañantes. Ya me entendeis.
Loni asintió, por supuesto que entendía. Marianne no ofrecía a su tripulación como aperitivo a los pasajeros: debía conseguir su propio rebaño para ella y para Vykos. Tal vez su querida Deirdre pudiera proporcionárselo.
_ Por supuesto, madame.- respondió, fingiéndose alegre y agradecida. Marianne sonrió.
_ En ese caso- continuó- una vez nos hayamos instalado, podemos quedar para discutir los pormenores del trato. Ahora, si nos disculpais... Hace unos días que Philip y yo no hemos gozado de un lugar decente donde descansar.- A Philip se le iluminó el rostro cuando Marianne le tomó del brazo y subieron escaleras arriba.

25 oct 2005
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