1 ago 2005

Sesión Trigésimo Quinta: Revuelta

1413

Pasó el tiempo y, de pronto, llegaron las pesadillas. Al principio le asustó el hecho de soñar, pues desde el fatal Abrazo de Rodrigo, el delirio de su mente se había desvanecido por completo. Los vampiros no soñaban, y sin embargo ella comenzó a ver sangre y dolor en sueños. Cada mañana, su mente se llenaba del rojo de la sangre, de la carne retorciéndose, del dolor, del miedo, de la ira... Cada mañana soñaba y se retorcía presa del dolor en su lecho, y cada noche despertaba empapada en un sudor sanguiñoliento que la hacía sentir tremendamente débil.

Había cientos y cientos de sentimientos en aquella pesadilla, pero eran tantos y tan confusos que tan solo podía distinguir unos cuantos. Concentró su mente en sobreponerse al dolor y buscar señales en los sueños, temerosa de que aquel delirio estuviera anunciando el regreso del Ordo y de Malkav. Pero no fue lo que encontró. Primero distinguió entre las tinieblas los rizos castaños, y la frente despejada, la mirada penetrante y la sonrisa severa y al tiempo amable... Y en el fondo de su alma supo que donde fuera que estuviera, Arístides estaba sufriendo un tormento atroz.
Trató de llamarlo, de encontrarlo a través de la moneda, pero esta permaneció muda, y ella continuó sufriendo aquellas pesadillas, cada noche más angustiada sabiendo que era él quien estaba sufriendo aquel atroz dolor... y preguntándose si era a causa de su desarrollado auspex que estaba sintiéndo lo que sentía él...

Puesto que la moneda ya no constituía una ayuda, recurrió a Vykos. Las últimas noticias de Arístides habían llegado a través de él, y decían que el Dracon se encontraba en algún lugar de los cárpatos transilvanos, tal vez vigilando a los Tremere.

Era una época turbulenta para los vampiros: por toda Europa, cada vez más neonatos se agrupaban y organizaban contra sus antiguos. La Inquisición estaba cada vez más activa y tanto María como ella tenían que tener especial cuidado en sus juegos para no llamar más atención de la deseada. Hasta Florencia llegaron rumores de que los assamitas se vendían a cambio de diableries o sangre de antiguos para asesinar a los sires de estos neonatos... Muchos negaban aquella revuelta anarquista, pero lo cierto es que cada vez más era un hecho que algo estaba cambiando en la sociedad vampírica. En Iberia, los rumores llegaban con más fuerza, allí los neonatos se alzaban contra sus antiguos, liderados por Brujah rebeldes.

Trás varios meses de pesadillas, llegaron noticias de los cárpatos: un gangrel viajero se había marchado de la zona pues corría el rumor de que un tal Lugoj había diabolizado al propio Tzimisce, y él y su manada estaban sembrando el caos entre los antiguos: si se habían alzado contra un antediluviano, ya ningun vampiro estaba seguro en ningún lugar.
Luego era llamado el Rompesangre, y el gangrel que huyó de los cárpatos decía que él y sus compañeros habían encontrado el modo de romper el vínculo de sangre que les ataba a sus sires, y ahora que eran libres, aprovechaban para vagar y lanzarse contra todo lo que oliera a sangre de antiguo solo para diabolizarlo.
Muchos tildaron las palabras del gangrel de falacias, pero extrañamente, el tiempo de inicio de sus pesadillas, y el relato coincidian demasiado exactamente.
Aquello la decidió: una noche despertó y dejó su cuerpo en el lecho, enviando a su alma a cruzar el Adriático, los campos y los bosques...
Había oido que Vykos estaba en Bistritz, y fue a buscarle, pero solo encontró una ciudad gris dominada por un castillo. En las calles, las puertas y ventanas de las casas aparecían tapiadas y el miedo eran tan sólido en el aire que casi podía apartarlo con las manos según avanzaba por las galerías oscuras.

De pronto, percibió un movimiento y se aproximó al lugar, descubriendo a un grupo de cainitas. Uno de ellos embestía con fuerza una puerta tapiada tratando de abrirla, y el resto hablaba en rumano o en húngaro, de modo que no pudo entender lo que decían. Trás unos momentos con el tedioso sonido de las embestidas, otro vampiro apartó bruscamente al que golpeaba, y de pronto su tamaño se dobló al tiempo que adquiría una forma espantosa. Había oído hablar de la forma de zulo tzimisce, pero era la primera vez que la veía y sintió un escalofrío: aquella bestia podía destrozar casi cualquier cosa con las zarpas... Como si fuera de papel, la bestia partió en dos la puerta y diez minutos después, los siete miembros de la familia que se ocultaba en su interior morían secos de vida y sangre, dejando a la manada marcharse de la ciudad, impunes... En un rápido vistazo antes de que se marcharan, Michelle percibió en sus mentes un odio profundo hacia lo que fuera que habitaba en el castillo, y aquello despertó su curiosidad...
Se elevó sobre las calles y se aproximó al castillo, pero cuando fue a penetrar en sus murallas... chocó contra algo duro y frio ¡No podía entrar! Aquello ya fue signo de que alguien muy poderoso se ocultaba en el interior. Lo intentó de nuevo, pero no pudo entrar.

De pronto, una voz llenó su mente.

"¿Qué haces aquí, niña?"

Jamás había oido aquella voz. No buscó su origen, pues sabía que hablaba directamente en su mente.

"Vaya, un juguete de mi hermano..."


Sintió un puño atenazar su pecho. Sabía que se refería a Arístides ¿Su hermano de sangre? ¿Le tendría él preso? Se armó de valor.

¿Quien eres?

"Michelle de Mauvernay... Loni de Lances... ¿Quién eres tú?"

Se sintió desnuda al sentir que estaba leyendo su alma sin ningún tipo de reserva... Pese a todo su entrenamiento, pese a su poder, Michelle sintió que estaba frente a un maestro del auspex, como Arístides, infinitamente superior a ella. Sintió que se rebelaba en su interior, no le gustaba sentirse débil, ya no era la chiquilla desvalida que había salido del castillo de Rodrigo

"¿Por qué preguntas lo que ya sabes?" inquirió

"Cierto" dijo la voz "¿Para qué preguntar?"

La presión en su mente comenzó a incrementar, podía sentir como si una gran bola de metal rodase en su mente, empujando con fuerza atroz sus sienes. El dolor la atenazó por completo, pero se obligó a no mostrar su dolor. Al cabo de un tiempo, la presión cesó, y casi lloró de alivio.

"Dile a tu maestro que le odio"
dijo la voz "Nuestro padre le ha elegido a él, y no a mi. Esto no quedará así."

Sabía que la estaba despidiendo, pero no había llegado hasta allí para marcharse tan fácilmente.

"¿Donde está?"

"Recuperándose" dijo la voz.

"Pero... ¿Donde?" insistió.

"Ni lo sé ni me importa"

"Entonces tu mensaje tendrá que esperar"

La voz hizo caso omiso de sus palabras.

"Vete pajarito, y no vuelvas, este del castillo es mío" dijo.

La curiosidad le pudo.

"¿Quién hay ahí dentro?"

"Radu"

"¿Quién es?"

"Radu"


De pronto se alzó un fuerte viento.

"Vuela, pajarito"

El viento huracanado la arrastró con fuerza, impidiendole resistir. Su alma se vio arrojada por los aires, y en lugar de sentir temor, se dejó llevar por aquella fuerza, deseando ser capaz de hacer aquello algún día... Sí, después de todo no era más que una niña, pero crecía rápido y aprendía deprisa...

Cuando el viento cesó, había sobrevolado cientos de kilómetros, y no supo decir donde estaba, salvo en un lugar cercano a los Alpes. El refugio de los Obertus, donde pretendía encontrar a Vykos, quedaba demasiado lejos para llegar antes de que amaneciera, de manera que regresó a su cuerpo tan rápido como pudo.

En los meses que siguieron, trató de localizar a Vykos, pero no hubo manera, y gradualmente las pesadillas desaparecieron. Medio año después, había dejado de soñar. Utilizó entonces la moneda, y esta vez si que percibió la voz de Arístides respondiendo a su llamada.

"Pronto llegaré" decía "Prepárate para recibirme"

Hubiera querido preguntarle si estaba bien, qué había ocurrido, pero decidió que era algo que prefería hablar con él cuando llegara. Un cosquilleo le recorrió la espalda al pensar en verle de nuevo, y se reprendió a sí misma por aquella idiota ingenuidad.
Michelle pasó el resto del tiempo tratando de concentrarse en la escuela y la escultura, pero en su mente formulaba mil hipótesis, acerca de si el tal Lugoj era en realidad Arístides... Hasta que un día su chamelán Carlo entró en la torre y anunció que un caballero preguntaba por Michelle de Mauvernay, lo cual era significativo, pues en aquella época era conocida en Florencia como Lorena di Svaglio, y ya no era la belleza pelirroja de rostro fascinante, sino una discreta aunque hermosa mujer morena de ojos claros.
Michelle, sabía quién la llamaba, y bajó las escaleras tratando de no correr. Cuando abrió la puerta, Arístides dibujó una leve sonrisa en sus labios. Vestía de manera extraña, el ropaje raído y desgastado por el viaje. Era evidente que había pasado muchas penalidades y su rostro, habitualmente sonriente, estaba ahora torcido en una permanente mueca de dolor.

_ Bienvenido, mi señor.- dijo con una grácil reverencia.
Arístides dio un paso al frente, acercándose a ella.
_ Hola, pequeña.- dijo, su voz sonaba rasposa, como si el hecho de hablar le supusiera dolor.- Traigo a alguien para tí.
Pasaron juntos y en silencio atravesaron el salón y las escaleras hasta el silencio de la torre. Allí tomaron asiento.
Arístides abrió su capa y trás sus pliegues pudo ver a un bebé humano de seis meses. Hubiera sido lo normal dar las gracias por el obsequio, pero había algo en los ojos del retoño que le hizo saber que no se trataba de un bebé normal... Miró sus uñas: un bebé mortal normal no tendría unas uñas como aquellas, ni aquella mirada que la estaba evaluando claramente... Llamó a los sirvientes para que prepararan un baño caliente para Arístides. De pronto, el bebé miró a Arístides y asintió, y Michelle supo en aquel preciso instante de quien se trataba. Tzimisce... Antiguo entre antiguos, poderoso entre poderosos, el sire de Arístides.

"Sí, Loni Michelle... has acertado" dijo el antediluviano en su mente, y Michelle sintió que debía arrodillarse ante un poder tan sobrecogedor, pero se mantuvo en pie.

_ Necesita ocultarse unos años, mientras crece.- dijo el Dracon.- Pero el sol no puede tocarle...

"Y nadie, nunca, puede saber que estoy en tu casa, oculto"

Michelle asintió y se inclinó levemente en señal de respeto.

"No lo sabrán"

Arístides le entregó al bebé, y Michelle lo sostuvo en brazos: parecía tan desvalido en aquel cuerpo... Pero nada más lejos de la realidad, aquel podía ser cualquier cosa menos débil y desvalido...

_Una cosa...- dijo de pronto Arístides.- Él solo bebe... sangre de vampiro.
Michelle se obligó a asentir y sintió como el bebé rasgaba con las uñas la tela de su vestido y mordía directamente el pezón. Un siseo se escapó de entre los dientes de Michelle y se obligó a pensar que estaba amamanatando al propio Tzimisce con su sangre. Se sintió terriblemente honrada por ser digna de aquello...

Se recostó contra el respaldo de la butaca mientras el bebé bebía plácidamente, sobre su regazo, y miró a Arístides: al entregarle al niño, toda la tensión que había notado en él había desaparecido, y ahora volvía a ser el de siempre, más sucio, delgado y demacrado, pero él.

Arístides se dejó al fin acompañar al baño cuando estuvo listo, y Michelle se quedó a solas con el niño, que al cabo de un instante, saciado ya, se acurrucó en su regazo y se quedó dormido. Michelle suspiró tratando de asimilar lo que ocurría: el propio Tzimisce dormido entre sus brazos, y a su cuidado... No se preocupó en ocultar el pecho, pues no quería despertar al bebé, y cuando Arítides regresó, limpio y vestido, pudo ver que había adelgazado mucho.
_ Crecerá como un niño normal.- dijo al sentarse de nuevo frente a ella y miró al bebé.- Y un día se irá.
Michelle asintió, no necesitaba saber más, era peligroso saber demasiado.

_ Te busqué.- dijo a Arístides.- Te vi en sueños, sufrías, pero no te pude encontrar.
Entonces ocurrió algo que Michelle no esperaba: Arístides la observaba claramente sorprendido.
_ ¿Notaste mi...? ¿Cómo?- esta vez fue el turno de Michelle de sorprenderse, había esperado que él le explicara...
_ ¿No... no lo enviabas? Pensé que tal vez estabas enviandome aquello, para que fuera a buscarte.

Arístides se puso en pie y desabotonó poco a poco su camisa. Michelle reprimió el impulso de ayudarle, y cuando hubo terminado y retiró la tela de su cuerpo, pudo ver que en su vientre, donde había pensado que estaba delgado, faltaba un gran trozo de carne.
_ Parí... con dolor.- Michelle miró al niño.
_ Pero ¿Cómo?
Arístides volvió a cerrar su camisa.
_ Eso no importa, así debía ser.
Permanecieron en silencio largos minutos, con el crepitar del fuego en la chimenea como único sonido en la estancia. Al fin, Michelle habló de nuevo:
_ Cuando te buscaba encontré a alguien. No dijo su nombre, pero dijo que era tu hermano y que te odiaba porque vuestro sire te había escogido a tí, ahora entiendo a qué se refería.
Arístides alzó las cejas.
_ ¿Cómo? ¿Cuando?¿Donde?- Michelle le contó lo ocurrido.- El castillo de Radu... Entonces, realmente Radu es un peón de Yorak- dijo para sí mismo. Luego miró de nuevo a Michelle.- Creo que fue mi hermano mayor quien habló contigo, el sacerdote supremo de la Catedral de la Carne.
_ Nunca me habías hablado de él.- al decir aquello, se dio cuenta de lo absurdo que sonaba.
_ Nunca necesitaste saber de él.- respondió Arístides.- Es casi tan viejo como nuestro padre y fue su primer hijo...
Michelle comprendió el odio de Yorak.
_ Pero él te eligió a tí.- Arístides asintió.
_ Porque yo me muevo. Yorak está atado al suelo, al demonio que lo alimenta. Sus enemigos saben dónde hallarle y él no se moverá. Cree que la Catedral de la Carne le protegerá de todo mal, en cambio, conmigo nuestros enemigos jamás sabrán dónde buscar.

Michelle sintió una punzada.
_ Tampoco los amigos.
_ En la Jyhad... Los amigos son raros.- fue la respuesta del Dracon. Michelle tuvo ganas de gritar.
_ Pero a veces los peones somos de utilidad y no pude encontrarte.
El gesto de Arístides se tornó grave.
_ No debías encontrarme. Era vulnerable. Ahora, por suerte, ya no es así. Lo que me pregunto... ¿cómo pudiste sentir mi dolor?
Michelle se encogió levemente de hombros y agitó la melena oscura sobre sus hombros.
_ Solo estaba ahí, de pronto, y luego desapareció- dijo. Arístides también se encogió de hombros y se puso en pie.
_ Todo esto me ha agotado, debo ocultarme, ir al letargo...
_ ¡No!- las palabras escaparon de los labios de Michelle antes de que pudiera siquiera evitarlo, y rápidamente se llevó la mano a los labios, como tratando de contener las palabras que ya habían sido pronunciados. Se sintió débil y nimia. Arístides la miró con ojos cansados, pero sonrió débilmente, asintiendo.
_ La sangre me pesa... Una noche tú también lo sentirás.
Michelle se obligó a asentir.
_ ¿Cuando volverás?
_ Cuando sea el momento.- sí, era el tipo de respuestas que daba Arístides. Michelle se puso en pie y se irguió como señora de la casa, ignorando el pecho descubierto.
_ Puedes quedarte aquí el tiempo que necesites.- dijo, como digna anfitriona que era.
Arístides la miró a los ojos.
_ Así lo haré.- Michelle reprimió una exclamación de sorpresa, había esperado alguna cortés evasiva por su parte... De pronto, vio como sus pies se disolvían en el suelo, y poco a poco, iba desapareciendo, entrelazandose con la piedra que constituía su casa...

"Buenas noches" dijo Arístides en su mente y en pocos minutos, su cuerpo había desaparecido por completo y en el suelo solo quedaban las ropas, fundido con la roca y la madera que eran la casa. Había oido hablar de aquel poder tzimisce, y cada vez se sentía más fascinada por aquel clan. Ser uno con la tierra: Arístides acababa de ocultarse para su letargo...

Se sentó en el suelo y se inclinó hasta quedar tumbada en la cálida alfombra, tratando de sentir que él estaba allí... Miró al niño desde el suelo y le vio dormido. Le criaría como un niño más de la escuela, a no ser que él no quisiera salir de la torre.

Y le llamaría Leonardo.

Pasaron años antes de ver en él de nuevo aquella mirada, y cada noche, puntual, se presentaba en el salón privado de la torre para tomar su sangre. Mientras fue un bebé, dejó que bebiera de su pecho, recreando la escena maternal, pero cuando el niño fue más crecico el cuadro le pareció aberrante y dejaba que bebiera de su muñeca o incluso su cuello.
Leonardo creció y resultó ser un niño introvertido. Un niño que jamás sonreía ni lloraba, sino que siempre observaba, a todos, continuamente. En esos años, quedó patente su sorprendente capacidad para poner nerviosa a la gente, pero su educación era exquisita. Siempre leía todo lo que entraba en la casa, y a los quince años, había leído dos veces la nutrida biblioteca personal de Michelle. Sin embargo, por lo que podía ver al hablar con él, Michelle se dio cuenta de que como medida de protección hubiese enterrado a su verdadero ser. Camuflado, tenía cosas más importantes en qué pensar que en satisfacer la curiosidad de su cuidadora.

Cuando pasaron algunos años y Leonardo cumplió los siete, llegó una alarmante noticia a la ciudad, que puso a todo el mundo muy nervioso. Montano, chiquillo de Lasombra, había diabolizado a su sire en el Castillo de las Sombras, en Sicilia, y el clan Lasombra estaba ahora en guerra civil. Pocos meses depués, apareció en Roma, seco el cadaver del actual esposo de Carola, y por el montón de cenizas que había junto a él, se intuía que una manada anarquista había dado caza a la antigua y la había diabolizado. María, al oir la noticia, cayó en un frenesí que terminó con la mitad de su servicio, pues Carola se había mudado a Roma al perder el favoritisimo de María por Michelle.

Por otro lado, las cartas de Lucio, Angelo y Pietro llegaban cada vez con menos frecuencia: vivían como podían, pero los antiguos se habían vuelto recelosos de los forasteros y nada era fácil.
María convocó entonces una reunión de cainitas en Florencia y decretó que cualquier anarquista que fuera descubierto en la ciudad estaría inmediatamente bajo caza de sangre, y para evitar que la guerra civil lasombra salpicase Florencia, ningún lasombra de ningún bando sería admitido en la ciudad.
En Venecia, la guerra estaba resultando especialmente dura y los chiquillos del príncipe apenas aguantaban las duras embestidas enemigas. Habían enviado misivas a otras ciudades aliadas pidiendo ayuda, pero María las había arrojado todas al fuego y al parecer manadas anarquistas asediaban Venecia. De Pietro pasaron las semanas sin saber absolutamente nada y nadie viajaba a la ciudad ni salía de ella.

No pudo aguantar más. Recostó su cuerpo en el lecho y envió su alma a aquella ciudad en la que había pasado tan bellos momentos. Encontro a Pietro en la cámara secreta que había construido cuando vivía en Venecia, para emergencias. Había entrado en letargo, hasta que alguien pudiera sacarlo de allí de una pieza, tal vez cuando se calmaran las cosas. Sin embargo, no se calmaron y pronto llegó la noticia de que Guillermo, el príncipe de Venecia, había sido diabolizado por assamitas...

1422

Una noche, mientras esculpía en el taller, oyó un grito en el tejado y casi sin quererlo, su alma abanonó su cuerpo a toda prisa y flotó hasta la azotea, dispuesta a descubrir a los anarquistas... Y los descubrió, solo que no fue la primera.
Una masa de carne y tentáculos estaba devorando a una manada de anarquistas que había intentado entrar en la casa por el tejado. Apenas duró unos segundos, y al cabo de un instante, Leonardo absorvió la masa de carne y no quedó rastro alguno de los asaltantes. Volvía a ser el niño taciturno de siempre, que alzó la vista y la miró en su forma astral... El niño se encogió de hombros y volvió al interior de la casa para proseguir con sus clases de piano. Michelle regesó a su cuerpo con los ojos muy abiertos, y tardó un instante en reaccionar para seguir picando el mármol.

Algunas noches después llegó el rumo de que una manada que preparaba el asedio a la ciudad había desaparecido. Unos meses después, Marco el joven gangrel, cayó muerto en una emboscada conjunta tendida para él y Andrea Sforza, quienes eran intimos amigos. Andrea apenas consiguió salvarlo, no así Marco, que murió a manos de los anarquistas. Andrea mantenía que había visto a uno de sus atacantes extraer su propio fémur a modo de espadón. Tzimisce...
Tomó entonces Michelle la resolución de crear otra Lorena: abrazó a una muchacha que había seducida por uno de sus estudiantes, y Leonardo hizo de ella una copia del aspecto de Michelle. A partir de aquel momento, ella misma adoptó, en público, el papel de sirvientam, y hablando directamente en la mente de Alba, su chiquilla, la hacía interpretar el papel de anfitriona.

En 1425 la casa de María ardió en llamas. Michelle despertó y le comunicaron que llevaba así desde poco después de la puesta del sol, y que había disturbios en las calles. Envió su alma desde el seguro refugio de la torre, para ver el estado de la ciudad, y la descubrió sumida en el caos. El rio estaba plagado de anarquistas y alguien se había dedicado a Abrazar en masa a toda la población, y al menos treinta vampiros en frenesí atacaban a los civiles por las calles. Los curas, antorchas y estacas en mano, trataban de defenderse, apoyados por la guardial, sin demasiado éxito.

Voló hacia el rio y se sumergió, y vio a los anarquistas que habían creado aquello dandose a la fuga por el lecho del rio. Concentró su atención en tres y con su voluntad dio vida a sus pulmones: el primero de ellos llevó sus manos a la garganta, pero enseguida recuperó el control. Michelle maldijo para sus adentros, había olvidado que era algo que podía ser rechazado, de modo que dejó que se marcharan. Al cabo de unas horas todo parecía controlado. María había sobrevivido, pero estaba terriblemente enfadada e insistía en trasladarse a casa de Michelle.
Las semanas siguientes fueron horrorosas: la Inquisición hacía inspecciones puerta por puerta buscanso a los infernalistas y demonios, y vivir siendo vampiro en Florencia se convirtió en un infierno. Michelle pidió a Leonardo que hiciera una Lorena mortal para enfrentarse en la inquisición, puesto que eran cuatro cainitas que alimentar en aquella casa y debían andar con muchísimo cuidado.

Trás un año, las cosas parecieron volver a la normalidad, pero en ese tiempo los anarquistas habían diezmado las tierras cercanas a Florencia y la situación de Florencia se había vuelto horrible, la mitad de la población vampírica de la ciudad había ardido y María había agotado todos sus recursos e influencia por mantenerlas seguras en la casa, fuera del punto de mira de la Iglesia. Michelle decidió cavar en secreto una galería que naciera de una cámara oculta de la casa, por debajo de la ciudad, hasta las afueras de la ciudad, y proyectó una extensión de la galería hasta la casa el Livorno, lo cual llevaría décadas de cavar. Pero tenía tiempo y dinero de sobra, y quería hacerlo.

En 1433 Leonardo cumplió los 20 años y María había reconstruido su casa y vivía allí de nuevo. Un grupo de antiguos se había unido formando algo llamado "camarilla" y uno de sus fundadores era un antiguo Toreador llamado Rafael de Corazón, amigo personal de François Villon, príncipe de París: el antiguo amante y sire de María.
Les mandó misivas cada seis meses desde hacía dos años para que se unieran a ellos contra los anarquistas: al parecer, uniendo sus fuerzas a las de otros antiguos, habían logrado victorias significativas contra los anarquistas. María no sabía que hacer, por un lado odiaba a los anarquistas, por el otro, tenía miedo que fueraa una argucia de antiguos poderosos para hacerse con el control de otros antiguos aprovechando su miedo a la revuelta. A cambio de la supuesta protección, la camarilla tan solo pedía apoyo y ayuda mutua, y sobre todo discreción: querían aplicar con fuerza la sexta tradición, el silencio de la sangre, a lo que Rafael llama la "Mascarada".

María se indignó: había sido reina demasiado tiempo como para renunciar a ser lo que era. De Corazón dijo que para evitar a la Inquisición debían mezclarse con los humanos, aparentar ser humanos y no llamar la atención. Michelle se negó: ya tenía una humana para aquello y se habían estado moderando demasiado para su gusto.
Una noche María le preguntó qué opinaba ella de la Camarilla y de los Fundadores, los siete antiguos de clanes que la incentivaban, uno de ellos, Corazón, el Toreador.
_ Sin duda la petición es atractiva.- dijo Michelle- y muy práctica, pero no acaba de darme confianza ¿Por qué va a un antiguo de quinta generación protegerme a mí si yo no puedo protegerle a él? Nada es desinteresado...
_ Quizás, pero tienes fuerza en el mundo mortal que les puede venir bien a antiguos tan lejanos ya a los humanos.
Michelle negó con la cabeza.
_ ¿Estuvieron ellos aquí cuando mataron a Marco? ¿Cuando ardió tu casa? ¿Cuando el frenesí tomó las calles de esta ciudad?- María negó.Decidió que era mejor mantenerse al margen de momento para ver como evolucionaban las cosas, y Michelle estuvo de acuerdo.

Siete años después, una noche, Leonardo desapareció y Michelle supo que había llegado el momento: Arístides le había avisado de aquello, y en 1444 un evento conmocionó de nuevo a la sociedad vampírica italiana: Augustus Giovanni diabolizó a Cappadocius en Italia ante los Fundadores de la Camarilla que trataban de impedirlo. En el proceso, murieron muchos anti-Camarilla, una liga contraria a estos formada por antiguos de todos los clanes y liderados por Claudio Giovanni, que también falleció. En los últimos años, la Camarilla cobraba cada vez más fuerza y adeptos. Esta victoria sobre la facción de Claudo Giovanni la dejó sin muchos rivales y los anarquistas comenzaron a verse diezmados por la unión de los antiguos y sus cuadrillas de guerra.
Los Giovanni rápidamente pactaron con la Camarilla retirándose de la Jyhad, prometiendo no actuar en favor de los unos ni de los otros.
Los Fundadores de la Camarilla aceptaron el trato: gracias a ello un clan ya no participaría más en la eterna guerra de la noche, y de esta manera nadie alzaría un dedo cuando los Giovanni comenzaran a eliminar en masa a sus hermanos capadocios, y a partir de entonces pasarían a ser conocidos como Clan Giovanni y Augustus como su antediluviano.
Cada diez años, sin embargo, Michelle recibía una carta de Ambrogino Giovanni, que viajó por Egipto durante años evitando la revuelta. Jamás mencionó a Tonino ni lo ocurrido en Iberia. Realmente nadie parecía saber que había ocurrido, ni siquiera los que estaban en la península, y Michelle se limitó a contestar a una de cada tres cartas que él le enviaba, con cortés frialdad.



La Camarilla naciente fue ganando victorias y adeptos, y los anarquistas no eran tan fuertes como antes. Con la guerra civil lasombra en una fase agonizante y con los giovanni iniciando la matanza de capadocios, llegó 1450.
 

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