12 sept 2005

Sesión Trigésimo Octava: Marionette

No dudó, ni aún sabiendo que sin ser auténtica, aquella mujer era Loni en realidad... Arístides la había creado para que Theresa tuviera su venganza y la matara, no para que sobreviviera y además le enseñara sus extrañas artes.
Debía morir porque había sido creada para morir.
Desde el lecho en la oscura torre, envió su alma a Vincenzo ordenándole que, sin quitarle la estaca del pecho, cargara a Loni en un carro, la cubriera con una manta gruesa y retirara la manta en el campo, en algún lugar apartado. Si el sol no bastaba para matarla, debía acabar con ella con la espada.
Pero no existió tal problema: cuando despertó, la noche siguiente, Vincenzo se presentó en su alcoba con un mechón de cabellos quemados, de Loni. Por si se trataba de algun truco Tremere, Michelle buscó en su mente el recuerdo de la muerte, y lo halló. Estacada e inconsciente, no se había dibujado en su rostro temor ni dolor, tan solo un gesto apacible.
Fue extraño ver su propio cuerpo sucumbir a las cenizas, como si se hubiera alzado de nuevo su alma en el aire para ver el cuerpo yaciente en el lecho...

Pero ya estaba hecho. Premió a Vincenzo, pues era sabio tener a la servidumbre contenta (así creían que servían por placer), sin embargo, cuando aquella noche se peinaba frente al tocador, algo llamó su atención, y si hubiera tenido un corazón vivo, este se habría detenido de súbito al ver que, en su pecho, la joya que contenía la esencia de Loni se había vuelto completamente negra.
Dejó el cepillo con suavidad sobre la mesa y concentró su mirada en el reflejo de la joya en el espejo. Negra, completamente negra donde antes fuera color amatista...
Tomó la joya con las manos y trató de leerla con la mente, pero estaba vacía, no había nada. ¿Quería eso decir que había matado cualquier posibilidad de volver a ser Loni? ¿Que la joya no contenía a Loni, sino que era un vehiculo para quitarle el alma a aquella marioneta? Ah, tendría unas cuantas palabras con Arístides cuando despertara... si despertaba algún día.

El resto de la noche pasó tranquila, María no apareció en la casa y Michelle le agradeció que no insistiera, aunque ahora que ya estaba solucionado... debería darle una explicación... Recordó entonces que allá en Venecia, sus Medici habían desaparecido y nadie parecía haberse tomado la molestia de investigar lo ocurrido, de modo que escribió una carta al joven Príncipe de la ciudad, instándole a investigar el caso. Era obvio que al muchacho le gustaban los halagos, de modo que bañó la carta en mieles para que, él tambien, obedeciera creyendo que lo hacía por propia voluntad.

Y el tiempo pasó, y dos semanas después de que enviara la carta, regresó el mensajero con una respuesta el príncipe. La carta decía que sus investigaciones apuntaban a que los Medici no habían sido asesinados, sino secuestrados, ya que los cadáveres que aparecieron descuartizados en el canal no eran ellos, sino unos plebeyos que asistían a la fiesta popular celebrada por el lasombra Monticio Aldano. Nada más sabía, pero a parte de aquello, la carta venía acompañada por dos jóvenes Toreador que acudían a la llamada de la famosa Michelle de Mauvernay, enviadas por Pietro.

Se presentaron como Ariadna y Cristiana, y eran cantante y pintora respectivamente.
Ariadna tenía el rostro afilado y una densa melena oscura que le caía sobre los hombros, tenía los ojos del color de las avellanas y una boca grande y generosa. Vestía con elegancia, con ropas de calidad, y había en ella seguridad en sí misma. Cristiana era el tipo de mujer que los artistas representaban en sus obras: tenía el rostro con forma de corazón, y caderas y pechos generosos, toda ella compuesta de redondeces que prometían mil placeres. Tenía el cabello castaño claro que le caía en tirabuzones sobre los hombres y los ojos verdes como esmeraldas. Michelle decidió que ya no creía en la sencillez, de modo que entró en la mente de Cristiana para asegurarse de que era quien decía, y así fue. Frescos y mosaicos, aquella era Cristiana. Sin embargo, cuando fue a entrar en la mente de Ariadna, se sintió como una niña torpe que tira al suelo los cacharros de la cocina, pues le fue incapaz entrar en su mente y la muchacha la miró sobresaltada y preocupada. ¡Ah! Hacía tiempo que no recordaba la sensación de ser detectada...
Habló un rato con ellas e hizo pasara a Cristiana a la casa, para que la atendieran los sirvientes y Alba, su chiquilla, tuviera algo con qué entretenerse.

Pero a Ariadna la hizo pasar al despacho, donde la muchacha la siguió con aquel gesto preocupado. La hizo tomar asiento al otro lado de la mesa, y Michelle procedió a hablar del Arte, de la auténtica razón del artísta, pero también de lo que había detrás del artista, pues no dejaría a una niña tonta gastar su dinero y su nombre si no había algo que valiera la pena en su linda cabecita.
Ariadna escuchó atenta, ensimismada con sus palabras, y cuando hubo terminado, la muchacha salió de su trance y frunció el ceño, indignada.
_ ¿Cómo osa usted llamarme niña tonta?- exclamó, con rabia en los ojos- ¿Y poner en duda mi talento? ¡Alguien que ni siquiera me ha escuchado!
Michelle invocó el poder de la presencia y tejió órdenes en su voz.
_ Si no eres una niña tonta, déjame verlo.- dijo- Abre tu mente para mí.
La joven lo hizo, y sin embargo no puedo entrar en ella, se le resistía. Ya no sabía si al fallar la primera vez, aquello la había escudado, o si realmente se trataba de un poder que la rechazaba. No mostró su decepción.
_ Canta ahora.- le pidió, y Ariadna se puso en pie, alzó el rostro y comenzó a cantar. Su voz lo llenó todo como si se tratara de un manto cálido, y poco a poco comenzó a sentir que el trance la invadía, pero mantuvo la compostura. Sí, era buena, tenía una gran voz y mucho talento... Aquella muchacha le serviría.
Cuando terminó, Ariadna le dirigio una mirada rabiosa y desafiante, retándola a decir que no tenía talento.

Michelle optó por romper a reir como respuesta a su desafio. Rió con carcajadas claras y juveniles que sonaban como cascabeles, con los ojos brillando con ferocidad. La muchacha la miró indignada, pero no dijo nada. Michelle podía sentir como crecía la rabia en ella. Al cabo de un rato dejó de reir y miró con dureza a la muchacha.
_ No me mires con esa cara, Ariadna. En Europa nadie va a dar por supuesto tu talento, nadie va a confiar en tu voz solo porque tú lo digas...- le dijo- Eres buena, lo sabes, no necesitas demostrar nada a nadie, ni enfurruñarte como una niña pequeña: solo dejales que oigan tu voz, y ella hará el resto.

Y mi nombre, también.

Ariadna asintió levemente, no parecía muy contenta.
_ ¿Y entonces?- inquirió. Michelle sonrió: con carácter e impaciente, debería enseñarle un par de cositas.
_ Hablame de tí, Ariadna.
La joven suspiró, pero habló.
_ Nací en Pésaro. Pertenezco a una familia acomodada. El canto fue una afición, pero mi voz no pasó inadvertida.- suspiró- Mi belleza tampoco. Mi sire me sedujo, me Abrazó, y cuando se cansó de mi me abandonó por otra. Ahora me las arreglo por mi misma, pero no quiere decir que no reconozca las oportunidades cuando se presentan.
Michelle asintió y le tendió una pequeña escultura que adornaba su mesa.
_ ¿Qué ves cuando tocas este objeto?- le preguntó con suavidad. Ella negó con la cabeza.
_ Mi sire no me enseñó tal habilidad, pero me habló de ella- respondió- Pero me enseño a ser irresistible...
Y de pronto, lo fue: todo en ella era fascinante, pero antes de que el trance pudiera invadirla, Ariadna desconjuró el hechizo. Michelle sonrió, también ella conocía aquel poder.
_ Está bien, Ariadna- dijo- te enviaré a Europa, a París si así lo deseas. Dudo que muchos puedan resistirse a tí en las Cortes del Amor. Pero quiero resultados, quiero que los rumores de tu exito lleguen hasta mí.
Ariadna asintió y se puso en pie, saludandola con una profunda y grácil reverencia. Realmente era hija de una buena familia.
_ Os agradezco la confianza, Signora. No os defraudaré. Necesitaré dinero, y ropas, por eso, y vuestra recomendación para entrar en París...
Michelle se puso en pie y asintió.
_ No te preocupes por eso, mañana por la noche haré llamar a mis modistos. Ellos diseñaran para tí los vestidos más exquisitos y tentadores, tendrás dinero para vivir con comodidad, pero no me defraudes, Ariadna, o las ropas y el dinero desaparecerán y volverás a valerte por tí misma.

En los días que siguieron, Michelle habló con ellas en un tono mucho más amable que las entrevistas iniciales, desplegando con ellas todo su encanto, a fin de ganar su confianza. También vertió su vitae en las copas de vino que bebían con el fin de vincularlas, pero pronto se dio cuenta de que no surtía efecto: ya existía un vínculo en cada una de ellas, de modo que volvió a entrar en sus mentes, en busca del origen de aquel vínculo. Daba por supuesto que Ariadna le resultaría esquiva hasta entonces, y prefirió indagar primero en la mente de la sencilla Cristiana.

No le sorprendió lo que encontró, de hecho, se preguntaba como no había pensado en ello antes. Antes de venir, otras neonatas las habían advertido a ambas que los antiguos vinculaban a los jóvenes para utilizarlos. Para evitarlo, ella y Ariadna intercambiaron vitae hasta el segun paso del vínculo, y en cuanto vieron las intenciones de Michelle, solo tuvieron que hacerlo una vez más para quedar completamente vinculadas.
Aquello suponía un poco más de trabajo con el que no contaba.
_ Ah, queridas -dijo con aire apesadumbrado- contaba con que llegaramos a conocernos, no me siento feliz ante vuestra desconfianza.

Un pensamiento fugaz le llegó de la mente de Cristiana.
"Y bien fundamentada que estaba la desconfianza"

Michelle la traspasó con la mirada.
_ Si no hay confianza, no hay dinero- dijo con dureza- el vínculo es una leve medida de seguridad. Me sentiré mucho mas segura si sé a ciencia cierta que no vais a dedicaros a gastar mi dinero en otra cosa que no sea para lo que os he enviado. Además, si vais juntas pasaréis mas desapercibidas, tendréis mas probabilidades de éxito en cortes distintas.
Las muchachas se miraron tristes: el vínculo hacía que para ellas fuera ahora dolorosa la idea de separarse.
_ Pero al menos dejadnos estar cerca -rogó Ariadna- Versalles está cerca de París...
Michelle sopesó la idea; si las separaba sería inevitable que se fugaran para verse. Bueno, tendría que ir más despacio de lo que pensaba, eso era todo.
_ Podrás ir a Versailles y Ariadna a París, veréis como no hay nada que tengais que temer de mi. Pero... hay una condición- les dijo- si veo que hacéis lo posible por mantener vuestro vínculo, os retiraré mi confianza, y eso incluye mi dinero y mi nombre ¿Estamos de acuerdo?
Las muchachas asintieron.

En los días que siguieron, Michelle se dedicó a convertirse en su amiga, en ganarse su confianza y en enseñarles algunos trucos para ello. Su adiestramiento se alargó durante varias semanas, pues eran jóvenes e inexpertas y tenían mucho que aprender, sin embargo, mientras dedicaba su tiempo a las dos muchachas, se dio cuenta de que había delegado mucho tiempo otro asunto no menos importante.

María la recibió en su casa, y no había cariño ni confianza en su voz, sino la más absoluta frialdad. Pasaron al salón privado y tomaron asiento junto al fuego de la chimenea.
_ La has matado, ¿verdad?- preguntó con aquel tono que decía que ya sabía la respuesta.
Michelle asintió.
_ Era lo que tenía que hacer- respondió- esa mujer fue creada para morir.
María alzó una ceja, fingiendos sorprendida.
_ Te dije que había estado en Damasco - continuó Michelle- Allí estaba mi sire, la auténtica Loni de Lances. Ella mató a la chiquilla de Theresa Kymena, la mujer de la que te hablé, por razones que desconozco, y huyó, temiendo la venganza de la tremere.
Yo traté de desviar la atención de Theresa, haciendole creer que alguien la buscaba para matarla,y no volví a ver a Loni.
María la escuchaba silenciosa, las piernas cruzadas en la butaca de terciopelo, los brazos cruzados sobre el pecho.
Michelle continuó su historia.
_ Más adelante, hice un favor a un conocido que resultó tener muchos contactos y poder, y me ofreció una recompensa por ayudarle.- suspiró- Yo le pedí una Loni para Theresa, para que tuviera su venganza y la matara, y mi Sire estuviera a salvo.- una sonrisa amarga se dibujó en sus labios.- Por lo visto cumplió su parte del trato, sin embargo, Theresa no mató a la Loni que se le proporcionó. Como dijo la mjer que llegó a mi casa, la torturó durante décadas pero después la dejó libre, y creo que no me equivoco si digo que le enseñó magia: hizo un par de trucos muy impresionantes en el recibidor.- María asintió, en silencio- Esa mujer debía morir, fue creada para ello. Pero sobrevivió, y se convirtió en un peligro para mi Sire y para mí.
Entonces María formuló las palabras que temía oir.
_ Hablame de Arístides y el Dracon.
_ Arístides es un amigo.- se limitó a decir- No puedo decirte más, María. Tal vez más adelante, pero aún no.
María asintió de nuevo y permaneció en silencio un momento.
_ Bien... Quiero pensar un rato. A solas, por favor...- dijo al fin. Su rostro no reflejaba emoción alguna, salvo la concentración por atar los cabos que su mente le mostraba. Michelle se puso en pie y se acercó a la puerta.
_ No eres la única persona con secretos, María.- le dijo, alzándo el mentón, y dicho esto, se marchó.
 

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