20 feb 2005

Décima Sesión (I): la Trampa

A la salida de la fiesta, se entretuvieron unos minutos hablando aquí y allá con algunos de los invitados. Talbo permanecía silencioso, puesto que su lugar estaba en el campo de batalla y no en los salones, pero acompañaba a su hermano de sangre que se desenvolvía cómodamente en sociedad.
Loni, apartada de los dos, deslizaba la mirada de la puerta al callejón, esperando el momento en que Étienne saliera de la casa para hablarle de nuevo.

Cuando salió, iba acompañado de Guillem Savall y se movían deprisa, como si tuvieran que acudir a algun lugar.

"¿No me recuerdas? Yo sé quien eres, Étienne"

Étienne no se detuvo. Le dirigió una mirada silenciosa y, como si no la conociera, se volvió para seguir caminando a toda prisa.
Loni hizo ademán de seguirle cuando alguien le sujetó del brazo.

_ Ten cuidado... Recuerda lo que puedes perder...- dijo Isaac a su oído.
_ Tengo que ir -murmuró, dirigiendo una mirada a Talbo, que esperaba un poco alejado. Y se desprendió del brazo de su buen amigo y se deslizó por la oscuridad del callejón, siguiendo a Étienne y Savall, cuyos pasos resonaban en el empedrado de la calle y no parecían percatarse de que iba siguiendo sus pasos.
Caminó trás ellos, silenciosa, durante largos minutos por las calles de Salou hasta que sus pasos les llevaron a una pequeña rectoría del pueblo.
Étienne y Savall entraron por una pequeña portezuela.

Loni se acercó la puerta y aguzó el oído. Ningún sonido provenía del interior.
Abrió la puerta lo más suavemente que pudo para no hacer ruido, y entró.

El interior estaba oscuro, negro como la pez, y en el momento en que puso un pie en las baldosas del suelo, sintió un escalofrío y comprendió con frustración lo que acababa de hacer.

Una trampa.

Savall estaba en un rincón, tratando pasar desapercibido, ofuscado.
Cuando iba a volverse buscando a Étienne, algo en su mente gritó de pronto "¡Arriba!" y alzó el rostro justo para ver como una pesada viga de madera se desprendía de sus soportes y se precipitaba contra ella.

No pudo reaccionar, se quedó clavada en el suelo viendo como aquella mole se abalanzaba sobre ella, y cuando le golpeó el pecho y la derribó, dejándola atrapada bajo su peso, el dolor le quitó cualquier pensamiento que hubiera podido albergar hasta el momento.

La visión se le nubló a causa del dolor, todo parecía formar parte de una niebla insidiosa.

Distinguió entre brumas como Savall se acercaba a la puerta y la cerraba son un seguro.
Étienne apareció de la nada y se acercó a ella, llevándose las manos a las caderas y mirandola con un gesto a medio camino entre el desprecio y la decepción.

_ Loni... Podrías haber sido más discreta ahí dentro.- dijo- Rodrigo se alegrará de verte...
Loni apretó los dientes, buscando fuerzas para hablar, pero cuando lo hizo, su voz fue solo un siseo cargado de odio.
_ ¿Esto es lo que eres ahora, Étienne? -dijo, bajo su presa de madera- Demasiado tiempo con los animales... te has convertido en una serpiente.

Étinne ignoró su comentario e hizo un gesto a Savall.
Una estaca. Loni sintió el terror apoderarse de ella.
Savall se lo entregó con un gesto rápido y Étienne se agachó junto a ella.
_ Créeme, Loni. Nuestro reencuentro ha sido casual, pero me alegro por ello. Rodrigo estará contento de verte de nuevo.

Y sin ningún tipo de esfuerzo, colocó la estaca sobre el pecho de Loni y la clavó en el corazón.

Loni sintió como los músculos de su cuerpo se agarrotaban, impidiéndole cualquier tipo de movimiento.
Paralizada como estaba, sintió la claustrofobia de estar encerrada en su propio cuerpo sin poder moverse y estar, sin embargo, lúcida.
Se maldijo a sí misma por su estupidez, por no haber imaginado que nada era tan fácil, por no haber pensado en la trampa hasta que fue demasiado tarde, por no haber escuchado a Isaac...

Sin que se diera cuenta, Savall apareció a su lado con un saco en las manos. Se volvió hacia Étienne.
_ ¿Estás seguro de que es una buena idea?
_ Sí - respondió Étienne- Loni es chiquilla de Rodrigo. Roque la apreciará como una buena aportación al Ordo.

De pronto, como si su cuerpo no hubiera asimilado la estaca de madera hundida en su pecho durante unos instantes, sintió como su intuición, su sexto sentido se desvanecía, dejándola ciega, sorda, y muda.

Perdió la noción del tiempo, todo era oscuridad. Con los sentidos embotados y sin poder moverse, la presión la sumió en una especie de trance en el que nada sabía y nada importaba.
En algún momento sintió como la metían en una especie de saco y la cargaban bruscamente en un carro, que se puso en marcha con un traqueteo.
Por su mente pasó algo parecido a tristeza, pero que no supo distinguir bien.
Pena por Talbo, que la volvía a perder, y por Isaac, que no había podido protegerla.

Pero iba a ver a Rodrigo.
Y trás aquel leve momento de lucidez, un manto de niebla insidiosa inundó su mente y Loni se vio sumergida en la oscuridad más absoluta.

Novena Sesión: Salou

Hace dos años que la Corona de Aragón se ha estabilizado.
El joven rey Jaume, tras tener que pelear duro contra las
diversas facciones que se han disputado el reino desde la
muerte de su padre en la batalla de Muret, en 1213
se sometieron hace dos años a su mando, y le juraron
fidelidad. De este modo, las disputas por el poder en
territorio catalán han cesado

Aconsejado por Pere Martell, un comerciante y marino del
Mediterraneo amigo del joven rey, de 19 años, los catalanes
están preparando una flota invasora en el puerto de Salou
para invadir las islas Baleares, bajo control musulmán

Una tropa como jamás se ha visto en Cataluña se está
reuniendo, y la oportunidad de conquista de nuevos
territorios atrae a cainitas de toda índole
y viejas alianzas y pactos surgen de nuevo a la luz...

Una carta llega desde Madrid. Viejos aliados vuestros de la
época de Lleida os piden que deis vuestro apoyo desde las
sombras a la expedición del rey Jaume a Mallorca
La carta la firma una tal doña Lucrecia...

Menahem, preocupado por la situación, va a casa de Loni y
Talbo en primavera, cuando la reunión del ejército invasor
es un hecho

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Tres golpes firmes, discretos, sonaron en la puerta.
Loni depositó el cincel en la mesa y sopló sobre la mano de
alabastro que estaba tallando, creando una pequeña nube de
humo.
Debían de ser las cuatro de la madrugada y no acostumbraban
recibir visitas a esas horas.
Sin embargo, Menahem era siempre bienvenido.

A veces no podía evitarlo. Su mente se proyectaba al otro
lado de la pared y adivinaba quien estaba allí.
Esta habilidad le servía también de ayuda cuando quería
evitar alguno de los arranques de furia en Talbo, que se
habían vuelto incómodamente habituales desde su Abrazo,
pero no había podido encontrar una sangre más apropiada,
puesto que la del Clan Ventrue les resultaba del todo
inalcanzable.

Oyó a Pierre abrir la puerta, y a su esposo dar la
bienvenida a Menahem.
"Bienvenido" - dijo en su mente, y se dirigió a la pequeña
puerta que comunicaba el taller con el salón de la casa.
Cuando entró en la sala, limpiandose las manos con el

delantal, Menahem esperaba con una carta en la mano.
_ Ha llegado esta carta de Madrid - dijo, depositándola
sobre la mesa, encima de las esquirlas y el serrín (Talbo
trataba de aprender a tallar la madera sin demasiado
éxito). Tomó asiento en una de las sillas y esperó a que
Talbo y Loni le imitaran.

Después de explicarles la situación, Menahem cruzó las
manos sobre la mesa.
_ Talbo, después de 10 años esto es lo último que te pido
para saldar tu deuda. Acude con este ejército, sé el
estandarte de Girona y de los Brujah y estarás en paz
conmigo, serás mi chiquillo, pero serás libre.- tomó la
carta de la mesa- ¿Y bien? Isaac irá. ¿Acudirás tú, Talbo?

Talbo asintió, complacido. Él era un guerrero, un
mercenario, y se sentía torpe fuera del campo de batalla.
_ Iría sin tener deuda contigo, Menahem. Cuenta conmigo.

Cuando Menahem se marchó, Loni regresó al taller. Se sentó
en un pequeño taburete frente a la escultura y observó el
trabajo hecho hasta ahora.
Una mujer joven llevaba un cántaro apoyado en la cadera;
vestida con ropas de campesina, se apreciaba la plenitud de su carne, la
suavidad de la curva de los pechos, el cuello esbelto, el
cabello rizado como un delicado encaje alrededor de la
cabeza. Su expresión era de la más total calidez y pasión,
con los labios entreabiertos y los ojos cerrados.
La había tallado tal y como le hubiera gustado ser, en
lugar de menuda y delgada, de rostro corriente y cabello
sencillo.
Detrás de la mujer, y acariciando su cuello, había un
hombre. Vestía levita y blusa de encaje, y entre las
chorreras se apreciaba el torso descubierto. Era espigado y
tenía los hombros estrechos, y el cabello desgreñado le
caia en desorden sobre la frente. Su rostro en cambio era
la pura imagen de la malicia, de la lujuria.
Nadie le había encargado aquella escultura.
A veces necesitaba esculpir por el placer de tallar la
piedra.

Estaba absorta en la observación de su obra cuando unas
manos se deslizaron en su cintura y la estrecharon.
La piel era cálida. Había salido a cazar.
_ No tengo que pedirte que me acompañes, ¿verdad?- preguntó
Talbo con ternura, susurrándole al oído- Sabes que no me
iré sin tí.
Loni se volvió hacia él.
No tenía nada que hacer en Mallorca, no había allí nada que
ella pudiera hacer, pero sin embargo Talbo se lo pedía y
ella no se lo negaría.
_ Te escondes durante años, te saco de un fortin, te
ofrezco la vida eterna y ahora ¿me pides que te acompañe a
una batalla en tierras musulmanas en la que mi vida
peligrará todos los días?- comentó con un ligero tono de
reproche. La preocupación se dibujó en el rostro de Talbo.
La malicia se dibujó en los ojos de Loni. Disfrutaba con
aquella pequeña tortura. Sonrió. - Las cosas que tengo que
hacer por amor...- susurró, y rodeándole con los brazos,
dejó que su esposo le hundiera los colmillos en el cuello y
bebiera de ella.

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Salou. Primavera de 1213

Isaac, Talbo y Loni llegan a Salou, con cartas de
recomendación para poder entrar en la tropa del rey Jaume
en diferentes roles, desde combatientes, hasta consejeros.
Afortunadamente, el rey no los ha visto desde que tenía una
tierna edad, así que es poco probable que los reconozca,
aunque sí podrían recordarle "otras personas..."
Cuando llegan a Salou, algo les impresiona: 200 barcos
anclados en el puerto de la villa. Casi 15.000 soldados.

El más grande ejército catalán de todos los tiempos.
Tras casi veinte años sin ir a la guerra, la Corona de
Aragón está en un estado formidable para ir a la conquista
de nuevos territorios.
Talbo irá como asesor militar por Girona. Isaac, como
experto en leyes para el traspaso de poderes una vez
finalizada la conquista. Loni acompaña a su marido, y
actuará como consejera.

La noche es tranquila y fresca cuando llegan a Salou. La
villa bulle de actividad, y en las afueras distintos
campamentos de campaña aguardan con las tropas para
embarcar
A ellos les guarda alojamiento en una lujosa casa cercana a
la iglesia de la villa
que les han reservado a la que se dirigen con tranquilidad
en su carro(conducido por el fiel Pierre).

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El empedrado de las calles de Salou hacían repiquetear las
ruedas de un modo insistente y desesperante. Guardias con
antorchas patrullaban la ciudad y dos caballeros escoltaron
su comitiva hasta la casa que les habían reservado.
_ Unos días antes de salir hacia aquí - comentó Isaac-
llegaron unos mensajeros de parte de un grupo de
Capadocios.- Talbo enarcó una de las cejas en un gesto que
había ido perfeccionando con los años, fruto de un marcado
escepticismo. Loni sonrió.- El trato es bastante jugoso.
Talbo apoyó los pies en el asiento que tenía enfrente y
cruzó los brazos sobre su pecho.
_ ¿El trato? - inquirió.
_ En Salou nos tendremos que reunir con su líder,-continuó
Isaac- al que si ayudamos a buscarse un sitio en las
nuevas tierras nos cederá parte de los ingresos que obtenga
por el comercio.Tu tendrías que ayudarme a ser su escolta
cuando lleguemos a las nuevas tierras. Y si todo sale bien
- se frotó las manos con codicia- tal vez pueda encargarme
de mover algunos hilos. ¿Qué dices?
Talbo frunció el ceño unos instantes, pero enseguida su
rostro se relajó y una sonrisa se dibujó en los labios. No
podía esconderlo: adoraba la guerra.
_ Bueno, la guerra para algunos es un negocio, al fin y al
cabo. Para mi lo era, cuando vivía, a mi modo.- se volvió
hacia su esposa, que había dejado de prestar atención a la
conversación.- ¿Qué opinas, Loni?¿Aceptamos?

Loni miró a Isaac a los ojos.
_ Yo no necesito grandes riquezas para vivir. Dadme solo
piedra para tallar y os acompañaré donde vayáis.¿Tendremos
alguna garantía?
Isaac sonrió y habló con solemnidad, como quien pronuncia
unos votos.
_ Te prometo, Loni, que si todo sale bien, te compraré una
cantera entera.
Las carcajadas de Loni llenaron el carruaje de una extraña
jovialidad.
_ Te creo, mi buen Isaac.- dijo, con los ojos brillantes-
estás maldito, pero tienes buen corazón. Explícame ahora...
¿Qué es lo que ganamos nosotros de todo esto?

Isaac se acomodó en el asiento. El repiqueteo de las ruedas
era cada vez más molesto.
_ Si conseguimos situarle en Mallorca tras la conquista, a
cambio nos cederá ganancias, y si por algún casual no
vieramos cumplida su parte del trato,-un brillo malicioso
iluminó sus ojos- siempre hay medios para atormentarle un
poco. Además yo tengo contacto con buena parte de los
judíos aragoneses.
_ No he tenido nunca trato con los capadocios, salvo con
Harpalion (y el se ocupada solo de sus asuntos) ¿Son
honorables?

Y cuando hubieron decidido que, en efecto, colaborarían los
tres en el trato, Loni pidó a Pierre que cambiara el
destino, y en la misma noche de su llegada, se dirigieron a
casa del Capadocio.

Una buena casa les esperaba en la dirección que buscaban.
Los postigos estaban cerrados.
Se apearon del carro y se dirigieron a la puerta.
Tres golpes bastaron para que escucharan en el interior el
sonido de los cerrojos al abrirse.
Un suave tintineo resonó en la calle cuando apareció un
hombre en la puerta. Se trataba de un hombre de avanzada
edad, ataviado con una oscura capa que le ocultaba parte
del rostro.
Su piel, arrugada y marchita, habia adquirido un matiz
apergaminado en ciertas zonas y el hueso se adivinaba en el
rostro, los altos pómulos marcados, el mentón...
Loni sintió un escalofrío: había algo en aquel hombre que
no le gustaba lo más mínimo, aunque no pudiera concretar el
qué.
_ Buenas noches.- dijo. Parecía tener dificultades para
hablar, para pronunciar cada palabra- ...¿cúal es el motivo
de su visita?
Isaac hizo una breve inclinación de cabeza a modo de
reverencia.
_ Mi nombre es Isaac. Busco al señor Xoan, vengo desde
Girona y me digeron que podría encontrarle aquí.

El hombre de pergamino esbozó una siniestra que nada tenía
de agradable.
_ Pues ha tenido suerte. Aquí solo conozco un Xoan... Y soy
yo.- hizo un gesto al interior de la casa- Pero pasen, por
favor, no se queden ahí...- miró a Loni y a Talbo, que no
habían hablado desde que llegaran.- ¿Y el resto son?

Loni bajó la mirada y esperó a que se presentara Talbo,
puesto que en aquel asunto ella tenía un papel totalmente
secundario, pero el guerrero no se presentó. Hizo una
reverencia cortés con desgana.
_ Mi nombre es Loni de Lances.- en el momento en que habló,

Talbo se presentó también.
_ Y yo soy Talbo.
Los tres pasaron al interior. Estaba poco decorado y con
una iluminación bastante deficiente. Loni agradeció no
poder distinguir la pintura descorchada en el techo.
Se trataba de una casa más funcional que habitable, poco
amueblada, demasiado austera para el gusto toreador de
Loni, que miraba a su alrededor intentando no dejar
traslucir su desagrado.

Tomaron asiento en unas banquetas incómodas e inestables.
Había unas pocas velas repartidas por la sala, que parecía
ser el salón, creando sombras que se deslizaban por el
suelo como tentáculos.
_ Bueno,- dijo Isaac, siempre directo al asunto a tratar-,
según la información que me ha llegado está buscando a
alguien que le ayude a usted y a los suyos a asentarse en
Mallorca.- El hombre de pergamino asintió.- Y que está
dispuesto a dar a cambio
_ ... de hecho sólo quiero y queremos dedicarnos a nuestros
estudios... - dijo el hombre con su voz crepitante- ...y
cómo bien sabrán la guerra se convierte en un interesante
campo de estudios...sobretodo en nuestra materia...- sonrió
de nuevo y Loni sintió en escalofrío.
_ Entiendo su postura- contesto Isaac-pero según he oido
están dispuesto a ceder parte de sus ingresos por el
comercio tras la conquista con Mallorca si consigue
asentarse.
Loni sonrió pasa sus adentros. La pericia de Isaac en temas
monetarios (y su insistencia) nunca dejaban de
sorprenderla...
_ ...además yo soy médico...- su voz era un siseo
intranquilo- así que el trato sería el siguiente: yo ejerzo
mi oficio y ustedes se llevan un la tres cuartas partes de
las ganancias... - Una mueca de disgusto se dibujó en el
rostro de Isaac al oir lo de "médico", pero recuperó la
compostura enseguida.-...realmente no me interesa el
dinero...sólo me conformo con los...sujetos de estudios...y
una pequeña suma para gastos... De las tres cuartas partes
restantes, pueden hacer lo que deseen.
Isaac se frotó las manos sin disimulo.
_ Y respecto al comercio con Mallorca, si su clan y mas
propiamente su grupo se asientan en Mallorca supongo que
podrán tener cierto control sobre el comercio.

El capadocio asintió.
_ ...pero eso es ya hablar de asuntos mayores...y deberían
tratarlo con mis superiores...yo sólo soy... la
avanzadilla...y aún así les ofrezco un buen trato...

Loni estudió al hombre con la mirada. Parecía sincero.
De todos modos ¿Quién iba a pretender aparentar ser tan
vulgar y turbador? Sintió un poco de lástima por él, pero
un nuevo escalofrío le hizo olvidarlo.
_ Bueno,- insistió Isaac- pues mi última condición es que
parte de ese comercio, concretamente el que entre a
Cataluña deberá pasar por Girona, en la medida que su grupo
pueda controlar esas circunstancias- sonrió y añadió-
supongo que podrán hacerlo.
_ ...muy bien...- crepitó el hombre de pergamino- informaré
a mis superiores...y creo que estarán de acuerdo a esa
parte...
Isaac extendió las manos sobre la mesa.
_ Entiendo- dijo cortesmente- ya veo que de momento es lo
úninco que nos puede asegurar.
El hombre asintió.
_ ...sí... espero que haya cumplido con sus espectativas...
Se pusieron en pie e Isaac estrechó la mano de su
interlocutor.
_ ...cuando el ejército parta nos volveremos a ver...si
tienen cualquier pregunta...aquí estaré...
Se despidieron con las habituales fórmulas de cortesía y
cuando por fín salieron al exterior, Loni agradeció con un
suspiro de alivio volver a sentir el aire fresco del mar en
el rostro.

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Las noches que siguieron las dedicaron casi por completo a
hacer visitas de cortesía, presentaciones, fiestas y demás
eventos sociales, cosa que complació a Loni que, aunque
disfrutaba la soledad, admiraba con sinceridad las maneras
cortesanas y las fiestas eleganes, que le recordaban al
castillo de Rodrigo y a los buenos momentos que pasó en él.

Al pensar en ello, una nube de tristeza y melancolía empañó
su mirada, pero tuvo a bien sonreir de nuevo para evitar
las preguntas de Talbo, que cada vez más se excedía en su
proteccionismo.

Pocas noches antes de la partida, se celebró una gran
fiesta y Loni aceptó la invitación por los tres sin ningún
tipo de dilación. El rey asistiría, y ya no era el bebé que
habían conocido en la corte, sino un joven lleno de
determinación (y de fuego). Todos los cainitas que se
embarcaban asistirían a la fiesta y era la ocasión ideal
para atar lazos que podrían ser útiles.

La fiesta se llevó a cabo en una enorme casa solariega de
blancas paredes encaladas, decorada profusamente con
flores, velas y fuentes que hicieron las delicias de Loni
nada más poner un pie allí.

Debido a las noches de socialización, al llegar saludaron
aquí y allá a aquellos que habían conocido, con la copa en
la mano.

El chambelán fue anunciando uno a uno, a golpe de bastón, a
todos los que llegaban, presentándolos con nombre y título,
así como función en la expedición.

De esta manera, el gran salón se fue llenando hasta que más
de doscientas almas se reunieron allí.
Y entre ellas, Lucía de Aragón, que había ido a visitar a
su sobrino Jaume, el Rey.

Iba vestida con un sencillo vestido negro, completamente
elegante pese a carecer de los enormes faldones de moda en
la época, y en cuanto les reconoció, acudió a saludarles
con una hermosa sonrisa en el rostro.

_ ¡Qué sorpresa! Isaac y Loni... Vaya, os veo muy bien...
¡Cuánto tiempo!
Loni hizo una grácil reverencia.
_ Es un placer encontraros de nuevo, Lucía. ¡Ignoraba que
también embarcaríais!
Isaac tomó su mano y besó el dorso con cortesía.
_ Es un placer para mi también volveros a ver, Lucía.
Lucía sonrió todavía más.

_ No me lo perdería por nada del mundo. Mi sobrino tiene
talento, y muchos son los que le vigilan... Observad- se
volvió con discreción, señalando a un individuo que paseaba
cerca de los balcones de la sala, vestido con el hábito
eclesiástico- Guillem Savall... ¿Os suena su nombre?

Loni hizo memoria.
_ Creo recordar el nombre, pero no recuerdo de qué lugar.
_ Pues... de Lleida- Loni se estremeció al recordar aquel
episodio.- No creo que le conocierais en persona. Sin
embargo... sin embargo era una pieza clave en la política
ilerdense. Mantenía alejadas a las distintas facciones que
deseaban influenciar al monarca de él. Y ahora, le
encuentro aquí, cerca de su hijo Jaume. ¿Coincidencia? Sólo
sé que por algún motivo, pese a estar solo era intocable en
Lleida.- agitó la mano con frivolidad y volvió a sonreir-
Oh, pero dejemos de lado la política. ¿Qué ha sido de
vosotros?¿Dónde estais?¿Y quién es este buen mozo, Loni?-
dijo señalando a Talbo con una sonrisa seductora.

Talbo, para variar, no reaccionó y Loni se vio en la
obligación de clavarle el codo en el costillar para que se
presentara.

_ Oh, sí, saludos... yo soy Talbo, el esposo de Loni.
Lucía enarcó las cejas.
_ Vaya, no sabía que estuvieses casada, Loni. Tienes buen
gusto, Talbo...
_ Me casé hace muchos años,- concretó Loni- doña Lucia,
mucho antes de conoceros.
_ Comprendo.

Isaac continuaba pensando en Guillem Savall.
_ Perdonad mi ignorancia, pero ¿sigue teniendo un papel en
la política ilerdense o tras la terrible muerte de Anchel
marcho de la ciudad??

Lucía se encogió de hombros.
_ No lo sé. Savall siempre fue por libre, en apariencia. Ni
idea si ha seguido allí o no tras la muerte de Anchel.

La voz del chambelán anunció a Lord Étienne, embajador del
Reino de Navarra.

Loni se desentendió de la conversación sobre política que
tan poco le interesaba y se volvió hacia la puerta, sin
saber muy bien qué había llamado su atención.


Allí estaba Étienne, con su cabello rizado y su estómago
abultado, como cuando le conoció... hacía tanto tiempo...
en el castillo de Rodrigo.
Sorprendida, estuvo a punto de dejar caer la copa, pero se
contuvo y la aferró con fuerza y clavó la mirada en él.
Étienne, por su parte, se dirigió directamente hacia
Guillem Savall, pero Loni había dejado de pensar en nada.

¡Era Étienne! ¡No había muerto! Entonces Rodrigo
también...!

No cabía en sí de gozo, y quería darle una hermosa
sorpresa y tocó con la mirada el hombro de Étienne.
El hombre se volvió y al verla, quedó claramente
sorprendido. Pero no era una sorpresa agradable.

De pronto Loni tuvo la certeza de que algo no iba bien, que
algo andaba terriblemente mal.

_ ¿Te pasa algo, chiquilla?- dijo alguien, pero no lo
escuchó.

Sin atenerse a razones, atravesó el salón abarrotado en
dirección a su viejo amigo. Cuando llegó a su lado, Savall
la estudió con la mirada.

"Así que estás viva, Loni... Los demás se alegraran estarán contentos de que te haya encontrado" dijo la voz de Étienne
en su mente, trayendole recuerdos, cuando era joven y
mortal, cuando escuchaba a las Voces, antes de que
enmudecieran trás la guerra.

"¡Étienne! ¿Dónde están todos? ¿Donde estabais? Os busqué tanto tiempo... "

"Estamos aquí. Todos estamos aquí..."

Su voz comenzó a desdoblarse en dos, cinco, diez, mil
voces...

"Todos estamos aquí"

Loni respiró hondo y se concentró en percibir las auras
alrededor de Étienne y de Savall.

Locura. Locura en ambos. De sus auras se desprendían como
tentaculos que entrelazaban a uno con otro... Era como lo
que había visto en su manada, en Francia. Pero tan, tan
grande, que se asustó.

Étienne le tendió una mano.
"Loni... Únete a nosotros... Te esperamos..."

Loni miró la mano con recelo, pero deseando aferrarla. Un
puño le atenazaba el pecho.
"¿Rodrigo? Rodrigo... ¿Me oyes?"

Al pronunciar aquel nombre, algo ocurrió con la miriada de
voces que escuchaba, y una, la que esperaba, la que
añoraba, se alzó sobre las demás.

"¡Loni! ¡No! ¡Aléjate! "

Al oir la voz de Rodrigo, Loni retrocedió, asustada, con
los ojos muy abiertos.

"Álejate del Ordo" había dicho aquella vez en el mausoleo.

Étienne retiró la mano con un gesto de disgusto. Las voces
se alzaron tratando de acallar a Rodrigo.
Loni miró a Étienne, con lágrimas en los ojos.
"Étienne... ¿Dónde está?"

Étienne volvió a tender la mano, tentadora.
"Ven conmigo, y le verás... y podrás estar con él para siempre..."

Negó con la cabeza.
"No, dime donde está"

La mano retrocedió y Étienne miró algo trás ella. Luego se
volvió hacia Savall como si tratara de disimular para no
llamar más la atención.

Trás ella, Talbo depositó una mano sobre su hombro.
_ ¿Qué sucede? ¿Estás bien?
Loni negó con la cabeza.
_ No,-susurró- algo va mal, alejate un poco pero quedate
donde pueda verte.
Talbo retrocedió y Loni pudo apreciar como el aura de
locura que había percibido alrededor de Savall y Étienne se
reducía y desaparecía.
Loni depositó la mano en el brazo de Étienne y le llamó por
su nombre en voz baja.

Su viejo amigo la miró, y como si no la conociera, la
ignoró y volvió a su conversación con Savall... sobre el
tiempo.

_ Etienne, soy yo ¡Soy Loni!- dijo, sin entender. Étienne
se volvió hacia ella con impaciencia, irritado.
_ Señorita, no nos han presentado - dijo en tono cortante -
Y si me disculpa, tengo cosas que hablar con mi viejo amigo
Guillem.

Loni retrocedió como si la hubieran abofeteado y dejó que
la multitud la absorviera. Sin que se diera cuenta de lo
que sucedía a su alrededor, el Rey Jaime I había subido al
estado y pedía silencio y atención.

Cuando los casi trescientos invitados acallaron sus voces y
escucharon, el joven rey, habló.

_ Pronto, iniciaremos una tarea que se ha retrasado
demasiado tiempo - Isaac se reunió con ella atravesando la
multitud- Pronto, las tierras de los infieles regresarán a
manos de los cristianos, con la bendición de la Iglesia -
los obispos presentes asintieron complacidos- Lo mejor de
este reino se ha unido tras largos años de indecisión bajo
un solo estandarte. Pronto, el reino de Mallorca será
nuestro. Y con él, la prosperidad y el comercio. Esta
noche, llega una nueva era. Creedme.- alzó su copa y gritó-
¡Por la victoria! ¡Muerte al infiel!

_ ¡Muerte!- clamó la multitud.

Basielion (Mundo Aparte)

Esta crónica transcurre en una realidad alternativa en la que todo lo narrado hasta ahora no ha ocurrido.

Año 1202.

WILLIAM (homenaje al Capitán Alatriste)

No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Se llamaba William O´Brian, y había luchado como cruzado en las Guerras de Tierra Santa.
Cuando llegó a Béziers bajo encargo de un caballero español llamado Rodrigo de Lances no imaginaba que su nueva misión sería tan... tediosa.
Cobraría el sueldo de guerrero en campaña por escoltar hasta Constantinopla a una mujer y hacerle allí de guardián.
Cuando conoció a su protegida, que resultó ser una mujer de aspecto frágil que se detenía delante de cualquier cuadro o tapiz como una niña embobada, decidió que definitivamente, aquello no era lo que buscaba.
Pero había dado su palabra y cumpliría el trato.
Constantinopla les esperaba.

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LONI

Una de las ruedas crujió a causa del peso y pareció a punto de quebrarse, dejando el carruaje abandonado en medio del camino.
Loni miró una vez más el castillo antes de que desapareciera en el horizonte. Era la primera vez que abandonaba el refugio que Rodrigo le había ofrecido desde el principio y se sentía extrañamente excitada.

Nunca había viajado, ni siquiera antes, cuando estaba viva.

El castillo de Rodrigo no se encontraba a más de dos días de Béziers, donde ella había nacido y crecido, aunque la distancia que la separaba de su pasado era mucho más profunda de lo que hubiera podido imaginar jamás.

Y ahora se dirigía a Constantinopla, cuna de civilizaciones, gran obra de arte toda ella.
Aún recordaba cuando Boudicca había abierto la carta junto a la chimenea, en el gran salón. La escribía Artabasdus Obertus, un tzimisce de la ciudad que solicitaba cortesmente sus servicios en materia de escultura en un monasterio, en honor a Gesa Obertus, un importante vampiro local.
Loni aceptó entusiasmada.
Rodrigo le había hablado de Hagia Sofia, de sus cúpulas, de sus frescos, de sus retablos y sus murales y Loni se sentía como una chiquilla que ve va a ver por primera vez su primera representación teatral. El cosquilleo en la punta de los dedos era cada vez más patente, como cada vez que sabía que iba a esculpir ¡Y a penas se acababa de marchar!

William, la escolta que le había asignado Rodrigo en su viaje, iba sentado frente a ella y la miraba con un deje de desidia ante su comportamiento un tanto infantil.
Era un brujah de gesto solemne que no apartaba jamás la mano de su espada y miraba
inquisitivamente todo lo que le rodeaba.

La rueda volvió a crujir y Loni decidió sosegarse. Aún quedaba mucho viaje por delante.

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ANNA

El eco se mantuvo durante unos segundos que parecieron una eternidad en el amplio corredor que llevaba a la sala de los códices y por un momento pareció que los libros iban a echar a volar agitando sus alas para buscar un lugar más tranquilo. Cuando por fin volvió el silencio, Anna se decidió a descender la escalera de madera para recoger el grueso tomo que había provocado todo aquel estruendo; el suelo era frío y no le importó: como tantas veces se tendió en el suelo, mirando al techo y depositó el códice sobre su pecho.

Después de tanto tiempo, el hecho de regresar a Constantinopla le resultaba agridulce.
Theresa Kymenia la había hecho llamar y ella debía acudir - y aquello no era necesariamente molesto, también necesitaba explicarle aquel sueño, hablarle de los Viajeros - pero por otra parte, Rávena era ahora su hogar. Partir no era siempre fácil.

Aunque fuera para regresar al lugar de origen.

El dilema se creó entonces en su mente y como tejedores que entrelazan las hebras del destino, planeó su viaje a aquella ciudad que no sabía de su existencia.
A veces maldecía a Theresa por haberla Abrazado sin permiso del príncipe, pero su eterna gratitud hacia ella - que se había ido cultivando desde que era una niña- le impedía que aquel reproche se convirtiera en una amarga barrera.

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LONI

Durante el viaje, el barco hizo escala en el sur de Italia. Loni maldijo en voz baja ya que el capitán no dio apenas tiempo para visitar la ciudad, pero su curiosidad se vio calmada con la llegada al barco de Marianne, una joven cainita.
Hasta su llegada, los únicos vástagos a bordo eran Loni y William, y con ella el cambio supuso una feliz mejora, puesto que la desidia de William se vio mitigada en parte.
Marianne se reveló como una compañera taciturna que apenas abandonaba su camarote, inmersa en la lectura de los extraños libros que habían subido a bordo como su equipaje.
De todos modos, en alguna ocasión encontró tiempo para conversar y se interesó por su lugar de origen y sus intenciones una vez llegados a la ciudad, y ofreció su ayuda si en algun momento necesitaban de algun guía o amigo en aquella nueva ciudad.

A su llegada a Constantinopla, el puerto estaba repleto de gente cargando y descargando los barcos comerciales que atracaban en los muelles. El olor a pescado lo llenaba todo, y allá donde miraran, incluso en la noche, el sonido del dinero, el susurro de las telas ylos colores vivos de las túnicas de los comerciantes llenaban cualquier espacio a la vista.

La tripulación del barco descargó con presteza el equipaje de los viajeros, depositándole en un pequeño espacio reservado en el muelle.
La visita de cortesía al príncipe de la ciudad - y matusalén toreador- era inminente (según le había explicado Claudio) de manera que esperaron a tener todas sus posesiones en tierra para encaminarse hacia allá.

Estaban esperando cuando un joven de aspecto frágil y delicado, y ojos teñidos de tristeza apareció entre las cajas que poblaban los muelles y se dirigió hacia ellos, mirándoles fijamente.
Tenía la cara bañada en sangre a causa de unas heridas punzantes en el rostro
Su ropa denotaba una cierta posición social, pero se hallaba sucia y raida por los bordes, como si hubiera caido por accidente en un charco embarrado.

_ Ayudadme.- gimió. Caminaba tambaleante e indeciso, pero aún no había llegado hasta ellos cuando se dejó caer de espaldas contra una de las cajas, sin dejar de mirarlos.
Marianne fue la primera en acercarse a él, y de inmediato Loni y William la siguieron.
_ ¿Te encuentras bien?
_ Ayudadme - repitió- me ha pasado algo malo...- su voz sonaba entrecortada, como si estuviera herido y su mal le impidiera hablar con normalidad.Y alzando los brazos, mostró sendas heridas, agujeros sangrantes en las muñecas. Los agujeros traspasaban la carne de un lado al otro y no dejaban de sangrar.

Loni pensó por un momento que si el muchacho era un cainita, como suponía, sus heridas debían cerrarse rápido, pero entonces percibió, en el costado del muchacho, una mancha de sangre que delataba una herida más.

En su mente, apenas necesitó un momento para adivinar que también tendría agujeros en sendos pies.
Estigmas.
Las marcas de Cristo.
Retrocedió un paso, presa del asombro, tapándose la boca con una mano.
_ Madre de Dios - murmuró,y como un acto reflejo dibujó sobre su pecho el símbolo de la cruz.- ¿Quién... quién te ha hecho eso? - preguntó al fin, sin saber a ciencia cierta si deseaba escuchar la respuesta.

_ Él - contestó el chico- Él...es quien me hace esto. Él sueña y en sus sueños me ve así. Duele... Ayudadme...

Loni se santiguó rapidamente una vez más y su asombro creció al ver que absolutamente nadie prestaba atención a la escena. Nada era normal, las heridas, la gente, y sin embargo sentía la necesidad, el impulso, de ayudar a aquel muchacho.

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ANNA

_ Hay que llevarle a algún sitio para que descanse- propuso Anna. Realmente supo desde el principio donde acudir. Debía llevar a aquel muchacho ante Theresa, era demasiado obvio que todo lo que ocurría estaba relacionado con sus sueños: la aparición del muchacho, el encuentro con los Viajeros en el barco... Miró a Loni y a su escolta una vez más, sí, eran ellos los Viajeros de sus sueños. Debía ver cuanto antes a Theresa. Observó al chico de nuevo - Ven conmigo, tal vez conozca alguien que pueda ayudarte. Y cuando nuestros amigos se hayan presentado al príncipe, vendrán a ayudarte también.
El brujah la miró con gesto inquisitivo, receloso, pero puesto que su señora - que observaba al muchacho con asombro- no dijo nada, se mantuvo en silencio. Al fin la mujer asintió.

Podía adivinar el dilema que la dividía: presentarse ante el príncipe como mandaba la tradición,o por el contrario ayudar a aquel muchacho. Parecía la clase de mujer que se atenía a todas las normas. Realmente, en ocasiones, era todo mejor así.

Cuando el muchacho cayó inconsciente en sus brazos, la mujer, Loni, pareció salir de su ensimismamiento. El color retornó a su rostro y sus ojos tomaron un aire decidido.
_ Vayamos a ver al Príncipe, William.- después se dirigió a Anna, que sostenía al muchacho contra su regazo- Marianne, ¿donde podremos encontrarte?

Anna miró a su alrededor y descubrió una pequeña posada de fachada destartalada medio oculta detrás de unos cajones. Señaló la entrada con el dedo.
_ Podréis encontrarme allí.- dijo mientras se ponía en pie, cargando parte del peso del muchacho sobre su hombro- Yo puedo llevarle a un lugar seguro y protegerle mientras os presentáis. No debería haber problemas.

William carraspeó y su voz grave hizo volverse a las dos mujeres.
_ ¿Creeis apropiado que contemos esto al príncipe?- preguntó.
Ambas negaron con energía.
_ Decididamente, yo no lo haría -dijo Anna.- No sabemos aún en quién podemos confiar ni quién es quien tiene esos sueños.
Loni asintió.
_ Entonces presentemonos ya ante el Príncipe y decidiremos qué hacer más tarde.
Y trás echar una última mirada al muchacho, desaparecieron entre el gentío camino de Hagia Sofia.

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WILLIAM

Como siempre, no le costó el más mínimo esfuerzo despejar un camino entre la gente para que pasara Loni. El gesto tosco y la mano en la espada eran siempre un buen argumento para conseguir el beneplácito del vulgo.
Caminaban despacio, la mujer se detenía cada pocos pasos contemplando tejidos y joyas que se exponían en los últimos puestos del mercado. Con gusto la hubiera espoleado como un caballo viejo, pero de haberlo hecho, el sire de Loni lo hubiera usado como pintura en sus lienzos. Los Toreador podían parecer lánguidos y perezosos, pero eran fieros si se les provocaba.

Detestaba su tarea, pero había dado su palabra y él jamás rompía un trato. Le pagaban por escoltar a aquella mujer y lo haría, y si tenía que detenerse cada pocos metros y escucharla suspirar ¡Pardiez! lo haría...

Continuaron el camino, él en silencio y ella escrutando con ojos expertos los monumentos que decoraban las calles.Aquella mujer era extraña, con su aspecto frágil. No hablaba mucho y de buena tinta sabía que aquello era de lo más exraño en una mujer.

Había conocido muchas en sus años de mortal, guerreando en las cruzadas, y era por todos sabido que las mujeres no dejaban de hablar ni cuando se las montaba.
Un suspiro contenido de la mujerle sacó de su ensimismamiento.

Frente a ellos se alzaba imponente la catedral de Santa Sofía, con sus cúpulas y bóvedas robándole desafiantes, brillo al cielo estrellado.
No hacía falta tener sangre toreador para sentir la belleza y grandiosidad de aquel lugar. Era grande, magnífica... y dentro se encontraba Miguel, príncipe de Constantinopla.
Miró a la mujer: parecía como congelada en el tiempo, en un gesto a medio terminar, con la vista alzada hacia la catedral.
William resopló y la mujer volvió en sí: si hasta ahora el camino había sido tedioso, no quería ni pensar en qué ocurriría cuando vieran los frescos del interior.

Siguiendo las indicaciones que Marianne les había dado, encontraron una pequeña puerta en uno de los lados de la iglesia. Loni llamó fuertemente con el aldabón.
En pocos segundos, un hombre vestido a la manera de los monjes, con su túnica marrón de tela burda, acudió a abrirles.
_ Buenas noches, señora, buenas noches, señor ¿En qué puedo ayudaros a estas horas de la noche?
William esperó a que Loni contestara, pero parecía ocupada tratando de atisbar,con disimulo, el espacio detrás del monje, en el interior.
_ Venimos presentarnos ante el Príncipe Miguel - dijo entonces, y el monje, al oir el nombre de Miguel, les hizo un gesto para que pasaran.

Entraron a una pequeña sala, discreta, sin ningún tipo de decoración o amueblado que no fueran unas pequeñas sillas dispuestas en fila contra la pared. El monje les ofreció asiento amablemente y desapareció trás una portezuela.
William no dudó un momento y se sentó en una de las sillas más cercanas a la puerta, pero escuchó un murmullo indignado proveniente de Loni, que dando vueltas a la habitación decía:
_ Estoy en Hagia Sofia ¡En Hagia Sofia! ¿Y quiere que me siente?- y retorcía con las manos la tela de su falda en un gesto frenético.
William sonrió divertido para sus adentros y puso los ojos en blanco unos instantes. Después fijó la mirada en la interesantísima tierra prensada del suelo.
El monje regresó al cabo de un momento.
_ Ya podéis pasar. Por favor, acompañadme, señores.

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ANNA

Cuando los dos Viajeros desaparecieron entre el gentío, Anna se puso en marcha.
El muchacho, semi inconsciente, caminaba a su lado y descansaba casi todo su peso en su hombro.

Ahora que había podido deshacerse de sus acompañantes, podía ir a la capilla Tremere y hablar allí con su Sire.
Le costó trabajo desplazarse hasta allí trasportando casi por completo al muchacho, pero cuando llegó a la capilla, Theresa ya estaba allí.
Quiso abrazarla pero su sire observaba al muchacho con la boca abierta, sorprendida.
Mientras les hacía pasar al interior, exclamó:
_ ¡Anna! ¿Sabes quién es este al que traes?- Anna trató de contestar que era alguien necesitado de ayuda, pero antes de que pudiera decir palabra, Theresa ya estaba respondiendo a su propia pregunta- ¡Es Gregorius Dimities, una de las musas del príncipe Miguel! ¿Qué le ha pasado?
_ Lo encontré en el puerto, Theresa. Alguien sueña con él y le hace estas heridas. Le ve así en sueños.
Theresa guardó silencio unos instantes mientras contemplaba al muchacho.
_ Llevémosle dentro, quiero examinarle. - dijo al fin.
El laboratorio taumatúrgico de Theresa era grande y espacioso, sorprendentemente organizado para la cantidad de objetos que allí había.
Entre las dos, despositaron al joven sobre una mesa del laboratorio y Anna se dejó caer en una butaca, agotada.

Se alegraba de no haber errado en su decisión de no contar nada de lo ocurrido al príncipe.
Mientras Theresa se preparaba para examinar al muchacho, le contó sus sueños en Rávena, su encuentro con los dos viajeros,lo ocurrido en el Lido.
Su Sire se consternaba a cada palabra que decía.
_ Yo también lo siento, Theresa. Si Marianne se hubiera callado, tal vez...Pero fue el destino - se interrumpió - Lo que me hace recordar que tuve que hacerme pasar por Marianne en el viaje hacia aquí.

Theresa asintió, aprobando su decisión y tomó un poco de sangre de los estigmas del muchacho e inició un pequeño rito que Anna no conocía. Murmuraba palabras y vertía en ella liquidos extraños mientras observaba la pequeña mancha roja como si de un texto encriptado se tratara.
Anna contempló en silencio el trabajo de su Sire, tratando de no moverse para no romper su concentración.

_ Es extraño - dijo Theresa al cabo de un rato- Esta vitae está alterada del algún modo. Me recuerda a ciertos cambios similares a los que he observado en la sangre de los assamitas en ocasiones, pero esto es diferente...
_ Esto es lo que le provocan los sueños, eso dijo él. Y parecía muy triste.
Theresa asintió y volvió a quedar en silencio, continuando su ritual.
Anna casi podía sentir como el tiempo corría observando a Theresa llevar a cabo los rituales que ella aprendería algun día.

Theresa habló de nuevo al cabo de un momento:
_ Esto es muy extraño... Cuanto más examino esta sangre, más me desconcierta... Desprende un aura arremolinada... ¡Locura!
Anna se puso en pie y suspiró.
_ Confío en tu sabiduría. Yo no sé más que tú, salvo lo que dijo el chico.¿Tal vez el soñador sea presa de la locura?
_ Podría ser...- Theresa depositó el pequeño tubo con la sangre y la miró- Tengo una idea, pero necesitaré que vengas conmigo, Anna.- Se puso en camino y Anna la siguió- Es peligroso, pero podría avanzar nuestro entendimiento de los sueños.
_ ¿Es un vástago entonces?
_ Por supuesto. Es un malkavian. Le he visto en un par de fiestas con anterioridad.
Anna se detuvo
_ Está bien.Entonces mandaré un mensajero a la posada para que avise a los Viajeros que no acudiré. No quiero que haya dos vampiros preguntando por mí y por el muchacho por la ciudad.- cuando terminó la frase,se mordió la lengua. Su última frase había sonado más cargada de reproche de lo que le hubiera gustado. Theresa sin embargo no dio señal de darse por aludida, seguía concentrada en su trabajo.
_ Te diré lo que haremos - dijo- nos introduciremos en su sueño. Le estacaría, pero tengo miedo que se interrumpa lo que sea que le sucede si lo hacemos. Tú serás mi ancla, y por ello te necesito conmigo. Le ataremos y uno de mis sirvientes le vigilará.

No tardaron mucho en tenerlo todo listo. Ataron a Gregorius y colocaron sendas mesas a sus costados. Anna se tendió sobre una de las mesas, junto al chico, y Theresa, tumabada en la mesa de al lado, comenzó a entonar palabras místicas de un ritual desconocido. Anna comenzó a sentir como el Sueño la invadía.

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LONI


No podía salir de su entusiasmo. ¡Iban a entrar en Hagia Sofía! No podía esperar más, los dedos le ardían de ansia.
Sabía que su guardían la despreciaba, pero no le importaba. Él llevaba el desprecio grabado en la sangre, como todos los Brujah, y ella, como todos los Toreador, necesitaba contemplar el interior de la basílica.
Si embargo, se contuvo. No podía, por supuesto, ocultar el ansia en sus ojos, pero trató de relajar el gesto y caminar con tranquilidad mientras seguían al monje.
Esta vez les hizo pasar a otra sala, en todo parecida a la anterior.
Ni rastro de murales, ni rastro de frescos. Tan solo el suelo tenía baldosas, a diferencia de la sala anterior, de burda tierra prensada.

Un hombre alto y delgado les esperaba allí; parecía nervioso mientras les miraba al acercarse. El monje se retiró.
_ Yo soy el quaesitor Petronio,- dijo con voz seria y un rastro de soberbia en el mirar- chiquillo de Miguel, y actúo en su nombre mientras mi sire duerme... ¿Qué
Loni se inclinó en una grácil reverencia, como Claudio le había enseñado que debía hacer, y dijo las palabras de cortesía con el tono más dulce e inocente que pudo conseguir:
_ Acabamos de llegar a la ciudad, Maestre. Queríamos presentar nuestros respetos al príncipe Miguel.

Petronio agitó la mano en gesto despectivo.
_ Miguel descansa ahora en la basílica y no puede ser molestado...- de repente, en una fracción de segundo, pareció escuchar algo que nadie más oía, y Loni supo que Miguel le estaba hablando.- Oh, está bien. Acompañadme.

El entusiasmo se desató cuando entraron en la basílica.
Aquí y allá los frescos y los murales colmaban las paredes, y retablos de pan de oro relucían entre velas, proyectando auras doradas entre las sombras, que se agitaban convulsas. No cabía en sí de gozo, era tan hermoso...

La antigua Bizancio bajo sus pies y frente a ella la obra de arquitectura y de arte religioso más hermosa que hubiera soñado jamás con contemplar.
Una cúpula central sobre planta cuadrada, flanqueada por cuatro brazos en forma de cruz...
Que sublime obra de arte. Que pericia la de Maese de Tralles e Isidoro de Mileto al sostener la cúpula, no con pechinas ¡sino con trompas!
Siguiendo a Petronio, la belleza del entorno era cada vez mayor. Los dedos le ardían y los retorció con fuerza hasta que sintió dolar para refrenarse un poco.
Pero fue del todo inútil, a los murales, los frescos y los esmaltes siguieron maravillas todavía mayores.

Al cruzar el umbral de una nueva puerta, se vieron en un lugar que Loni no conseguía ubicar dentro de su esquema mental de la basílica.
Rodeados de belleza, se encontraban en un hermoso jardín - que en todo podría haber sido el Jardín del Edén - a cielo abierto, desde donde podían contemplar las estrellas que destacaban en la noche.
_ Perdonad, Petronio pero... ¿Dónde nos encontramos?- preguntó con afectado entusiasmo Loni, mientras veia como su escolta entornaba los ojos.- Es tan hermoso...
Petronio no pareció escuchar, continuó caminando y murmuró un "por aquí, por favor" del todo ausente.

Caminando entre árboles, sobre césped fresco, y entre la hierba, Loni vió animales de toda clase. Algunos dormían, y sus cachorros parecían jugar... perros, gatos, antílopes que jamás había visto en ningún libro... Trás caminar largamente por aquel paraíso, su guía se detuvo junto a una laguna de aguas cristalinas en la que podían contemplar el reflejo de la una como si de un espejo de bronce pulido se tratara.

Loni sintió que le temblaban las piernas y que un nudo ascendía desde su estómago hasta su garganta, como un sollozo. Los ojos le escocían a causa de las lágrimas que pugnaban por caer.
Allí, la escena más maravillosa que jamás hubiera visto.

Arrodillado a la orilla de la laguna, con los pies sumergidos en el agua y con una graciosa ondina de piel aceitunada y ojos brillante peinándole los cabellos con un peine de oro y marfil, el arcángel más espléndido que jamás se pintara o esculpiera contemplaba su reflejo en las aguas cristalinas.
Sus alas, de una blancura nívea, permanecían plegadas a su espalda, grandiosas incluso sin abrirlas, y Loni tuvo la certeza de que si tocara aquellas plumas, la suavidd de su tacto sería inigualable.
Pero no podía profanar aquella belleza con su vulgar tacto.
Le pareció una blasfemia cuando Petronio, con paso ágil y silencioso, se acercó al arcángel y le murmuró algo al oido. Sin embargo el arcángel consintió su cercanía y se volvió hacia los visitantes.

La luz en su rostro era tan embriagadora que Loni se sintió desfallecer al contemplarle.
Así había imaginado ella a los orgullosos arcángeles, con aquella mezcla de infinita bondad y titánica fuerza que por más que lo intentara, no conseguía plasmar en sus esculturas. Los ojos, radiantes como estrellas, despedían un fulgor inimaginable, y su cabello, dorado como el alba, ondeaba con una brisa que no conseguía percibir.
Cuando habló, la melodiosa voz, cargada de fuerza, hizo temblar de gozo hasta la más mínima fibra de su ser.

_ Soy Miguel, Arcángel del Señor. ¿Traéis un mensaje para mí?- Loni apenas pudo reaccionar e inclinarse en una profunda reverencia ante el Príncipe de Constantinopla y matusalén de los Toreador antes de que volviera a insistir- ¿Traéis un mensaje para mí?

Loni volvió a inclinarse y con una devoción que no fue necesario fingir, contestó:
_ Acabamos de llegar a la ciudad, Padre.- contuvo el aliento cuando el arcángel se puso en pie y desplegó sus alas en todo su esplendo- hemos venido a presentaros nuestros respetos y pediros permiso para permanecer en vuestra espléndida ciudad.

El arcángel sonrió con bondad y alzó las manos en gesto de bienvenida.
_ Todos somos hijos de un mismo Padre. A todos sus puertas están abiertas. Aquí en el Edén, en el Cielo o en la Tierra.

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ANNA


Cuando abrió los ojos, no reconoció el lugar en que se encontraba.
Soplaba el viento del norte helándole los huesos y cortándole la piel. Miró a su alrededor.
Se encontraba en un monte pelado.
Frente a ella, una enorme cruz de madera se recortaba contra el cielo.
La luna, enorme,le permitió distinguir algo más.
Gregorius estaba clavado a ella.
Crucificado.
Y Theresa no estaba por ningún lado.
Gregorius abrió los ojos con fuerza, repentinamente.
_ Gracias- dijo desde la cruz- Gracias por ayudarle.- su rostro parecía puro, sincero, sin un atisbo de maldad o malicia.
Anna, cada vez más nerviosa, buscó a su alrededor algo para descolgarle de allí: guijarros, palos, lo que fuera, pero no encontró nada lo suficientemente fuerte.
Los clavos estaban bien hundidos en la carne y la madera.
Necesitaba desesperadamente a Theresa y era alarmante que no hubiera aparecido
Se detuvo frente a la cruz, tratando de pensar.
_ Te sacaré de ahí, no te preocupes.

De pronto, las manos y los pies de Gregorius se desgajaron de los clavos. Anna extendió los brazos para sostenerle pero en lugar de caer, el cuerpo levitó en el aire, ascendiendo.
_ No es muy necesario.- dijo desde el aire.
Anna, sorprendida, descubrió que ya no pensaba en Theresa.
_ ¿Es...estás bien?- le preguntó al chico. Este ya no parecía presa del dolor que había mostrado en el puerto.
_ Sí- dijo- ven. Tengo que entregar un mensaje.- Y tomándole de la mano, Anna sintió como si una extraña fuerza que no podía ver tirase de todo su ser y la arrastrase.
Y de pronto sintió algo extraño a su alrededor.

¿Agua?

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LONI

Iba a volver a inclinarse en muestra de agradecimiento ante Miguel cuando, repentinamente, el agua de la laguna se agitó y comenzó a burbujear.
Alarmada, retrocedió y vio, con alivio, como William sacaba su espada.
Del estanque surgió entonces una figura: el muchacho con sus estigmas sangrantes emergía de las aguas.

Loni no entendía ¿Cómo había llegado hasta allí?
Pero mayor fue su sorpresa al ver, que cogida de su mano, saliendo también de las aguas, aparecía Marianne.
William miraba, alternativamente, a Miguel y a Marianne, tratando de entender que pasaba.

_ Oh, gracias.- dijo el chico con malicia.- Gracias por ayudarme a llegar hasta aquí, os lo agradezco.
De pronto, las machas de sangre que llevaban en sus ropas Loni, Marianne y William se esfumaron con un siseo.

Marianne parecía ausente, como ida. Y desde donde se encontraba, Loni no podía saber si estaba bien.
El Arcángel Miguel miró con atención a los recién llegados. Su rostro inmaculado no pareció inmutarse, pero una leve arruga de disgusto apareció en su frente.

El chico comenzó a caminar hacia él, lentamente, y sin embargo, no se movió ni se puso en guardia.
_ Mi Señor,- dijo William, y su voz pareció romper momentaneamente el trance- creo que seria prudente que os marchaseis de aqui.
_ ¿Traes un mensaje?- preguntó entonces Miguel al chico.
El muchacho sonrió.
_ Oh sí.- dijo con un siseo. Su cuerpo empezó a cambiar, estirándose, retorciéndose como si el esqueleto hubiera desaparecido por completo hasta convertirse en un cuerpo cilíndrico, estrecho y tibio. Su cabeza se alargó y tomó forma de cuña, sus ojos se volvieron pequeños y brillantes.
Una serpiente.

Asqueada, Loni contempló a la serpiente sin poder apartar la vista. Reptaba directamente hacia Miguel ¡Pero él no se movía!
Con exasperación pudo ver que la serpiente le sostenía la mirada. Debía estar llevando a cabo algún hechizo, Miguel era víctima de un extraño trance y no podía dejar de mirar a los ojos del reptil que dibujaba una sinuosa pista sobre la arena de la orilla.

Las nauseas la sacudieron con un espasmo y apretó fuerte los puños.
Dio un pequeño paso al frente, y otro más. La serpiente no se fijó en ella.
Con un salto se colocó delante de Miguel, cortándo el paso a la serpiente.
_ ¡Aléjate!- gritó con furia.

La serpiente la miró.
Sintió como el sinuoso rastro se introducía en su mente, robando sus ojos primero, su voz a continuación y por último su oido. Solo podía ver a la serpiente y escuchar su repugnante deslizar. La serpiente lo era todo.
Aterrorizada comprobó que avanzaba hacia ella ahora y que no podía mover brazos ni piernas para huir o pedir ayuda.

Encerrada en su propio cuerpo quería gritar, pero no podía, quería correr, pero no podía, y la serpiente avanzaba hacia ella y cada vez estaba más cerca.
Primero sintió como se enroscaba en su pierna izquierda, y a continuación en la derecha, se enroscó en sus caderas, en su cintura y aprisionó su pecho, sus hombros, su cuello...
Y apretó.
El dolor la llenó por completo. Podía sentir todos los huesos de su cuerpo a punto de quebrarse.
Como por una rendija de su conciencia, vio a William atacar a la serpiente con su espada.
El dolor aumentó.
Cada golpe que el asqueroso reptil recibía, la dañaba a ella.
Gritó.

Y de pronto, el trance se rompió. Loni cayó al suelo. La serpiente no se desprendió de ella.
Marianne le estaba cubriendo los ojos con lo que parecía un trozo de su enagua, y William mientras luchaba ferozmente con ella, tratando de desenroscarla del cuerpo para no dañar a Loni.

_ ¡Serpiente!- la voz de Miguel retumbó llenando cada rincón y cada alma con una fuerza inimaginable, rebosante de autoridad y desatando respeto y terror- ¡Tú!¡Aléjate de ella, sal de este lugar y arrástrate hasta los confines del mundo!

La serpiente siseó, pero aflojó su presa. Loni pudo sentir entonces todo el dolor que la atenazaba sin dejar que se moviera. Poco a poco, se escurrió de la presa y notó que la serpiente ya no la sujetaba.
El reptil se alejaba, reptando sinuosamente hacia las aguas de la laguna. Cuando su piel entró en contacto con el agua, el cuerpo mutó de nuevo, esta vez en un proceso infinitamente más rápido.

Una mujer desnuda miraba ahora con odio al Arcángel Miguel.
Y esta vez él si pareció sorprendido.
_ Malakai...-murmuró- estás viva...

La mujer rió con carcajadas enajenadas, estridentes que lo llenaban todo. Marianne corrió hacia ella, como si quisiera llevarsela de allí.
_ Mikail- dijo entonces la mujer dejando de reir- Ni por un momento creas en la ilusión... La guerra no la ganasteis... Y pronto lo descubrireis...- y doblándose de un modo sobrenatural,gritó.

Como si se tratara de un enorme espejo de cristal, todo a su alrededor se quebró. Pudo ver como el cuerpo de Marianne se desgarraba y se rompia en pedazos sin dejar un solo rastro de sangre. El caos lo inundó todo. No distinguía nada, todo se movía.
Se sintió zarandeada y golpeada.
Y de repente todo se detuvo.

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WILLIAM

Cuando abrió los ojos, lo primero que vio fue a Miguel. Yacía inconsciente en el suelo, a pocos metros, y pese a ser el mismo, ya no resplandecía ni tenía alas.
_ ¡Maldita sea!- gritó, al ver que ya no se encontraban en el jardín, sino ¡en medio de la nave central de Hagia Sofia!- ¿Qué ha ocurrido?
De pronto sintió terror.
Un terror frío e irracional. Casi podía sentir la Fé de aquella casa de Dios quemándole la piel, los ojos, la lengua.
Loni también estaba allí, en el suelo, pero parecía consciente.
Corrió hacia a ella y la ayudó a levantarse.
_ Vamos ¡Tenemos que salir de aquí!- exclamó, y apoyándo a Loni en su hombro, tomó en brazos a Miguel y caminaron lo más rápido que pudieron hacia la rectoría.

Allí Petronio les vio llegar con la cara desencajada por la sorpresa. Su expresión pasó de sorprendida a terriblemente preocupada cuando vio el cuerpo inerte de Miguel.
William le tendió el cuerpo de su sire y sostuvo con más firmeza a Loni, que de pronto ya no le parecía ni tan frágil ni tan tediosa.

Petronio extendió a Miguel sobre una mesa y lo miró con tristeza. Luego se volvió hacia William y Loni y los miró con gesto inquisitivo.
_ No nos mireis así, Petronius. Nosotros hicimos lo posible por salvarle.

"Déjales marchar en paz, ellos no tienen culpa"

La voz de Miguel resonó en sus mentes aunque el cuerpo que yacía en la mesa no se había movido.
Petronio miró a su Sire, sumido en el letargo.
La voz volvió a hablar.

"Déjales marchar en paz, ellos no tienen culpa, hazlo por mi"

Petronio se relajó y habló sin mirar a los dos visitantes.
_ Marcháos... Olvidad lo sucedido... -dijo con una voz cargada de pena y de rabia - Y ni una palabra a nadie que Miguel ha caido en letargo...

Desde el suelo, Loni murmuró:
_ Marchémonos.
William asintió, la tomó en brazos y volvieron a las calles de Constantinopla.
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ANNA

Se despertó sobresaltada en el laboratorio de Theresa y esta la sujetaba con fuerza,
conteniéndola.
Gregorius había desaparecido.
Alterada, trató de incorporarse, pero Theresa la retuvo.
_ Tengo un mensaje - susurró a su Sire- Ha vuelto y dice que Mikail no ganó la guerra.
_ ¿Mi-ka-il?- preguntó extrañada Theresa- Ese es el antiguo nombre de Miguel, por lo que tengo entendido.
_ Miguel llamó a la mujer Malakai.- añadió Anna, tratando de dar algo de sensatez a su explicación.
Theresa pareció pensativa unos instantes.
_ Jamás oí hablar de una Malakai... Pero si Miguel participó en una guerra, sólo se me ocurre un conflicto: la guerra de la Segunda Ciudad.

Anna se llevó las manos a la cabeza.
_ Todo es tan confuso...- murmuró, angustiada- el grito...
Theresa la rodeó con un abrazo maternal
_ Descansa, mi pequeña Anna.- suspiró- En cuanto te dormiste... Él se levantó, rompió las correas, y se fue... No nos atrevimos a atacarle...

Anna consiguió incorporarse. No quería descansar. Cada vez la escena de volvía más clara y no quería olvidar ningun detalle.

_ Nos usó como nexo para llegar a Miguel - dijo, con toda la serenidad de la que fue capaz- su sangre... Luego tomó la forma de una serpiente. Estábamos en el Edén y Miguel estaba allí.- frustrada, se dio cuenta de lo incongruente que sonaba su historia.- Y Miguel me vió, y temo que sepa que no era un sueño, que sepa que realmente estuve allí.

Theresa se sentó junto a ella.
_ Tranquila, lo arreglaremos... Saldremos también de esta.
Anna miró al techo y luego sus manos. Aun sentía el dolor de su cuerpo al partirse en pedazos.
_ ¿Pero cual será el precio?
Theresa se puso en pie y se acercó a la puerta del laboratorio, invitándola a buscar un sitio más cómodo donde hablar.
_ El tiempo lo dirá -dijo- el tiempo lo dirá.

Anna siguió a su Sire hasta la estancia contigua y tomó asiento en una butaca. Los recuerdos la invadían por completo. Por una venta atisbó la calle. Comenzaba a amanecer.
Se arrebujó en el sillón, buscando algo de sosiego en la quietud y el silencio.
Se preguntó qué era lo siguiente que el Destino le tenía preparado a Constantinopla.
Primero la codicia de los Lasombra y ahora una guerra entre antiguos...
Sí.
El tiempo lo dirá...

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Y aquella fue la realidad que se escondió tras los extraños fenómenos que en el 1202 condujeron a Miguel, príncipe de Constantinopla y arcángel, a caer en letargo. Secreto que muy pocos jamás supieron...

Octava Sesión: El Ángel, la Copa y el Malkavian

"Han pasado pues nueve años desde que Loni fuese a vivir a Girona y algo más de ocho desde que Talbo se uniese a ella en las tinieblas (quien, por cierto, es hermano de sangre de Isaac, lo cual convierte a Loni en cuñada de Isaac, puesto que Menahem accedió a Abrazar a Talbo a cambio de diez años del servicio de Loni y Talbo colaborando en la protección de la Crida, el barrio judío de Girona.)
Han pasado nueve años...
La vida en Girona ha resultado ser tranquila, sin apenas incidentes.
El antisemitismo, con tantos guardianes de los judíos como sois ahora, ha remitido gracias a los esfuerzos de Menahem y el matrimonio vampírico de Loni y Talbo ha logrado estabilidad en la ciudad.Por su parte, Isaac ha logrado gracias a sus esfuerzos comerciales mantenerse ocupado y las cosas le van bien.
Poco a poco, la no-vida que tan dura fue al principio deja de parecer tan hostil, y una especie de rutina placentera parece invadirlo todo.

La noche de fin de año del 1227, el príncipe Harpalion celebra una pequeña fiesta en su mausoleo subterraneo, bajo el cementerio. Todos los cainitas de Girona, y de sus alrededores, están invitados. Poco a poco, vais llegando al mausoleo. No es que haya mucha gente, tampoco, pues apenas sumais ocho cainitas contándoos a vosotros tres, a Menahem y a Harpalion.
Un pequeño grupo de músicos mortales, dominados por Harpalion, se encuentran en una pequeña cripta tocando música lenta, casi fúnebre. Muy acorde con el lugar, pero os da algo de repelús...

Uno a uno, el capadocio os recibe. Esta noche viste una elegante túnica de seda roja, traída de Oriente pero debido a que los pocos mortales asistentes a la fiesta están dominados para olvidar toda esa noche, se muestra tal y como es.

Harpalion: Saludos, mis ilustres invitados... Espero que disfruten esta pequeña velada. Hay un poco de sangre fría que he preparado para la ocasión en la capilla de atrás de este mausoleo, dispongan de ella con moderación o no habrá para todo el mundo.

Harpalion: Ah, y feliz año nuevo

La cara del capadocio se asemeja cada año que pasa más a un cadáver, y la piel se le ha estirado tanto en los pómulos que el hueso empieza a asomarse.
Entre los presentes, advertís a un nosferatu que llegó a Girona hace un par de años, llamado Bernat. Al parecer, fue abrazado en un pueblecito de la costa, y acabó en la ciudad en busca de fuentes de alimento regulares. Su habilidad para moverse sin ser visto ha resultado de utilidad al príncipe, y está actuando como su informador. Sin embargo sólo lo emplea para investigar a mortales, que sepais. De momento, tiene demasiado miedo a los cainitas como para atreverse a espiaros.

Por otra parte, ha venido Roger, un gangrel que deambula por las zonas de los alrededores.
Poco sabeis de él, aunque cada año acude a la fiesta de fin de año de Harpalion, pero tampoco hace gran cosa: llega, come o bebe lo que se le ofrece, mira a los presentes, y se va a las dos horas.

El último cainita es un muchacho, del que nada sabeis. Viste harapos, como si fuese un vagabundo, y por lo que os cuenta Menahem está de paso. Al parecer, se trata de un chico, apenas adolescente cuando fue abrazado, de mirada perdida y gesto triste, dominado por la locura del clan de la Luna: es un malkavian. Se entretiene en admirar las estatuas que Loni ha ido esculpiendo estos nueve últimos años para el mausoleo de Harpalion.

El capadocio parece estar entretenido con Bernat, el nosferatu, que ha adoptado casi como su hijo, aunque lo trata más como a una mascota inteligente que como a un igual.
Está como ido, escuchando la música fúnebre que sus músicos tocan, y tratando de hacer comprender a Bernat su belleza. De algún modo, el hecho de ser los dos diferentes por su clan del resto de hombres y cainitas hace que estos dos sean afines, pero Bernat parece más preocupado de seguir la corriente a su benefactor que otra cosa, y queda claro que le cuesta seguir al capadocio en sus elucubraciones sobre la belleza de la música fúnebre.

Menahem, por su parte, está discutiendo asuntos de la Crida con Talbo"

Empieza la fiesta.

Loni, que no era una gran entusiasta de las fiestas, se paseaba por el salón, observando las obras de arte que decoraban el mausoleo.Isaac, por su parte, no parecía muy a gusto, acostumbrado a las pomposas fiestas en la corte de Madrid.

Contempló una escultura de un ángel que había realizado años atrás por encargo de Harpalion. Se recreó en lo triste del gesto, en la pose de las manos, en la finura de las plumas en sus alas... Tan ensimismada estaba que no vio acercarse al muchacho harapiento.

_ ¿Por qué sufre tanto? - preguntó el chico- No lo comprendo... ¿Por qué llora? ¿Por qué suplica? No lo comprendo.

Loni sonrió para sus adentros.

_ Esta escultura es el desasosiego - respondió con voz dulce. El chico la miraba a ella ahora.-Este ángel fue expulsado del cielo durante las guerras angélicas y le ruega a Dios que le permita volver. Está condenado a vivir por siempre en la Tierra sin ser humano, y eso le ahoga.

El chico miró de nuevo la escultura y de pronto pareció que sus ojos miraban algo más allá de la piedra.

_ Desasosiego... poder volver... Yo quiero volver también, pero no puedo...- murmuró. Loni pasó el fino brazo alrededor de sus hombros, tratando de recordad lo que era la bondad cuando estaba viva.

_ ¿A donde quieres volver?

_ Con ellos - dijo el chico. - Con las Voces. Pero se han ido. Ellos dijeron que... oh- pareció sorprenderse- lo olvidé.

Loni sintió como algo palpitaba en su interior al oir la mención de las Voces... ¿Era posible? ¿Después de tanto tiempo?

_ Las... las Voces? - consiguió articular.

El chico asintió.

_ ¿Las conoces?- le preguntó con un tono tan desconsolador que Loni hubiera querido rodearlo con los brazos y acunarlo contra su pecho hasta que cayera dormido.- Ellos dijeron que era débil, que no podía estar con ellas... y dijero algo más, pero no recuerdo el qué. Lo he olvidado..

De pronto, el sonido de una copa al golpear el suelo. Loni se volvió sobresaltada. Isaac había volcado de un manotazo el caliz de sangre que le ofrecía Talbo.
Presa de la ira, se dirigía al muchacho, que le miraba asustado.

_ ¿Qué has hecho?- le gritaba- ¡Tu clan trae la locura!

El niño, muerto de miedo, se deshizo del abrazo de Loni y se acurrucó a los pies del judío.

_ ¿Qué ocurre, Isaac? ¿Qué es esto? - preguntó Loni en un susurro al ver que absolutamente todos los asistentes a la fiesta estaban observando. Isaac salió de su trance y miró extrañado a Talbo, que recogía, silencioso, la copa del suelo.

_ Tú... Tú estabas...- intentaba decir.
Talbo le miró con reproche.
_ ¿Se puede saber qué demonios te pasa?- preguntó.

Isaac miró a su alrededor y se alejó del niño y de Talbo.
Loni, preocupada, se aproximó a él.

_ Isaac ¿qué ocurre amigo? - mientras, Talbo se acercaba al muchacho intentando ayudarle a incorporarse.

_ Loni, Talbo estaba sangrando, sin ojos, y hablaba en latín. No es la primera vez que me ocurre, pero desde luego el crío y su maldición tienen algo que ver.

Loni miró a su esposo.
_ ¿Que Talbo sangraba? - se le veía perfectamente sano, animando al muchacho para que se levantara- ¿Quieres decir que tuviste algún tipo de visión?
Loni trató de poner en orden sus ideas. De repente, el chico hablaba de las Voces y Isaac tenía una visión en la que Talbo hablaba en latín... Recordó aquella vez en Lleida, cuando oyó por última vez las Voces, gritando palabras en latín...

_ Sí, pero era tan real - explicaba Isaac- Además era lo mismo, la sangre y la misma frase "In vitae veritas"

_ ¿Y qué ha ocurrido cuando has tenido ese tipo de visiones, Isaac? No me asustes...

"Mátalo. Ahora. Antes que os mate él. Mata al chico. ¡Mátalo!¡¡Mátalo!!

Loni se irguió de repente. Aquella voz había sonado en su mente ¿O no? Miró a su alrededor, alerta. Pero nadie parecía haber oido nada. Solo ella. ¿Las Voces? No, eran demasiadas...

"No puedo... no puedo matarlo - dijo en su mente- parece tan solo, tan lastimoso..."

Isaac estaba hablandole. Tuvo que centrarse de nuevo para escucharle.

_ Loni, tu que puedes ver y sentir mucho más que yo, por favor, intenta descubrir por qué, y lo que sabe el chico. Menahem y yo podemos ayudarte, pero te necesitamos a tí.- Loni asintió, ausente. Su mente buscaba aquella miriada de voces sin encontrarla.

"Mátalo... ¡Mátalo...! ¡¡Mátalo!! Antes de que lo haga él... ¡¡Hazlo!!

Isaac seguía hablando:
_ La última vez fue en Lleida - ¡Lleida- y ya viste lo que ocurrió. Yo no quiero perder a nadie más. Ya perdí a mi familia. Mi familia murió esa noche.

Loni cerró los ojos un instante para ver en lo más profundo del chico. Estaba asustado, muy asustado. No quería causar ningún daño. No era culpa suya. Intentó llegar más profundo, intentar averiguar qué era lo que le daba tantísimo miedo.

"Hola Loni... te estamos esperando" - aquel cúmulo de voces se agolpaba en su mente. Algo en la mirada del chico cambió. Se volvió infinitamente más malvada y maliciosa.- "Ven con nosotros... sé una de nosotros"

Algo en aquellas voces le era familiar. Tal vez algunas de ellas le eran conocidas. Pero no podía pensar, aquella irrupción en su mente resultaba tan dolorosa...
Las piernas le fallaron y tuvo que sostenerse en Talbo, que se había acercado sin hacer ruido.
_ ¿Se puede saber qué os pasa? - preguntó, pero Loni no podía apartar la mirada del chico.

"¿Quién sois?"- preguntó en su mente al coro de voces. El chico sonrió con maldad. El miedo irrumpió en ella como una exclusa que una vez abierta no puede ya cerrarse. Aterrada, miraba al chico frente a ella.

"Somos" respondieron las Voces.

"Qué... qué queréis de mi?"- preguntó, sin saber donde refugiarse. Estaban en todas partes.

" Somos, Loni. Y pronto serás una de los nuestros. Siempre has estado aquí."- Las voces se disgregaron y pudo escuchar entre ellas... ¿Motoko? Sí. Y otros.

"¡Motoko! - gritó en el caos de su mente- ¡Motoko!¡Rodrigo! ¿Estáis ahi?

De repente, al nombrarle, la voz de Rodrigo pareció surgir de la nada y alzarse sobre todas las demás.

"¡No!¡Dejadla! - gritaba, angustiado- No les escuches, Loni... ¡Aléjate! ¡Aléjate del Ordo!"

Podía ver a Isaac a su lado tratando de hacerse oir por encima de aquel coro, tratando de llamar la antención. Pero no podia escucharle, ni siquiera mirarle. Solo podía mirar al chico.

Algo ocurrió. Algo cambió. Aquella tensión desapareció y Loni cayó estrepitosamente al suelo.
Gritó, pero esta vez no pudo contenerlo en su mente y su voz resonó en todo el mausoleo, llena de angustia y de miedo.

_ ¡Rodrigo!- su voz se volvió un gemido lastimoso y quejumbroso al tiempo que se doblaba sobre sí misma, ovillándose en el suelo, sollozante. - Vuelve...vuelve...

Talbo se acercó a ella, alarmado, y la rodeó con sus brazos arrodillándose. Miraba a Isaac, como si él tuviera la respuesa. Pero su hermano de sangre parecía ahora presa del mismo trance que Loni.
Se puso en pie como un resorte y cuando llegó hasta el chico, le golpeó fuertemente con el puño en el rostro.
El muchacho cayó al suelo e Isaac volvió en sí.

_ Las Voces...- murmuraba el chico desde el suelo, sorprendido.- ¿Han vuelto?- y poco a poco se convirtió él también en un ovillo.

El príncipe Harpalion se había puesto en pie y hablaba pero Loni no podía oirlo. Pudo ver como Isaac, sacudía la cabeza saliendo de su ensimismamiento y hablaba con él.
Pero no entendía lo que decía.
Un ¡Oh! se elevó en la sala.
Sintió algo. Miró al chico.

Su cuerpo se movía presa de violentos espasmos, retorciéndose en el suelo.
_ ¡No!¡No!¡No! - chillaba. Su voz estaba desgarrada por la locura, por el miedo, por el dolor.
Y de pronto, estalló.
El cuerpo frágil estalló.
La vitae y las entrañas, convertidas en cenizas, volaron por los aires salpicando a todos los asistentes.

"Loni, ahora estás a salvo- dijeron las mil voces al unísono- ven con nosotros, Loni... Te estaremos esperando"

_ ¡Callad! - chilló Loni, sollozando, tapándose los oídos, cerrando aún mas el ovillo de su cuerpo- ¡Marchaos!

"Adiós Loni. Hasta pronto. Te esperamos"

Séptima sesión (III): El Reencuentro

Lavado, afeitado y bien vestido, entendió que Pierre no lo reconociera. Agonizaba la única vez que le vio.

Y Talbo tampoco pareció menos sorprendido al verla a ella.
_ Loni... Así que no fuiste un sueño... – murmuró, con los ojos muy abiertos- Así que tú me rescataste del abrazo de la muerte... pero cómo...
Con lágrimas en los ojos, Talbo se acercó a su esposa, lentamente, como presa de un hechizo.
Loni continuó parada en el suelo, como si un rayo la hubiera fulminado en aquella misma pose, sacudiendose el vestido. No podía pensar, no podía hablar. Algo había apretado su pecho dejándola sin aire.
Talbo...
Su esposo la estrechó entre sus brazos, acunandola contra su pecho, y la besó con pasión, sin reparar, al parecer, en la inmovilidad y frialdad de Loni.

En un rincón, Pierre observaba a la pareja, sintiendo los celos arañar su pecho. Cuando aquel hombre besó a Loni, abandonó la habitación.
Isaac también desapareció en silencio.

Cuando Talbo se separó de ella, la observó a contraluz de las velas que iluminaban la sala, como si no pudiera creer que fuera real... Sonreía, sin hablar, sin saber qué decir. Su rostro era el reflejo de la felicidad pura. La sujetó por los hombros y la separó de él para verla mejor.

_ Estás...Estás igual que como te recordaba- dijo como dudando de lo que veía – no has cambiado nada... Estás preciosa...

Loni continuaba mirando sin poder asimilar lo que veía. Talbo había acudido a ella. La amaba todavía. Sintió que las lágrimas ascendían a sus ojos.
Al ver su estado de impresión, Talbo la hizo sentarse, intentando calmarla, reconfortarla, hablando con palabras dulces.

En su mente, Loni sentía los pensamientos deslizarse a toda velocidad. Después de tanto tiempo buscandolo, después de darlo por perdido, Talbo estaba allí. La había buscado y la amaba.
Pero... ¿Cómo explicar los últimos años? ¿El maléfico cambio que habia obrado en ella? Los pensamientos pasaban atropelladamente por su mente, sin poder coger ninguno al vuelo.
Con los ojos muy abiertos, y la vista fija en Talbo pero sin verle, Loni sentía que su cuerpo ya no respondía.
Estás aquí...
Una lágrima de sangre brotó de sus ojos y cayó en su vestido. Aquello la devolvió a la realidad.
Poco a poco enfocó su vista en Talbo. Sí, estaba allí.
Alzó la mano con miedo y la acercó al rostro de su esposo con cautela, como si temiese descubrir que era solo una ilusión. Pero no, estaba allí. Acarició el rostro que tantas veces había observado con amor, deslizó la mano con suavidad, acariciando la piel.
Casi había creido olvidar aquella sensación. Pero ahí estaba, era él.
Estás aquí...

Talbo tomó su mano y la besó, sintiendo que su esposa ya volvía en sí.
_ Creí morir hace casi un año.- dijo con brillo en los ojos- Pero una dama me resucitó. Creí verte en mi delirio... ¿Fuiste tú mi angel, la que me besó y me devolvió la vida? Dime que sí, aunque sea mentira...

Las lágrimas rodaron por las blancas mejillas de Loni, que no podía, no quería, dejar de acariciar el rostro de aquel hombre. Con voz ahogada, al fin, habló, perdida en una tristeza infinita, recordando la amargura.

_ Pensé que no vendrías, que no me recordarías o creerias que era una quimera... Y estás aquí- murmuró.

Estás aquí...

_ Quería... quería poner a salvo a mis compañeros primero, Loni. Loni, Loni, Loni. Que dulce resulta pronunciar tu nombre ahora que sé que estas viva... Tras el milagro, ayudé a los míos a ponerse a salvo, y solo cuando estuvieron fuera de peligro, te busqué. Para poder estar contigo sin pensar en nada más que en ti... Y tú eres real – dijo, como si ella misma no fuera consciente de su existencia.- y la besó.

Loni se perdió un instante en aquel beso cálido, pero inmediatamente se desprendió de él y se puso en pie, caminando nerviosa por toda la habitación.

_ Hay tantas cosas que debo explicarte, Talbo. – dijo, mientras retorcía en sus manos la tela de la falda, como cuando necesitaba esculpir y no podía - Y no estoy segura de que las entiendas, o de que quieras seguir a mi lado cuando oigas todo lo que tengo que contarte... No... no soy la misma mujer que agonizaba...

Talbo se puso en pie y la sujetó por los hombros, mirándola fanáticamente a los ojos.
_ He vivido sin ti, he luchado sin ti, y por estar sin ti no me importaba morir para estar de nuevo contigo. Ahora que te he encontrado, no me importa nada, excepto estar a tu lado, pues sólo así me sentiré vivo el resto de mis días.- dijo con vehemencia.
Loni le miró fijamente a los ojos, y supo que decía la verdad. La amaba.
Casi sin pensar se deshizo del abrazo y se dirigió a la mesa en la que descansaban algunas herramientas tomando de allí un punzón de picar piedra. Se movió tan deprisa que cuando Talbo se dio cuenta, apenas tuvo tiempo de reaccionar.

Loni clavó el punzón en su mano, con fuerza, hasta que sintió que le atravesaba la carne y aparecía por la palma, llenandolo todo de sangre. El dolor fue intenso, pero apretó fuerte los dientes y arrancó el punzón, extendiendo la mano herida ante sus ojos.

Talbo intentó cubrir la mano con su propia camisa, asustado.
_ ¿Qué haces? Oh, señor... ¿Por qué has hecho eso?- dijo atropelladamente. Loni retiró la mano bruscamente y volvió a extenderla ante sus ojos.
_ Mira bien, Talbo – dijo con una rabia que la sorprendió- mira en lo que me he convertido.

Asustado, Talbo miró la mano. Tardó un momento en apreciar como los tejidos se regeneraban, cerrando la herida como si jamás hubiera estado allí. Cuando volvió a mirar a Loni, su rostro estaba tan blanco como el alabastro.
_ Me devolviste a la vida... y las heridas no surten efecto en ti... ¿Qué ocurre, Loni?

Loni deseó que no la mirara con aquel miedo. Te amo, quería decirle, pero debía explicarle, de una vez por todas, en qué se había convertido.
_ Estoy es lo que soy ahora, Talbo – dijo al fin, mirándole a los ojos.- No puedo morir. El sol puede matarme, y también el fuego, pero jamás el tiempo hará presa en mí. Siento una extraña pasión en ocasiones, una bestia que clama por la sangre y debo aplacarla. ¡Estoy maldita, Talbo! Debo matar para aplacar a la bestia que dormita en mí...¡Este es el precio que pago por no morir! – sollozó.
Talbo sujetó sus manos, que temblaban, y la acercó a él una vez más. Cuando habló, había rabia en su voz.
_ Me da igual si algún dios o algún hombre te ha maldito. Cruzaría las llamas del infierno por ti, Loni. Recuerda esto siempre.
Por un momento se miraron fijamente, como si a través de la mirada pudieran decirse todo, como si estuviera todo escrito en aquel aire que flotaba entre ambos. Loni ahogó un suspiro antes de que se convirtiera en un nuevo sollozo, y habló en voz baja.
_ Talbo, puedo ofrecerte el don que yo poseo, jurame tres veces que deseas recibirlo, juramelo por lo más sagrado , y lo tendrás.
Talbo llevó la fina mano de su esposa al pecho y con un brillo fanático en los ojos, juró.

Menahem la recibió en su refugio, sola. Loni sintió gratitud ante aquel hombre que había reemplazado a Rodrigo de alguna manera y le ofrecía ahora su consejo.
Como al llegar a Girona no habló a nadie de Talbo, tuvo que contarle la historia. Deseaba que su esposo recibiera el Abrazo, pero no deseaba hacerlo ella, puesto que la sangre Toreador no era la más apropiada para un hombre curtido en la batalla que aborrecía los salones.
_ Entonces – dijo Menahem cuando Loni terminó de hablar- ¿En quién has pensado para el Abrazo?

Loni le dijo que confiaba en que la sangre Ventrue fuera la apropiada, puesto de Talbo gozaba de renombre por sus hazañas. Pero según le explicó Menahem, ningún ventrue querría abrazar al comandante Talbo que luchó por los cátaros en la guerra que costó la vida al Rey Pedro.
Ambos meditaron largo tiempo.

_ La sangre Brujah es entonces la mejor elección- dijo Loni al fin. Menahem asintió.
_ ¿Y deseas que yo sea su sire? – preguntó
_ Solo si vos queréis honrarnos con ello; Menahem. – contestó Loni con toda la humildad que pudo reunir.
_ Isaac confía en ti –dijo el viejo vampiro- Yo confío en Isaac. Si mi sangre ha de unirnos, acepto... con una condición. Que Talbo y tú colaboreis en las tareas de cuidar el barrio judío durante diez años. ¿Aceptas mis condiciones?

Loni pensó que no era un precio muy alto, puesto que lo hubiera hecho si Menahem se lo hubiera pedido a cambio de nada. Se llevó las manos al pecho en señal de agradecimiento, y aceptó.
_ Si Harpalion accede al Abrazo, venid a verme. Lo prepararé todo.


El príncipe Harpalion no dio ningun inconveniente al Abrazo, puesto que Melquiado Casamajor – el lasombra que secuestró a la mujer y la hija de Isaac- fuera de circulación, sus dos secuaces abandonaron Girona, dejando un barrio entero como territorio de caza completamente libre. Tan solo a cambio de su apoyo como príncipe de la ciudad, aprobó el Abrazo.

Y Menahem los esperaba.

Cuando llegaron a la casa del viejo Brujah, Talbo tenía un aire solemne. Loni sabía que también sentía miedo pero que no lo demostraría, puesto que era su esposo y le conocía bien.
Menahem había dispuesto una mesa grande con un enorme cuchillo de cortar carne y un gran barreño bajo la mesa.
Loni sintió escalofrios
”Como me alegro – pensó- de no recordar esa parte de mi vida”

El proceso fue lento y seguro, y Talbo no demostró su temor en ningun momento. Se recostó en la mesa como Menahem le pidió y ni tan siquiera sus manos se crisparon cuando cortó con el cuchillo la piel tierna de las muñecas.
“Estoy contigo, no tengas miedo”
Poco a poco, la sangre fue llenando el barreño y Talbo fue poniéndose cada vez más y más pálido, y su respiración más y más débil. Por fin, se volvió tan imperceptible que Loni tuvo que reprimir el impulso de buscar el latido de su corazón.
Pero Menahem parecía seguro de sí mismo, de modo que permaneció en su lugar, callada, observando.
Cuando el corazón de Talbo amenazó con detenerse, Menahem tomó el cuchillo cortándo con él su propia muñeca, y dejando que gotas de su sangre cayeran en la boca de Talbo moribundo.
Loni sintió que la Bestia despertaba en Talbo y sintió miedo, pero rápidamente Menahem tomó el barreño y dio de beber a Talbo... su propia sangre.

_ Que la sangre que fluyó por tus venas en vida,- dijo al fin Menahem con tono solemne, mientras Talbo bebía- fluya por tus venas en esta renovación. Que a partir de esta noche, la oscuridad guíe tus pasos eternamente.Y que con tu esposa podais compartirla.

Entonces Talbo se levantó de la mesa.
Más fuerte, más rápido, más imponente...
.... Y maldito por toda la eternidad.

Séptima sesión (II): La Espera

Cardona apenas había cambiado en todos aquellos años. Recorrió los pasillos y los salones deslizando los dedos por las paredes de piedra, escuchando el sonido de sus pasos inundarlo todo, las sombras de las antorchas en los muros...
Buscó a Isaac, del que se había separado hacía tanto tiempo, y a Miquel, y a Lucía. Tal vez ellos pudieran ayudarle a tomar aquella decisión, a recordarle factores que ella tal vez hubiera olvidado.
Preguntó a los cortesanos, a los criados, a todos...
Descorazonada, no encontró a nadie. Ni un solo vástago. Miquel e Isaac habían partido para Lleida y de Lucia no pudo averiguar nada.
¡Insensatos! Había acudido a Cardona esperando encontrarlos allí y tan solo encontró los rostros humanos que conoció siete años antes, más viejos y demacrados.

Decidió entonces esperar. Talbo estaba encamino, o al menos, eso esperaba.
Pero otra vez, todo volvia a ser más dificil de lo que debería. Había contado con encontrar a alguien sabio y viejo a quien pedir consejo y resultó que todos se habían marchado. Volvía a estar sola ante el momento crucial de ver a Talbo por primera vez en tantos años.
Dedicó su tiempo a esculpir, y se sintió reconfortada al moldear la piedra de nuevo,como hiciera antaño en el castillo de Rodrigo de Lances, tallando animales fantásticos y pasiones que trataba de mantener alejadas de ella mísma. De cuando en cuando, trataba de contactar con Rodrigo y el resto de Las Voces, pero no obtuvo respuesta en ninguno de sus intentos.
Comenzó a desesperar. Talbo no llegaba.
Tal vez no había dado la orden con la suficiente autoridad, o tal vez había pensado que era parte de sus delirios... Con el paso de los días, fue convenciéndose más y más de que Talbo la había olvidado y que prefería creerla muerta.

Lloró amargamente por su ingenuidad, maldiciendose a sí misma por ser tan inocente y por creer que Talbo la amaba aún. ¿Cómo, si ella había desaparecido sin dejar ni rastro y no había intentado buscarle?
Por supuesto que no la amaba. Amaba el recuerdo que tenía de ella, la criatura dulce y desvalida que le acunaba en su regazo cuando las pesadillas le despertaban a media noche.

Entonces Isaac llegó a Cardona. Solo.

Parecía cansado y abatido, y ambos conversaron en los salones, pues habían compartido algun tiempo juntos allí en la corte, tras el desafortunado encuentro en Lleida.
Isaac le contó que Miquel y él habían partido, junto con más vástagos de nuevo a Lleida para tratar de recuperar la ciudad, pero dos de ellos desaparecieron en la batida y el resto acudió en su rescate, entre ellos Miquel y él mismo cayendo así en una emboscada en casa de Ferran, el esposo de Mercé de Balaguer, príncipe de la ciudad. Murieron todos salvo dos, decía. El noble Miquel cayó a manos de un Assamita y tan solo consiguieron escapar dos.

Loni escuchaba cortesmente, pero dividida en su interior. Le apenaba el destino de Miquel de Balaguer y le angustiaba saber que Isaac había pasado tan malos momentos. Pero no apoyaba la “reconquista” de Lleida.
El príncipe Anchel de Lleida había negado su apoyo a los cátaros en Occitania cuando su pueblo era masacrado por los franceses. No aprobaba los medios de los vástagos de la Herejia Cainita – de la que ella misma era parte sin saberlo- al asesinar a Anchel, pero necesitaban aquellas tropas y el ascenso de Ferran al principado de la ciudad había facilitado las cosas.
Ahora la guerra en occitania había terminado pero sintió para su sorpresa que albergaba rencor en su pecho contra todos aquellos que habían dejado a su pueblo morir en las hogueras.
A todos, menos a Isaac y a Miquel, a quienes había empezado a querer.

_ Pero yo me encargaré de que Miquel pueda descansar en paz – concluyó Isaac apesadumbrado, pero dejando la rabia rasgar su voz.- Pasaré aquí, unas semanas, viendo al Rey Jaime, pero volveré a Girona Ya he preparado todo.- suspiró- Y tú Loni? Que has hecho desde que nos separasemos en Occitania. ¿Encontrastes a quienes buscabas?

Loni sonrió con amargura y miró al suelo.
_ Encontré un poco de lo que dejé allí, Isaac , pero nada era tan fácil como esperaba y nada ocurrió como debía. Ahora necesito consejo de alguien mas sabio que yo y Rodrigo no está. Confiaba poder hablar con Miquel,pero... ya no está. De todas maneras, no creo que venga ya. Han pasado muchos meses desde que debería haber llegado.

_ ¿Quién Loni? ¿Quién es quien debe venir?

Loni sonrió recordando que apenas sabian nada el uno del otro a pesar de todo.

_ Mi esposo, Isaac. Mi esposo mortal.

Isaac pareció azorado, o tal vez apenado recordando a su esposa.

_ Y él... ¿Él sabe de tu condición?- de repente pareció avergonzado de haber hecho aquella pregunta.

_ Él es un hombre de la tierra, Isaac, un guerrero. No entiende de asuntos de Dios ni de maldiciones. Él sabe que algo ha ocurrido, y si sus hombres no le mintieron, sabrá que estuve a su lado mientras agonizaba. ¡Deseaba que viniera conmigo, Isaac! ¡Pero el miedo me pudo y no supe como hablarle! Huí, desaparecí en la tormenta y él pensará que fui tan solo un sueño en su delirio... No sé por qué sigo esperando, Isaac. – dijo tristemente Loni, sintiendo que a sus ojos asomaban ya las lágrimas. – Y necesito tanto a Rodrigo...

_ Aún no sé cual es la situación de Girona, Loni, pero si vinieras conmigo, creo que podría encontrar para ti un buen refugio, e incluso algun trabajo en alguna capilla, donde pudieras esculpir. Partiré en unas pocas semanas.

Loni agradeció la hospitalidad, segura de que tendria que recurri a ella en menos tiempo del que Isaac podría pensar. Cuando Isaac se marchó a Girona, Loni rató de poner en orden sus ideas. Podía jurar que Talbo no acudiría a la corte, pero aun así esperó algunas semanas más.
Y medio año después de su llegada a la corte, Loni se marchó.

Llegó a Girona apenas unas semanas después que Isaac y no tuvo problema para encontrarle. Como prometió, él le ofreció un refugio más que decente y la presentó ante el príncipe capadoccio Harpalion de la ciudad y a su sire, Menahem, un brujah protector del barrio judío.
Puesto que ya se conocían de ocasiones menos gratas, Loni se alegró de encontrarse con ellos en tiempos más tranquilos.
Para su sorpresa, Harpalion le ofreció trabajo en la catedral y el cementerio, donde podría exponer sus esculturas, y aquello la regocijó.

Durante medio año vivieron en paz. Loni esculpía de nuevo y era compensada por su trabajo. Vivía en paz y consiguió dejar de pensar en Talbo y Rodrigo, aunque a ambos los echaba de menos. Isaac la visitaba amenudo y pasaban tiempo juntos, disfrutando de la tranquilidad en aquella ciudad.
Cada noche esculpía apasionadas figuras y maravillosos ángeles para decorar la catedral y el cementerio, y conversaba con Isaac y Menahem y casi pudo pensar que estaba de nuevo en Occitania, rodeada por Las Voces...

Una noche, mientras trabajaba en su taller, después de alimentarse, unos golpes sonaron en su puerta. Loni ni se levantó, continuó con su trabajo, absorta en la piedra, cuidando cada detalle con gran esmero, sin pensar en nada más.
Pierre fue abrir y volvió al taller con un recado. Isaac estaba en la puerta, y le acompañaba un hombre, preguntando por ella.
_ ¿Un hombre, Pierre? ¿No le conoces? – preguntó entonces, intrigada... Pierre negó con la cabeza – Entonces hazles pasar, Isaac siempre es bienvenido en esta casa.

Se dirigió al salón mientras limpiaba sus manos con un paño de tela burda y sacudía el polvo de piedra de su vestido. Pierre hizo pasar a los visitantes.
Y Loni quedó clavada en el suelo

Séptima sesión (I): La Huida

La sensibilidad regresó a sus manos y casi inmediatamente recuperó el control sobre su cuerpo. Supo que llovía antes incluso de abrir los ojos. Sintió la piedra fría del suelo contra su espalda, y los miembros rígidos.

Su mente retrocedió en el tiempo. Revivió tras los párpados la llegada a Carcassone, las atrocidades que tuvo que llevar a cabo para salvar los mercenarios...

Talbo.

Sus dedos se crisparon al recordar.

Abrió los ojos bruscamente

Talbo estaba allí.

Le pareció escuchar una voz que decía “¡Mirad! ¡Vuelve a la vida!” pero no supo distinguir si aún estaba inmersa en el sueño.

Pierre permanecía a su lado, como siempre. Se puso en pie y sacudió el polvo de sus vestidos.
Talbo continuaba donde lo dejaron la noche anterior, temblando, sudando. El olor de la gangrena lo llenaba todo. Los mercernarios se arremolinarion a su alrededor, intrigados. Uno de ellos, un hombre corpulento y con barba que parecía tener más aplomo que los demás, pareció alzarse sobre el resto. Loni alzó el mentón y le devolvió la mirada con fiereza.

_¿Qué clase de ser eres,- dijo el hombre - que tu corazón no late y que hasta hace un momento parecías más muerta que el pobre Talbo moribundo?

Loni respiró hondo. No respondió. Se dirigió en cambio al lugar en el que yacía Talbo y se arrodilló junto a él. Los mercenarios resollaron como caballos nerviosos.

_ ¿Qué heridas tiene? – preguntó al hombre alto, al tiempo que recorría con sus manos el cuerpo de su esposo, que ardía por la fiebre.

Una voz en la mente del hombre, habló.

“Confía en mí”

_ Le hirieron con un cuchillo cuando nos apresaron. Ni siquiera se molestaron en curarle, no les importaba, iban a ahorcarnos de todas maneras. Ahora la herida se ha infectado y la gangrena ha hecho presa de él y se ha extendido, si llega a su corazón, morirá. No hay cura posible, ni siquiera un sanador podría salvarle.

Loni miró a Talbo, embargada por la tristeza. ¿Era aquel el aspecto que había presentado ella cuando agonizaba en Béziers? Desvalido, frágil... ¿Era aquel el poderoso comandante, temido por sus enemigos, venerado por sus aliados, el que ahora yacía como un despojo humano, febril y agonizante, temblando y sudando en el suelo de aquel pequeño refugio.

“No, esta no es la manera...”

Se dijo.

_ No debéis tenerme,- dijo a los hombres- pues soy como vosotros, una criatura de Dios . No os saqué de aquella oscuridad para haceros daño ahora . Os he buscado largo tiempo y ahora que os he encontrado, no debeis temerme. Confiad en mi y dadme tiempo, Dios os enseñará lo que ha hecho de mí

“Confía en mi”

El mercenario pareció dudar, pero un leve brillo de reconocimiento brilló en sus ojos. Al fin habló.

_ Nos has liberado, y por ello estamos en deuda contigo – dijo con severidad- Así que te concedemos el beneficio de la duda. Si no, esta mañana estaríamos alimentando los buitres y los cuervos colgados de la soga en la plaza de Carcassone. – la miró fieramente a los ojos- Me llamo Arnaud, Y soy el segundo del comandante. Cuando él muera, yo quedaré al mando de la compañía. – dirigió una mirada triste a Talbo en el suelo y Loni supo que aquel hombre amaba a su comandante.

_ Pareces un hombre de honor, Arnaud. Eres la clase de hombre a la que Talbo confiaría su vida.- Arnaud asintió con gesto grave.

_ Pero ¿conocéis al comandante?

Loni suspiró:

_ Conoci a Talbo hace mucho tiempo, Arnaud.

El hombre barbudo pareció abatido, miró al suelo y negó con la cabeza.para

_ Se muere, es una triste historia que tengas que encontrarlo en sus últimos momentos. No creo que pase de dos o tres días. Delira...Ayer recobró la conciencia unos momentos, o eso nos pareció, y al verte te llamó Loni, su amada que se arrojó a la hoguera hace siete años.

Un puño le atenazó el pecho. La había reconocido, enfermo como estaba. ¡No tenía que ser así! El pánico la invadió.

_ Mi nombre no es importante ahora- Loni se acercó lentamente y quedó a menos de dos pasos de él y le miró con gravedad.- Yo puedo sanarle, Arnaud, pero necesito que confieis en mi.- murmuró.

Arnaud la miró, sorprendido:

_ ¿Sanarle? ¿Cómo? Esas heridas están más allá de curación. Lo sé bien, que las he visto en otros compañeros...

“Confía en mi”

Loni trató de dar a su voz el matiz más confortante.

_ Dios me ha dado ese don, Arnaud, y no es brujeria ni obra del demonio.

El resto de mercenarios estaban sentados por el pequeño refugio, observando en la osucridad mientras la lluvia caía fuera y retumbaban los truenos. Sólo el resplandor de los relámpagos y el sonido de la lluvia interrumpía la conversación.

Loni continuó, intentó recordar como sonaba cuando los perfectos daban sermones en Béziers.:

_ Cristo sanó a un ciego y curó a un inválido, dejadme hacer el prodigio que Dios me ha enseñado; y cuando Talbo despierte, él os dirá quien soy

Arnaud dudaba. Podía sentirlo en su interior como la vibración de una fina cuerda demasiado tensa. Si estiraba demasiado, la cuerda se rompería. Rogó para que confiase en ella durante unos segundos interminables hasta que sintió que la vibración era menor.

_ Si tienes un modo de curar al comandante, adelante. Como te he dicho antes, te debemos la vida, y confiaremos en ti...

Pero a su mente llegó como un eco “...por ahora.”

Loni asintió, aliviada. Pero seguía aterrada. Las cosas no debían haber ocurrido de aquella manera. Todo iba demasiado deprisa... ¡Necesitaba tanto a Rodrigo, su consejo...!

_ Sientate con tus hombres, Arnaud – dijo con su tono más autoritario - Necesito estar sola para hacer mi prodigio

No se permitió más demora. Debía actuar. Se arrodilló de nuevo junto a Talbo y buscó a su alrededor algún tipo de cuenco en el que verter la sangre. No quería alarmar a los mercenarios más de lo necesario.

No encontró nada.

La respuesta acudió rauda a su mente. Acarició el rostro de su esposo al tiempo que mordía su propia lengua hasta hacerla sangrar.
El sabor la inundó por completo. Se deslizó por su garganta como un elixir divino.

No, debo sanarle.

Con suavidad le separó los labios y apoyó su boca en ellos. La sangre goteó en la garganta.

El cuerpo de Talbo reaccionó y tragó el liquido, poco a poco, primero, con más ansiedad a continuación.

Loni se sintió morir, el dolor era cada vez más intenso, deseaba apartarlo...

¡Debo sanarle!

Escuchó el latido del corazón de Talbo volverse más fuerte y constante. Le dejó beber hasta que algo en su interior le dijo que ya era suficiente.

Cuando se separó de él, los rayos le iluminaron y pudo ver que respiraba con fuerza... La carne gangrenada fue reemplazada poco a poco por la carne sana y la herida sanó. Funcionaba...

Talbo tosió bruscamente, como buscando aire. Loni se sobresaltó, no esperaba una reacción tan rápida, y se asustó. Todo iba demasiado deprisa, no estaba preparada. Antes de que Talbo pudiera verla, retrocedió hasta la oscuridad y echó la capucha sobre su rostro.

Talbo se incorporó con pesadez, tosiendo sin cesar y escupió una parte de la vitae. Era negra, ennegrecida por curar sus heridas.Tosía sin parar, al tiempo que su cuerpo reaccionaba y sanaba.

_ Dónde...¿Dónde estamos?- consiguió decir con voz ahogada- ¿Que ha... pasado...?

Los mercenarios se levantaron, sin creer todavía lo que veían, y todos se arremolinaron entorno a Talbo. Por unos momentos olvidaron que Loni estaba allí, oculta en la oscuridad, al ver a su comandante sano y salvo.

“Ve a Cardona”- dijo una voz familiar en la mente de Talbo “Acude a la corte del Rey Jaime de Aragón, allí me encontrarás”

Nadie se dio cuenta entonces de que dos siluetas montadas a caballo se alejaban del refugio para perderse en la tormenta. Cuando minutos después recordaron a Loni, la mujer y su sirviente, el extraño humano, habían desaparecido.

Loni sintió la angustia atenazarle el pecho y sollozó mientras huian. No quería dejarle nada más encontrarle y sin embargo... algo le decía que no podía ir tan rápido, debía explicar algunas cosas y no sabía como hacerlo. Quería ofrecerle a Talbo el mismo don que ella tenía, pero necesitaba el consejo de Rodrigo. ¡Cielos, Rodrigo, Boudicca! ¿Por qué me habéis abandonado?
 

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