Malkav la estudió con detenimiento con aquel único ojo suyo.
_ Necesito reunir mi cuerpo.- dijo.
Michelle recordó las palabras de Arístides cuando le preguntó por Malkav ¿Qué pasaría si volviera el rey de los locos?
_ ¿Qué ocurrirá cuando lo hagas?- se sorprendió preguntando, osada.
Gata se sentó junto a la puerta de la torre en ruinas... Bloqueaba la única salida desde allí. Aunque pareciese que se hubiera sentado ahí casualmente y ttuviera aire despreocupado, supo que no era casualidad el lugar en que estaba. Le estaba cortando la retirada ¿Por qué deberia huir? ¿Qué le iba a pedir Malkav?
_ Estaré preparado para trascender- respondió aquel amasijo de carne. Costaba creer que fuera la poderosa criatura que era, pero aquella sensación de respeto reverencial emanaba de aquella cosa como lo había hecho del bebé que fue Tzimisce.
_ ¿Y qué ocurrirá con el Ordo?- insistió: no había entrado allí para ayudar a Malkav gratuitamente. Quería recuperar el Ordo, la sensación de deslizarse por la red de mentes...
La voz de Malkav sonó crepitante pero firme.
_ Yo soy el Ordo.- Michelle fue a insistir de nuevo, pero no tuvo tiempo- Acércate, niña.
Quiso alzar el mentón, no demostrar miedo alguno, pero el poder de aquella cosa, de Malkav, era sobrecogedor incluso en aquella forma, y se acercó temblorosa e insegura. ¿Qué iba a pedirle? ¿Por qué Gata le bloqueaba la salida?
_ Noto la huella de mi hermano en tí.- dijo entonces el antediluviano husmeando el aire, y Michelle frunció el ceño, sorprendida ¿Su hermano?- Mekhet...
_ ¿Mekhet?- había oído aquel nombre antes, lo había pronunciado la falsa Loni cuando hizo aquello a Arístides... ¿Malkav era hermano del Dracon? No, no podía ser, Yorak era el hermano de Arístides, y ellos eran chiquillos de Tzimisce.
De pronto, algo se removió en la herida que dejara la moneda al traspasar su carne, y aterrada, Michelle contempló como algo se revolvía en su interior, pujando por salir. Primero surgió una cabeza, una cabeza de bebé. Era un niño pequeño: el niño pequeño que había amamantado con su propia vitae y que había cuidado en la casa de Florencia... El rostro desencajado por el horror, Michelle solo conseguía preguntarse si había estado siempre dentro de ella... Y ante aquel pensamiento, volvió a sentirse honrada...
Tzimisce y Malkav comenzaron a hablar en una lengua que Michelle no entendía y que dolía. Podía sentir la presión en los oídos, y agradeció a María desde lo más ínfimo de su ser que le enseñara el poder de alejar el dolor de su cuerpo: a su espalda, Gata se había acurrucado en el suelo y se tapaba los oídos, chillándo de dolor...
Trató de prestar atención a lo que decían, pero tan solo consiguió entender dos nombres en toda la conversación: Tremere y Saulot.
Michelle consiguió reunir valor para hablar a aquellas dos criaturas.
_ ¿Estuvisteis siempre dentro de mí?- preguntó temblorosa, pero su voz se perdió en el sonido de aquella extraña lengua, y ninguno de los dos le prestó la más mínima atención. Michelle se permitió sentir rabia por ser ignorada ¡Ella le había portado en su pecho!
No estaba segura de cuanto tiempo pasaron así, hablando, la grotesca figura de Tzimisce surgiendo de su pecho, pero de pronto estaba en el suelo, su ropa desgarrada allá donde surgiera la cabeza, y se sentía completamente agotada. Ya no había ni rastro de la herida. ¿Había vuelto Tzimisce a su cuerpo?
_ ¿Dónde está?- preguntó con voz débil a Malkav, que continuaba en el pedestal.
_ Él es como yo, él es como el Ordo- Michelle no entendió aquello, se sentía exhausta y no conseguía comprender qué quería decir Malkav- Pero a su manera
_ ¿De qué manera?
Malkav la ignoró de nuevo y Michelle apretó los puños con rabia.
_ Necesito un cuerpo- prosiguió el antediluviano y Michelle permaneció silenciosa, segura ahora de que iba a pedirle algo realmente terrible- Debo hallar mi cuerpo. Queda menos tiempo del que creía. Ya he perdido demasiado. Tómame.
Michelle retrocedió en el suelo, asustada ¿Qué le estaba pidiendo? ¿Que absorviera su vida? Recordó como Arístides había debilitado el alma de aquel vampiro que encontraron en Petra antes de permitir que ella lo tomara ¿Qué ocurriría si bebía la sangre de un antediluviano? Retrocedió un poco más, aunque la idea le tentaba... Poder...
_ Cógeme con tus manos- insistió Malkav, y Michelle, temiendo lo que ocurriría, certera de que no podía luchar contra Gata para salir de allí... Sería como luchar contra el Dracon, o su hermano Yorak. Se puso en pie temblorosa, y se acercó para sujetar aquello con sus manos.
Gata se puso en pie, aturdida, y Michelle temió que fuera a arrojarse sobre ella.
Al tomar la cara entre las manos, descubrió sorprendida que en realidad era mucho más fina de lo que había imaginado, como si alguien hubiera cortado una tajada del rostro de Malkav con más saña que arte... Era una lámina fina, sin hueso.
Entonces aquella fina cortada de carne, habló de nuevo y formuló las palabras que Michelle temía.
_ Necesito tu cuerpo un tiempo, Loni de Lances, Michelle de Mauvernay.-dijo- Pósame en tu rostro.
Michelle se controló para no soltarlo de golpe, aterrada.
_ ¿Qué ocurrirá con mi rostro si lo hago?- inquirió.
La respuesta de Malkav fue total y no admitía réplica.
_ Hazlo, o Gata lo hará por mí.- Michelle miró a la joven, que todavía parecía aturdida- Pero mi hermano tiene planes para tí. Serás respetada.
Michelle quiso creer que aquello quería decír que Tzimisce se encargaría de que su rostro no mostrara aquel aberrante trozo de carne, y despacio, con las manos temblando, acercó Aquello a su rostro. De pronto, sintió que su propia sangre anhelaba desesperantemente tener a Malkav... Su poder de vicisitud se desató, y zarcillos de sangre como finos tentáculos carmesí surgieron de su rostro para unirse al de Malkav, uniéndolos. La presencia de Malkav en su mente la invadió de un modo sofocante, neutralizándola en su propio cuerpo, haciendola sentir pequeña y nimia junto aquella entidad, incapaz siquiera de controlar su cuerpo.
De aquella noche, lo único que consiguió recordar era a Gata caminando alegre a su lado...
Las noches siguientes fueron confusas. Recordaba como de un sueño el verse caminando por un palacio siciliano para contemplar a un hombre que dormía el letargo en una cripta, y después marcharse sencillamente de aquel lugar. Recordaba un lugar lleno de crucifijos y efigies de Cristo, y haberse quemado las manos al sostener una reliquia sagrada... Vaticano... Rercodaba la euforia de Malkav al recuperar un fragmento de su cuerpo cerca de Pisa. Los momentos de lucidez eran escasos, invadida como estaba su mente por la mente de Malkav. Los pocos de los que gozaba, no eran más que pesadillas atroces.
De cuando en cuando sus sueños se mezclaban con los recuerdos de Malkav, y en aquel extraño lugar que era su mente, descubrió su pasado.
Malkav y Tzimisce eran hermanos de sangre, compartían el mismo sire... Junto a Saulot, antediluviano del clan salubri diabolizado por Tremere, cabeza de la casa Tremere. Al parecer Saulot era el único capaz de sanar temporalmente la atroz locura de Malkav y de consolarle, y él le quería más que a nada en el mundo. Malkav tenía una hermana, una gemela, llamada Malakai.
También vio que los trece antediluvianos no batallaron entre sí, sino que fue algo mucho más oscuro. Caín creó su progenie, que a su vez creó progenie, pero impuso la ley de que no hubiera más. Los trece rompieron el mandato de Caín, y crearon su progenie. Pero hasta siete se mantuvieron leales, y se unieron a Caín cuando éste decidió dar castigo a los demás: Malakai era una de estos siete. Al parecer, en un momento dado, Caín se cansó de la guerra y abandonó Enoch, la ciudad donde vivian; los Siete se sintieron traicionados, y sin Caín,y sin chiquillos, sólo podían esperar la muerte. Desaparecieron, pero desde entonces, usaron medios desde la sombra para acabar con los hijos de los trece. Más tarde, los trece crearon su ciudad, hasta que sus chiquillos se revelaron como antaño hicieran ellos y como Caín, ellos se cansaron de la guerra. No todos, pero sí algunos, como Saulot y Malkav, y se retiraron del mundo. Sin embargo, los Siete aún actuaban en el mundo: Mataron a Ventrue, ayudando a algunos de sus chiquillos rebeldes, y mataron al menos a otros dos antediluvianos más. Descubrió también que la Tal-mahe-rah era una secta que estaba bajo control de estos antediluvianos muertos, operando desde el Más Allá.
Había hecho bien en temerles...
Cuando pasó un tiempo y su fragmentada mente recobró algo de voluntad, trató de averiguar que pretendían Malkav y Tzimisce, de qué hablaron en la torre en ruinas, así como qué había sido de las dos ciudades y donde estaban: La Primera y la Segunda Ciudad habían desaparecido, sus ruinas engullidas por el tiempo. Las localizaciones, sin embargo, las descubrió. Pero eran sitios muy peligrosos, sellados con poderes que escapaban a comprensión... O a la de Malkav. El máximo objetivo de ambos antediluvianos era trascender, superar el estado vampírico y superar a Dios. Aquello sorprendió a Michelle ¿De qué manera se podía superar el estado vampírico? ¿Para qué?
Descubrió que los antediluvianos tenían un poder nacido del propio Dios, y su maldición era casi la misma en fuerza que en Caín. Al parecer, Saulot profetizó que a través de ese poder venido de Dios, se podía trascender la forma vampírica, y convertirse en un ser todopoderoso. Era sabido públicamente que los capadocios estudiaban la muerte para acercarse al misterio de la vida, y acercarse a Dios. De hecho, los Giovanni difundieron el extraño rumor que Augustus diabolizó a Cappadocius porque éste pretendía diabolizar al mismo Dios Todopoderoso en su locura. Saulot creó la Golconda, un estadio superior al vampírico, y su manera de trascender, pero el propio Saulot creía que sólo había recorrido la mitad del camino y Tzimisce lo buscaba a través de la alteración del cuerpo y el espíritu, en busca de la perfección.
Michelle quiso saber más sobre aquello, pero tan solo sacó en claro que solo la sangre de la tercera generación estaba lo suficientemente maldita para alcanzar aquel estado, de hecho, una de las vertientes de la Yihad consistía en evitar que los demás llegasen a ese estado antes que uno mismo. No consiguió ver más, ni tan siquiera reunir la suficiente fuerza para intentarlo, hasta que una noche...
Dolor.
Dolor en el rostro, en el pecho, en el cuerpo entero. Se vio tirada en el suelo, sangrando en medio del barro. No solo sangraba su cara, sino que descubrió al menos tres espadazos en el pecho y uno de sus brazos había sido seccionado y apenas podía moverse. El terror hizo presa en ella. Miró a su alrededor con un único ojo sano, desesperada ¿Qué había ocurrido? Había alguien junto a ella, y destrozaba con saña el rostro de Malkav... Se lo habían arrancado. ¿Estaba entre los enemigos de Malkav? ¡La matarían también! ¿En qué lugar estaba? Alguien hablaba en valaco ¿Los Cárpatos? Invocó el poder de su sangre para sanar las heridas, pero sabía que el brazo tardaría más. ¿Cómo saldría de allí? Maldijo no conocer ninguna disciplina que le permitiera acabar con aquellos hombres para marcharse... Su pensamiento, frenético, no hacía más que calcular sus posibilidades de supervivencia, de huida, cuando de repente una voz familiar llegó a sus oídos.
_ ¿Loni? ¿Loni de Lances?- se revolvió en el suelo para localizar la fuente de aquella voz, no podía ser verdad, era demasiado bueno para serlo... ¿Vykos?- ¡No, no la mateis! Es amiga mía...
Entonces se dio cuenta ¿Loni? El mechón de cabello que tenía sobre el hombro, bajo la sangre, ya no era del color del cobre bruñido... Rubio. ¿Qué había pasado? ¿Qué había ocurrido con Michelle?
Vykos se había arrodillado junto a ella y le tomaba una mano.
_ Te lo hemos sacado, Loni. ¿Estás bien?¿Me oyes?- decía. Se volvió hacia alguien que Loni no podía ver-¡Ramonev! ¡Trae esos cadáveres de los ghouls, necesita sangre!
Trató de incorporarse pese al dolor lacerante en el pecho y el hombro, pero Vykos la ayudó.
_ ¿Qué... qué ha pasado?- preguntó. Podía hablar, pero se sentía exhausta.
_ Hace tres noches,-contestó Vykos- eso que tenías en la cara te hizo acabar con dos voivodas tizmisce, sólo que uno de ellos era uno de los nuestros bajo una tapadera. Así que nos unimos para acabar con la amenaza.- Sí., recordaba algo entre nieblas. Malkav esperaba recuperar de ellos una parte de su cuerpo, pero ninguno de los dos había resultado tener nada.-No podía creerme que fueras tu cuando te vi, pero entonces vimos esa... Cosa... En tu cara. Mi plan ha funcionado.
Miró a su alrededor: vio seis heridos y casi doce montones de cenizas, aparte de dos o tres de pie intactos. Una matanza.
_ ¿Lo he hecho... yo?- inquirió, aunque ya conocía la respuesta.
Vykos señaló la masa sanguinolienta que había sido el rostro de Malkav.
_ Lo hizo eso. ¿Qué es?
Michelle ¿O era Loni? Apretó los ojos al recordar la locura, los sueños. Apretó el puño que sostenía Vykos.
_ Yo no... no recuerdo- murmuró. Y era cierto: era algo demasiado terrible como para recordarlo para la persona inapropiada.- ¿Cómo he llegado aquí?¿Qué me habéis hecho?
Quería averiguar por qué había dejado de ser Michelle, por qué volvía a ser la pequeña y solemne Loni...
_ Peleaste como mil demonios, no había visto a nadie aguantar tanto- contestó Vykos.- ¿De veras no recuerdas nada? Me tenías preocupada. Theresa no sabe nada de ti desde hace dos años.
El recuerdo de la falsa Loni la hizo enfurecer.
_ Esa no era yo...- espetó. Luego se calmó y se dio cuenta de la magnitud de lo ocurrido.- Llévame a un espejo.
Vykos la miró con gravedad un instante y después se puso en pie, dando indicaciones a sus hombres.
_ Vámonos. ¡Quemad eso!- la ayudó a ponerse en pie, aún tambaleante. Se sentía muy extraña sin el brazo que le faltaba...- Necesitas sangre. Tenemos bastantes ghouls muertos. Debes alimentarte.
Devoró muchos cadáveres, y curó todo salvo el brazo. Estaba sorprendida de la cantidad de vitae que podía llegar a ingerir y la velocidad a la que sanaban sus heridas. Se preguntó si durante aquel tiempo Malkav le había traspasado su apetito o parte de su poder. Le trajeron un espejo.
El rostro que le devolvía era un rostro que hacía mucho tiempo que no veía en sí misma. No había duda, era Loni de Lances, aunque algo más delgada de lo que recordaba. Y aquellos ojos... Algo había ocurrido: seguían siendo azules como el hielo, y no del color oliva que los tenía Loni... ¿Qué estaba pasando? Cuando se quedó a solas, trató de volver a ser Michelle, pero sin éxito. Podía conseguir una copia fiel, pero le faltaba aquella perfección, aquel toque sobrenatural que era la belleza casi legendaria de Michelle. De modo que volvió a ser Loni. ¿Había sido una farsa la joya? ¿Al ponerse negra, no había desaparecido su esencia? ¿Había residido siempre dentro de ella?
Cuando Vykos volvió a reunirse con ella a solas, le dijo que se hallaban en el año 1452. Dos años habían pasado desde que dejara Florencia para ir a Malta y para que pisara aquel maldito torreón. Y no había Ordo... Necesitaba explicaciones. Y necesitaba volver a ser Michelle.
Vykos se había sentado en una butaca cerca del lecho donde descansaba cuando Michelle, ahora Loni, habló en su mente.
"¿Ha despertado ya el Dracon?" Sabía que aquello era descubrirse, que Vykos sería la primera persona, después de Arístides y ella misma, que supiera que Michelle había sido Loni en realidad.
Vykos reaccionó como esperaba, recerloso.
"¿Qué sabes de él?"
Loni envió a su mente algunos recuerdos. La cena en la casa de Florencia, cuando se había revelado como agente del Dracon, la joya, así como el tiempo que pasaron en aquel barco, en pos del libro que Ardan había comprado...
"El barco... ¿cómo sabes lo del barco?" inquirió Vykos, sin entender, sorprendido. "Fue con tu chiquilla, con Michelle..."
Loni negó con la cabeza.
_ Michelle no existe.- Vykos abrió mucho los ojos y dio un paso atrás.
_ ¿Eres Michelle de Mauvernay?- preguntó, aún incrédulo. Loni volvió a negar.
_ No,- respondió- Michelle de Mauvernay era Loni de Lances siempre.- El Dracon me dio un bonito disfraz.
Vykos parecía confudido.
_ Entonces... ¿quién demonios es la que estaba hace dos años con Theresa Kymena?
Loni se encogió de hombros, aunque sabía muy bien a quién se refería. Se preguntó que habría tramado con Vykos, con Theresa.
_ Una farsante, imagino, no sería la primera Loni que tiene la desfachatez de venir a mi casa, haciéndose pasar por mí.
_ Pero... Pero esa Loni sabía de mi, de nuestros encuentros, de las cosas que habíamos hablado...
Una sonrisa amarga se dibujó en el rostro de Loni.
_ Sí... eso también fue obra del Dracon.
Vykos se sentó según comenzaba a asimilar la información que estaba recibiendo.
_ ¿Qué demonios te ha sucedido? Parece que el Dracon te ha tomado en gran estima. En un par de meses, iré hacia la península ibérica. Si quieres volver por esa zona, puedes venir conmigo
Loni suspiró.
_ Lo último que recuerdo es que estaba en Malta, y era Michelle, hace dos años. Era primavera de 1450 cuando me marché de Florencia. Trataba de averiguar quien había secuestrado a mis Medici, pero ya deben estar muertos...
Vykos alzó las cejas.
_ ¿Medici? Puede que en eso pueda serte útil...

27 sept 2005
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