30 dic 2005

Sesión Quincuagésimo Tercera: Filo Negro

La casa de María continuaba como siempre había estado, esplendorosa y en constante renovación para no quedar desfasada a los tiempos que corrían. María nunca dejó que su arquitectura la convirtiese en una casa vieja y rancia, siempre quería lo mejor de su tiempo, y su chiquilla Ana parecía haber heredado ese gusto. Los balcones era nuevos, y la fachada estaba repintada, y Michelle encontró a la chiquilla de María en el salón, charlando tranquilamente con un hombre, un mortal al que estaba cortejando, tal vez su cena.
Michelle no se entretuvo y flotó directamente hasta la cripta, el refugio secreto de María, donde la había visto dormir el Letargo hacía tanto tiempo... El ataúd estaba vacío. Donde encontrara la última vez a su antigua amante, era ahora un lugar vacío, y por el aspecto que presentaba, hacía años que nadie entraba en aquel sanctasanctorum. Si allí no podía encontrar nada, probaría otros medios.

Arriba, la mente de Ana estaba absolutamente concetrada en su presa. Porque aquel hombre no era la cena, sino un pretendiente que sería el marido de su actual encarnación para las próximas decadas. Era joven, adinerado y apuesto, un hermoso florero. Pero si Ana tenía conocimiento de María o su paradero, estaba demasiado adentro en susbconsciente y ella estaba demasiado inmersa en el cortejo como para que lograse acceder a aquellos recuerdos.
Recordó los rumores, que Ana había matado a su sire, y sintió la ira recorrerla. Quería hacerla sufrir, destruirla, destruirla por haberle robado Florencia y a María, por haberla convertido en un burdel de favores en la guerra Lasombra... Pero primero tenía que encontrar a María.
Depositó con suavidad una imagen de su amante en la mente de Ana, para inducirla a salir de aquel cortejo y obligarla apensar en su sire, pero solo consiguió que Ana pareciera confundida por un instante, se fingiera mareada y se retirara a sus aposentos fingiendose indispuesta y dejando a su futuro esposo confundido y expectante.
Michelle flotó silenciosa trás Ana hasta su dormitorio, y cuando la puerta estuvo cerrada, la chiquilla de María miró a su alrededor y preguntó al aire.
_ ¿Quién eres?- había rabia en sus ojos y no podía verla.
Michelle sonrió y continuó tratando de alcanzar el recuerdo de María en su mente, sin conseguirlo.
Al no obtener respuesta, Ana se acercó al balcón, descorrió la cortina de espeso terciopelo. Había algo inscrito en el marco de la puerta del balcón, y comenzó a marcarlo con la sangre del corte que se acababa de inflingir con un alfiler.
Un recuerdo recorrió a Michelle, que flotó por encima de la habitación y fuera de la casa. Aquello era magia, y nunca había soportado la magia. Era similar a algunos sistemas contra espionaje que utilizaba Kahina en la Corte de los Sueños, así que bien podría ser tremere o setita, pero magia igualmente. Y María no estaba, podía estar muerta o haberse marchado... Tenía que averiguarlo... Tenía que volver a la casa, leer los muros de la cripta, ver qué había ocurrido a María. Y si realmente estaba muerta... si realmente estaba muerta no habría en el mundo lugar seguro en el que Ana pudiera refugiarse.

Trás meditarlo un instante, decidió arriesgarse y entrar en la casa. Se armó de valor y cruzó con un pie el limite de la gran casa, pero tan pronto como parte de su alma hubo penetrado en los dominios de Ana, Michelle sintió como si algo tratara de aspirarla con una tremenda fuerza. Apenas podía resistir, sabía que sería arrastrada, pero trató de aguantar con todas sus fuerzas, de resistir, y de pronto tiró del cordón de plata y regresó a su cuerpo... aullando de miedo, en medio de un Rötchreck frenético.
Abrió los ojos y ni siquiera recordaba haberlos cerrado. Se descubrió echada en el diván de su dormitorio. Y no estaba sola. La habitación estaba repleta de gente: guardias de la casa, parte del servicio, y junto a ella, tomandola de la mano, el joven Pietro. Miró a su alrededor: la habitación estaba destrozada, las sábanas rasgadas, el contenido de los cajones tirado por los suelos, los cristales rotos y la enorme cama de caoba partida en dos contra la pared, que presentaba una grieta importante. Se dio cuenta de que la había arrojado con toda sus fuerzas contra "aquello", como si la hubiera seguido, aunque poco a poco, según se calmaba y veía con frialdad las cosas, se dio cuenta de que era en realidad una nadería mágica, nada que ver al espeluznante encuentro en las entrañas de la tierra, en la casa junto al río...

Miró la cama y sonrió traviesa, pero pidiéndo disculpas. Apretó la mano de Pietro junto a ella.
_ No te preocupes por la cama -dijo- te tallaré una nueva y mejor.- una risita escapó de sus labios. Pietro no sonreía.
_ No me preocupo por la cama... ¿Qué ha sucedido?- Había subido con la guardia de la casa, creía realmente que la habían atacado. Y todo el servicio la había visto en aquel estado... Aquello no era tan divertido: tendría que ir uno por uno modificando el recuerdo o borrándolo directamente, y era fastidioso.
Michelle frunció el ceño e hijo un gesto despectivo con la mano.
_ Despide al servicio, querido. Ya es suficientemente bochornoso que me hayáis visto así.
Pietro hizo salir a todo el mundo y cuando estuvieron a solas, volvió junto a ella en busca de respuestas.
_ María no está en su refugio- dijo Michelle, recomponiéndose el vestido- Y esa chiquilla suya es una arpía.
Su chiquillo asintió.
_ Entonces mis informaciones en eso eran correctas. ¿Pero qué ha sucedido? ¿Qué te ha hecho regresar de ese modo?
Michelle suspiró y se arregló el pelo, distraidamente.
_ Nunca me gustaron los trucos de magia, Pietro.- un escalofrío le recorrió la espalda.
_ ¿Magia?- inquirió Pietro.
_ Eso parece, querido. Nuestra querida Ana debe tener mucho miedo para proteger su casa de semejante modo. ¿Qué saben tus contactos de ella? ¿Aliados? ¿Enemigos conocidos? ¿Favores?
Pietro se puso cómodo, parecía ahora más tranquilo.
_ Se alió con los lasombra, de modo que la Camarilla la tiene en su punto de mira, como a casi todos los príncipes de Italia. Aparte de eso... Bueno, no hay giovanni en Florencia, pero no sé si es por ella... tampoco había presencia giovanni con María Sforza. No se me ocurre otro motivo para el que alguien tuviese ese tipo de protecciones.
Michelle entrecerró los ojos y sonrió.
_ De modo que la Camarilla quiere Florencia...
_ La Camarilla quiere Italia, pero no se meterán en una ciudad del interior de Italia, rodeados de Lasombra, por mucho que se la sirvas en bandeja.
_ Entiendo ¿Quién gobierna Venecia ahora?
_ Una alianza giovanni lasombra. El virrey Domenico Giovanni y el obispo Aldano. Se pasan el día vigilándose mutuamente, a la espera de que el otro haga un movimiento para quitarle su parte de poder. Cosas que tienen los cabios de principado violetos, que todos quieren tajada y solo se logra un gobierno débil y quebradizo. De modo que su alianza es más de palabra que de hechos.
_ Entiendo.- Michelle se puso en pie y contempló con desagrado el caos a su alrededor- Bien, por cierto, tengo la esperanza de que recibamos una visita en no mucho tiempo, espero.
Pietro alzó las cejas.
_ ¿Visita? ¿Quién?
Michelle negó con la cabeza.
_ No sé siquiera si acudirá, así que si me lo permites, nada diré. Si viene, lo sabrás.
Su chiquillo asintió y no preguntó más. Permanecieron en silencio un instante, meditabundos.
_ Y ahora ¿Qué?- inquirió al fin su chiquillo.
_ Dentro de poco hay una importante convención a la que me gustaría asistir- Pietro asintió, conocía Thorns- Pero hasta entonces, me gustaría quedarme aquí y esculpir de nuevo, y a ser posible, hacerme un guardarropa nuevo.
_ El taller está en codiciones óptimas, y tenemos materiales que nutren a nuestros chicos de la academia. No será ningún problema.

Aquella noche, Michelle invocó a María. Si estaba viva, no lo sabía, pero no pasaría una noche sin que tratara de llamarla a su lado. Había sido su aliada y su amante, había sufrido por su pérdida... Sí, si estaba viva, la encontraría.
En las noches que siguieron, nadie llamó a la puerta de la gran casa, pero Michelle no cejó en su empeño y continuó llamándola cada noche al despertar, y cada amanecer, antes de retirarse al dormitorio...
Decidió también escribir al otro alíado que había perdido al convertirse en Loni: Ambrogino le había escrito numerosas veces desde el Cairo, y puesto que durante su tiempo en la Corte de los Sueños no había podido abandonar la corte, decidió escribirle para comprobar si seguía vivo. Un aliado era siempre bien recibido, y mucho más si le debía un favor...

En los meses siguientes, la vida fue plácida y tranquila, casi como lo había sido cuando vivía en Florencia, aunque en este caso ni tan siquiera debía preocuparse por la Academia, puesto que Caterina se hacía cargo de ella, y puesto que nadie sabía que Michelle de Mauvernay estaba viva y había vuelto, pudo dedicarse a su Arte con calma y entrega, como había sido cuando era mortal.
Y todas las noches, rozaba con suavidad la moneda oculta en su pecho, tratando de percibir aquella presencia, viva aunque débil, deseando con todas sus fuerzas que fuera más fuerte, que se estuviera recuperando. Pero el lazo continuaba débil, de modo que Arístides, Adonai, su Arcángel, debía seguir en letargo... Explorando la moneda como hiciera la primera vez, en busca de recuerdos, una noche en que se esforzó especialmente buscando en ella, descubrió que había ligeras impresiones de lugares, de situaciones. Costaba mucho encntrarlas, y se dio cuenta que se debía a una mera casualidad, pero cuando miraba Roma, pensó en como sería verla arder cuando Nerón le prendió fuego, y por unos momentos tuvo la impresion de ver a través de los ojos de alguien aquel incendio. Fue algo fugaz, pero algo similar sucedió en otra ocasión un par de meses después: cuando examinaba las pirámides, tuvo la sensación de ver a través de unos ojos que subían por una de ellas. Movida por la curiosidad, buscó entonces Constantinopla y el rostro de Miguel, patriarca de los Toreador y amante de Arístides, pero tal vez por estar demasiado oculto o por no saber buscar, no encontró nada de él. No estaba segura de qué desencadenaba aquel tipo de visiones, pero en cualquier caso, no consiguió repetir aquella mirada a través de "sus ojos". Porque estaba segura de que se trataba de cosas que él, Arístides, había vivido en aquellos milenios que había caminado sobre la Tierra.

Las noches pasaron, invocando a María, explorando la moneda, recuperando la destreza de sus manos en la escultura y preparando los vestidos más espectaculares que pudo imaginar, y que la convertirían en la envidia de cualquier corte Toreador. Pero María no apareció.
Sabía que debía admitir que estaba muerta, que María no desoiría jamás una llamada de Michelle, pero se negó a creerlo, persistió en aquella intuición que le decía que debía estar viva, viva en algún lugar... Alguien debía saber qué había sido de ella, a donde había ido... Y recordó Malta.
Allí, si no se había marchado, residía Simón, el sire de María, un cainita con el que la Reina de Florencia tenía una turbulenta relación. Y Michelle había desaparecido allí, era posible que buscándola, María hubiera acudido a su Sire, y él podría decirle a Michelle donde encontrarla.
Flotó entonces sobre el mar, y fue un viaje largo, sobre el espejo del agua, hasta que la pequeña isla se perfiló en el horizonte y se acercó a ella.
No había ni rastro de Gata, ni rastro de Malkav, cosa que no le sorprendió puesto que Malkav, y posiblemente Gata, la habían utilizado para salir de aquella prisión de agua... Solo quedaba la isla en que Michelle desapareció, su ciudad...
Recordó las instrucciones que María le diera para encontrar a su Sire, los acantilados, el caserón, y flotó hasta allí.

El edificio era una casa solariega grande y rústica, de paredes encaladas, con un pequeño establo adyacente y aspecto solitario. A sus pies, las olas rompían contra los acantilados con un sonido atronador, llenandolo todo de chispas de agua y olor a sal. Buscó entre las rocas, suspendida en el aire como estaba, pasó horas indagando, recorriendo cada hendidura, hasta que al final de una profunda y oscura galería, encontró lo que buscaba: libros.
María la había llamado La Biblioteca de lo Olvidado, y decía de ella que era que mucho de lo que fue salvado en secreto de la Biblioteca de Alejandría se hallaba en las cuevas ocultas bajo las rocas de la isla de Malta. Simón, su sire, custodiaba galerías inmensas con el saber de la antigüedad, y tenía secretos de los días antiguos, crónicas que los más viejos creían que el mundo había olvidado. Muy pocos sabían de la gran biblioteca.
Flotó entre las rocas, recubiertas de una sustancia que parecía brillar en la oscuridad. El ambiente estaba cargado de humedad y olor a salitre, pero también al cuero de las encuadernaciones, a pergamino y a papiro, y recorrió las galerías de muros cubiertos de libros, reprimiendo el impulso de detenerse a contemplar sus títulos, hasta que al final de una de las galerías encontró una sala un poco más amplia, sumergida en tinieblas, y en ella, entre los libros, dos figuras leyendo en la oscuridad.
Una de las figuras era la de un hombre de aspecto anciano.
La otra, María Sforza.

Se acercó a ellos y contempló con alivio a su amante, hermosa y solemne como una escultura, con la mirada perdida en un pergamino desplegado sobre el regazo, los labios entreabiertos, los rizos negros recogidos sobre la nuca y el cuello de alabastro, como si de la musa Safo se tratara... Sana y salva... ¿Por qué no había acudido a su llamada? ¿Acaso no la había oído?
Se deslizó a su lado y habló en su mente con el tono suave e íntimo que usan entre ellos los amantes.

"Mi vida..."

La mirada de María se empañó de pronto y pareció confusa y triste, como si tratara de alejar de su mente un delirio, pero incluso en aquella débil convicción, su mente quiso aferrarse a aquella esperanza vana, y su voz, como un murmullo, preguntó sin emitir un sonido.

"¿Michelle?"

Michelle sonrió, llena de ternura. Pese a la devoción que pudiera sentir por Arístides, el amor que sentía por María era real, de carne, sangre y décadas... María era real...

"Te llamé, mi amor, te busqué en Florencia y ya no estabas allí"

Y cada palabra que hablaba en su mente era una caricia y un beso, una mirada cargada de significados, el recuerdo del contacto de su piel.

"Eras... ¿Eras tú?"


Una lágrima de sangre rodó por su mejilla de piedra blanca. Con disimulo, María se pudo en pie y dejó el volumen que leía en su soporte y caminó en la penumbra hasta una sala más alejada, fingiéndo buscar otros libros.
Con suavidad, Michelle depositó en su mente el recuerdo de aquel primer encuentro en el balcón, en el que María le había regalado un latido de su corazón muerto...

"Michelle... te creí perdida..."
susurró María.

"Y yo me creí muerta, mi vida. Pero he vuelto"

"Y yo pronto he de volver a tu lado, mi amor..."
y tomó María de un estante un libro y lo abrió. Estaba hueco, y al abrigo de sus páginas había un cuchillo de filo negro en su interior, que parecía forjado con la misma oscuridad, una oscuridad densa que parecía oscurecer todo a su alrededor "Antes, debo hacer algo"

Con paso sigiloso pero veloz y seguro en aquellas galerías de fantasmagórico resplandor, regresó a la sala donde permanecía Simón de Malta, y en silencio se acercó a él por la espalda, deslizando el filo negro del cuchillo por su garganta antes de que Michelle pudiera siquiera reaccionar.
_ Ahora ya no te necesito, hijo de puta.- siseó María mientras el cuerpo de su sire se derrumbaba desmadejado en el suelo de piedra, y su voz estaba cargada de rabia, de ira, de rencor...

"¿Por qué, María?"
preguntó Michelle, sin comprender.

_ Por aprovecharse de mí, ya no le necesito y ya ha pagado el precio.- respondió la que había sido Reina de Florencia, y lo hizo en voz alta, haciendo que sus palabras rebotaran en las galerías cobrando mil matices diferentes, como reafirmándose en lo que había hecho...

"Y este lugar? ¿Quedará sin custodio?"

_ No. Nopuedo volver a Italia.- respondió ella. Y Michelle de dio cuenta de pronto de que María parecía mucho más relajada, mucho más tranquila desde que había matado a su sire.- Gracias - dijo entonces- Sólo tu amor me ha permitido reunir el coraje y romper el maldito vínculo de sangre que me impuso.

Michelle contempló con desprecio el cadáver en el suelo que comenzaba a convertirse en ceniza. Él había impedido que María respondiera a su llamada, pérfido anciano... Luego, rodeó con sus brazos de sueños el cuerpo de María y la acunó como había hecho tantas veces, acariciando su cabello.

"Mi niña" susurraba en su oído "¿Por quñe no puedes regresar a Italia?"

_ Porque los lasombra me prometieron darme muerte si regresaba allí. No me perdonan que fuese neural en su guerra civil.

"Y así la arpía de tu chiquilla prospera en nuestra ciudad..."

_ Sí, tenía talento. Demasiado quizás ¿No crees?- replicó María con un leve empaño de amargura en su voz.

"¿Quién le enseñó a pintarrajear las ventanas de tu casa?"

_ Theresa Kymena, si por pintarrajear te refieres a instalar protecciones mágicas en la casa. Me lo dijo al despertar yo del letargo.

Michelle abrió mucho los ojos. Aquella perra tremere ¿qué hacía en Florencia?

"¿Theresa?"

_ Italia es territorio fuera del alcance de la Camarilla. A esa tremere la persiguen los de su propio clan. Italia era un buen lugar donde instalarse. Ana le dio su protección unos años, y a cambio, le enseñó algunos trucos y protegió la casa. De hecho, al despertar la eché. Fue casi lo único que pude hacer. Sé cuánto la odiabas. La habría hecho matar, pero Ana me rogó que no lo hiciera. Y al fin y al cabo... Ya me conoces, siempre he sido una sentimental...

Michelle sonrió con tristeza al recordar lo que le había contado su chiquillo, cuando María la había ido a buscar a Venecia.

_ Luego regresé a Malta, a buscar tu rastro...- continuó María- Y mi sire me encontró. Cómo me vinculó... No estoy segura. Creo que adulteró mi rebaño con su sangre. He sido su esclava de sangre desde entonces. Aún lo sería de no ser por ti.

Con gesto suave, la ilusión que era Michelle le acarició el rostro con suavidad.
"Cómo lo lamento, mi amor..."

María negó con la cabeza.
_ Ya no importa. La Biblioteca de lo Olvidado es nuestra, mi amor. Y aquí está condensado el conocimiento de los Toreador. Y te vuelvo a tener en mi vida... Con eso me basta.

Michelle sonrió.
"¿Acudirás a Thorns?"

_ ¿Debería? El mundo ha olvidado a María Sforza, puedo crear algún peón para que sea mis ojos allí y mi voz si lo necesito.

"También han olvidado a Michelle de Mauvernay, pero haré que recuerden"

_ Lo sé.- respondió María con una sonrisa melancólica- Siempre has brillado como las estrellas. Es ese fuego tuyo lo que me gusta de tí ¿Recuerdas? Como en la última cena...

Michelle rompió a reir con carcajadas que eran campanas y cascabeles. No pudo evitarlo. Solo pensar en aquella noche, en la orgía de sangre, el requiem, la cruz... María rió con ella. Sí, había sido una magnífica noche... Se sentó entonces María en la butaca y su alma, dibujada en plata, flotó sobre el cuerpo y hasta Michelle, y acarició su rostro con suavidad.

"Tenía tantas ganas de sentirte cerca de mí..."

El resto de la noche fue un recuerdo y una reafirmación de las noches de antaño, perdidas la una en la otra, más allá del deseo de la carne y de la sangre, en aquel plano en que incluso los cuerpos estorbaban, donde podían acariciar el alma directamente, y fundirse hasta ser solo una, y como hacía tanto tiempo, Michelle se abandonó a su abrazo y se dejó mecer.
En un momento en que ambas, como dos criaturas de luz resplandeciente en medio de la oscuridad, permanecían abrazadas, María alzó el rostro y la miró a los ojos con aquella ternura y amor infinitos.

"Puedo notarlo... ¿Qué es eso que te entristece el alma? ¿Qué es este pesar que siento en tí?"


La mirada de zafiro de Michelle se empañó.
"Causé mucho dolor queriendo regalar felicidad. Fallé a quien confiaba en mí... Y casi le costó la vida..."
Un sollozo sacudió su alma y María con una bondad sin limites, la refugió en sus brazos y acarició su cabello, y la consoló con su abrazo cuando Michelle se abandonó al llanto por primera vez.

"Sigues jugando a la mujer misteriosa" murmuró María, y no había en su voz más que amor incondicional. No dijo más, cerró los ojos y se fundió en su abrazo.

Después de horas que parecieron apenas un segundo, María se separó de ella y sus ojos brillaban.
"Se acerca el amanecer, será mejor que regresemos" dijo.

"Me reuniré contigo después de Thorns. Hasta entonces no quiero que nadie sepa que Michelle de Mauvernay ha vuelto"


"Ni que María Sforza está viva y es libre. Que el mundo crea que Malta está maldita, el sitio donde Michelle y María desaparecieron del mundo"


"Mil veces buenos días, mi vida"
susurró Michelle alejándose por la galería.

"Nunca un amanecer me habrá sido tan grato, mi amor" y María regresó a su cuerpo mientras el alma de Michelle regresaba por los aires, surcando el mar, a la bella Venecia.

Desde aquella noche, Michelle sintió que nuevas fuerzas la invadían, feliz al haber reencontrado a María y emocionada ante la perspectiva de poder leer todos aquellos libros secretos que ocultaba la Biblioteca... Tal vez por aquello se decidió a plasmar en piedra, como mejor sabía, aquel recuerdo de su alma que tanto daño le hacía.
Encargó el bloque de alabastro más grande que pudo encontrar, y cincel en mano, entregada por completo a la escultura, transmitió a la piedra el rostro del arcángel, las lágrimas en sus ojos, su expresión de absoluto desconcierto y felicidad... Se acabaron los ángeles desesperados y tristes clamando al cielo, no. Su arcángel tendría la mirada perdida, fija en la nada, y su hermoso rostro parecería absorto en la contemplación de la Belleza Suprema, encarnada en la moneda que aquella joven que discreta y oscura, que parecía desvalida ante la magnificencia de aquellas alas de luz sostenía en su mano...
Y en cuanto hubo terminado su obra, supo que nunca jamás había esculpido nada tan hermoso. Más allá de cualquier obra o corriente se hallaba aquella figura, tan real como si con toda su belleza y resplandor el arcángel acabara de descender de los cielos para tocar con su gracia a aquella joven que le miraba con infinita compasión... La Anunciación, lo llamarían, y nadie sabría qué habría detrás de aquellos ojos que parecían haber visto síglos, aquellas plumas que podrían haber sido de algodón y seda, el perfil griego y la lágrima solitaria que rodaba por su mejilla, la perfección de sus cabellos, la realidad de sus ropas, el movimiento de sus músculos...
No, no había palabras para ensalzar aquella obra de manera justa. Ni tan siquiera Pietro y Caterina fueron capaces de hablar cuando penetraron en el taller y Michelle les mostró su obra.
Permanecieron clavados en el suelo, los labios entreabiertos, los ojos brillantes fijos en la piedra, durante horas, sumergidos en aquel trance que era la maldición y bendición de su estirpe... No había un solo fallo, nada mejorable, nada descuidado, hasta el más ínfimo tirabuzón en el cabello, pliegue en la ropa o arruga en la piel, o hoja del suelo... Cada gesto, cada detalle era sencillamente perfecto.
Y Michelle contempló su obra y la llamó La Última Noche, y lloró sin sentirse desgraciada, sabiendo que había hecho justicia a la hermosura de aquel momento antes del desastre.

Habiendo descubierto que aquel Don suyo tan codiciado seguía allí, Michelle decidió que había llegado el momento, antes de Thorns, de tratar de desarrollarlo, de sacarle el máximo partido, de modo que se excusó ante su chiquillo y Caterina, y partió en un carruaje hacia la casa del Livorno, con la excusa de querer pasar algunos días en el campo y querer recibir allí a una vieja amiga. Pero no fue Michelle quien cruzó las puertas de la casa solariega, sino la oscura y solemne Loni, de cabellos de oro ceniciento y ojos de esmeralda.
Y fue Loni quien, ya aposentada en la casa, invocó con su poder a la mujer que le había dado la vida para que se reuniera con ella en aquella muerte, y apena dos noches después, el servicio llamó a la puerta de Loni para comunicarle que al fin había llegado una mujer que correspondía a la descripción que ella había dado.

Marianne esperaba en la puerta cuando Loni bajó a la entrada.
_ Buenas noches, hija mía.- dijo la mujer, retirando la capucha que le cubría el rostro.
_ Marianne...- respondió Loni con una leve inclinación de cabeza- Ha pasado mucho tiempo.
Loni la contempló un momento: tenía los ojos que recordaba, y aquel rostro tan parecido al suyo que había visto en Florencia y Mónaco. Era atractiva sin ser deslumbrante y como la recordaba. No, no la recordaba en realidad, sus recuerdos se amoldaban a la imagen de la mujer que tenía delante pero ¿cuanto de ella quedaría realmente en lo que ahora era? Como ella misma... Cuan lejos quedaba la campesina de Béziers...
_ ¿No me harás entrar?- inquirió Marianne con suavidad, sacándola de su ensimismamiento- Es una noche fría y llevo dos noches en el camino.
Loni asintió, lamentando haber olvidado su labor de anfitriona ¿Acaso solo Michelle sabía de esas cosas?
_ Perdona mis modales, por favor, entra. ¿Deseas darte un baño caliente? ¿Ropas limpias?
Marianne negó con la cabeza, y Loni no pudo dejar de reparar en la calma que emanaba de todos sus movimientos.
_ Sólo un poco de asiento para unas piernas cansadas.

Un sirviente le retiró la capa y Loni la condujo hasta el salón, donde tomaron asiento en unas cómodas butacas. Al poco entró la doncella con un tazón de cerámica que contenía la infusión que había visto tomar a Marianne en Mónaco. La mujer tomó el tazón con una sonrisa amable para la sirvienta y se volvió hacia Loni.
_ Gracias, hija. Dime ¿Cómo te ha ido últimamente?- dijo- ¿Cómo está él?
Aquello sorprendió a Michelle, que no pudo evitar entrecerrar los ojos, recelosa.
_ ¿Él?
_ Te vieron con Adonai antes de que chocase con Kupala en Transilvania.
Loni hizo memoria, solo había tres personas que la hubieran visto con Arístides: el propio Tzimisce y los dos sirvientes que llevaban el carro, y aquellos ya estaban muertos. Sin embargo, aquel tzimisce en Bistritz, aquel extraño poder... Él reconoció a Arístides cuando era Grigor, y también a Loni cuando era Ada ¿Acaso aquel hombre conocía a Marianne? ¿Alguien más les había visto? Y en aquel caso ¿Era Adonai para ellos un enemigo?
_ Tú... ¿Le conoces?- se atrevió a preguntar. No quería fallarle, no ahora que estaba tan débil. No, ni ahora ni nunca. Nunca más.
Marianne la miró a los ojos.
_ No personalmente, pero algunos de mis amigos sí le conocen. Aunque si no quieres hablar de él, lo entenderé y no te presionaré a que lo hagas. Al fi y al cabo, es a mí a quién querías ver, y aquí estoy.
Loni decidió que no valía la pena andarse con rodeos, puesto que ella había sido tan directa al preguntar por Arístides. Se reclinó en el asiento y apoyó los brazos en los costados de su butaca, como si fuera un trono.
_ Quería hablarte, saber más de este Don, de Ella...
Marianne asintió.
_ El don... Sí. Ella fue la primera en tenerlo. Pero me temo que poco puedo contarte yo del don. Es un viaje de un solo sentido. Si quieres saber más de tu don, deberás venir conmigo. Lo sabes.
Aquello podía querer decir muchas cosas.
_ Pero ¿Deberé dejar todo atrás? ¿Olvidarme del mundo?
Una sonrisa amable se dibujó en el rostro de Marianne.
_ Por supuesto que no, pero... puede que tu visión del mundo cambie para siempre. De hecho, cambiará, eso no lo dudes.
_ ¿De qué manera?
_ De todas las maneras. Es algo que cuesta explicar con palabras.- guardó silencio un momento, esperando a que su hija hablara, pero Loni calibraba en su mente todo lo que había ocurrido y estaba por ocurrir, la biblioteca, Thorns, María... Al no decir nada, Marianne añadió.- Helena de Cicerón también dudó, Loni.- De nuevo, Loni se encontró con la sorpresa dibujada en el rostro sin que nada pudiera hacer para evitarlo. La madre de Pedro, aquella ventrue que quería recuperar a su hijo mortal...- Está con nosotros desde hace más de siglo y medio, y no por ello ha dejado el mundo.
Loni se miró las manos como si en ellas pudiera encontrar la respuesta que buscaba.
_ Yo... quiero ir, pero... hay cosas que no puedo dejar... Debo estar de vuelta...
Marianne la interrumpió con suavidad.
_ Tendremos a gente en Thorns, puedes estar tranquila. Además,, esta vez ha venido alguien conmigo. Un viejo amigo. Está fuera.

Loni sintió una extraña sensación, como si ya supiera quien estaba fuera, y sintió un vértigo aterrador. Ambas se pusieron en pie y salieron al exterior. Fuera todo era silencio, la luna era llena y bañaba todo en plata, y parecía desierto. Entonces, de entre los árboles del jardín surgió una figura.
Loni quedó clavada en el suelo, al verle.
_ Por Dios...
A su lado, Marianne permanecía inmóvil.
_ Dios no tuvo nada que ver con su regreso, créeme.

Frente a ellas, Pedro sonreía.

18 dic 2005

Sesión Quincuagésimo Segunda: Retornos

El rostro le ardía porlas ramas que le arañaban la piel pero solo podía pensar en el tremendo alarido, en el rugido que la envolvió... Hubiera corrido durante días para alejarse de aquel lugar de no ser porque sus sentidos le gritaron que el sol amenazaba con salir por el este, sobre las montañas, de modo que, ida como iba, cavó un agujero como había visto a Vykos hacerlo, y se enterró
en las entrañas de aquel bosque, sintiéndo la tierra palpitar a su alrededor, suave, acogedora. Se refugió en su abrazo y trató de escuchar qué ocurría fuera, pero el sol había despertado ya a los animales del bosque y nada oyó salvo sus cantos.
Durmió sin sueños todo el día, apretando fuerte en una mano la gargantilla y con la otra apoyada sobre el pecho, alli donde había ocultado la moneda. Y en cuanto el sol se puso, abrió los ojos y con las manos apartó la tierra que la cubría para volver al mundo.

Contra todo lo que había esperado en su inconsciencia, el aire parecía limpio, sin rastro del azufre de la noche anterior, y ella se sentía descansada, sosegada... y tranquila, como si la luz del sol hubiera arrastrado todo su miedo y su pena. Ella, que debería haber estado sumida en un tormento infernal, desgarrada por la pena, solo pudo percibir que en su interior todo era calma y paz. Todo a su alrededor parecía más puro, menos lúgubre, pese a haberle parecido siempre Transilvania un lugar sombrío. ¿Había sido aquello la última obra de Arístides? ¿Quitarle su pena, pese a todo? Casi no podía creer que se hubiera marchado para siempre, que no volvería a ver su mirada grave, los rizos castaños, el contacto de su mano. Un velo de tristeza tranquila cubrió su alma, de pena sosegada... Acarició con ternura la moneda bajo su piel, como gesto de agradecimiento y despedida y sintió como le flojeaban las rodillas y un gemido escapaba de sus labios: estaba allí. Era solo un tintineo, una sombra, algo fugaz como el copo de nieve que se deshace en la mano pero que pese a todo deja su estela fŕia. Débil, derrotado... pero vivo.
Inclinó el rostro, dejando que el cabello negro de Ada le cayera a ambos lados, y una lágrima de alivio, solitaria y carmesí, recorrió su mejilla de alabastro para perderse en sus labios.
Estaba vivo.
Con movimientos lentos, volvió a la vida. Si él estaba vivo, no iba a permitirse fallarle otra vez. No, nunca más. Cuando volviera encontraría que había conseguido para él lo que había esperado, y más.
Con gesto suave, sacó su pequeño cuchillo del cinto, rasgó la carne de su muñeca derecha y enterró en ella la gargantilla, dejando que la herida se cerrara con ella en su interior: debía hacerlo, semejante joya sería demasiado llamativa en la pequeña y sucia Ada.
Ahora, debía recuperar a Michelle.
Decidió que como se trataba de un viaje largo y la hermosa Michelle sería demasiado llamativa, y Loni podía encontrarse con algún... conocido, haría el viaje como Ada, y decidiría más adelante cuando cambiar su forma para presentarse ante su pasado.
El viaje a Italia fue extrañamente tranquilo. Al parecer las manadas anarquistas, excitadas con las nuevas posibilidades de la gran Unión, estaban centradas en otras cosas que no eran ni merodear bosques ni acechar en las montañas, y aquello estaba entreteniendo a los demás clanes de la zona, de modo que en apenas dos o tres meses, llegó al norte de Italia.
En un pequeño pueblo, mató a una mujer y le robó un vestido del tamaño de Michelle, y encerrada en el cuarto de una pequeña taberna del camino, extrajo de la muñeca la gargantilla y la deslizó sobre su lengua, con la intención de despertar habiendo dejado atrás el pequeño cuerpo de Ada.
Y así fue.
Abrió los ojos la noche siguiente y sus manos eran ahora blancas y delicadas, de dedos largos y finos, su cadera generosa, también su pecho, y las piernas largas y bien torneadas. Los tirabuzones rojos le caían como una cascada por la espalda y el fascinante rostro de Michelle le devolvió una sonrisa traviesa desde el espejo. El vestido que robara era sencillo y humilde, de paño azul sin adornos y nada apropiado para ella, pero creyó necesario que así fuera, puesto que un aspecto demasiado ostentoso podía despertar sospechas si pretendía fingir que nada recordaba. Consiguió también una capa oscura, pagó con dinero robado en la posada y mató a un bandido que acechaba en el camino para recuperar la sangre que había consumido en la transformación. Comprobó satisfecha que no había olvidado del todo como ser Michelle, y que sus movimientos eran felinos y gráciles, como si aquel cuerpo recordara aún como había sido moverse hacía más de cincuenta años.
Ahora debía pensar cómo pensaba recuperar todo.
Michelle había sido una diva en su época dorada, en la hermosa Florencia: había tenido fama y dinero, contactos e influencias. Con María, Florencia había sido suya, y su nombre y su escuela habían dado fama y oportunidades a niños que habían resultado ser grandes artístas, y jóvenes Toreador en las cortes de Europa... Pero ahora María dormía el letargo, y el mundo habría olvidado a Michelle de Mauvernay, aquella mujer que era tan solo un hermoso adorno y un nombre.
Decidió entonces comenzar por quien seguro la recordaba.

Era otoño de 1492 cuando cuando un gondolieri te ayuda a surcar el agua que separa Venecia de tierra firme, y recuerdos nostálgicos asaltaron su mente. La ciudad había crecido desde que la viera por última vez, un siglo atrás. Cuanto había añorado la Ciudad de los Puentes y su magnífico carnaval, y los tiempos felices que había vivido allí... La góndola la dejó en la plaza de San Marcos, muy cerca de su antigua morada. Se demoró en las calles, cubierto el rostro con la capa, contemplando las hermosas fachadas, el Renacimiento que había decorado calles, plazas y jardines, y cuando estuvo embargada de belleza, se dirigió al fin a la gran casa.
Al llegar a la puerta, Michelle comprobó satisfecha que estaba bien cuidada y que incluso había sido ligeramente remodelada para adecuarla al estilo actual. Llamó al aldabón con firmeza y en pocos segundos un mayordomo abrió la puerta. En cuanto asomó la cabeza, Michelle buscó en su mente en busca de Pietro, su querido Pietro, su solemne chiquillo de rojos cabellos, y allí estaba, no con aquel nombre, pero allí estaba.
El mayordomo la miró de arriba a abajo y trató de distinguir su rostro entre las sombras de la capucha, sin resultado.
_ ¿Qué os trae a estas horas a esta casa, signora?- preguntó con cortesía.
Michelle sonrió, aunque sabía que él no podía verla.
_ Quisiera ver al signore Antonio.- dijo, pues era aquel el nombre por el que Pietro se hacía conocer en aquellos años.
El hombre asintió y abrió más la puerta, ofreciéndole paso.
_ El Signore Antonio... Le avisaré, Signora.-dijo- Mientras tanto, si queréis pasar al vestíbulo, al menos no pasaréis tanto frío. El otoño está siendo frío aquí.
_ Frío, sí, pero siempre fue grato en Venecia- respondió ella con una sonrisa- Os lo agradezco.
Agradeciendo con una leve inclinación de cabeza, Michelle entró en la que había sido su casa durante tantos años. Recordaba cada minuto pasado allí, cada detalle de sus rincones, de sus secretos... Retiró la capucha del rostro y el mayordomo le ayudó a quitarse la capa con diligencia, para desaparecer después por las escaleras que subían a las estancias donde se alojaba Pietro. Michelle tomó asiento en uno de los cómodos butacones y cruzó las delicadas manos sobre el regazo, y la mirada perdida, recordando los momentos maravillosos, las fiestas en aquel mismo salón.
Absorta estaba en sus pensamientos cuando percibió una presencia a su alrededor y sonrió fugazmente: parecía que Pietro repetía sus costumbres. Estaba allí, flotándo a escasos metros de ella, con un enorme gesto de sorpresa al verla, y creyéndo que ella no podía verle. Michelle decidió no mirarle y dejarle creer que era observada sin saberlo, y algunos minutos más tarde, Pietro descendió las escaleras de mármol que comunicaban con la primera planta.
Llevaba los rizos de cobre peinados detrás de las orejas y la límpida mirada tal y como la recordaba. Hermoso y joven, por siempre. Vestía impecablemente y con un gusto irrefutable y Michelle se puso en pie al verle llegar, regalando su primera deslumbrante desde que volviera a ser Michelle.
_ Sire...- dijo cuando llegó hasta ella, con voz entrecortada. En su rostro había asombro, y Michelle se dio cuenta de que fingía bien, como si no la hubiera visto realmente hacía escasos minutos y aquella fuera de veras la primera vez que se veían después de tantos años. ¿Y qué importaba?
_ Mi querido Pietro, es un placer verte de nuevo.- dijo al fin, pero él la contemplaba como si realmente no pudiera creer que la tuviese delante.
_ Estáis... viva...- consiguió decir al fin, entrecortadamente. Pese a todo, estaba realmente sorprendido. Michelle se miró las manos y sonrió gentilmente.
_ Oh, sí. Eso parece.
Pietro tardó un instante en reaccionar. La miraba con los ojos muy abiertos, y poco a poco en sus labios se dibujó una sonrisa sincera que se transformó en risa al tiempo que en un gesto de pura adoración, caía de rodillas gentilmente y en su rostro se deslizaba una lágrima de sangre.
Oh, sí, él la recordaba y sintió ganas de abrazarle. Había echado tanto de menos aquello.
Se acercó a él con pasos lentos y felinos, y deslizó la mano grácil bajo su mentón, alzándolo con una sonrisa maternal.
_ Aún veo en tí al niño que fuiste.- dijo- Levántate, eres el señor de esta casa.
Pietro asintió y se puso en pie lentamente, sonriendo.
_ Y tú su legítima señora.- respondió, y sacó de su bolsillo un pañuelo para secarse las lágrimas en un gesto de perfecto caballero. Y Michelle comprobó que el aura que le envolvía era sincera, que realmente se alegraba de verla.- Pero ¿Cómo...?- continuó Pietro- Lo último que supe... hace tanto...- de pronto pareció recordar sus modales y se mordió el labio con suavidad.- Pero sentaos, por favor.- dio dos palmas y Michelle rió alegremente.- ¡Servicio! Que venga Caterina
Michelle tomó asiento en la que había sido su butaca favorita y sonrió.
_ Veo que las cosas van bien por aquí.- dijo con suavidad- ¿Qué tal va la Escuela?
_ Oh, excelente...-respondió él complacido- Han salido tantas mentes brillantes de ella...

Entró entonces en la sala una mujer de lacia melena oscura, hermosa y joven. Vestía elegantemente y se movía con estilo. Pietro se volvió hacia ella.
_ Caterina, siéntate.- le invitó, y Michelle no pudo evitar sonreir al darse cuenta de que aquella mujer era su progenie. Chiquilla de Pietro...
La mujer se sentó junto a su sire y la observó un instante, estudiandola.
_ Mmmmm ¿Michelle... de Mauvernay?- dijo al fin. La había reconocido sin necesidad de decir nada y Michelle cada vez se sentía más complacida. Luego Caterina se volvió hacia Pietro.- ¿De veras es tu sire, Pietro? - inquirió soprendida positivamente.
Michelle sonrió.
_ Disculpad mi aspecto, pero he pasado largo tiempo de viaje y estoy hecha un desastre. ¿Vos sois?- y dirigió a Pietro una sonrisa traviesa y divertida, como la madre que descubre que su hijo se ha comprometido al fin y conoce a su nuera... O a su nieta.
Pietro asintió.
_ Mi chiquilla....- respondió- Y actualmente, signora de la Academia. Fue la más brillante de todas. Ahora, es ella quien... Les cuenta historias a los niños
Michelle junto las manos y sonrió, deleitada con lo que oía.
_ ¡Oh! Es un placer conocerte entonces, Caterina.- dijo inclinandose levemente en una reverencia- Pietro me ha dicho que la Escuela propera.
Caterina se puso en pie y saludó como una auténtica dama, con exquisita educación, y Michelle decidió que la utilizaría para recordar los modales que había olvidado en aquellos últimos años.
_ Es un placer y un honor, Signora.- dijo con elegancia- Y Pietro no mintió, la Academia prospera. Y aunque hay imitaciones por los lasombra en toda Italia, las academias de Venecia y de Florencia son las que llevan vuestra sangre y genio. Y no nos hacen...- sonrió-... sombra.
Michelle se permitió reir con aquella risa joven y cascabelera que la caracterizaba.
_ Me alegra oir eso, Caterina, estoy segura de que estás haciendo un gran trabajo.- se volvió hacia su chiquillo- Ahora... Pietro, querido, no quisiera ser descortés en tu casa pero... ¿crees que tus sirvientes podrían prepararme un baño?- y añadió con una sombra de timidez- ¿Y algo de ropa... decente?
Pietro asintió y Caterina se puso en pie.
_ Permitidme encargarme de todo, Signora.- y desapareció por una pequeña puerta lateral, dejando a Michelle a solas con su chiquillo. Cuando sus pasos dejaron de resonar en el mármol del suelo, Pietro miraba a Michelle, ya más calmado..
_ ¿Qué sucedió, sire?- preguntó, y parecía preocupado.
Michelle negó con la cabeza con gravedad.
_ Asuntos oscuros que ni puedo ni quiero recordar, querido. Partí hace años hacia Malta, como bien sabes.- Pietro asintió- Y desperté lejos, muy lejos.
_ Cuando desaparecisteis, María Sforza... vino aquí.- Michelle abrió mucho los ojos.- Estaba desconsolada. Os buscó desesperadamente.
_ Ah, María, mi María...- susurró Michelle- ¿Cómo está? ¿Qué es de ella?
_ Estuvo años en letargo, pero oí que despertó hace dos o tres años. Sé que creó una chiquilla incluso, tratando de usarla para reemplazaros, estaba hundida.
Michelle recordó la risa de María y se dio cuenta de que le resultaba casi imposible imaginarla desesperada, ella que siempreh había sido tan fuerte...
_ ¿Y Florencia? ¿Sigue siendo su principado?
_ Su heredera flaqueó varias veces.Pero contra todo pronóstico, mantuvo el poder de su sire.- Michelle suspiró aliviada.- Ahora que ha despertado María, parece que no ha retomado su principado, sino que lo ha dejado en manos de su chiquilla, y se ha ido.
Michelle no podía creer aquello. Abrió mucho los ojos.
_ ¿Qué? ¿Dónde?
Pietro se encogió de hombros.
_ No lo sé. Esto es un rumor del que no he tenido confirmación. Por lo que sé, podría ser un rumor difundido por su chiquilla para quedarse con Florencia. Como he dicho, no estoy seguro que María Sforza siga en letargo.
Michelle dejó de insistir al darse cuenta de que si quería averiguar algo más, debería hacerlo por sí misma.
_ ¿Qué sabes de tus hermanos, Pietro?- preguntó entonces, al recordar a Lucio y a Ángelo, en la lejana Iberia.
_ Regresaron al desaparecer vos.
_ ¿Y tu hermana Alba? ¿Sigue con ñla escuela de Florencia?
Pietro asintió.
_ Estuvo educando a Caterina. Cuando la convertí, fue ella quien le enseñó las bases para ser una dama de la noche.

Suspiró Michelle y se recostó contra el respaldo de su butaca.
_ Cuantos años lejos... ¿Recuerda el mundo quien es Michelle de Mauvernay?
Pietro se revolvió levemente, inquieto, en su asiento.
_ No os negaré que el mundo os ha dejado... atrás. Se os considera importante, pero también se os consideraba muerta, tal y como desaparecisteis.
Una sirvienta bajó las escaleras.
_ El baño está perparado, Signora.
Michelle asintió y se puso enpie.
_ Continuaremos después, querido. Ahora me muero por quitarme de encima el polvo del camino y vestirme como corresponde.- se inclinó sobre él y le besó suavemente en la mejilla, beso que él acunó.- Gracias por recibirme.
Y siguió a la sirvienta, que la condujo hasta el bello baño que tanto tiempo atrás fue suyo. Caterina estaba en la puerta y asintió al ver a la sirvienta.
_ Espero que disfrutéis, signora.
Michelle sonrió.
_ Oh, seguro que sí. Solo Dios sabe el tiempo que llevo sin darme un buen baño.
Caterina la dejó a solas con la sirvienta, que la ayudó a desvestirse y procedió a bañarla mientras Michelle aprovechaba el momento para flotar por encima de su cuerpo y descubrir qué estaba ocurriendo realmente en el mundo.
Entró primero en la mente de Caterina, que estaba encantada. Aún era joven y se maravillaba con facilidad, pero aunque era impresionable, no era estúpida.
Pietro, por su parte, estaba preocupado. Quería saber que había ocurrido y por qué había regresadoo, y sobre todo se preguntaba si la mujer que había en la bañera seguía siendo la misma que le Abrazó o si el tiempo la había cambiado. Pudo ver que la guerra lasombra le había endurecido,y que ya había sido traicionado antes por amigos lasombra. En el fondo quería creer que todo era como antes, y deseaba creer que realmente Michelle fuera lo que había sido. Y leyó miedo en él: miedo a que quisiera quitarle el puesto a Caterina, recuperando sus antiguas tareas.
Quiso también visitar Florencia, pero tanto tiempo en la bañera sería sospechoso, de modo que dejó que la sirvienta la secara y le arreglara el pelo, y Michelle se dejó acicalar, complacida, dandose cuenta que aquello nunca había dejado de gustarle, tan distinto del barro y los bosques anarquistas de Ada.
Cuando estuvo seca y peinada, y vestida con una camisa de tocador, la sirvienta avisó a Caterina, que la esperaba en la sala de al lado, el antiguo dormitorio de Michelle.
_ Este vestido ha salido de la Academia - dijo, sosteniendo un increíble vestido de verdes esmeraldas con negros y oros al verla entrar.- Su autora se llama Olivia, y es nuestra mejor confeccionista en treinta años. Aunque es de mi medida, creo que os lo podré ajustar sin problemas.
Michelle sonrió con deleite y se dejó vestir.
_ ¿Querréis visitar la Academia y conocer a sus alumnos, signora?- inquirió Caterina mientras le ayudaba a ponerse el vestido. Realmente, el vestido le quedaba perfecto, salvo algunos detalles nimios.
_ Por supuesto, querida.- asintió Michelle, que se contempló complacida en el espejo. Ahora era realmente Michelle de Mauvernay, hermosa entre hermosas.- Esto es otra cosa.- sonrió- ¿Regresamos con Pietro?
Caterina asintió y descendieron.

Pietro esperaba en el balcón sobre el canal, mirando la ciudad de noche, embelesado con su belleza en medio de un trance.
_ Nunca me cansaré de admirar Venecia...- musitó al oirlas llegar. Michelle se acercó a él con una sonrisa nostálgica.
_ Por eso la elegí, por eso te la regalé. Dime, Pietro.-puso una mano sobre la suya, en la balaustrada- Hace mucho que no veo Venecia ¿Me harías el honor de ser mi guía esta noche, querido?
Pietro asintió y Caterina comprendía que quería estar a solas con su chiquillo y salía a preparar un gondolieri. Y cuando Pietro le ofreció el brazo, Michelle deslizó su mano blanca y caminaron juntos hasta el canal.
Minutos después surcaban la ciudad en una góndola, cerca como amantes, parecidos como hermanos...
Pietro permanecía muy callado. No estaba inquieto, pero no parecía muy seguro de qué esperaba Michelle de él.
Ella decidió que era el momento de descargarle de algunas desus preocupaciones.
_ Dime, Pietro.- dijo en voz suave y algo triste, mirandole a los ojos- ¿Te alegras de verme? ¿De que haya vuelto?
Pietro asintió, sorprendido, pero ahora sí, con una sombra de inquietud ¿tanto se notaba su preocupación?
_ Claro que sí- respondió- Es sólo que es inesperado, y que...- dejó la frase a mitad, suspiró, y le devolvió aquella mirada grave y solemne que Michelle recordaba tan bien.- Seré sincero, sire. Siempre lo fui con vos.- Michelle asintió- Hemos trabajado duro estos años. Ahora que habeis vuelto, ¿cómo encajaros? ¿Cómo, cuando hemos llenado casi todo el vacío que quedó tras de vos?
Michelle frunció el ceño suavemente.
_ ¿Eso es lo que te preocupa, Pietro? ¿Que os arrebate lo que tanto esfuerzo os ha costado?
Pietro negó primero con la cabeza.
_ No... no quería decir eso.- pero luego miró al suelo- Pero en parte, es como lo habéis dicho. Supongo que es miedo al cambio, en el fondo. Pero si estais de vuelta, ese cambio seguro que será a mejor -añadió, sonriendo con nostalgia.
Pero Michelle no sonreía, su mirada era grave.
_ Te ofrecí la Escuela de Venecia hace mucho tiempo, Pietro. Porque confiaba en tí, en tu criterio, porque te quise desde que te recogí en Catania siendo solo un niño. La Escuela de Venecia es tuya. Tuya. Lo fue desde el momento en que pusiste un pie en ella como mi progenie. Y lo seguirá siendo.
Pietro asintió y suspiró, agradecido y aliviado.
_ Gracias... ¿Y vos? ¿Qué hareis vos?
_ Oh, debo encontrar la manera de que Michelle de Mauvernay, antigua diva de Florencia, vuelva a l mundo.
_ Ha pasado mucho tiempo. Supongo que querréis encontrar a María ¿No?
Michelle asintió.
_ Sí, quiero asegurarme de si esos rumores son solo eso. Quiero esculpir, quiero volver a la luz. La escuela cumple su función, tu hermana y tú lo estáis haciendo magnificamente, no me necesita. Quiero recuperar mis esculturas, he pasado demasiado tiempo alejada del Arte.
_ Florencia es peligrosa- dijo entonces Pietro- La nobleza juega a juegos peligrosos. Los Borgia, Los Medici... ¡Ah! Sí, los Medici fueron liberados. Cuando desaparecisteis, reaparecieron al cabo de unos tres años.
Michelle suspiró.
_ Al menos las cosas volvieron a su cauce. Y pensar que me marché para recuperarlos... Háblame, Pietro. Cuentamedel mundo, de los años que me he perdido.
_ La guerra lasombra terminó, los insurrectos vencieron. El clan lasombra ahora es cruel y manda cruelmente. Muchos anarquistas están ahora bajo su mando y protección. Nosotros capeamos el temporal con alianzas y favores, pues les permitimos acceso a sitios que ellos no pueden acceder. De hecho, Caterina lleva doce años trabajando para crear una Academia en el Vaticano y está yempezando a recoger sus frutos.
Michelle sonrió complacida.
_ Magnífica idea.
_ Es la mejor que ha salido de la Academia en treinta años. Creedme, es brillante. Merecía ser eterna.
Asintió Michelle y sonrió de nuevo.
_ Eres un justo heredero de tu sire, Pietro. Haces que me sienta orgullosa de tí.- Pietro sonrió- Bueno, hablame un poco más de la situación en Florencia, querido.
_ La chiquilla de María Sforza es la reina desde que María se retiró del mundo. Ha sido lo suficientemente lista como para lograr que los lasombra y los anarquistas la dejasen en paz, dando concesiones. Y sobretodo, entregando a... Bueno, aquello le dio bastante mala fama ¿Os acordais de un viejo ventrue de Florencia, un Sforza?
_ Andrea.- asintió Michelle.
_ Sí, Andrea Sforza. Lo traicionó, o eso dicen las malas lenguas...- Michelle frunció el ceño. Había apreciado al ventrue.- A cambio, pudo mantener su estatus al liberar a los dos bandos de un implacable enemigo y les dio apoyo de refugios cuando los necesitaron en la segunda mitad de la guerra civil lasombra. Les proporcionaba armas, alimento, y refugio
Indignada, Michelle negó con la cabeza.
_ María no lo habría aprobado. Quería mantener la ciudad ajan al conflicto lasombra.
_ Según dicen, fue por eso que no asumió su puesto de reina de Florencia, porque su chiquilla había destruido "su" Florencia. Y sus antiguos apoyos, sobretodo Andrea y tú, ya no estabais para apuntalar su principado
Michelle sacudía la cabeza, incrédula.
_ María, María... ¿Donde estás, mi amor?
_ Ahí es donde las versiones difieren - señaló Pietro- Unos dicen que María regresó al letargo, y está en un lugar secreto. Hay quien dice que se quedó a ver el amanecer. O que su chiquilla le hizo ver el amanecer.
_ ¡No!-Michelle se puso en pie tan bruscamente que la barca se tambaleó bajo su peso. Pietro le tomó la mano y volvió a sentarse, inquieta, preocupada.
_ Y mis mejores fuentes aseguran que sencillamente, se ha ido. Pero debéis saber una cosa: dada vuestra relación con María, Florencia es un sitio peligroso para Michelle de Mauvernay. En cuanto se sepa de vuestro regreso, creo que la Academia de Florencia estará en peligro.
_ Debo averiguar qué ha ocurrido.
Tenía razón y Michelle lo sabía.
_ ¿Qué propones?
Pietro se encogió de hombros.
_ No lo sé. Italia no es la misma y Michelle es demasiado luminosa para pasar desapercibida. Añorais las fiestas, pero las fiestas son cosa del pasado. Vivimos en la luz de una época en que el Arte renace, pero esta luz ha alargado las sombras.
Michelle asintió.
_ Volvamos a casa entonces, estoy cansada y mañana hay ciertas visitas que tengo que hacer.

Pasó el día y cuando llegó de nuevo la noche, Michelle se despertó en sábanas de seda, entre cortinas de terciopelo, en un amplio lecho con colchón de pluma. No se levantó, sino que cerró los ojos y dejó que su cuerpo sobrevolara la ciudad y el camino hasta Florencia.
La ciudad era un poco más ostentosa y sombría que cuando la dejó, pero la Academia y su casa estaban impecables y Alba estaba espléndida, de hecho aquella noche celebraba una pequeña fiesta con autoridades eclesiásticas de rango bajo para discutir los detalles de la Academia del Vaticano, traspaso de profesorado.... Sus otros chiquillos no estaban allí, pues era demasiado peligroso tener a tantos chiquillos de Michelle en un mismo sitio. Y descubrió un rumor: se decía que Alba había sido creada por necesidad, no por su talento, y por aquello no se la consideraba peligrosa para la nueva reina de Florencia.

Y saliendo de su casa, flotó hasta la casa de María.

9 dic 2005

Sesión Quincuagésimo Primera: Humillación

La congregación de Vykos había creado un verdadero revuelo entre los anarquistas transilvanos. Al parecer, varios grupos anarquistas por toda Europa se habían congregado los últimos meses para tratar el tema de la derrota en frente a los antiguos de la Camarilla, pues era absurdo negar que la Camarilla, militarmente, había vencido. Las manadas anarquistas se habían visto erradicadas en sitios como Alemania, donde el poder Ventrue había sido implacable. En Francia, la alianza entre los Toreador, y ni más ni menos que los Gangrel, había logrado lo mismo, y en el Imperio Austríaco, los Tremere habían sido una fuerza increíblemente eficaz al servicio de la Camarilla. Tan sólo algunos bastiones se habían resistido, y había sido más porque sus fuerzas locales se habían negado a subyugarse a los antiguos de los otros clanes, sobretodo, en Transilvania, los Tzimisce, y en Italia y la Península Ibérica los Lasombra. Ambos clanes habían mostrado un rechazo frontal a los preceptos de unidad de la Camarilla y a su reinterpretación de las Tradiciones.
Líderes lasombra habían comenzado, al parecer, a reunirse con carismáticos señores anarquistas, como la Brujah Tyler, o el propio Vykos, ofreciendo un abanderamiento común para hacer frente a la Camarilla.
Sabedores que sería sólo cuestión de tiempo que los anarquistas volvieran a dar problemas, la Camarilla había contraatacado esta iniciativa desde el terreno político ofreciendo el perdón a todo anarquista que renegase del movimiento anarquista, siempre y cuando no hubiera cometido pecados capitales, siendo esto esencialmente la Diablerie.
Viendo que muchos de sus hermanos de manada habían sido aniquilados, y que la Santa Inquisición cada noche parecía dejar más de lado a los Enmascarados Camarilla y que en cambio parecía que cada vez más sólo los anarquistas, que nunca se habían puesto al día en contra de la Inquisición, cayeran víctimas de las hogueras del tribunal eclesiástico. Los Lasombra llamaban a la unidad mientras la Camarilla ofrecía el perdón de la rendición.
Vykos había acudido en calidad de emisario para que aquellos que desasen unirse al grupo anarquista, le acompañasen a boicotear la rendición preparada por los dirigentes de la Camarilla y Grigor, por supuesto, deseaba acudir, pues estarían allí los miembros más importantes tanto de la Camarilla como de los Anarquistas y de aquellos que dominaban el mundo cainita en aquellos tiempos.

Sin embargo, no era tan sencillo. Si Grigor apareciera en Thorns y fuese identificado por algún antiguo, sería un problema y por ello se mostraba extremadamente preocupado ante el tema.

"Recuerda el incidente con Lambach" dijo "Si suceciese lo mismo con alguien menos amistoso..."

Ada frunció el ceño ante aquellas palabras.
"¿Hay más gente con ese don?"

"El mundo es muy grande" respondió él y dijo "Voy a necesitar ojos y oidos allí, pero no puedo arriesgarme a ir en persona"

Ada asintió, había esperado aquello y sabía que la enviaría a ella. Grigor continuó.

"Si en esa convención de Thorns me descubriese alguna facción del lado de los anarquistas, de la Camarilla o de cualquier otro, sería difícil tener libertad de movimiento futura. No puedo confiar en Vykos, pero él cubrirá bien al sector anarquista, necesito ojos que puedan ver otros ángulos."

Ada frunció el ceño ¿Qué le estaba pidiendo?

"Necesito a Michelle"


Ada abrió mucho los ojos, sorprendida, y dio un paso atrás. Luego volvió a fruncir el ceño.

"Michelle rechazó unirse a la Camarilla durante la Revuelta Anarquista"

Grigor asintió.
"Lo sé, pero Michelle conoce ambos bandos y es probable que las serpientes de ambos bandos traten de hacerse con sus servicios, o su apoyo. La Camarilla, para tratar de arrancar una ciudad en territorio lasombra, en Italia. Los Lasombra, para ganar esa misma ciudad. Si envío a Ada, sólo será una más entre las bandas anarquistas, una anarquista a la que nadie se acercará, si envío a Michelle, en cambio... Sabes qué sucederá."

Ada comprendió y asintió. De pronto volver a ser Michelle se le antojó maravilloso: volver a esculpir, volver a rodearse de belleza, recuperar a María, recuperar Florencia, las escuelas, su prole... Y de pronto recordó...
"Tengo un viejo amigo, un príncipe de la Camarilla, será divertido"

Grigor alzó las cejas.
"¿Un amigo? Soy todo oídos..."

"Es en realidad un viejo amigo de Loni, o al menos lo fue. Sin embargo, él conoce a Michelle, la conoció en la subasta del Códice de Aristóteles. Podría ser una puerta a la Camarilla, aunque desconozco si sigue vivo. Lo último que supe de él fue que por su culpa habían muerto muchos príncipes de la Camarilla. Un espinoso asunto con fuego... Tal vez haya muerto o tal vez no, pero es terriblemente honorable y si sigue vivo, irá a Thorns."

Grigor asintió.
"Las conexiones de Michelle pueden ser muy útiles en la convención, pero esta vez te prepararé a conciencia. Estaré unos días fuera. Hay algo que debo ir a buscar. Espérame aquí mientras tanto, averigua todo lo que puedas de los planes de Vykos Y de quién se llevará a Thorns. Pero sé discreta. No quiero que le entren ganas de llevársete con él"

Ada asintió y Grigor desapareció entre los árboles del bosque que rodeaba el lugar del cónclave.

Cuando regresó con el resto de gentes, aproximadamente dos tercios de los anarquistas habían regresado para volver a ocupar sus territorios y evitar que quedaran desguarnecidos ante ataques, pero cada manada había dejado a uno o dos representantes, y algunas manadas errantes se habían quedado al completo. Algunos pocos habían ido a anunciar la llamada a la unidad a manadas lejanas que no recibieron el aviso, como las lituanas y las rusas.
De entre los representantes, Ada vio a uno del que había oido hablar, un anarquista llamado "El Obispo". Contaban que fue abrazado hacía alrededor de un siglo por una manada, en venganza de poner a uno de sus hermanos en la hoguera. Le convirtieron en un monstruo, pero con la cabeza de un inquisidor, obligándole a cometer todos los pecados que había jurado combatir. Sobrevivió a las torturas con una retorcida visión de su propia fé, combinada con los gustos de su sire, que al parecer era de linaje toreador. El resultado fue que había comenzado desarrollar algunos ritos para su manada basados en ritos religiosos y paganos, y que parecían tener una extraña eficacia. Desde que empezó el cónclave, no habían sido pocos los que habían sido partícipes de ellos y los que se habían convertido en aprendices de estos. Él los llamaba "autorictas ritae" y al parecer, algunos no eran suyos, sino aprendidos de otros antiguos religiosos que era ahora anarquistas.

Aquella noche iba a celebrarse uno de aquellos ritae y al parecer cada noche que pasaba tenía más adeptos que iban a probar sus ritos. Al parecer, algunos de los líderes anarquistas lo veían con buenos ojos, pues querían que la Unidad tuviera algún tipo de motivo identificador, algo que les diese una identidad.
Dos noches atrás celebraron el llamado ritae de La Atadura en que cada uno de los asistentes, delante de los demás, hizo una declaración de sus principios, fuesen los que fuesen, y se identificaban al final con su manada. El ritae pues tenía como objeto dar a entender a todos sus participantes que, sin importar quiénes fuesen, eran lo mismo, una Unidad, pues todos defendían y luchaban por lo mismo, aunque todos fueran muy distintos.
Y la noche anterior, el sacerdote recitó Sermones de Caín, declamando fragmentos del libro de Nod, un saber que los antiguos, según manifestaban, negaban y trataban de ocultar. Como el saber era poder, todos los anarquistas debían saber. Solo así entenderían la cruzada en que se habían embarcado.
El que iban a celebrar aquella noche era llamado "Danza del fuego", y solo por aquello Ada decidió que no participaría, ni asistiría siguiera en persona, el fuego, desde que dejara Egipto, le aterraba mucho más de lo que podía recordar.
Como los líderes de manada deseaban crear señas de identidad que uniesen a todos los anarquistas, habían permitido a una manada especialmente violenta presentar este "rito suyo" en sociedad del mismo modo que se lo habían permitido al Obispo.

Pese a su miedo, Ada sentía curiosidad, de modo que reposó su cuerpo, cerró los ojos, y dejó que su alma flotara bajo las estrellas, sobre las decenas de vampiros que se habían reunido para el rito.
Una hoguera iluminaba la noche, y dos docenas de vampiros se acercaron. No era una hoguera pequeña. Aún las llamas subían medio metro por encima de las brasas.
Un redoble de tambor inició el rito, a la vez que los participantes entonaron un cántico siguiendo al líder de manada que había propuesto mostrar el rito. Comenzaron entonces a bailar, entrando en un estado dionísico, alrededor del fuego, retorciéndose, saltando, gritando y sin dejar de entonar aquel extraño cántico al ritmo del tambor.
De pronto, y para terror de Ada, uno de ellos saltó al fuego, pero no solo no entró en Rötchreck, sino que además bailaba sobre las llamas y las brasas durante unos segundos, antes de salir indemne. Tras él, otro le siguió, y otro, y otro.
¿Cómo lo hacían? ¿Cómo evitaban el beso de las llamas?
Uno entró con un salto mortal y comenzó a bailar sobre sus manos en lugar de sobre sus pies, otro besó las brasas, siempre sin dejar de moverse, otro entró y su pie izquierdo prendió por lo que salió en Rötchreck de las brasas encendidas, tirándose al agua del cercano riachuelo, en medio de las risas de los presentes.
Al final del rito, de los veinticinco que habían participado, tan solo tres se habían quemado.... Habían vencido al fuego ¿Pero como?
En cualquier caso, Ada vio que los asistentes habían quedado impresionados, y preguntaban a los participantes como lo habían hecho, deseando poder hacer aquello con su gente.
_ No hay secreto. Es la Danza del Fuego -respondían estos- Debes aprender a superar tus miedos. Sólo te quemas si tienes miedo. Vence a la Bestia, cabálgala. Ella te da fuerza, pero debes cabalgar sus miedos. No hay truco.
Todos respondían de aquel modo, cada uno con sus palabras, pero Ada no creyó que pudiera ser tan sencillo y tampoco tenía intención de acercarse minimamente a una hoguera.

Para la noche siguiente, uno de los participantes de la Danza que no pertenecía a la manada que la había organizado, propuso hacer como ritae uno de su manada, al que llamaban "Despertar de la Bestia". Varios de los participantes asintieron, y antes que fuera a hacer preparativos, Ada vio que todos los que habían participado en la Danza y no se habían quemado, celebraban una vaulderie entre ellos. De hecho, había visto que las vaulderies llevaban varias noches celebrándose de manera bastante indiscriminada y pensó con ironía que si la Unidad no llegaba por política, llegaría por sangre a aquel ritmo.
Aquellos que habían ardido no se atrevían a volver con el resto, temiendo ser el hazmerreir de los demás. Uno de ellos se marchó, otro no porque ya no tenía pie, y el tercer esperaba que en el rito de la noche siguiente, otro fuera el que hiciera el ridículo para que se olvidaran de él y pudiera reintegrarse en el grupo.

La noche siguiente, varios nuevos acudieron al rito de Despertar a la Bestia... Incluido Vykos, que Ada supuso sería un acto de populismo y había decidido participar en el ritae. Y no solo eso: quería ser el primero.
Ada, que no vio fuego en este rito, decidió que podría asistir y observar lo que sucedía, oculta entre el gentío. Se habían reunido a un descampado lleno de tierra removida, y calculó que menos cuatro o cinco vampiros, todos los asistentes que quedaban en el cónclave estaban presentes en el rito.
Vykos se arrojó a la tierra y comenzó a excavar, rodeado de muchos, hasta que de la tierra surgió un brazo.
Había alguien enterrado allí, que luchaba furiosamente por salir.
Vykos dejó de cavar y le esperó con los colmillos desnudos y completamente preparado para combatir sin armas. Le recordó a los gatos cuando daban bufidos, pero también a un perro de presa o a un monstruo.
De pronto el enterrado logró sacarse la suficiente tierra de encima y salió. Se trataba de un hombre, con los colmillos desnudos, y por su aspecto había perdido el control de su Bestia. Vykos se lanzó contra él, y los dos comenzaron a pelear a puñetazos, dentelladas y gritos guturales. Ada no pudo evitar poner los ojos en blanco: los tzimisce parecían realmente aficionados a semejantes pruebas de... ¿Virilidad?
Con no poco esfuerzo, Vykos logró inmovilizar al hombre contra el suelo, apresando sus dos brazos con sus manos y pisando sus piernas. Entonces alzó el rostro y gritó:
_ ¡He dominado a la Besia! ¿Quién es ahora?
Otro salió de entre la multitud, y Vykos soltó al hombre, que se enfrentó a su nuevo rival, mientras otros comenzaban a cavar cuatro o cinco agujeros más.
Pronto había media docena de vampiros en frenesí a los que los anarquistas trataban de doblegar e inmovilizar. Ada comprendió entonces lo que había hecho el jefe de la manada que había propuesto el rito. Cogió a los humanos de la reserva de alimento y los convirtió, enterrándolos vivos sin sangre para que el frenesí y el encierro les volviesen locos, convirtiéndolos en Bestia sin control. Y aquello, aunque cruel, no era del agrado de Ada: ella era capaz de ser aún más brutal siendo más sutil... Se preguntó qué habrían dicho aquellos de la pequeña fiesta de Michelle en la cueva..
Al terminar el rito, los que se habían atrevido a participar se marcharon juntos de celebración, llamando cobardes a los que no lo habían hecho y retándolos a demostrar que no eran tal, danzando en el fuego la noche siguiente. De hecho, a parte de denominarse a sí mismos "auténticos vampiros", los que habían participadoen el ritae del Despertar de la Bestia decían que deberían organizar en Thorns un rito como aquel pero con todos los líderes anarquistas, crear una sola manada con un gran ritae, un gran Sabbat. La idea estaba gustando, como gustaba la idea de que a Thorns acudieran solo los mejores en los ritae, los mejores vampiros, los auténticos.

Ada no se sentía cómoda entre ellos, no conseguía dejarse llevar por su entusiasmo,y se limitaba a observar todo desde su rincón, deseando que Grigor regresara cuanto antes para poder volver a sus tierras y olvidarse de aquella gente hasta Thorns. Sin embargo, debía averiguar las intenciones de Vykos para Grigor, y decidió concentrarse en aquello.
Para ello, flotaba sobre las cabezas de aquellos que habían participado en los ritae en busca de palabras, de declaraciones, pero todo lo que obtenía era la impresión genérica de que la intención era sencillamente "reventar la convención", dejando en manos de los políticos el tema. Esto significaba sencillamente dejarlo en manos de Vykos, matándolo si el resultado no era el que ellos deseaban. Vykos por su parte, había prometido dejar en ridículo públicamente a los rancios de la Camarilla, asegurando que Thorns se convertiría en Acebeda, siendo aquello lo que fuera que quisiera decir.

En su mente encontró información vaga, pero le pareció percibir que Vykos pensaba reunirse con líderes anarquistas pasado algún tiempo y que allí harían un plan en conjunto, con las impresiones de lo logrado cada uno por su parte. No pudo averiguar el lugar de la reunión, pero parecía bastante claro que no sería allí, sino en algún lugar de Europa Occidental. Vykos planeaba marcharse en algunos días, acompañado por la media docena de vampiros que eran su manada. Cuatro de ellos eran Tzimisce, de los otros no sabía nada, pero sus mentes eran más accesibles, y en ellas encontró que la reunión sería en Poitiers, pero que ninguno de ellos sabían quien acudiría, tan solo tenían sospechas. Y sospechaban que acudiría un emisario del "gordo Lasombra de Madrid" y Ada supo que se trataba de Monçada, el sire de Lucita. También sospechaba que en aquella reunión se repartirían "cargos" de la nueva organización, pero solo Vykos sabía los detalles de aquello.

Indecisa, Ada no sabía si viajar a Poitiers y espiar desde allí la reunión, o si esperar a Grigor, puesto que él le había dicho que volvería, pero salvo la reunión no había conseguido ninguna información importante y no quería volver a fallarle. Trató de ponerse en conctacto con él mediante la red telepática que usaban habitualmente, pero no obtuvo respuesta...

Tres noches después, comenzó un ritae multidinario. Como Ada era muda y nadie hablaba con ella, solo había conseguido saber de oídas algunas cosas, como que al parecer todo el mundo iba a participar y no iba a ser algo tranquilo. Todos participarían, quisieran o no, y sería el último del cónclave. Ada no deseaba unirse a ellos, pero era inevitable que lo hiciera, de modo que cruzó los brazos sobre el pecho y escuchó en qué consistía el rito.
Era muy sencillo: los anarquistas se dividirían en dos bandos, según su lugar de procedencia, y se darían caza mutuamente en los bosques de los alrededores. Estaba prohibido matar, pero podían estacarse en incluso dejar en letargo, y ganaría el bando que tuviera a más que no fueran de los suyos inmovilizados de algún modo. Por aquello participaba todo el mundo: aquel que tratara de ser neutral, sería cazado por ambos bandos. El juego terminaría una hora antes del alba.
Aquello no le gustaba, no le gustaban aquellos absurdos juegos ¿Creían acaso que eran más monstruosos por hacer aquello? ¿Se sentían más terribles con aquellas infantiles poses?

Empezaron a formarse los grupos. A Vykos y los suyos les tocó en el de la región contraria a la Ada, al ser "de fuera", mientras que en la suya tocaronn los del nucleo duro de Transilvania.
Aquello le gustó todavía menos, y no se equivocaba. Algunos de su equipo la miraban con desprecio y con sus sentidos excepcionales, oyó cómo se quejaban de tener una "presa tan fácil que no se atreve ni con los ritae más simples" entre ellos. La veían débil y la despreciaban por ello, y Ada maldecía en su interior. No, aquel no era su lugar...
Tres tzimisce de entre ellos se acercaron a ella.
_ Eh, tú, la muda.- llamó uno de ellos en tono hostil. Ada alzó la mirada lentamente y la fijó en él.- ¿Recuerdas el ritae de hace tres noches? Será mejor que nos seas de utilidad para esto, porque queremos ganar este. Como seas una molestia, acabarás bajo tierra escondida hasta que se acabe esto... Y yo mismo te meteré bajo tierra como a los de hace tres noches ¿Lo has entendido?

Ada sintió ganas de abrir su vientre con su sutil toque de cuchillo, de volcar en su mente las imagenes más horribles, de hacerle arrodillarse y rogar... Pero ya no era Michelle, ni siquiera Loni... Era Ada, la pequeña e inútil Ada. Se limitó a asentir.
Entró en su mente, en busca de un plan, y lo encontró, aunque no era muy brillante.
Tenían a tres gangrel anarquistas escondidos bajo tierra para surgir debajo de los enemigos que el resto atraerían a una trampa. Habían decidido que, como no servía para nada más, ella sería un cebo, y si no lo hacía bien, la enterrarían con los gangrel para que no le dieran caza. Y si se la daban, recibiría una páliza por inútil.

Los aullidos sonaron de fondo, anunciando el comienzo de la cacería. Los gangrel se ocultaron y los acechadores se prepararon, mientras Ada se sentía llena de rabia, pensando que debía encontrar la manera de demostrarles que era mucho más de lo que aparentaba, que comenzaran a temerla, a respetarla... Ella no era una pequeña niña desvalida, ni una de sus estúpidos tzimisce que creían que con enseñar los colmillos, lanzar cuatro gritos y golpear eran ya los amos de la noche... Si tuviera tiempo, si pudiera concretar un plan mejor que el que ellos tenían, que les llevase a la victoria...
Un crugido la sacó de su ensimismamiento y se dio cuenta, sobresaltada, de que los acechadores del equipo contrario la habían encontrado y estaban a escasa distancia de ella. Comenzó a correr, tan rápido como pudo, hacia el lugar de la trampa donde estaban escondidos los gangrel, que salieron de bajo tierra a tiempo para evitar que la alcanzaran. Había faltado poco, muy poco...
Cuando los hubieron inmovilizado, un tzimisce se acercó a ella, furibundo.
_ ¿Pero en qué pensabas,idiota?- gritó- ¡Casi te dan caza!
Ada estuvo tentada de hablar, de decir que como bien veía, no lo habían hecho y que había traido a los enemigos hacia la trampa, pero de pronto, por el lado que vinieron los que habían atacado, apareció Vykos y su manada, aullando de placer al haberles hecho caer en su pequeño plan.
Al parecer habían enviado a los que eran sacrificables de frente para localizarles y poder atacarlos desde el otro lado cuando estuvieran distraidos. Y lo habían conseguido.

La noche la terminó como la gran mayoría de los demás de su grupo: con una estaca en el pecho, desclavada una hora antes del amanecer, con los suyos derrotados y Vaulderie para todos.
Cuando despertó la noche siguiente, Ada sabía que vendrían a darle la paliza... Sintiéndose humillada, se dijo que esta vez no se moderaría: si se atrevía a ponerle una mano encima como había prometido, su cabeza rodaría en el suelo y sus vísceras harían de alfombra para sus amigos. Pero la prometida paliza no llegó, porque al fin se dijo que Grigor había regresado y ya no se atrevieron a acercarse.
Le temían a él, no a ella.
Se dejó caer sobre un tocón seco y enterró el rostro en las manos, desquiciada y hundida, sintiéndose patética, avergonzada de sí misma por no haber sabido hacer ni siquiera aquello... Ni siquiera fue a buscarle a él, que ya había regresado, y fue Grigor quien la encontró, hundida en un rincón, con los ojos llenos de humillación. La tomó de las manos con suavidad y la alejó de los demás, que ya empezaban a marcharse en todas direcciones al haber terminado el cónclave, y cuando estuvieran solos, se sentó frente a ella.

"¿Qué te ha pasado? ¿Por qué estás así?"
preguntó, preocupado.

Ada se sintió infantil y más humillada todavía. Envió a su mente los sucesos de os últimos días, y al terminar, Grigor quedó en silencio observándola y pensando. Ada apretaba los puños, rabiosa. Le había vuelto a fallar, le había demostrado que era débil, que no le era útil ya...

"Cada vez veo más claro que es a Michelle a quien necesito en Thorns"
dijo al fin "No estás preparada para convivir con estos salvajes, ni conseguir ser una de ellos"

Ada no se atrevía a mirarle, solo quería desaparecer, que jamás la hubiera encontrado, que jamás hubiera confiado en ella para no poder fallarle de aquella manera... Le había fallado cuando tomaron la manada, y le había fallado ahora...Oyó un tintineo y vio como Grigor sacaba de su bolsillo una cadenilla.

"Te he traído esto" dijo entonces "Lo había guardado para cuando lo necesitase"

Sorprendida, Ada alzó la vista y vio que Grigor sostenía en su mano una gargantilla de plata con un zafiro engarzado. No era una joya ostentosa, pero era bella... Y era suya. Con gesto suave, Grigor cerró la gargantilla en el cuello de Ada, que deslizó, cohibida, los dedos por su superficie.

"¿Qué es?"

"La lágrima que te di en su día contenía la esencia de Loni. Este zafiro puede contener todas tus esencias, y permitirte cambiarlas. Ser Loni, ser Ada o ser Michelle"

Ada contempló la joya, agradecida, emocionada. Deslizo los dedos por ella y volvió a mirar a Grigor.
"¿Cómo he de hacerlo? Jamás utilicé la Lágrima"

"El cambio no es gratuito, sin embargo. Consumirá la mayor parte de tus energías, pero te dará versatilidad en Thorns. Debes ingerir el zafiro, y cuando el cambio sea completo, lo recuperarás"

Ada asintió y recordo algo.
"¿Por qué no pude comunicarme contigo cuando te marchaste?

"Estamos en Transilvania" respondió Grigor "¿Recuerdas a Kupala? ¿Recuerdas que Zelios le ató por orden del Innombrable?"

"Si"


"Sus redes que atan al demonio están por estas tierras. No deseaba arriesgarme. No en este territorio en que tiene tanto poder acumulado."

Ada le habló entonces de la reunión en Poitiers. Él la escuchó silencioso y asintió.
"Trataré de veriguar cosas de esa reunión"

Se llevó entonces Ada de nuevo la mano a la joya. Recordó todo lo que debía recuperar para volver a ser Michelle: la casa de Florencia llevaba más de treinta años en manos de su chiquilla Alba, nada sabía de Pietro, ni de Lucio ni de Ángelo, María seguía en letargo...
"Loni no tiene propiedades ni fama, tampoco Ada, pero volver a ser Michelle no será tan sencillo"

"Falta casi un año para la convención, si mal no he oido. Yo debo tratar de meter baza en los planes de los Unionistas, en cambio, tú encajas mucho más en el otro bando. Lo de estas noches es la prueba de ello. ¿Podrás recuperar en este tiempo lo suficiente de ella como para acudir a Thorns con unos mínimos?"

"Lo intentaré, pero me llevará tiempo, no es sencillo."

Grigor asintió.
"Venir a Transilvania fue un error. Los anarquistas tzimisce no tienen cabeza, y pronto serán marionetas de los Unionistas. Deberé actuar deprisa si quiero meter baza entre ellos. No podré ayudarte mucho a partir de aquí ¿estarás bien?"

Ada comprendió que aquello era una despedida y sintió una punzada en el pecho.
"Será extraño" fue lo único que se atrevió a decir."¿Cuando volveŕe a verte?"

"Después de Thorns me pondré en contacto contigo."
De su bolsillo, sacó un segundo objeto que, encerrado en su palma, Ada no podía ver. "Malkav te la quitó. Te he hecho una nueva"

Un estemecimiento la recorrió al recordar las horas que había pasado acariciando la moneda, leyendo los recuerdos de Arístides... Recordó la noche en Petra, la noche en busca del códice, cuando sencillamente debía tocarla para que él respondiera a su llamada...

"Úsala sólo si es verdaderamente importante"



"Yo te fallo y a cambio tu me haces obsequios..."
susurró conmovida Ada en su mente.
Dejó Grigor la moneda en la palma extendida de Ada, que retuvo su mano con suavidad y le miró a los ojos. Y entonces obró su magia, el regalo que había guardado para él, su regalo de despedida. Invocó la magia que le había enseñado María, la que había hecho latir su corazón aquella noche en el balcón, y transmitió la fuerza del latido al cuerpo de Grigor.

Al sentir el poder, sus ojos se abrieron con tal gesto de sorpresa que Ada estuvo tentada de retroceder, pero entonces, de su espalda, brotaron de pronto dos alas de luz que iluminaban como un relámpago la noche. La máscara que era Grigor cayó de su rostro, como si fuese arena, y su verdadera forma surgió dentro de él, luminosa y radiante. Y en su rostro, el más hermoso y terrible que Loni había visto jamás, la sorpresa más absoluta.

"¿Qué... qué has hecho?" consiguió preguntar Adonai, y su voz que era música sonó temblorosa y conmovida... Parecía completamente estupefacto, feliz, y lágrimas rodaban por sus mejillas. "Es... Hace tanto..."

Ada contempló aquella magnífica visión, terriblemente conmovida. Le había dado su obsequio, el único regalo que podía hacerle, y verle tan feliz... Sintió una lágrima solitaria rodar por el mármol de sus carrillos. No quería separarse de él.
"Mi regalo, para tí..."

"Adonai... Qué sorpresa..."
Ada sintió como un puño se cerraba entorno a su corazón y miró a su alrededor, aterrada. La oscuridad se condensó entre el bosque, y del manto de hojas surgió una forma demoníaca y aterradora.
Adonai retrocedió un paso. Había terror en el rostro del arcángel.
_ Ku... pala...

El nombre fue como un rayo que la golpease partiéndola por la mitad. No, no podía ser, no tenía que ocurrir aquello... ¿Qué había hecho?

"Huye"
dijo la voz de Adonai en su mente, y esta vez, obedeció. Le miró una última vez, con los ojos llenos de lágrimas.

"Perdoname".

Y corrió, corrió como no había corrido en su vida, las ramas le arañaban el rostro y le rompían las ropas pero corrió, no miró atrás, no se atrevía, no quería ver, no podía...
A su espalda, un relámpago de luz hendió el cielo, y un grito desgarrado parecido a mil campanas retumbó sobre el bosque, acompañado de uno oscuro surgido del mismo infierno.

No se detuvo, no podía mirar, no quería ver, no quería sentir ...
Corrió, corrió, corrió...

2 dic 2005

Sesión Quincuagésima: Dolor

En primavera de 1486, Grigor y su chiquilla Ada llegaron a los antiguos dominios de Radu, a la ciudad de Bistritz, donde se decía que los anarquistas eran fuertes. Bistritz era una ciudad de algunos miles de habitantes, que había crecido con el paso de los años y a la que la guerra contra los turcos del país había empobrecido. En aquellugar, la miseria de sus habitantes era patente. Las casas tenían poco mantenimiento y de noche, sus calles están absolutmatente desiertas, como Loni recordaba. Sobre la colina que dominaba la ciudad, el castillo de Radu era una impresionante pieza de arquitectura medieval.
La escasa gente que circulaba por las calles era la guardia de la ciudad, aunque pudieron ver que se restringían mucho a las areas de muralla y torres. La ciudad olía a miedo.
Miedo a la noche.
Las casas tenían las ventanas bien cerradas con pesados pórticos de dura madera, y Loni recordó como los anarquistas habían tenido que entrar en forma de zulo para poder abatir la puerta la primera vez que estuvo allí, flotando sobre las calles, en busca de Arístides. Pero ahora él estaba a su lado, tan cerca que casi podía tocarlo.

"El dulce aroma de la progenie de mi hermano Yorak lo impregna todo." dijo Grigor en su mente. Desde que asumieron sus nuevas identidades, hablaba con ella únicamente por telepatía, y aquello agradaba a Loni. "Siempre le gustaron los salvajes. Radu era un peón de mi hermano. Siempre le sirvió bien como intermediario con los anarquistas. De cara a los voivodas, era uno más, leal y fiel perro de Vladimir Rustovich, pero de puertas adentro, daba apoyo logístico y de armas a las manadas. Por algo, Radu nunca tuvo problemas para sobrevivir en su ciudad pese a tener manadas enteras aullando a sus puertas"
Ada asintió: ella misma había sido quien había comunicado al Dracon que Yorak utilizaba a Radu.

"¿Esperas encontrar a Vykos aquí?"
le preguntó

Grigor negó con la cabeza.
"No lo sé, de hecho no sé muy bien qué esperar, aunque espero encontrar mucha inhumanidad. La progenie de Yorak siempre se regocijó en su inhumanidad, sus chiquillos repudiados, he oido que encarnan aún más esa inhumanidad. Al menos, los voivodas tradicionales respetaban sus reglas del juego. ¿Sabías que un tzimisce que diese a alguien su hospitalidad, cumplía a rajatabla los preceptos de la hospitalidad? Nunca encontrarías mejor anfitrión"

"¿Y ya no es así?"

"Los anarquistas son tzimisce sólo en sangre. Pero repudiando a sus sires, repudiaron todo lo que ser tzimisce significaba. Se ríen de las tradiciones. Desprecian las costumbres. Las tergiversan y pervierten. Sólo he oido cosas de segunda mano, por eso no sé que esperar."


Ada se encogió de hombros levemente.
"Bueno, algo me dice que lo descubriremos en breve"


De pronto sintió algo a su espalda y se volvió para mirar. Grigor hizo lo mismo, también lo había notado. Escrutó las sombras que había en la calleja, y sin mucha dificultad descubrió a un vampiro ofuscado, que estaba avanzando con sigilo en busca de presas fáciles, y se detuvo en medio de la calle al ver que se volvían. Su rostro manifestaba la más clara sorpresa, no entendía como podían haberle visto. Era un hombre de aspecto joven y muy descuidado, y Ada sonrió levemente: acababan de encontrar su primer anarquista.
_ ¿Me... me veis?- inquirió el hombre, claramente perturbado.
Grigor asintió.
_ Claro.- dijo- ¿Quién eres?
El hombre retrocedió, desconfiado.
_ Eso pregunto yo.- espetó. Tenía miedo.
Grigor habló por ambos.
_ Yo soy Grigor. Ella es Ada, no habla.- Loni reprimió una carcajada: durante el viaje le había hablado de la idea de hacerse pasar por muda con los anarquistas como un divertido juego que disfrutar, y ahora iba a ser oficial.
_ Nunca oí vuestros nombres... Largaos de Bistritz, este es nuestro territorio.- siseó el recién llegado.
Sin pensarlo dos veces, penetró el mente del hombre en busca de alguna información que pudiera ser de interés. Estaba asustado y confuso, puesto que siempre había creido que su poder de ofuscación era insuperable y su mejor baza. Loni, en su interior, rió traviesa.
_ ¿Vuestro territorio?-inquirió Grigor, incŕedulo.
_ Has oído bien. Si aprecias tu pellejo, lárgate.- fue su respuesta.
Ada alzó una ceja, divertida, pero Grigor estaba muy serio mientras miraba al anarquista.
_ Soy libre de ir a donde quiera -dijo entonces, y su voz sonaba como si estuviera recitando una letanía importante, algo que debía reconocer.- Ningún antiguo me manda, ningún hombre rige mi destino ni el de mi chiquilla.
El hombre abrió mucho los ojos, sorprendido.
_ Esas palabras...
_ ... las dijo Lugoj la noche que devoró al Anciano.- completó Grigor.
_¿Quién?- la confusión del hombre era mayúscula.
_ Lugoj Rompesangre- dijo entonces otra voz, y Ada dio un paso atrás al ver un hombre descolgarse del tejado, frente a ellos: no le había visto llegar, no le había oído... Aquello no le gustó.
Era un hombre de mediana edad algo mejor vestido, que aterrizó en el suelo frente a ellos con un movimiento felino. ¿Cómo había podido pasarle desapercibido? Se sintió igual de confusa que el primer anarquista cuando descubrió que su ofuscación era inútil, y ya no le pareció tan gracioso.
_ Waldor, deja de molestar a este hombre y lárgate.- espetó el recién llegado. Waldor dioi dos pasos, visiblemente molesto, pero no se atrevió a llevar la contraria a la orden que acababa de recibir, de modo que se marchó.
La calle estaba desierta, y sus tres figuras permanecían quietas y sombrías, estudiandose mutuamente.
_ Así que Grigor.-dijo el hombre- Hablas con palabras de Lugoj. ¿Cómo es eso?
Grigor escrutó sus ojos y Ada sintió que estaba tenso. Si algo podía poner nervioso al Dracon, es que no era nada bueno. Entonces, al fin, Grigor asintió con un brillo de reconocimiento en la mirada.
_ Ya te recuerdo...- dijo- Lambach. Ni siquiera te has molestado en cambiar de apariencia.
_ Soy libre de ir a donde quiera, pues ningún antiguo me manda, ningún hombre rige mi destino- recitó entonces el hombre. Entonces se volvió, se aseguró de que nadie estaba cerca o escuchando y de pronto, Ada sintió sus sentidos dispararse al sentir un barrido con auspex incluso mejor que el suyo propio... Y no era Arístides... ¿Quién era aquel hombre?
_ Dime - dijo Lambach entonces- ¿Qué hace el Dracon aquí, disfrazadode anarquista?
Ada apretó los puños. Podía imaginar que la descubrieran a ella, torpe en el arte de la viscisitud, pero ¿A Arístides?
Grigor soltó una risilla irónica, como si se tratase de un juego en el que hubiera sido descubierto.
_ Podría preguntar lo mismo del favorito del Anciano.
Esta vez fue el turno de Lambach de sonreir, siniestro.
_ Preguntas absurdas para respuestas que no serían sinceras.- respondió.
Grigor se encogió levemente de hombros.
_ Tú lo has dicho.
_ Yo lo he dicho. Supongo que si estás aquí, tus motivos tendrás, pero no en esta manada. Es mía. Vete a otra parte. No sé qué quieres, no es mi problema.
Su tono era el de alguien que no toleraría ser desafiado y cuando Grigor inclinó la cabeza y se volvió para irse, Ada casi se sintió aliviada.
_ Un placer como siempre, Lambach.- dijo Grigor- Ada...
Y juntos se dirigieron hacia las afueras de Bistritz. Cuando cruzaron sus muros, Ada se atrevió a preguntar.

"¿Cómo pudo reconocerte?"

"El Anciano le dio un Don. Puede ver a través de las mácaras de la Vicisitud"

Ada se revolvió inquieta.
"Qué incómodo... Me recuerda a Deirdre, la chiquilla de Vykos, ella podía deshacer la vicisitud."

Grigor negó con la cabeza.
" No conozco a esa Deirdre, aunque he oido de ese poder. Lambach es diferente, ha sido mala suerte encontrarlo aquí. Pero no creo que pase nada. Sencillamente, si me revelase, yo le revelaría a él. Tablas. Nos hemos enseñado los dientes, y hemos visto inútil batallar."

"¿Dónde vamos entonces?"

"Bistritz era una de las Siebenburgen" respondió Grigor "Las siete ciudades construidas por los húngaros en el corazón de Transilvania. Seguro que hay más ciudades con anarquistas, al fin y al cabo, Bistritz está muy al norte del frente y ya viste toda la miseria de la ciudad. Las de más al sur deben ser crisoles de miseria mayores."

Durante las noches siguientes, se dirigieron hacia el sur. La Mediasch era su siguiente objetivo pero cuando llegaron a las afueras de la ciudad oyeron tumulto cerca del camino, en el corazón del bosque que cruzaban. Se oyó un grito, y luego otro, y otro, y alguno de ellos no era enteramente humano. Ada se dispuso a salir de su cuerpo para investigar, pero Grigor, a su lado, se había adelantado... Y su cuerpo ni siquiera se había desplomado... Debería aprender aquel poder...

"Un ataque" dijo "Tres gárgolas. Y dos tremere, diría. Las gárgolas atacan a los tremere"

Ada alzó una ceja y recordó aquella ocasión, hacía tanto tiempo, cuando entró en la capilla tremere y se encontró cara a cara con una de aquellas monstruosidades.
"Pensaba que las gárgolas pertenecían a los Tremere"

"Parece que estas no"

Se escuchó otro grito.

"Un tremere menos" dijo Grigor.

Una sonrisa maliciosa relampagueó en el rostro de Ada.
"El mundo es ahora un poco mejor"

"Probablemente. Aunque la gárgola acaba de diabolizar al tremere que ha gritado"


Ada resopló con frustración.
"Lástima. ¿Seguimos? ¿O quieres intervenir?"

Se escuchó otro grito, y el ruido cesó de pronto. Grigor continuaba atento a lo que ocurría.
"Se les acerca más gente. Seis... No, siete hombres. No parecen hostiles, están recibiendo agradecimientos de las gárgolas. Parece que acabamos de asistir a algún tipo de trampa de los anarquistas de esta zona"

"Entonces hemos llegado"


"Eso parece. No veo un momento mejor para presentarnos" dijo Grigor, y comenzó a caminar hacia los árboles. Ada le siguió, silenciosa y en guardia, hasta que llegaron al lugar donde se habían reunido las tres gárgolas y los siete hombres y mujeres, probablemente anarquistas. Las risas y las bromas que estaban haciendo, cesaron al verlos llegar, convirtiéndolos en el centro de atención.
_ Bonita demostración de fuerza.- dijo Grigor a las gárgolas. En los árboles a su alrededor, la sangre tremere salpicaba los troncos.
_ No demostración.- respondió una de ellas.- Venganza.
Un anarquista se adelantó al resto con gesto fiero.
_ ¿Quién sois y de donde habéis salido?- espetó.
Grigor repitió la presentación que hiciera en Bistritz.
_ Yo soy Grigor, ella es Ada. No habla.
Ada los estudió a todos uno a uno. Eran cuatro hombres, tres mujeres y las tres gárgolas, todos con aspectos dispares. Uno de los hombres llevaba una oxidada cota de malla, y de las gárgolas dos no tenían alas, y una sí. Las mujeres eran todas ellas diferentes la una de las otras como la noche del día. De pronto, retrocedió un paso, reprimiendo un siseo: una de ellas parecía una horrenda... nosferatu. Sin embargo, percibió algo extraño en ella... No, no era nosferatu... ¡Estaba quemada! Parecía haber sido quemada por el sol y haber sobrevivido. Ada se estremeció al imaginar el lacerante dolor que debía haber sufrido.
_ ¿Y qué hacéis aqui?- espetó mientras el anarquista que hablaba con Grigor.
_ La Camarilla acabó con nuestra manada. Decidí volver a casa. Nací en Transilvania.
El anarquista se encogió de hombros, con gesto amenazador.
_ ¿Y qué más? Nosotros también nacimos en Transilvania.
Grigor parecía esta vez tranquilo, y Ada se relajó.
_ Mi sire era Vintilla Basarab. Yo le maté.- dijo, y de pronto uno de los hombres abrió mucho los ojos y retrocedió un paso, asustado. El anarquista que hablaba se volvió hacia él.
_ ¿Qué sucede, Rodrick?
El hombre carraspeó, sin dejar de mirar a Grigor como si estuviera viendo un fantasma... o un monstruo.
_ Vintilla... -dijo- Mi sire me contó que murió de manera brutal... Y eso que era un poderoso tzimisce, un voivoda koldún. La investigación reveló que un solo hombre le había dado muerte...
_ Él me dio la vida eterna, - dijo Grigor- pero era de esclavitud. Yo retomé mi libertad, pero los voivodas querían mi cabeza. Ahora he vuelto. Mi manada ha muerto.
El anarquista se irguió, la mirada furibunda.
_ Esta es mi manada.
Una de las mujeres se puso a su lado.
_ Sí.- Un cuchillo afilado apareció en las manos del anarquista, que se encaró a Grigor mientras la mujer se ponía frente a ella con gesto igualmente amenazador.

"Son como los lobos. Pelean por ser el macho de la manada. Patético." dijo Grigor en su muerte, tranquilo como si nada ocurriera "La mujer va a por tí. Ve con cuidado, no es inocua"

La mujer estaba desnudando sus colmillos, y Ada vio su sangre forzar su musculatura, que se hinchaba, amenazadora. A pocos metros, el anarquista asumía la terrible forma de Zulo, mientras que ella adquiría una forma de guerra menor, en que terribles huesos llenos de pichos y puas surgían de todas las articulaciones del cuerpo, haciendo que fuera imposible hacer presa en ella, y que al mismo tiempo, el dolor de ser apresado fuera terrible.
Entonces Ada comprendió: no estaban tratando de asustarlos. Grigor acababa de decirles que habían perdido su manada y el anarquista lo había tomado como un desafío a su liderazgo y la mujer parecía ser la amante del aquel líder, y al ver a Ada al lado de Grigor, se había lanzado a por ella. Si Grigor vencía, la manada sería suya.

Ada entrecerró los ojos. Sabía pelear y manejar una espada, pero no contra una criatura como aquella, en la que los golpes serían inútiles. Sus enfrentamientos no eran nunca abiertos y cuerpo a cuerpo, siempre habían sido a distancia, desde donde podía manejar la situación sin ponerse en peligro... No podía vencerla como Ada...Sintió el miedo hacer presa en ella y su voz restalló furiosa en la mente de Grigor.

"¡Maldición, Grigor, no soy una luchadora!"

"Lo sé. Pero no eres manca tampoco."

La mujer seguía preparándose y en pocos segundos completaría su transformación. Grigor ya había asumido ya el zulo. Y Ada ni siquiera tenía un arma.
Grigor percibió aquel pensamiento en su mente y de pronto extrajo un hueso de su cuerpo y se lo lanzó. Estaba afilado... ¿Una espada corta de hueso? Se preparó para atacar. La mujer había terminado su transformación.
_ Ven, zorra... Vas a sentir lo que es el dolor.- siseó.
Intentó entrar en su mente y predecir sus actos de alguna manera para poder anticiparse a ellos, pero estaba tan asustada que se sintió torpe y desmañada incluso en aquello que sabía hacer mejor. Junto a ellas, Grigor y el Anarquista comenzaron a pelear por el liderazgo de la manada.
Al fin, Ada consiguió entrar en la mente de la mujer y descubrió que estaba intentando obligar a la Bestia a entrar en Frenesí. Asustada, Ada invocó sus peores recuerdos y los volcó en su mente, tratando de interrumpir el proceso, y por un momento, la mujer se quedó quieta y confundida.
Ada aprovechó para atacar, dispuesta a cortarle la cabeza sin más rodeos, pero aquella extraña armadura de hueso y pinchos no le dejaba ver ningun punto débil

"¡Atacala! ¡No te qudes quieta!"
exclamó Grigor en su mente, al darse cuenta de que con aquel gesto estaba mostrando debilidad. Aquello la enfureció aún más ¡Ella no era una luchadora! Y no soportaba la idea de mostrarse débil ante él... Alzó los brazos con el arma en alto, pero cuando dejó caer la espada con fuerza contra su cuello, uno de los terribles pinchos de hueso le atravesó el brazo, haciéndole soltar un grito de dolor. La herida le ardía y sentía el brazo palpitar de dolor, sin permitirle liberarse. Intuyó que se trataba de algún tipo de veneno, y tan rápido como pudo, invocó el poder de los muertos para alejar el dolor como había hecho otras veces.
Al dejar de sentir aquel ardor lacerante, pudo al fin liberarse y retomar su arma del suelo mientras la mujer continuaba inmóvil y aturdida. Ada miró su brazo: estaba muy maltrecho y casi inútil, pero no podía curarse en aquel momento, debía acabar con la mujer. La rodeó rápidamente, buscando algún tipo de punto débil, pero no lo encontró.
"Debo hacer que desaparezca esa armadura, ¡necesito hacerla vulnerable a la espada" se dijo.

De pronto, recordó algo, uno de los poderes que le había enseñado María. Jamás lo había intentado de aquella manera, pero si conseguía que la propia transformación le resultara dolorosa, y el dolor la obligara a volver a su forma original, tendría una oportunidad. Rozó con un dedo uno de los pinchos, transmitiendo al cuerpo el poder que activaba su piel y nervios y de pronto, la mujer gritó de dolor y se plegó en el suelo, entre espasmos, mientras una espuma sanguinolienta, producto de la presión contra su mente y del dolor de su transformación, surgía de su boca deformada. Podia no haber surtido efecto en circustancias normales, pero al estar en aquella forma y aturdida, el control de la vicisitud sobre los centros nerviosos se había cancelado, y aquel era el resultado de la combianción de los poderes.
Contra lo que había intentado, la forma aberrante se mantuvo, pero Ada vio como la mujer trataba desesperadamente de recuperar una forma humana, aunque con el salvaje temblor que sacudía su cuerpo, solo conseguía transformarse a formas grotescas al tiempo que gritaba atrozmente. Preparó la espada para atacar en cuanto aquellas transformaciones dejaran un punto vulnerable, aunque fuera durante un breve instante, y de pronto vio que el abdomen se descubría. Embistió y sintió la sangre salpicarle el rostro y mientras escuchaba el sonido sordo de las entrañas al caer al suelo. No se detuvo, un instante después las transformaciones dejaron vulnerable su cuello y la espada lo atravesó con fuerza, arrancando la cabeza al intentar tirar para recuperarla y dejandola atrapada entre los huesos deformándose con espasmos. El craneo quedó atrapado a medida que la carne se convertía polvo, hasta amarillearse, cuartearse, y convertirse por fin en pedazos.

A su lado, Grigor acababa de dar muerte al otro.
Había terminado.

Sintió el impulso de curarse la herida del brazo, pero ya había excedido con creces los poderes que en teoría poseía Ada. Miró a Grigor y se alarmó al ver que estaba herido: le habían cercenado medio brazo, que había caido al suelo, y tenía una herida importante en el vientre.
Sin pensar, Ada se le acercó y aplacó su dolor rozándolo levemente. Grigor volvió a su forma original.

"Había que aparentar que no éramos muy superiores a ellos"
dijo en su mente, y aquello fue más de lo que Ada estaba dispuesta a soportar.

"Te dije que no era una combatiente" espetó, furiosa.

Grigor miró a los demás anarquistas y mostró sus colmillos, alargados por el poder de vicisitud y todos sin excepción inclinaron la cabeza en señal de reconocimiento. Cogió entonces el craneo de su enemigo, que por algún motivo había quedado limpio en sus manos, vació el contenido en el suelo abriéndolo por la parte superior y dejó caer sangre de su brazo herido en aquella especie de cáliz. Luego, pasó el craneo a Ada.

"Vaulderie... de manada"
dijo. "Vierte tu sangre en el cráneo y pásalo a todos para que hagan lo mismo"

Ada tomó el caliz y vertió sangre de la herida en subrazo, que continuaba abierta, luego lo pasó a los anarquistas. Uno a uno, todos pusieron parte de su sangre en el recipiente, y cuando llegó de vuelta a Grigor, que cantaba en voz baja algo que debía ser necesario para la Vaulderie, este tomó un sorbo y volvió a pasarle la copa. Uno a uno, todos bebieron, y acabada la sangre, el ritual de la Vaulderie quedó completo. Atados por aquel rito, Ada comenzó a notar, por algún extraño movito... aprecio por aquellos hombres y mujeres que habían sabiddo quedar al margen de una estupidez como la que había sucidido. Sí, debían ser listos, les serían útiles, pero seguro también que ellos estaban pensando lo mismo... Una parte de su mente se dio cuenta de que la Vaulderie había creado sentimientos ficticios hacia ellos... pero los apreciaba.

Desde aquella noche, Grigor y ella tuvieron el control de la manada anarquista de Mediasch, una de las pocas con gárgolas, la única con tres, especialistas en el asesinato de Tremere para el gusto de Ada. Junto a ellos, los siguientes meses, comenzaron a comprobar cómo era la vida de los anarquistas transilvanos, entre otras cosas, mucho mejor organizados de lo que parecía.
El hombre que mató Grigor se llamaba Vladislav Lupescu, y la mujer que había muerto a manos de Ada, Katerina Knazi. Las manadas de las Siete Ciudades se encontraban de vez en cuando para discutir acciones conjuntas, contra los voivodas, los tremere, los ventrue... Pero la sensación general era de pesimismo.
Los ventrue y los tremere eran muy fuertes, y pasado un año desde que asumieron el control de esta manada, habían logrado acabar con al menos dos manadas enteras en la frontera con Hungría. Y todas las noticias del año siguiente son incluso peores, parece que en muchos sitios de Europa, las manadas se estaban rindiendo al poder de la Camarilla. Y los años que siguieron, todo continuó igual, de mal en peor, hasta 1492. Aquel año un mensajero Gangrel llegó a su territorio. Se había convocado un concláve... y lo convocaba Vykos. No habían sabido nada de él en los últimos cuatro años, pero al parecer, Vykos estaba haciendo una llamada a todas las manadas, cerca de la frontera rusa.

Grigor y Ada, con la manada al completo, acudieron a la cita.
En el lugar, cientos de vampiros se habían reunido, y Ada se dio cuenta de que jamás, en todos aquellos años, había visto tantos cainitas en el mismo lugar. Había al menos doscientos o trescientos vampiros, y Ada comprobó complacida que había humanos enjaulados como animales, por cortesía de Vykos.Estaban en algún lugar en medio del monte, cerca de un paso entre las montañas. Se decía que allí acechaban los hombres lobo, pero ningún lupino sería tan estúpido de meterse allí en aquel momento.
La noche de luna llena, cuando llegó al fin el día de la llamada de Vykos, se abrió el cónclave. Vykos se encaramó a una gran roca que hacía las veces de pedestal, y desde allí habló a todos los presentes, mientras Grigor y Ada le observaban con ojo critico, Grigor pendiente de sus palabras, Ada, divertida.
_¡Hermanos!-gritaba Vykos- ¡Hermanas! ¡Hijos de Caín! ¡Escuchadme! ¡Grande es la humillación que nosotros, los que somos libres, hemos sufrido de los Antiguos!¡Y ahora, muchos de nuestros hermanos doblegan la rodilla!¡Muchos de los que se autoproclaman "líderes" de los que somos libres, se pasan al enemigo!¡Y sellarán esta traición en pocos meses! ¿Lo podemos consentir?¿Podemos doblegar la rodilla?
Respondió un coro de voces furiosas e indignadas.
_ ¡Yo os digo que usemos esa farsa! ¡Demostremos a la noche quién es el amo!- continuó Vykos, exaltado-¡No a esos enclenques que desean que seamos humanos!¡Somos vampiros!¡Somos los cazadores que cazan al hombre!¡Ningún hombre nos gobierna, ningún dios, ningún antiguo!¿Quién vendrá conmigo a Thorns, a esa farsa de los antiguos, a demostrar a los hijos de la noche de qué estamos hechos? ¿Quién tiene las agallas de demostrar a la Camarilla que nuestras manadas, nuestros sabbats, prevalecerán?
Los anarquistas, las manadas, jaleban desde gritos guturales hasta de declaraciones de apoyo, gritos que clamaban venganza, gritos que clamaban libertad.
Las jaulas se abrieron y los humanos comenzaron a correr despavoridos, y Ada, como los demás vampiros, cazadores supremos, se lanzaron a su caza en una orgía de sangre y muerte.

Empezaba la fiesta.
 

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