3 feb 2006

Sesión Quincuagésimo Sexta: Thorns

Salir de allí.

Cada minuto que pasaba en aquel lugar, la urgencia por abandonarlo se volvía cada vez mayor. En ocasiones ni tan siquiera se molestaba en ocultar su malestar y Marianne se dio cuenta enseguida de que necesitaba salir de allí. No tardo mucho en verter el agua en la laguna por la que habían llegado, y trás de despedirse de ella y de Pedro, Loni se sumergió para emerger en la alberca de la casa del Livorno.
Allí era de noche y todo estaba tranquilo, y Loni se preguntó qué hubiera ocurrido si, habiendo perdido la noción del tiempo en Ba'hara, hubiera sido de día en el viejo caserón. El servicio, que permanecía en la casa durante todo el año, le preparó un baño y su carruaje para partir la noche siguiente, y cuando abandonó la casa, habiendo manipulado sus mentes para que solo recordaran haber visto a Michelle, sintió que añoraba sobremanera a Arístides. Acarició la moneda bajo su piel con suavidad, pero el rastro era débil, como siempre... Él jamás le había tratado de aquella manera, utilizando su poder para coaccionarla. No, él había sido más sutil: había llegado tan hondo en su ser que Loni le servía por devoción y jamás pensaría en traicionarle. No, él no era como aquellas criaturas terribles de Ba'hara, de rostro bello y alma oscura... Tal vez fuera el tiempo, tal vez haber pasado tanto tiempo sobre la tierra les había vuelto mezquinos. Pero no podía ser aquello. Pese a ser más joven como hombre, Arístides era Adonai, un arcángel de Dios, y los ángeles eran eternos, puesto que Dios los creó mucho antes que al hombre... Él era más antiguo, más antiguo que la propia Lilith y que Caín, y sin embargo él no era aquellas extrañas criaturas desapegadas del mundo que contemplaban a los mortales desde su privilegiado Olimpo... No, Arístides había sido el prometeo que había robado el fuego a los Dioses para los hombres...

El viaje a Venecia fue tranquilo y tan pronto como estuvo en la casa, preparó su equipaje y todo lo necesario para llegar hasta Thorns. Thorns estaba en Inglaterra, y puesto que debía llegar por mar, envió un mensaje al capitán del Déja Vu. El barco, que había comprado hacía años para comerciar con Portugal y la costa atlántica, era el barco emblema de la pequeña flota que había ido componiendo con los años y que pensaba ir ampliando poco a poco. La respuesta del capitán, Mauricio Longi, fue inmediata: el Déjà Vu la esperaría en el puerto de Le Havre en la fecha acordada para llevarla hasta la costa británica.
Aprovechó también los dias que pasó en la casa para enviar cartas a su progenie, repartida por Europa. Las cartas eran en realidad nimias y vanas, y hablaban de las novedades de las escuelas e iban firmadas por Pietro, aunque era la huella psíquica de Michelle la que permanecía en el pergamino y la que leerían sus chiquillos al recibir. De este modo sabrían que su Sire estaba de vuelta sin necesidad de mencionar nombres.

Recibió también antes de marcharse, información de sus contactos en Europa acerca del tiempo que había pasado desaparecida trás su viaje a Malta. De Paris, sus protegidas hablaban de chismorreos poco importantes, como romances entre neonatos, pequeñas confidencias, pequeños negocios... No era información útil para los antiguos, pero suficiente como para poder coaccionar pequeños espías allí si fuera necesario.
De su querido Angelo y de Joanna recibió noticias de Portugal que contaban que Talbo era ahora príncipe de Oporto bajo el beneplácito de Sancho de Lisboa. Michelle sonrió al oir aquello: cuanto más alto subiera, peor sería la caída que le tenía prevista. Al parecer, Talbo mantenía también un romance bien conocido con una dama toreador portuguesa especialista en antigüedades. La dama se llamaba Eleanor y a la parecer tanto su linaje mortal como inmortal eran prestigiosos allí en Lisboa, donde actuaba como Primogénita y al parecer, organizaba algunas de las mejores fiestas del país. Michelle sonrió de nuevo. Aquella era la puerta que necesitaba.

En cuanto a Iberia, las noticias eran sombrías. El pérfido Monçada dominaba ahora los reinos de Castilla y Aragón. Al parecer, el viejo Isaac había huido de Girona trás la purga de judiós treinta o cuarenta años atrás. El motivo real fue que traicionó a sus aliados lasombra y los atacó abiertamente, sobretodo en un asedio desastroso en Valencia. Y su cabeza tenía precio ahora. Algunos decían que había huido a Francia, otros, a Oriente.
Al menos sus agentes en la península se habían adaptado al dominio lasombra, pero los informes hablaban de manadas anarquistas aliadas con los lasombra limpiando de enemigos las ciudades. Algunos ventrue habían muerto.

A Thorns acudiría Rafael de Corazón y varias de las supervivientes de las Cortesd del Amor de antaño. Rafael era uno de los fundadores de la Camarilla y un gran amigo de François Villon, príncipe de Paris y antiguo amante de María.
No había mas noticias interesantes. Con la imposición de la Mascarada,celebrar fiestas con mortales era cada vez más habitual, y en ellas los miembros de la Estirpe, como daban en llamarse ahora los vampiros, se comportaban y mezclaban con los humanos.
Michelle reía con carcajadas roncas, sentada en su butaca en el salón, imaginando a los vampiros creyendo ser innovadores en aquello...
Pensó en buscar un acompañante para acudir a Thorns, pero ninguno de sus chiquillos manifestó interés en asistir a la convención y Michelle decidió que no se trataba de una de sus magníficas fiestas, sino de un asunto de política en el que más convenía que todos pensaran que podían comprar su lealtad o sus servicios...

De modo que llegado el día, tomó su carruaje y algunos sirvientes y se lanzó al camino destino a Le Havre. El viaje fue tranquilo y sin sobre saltos, relajado y plácido sin falta de sangre. Si no fuera porque sabía lo que ocurriría en Thorns, aquello sería un viaje de placer.
El Déjà Vu esperaba en Le Havre como habían acordado y al llegar a Inglaterra, Michelle descubrió que Thorns, lejos de lo que había esperado, era una pequeña villa en la campiña, alejada de Londres y de otras ciudades, y que la convención tendría lugar en un monasterio situado a algunas millas de Thorns.
Era un edificio grande, con capacidad para más de trescientos huéspedes, y al legar recibió algunas instrucciones que debía respetar durante la convención, como que no debía alimentarse de los monjes más de tres veces durante la estancia. a lo que replicó que traía su propio rebaño y que la recomendación no era necesaria. Tampoco eran permitidas las armas durante la convención ni alimentarse de la población de la villa. A parte de aquello, se le cedió una celda austera y sobria, como al resto de huéspedes, que su servicio se apresuró en personalizar con algunos detalles que la volvieron mucho más acorde al carácter y fama de Michelle de Mauvernay.

Había llegado algunos días antes del inicio de la convención y por tanto no todo el mundo había llegado y el monasterio distaba mucho de estar lleno todavía. Sin embargo, ya había algunos asistentes, y trás supervisar la adecuación de su celda, dio un paseo por el monasterio en busca de caras conocidas. Y las había. Anatole, Lucita de Aragón, Zelios el nosferatu, Hesha Ruzhade, aquel setita que conoció en la Corte de los Sueños, y por último, Ambrogino Giovanni, sobrio y elegante como siempre, acompañado por el joven Tonino, ahora cainita. Y aquel hombre que debía caer bajo su pie algún día. Talbo.

Decidió comenzar por aquellos que Michelle conocía mejor, como el oscuro Ambrogino y Tonino, al que habían arrancado de sus brazos cuando era un joven mortal, alumno de su escuela...
Ambrogino, al verla llegar, mostró una amplia sonrisa. Tonino, a su lado, parecía mas delgado y más pálido, su cabello parecía quebradizo y desordenado y sus ojos habían perdido parte de su viejo color. Era, sin duda, un fantasma de lo que había sido, con un aspecto más propio de un Capadocio que de un Giovanni. Una gran pérdida para el magnífico Toreador que podría haber sido. Debía haberlo abrazado cuando tuvo ocasión.
Cuando estuvo frente a ellos, sonrió con aquella resplandeciente sonrisa suya y ofreció el dorso de la mano al caballero Giovanni.
_ Es un placer encontraros aquí, Ambrogino.- dijo con voz dulce- Aunque he de confesar que en cierto modo lo esperaba.
Ambrogino, con la melena oscura rizada y bien cuidada, tomó su mano con delicadeza y la besó suavemente, rozando apenas los labios la piel fina y blanca.
_ He vuelto a ver el sol salir al veros llegar, aunque la luz que irradia más que quemar alegra mi espíritu. Es un placer veros de nuevo, Signora.

"Ah, mi viejo Ambrogino, tan adulador y cortés como siempre"


Sonrió complacida y se volvió hacia Tonino.
_ ¿Y este es mi pequeño Tonino?- inquirió con un resto de añoranza y un deje de fingida admiración, puesto que no sabía si realmente se alegraba de volver a ver al extraño muchacho, trás ver en lo que se había convertido.
_ Pequeño, pero creció y se ganó el Abrazo.- contestó Ambrogino. Tonino la saludó con una sonrisa que le recordó a lo que había sido cuando no era más que un niño.
_ Hacia mucho, mi Signora.- dijo cortés y escueto. Michelle asintió.
_ Mi niño... aunque ya no tengo derecho a llamarte así ¿Verdad?- dijo con amabilidad- Pietro se va a alegrar tanto cuando le diga que te he visto...
Tonino alzó las cejas.
_ ¿Pietro? Hacía mucho que no pensaba en él ¿Cómo está?
Michelle rió.
_ Oh, ahora es un hombre hecho y derecho. volvió a Venecia, a la Escuela, y estan honorable y solemne como siempre. Pero ahora dime ¿Qué ha sido de tí?
El gesto de Tonino se volvió indescrifrable.
_ Tenía un Don.- dijo, pero su voz lo delataba.- Y las mujeres de la familia me enseñaron a dominarlo. Llegado el momento, los anciani me declararon apto. He venido a Thorns acompañando a mi sire.
Ambrogino asintió y le dio una palmada paternal en el hombro. Michelle sintió una punzada de resentimiento pero se obligó a sonreir y fingirse sorprendida, aunque en realidad lo que sentía distaba mucho de la alegría.
_ Es agradable veros de nuevo.- continuó Tonino con un deje de esperanza en la voz- ¿Habéis venido con alguien? ¿Quizá algún viejo compañero de la Academia elevado a la innmortalidad?
_ Ah, lamentablemente Pietro se quedó en Venecia atendiendo sus asuntos, y hace tiempo que no veo a Lucio y a Angelo, de modo que aquí estoy, aunque es extraño no estar rodeada de mis niños.
_ Oí que habíais desaparecido.- intervino Ambrogino.
Michelle rompió a reir con carcajadas jovenes y cascabeleras.
_ Oh, las habladurías son tan exageradas...-hizo un gesto quitandole importancia con la mano, sonriente.- Desaparecida...
Ambrogino alzó las cejas.
_ Me ha sorprendido veros aquí ¿Qué habéis hecho estos años?
_ Ah, descansar, mi buen Ambrogino, descansar. Regresé hace poco y Thorns es mi oportunidad de volver a encontrarme con el mundo.
Ambrogino asintió, discreto, y Michelle decidió que el Letargo parecía convincente.
_ Este lugar va a estar lleno de gente importante.- continuó Ambrogino- Estoy seguro de que será.... un momento histórico.
_ Eso he oído yo también...

"Ah, mi viejo amigo ¿A qué grupo de desalmados te unirás tú?"


_ Bien,-dijo entonces- ha sido un placer veros. Ahora debo saludar a otros conocidos, pero volveré con vosotros si me lo permitis, más adelante.
Ambrogino y Tonino la despidieron con sendas reverencias corteses y Michelle fue en busca de otros rostros conocidos. Recordó que Anatole y Lucía habían conocido brevemente a Michelle en aquel extraño viaje por el Adriático y se acercó a hablar con Anatole, aunque de buena tinta sabía que la conversación sería en todo extraña.

Anatole estaba mirando unas plantas en el claustro con mucha curiosidad, agachado, observando sus frutitos rojos. Michelle se acercó a él dandose cuenta de que jamás había tenido que empezar una conversación formal con el Malkavian.
_ ¿Monsieur Anatole?
Anatole tardó un instante antes de volverse para mirarla, pero Michelle no se dejó impacientar. Al fin, alzó las cejas sorprendido y a una distancia muy cercana a su piel, se levantó siguiendo a pocos centímetros de ella con la vista primero sus muslos, luego su torso... Y posó la mirada a dos dedos de su pecho. Justo sobre el lugar donde llevaba la moneda.
Michelle permaneció clavada en el suelo, tratando de no revelar ninguna emoción en ella, aunque cualquier referencia a su moneda la hacía sentir violenta. No había detectado la gargantilla, le había detectado a él...
_ Michelle de Mauvernay, -dijo al fin el malkavian- hacía mucho que no os veía...
_ Si monsieur, muchos años.- se obligó a sonreir Michelle.- ¿Qué tal os ha tratado la... vida?
_ Como el viento,de aquí para allá. Últimamente sueño mucho, y soñé con los campos llenos de amapolas y rosas. Eran las astillas las que las regaban. Vine a llorar, porque de los ocho, otro pasará y nadie hará nada.
Michelle asintió fingiéndo que comprendía, y Anatole la miró sonriente, nostálgico, fŕagil, y luego, de pronto, su rostro se volvió triste.
_ Vaya...- dijo, y una vez desconcertada Michelle, el vampiro se agachó para revisra la siguiente planta.

Aquello no era sorpresa para Michelle, que se alejó de él todo lo dignamente que pudo, acercándose a Zelios, que disfrazado con un truco de ofuscación que le daba otro aspecto a ojos de aquellos que solo miraban con los ojos, estudiaba con interés la arquitectura del monasterio. Se dio cuenta Michelle de que oficialmente no conocía a Zelios, puesto que era Loni quien estuvo en la Corte de los Sueños, de modo que se acercó a él con su mejor sonrisa.
No tuvo ningún problema en comenzar a hablar con él, centrando la conversación en torno a la arquitectura y Zelios pronto se sintió cómodo y pasó a explicarle detalles acerca de la orientación y la posición del monasterio.
_ Parecéis un entendido, monsieur.-dijo al fin, sorprendida, pues nunca habría imaginado que el extraño nosferatu entendiera de arte...
_ Soy arquitecto, es mi pasión.- dijo él.

"Arquitecto de la tierra, sí, entiendo" pensó con amargura Michelle.

_ La ironía me hizo nosferatu, aunque a veces creo comprender el espíritu toreador devoto del arte, al crear o contemplar arquitectura bien hecha.- continuó Zelios.
Michelle sonrió con franqueza, pues siempre era grato encontrar a otro artista.
_ ¡Oh! ¡Sois un compañero entonces!- se inclinó en una leve reverencia- Es un placer conoceros, mi nombre es Michelle de Mauvernay.
Con elegancia, Zelios besó su mano y continuaron charlando, paseando entre las columnas y compartiendo sus opiniones sobre arte.

Conversando estaban cuandode pronto surgió Talbo, el hombre que más odiaba en el mundo, cruzando el claustro con el rostro desfigurado por la rabia, dirigiéndose raudo hacia las celdas. Michelle reprimió una carcajada, que enmudeció cuando el rumor llegó a sus oios.
Al parecer, el príncipe de Oporto se había encontrado con el antiguo amante de su antigua amante y se habían enfrentado en público. Se mordió la lengua para no corregir a las viejas comadres que eran los cainitas, explicándoles que no era su amante, sino su esposa ante Dios, a quién todavía estaba unido. Sin embargo, había alguien a quien quería ver.

Isaac no tardó en salir al claustro. Parecía haber acabado de llegar y Michelle se acercó a él sonriente a saludar.
_ ¡Ah!¡Monsieur Isaac!-exclamó- Han pasado tantos años... ¿Es mucho pretender que me recordéis de aquella fiesta en Venecia?
Sin embargo, la reacción de Isaac no fue la que esperaba. Muy lejos de mostrarse agradablemente sorprendio, entrecerró los ojos, visiblemente molesto por tan efusivo saludo.
_ Buenas noches, señora.- dijo con voz queda- Sí, tengo un vago recuerdo de vos.
Michelle decidió no ofenderse. Pese a todo, pese a la rudeza y la falta de educación, aquel hombre seguía siendo su querido Isaac.
El brujah comenzó a apartarse hacia los porches, buscando un lugar menos expuesto.
_ Os pediría que no gritaseis. No me gusta llamar la atención, y dado que hablar con vos ya es motivo suficiente dada vuestra belleza...
Michelle alzó el rostro con orgullo.
_ Disculpad, monsieur. Si lo preferís, buscaré otra compañía.
Isaac frunció el cejo, dandose cuenta de su rudeza, e hizo un gesto con la mano a modo de disculpa-
_ Pero perdonadme, señora, no quería ser descortés. Simplemente ha sido un viaje largo y no me encuentro cómodo entre tanta multitud de los nuestros. No me malinterpreteis, señora. ¿Qué ha sido de vos? Lo cierto es que recuerdo poco de aquella velada y mis lazos con el señor Giovanni han casi desaparecido...
_ Oh,- replicó Michelle-. he estado siempre entregada a la escultura. Mis escuelas son todo mi tiempo. Tengo en mente abrir alguna fuera de Italia y tendré que buscar maestros y alguien que pueda hacerse cargo de ellas, pero es algo que me gusta hacer... De todos modos lamento haberos incomodado, pero me alegró encontrar a tan viejo amigo de mi señora...
Isaac alzó las cejas.
_ Es cierto, vos sois chiquilla de Loni, sabía que algo se me escapaba... ¿Sabeos algo de vuestro sire?
Michelle sonrió.
_ Una cosa es segura: que todas las fantasías que corren sobre ella no son más que eso, fantasías. La última vez que la vi estaba pletórica de fuerzas. Desde que dejó Girona no ha dejado de viajary sigue buscando lugares que la llenen.
_ Así que tenéis contacto con ella...
_ Oh, sí,mantenemos el contacto. No tanto como quisiera, pues siempre viaja, pero tenemos nuestros pequeñosencuentros, que siempre son gratos. Le diré que os encontré cuando volvamos a vernos. Aunque me temo que también tendré que decirle que encontré a su esposo...
_ Disculpad que sea tan molesto, pero tengo un gran cariño hacia su sire. ¿Podéis decirme qué hace?¿Donde viaja? ¿Sigue esculpiendo tan maravillosamente bien?
_ Bueno, no sigue un itinerario, va donde la lleva el viento o donde la llama el Arte. Y esculpe maravillosamente mejor, me atrevería a decir, que cuando dejó Girona. Si alguna vez deseais encontraros con ella, no tenéis más que hacermelo saber. Al contrario que a ella, a mí es fácil encontrarme.

Isaac asintió, pero pareció levemente decepcionado.

"¿Me echas de menos, viajo amigo...?"

_ Supongo que ella no habrá venido ¿Cierto?- inquirió el viejo judío.
_ Oh,no, estos asuntos no le interesan lo más mínimo. Ella vive por su Arte y para su Arte, por eso no se ata a ningún lugar ¿Y vos? Oí que dejasteis Girona también ¿Qué es de vos?
_ Sí, el ambiente que se gestó en los últimos años... nada agradable. He estado ayudando a los judíos aquí y allá, intentando acomodarlos por sus nuevos emplazamientos al sur de Francia. Atareado y lejos de la vida política, es el primer encuentro al que acudo desde que deje Iberia, y la verdad he venido más como mero espectador que como parte activa.
Michelle asintió.
_ Por eso mi deseo de pasar desapercibido y evitar así problemas y viejas disputas, aunque por desgracia también pierdo algunas charlas como esta.
_ Oh, no os preocupeis, monsieur. Tendremos tiempo de sobra para charlar.
_ Y vos ¿Venís desde Venecia?
_ Así es. Estuve visitando una de mis Escuelas. Thorns es también para mí un reencuentro con el mundo.
_ ¿Y cómo se vive por las ciudades de la península italiana?
Michelle suspiró.
_ El Renacimiento es maravilloso, por supuesto, aunque en Italia se ha vuelto demasiado sombrío para mi gusto. Tal vez busque establecerme en Francia, auténtica cuna de Arte.

Continuaron hablando en aquel tono frío y distante pero cortés, ante la perspectiva de que la siguiente conversación sería todavía menos grata.
 

Crónicas de Sangre y Alabastro Copyright © 2010 | Designed by: Compartidisimo