Le gustaba repasar las cuentas de la casa. Su chambelán se ocupaba de ello con eficiencia, pero cada noche, nada más levantarse y asearse, repasaba minuciosamente los gastos de la casa y de las escuelas que tenía repartidas por Italia, puesto que la Escuela de Florencia era considerada la Casa Madre de todas las que había abierto, y sus responsables enviaban regularmente todos los documentos de gestión que se generaban.
Aquella noche estaba inmersa en las cifras del cuaderno cuando Giancarlo, su actual chambelán, llamó a la puerta del salón privado de la Torre y anunció que había alguien en la puerta.
_ Es una mujer, signora.-dijo- Pregunta por una tal Loni de Lances ¿La despedimos?
Michelle (que era ahora la signora Rosanna de Papieri, trás casarse con el último violinista que generó la escuela) alzó la vista para mirarle:
_ Preguntad quien la busca.- Giancarlo asintió y bajó de nuevo a la entrada.
El alma de Michelle flotó por la habitación entonces y descendió hasta la planta baja, donde aguardaba la mujer.
Se trataba de una mujer delgada, de complexió sencilla y porte simple, atractiva a su manera. Aunque no supo ponerle un nombre a aquel rostro, supo en el preciso instante en que la vio, que conocía a aquella mujer. Hizo memoria, repasó los lugares en los que había estado, los cainitas que había conocido, pero no consiguió ubicar a la mujer en sus recuerdos, sin embargo tenía la impresión de haber conocido bien a aquella mujer. Frunció el ceño: ¿se trataba de otro truco como el de la falsa Loni?
Trató de entrar en su mente, pero se encontró ante un vacío blanco completamente anormal. No había nada, era casi... como si no estuviera allí. Conocía aquel poder, pertenecía a los Malkavian y ella misma había tratado de aprenderlo... Y una palabra se formó en su mente a toda velocidad...
Ordo.
La puerta se abrió y Giancarlo asomó de nuevo. Michelle regresó a su cuerpo.
_ Signora, dice que es su madre.- Michelle reprimió una carcajada y se puso en pie. Su chambelán entendió que bajaba a recibirla y se retiró. Sí, bajaría a recibir a aquella mujer. Ahora que hablaban de su madre, recordó que sí podría ser ella, si que era su aspecto, claro que el aspecto era algo bastante mutable... De todos modos, apenas la recordaba, hacía demasiado que había muerto para los vivos, e incluso cuando la Abrazaron... apenas la recordaba.Se llamaba Marianne... Pero la madre de Loni había muerto cuando tenía doce años. Era incluso inverosímil para el Ordo.
Bajó las escaleras lentamente, conjurando para sí toda la majestuosidad de la que era capaz y al cabo de unos instantes se halló ante la extraña. La habían hecho pasar al recibidor y se había sentado en una pequeña butaca de piel. Al verla llegar, la mujer se puso en pie e hizo una torpe reverencia, tratando de imitar las reverencias cortesanas. Michelle devolvió la reverencia con elegancia.
_ ¿Puedo ayudaros, Signora?- inquirió con voz suave.
_ Buenas noches,- contesto la supuesta Marianne- busco a mi hija. Me dijeron que podría encontrarla en esta casa.
Trató de detectar algo en su voz, en ella, de nuevo en su mente, pero cada vez que lo intentaba se encontraba como si no estuviera allí. Aquello no podía ser bueno, y la quería lejos cuanto antes.
_ Me temo que os informaron mal, signora.- dijo con amabilidad.
La mujer miró al suelo.
_ Lástima, hace más de doscientos años que no veo a mi hija. Cosas de la vida.- volvió a efectuar aquella torpe reverencia- No os molesto más.
Michelle la acompañó de nuevo hasta la puerta, y cuando la mujer bajaba la escalinata de la entrada, la llamó. Si quería una Loni, tendría una Loni.
_ Oi decir que había marchado a la corona de Aragón, pero de eso hace mucho tiempo...- Marianne la miró un instante y asintió.
_ Vaya... Eso queda lejos de aquí. Bueno, no es problema. Gracias.
Se marchó a pie, no había carro que la esperara ni que la hubiera traido.
Michelle volvió a la torre y envió su alma a seguirla ¿Era realmente un agente del Ordo? La vio caminar por las calles de Florencia hasta las puertas de una de las posadas más modestas de la ciudad. Allí la esperaba un hombre mortal con aspecto de campesino. Hablaron un rato, pero lo único inteco interesante que escuchó fue que la pista de Florencia era falsa, pero que se había visto a Loni en el Reino de Aragón hacía algun tiempo. Después de aquello entraron y se fueron a dormir. Aprovechó entonces para penetrar en la mente del hombre, ya que la de ella resultaba inasequible.
La había conocido hacía algunos años y ella ya estaba buscando a su hija perdida. Realmente no sabía nada de ella, tan solo que siempre parecía tener dinero para pagar la comida y las posadas, y con aquello le bastaba, era feliz con ella.
Por otro lado, la mente de Marianne seguía siendo inalcanzable, y puesto que no pensaba que pudiera encontrar nada más de interés allí, regresó a su cuerpo: tenía un chiquillo durmiendo el letargo en Venecia y debía despertarlo.
Al día siguiente Vincenzo llevó a cabo los preparativos del viaje y Michelle se puso en contacto con Lucio, que vivía en la corona de Aragón. Dejó ordenes para él de vigilar a la tal Marianne cuando llegara hasta allí y él tomó cuidadosa nota de todo. Se puso en contacto también con numerosos contactos, en busca de alguna pista sobre la extraña mujer, y una especialmente interesante llegó de Venecia: Marianne había estado allí, y alguien de aquella ciudad la había enviado a Florencia. Prefería viajar como Michelle, puesta tanto su aspecto como su reputación facilitaban mucho las cosas, de modo que, cuando anocheció, recuperó su aspecto y partieron hacia Venecia.
Se preguntó cuanto habría cambiado la ciudad desde que murió Guillermo, el príncipe lasombra. Después de la revuelta, imaginaba que no quedaría nadie de los viejos cainitas venecianos. Al llegar, para su sorpresa, se encontró con que la casa en la que había vivido, en la que había montado la primera escuela, y donde dormía el letargo Pietro desde la revuelta... estaba ocupada por una familia de nobles venecianos. Indignada, se dirigió a casa de los Medici, pues eran ellos quienes gestionaban la propiedad desde que se marchó. Pero no estaban, al parecer se habían marchado hacía tres o cuatro meses, y aquello era sumamente extraño.
Había oido hablar del nuevo príncipe de la ciudad, un joven Ventrue de la Camarilla que reclamaba Venecia bajo el pretexto de que alguien de su clan la había gobernado. Michelle se dijo que debía recordar pedir a Pietro, cuando despertara, que se infiltrara en la Camarilla, pues era bueno tener ojos en todas partes. El palacio del príncipe no estaba muy lejos, y se dirigió hacia allí, consciente de que su belleza (que además había potenciado con sus artes) atraía todas las miradas.
La corte era un bullicio de gente que no conocía. La mayoría eran mortales, pero no le costó demasiado reconocer a la media docena de cainitas que había en la sala. Los que no eran particularmente atractivos, se les reconocía como adinerados, no había otra cosa.
Un sirviente se acercó a ella y pidió audiencia con el príncipe Marco, al que no conocía personalmente. Este le guió por el salón ante uno de los jovenes de rostro hermoso,que la recibió con una sonrisa. A un par de palmas de su anfitrión, todos los mortales abandonaron la sala, quedando solo los cainitas.
_ Adelante, por favor.- dijo el príncipe- ¿Vuestro nombre?
Michelle saludó con una profunda reverencia.
_ Soy la signora Michelle de Mauvernay, de Florencia.-dijo con su sonrisa más arrebatadora- Soy una... antigua residente de esta ciudad.
El principe Marco abrió mucho los ojos y Michelle supo que su fama la había precedido.
_ ¿Michelle de Florencia?- se inclinó en una profunda reverencia que la hizo sentir como si fuera ella la anfitriona- Es un honor, signora.
Un par de muchachas cainitas cuchicheaban en un rincón, pero no tuvo problema para escuchar lo que decían: estaban maravilladas de tener a una antigua Toreador en la ciudad y que querían mostrarle algunas obras de arte para que las juzgara. Les dirigió una leve sonrisa y se volvió hacia Marco, que la miraba a medio camino entre sorprendido, honrado y preocupado.
_ Quisiera hablaros en privado, signore.- le dijo.
Con una gran sonrisa dibujada en el rostro, Marco dibujo un amplio gesto con la mano y todos los presentes abandonaron la sala, salvo un hombretón de tamaño considerable, que se mantuvo apostado detrás de lo que parecía ser un trono. Michelle alzó una ceja inquisitiva, pero imaginó que se trataba de su guardaespaldas.
_ Vos diréis, señora mía.
Michelle sonrió.
_ Decidme ¿Qué sabéis de Venecia antes de vuestra llegada?-inquirió. Marco dio una respuesta demasiado ensayada para ser sincera.
_ Que era el Caos. Y que yo traje el nuevo Orden.- Michelle hubiera querido responderle con dureza: Guillermo había sido un buen príncipe y le apreciaba, y en sus manos Venecia había sido una ciudad esplendorosa. Decidió no decir nada y entrar en su mente directamente- Pero probablemente vos sabeis más de sus viejos habitantes que yo mismo...
Marco estaba asustado.
Estaba convencido de que alguien la enviaba para algún tipo de misión o para obligarle a cumplir algun juramento que hizo a cambio del principado. Era un peon de los Ventrue, puesto donde estaba por Hardestat el joven, un camarilla de alto rango. Estaba tan inseguro que ni tan siquiera sabía si Michelle pertenecía a la Camarilla y seguía pensando que todos los antiguos eran afiliados o a favor de la Camarilla. Era definitivamente joven, con veinte o treinta años como vampiro y con evidentes sentimientos humanos dada la cara que había puesto al verla entrar en el salón, hermosa como era.
Aprovechando aquella situación, Michelle le habló de Marianne, una extraña mujer que había aparecido en Florencia y que era probable tuviera oscuras intenciones. En este punto alzó las cejas, dando a entender que Marco debía saber de qué estaba hablando. Él asintió como si en verdad asintiera y le hizo una inesperada revelación:
_ Vino, efectivamente- dijo- Marianne del clan Malkavian, así se presentó. Preguntaba por una tal Loni de Lances. Tengo entendido que es vuestra sire.- Michelle asintió- De modo que la envié a Florencia a ver si vos podíais guiarla.
Michelle sonrió con cortesía y Marco se sentó en su trono.
_ Entiendo. Me temo que la enviasteis en vano, signore, mi señora no ha pasado jamás por la hermosa ciudad de Florencia. La última vez que la vi, fue en esta ciudad, en una grandiosa fiesta que dio Lucio Giovanni, hace mucho, mucho tiempo.
Marco pareció de nuevo preocupado.
_ Vaya, espero que no os causara muchas molestias...- Michelle negó con la cabeza y comenzó a caminar lentamente alrededor del trono del joven ventrue.
_ No os preocupéis, sin embargo quisiera hablaros de otra cosa. Como os he dicho, hace tiempo viví en esta ciudad- casi podía sentir la expectación de Marco, que se había comenzado a remover inquieto en su asiento- Es una casa en la que vivi largos años y a la que tengo mucho aprecio, en la que dejé maestros y dinero suficiente para mantner la escuela, de la que sin duda habreis oido hablar...
Marco la interrumpió para disculparse antes siquiera de que le acusara.
_ Bueno... Con los medici muertos, dicen que su heredero ha empezado a vender sus posesiones.- Michelle saltó a su mente. Los Medici ¿muertos?
Al parecer los habían encontrado flotando en uno de los canales, completamente descuartizados, y Michelle no pudo evitar pensar en la masacre en casa de Lucio Giovanni, y en la Tal-mahe-rah...
Tal-mahe-rah... Hacía tantos años que se marchó de Venecia ¿Se habían olvidado de ella? ¿O después de todo había tenido siempre razón y jamás supieron lo que había visto? No dejó que su inquietud asomara y la disfrazó de justa indignación. Frunció el ceño y convocó un aura temible a su alrededor.
_ ¿Y desde cuando dejáis que los mortales interfieran en asuntos de cainitas?- inquirió con dureza.- ¡Esa casa me pertenece! Y puesto que sois el máximo representante de la Camarilla en esta ciudad, exijo que me sea devuelta.
Sus palabras tuvieron el efecto que deseaba: Marco se crispó en su asiento.
_ Se... Se hará vuestra voluntad, signora... Todo ha sido un... lamentable... error...- tartamudeó.
Michelle no se detuvo, pero suavizó el tono sin dejar de ser severa.
_ Por supuesto, espero que se lleve a cabo con la mayor prontitud. No deseo demorarme demasiado, tengo asuntos que atender en Florencia y la escuela debe ser reconstituida.
Marco asintió, inquieto.
_ Me encargaré personalmente de ello. Os doy mi palabra de honor de ventrue, signora...- Michelle sonrió pasa sí mimsa: fácil palabra entonces..
_ Espero que así sea. Volveré mañana para hablar con vos y espero que mi casa vuelva a ser mía para entonces.
Se despidió de él con una sonrisa cautivadora y se marchó. Mientras se alejaba, sus sentidos ya antinaturales le dejaron escuchar los gritos de furia de Marco a sus hombres y criados, dandoles muchas ordenes que ya no necesitaba oír. Sonrió en la oscuridad: al día siguiente, su casa estaría desalojada. Sin embargo, tenía otras cosas que hacer que requerían toda su atención.
Creó una ilusión para que entrara en una posadaa de aspecto lujoso y se alojó en otra un poco más alejada, pidió una habitación, un baño y dominó al encargado para que no la molestara hasta el anochecer siguiente. Cuando estuvo limpia, relajada y recostada en la cama, respiró hondo para que su alma flotara en la habitación, y la envió a las calles de Venecia.
La casa de los Médici seguía desierta: Ni rastro de la antigua actividad de la familia y cuando estuvo allí deslizó las manos por las paredes desnudas en busca de alguna huella psíquica, como hiciera en casa de Lucio Giovanni tanto tiempo atrás... Temía encontrar algo como lo que había visto entonces, sin embargo su sorpresa le hizo temer más todavía: alguien había limpiado toda huella psiquica de la casa, borrando cualquier rastro que pudiera leer alguien con el don apropiado. Era como si nunca hubiera habido nadie allí. Volvió a pensar en la Tal-mahe-rah. Tal vez, después de todo, si que supieron el modo en que ella había visto y por aquello habían eliminado cualquier rastro.
Se dirigió entonces al canal: si habían encontrado los cadáveres allí, era más que probable que quedara algún tipo de rastro que ella pudiera leer. La calle ya estaba desierta cuando llegó allí, y como había supuesto, vio los cadáveres flotando en el canal, de la misma manera que había visto a los Giovanni colgando de cadenas aquella otra vez. Aquello era sumamente extraño, y le recordó cada vez más a la Tal-Mahe-Rah ¿Qué había ocurrido? Desde luego que habría gente que envidiaba a los Medici por su fortuna y su reputación, pero esos eran asuntos de mortales y lo que había en la casa no era ni por asomo obra de un mortal.
Se acercó a los cadáveres: estaban descuartizados, un brazo aquí, una pierna allá, y algunos de los rostros estaban tan destrozados que resultaban irreconocibles. Sin embargo, había rostros que no habían sufrido estragos... y aquellos no eran Medici.
No, ninguno de aquellos cadáveres pertenecían a los Medici, y era un alivio. Los Medici habían huido y quien quiera que fuera, había matado a las personas equivocadas tomándolas por Medici. Sí, tenía que ser aquello. ¿Quién querría la muerte de los Medici? ¿A donde habían huido? ¿Y quien les había ayudado para que huyeran? Se negaba a pensar, en todo caso, que en verdad hubieran muerto... Hablaría con los Medici que se habían mudado a Florencia con ella. Tal vez ellos tuvieran noticias de sus parientes...
Voló al palacio del príncipe para ver qué se sabía de aquellos asesinatos, pero una vez en su mente vio que ni tan siquiera se habian preocupado en investigar: el número de cadáveres coincidía con el número de Medici, y con aquello bastaba. Era sumamente extraño, sí. Debía averiguar más cosas, pero ahora no tenía tiempo.
Cuando despertó la noche siguiente y fue a ver a Marco, ya sabía que su casa estaría disponibñe. Sin embargo ver a un hombre tan joven e influenciable en el principado de una ciudad le resultaba demasiado tentador. Se vistió y peinó solo para conquistarle, y no tuvo mucho problema para cautivarle por completo, aun siendo tan conocida la relación de María Sforza con la divina escultora Michelle de Mauvernay. Tampoco necesitaba fingir un romance, sino tan solo que el joven Marco estuviera dispuesto a beber los vientos por ella. Aquello siempre venía bien, y más en el príncipe de una ciudad... que tal vez se preocuparía por adquirir más adelante.
Aquella noche, Marco la recibió con las llaves de la casa, todo reverencias y disculpas, y ella deslizó las manos por el sofá en el que se sentaba, el trono de Marco, el propio Marco y su guardaespaldas. Fue una sorpresa que aquel hombretón no fuera un cainita, y terriblemente absurdo que un príncipe ventrue tuviera como único guardaespaldas, un ghoul.
Descubrió de esta manera que a Marco le encantaba rodearse de toreador que hicieran hermosa y pintoresca su nueva y flamante ciudad, pero también a él le habían borrado cualquier huella espiritual unos meses atrás. Michelle se preguntó si tenía algo que ver con lo que había ocurrido en casa ed los Medici. En cuanto al guardaespaldas, era tan estúpido (o tal vez al contrario) que presenciaba todo pero no prestaba atención a nada, pues los asuntos de su amo no le concernían. Tenía una leve opinión formada del asunto de los Medici y se limitaba a no entender por qué el príncipe no había mandado investigar nada.
No pudo averiguar nada más, y prefirió esperar a estar de nuevo en Florencia para buscar mas pistas acerca de lo ocurrido a los Medici. De modo que la noche siguiente entró en la casa y abrió la cámara secreta que había construido hacía tanto tiempo, y en la que estaba Pietro en letargo. No tuvo problema para sacarlo de allí y subirlo a su carruaje, para llevarlo de nuevo a casa.
Una vez en Florencia, María no tuvo problema alguno para despertar a Pietro de su letargo, y el muchacho permaneció allí durante un tiempo para rehabituarse a la vida cosmoplita, contratar nuevos maestros y escuchar las instrucciones de Michelle en cuanto a la Camarilla. Cuando estuvo listo, tomó dinero de las arcas de Michelle y viajó por Italia en busca de nuevos alumnos para regresar a Venecia. En cuanto a Lucio, cuando Michelle volvió a ponerse en contacto con él, parecía haber olvidado todo cuanto le había dicho respecto a Marianne. Insistía en que no había recibido instrucciones sobre ella, y que aunque sí, había pasado por allí, no había tratado de averiguar nada, puesto que nadie se lo había pedido. De modo que la mujer había borrado su memoria... Aunque también pudiera ser - aunque prefería no creerlo- que Lucio le hubiera mentido deliberadamente. Pensó entonces en preguntarle a Vykos, pero se dedicaba a viajar y era imposible contactar con él salvo cuando pasaba de visita por Florencia, una vez cada pocos años.
Decidió preguntarle entonces.

29 ago 2005
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