30 may 2006

Sesión Sexagésimo Sexta: Cenizas

Venecia fue a su regreso un recordatorio de la masacre y de las sombras que se avecinaban. A mercerd de los Giovanni y sus caprichos, Michelle sentía que lo que ocurriera desde que anunciara su principado escaparía completamente de su control. Los Giovanni, ellos mismos neutrales, le obligaban a afiliarse públicamente al Sabbat, lo que le traería más problemas todavía, pero trataba de no pensar en ello. Al fin y al cabo, era un asunto de supervivencia.
_ Normalmente se prepara un Concilio- le explicó María cuando Michelle preguntó acerca de la proclama- al cual acuden los vampiros reconocidos como habitantes de la ciudad. El demandante proclama su candidatura al principado y entonces, los diferentes asistentes otorgan su apoyo a esa candidatura. Normalmente, el apoyo se logra otorgando cargos y territorios de caza, o sectores de influencia, al fin y al cabo, se trata de montar una estructura de gobierno y unas reglas para el juego. Supongo que los Giovanni estarán negociando los apoyos para tu candidatura, y te anunciarán a quién investir con qué poderes y cargos.
Michelle suspiró, resignada.
_ Contaba con ello.
_ Muy probablemente- continuó María- te pidan que Ambrogino sea el Primogénito de la ciudad, o al menos el primogénito Giovanni. Aunque teniendo en cuenta que quieren meter a miembros del Sabbat en Venecia afines a ellos, sin duda habrá cosas inusuales en la estructura que creen.
Inquieta, Michelle comenzó a caminar por la habitación, como un león enjaulado. Pero no había ansia en su rostro, sino pesar.
_ Yo no quería esta ciudad, no a este precio...
_ A saber cuántos príncipes han llegado o subsisten en su principado en modos semejantes. Si he de hacer caso a algunos rumores de mi época como Reina de Florencia, al menos un buen puñado.


"Magro consuelo" pensó Michelle dejándose caer en la butaca.

_ Entonces esperemos a que los Giovanni anuncien su jugada - dijo con rabia, apretando los puños- y entonces nos moveremos los peones.
_ No te preocupes.- dijo entonces la voz de Arístides, que había permanecido en silencio en un rincón. De nuevo recordó el beso que aquel ángel había depositado en sus labios y sintió una punzada de dolor indescifrable.- Puede que los Giovanni crean que carecemos de amigos, y puede que ahora sea cierto. Pero tenemos amigos, y poderosos. El tiempo atraerá gente a nuestro lado. Que crean que han puesto una bonita oveja en el trono.
Michelle miró a aquellos ojos que tanto amaba y de nuevo le asaltó el dolor.
_ Tú no puedes quedarte aquí- murmuró al darse cuenta de la situación- No con Augustus en el mausoleo...
Arístides no mudó el rostro: su gesto era tranquilo.
_ Hay gente a quien debo ver.-dijo sencillamente- Gente que nos puede ser de ayuda.
Sí, aquello era la esencia de Arístides, recorrer los caminos, conocer el mundo. Si había temido enjaularle, aquello debería aliviarla, pero muy lejos de aquello, también le retorcía las entrañas que se marchara lejos ahora que por fin le había encontrado.
_ Antes de que te marches, quiero pedirte algo.- dijo, casi con vergüenza de mirarle a los ojos para que no pudiera leer su turbación- Aunque no sé si tengo derecho a pedirte nada después de haberte cortado las alas.- Arístides asintió- Enseñame a Miguel.
Hubiera esperado desconfianza, incluso ira en sus ojos, pero no aquella absoluta bondad y aquella sonrisa, ni la delicadeza con que se introdujo en su mente, compartiendo con ella sus recuerdos. Por un momento, Michelle se sintió una intrusa, pero pronto la belleza que contemplaba la sobrecogió y ya no importó nada más.
Allí estaba, grandiosa y magnífica, Hagia Sofía en la vieja Constantinopla. La luna llena brillaba sobre sus cúpulas bañandola en una luz de ensueño y dotando a sus vidrieras de una magia singular. En el interior, coros celestiales cantaban alabanzas al Dios extranjero y allí, bajo la gran cúpula, arrodillado ante el altar de Cristo, vio a un ser de belleza pura, tan esbelto como la llama que quema todo mal, tan puro como la nieve de las más altas cumbres. Unas alas blancas y níveas se desparraban a su espalda como una cascada de espuma, y el cabello color miel parecía oro a la luz de las velas. Su voz, como un trino, como el arrullo de los ríos, como campanas, oraba al Señor, y tan conmovedora era que no pudo resistir el deseo de llorar de hermosura.
_ Él era puro.- dijo Arístides con la voz embargada de emoción- Solo deseó lo mejor para todos los que vivían bajo sus alas, mortales o inmortales. Su sueño lo era todo, y en su sueño Antonius y yo nos quedamos entretejidos.
De pronto, Miguel se alzó sobre el altar en su mente, y su imagen se distorsionó de manera extraña, y de pronto su piel adquirió los colores del arcoiris y el brillo del cristal, como si fuera una vidriera que hubiera cobrado vida. Con gracia infinita se posó ante la gran vidriera que coronaba el absis de Hagia Sofía, y vio a su diestra otro ángel que le daba la mano, y antes de verle el rostro, ya sabía que aquel ángel era Adonai, con aquel rostro que había visto en él la noche que casi le quitó la vida. Junto a ellos, había otro hombre, pero era tan regio y magnífico que podría haber sido el rey de reyes, de rostro solemne, solemne y sabio, y la mano izquierda de Miguel rodeaba a aquel hombre. Y aquellas tres criaturas eran magníficas como solo podían serlo los ángeles, y poco a poco la imagen se desvaneció, descubriendo los ojos llenos de lágrimas de Arístides, María y Michelle, que de pronto se sentía pequeña, sucia e indigna. Y sus lágrimas ya no eran de belleza.
Arístides miró al vacío con los ojos conmovidos.
_ Miguel... ¿Por qué?- murmuró.
Michelle alzó el mentón tembloroso.
_ Él te amaba...- dijo con voz débil llena de amargura, luego se miró las manos, el vestido, que otrora le parecieran tan esplendorosas y ahora se le antojaban andrajos- Y yo soy solo esto...
Y trás decir aquello, como si ya no estuviera allí sino muy lejos, se marchó.

No salió en varios días del taller y no dejó a nadie ver en qué estaba trabajando. Cuando al fin salió, estaba decidida a enseñar la Biblioteca de Malta a Arístides. María se mostró de acuerdo y hablaron a Arístides de ella.
_ Creo...- dijo admirado Arístides entonces- que la biblioteca puede ser un buen lugar para esconderme.
De nuevo, un puñal se hundió en las entrañas de Michelle que veía como aquel ángel quedaba enjaulado de nuevo, pero bien lejos, donde no podía verle.
_ María, ¿no es cierto que diste muerte al bibliotecario? ¿Quién sabe eso?- continuó Arístides. María sonrió traviesa y señaló a Michelle, que no sonreía ni parecía divertida. Arístides las miró a ambas, tratando de descifrar el motivo por el que una sonreía y no la otra, pero al cabo de un momento desistió y se introdujo en la mente de María para extraer una imagen exacta del hombre que la había tenido presa en Malta. Podía haber entrado en la mente de Michelle para averiguar qué ocurría, pero no lo hizo, y de nuevo Michelle no pudo sino sentir gratitud. Al cabo de unos instantes, en el lugar en que había estado Arístides, encontraron al segundo sire de María, Simón,
y los tres se embarcaron hacia la pequeña isla, mientras en Venecia, Lucio y Angelo quedaban a la espera de las consignas Giovanni.
La Biblioteca de los Secretos abrió sus puertas para ellos una vez más y Arístides observó y tocó los lomos de los libros y de los volúmenes que allí se custodiaban.
_ Hay mucho saber acumulado- dijo- muchos secretos.
Sin tocarlos ni abrirlos, tan solo con la mirada, evaluó uno a uno el contenido de los libros, descartando e indagando aquellos que podían ser interesantes. Cuando hubo pasado un tiempo razonable, Michelle se alejó en pos de la puerta y Arístides y María se volvieron hacia ella.

"Puedo enseñarte el lugar en que descansaba Malkav" dijo a Arístides, excluyendo a María deliberadamente. Ella no necesitaba saber aquello.

Arístides asintió.
"Vamos"

Y los tres caminaron hacia la torre en ruinas que había alojado al señor de los locos.
La torre estaba aún en peor estado que la última vez. Lo que quedaba de techo se había hundido completamente, así como la pared lateral derecha de la puerta. No veía a Gata en ningún lugar, tal vez se hubiera marchado cuando ella y Malkav dejaron Malta. Arístides tocó el suelo con la mano y dejó que sus sentidos fluyeran hacia la tierra.

"Estaba ahí dentro, solo un pedazo de carne"
dijo Michelle, recordando aquella noche maldita "Y tu sire brotó de mi pecho y habló con él. Aquí desapareció Michelle por cincuenta largos años"

"Estabas tocada con su esencia, como todos los que emplean la Vicisitud. Es el precio a pagar por el poder de mi clan."
respondió Aristides. De pronto se puso en pie y se volvió "Sal"

Michelle había aprendido a no cuestionar sus ordenes cuando era tan escueto, pero de pronto comprendió que no se refería a ella, y de pronto Gata apareció sobre uno de los muros en ruinas, agachada, lamiéndose una mano descuidadamente.
_ Puedes verme- ronroneó- Felicidades.
Su sonrisa era felina y despreocupada, como si no le importase en absoluto que ante ella hubiera alguien capaz de contrarrestar su ofuscación. Reparó entonces en Michelle.
_ ¡Michelle! ¡Cuanto tiempo!- exclamó- ¡Él te envía recuerdos!
Michelle la miró con recelo, entrecerrando los ojos. Aquella era una chiquilla de Malkav... Arístides, en cambio, estaba aparentemente relajado, aunque pudo intuir todos sus sentidos fijos en Gata. De pronto abrió mucho los ojos y de sus labios escapó una exclamación en una lengua extraña.
_ Vaya, vaya, vaya...- dijo al fin- Mari-el-aia... Esto sí que es una verdadera sorpresa. ¿Gata? ¿Ahora te haces llamar así?
Michelle maldijo para sí, aquello era como una pesadilla: allí donde llevaba a Arísitides, aparecía alguien capaz de destruirlo. Gata se sobresaltó y con ojos felinos estudió a un Aristides disfrazado de Simón. Poco a poco, Arístides mutó su forma a una que jamás había visto en él, y Gata abrió mucho los ojos, con reconocimiento.
_ Adonai.- y recuperando su postura anterior, continuó lamiéndose la mano- ¡Esto sí es una sorpresa!
Pudo sentir la relajación de Arístides, y pronto aquellas dos poderosas criaturas comenzaron a hablar en una lengua que Michelle ni siquiera reconocía. Al cabo de un rato, Gata se despidió y de un salto, desapareció. Arístides recuperó la forma del anciano y se volvió hacia Michelle.
_ Ya podemos volver a la biblioteca.- precibió entonces el miedo en el cuerpo de Michelle y sonrió suavemente- Tranquilizate, no es peligrosa. Ella fue un capricho de Malkav.
Dijo aquello como si pudiera ser un consuelo, al parecer sin darse cuenta que incluso un capricho de Malkav podía reducirla a cenizas sin que ella lo viera siquiera.
_ Intenté domesticarla para llevarmela a casa- murmuró, recordando la conversación que había tenido con Gata hacía tanto tiempo, en las calles de Malta- Vamonos.
Arístides alzó las cejas.
_ ¿Domesticarla? ¿Sabes que es probable que lo hubieras conseguido? Mari-e-aia era... ¿Cómo decirlo? Inocente. Si los malkavain tienen todos una lcotura, la de ella es ser inocente hasta el extremo por toda la eternidad. Su corazón carece de la habilidad para hacer el mal, al menos conscientemente. La eterna niña. Para muchos insufrible. Pero para otros, un faro de luz capaz de recordarnos noche a noche que incluso en nosotros aún puede haber inocencia. Ama a Malkav como a un padre. En las Guerras de Generación fue atacada tres veces por jóvenes sedientos de su sangre. Una de las veces, Saulot en persona fue quien la salvó. Otra, Malkav. La tercera fui yo. Me considera... Su hermano mayor desde entonces. Le he pedido que no diga a Malkav que estamos aquí. Podéis contar con ella para lo que queráis en esta isla. Y me ha pedido disculpas para ti. Nunca pensó que Malkav pudiese hacerte daño. Su corazón inocente sencillamente no podía concebir tal idea. Aún ahora cree que se trata de un malentendido, y que con el tiempo se resolverá.

"Malentendido, claro" pensó, sarcástica.

_ Bueno, media cara y un brazo. Un pequeño precio, que dirían.- dijo con lengua afilada- Le debo la vida a Vykos.
Pero Arístides no la escuchaba, negaba con la cabeza y miraba con tristeza hacia las ruinas.
_ ¿Sabes?- decía- Me da lástima. Se siente sola en este mundo eterno. ¿No has notado el aura de triste solitud que emana?

"¿Has sentido tú la mía?" pensó Michelle con amargura.

_ Por eso decía que ella habría aceptado de buen grado irse contigo.-continuó Arístides- Para no estar sola. A los niños...
_ Vámonos.- le cortó Michelle bruscamente- No quiero seguir ni un minuto más aquí. No son recuerdos gratos lo que tengo de este lugar. Si tanta lástima te da, llevala contigo a la biblioteca.- espetó.
Al fin, Aristides pareció comprender su estado de ánimo, aunque la razón para eĺ parecía seguir siendo un enigma. No dijo nada más, y caminaron de vuelta a la biblioteca.
María permaneció atrás en el camino, a su lado, mientras él abría camino, varios metros más adelante.
_ ¿Qué te pasa?- susurró con delicadeza pero con voz firme. Pero Michelle no respondió, negó con la cabeza y siguió caminando. Ellos no podían entenderlo.

Tras pasar un par de noches en la biblioteca revisando el lugar,, Arístides decidió que lo mejor que podía hacer era quedarse allí oculto.
_ No deseo atraer miradas giovanni durante tu investidura. Sería peligroso. Pero puedo pasar de vez en cuando por Venecia. También es mejor que usemos correos normales para comunicarnos. Los giovanni podrían usar un wraith para seguirte hasta aquí astralmente.

Un puño retorciendose en sus entrañas.
_ Sí, será mejor así.

"Perdoname" pensó con amargura "pero te amo demasiado para permitir que ames a alguien como yo."

No hubo despedidas y María y Michelle dejaron la biblioteca. Caminaron en silencio hacia el barco, pero cuando llegaron al puerto, vieron a Gata esperando cerca de la pasarela.
_ Siento mucho lo sucedido con mi amigo.- dijo cuando llegaron hasta ella- Yo... quería disculparme.
Era tan absurdo que Michelle no pudo sino asentir.
_ Acepto tus disculpas, Gata.- y la mujer sonrió.
_ Esto es para ti - dijo, y dejó algo en el suelo -. Un regalo para mostrarte mis disculpas... Y ahora, debo irme.
Dicho esto, se esfumó, y allí quedaron Michelle y María, con aquello a los pies. Parecía una joya sencilla, pero si algo había aprendido era que aquellas cosas jamás eran sencillas.Tanteó espiritualmente la joya y al cabo de un instante, entendió qué era y como funcionaba. Era algo similar a la moneda, una caja llena de recuerdos, pero en esta ocasión, eran de un solo tiempo y lugar, un tiempo y lugar que no reconocía, pero en el que descubrió a Arístides en la forma que se mostró a Gata. Comprendió con sorpresa que aquel debía ser su rostro trás dejar de ser Adonai... Sin embargo, Aristides no era el único que aparecía en aquellos recuerdos. Vio también a otros matusalenes cuando eran apenas unos neonatos, y comprendió con asombro que también eran los auténticos rostros de los antediluvianos los que veía en aquellos recuerdos. Aquello era peligroso y sintió un escalofrío. Guardó la joya en su bolsa, mirando a su alrededor temiendo que alguien pudiera comprender lo que había en aquella piedra, y María y ella embarcaron de nuevo hacia Venecia.

A su regreso, Lucio le anunció que Ambrogino había pedido verla para darle los detalles de la proclama. No le hizo esperar, quería terminar aquello cuanto antes y aquella misma noche lo recibió en el salón privado de su casa, acompañada por María.
_ Buenas noches, Michelle, y María.- dijo Ambrogino al entrar al salón y encontrarlas allí, sentadas en sus espléndidos sillones como si de tronos se trataran.- Espero que esos asuntos que os han obligado a salir de la ciudad hayan sido... satisfactorios.
Michelle se preguntó si algú wraith del ejército Giovanni las habría seguido hasta Malta, pero decidió no mostrarse inquieta.
_ Bien- dijo, ignorando el comentario- ¿Ya está todo listo?
_ Lo está- asintió Ambrogino- Oficialmente, vos y vuestra gente acabasteis con Alfonso de Venecia, con el apoyo y beneplácito de los Amici Noctis. Los Amici Noctis son un grupo interno del clan lasombra que decide quién debe morir dentro del clan. Por tanto, para tener su beneplácito, Venecia tendrá dos primogénitos: yo como independiente, y un lasombra sabbat.
_ ¿Y ellos saben que me dieron su apoyo y beneplácito?-interrumpió Michelle, irónica- ¿O los tendré llamando a mi puerta en menos de una semana?
_ Los Amici saben bien que Alfonso era problemático. Sencillamente ha sido conveniente "su" apoyo. Así han hecho entender dentro de su clan que tienen las riendas de todo, incluso para acabar con alguien como Alfonso. El elegido para la primogenitura se llama Ludovico Andreotti, y aunque es genovés de nacimiento, lleva doscientos años siendo miembro destacado de los cainitas romanos. Ludovico está al tanto de nuestros tratos, y es consciente que los Amici nada tuvieron que ver con la caida de Alfonso. Sin embargo, en Roma nunca fue ambicioso incluso cuando se le dio ocasión para ello. Es un lasombra que prefiere quedarse en la sombra de un príncipe brillante, y no asumir el liderazgo de nada.
_ Dadle tiempo, signore.- apostilló Michelle.
_ Bueno, si se muestra peligroso, siempre podemos retirarle nuestro apoyo.

"Peligroso para los Giovanni, por supuesto" se dijo Michelle, y compartió aquel pensamiento con María, que asintió.

_ Por debajo de los giovanni y los lasombra, y de vos, habrá un triunvirato.- continuó Ambrogino- Cada uno de los miembros del triunvirato quedará bajo supervisión directa de uno de los primogénitos y el príncipe. El triunvirato serán las cabezas visibles de los cainitas menores, y se ocuparán de la mayor parte de la administración menor de la ciudad. Nosotros supervisaremos al cónsul de los clanes independientes, Luca Giovanni. Los otros dos miembros están elegidos, aunque no bajo quién quedará su supervisión. Por un lado, hay el cónsul de los antitribu combatientes, aquellos antitribu que han optado por combatir a la Camarilla. Por el otro lado, el cónsul de los no combatientes. Aquellos que han preferido crear una sociedad Sabbat propia. Los combatientes los liderará el ventrue antitribu Adriano mientras que los otros los dirigirá la nosferatu antitribu Ariadna Comneno.
Michelle reprimió un gesto de desagrado ante aquel incipiente nido de víboras.
_ Adriano es chiquillo de Hardestat el Joven,-continuó Ambrogino- chiquillo a su vez del Fundador Hardestat, y una de las cabezas visibles más prominentes de los antitribbu de su clan. Ariadna por su parte es una superviviente de más de quince batallas contra la Camarilla incipiente, que ha dejado de lado las armas para construir un ideal Sabbat.
_ ¿Algo más?- inquirió con saña Michelle. Ambrogino alzó las cejas, sin comprender aquel tono.
_ ¿Perdón? Eso debería venir de vos, Signora.
_ Bien, explicadme ahora ¿Por qué ese interés en que no vuelvan por estas tierras ni Vykos ni el Vivisector?
_ Los Amici Noctis vigilaban el lugar del encuentro. Es más, Montano en persona lo hizo. Saben de nuestra implicación, y que Vykos y Velya estaban sólo de paso. Augustus tuvo que negociar personalmente con Montano. El acuerdo fue cerrado de este modo. Venecia y Florencia nuestras, pero a cambio hemos cedido algunos dominios que teníamos en disputa.
Michelle asintió.
_ Entonces levantaré esa orden. Quiero al menos poder decidir quien etra y quien no en esta ciudad.
Ambrogino mantuvo la compostura, pero Michelle pudo intuirlo incómodo.
_ Eh... claro,-dijo- Como príncipe de Venecia, tendréis la autoridad habitual de un príncipe: derecho a repartir dominios de caza, entradas y salidas de la ciudad, progenie... Nosotros sólo deseamos que nuestro habitante ilustre pase desapercibido, pues aunque Montano sabe de su presencia aquí, nuestro acuerdo debería evitar problemas por ese lado. En cualquier caso, nuestra autoridad sobre las fuerzas de la ciudad es limitada. Un control por nuestra parte sobre el triunvirato, por ejemplo, podría levantar sospechas en el Sabbat... No deseadas. Es por ello que tendréis autoridad plena por nuestra parte, y los lasombra del Sabbat garantizan que al menos por el momento los representantes del Sabbat os serán leales. De todos modos, sugieren que busquéis un priscus de confianza para oficiar los ritos oficiales de la secta.

La conversación terminó con aquello. Ambrogino se marchó visiblemente aliviado, sin entender demasiado bien por qué la cortesía y amabilidad de Michelle de Mauvernay habían mutado en fría ironía. Pasadas un par de noches, Augustus Giovanni le dio permiso para hacer la proclama. Se vistió con su vestido más magnífico y solemne, y reunió en la gran casa a los vampiros de Venecia. Entre ellos estaban sus dos primogénitos y su triunvirato, esperando como si nada o poco supieran del asunto.

"Bien, empecemos la farsa" se dijo.

Cuando todos estuvieron en el palacio, Michelle subió lentamente la escalinata desde la que inauguraba bailes y fiestas, bien a la vista de todos, y saludó con una inclinación de cabeza, uno a uno, a los más prominentes miembros de la sociedad cainita veneciana.
_ Buenas noches, respetables señores- comenzó- Sed bienvenidos en este palacio. Algunos de vosotros me conocéis, otros apenas habréis oido hablar de mí, pero Venecia no me ha olvidado. Soy Michelle de Mauvernay, chiquilla de Loni de Lances, chiquilla de Rodrigo de Lances. Os he reunido aquí esta noche porque el Usurpador ha caído, pagando con su vida el precio de lo que había arrebatado al mundo, devolviendo a Venecia la posibilidad de la luz que una vez la inundó, llenándola de grandeza. Una grandeza que el viento anunció en toda Italia y más allá de los Alpes. La fama de esta ciudad fue una vez inmensa pero en estos tiempos aciagos se volvió sombría, un resquicio apenas de lo que fue en otros tiempos. Pero Venecia me recuerda. Recuerda cuando llegué a esta ciudad hace más de doscientos años, cuando era apenas una neonata sin bienes ni gloria, y me vio crever, convertirme en lo que ahora véis. Tomé de ella como ella tomó de mí, y regreso ahora, después de tanto tiempo, con la intención de devolver a esta ciudad el esplendor que un día tuvo. Con vuestro apoyo, Venecia será de nuevo grande, hermosa y temida.-los rostros de los asistentes mostraban asentimiento y sintió que le infundían valor- ¡Un bastión ante el rostro de la Camarilla! Que tengan ante sus ojos el faro más luminoso del Sabbat que les ciegue, que les queme la vista, porque Venecia es la gran puerta a la Tierra del Sabbar, en sus marismas comienza Italia, y cualquier hermano será bienvenido en sus calles, y aquellos que no traigan intenciones de guerra ni de mal tendrán caza refugio en esta ciudad.

Tomó aliento, los ojos le brillaban.

_ Pero yo no soy Venecia.-continuó- Venecia somos todos y cada uno de los presentes aquí esta noche, y si yo le daré la luz que le falta, vosotros podéis ayudarme a darle la dureza del acero, la agudeza de la espada y la grandeza del pasado. Para conseguir todo esto, yo, Michelle de Mauvernay, necesitaré de dos sólidos pilares. Adelantaos, Ambrogino Giovanni.
Ambrogino dio un paso al frente.
_ Vos sois un respetable ciudadano en Venecia, un sobresaliente miembro en vuestro Clan y un hombre honorable ¿Queréis vos ser uno de mis pilares y ayudarme a gobernar Venecia con justicia?
El Giovanni asintió con una leve reverencia.
_ Si es vuestro deseo, sí, Signora.
Michelle asintió y Ambrogino se situó a su lado.
_ Adelantaos, Ludovico Andreotti.
Ludovico avanzó. Era un hombre de aspecto anciano, delgado, algo encorvado y lleno de arrugas, como un viejo cuervo, sin embargo, su mirada estaba llena de fuego y había en él una extraña vitalidad.
_ Durante doscientos años habéis sido un respetable miembro en la sociedad cainita Romana, gran joya de la corona italiana. Vuestro nombre os precede y honra esta casa y esta ciudad ¿Deseáis ser vos mi pilar, para ayudarme a gobernar Venecia con sabiduría y fuerza?
Andreotti se inclinó como lo hiciera Ambrogino y mintió:
_ Con humildad lo deseo, Signora.

"Ya solo queda el acto final"

_ Ciudadanos de Venecia, ante vosotros tenéis a vuestros dos primogénitos.- exclamó- Los hermanos del Sabbat y aquellos independientes tienen representación y cabida en el gobierno de esta ciudad.Que no se diga de Venecia que se cierran las puertas a quienes la quieren bien.- sonaron aplausos en el salón y Michelle sintió que hoy más que nunca estaba interpretando su gran papel- En esta noche, ciudadanos de Venecia, y ante vuestros ojos y a vuestros pies, se alza Michelle de Mauvernay, Reina de Venecia y Luz de Italia. Que mi reinado traiga a Venecia todo el esplendor que se merece y al Sabbat su estandarte más esplendoroso.

Los aplausos lo llenaron todo.
Había comenzado el Reinado de las Cenizas.
 

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