27 may 2005

Sesión Vigésimo Octava: Ambrogino

Siempre antento y haciendo gala de su cortesía, Vykos dispuso que algunos de sus hombres la acompañaran en el camino de regreso a Venecia, porque era largo y peligroso, y no pensaba que Vincenzo fuera escolta suficiente.
Este, aunque sabía que era una medida sensata y que él hubiera hecho lo mismo, no pudo evitar mirar al tzimisce con recelo ante las atenciones que dispensaba a su amada.
De esta manera se despidieron, y Michelle regresó a Venecia en tanto que Vykos volvía a los Cárpatos. De Lucía y Anatole no supo nada, ni quiso saberlo, de hecho ni siquiera se molestó en avisarles de que ya tenían el libro y que no asaltaran el barco de Ardan.
No podía evitar sonreir al pensar en la situación.

El viaje transcurrió sin problemas ni demoras, y cuando llegaron a Venecia, los hombres de Vykos se despidieron y desaparecieron en la noche, dejándolos ante las marismas que daban paso a la ciudad. Una góndola les esperaba allí, para llevarles al centro de la ciudad, pero mientras se deslizaban por los canales, Michelle supo que algo no iba bien, algo había ocurrido en la ciudad, algo había cambiado.
Al pasar junto a la casa de Lucio Giovanni, vio que estaba cerrada y no había ninguna luz encendida en el interior, cosa harto extraña puesto que sus puertas siempre estaban abiertas...
No dijo nada a Vincenzo, aunque él también se había dado cuenta: no le había escogido solo por sus músculos o por su rostro hermoso, había buscado un estratega, alguien despierto e inteligente.

Cuando llegaron a la casa, había luz encendida, pero al entrar también percibió allí algo, los niños no estaban, podía percibir que su olor se había difuminado, llevaban por lo menos cinco días. Jesu salió a recibirles con un gesto de preocupación dibujado en el rostro.
_ Ah, Signora, al fin estais de regreso...- se acercó a ella y le ayudó a retirar la capa de sus hombros, y esperó a que se quitara los guantes.

_ ¿Dónde están todos, Jesu?- le entregó primero un guante y luego el otro. Vincenzo se retiró él solo la capa y los guantes, y los dejó sobre el arcón- ¿Va todo bien?

_ Los he mandado con Rosanna a la villa de la Toscana, por precaución Signora.- dijo su chambelán. Michelle alzó una ceja inquisitiva, confiaba en él pero los niños eran un tema que le preocupaba especialmente.- No sabía qué hacer, perdonadme si he errado pero no era mi intención más que la de proteger a los chicos, pero con la muerte de Lucio Giovanni y los suyos, toda Venecia se ha vuelto loca...

Michelle se quedó clavada en el sitio.
_ ¿Lucio? ¿Cuando?
_ Pues... Hace una semana que encontraron a todos los Giovanni de la casa de Lucio asesinados brutalmente - Michelle frunció el ceño.- Hay Giovanni por toda la ciudad, investigando. Un tal Ambrogino Giovanni vino a hacerme preguntas sobre vuestros tratos con Lucio. No sabía de qué hablaba, pero me dio miedo, es por eso que puse a salvo a los chicos, mi señora.

Michelle recordaba a Ambrogino, le había conocido en la fiesta que el desafortunado Lucio había celebrado en carnaval: era evidente que era un hombre poderoso, pero no quería saber en qué consistía su poder, no después de la sombra oscura sobre la casa de Lucio aquella vez.
_ ¿Tonino está bien?- el muchacho debía estar aterrado si le habían comunicado lo ocurrido.
Jesu parecía aterrado y la miraba suplicante. Se añadía al miedo por lo ocurrido, el temo de haber desagradado a su señora.
_ Sí, Signora, el muchacho Giovanni está bien.
Michelle depositó una mano amable sobre el brazo del inquieto Jesu.
_ Tranquilizate, mi buen Jesu, has obrado bien.- el hombre se relajó visiblemente, pero aun brillaba en sus ojos el ansia de complacer a su ama.- ¿Dijo Ambrogino cuando volvería?
Jesu colgó la capa en el perchero que había junto a la entrada.
_ Me dijo que os comunicara que se alojará en su casa veneciana. Al parecer, ha comprado una casa para hospedarse en la ciudad y tomar así las riendas de los asuntos de su familia en Venecia.

_ Está bien, Jesu. Prepárame un baño y el vestido añil.- Jesu asintió y voló hacia sus apostendos, sin embargo vio en Vincenzo la sombra de un reproche: habían viajado durante mucho tiempo y estaba cansado.- Vincenzo ¿Qué ocurre, amor mío?
_ Tenías trato con don Lucio. Desapareciste y él ha muerto. ¿Crees que sospecharán de nosotros?
Michelle sonrió para tranquilizarle.
_ La muerte de Lucio me perjudica más que otra cosa, querido.- Vincenzo asintió- De todos modos iré yo misma a hablar con Ambrogino esta misma noche, no tengo nada que ocultar.
_ ¿Quieres que vaya contigo?- preguntó, preocupado.
_ No será necesario, querido, quedate aquí y descansa, es probable que tenga que enviarte de viaje en poco tiempo.- Vincenzo frunció el ceño pero asintió: estaba cansado pero no le gustaba la idea de separarse de ella demasiado tiempo.
_ En ese caso, preferiría ponerme al día con Jesu antes de ir a descansar.-
Michelle dibujó en su rostro la desilusión y sonrojó sus mejillas. Vincenzo la miró sorprendido, casi preocupado- ¿Qué ocurre, Michelle?
_ Oh- dijo ella, bajando la mirada, con una pícara sonrisa en los labios. Miró arriba, a las escaleras, y de nuevo al suelo.- Confiaba que subirías conmigo...
Fue automático, el cansancio desapareció de los ojos de Vincenso, y también las arrugas en su ceño, y una franca sonrisa se dibujó en su rostro: no había podido tocarla desde que partieron con Vykos.

Si al llegar estaba cansado, al terminar el baño Vincenzo estaba agotado y se retiró, mientras que Michelle encontró que Jesu ya había preparado su vestido.
Las doncellas le ayudaron a vestirse y le cepillaron el cabello y la perfumaron, y cuando estuvo lista, un gondolieri la esperaba ya para llevarla a donde deseara.

A aquellas horas, las calles estaban desiertas, bañadas en la luz plateada de la luna. Se deslizaron por los canales en silencio, acompañados solo por el susurro de las aguas. En las puertas de las casas brillaban pequeños faroles, pero en el interior ya no se veían luces en ninguna.

Ambrogino tenía buen gusto, como había supuesto. Se había establecido en un palacio que había pertenecido a un excéntrico ricachón de la ciudad. Cuando la góndola se detuvo en el embarcadero de la casa, un guarda avanzó su antorcha.
_ ¿Quién va?- inquirió desde la entrada, acercándose un par de pasos al canal.
_ La signora Michelle de Mauvernay-respondió desde la góndola.- deseo hablar con il signore Ambrogino Giovanni.

Inmediatamente el guarda bajó los escalones que le separaban de la góndola y la ayudó a desembarcar.
_ Il signore Ambrogino me dijo que si veníais, os hiciese pasar.-despidió a la góndola- Acompañadme.
Pasaron al interior de la casa, que al parecer conservaba la decoración de su anterior propietario,y otro guardia tomó el relevo en la puerta, pero no se detuvieron: subiero al menos tres plantas en las que vio guardias armados, hasta llegar al ático, que suponía un cambio de estilo notable en la decoración.

Ambrogino estaba recostado en un pequeño sofá, leyendo un pesado tomo a la luz de una vela. Era un hombre alto y ancho de hombros, de rostro atractivo y una melena oscura que le caía hasta los hombros. Vestía calzas de seda y un jubón de terciopelo, y en una rápida mirada, Michelle pudo ver que la habitación estaba repleta de objetos de valor.
En cuanto la vio entrar, Ambrogino despidió al guarda, cerró el libro y se puso en pie.
_ La signora Michelle de Mauvernay.- dijo con elegancia- Bienvenida a mi nueva morada.- hizo una profunda reverencia y le besó el dorso de la mano. Michelle sonrió complacida y él le ofreció asiento- Creo que tenemos cosas de las que hablar.
Michelle se sentó en una butaca sobria de color vino.
_ Eso parece, signore.- dijo con suavidad.- Mi criado me informó hoy de la muerte de Lucio, un hecho lamentable y atroz, por lo que me ha dicho.- Ambrogino tomó dos copas y una botella.- ¿Sabéis ya quién lo hizo?
_ Todavía no- sirvió ambas copas con la sangre de la botella y le ofreció una de ellas.- Pero pienso dar con quien sea que mató a Lucio. Comprendereis que os quiera preguntar de vuestros asuntos mientras estabais fuera de la ciudad. El príncipe desea aclarar este asunto con presteza, y me ha concedido autoridad para interrogar a los cainitas locales sobre este tema.
Michelle asintió y miró al suelo con timidez, invocando su apariencia mas inocente.
_ Bien, yo... viajaba con un amigo, signore.- Ambrogino no cambió el gesto, continuó mirándola fijamente, como un gato mira a un ratón. Se revolvió inquieta en su asiento.- Oh, monsieur, comprenderéis que no diga más: una dama no habla de esas cosas...
_ Una dama habla de esas cosas si es con alguien que tiene la autoridad expresa del príncipe.- Michelle suspiró, resignada.
_ Oh, como queráis, signore. ¿Conocéis a monsieur Vykos?- Ambrogino asintió- Acudió a la cena que organizo en mi casa cuando termino una obra. Estaba en Venecia para la fiesta que dio Lucio, que en paz descanse, y yo daba una cena para agasajar a un cliente que había encargado un busto. Monsieur Vykos acudió, también vino Lucio y el hombre que compró mi busto y ¡Ah!¿Le conocéis personalmente? Es un caballero refinado y elegante...
_ A Vykos, sí, le conozco.- respondió él, con una sonrisita.
_ Enseguida nos dimos cuenta de que coincidiamos en gustos ¡Hacia tanto tiempo que no encontraba un cainita con el que charlar a ese nivel! Desde que llegué a Venecia, me he concentrado en mis esculturas y en la escuela y no he trabado grandes amistades. Monsieur Vykos resultó agradable compañía y me invitó a viajar con él a cierto paraje, no me pidáis que recuerde el nombre, soy malísima para esas cosas. ¡Es tan caballeroso y tan cortés!- exclamó, risueña como una doncella enamorada.

Ambrogino asintió.
_ Bien... Habeis mencionado un busto. ¿Qué me podeis decir de cierto busto de Nerón?
_ Esa era la escultura que preparé para el cliente que agasajaba en mi cena, signore.- respondió ella.
_ He revisado las cuentas de Lucio. Aparte de negocios muy... lucrativos para vos... He hallado una venta de un busto auténtico de Nerón al comerciante Francesco de Génova, comerciante que apareció asesinado la misma noche del crimen contra Lucio.¿Conocisteis a aquel comerciante?

Así que también había muerto Francesco... ¿Qué habria sido del malkavian?
_ Si, signore, il signore Francesco fue quien me encargó el busto de Nerón.- Ambrogino alzó una ceja.
_ ¿No encontrais curioso que Lucio le vendiese a ese hombre un busto de Nerón auténtico, y a vos os encargase uno falso?
_ Sí, es desde luego extraño, signore, y así se lo manifesté a Lucio.- Ambrogino asintió.

Tomo un sorbo de su copa.
_ No he podido encontrar a nadie que me hablase de ese tal Francesco. Al parecer mediaba por otro. ¿Qué podeis decirme vos?
Michelle sorbió de su copa a su vez, la sangre estaba fría, pero no había rastros de vitae y aquello le complacía.
_ Era un ghoul, signore, conoci al cainita que estaba interesado en el busto pero tengo la impresión de que él mismo trabajaba por alguien mas. O asi me lo comunicó en la fiesta de carnaval de Lucio.
_ El malkavian Luc.- dijo Ambrogino
_ Oui, monsieur, Luc de Montpellier, creo recordar. También él estuvo en la cena que di la noche antes de partir, sin embargo no pagó el busto ni se lo llevó, imagino que pretendía enviar a su sirviente a por él al dia siguiente.

_ Luc desapareció la noche del asesinato. Por lo que he podido determinar, esa noche Lucio iba a reunirse con el misterioso cainita que Luc representaba ¿Teneis idea de quién podría ser?
Michelle negó con la cabeza.
_ Non, monsieur. Monsieur de Montpellier solo habló de su patrón a título de cortesía, no dijo nada más de él salvo que tal vez estaba interesado en aquel libro que se subastó aquel grimorio, o códice tan pesado.
Ambrogino sonrió con ironía.
_ Lucio se lo sacó de encima, pues temía que le mataran por tenerlo, y sin embargo, cuando no lo tuvo, le mataron. Alguien entró en su mansión, mató a todos. A los humanos y a los ghouls, los viviseccionó. A uno lo encontraron esparcido en una sala de este tamaño, con la piel arrancada.- Michelle frunció el ceño con desagrado y apartó la mirada, como si pudiera ver lo que le estaba describiendo.- Y ese fue de los que halló una muerte más dulce, así que me ahorraré los detalles.
_ Os lo agradezco, monsieur.

Ambrogino volvió a llenar su copa.
_ Lucio tenía negocios y asuntos con vos. Me ha sido confiado el cuidado de sus actividades. Y los Giovanni somos gente de palabra. Si mi primo hizo tratos con vos, yo los mantendré. A menos, claro, que vos tengais algo que decir al respecto...

Michelle frunció el ceño: aquello sin duda le favorecía, puesto que el trabajo previsto para Lucio Giovann iba a reportarle importantes beneficios, pero sin embargo era una maestra en su arte, no necesitaba recurrir a engaños para ganar dinero, y no necesitaba convencer a Ambrogino de mantener el trato, ahora que Lucio estaba muerto.
_ Si habéis consultado los documentos de los apoderados de Lucio habréis visto que se trataba de un proyecto para redecorar toda su casa, signore.
_ Tengo una mansión muy grande que redecorar.- respondió él, sabiéndo hacia donde se dirigía.- Tengo una mansión muy grande que redecorar. Supongo que no habrá problema para cambiar de lugar. No creo que tengais muy avanzado vuestro trabajo.
Michelle sonrió.
_ No, signore, la piedra que encargó Lucio llegó durante mi ausencia y aun no he tenido tiempo de verla siquiera. Tan pronto como supe de la tragedia, me dirigí hacia aquí.

_ Pude revisar algunos de los bocetos de la estatua del barquero y su río. Me pareció excelente, y me gustaría añadir algunas estatuas más para las diferentes salas de este palacio.
Michelle asintió.
_ Oui, monsieur, pero no hablemos de trabajo esta noche, os lo ruego. Venid a mi casa mañana si lo deseais y hablaremos los detalles.- Ambrogino asintió.
_ Disculpadme, Signora. No me acordaba que la pérdida de mi primo es nueva para vos. ¿Os parece bien a medianoche?
_ Estupendo signore, pero decidme ¿Sabeis donde está Luc de Montpellier?
_ Desapareció. Nadie le ha visto. Nadie sabe a dónde ha ido. Nadie vio salir góndolas de la ciudad esa noche. Nada.Sólo su ghoul muerto, con una daga atravesada en el corazón, y el cadáver tirado en una fosa del cementerio vacía. Junto a otra fosa vacía.
Michelle tomó el último sorbo de su copa y la dejó sobre la mesa.
_ Oh... Veréis, tal vez sea pretencioso, pero creo que no me equivoco si digo que tal vez acudiría si yo le llamara. No a Venecia, por supuesto, pero tal vez a un lugar más... privado. No sé si me explio.
_ Perfectamente, signora. ¿Qué pedis a cambio?
_ Oh, acabo de llegar de viaje, signore, no me hagais pensar. Hablemoslo si consigo que acuda a mi llamada ¿Os parece? Si no lo consigo, no me deberéis nada. Yo también deseo encontrar al asesino de Lucio, era uno de los pocos cainitas de Venecia con los que tenía trato.
Ambrogino frunció el ceño.
_ Si Luc o su señor son los responsables, su brutalidad os pondría en peligro. Correríais probablemente un gravísimo peligro, algo que los giovanni sabemos reconocer. Así que decidme qué deseais a cambio de vuestra colaboración, y veré si está en mi mano. Y creedme si os digo que son pocas las cosas que no están en mi mano.- se pusieron en pie y Ambrogino la acompañó hasta la puerta.
Ambrogino llamó a un guardia para que la escoltara hasta el embarcadero.
_ Os espero mañana a media noche.- dijo ella antes de marcharse, y él, a modo de depedida, tomó su mano y la besó de nuevo.

Llegó a casa sin ningún contratiempo, y tan solo Jesu la esperaba despierto, como era costumbre. Le ayudó a quitarse la capa y Michelle le pidió que no despertara a las doncellas, se desvestiría ella misma, que era siempre más sencillo que vestirse.

Se cepilló el cabello ante el espejo y se quitó el vestido, y cuando pudo librarse del opresivo corset y de las abultadas faldas, tan solo con una camisa larga sobre la piel, se sentó en la butaca de piel que había en su dormitorio, recogió las piernas contra el pecho, cerró los ojos, suspiro, y cuando volvió abrirlos, su alma flotaba muy por encima.

Conocía bien el camino al Livorno, había viajado a caballo y en carruaje a la Toscana en muchas ocasiones, y sobrevolando los campos era todo mucho más rápido. No tardó apenas nada en llegar a la gran casa de ventanas azules en la que había pasado largas temporadas. La casa estaba en silencio, tanto Rosanna como el servicio estaban acostados, y los niños dormían plácidamente. No había camas para todos, pero Rosanna había sabido organizar el servicio original de la casa para disponer lechos para los niños, durmiendo ella misma sentada en una mecedora, y algunos de los sirvientes en el establo.

En la habitación de los niños todo parecía ir bien a primera vista, pero enseguida vio algo que no le gustaba: sobre el joven Tonino flotaba una espesa nube negra que tan solo existía en el plano astral. El muchacho se revolvía inquieto en la cama, presa de una pesadilla.
De alguna manera, aquella niebla negra le recordó a la casa de Lucio Giovanni la vez que trató de visitarla desde el plano astral, y como entonces, un escalofrío le recorrío la espalda. Pero tenía que acercarse, aquello podía tener algo que ver con la muerte de Lucio, y de todos modos, no le gustaba el arte de los giovanni en su propia casa.

Flotó junto a Tonino y pudo ver desde más cerca que lo que había parecido ser una nube fluctuante, eran en realidad rostros agónicos que brotaban de la oscuridad y se sumergían, con gestos desgarrados por el dolor. Su primer impulso fue retroceder, pero mirando el rostro torturado de Tonino, dormido, se dijo que no debía huir.

Entró en su mente, tratando de bordear la locura de su pesadilla, pero algo falló: de pronto se vio en otro lugar, tétrico y opresivo, y tardó un momento en entender donde estaba. El decorado de la pesadilla de Tonino resultaba escalofriante incluso antes de ver al muchacho a diez pasos de ella, frente a un pozo de aguas oscuras del que no podía ver el final desde donde estaba. Podía oir susurros que provenían del pozo, pero hablaban una lengua extraña que no comprendía. Se acercó despacio y Tonino percibió su presencia, y se volvió para mirarla.

_ Michelle... signora...- su mirada era fría y vacía, totalmente antinatural. Después, volvió a concentrarse en el pozo. Michelle aprovechó y se acercó mas- ¿Habéis venido a escuchar a los muertos?

No la miraba ya, tenía la mirada perdida en el pozo. Michelle miró la oscuridad de almas, pero no vio apenas nada.

_ ¿Qué dicen los muertos, Tonino? ¿Qué ves en el pozo?
Tonino tardó un momento en responder con aquella voz de autómata, carente de vida.

_ No lo sé. Pero sí sé que los muertos son egoistas. Me piden que haga cosas para ellos. Me amenazan, pero no tienen fuerza para hacerme daño porque están muertos.

_ ¿Qué cosas, Tonino?

_ Cosas. Dar un mensaje a un ser amado. Enterrarles. Vengarles.- el eco de su voz rebotaba en las paredes del pozo.- Los muertos son egoistas, porque sólo saben pedir,ya no tienen nada que dar a los vivos. Cuando mueres, todo lo que dejaste en vida por hacer, queda sin hacer. Por eso son egoistas, porque me piden que haga sus voluntades que no supieron acabar en vida. Los desprecio.

_ ¿Te habla tu tío Lucio, Tonino? ¿Le ves a él?- inquirió.

_ Sí, pero también a muchos más. Algunos te conocen.- Michelle reprimió una maldición.
_ ¿Quienes?
_ Está ese freire Xoan.- ¿Así que el capadocio había muerto? Bueno, no debía haber mucha diferencia- Hay un Étienne.- ¿También Étienne? Cierto era que no había vuelto a verle desde que la secuestró en Salou, no le había visto en Pamplona...- y un Harpalion. Y otros...- ¡Harpalion! ¿Quién había asesinado al príncipe de Girona? ¿Tendría algo que ver con la falsa Loni?- Harpalion te odia. Te odia porque odia a alguien que se llama Isaac. Dice que aunque seas otra, sigue odiándote; Xoan arde en su pecado. Devoró a otro igual a él, y ahora ese otro le corroe el alma, loco de furia, Étienne te mira con odio, Pierre llora.-¡Ah! Su primer ghoul, el fiel Pierre... - Y Pedro...

Si hubiera tenido corazón, se le habría detenido en aquel preciso instante. ¡Pedro! Si tan solo pudiera hablar con él, pedirle perdón por aquella traición... No tuvo tiempo para decir nada, al mencionar a Pedro, Tonino perdió el equilibrio y cayó en el interior del pozo.

De pronto se vio de nuevo en el dormitorio de los niños, fuera de la pesadilla. Toninno se había despertado y temblaba. La nube negra había desaparecido, pero le muchacho sufría ahora por lo que había vivido en su sueño. Se situó delante de la cama e invocó su imagen de un poder casi olvidado. Allí, al pie de la cama, apareció la hermosa Michelle de Mauvernay, y Tonino miró a su patrona, inseguro, sin saber si seguía soñando.

"Descansa"

El niño asintió, se volvió a recostar contra la almohada y cayó profundamente dormido. Michelle permaneció todavía un rato allí, pero la niebla negra volvió a envolverle y el muchacho volvio a tener una pesadilla. Lamentaba no poder ayudarle: cada vez que se durmiera, volverían los muertos...

Volvió a casa justo antes del amanecer, y cuando regresó a su cuerpo, se levantó de la butaca y se acostó en el lecho de sábanas frescas y limpias.
Estaba inquieta. Los muertos sabían su secreto. Podía parecer una preocupación absurda, pero había quien podía hablar con los muertos. Tonino, sin ir más lejos... Y si él podía, podría también hacerlo Ambrogino, o cualquier Giovanni...

La noche siguiente llegó temprano, pero cada vez vendría más tarde, pues se acercaban a la primavera y los días serían mas largos hasta la noche de San Juan.
Jesu había dispuesto todo para recibir a Ambrogino Giovanni, y las doncellas la bañaron y vistieron elegantemente, con un vestido de lino azul decorado con cenefas en plata, y le recogieron el cabello de otoño en una redecilla de plata adornada con perlas perfectas.

Ambrogino Giovanni llegó a medianoche, como habían concretado, y le acompañaba otro hombre: vestía todo de negro, con calza y jubón, y una capelina de terciopelo que le cubría media espalda, como era la moda. Llevaba también un bastón labrado y lacado de negro. El gusto Giovanni era más bien poco original.
Ambrogino le besó la mano con elegancia.
_ Buenas noches, signora.- Jesu les retiró las capas y las colgó en el perchero- Os presento a mi apoderado, el señor Marco Giovanni. Él es mi hombre de confianza en temas de negocios.
_ Enchantée.- saludó Michelle con una leve reverencia. Marco le beso la mano a su vez.
_ Le plaisir est mien, madame.- Michelle sonrió complacida y miró a Marco con sorpresa.
_ ¡Oh! ¡Habláis francés! ¡Qué grata sorpresa volver a oir mi lengua natal!
Marco sonrió.
_ Los negocios de mi señor son muchos, y he de tratar con gente diversa. Tener don de lenguas es vital para mi. Pero la francesa es mi lengua favorita, sin duda. Tiene una música única, diferente...- Una sonrisa encantador se dibujó en el rostro de Michelle, que les hizo pasar al pequeño salón de madera, más cálido y privado. Entró una de las doncellas de la casa, y Michelle se la ofreció a Ambrogino con cortesía.

El Giovanni la tomó de una mano: la muchacha temblaba, emocionada, expectante, deseando recibir el placer del Beso. La miró a los ojos y le susurró:
_ Quieta, callada. - y segundos después, clavó sus dientes en la piel tierna del cuello. Algo no iba bien: en los ojos de la doncella no había placer alguno, sino el más profundo dolor. Michelle contempló fascinada aquello, y cuando Ambrogino terminó, la muchacha se marchó, al borde de las lágrimas, con el rostro desencajado de dolor y confusión.
_ Gracias, muy amable signora.- dijo Ambrogino.Cuando la doncella se hubo marchado, Michelle alzó una ceja inquisitiva.- ¿Debo entender que no sabíais que los de mi familia causamos dolor con el Beso?
_ Así es, monsieur.- respondió ella- pude ver que ocurría lo mismo con Lucio, el dia que acudi para hablar de la decoración de su casa, pero pensé que era algo aislado.
_ Mis más sinceras disculpas. Debería haberos avisado.- se disculpó el Giovanni. Y parecía sincero.
_ ¿Cómo es que no causais placer, signore?- preguntó, intrigada.
_ Pues lo cierto es que es generalizado entre los de mi familia. En cambio, no asumimos el aspecto de cadáveres. Muchos en mi clan se lo preguntan, sobretodo cuando nuestros sires son gente dispar.- se arregló un momento la solapa de su camisa- Si lo deseais, puedo eliminar el recuerdo de la chica. Creerá que fue una experiencia agradable.
Michelle asintió.
_ Os lo agradecería, monsieur. No está acostumbrada a ese dolor, para ella el Beso siempre ha sido algo que ansiar- para su sorpresa, Ambrogino se puso en pie. No había pensado en hacerlo en aquel momento, pensaba que esperaría al final de la velada, pero antes de que tuviera tiempo a decir nada, Ambrogino había desaparecido en pos de la doncella. No le acababa de gustar que entrara en su casa sin estar ella presente, pero decidió relajarse: no había nada que ocultar en su casa, salvo cierta joya en una caja de marfil labrado... Y a ojos de cualquiera, solo era una joya más entre un montón de piedras preciosas.

Al cabo de un momento, Ambrogino regresó.
_ Está hecho.- tomó asiento de nuevo en el butacón.- Bien, tras las cortesías, ¿qué os parece hablar de negocios?- Michelle asintió y se recostó contra el respaldo de su butaca, frente al escritorio.
_ Estupendo, signore. ¿Visteis el proyecto que diseñé para Lucio al completo?
Ambrogino asintió.
_ Sí, y me pareció excelente, sin embargo, me gustaría añadirle algunas cosas más: estatuas.- Michelle sonrió complacida. No solo recuperaba un trato con grandes beneficios, sino que además, le encargaban más trabajo. No podía quejarse, le encantaba esculpir. Y sobre todo, le encantaba el dinero.- Desearía dos conjuntos de estatuas.
Michelle tomó nota en el pergamino con letra elegante.
_ Uno, de doce piezas, para decorar las doce estancias de mi nueva morada.- No dio más detalles, por lo que Michelle supuso que lo dejaba en sus manos.- El otro, es algo a más largo plazo. En el sótano tengo una sala muy grande que deseo aprovechar para una afición que tengo. ¿Conoceis el ajedrez?- Michelle asintió, el ajedrez, invariablemente, le recordaba al solemne Vincenzo en el patio, con la frente inclinada, y la mirada fija en el tablero.- Deseo que me hagais las 32 piezas del ajedrez, a escala humana. No tengo prisa, signora. Os ofrezco por estos extras el triple de lo que os prometió Lucio sobre el proyecto original.

Michelle deslizaba rauda la pluma sobre el pergamino. Su mente hervía con la inspiración.
_ Me tomará cierto tiempo, signore, pero puedo hacerlo.- dijo al fin- ¿cómo deseais las piezas? ¿cómo el juego original moro? ¿hindú? ¿o tal vez algo más elegante y actual?
_ Algo más actual, acorde a los tiempos que corren. Y somos inmortales. El tiempo tiene poco sentido para estos detalles.
Michelle sonrió.
_ Oh, signore, conozco gente que no jugaría jamás un ajedrez en el que los caballos no fueran elefantes. Pero haré como deseais.
_ Las piezas del ajedrez, desearía que fuesen en madera. Las bases os las haré preparar, para que tengan ruedecitas y facilitar su movilidad.
¿Madera? Michelle frunció el ceño.
_ Es una idea estupenda, signore, pero la madera, con el tiempo, y en una ciudad como Venecia, acabará por estropearse. La humedad hinchará las piezas y acabarán por podrirse.
_ Si se estropea, os pediré otro juego.- Michelle asintió. Le encantaba aquel hombre.- En ese caso, ya sólo queda a mi apoderado discutir con el vuestro de los detalles del pago y los suministros.
Michelle miró a su chambelán, Jesu, que esperaba discreto en un rincón de la sala.

_ Así es. Jesu, por favor.- el ghoul se acercó, y Marco se puso en pie. Ambos pasaron a la sala contigua. Ambrogino y ella se quedaron a solas, de modo que Michelle salió de trás el escritorio y se sentó frente a él, en la butaca que había ocupado Marcos.
Ambrogino sonrió.
_ Conozco poco de Venecia. Cuando venía, era por ver a mi primo más que otra cosa. Siendo una reputada toreador, quizás podreis presentarme a gente de la ciudad, al contrario que otros capadocios, adoro la vida social.
Michelle cruzó las manos sobre el regazo.
_ Oh, me honrais, signore.- dijo- ¿Os parece una fiesta en vuestro honor? Podría hablar con el príncipe para que nos cediera el palacio que cedió en Carnaval, o podría organizarla aquí mismo, siempre y cuando, claro, no deseeis celebrarla en vuestra casa.
_ Quizás más adelante, cuando el asunto de mi primo quede más claro.- Michelle asintió- Sería poco cortés celebrar una fiesta tras la tragedia.
_ Sí, monsieur, pensaba en más adelante.

_ En ese caso, más adelante lo hablaremos. Teníamos otro asunto que tratar, además: Vuestro ofrecimiento a llamar a Luc de Montpellier.- Michelle asintió, pero todavía no estaba muy segura de cómo hacerlo.- Anoche os pregunté vuestro precio. Dudo que sea monetario.
_ No lo será, signore.- "Quiero Venecia" pensó, pero nada dijo.
_ Hablad pues.
_ Tengo entendido que vuestra familia puede hablar con los espíritus de los muertos, signore.- Ambrogino se reclinó contra el respaldo y entrecerró los ojos.
_ Os escucho.
_ Tengo un incómodo problema con ciertos personajes, que acosan a mis amigos, y eso me desagrada.
_ ¿Deseais que destruya sus almas?- inquirió el Giovanni.
_ Algunas, destruirlas, sí, pero a otras no les deseo mal ¿sería posible que hablara con ellas para apaciguarlas?

Ambrogino cruzó las piernas, su mirada era grave.
_ Lo que pedís no es sencillo. Pero vuestro riesgo es grande. Existe un método: es arriesgado, y más para los no versados en las artes de la nigromancia. Puede hacerse, pero os advierto que correreis un grave riesgo haciéndolo. Podríais morir. Incluso bajo mi protección.- un escalofrío recorrió su espalda ¿Tanto estaba dispuesta a pagar?
_ Entiendo... Si destruis esas almas ¿tendrán paz y descanso eternos?
_ Si destruyo esas almas, dejarán de existir. Dudo que sea agradable.- Michelle dibujó un gesto de desagrado en su rostro.
_ Ah... la eterna mentira... Todavía no he olvidado los cuentos sobre el Edén que me contaban los sacerdotes cuando era niña... Está bien, signore, deseo lo mejor para los que caminan sobre la tierra, destruid esas almas.
Ambrogino asintió.
_ Necesitaré algo que perteneciera al difunto, algo de valor para su persona. Aparte de eso, puedo convocar a otros y hablar por vos. Pero si deseais hablar directamente, os he advertido del riesgo. Igualmente, necesitaré algo de valor. Si están enterrados, con tierra de sus tumbas suele ser suficiente, pero si atormentan a alguien, puedo intervenir. Así que si me llevais con esa persona, puedo ayudar también. Eso es lo que puedo ofreceros.

Michelle sabía que nunca conseguiría ningún objeto que hubiera pertenecido a Harpalion o a Étienne. Hacía años que los perdió de vista y ni tan siquiera había sabido que estaban muertos hasta que los vio en la pesadilla de Tonino. Y Ambrogino no había preguntado por su sobrino, lo cual era extraño: ¿lo daba por muerto? ¿o acaso ya sabía donde estaba?
_ He de meditarlo entonces, signore, espero que no os importe.
Ambrogino asintió.
_ No hay prisa.
_ Os lo agradezco. Decidme ¿cuando deseais que trate de llamar a Luc?
_ Dadme dos días.
_ He de advertiros que no sé si acudirá, signore, en otras circustancias, acudiría seguro, pero desconozco su situación después de los asesinatos.
Ambrogino se puso en pie.
_ Soy consciente de ello. Si no acude, debo advertiros que no podré cumplir con mi parte del trato.
Michelle se levantó también.
_ Es justo.
El Giovanni sonrió.
_ Creo pues que hemos llegado a un entendimiento, signora.

17 may 2005

Sesión Vigésimo Séptima: Ardan

Aquella noche, cuando los invitados se hubieron marchado, Michelle anunció a Jesu y Rosanna que partiría la noche siguiente y dejó para ellos las instrucciones habituales, sin decir a donde se dirigía, como era normal.
Se despidió de los chicos en sus camas, con un suave beso en la frente de cada uno, y cuando el sol se puso al día siguiente, Michelle de Mauvernay, acompañada por su fiel Vincenzo, abandonó su casa y una góndola la llevó hasta donde Vykos la esperaba, en un carro.

Vykos la saludó al llegar con una reverencia, a la que ella respondió con una leve inclinación de cabeza.
_ Mis hombres acaban de llegar, se ha visto a Ardan yendo hacia el sur.-dijo cuando el carro se puso en marcha- Creo que quieren tomar un barco para cruzar el Adriático, hacia los Balcanes. Lucita y Anatole les seguirán por barco. ¿Alguna sugerencia?
Michelle negó con la cabeza y se encogió de hombros levemente.
_ Como vos veais, yo solo rastrearé, monsieur.
Vykos se recostó contra el respaldo de su asiento.
_ Estaba pensando tomar un barco y cruzar también, pero tratando de adelantarnos a la ruta de Ardan. Sospecho que tratará de usar un paso de los Balcanes para ir a Transilvania, cerca de Split. Mi idea era cruzar por el norte y tratar de llegar a Split primeros.- Michelle asintió.- Empleando vuestro poder para estar en contacto con sus movimientos, con Lucita.

Vykos, como recordaba, era una compañía agradable, culta y refinada, y Michelle disfrutaba de su conversación como la disfrutó Loni.
_ He oido que sois chiquilla de Loni de Lances. Yo la conocí hace tiempo. La vi cambiada.
Michelle asintió compungida.
_ Y tan cambiada, signore, ni tan siquiera me miró en toda la fiesta de los Giovanni.
A Vykos le brillaron los ojos, parecía una vieja comadre...
_ ¿De veras? ¿Hay mala relación entre vosotras?

La bella negó con la cabeza.
_ En absoluto, monsieur. Habria esperado de ella un abrazo y una sonrisa. El príncipe de Venecia me dijo al llegar a a la ciudad, que Rodrigo estaba con vos. Pensé que tal vez Loni hubiera venido con vos y él.
_ No. A Rodrigo le vi por última vez hace ochenta y tres años, e iba solo. Preguntaba por un tzimisce, un sirviente de esa puta de Nikita de Skredetz: el Ejecutor.
Michelle frunció el ceño.
_ ¿Quién es esa mujer?
Esta vez, Vykos parecía sorprendido.
_ ¿No la conocéis? Nikita de Skredetz, Arzobispo de Nod. Señora absoluta de la Curia Escarlata, la mano tras la Herejía Cainita.
_ Me temo que no tengo el gusto, monsieur, mi vida a este lado de la muerte se limita a Venecia y mi escultura. He oido de la Herejía Cainita, pero es la primera vez que oigo hablar de la Curia Escarlata. Explicadme más cosas, monsieur.

Vykos le explicó entonces que la Curia Escarlata era una religión que tuvo su momento álgido dos siglos atrás, bajo la tutela del antiguo príncipe lasombra de Venecia: Narsés. Pero cuando usó la fe de los cainitas herejes para su venganza personal contra Constantinopla, fue desposeido del arzobispado, y fue Nikita, una tzimisce de gran influencia, la que logró el manto púrpura. Básicamente la Cúria era el círculo de doce vampiros que mandaban sobre los herejes.
Después de aquello, Vykos le contó también que cuando Rodrigo fue su huésped durante breve tiempo, parecía obsesionado por encontrar a su chiquilla Loni de Lances.
Michelle disimuló su sorpresa ante las palabras de Vykos, pero siguió escuchando.

_ Bien, Signora... Y contadme, ¿cómo es que llegasteis a contactar con el Dracon?- preguntó una noche.- Tengo mucha curiosidad.
Michelle sonrió enigmática.
_ Oh... andaba perdida... y me encontró- fue su respuesta- no creo que pueda deciros nada más que pueda seros de interés.
Vykos sonrió a su vez.
_ Siempre se puede decir cosas de interés... Pero si deseais ser reservada, lo respetaré.- Michelle sonrió serena, como si aquello no tuviera la más mínima importancia.
_ ¿Y vos, monsieur?
_ Yo entré a su servicio hace mucho, cuando estaba trabajando en Constantinopla con Theresa Kymena.

Oh... la tremere...

_ No tengo el gusto.
_ Es curioso.- respondió él.- La vi hace algunas décadas, buscando también a Loni de Lances. Al parecer, había dado muerte a su chiquilla Anna.- ¡Ah!¡Así que se lo habían dicho!

Frunció el ceño, incrédula.
_ ¿Mi señora? Permitid que lo dude, monsieur.- Vykos se encogió de hombros.
_ Yo tampoco le hice mucho caso, pero ella lo creía con firmeza. De todos modos, he oido que habeis heredado la destreza escultora de vuestra señora. ¿Aprendisteis de ella tras el Abrazo?
_ Ya esculpia cuando vivia, monsieur, creo que fue por ello que me Abrazó, pero si, perfeccioné mi arte con ella, imagino que mis obras tendran un rastro de su arte. Fue una maestra entregada y concienzuda.
Vykos sonrió abiertamente.
_ Yo también soy escultor ¿Sabéis?- Michelle reprimió un escalofrío. Sí, lo sabía, recordaba aquella escultura viviente tan atroz, aquel segundo Pedro...
_ ¡Oh! ¿De veras?- Myka Vykos asintió.
_ Aunque yo esculpo otro tipo de cosas... Quizás algún día podamos esculpir algo juntos.
Michelle sonrió.
_ Creo que entiendo de qué habláis, y lo cierto es que me resulta de lo más útil en este viaje, monsieur.

Aquella noche Vykos esculpió en Michelle un nuevo aspecto que ocultaría su belleza con una apariencia más discreta durante el tiempo que durase el viaje. Se convirtió en una mujer corriente de rasgos agradables a la que nadie dirigiría una segunda mirada.
El resto del viaje conversaron de temas diversos: política vampírica, teología... Al parecer, Vykos era un enamorado de la historia vampírica, y un interesado en todo lo que tuviera que ver con un libro muy especial: el libro de Nod.

El carro les llevó hasta un puerto, donde un barco les esperaba.
Embarcaron sin demora y el barco zarpó aquella misma noche. Vykos le pidió entonces su primer contacto con Lucita, que debería estar próxima al puerto donde suponía iba Ardan. Estaban en Trieste. Lucita debía estar en Rímini. Deseaba saber si ya conocían la ruta que seguiría Ardan, si sería por Split como suponía, o no.

Michelle no se demoró: trás acomodarse lo mejor que pudo en el lecho de uno de los camarotes, cerró los ojos, inspiró, y cuando volvió a abrirlos su alma sobrevolaba el oceano en dirección al punto de encuentro.
Allí le esperaba Anatole, solo, que percibió su presencia al instante y la saludó rascandose la cabeza, donde vivían plácidamente los piojos, unos piojos enormes, mutados por años por su sangre vampírica.

"Monsieur Vykos desea saber si ya tenemos la ruta del tremere"

Split, tal y como pensábamos


¿Y madame Lucia?

Comiendo

¿Algo que queráis decir a monsieur Vykos?

Tiene gárgolas

Michelle vio como Anatole se golpeaba el estómago levemente y se pasaba la lengua por encima de los caninos. No esperó más, regresó a su cuerpo y contó a Vykos lo que había oido. Este sonrió al oirlo, no era nada que no esperase.
Viajaron raudos en el barcos, bordeando la costa, de manera que cada dos noches paraban en un puerto para cazar.
Pese a su aspecto refinado, Vykos no mostró ninguna dificultad en encontrar comida para ambos. Se marchaba solo y en menos de una hora regresaba con un hombre, una mujer o un niño en brazos.
No sentía ningun aprecio por la vida humana: si Michelle no mataba a su presa, lo hacía él.
_ Somos depredadores, mi señora. Negarlo es negarnos- dijo una noche, mientras desangraba a un joven de la edad de los jovenes discipulos que esperaban en Venecia. Michelle descubrió sorprendida que aquello no le desagradaba y sonrió: una pasión menos.
_ ¿Quién lo niega, monsieur?- dijo con una sonrisa, y se unió al banquete.

Al fin, trás una navegación rápida llegaron a Split. El último contacto con Anatole decía que Ardan tardaría aún dos noches en llegar y él y Lucía, tres.
_ Bien... Llegarán en barco. Debemos prepararnos. Necesito saber cómo es su barco, y con qué fuerzas cuentan.
Michelle no se demoró, envió su alma en busca del barco de Ardan.

No tardó en encontrarlo: se trataba de un barco grande, lento y pesado, no era de extrañar que le hubieran sacado tanta ventaja. Descendió sobre el barco, la cubierta estaba desierta salvo por el timonel, el vigía de guardia... Y Ardan, que contemplaba el mar oscuro desde la proa.

Se deslizó por la cubierta, silenciosa como el espectro que era, y no encontró ni rastro del nosferatu.
En las bodegas, los marinos dormian, ajenos a la emboscada que les aguardaba en Split. Había también allí seis toneles de grandes dimensiones y Michelle descubrió en ellos las gárgolas de las que había hablado Anatole. Maldijo no tener fuerza alguna para sabotearlas en aquel estado, pero no podía hacer nada, de manera que siguió buscando algún rastro que pudiera indicarle la estrategia de Ardan en caso de ataque.

Llegó al fin al camarote del tremere: allí estaba el tomo, cerrado sobre el escritorio. Si tan solo pudiera cogerlo y volar de aquel lugar... Pero no tenía fuerza... En un rincón había un baul lleno de instrumentos e ingredientes para hechizos y rituales, y Michelle sintió un escalofrío: detestaba la magia, no quería enfrentarse a aquello.
Miró el libro de nuevo, allí, desprotegido, al alcance de su mano y sin embargo no...

Una luz se iluminó en su mente. No... no podía ser tan sencillo.
Se llevó la mano a la moneda que pendía astral de su cuello y concentró toda su energía en encontrar a Arístides. No era sencillo, normalmente no respondía jamás a su llamada... No, era demasiado fácil...

Una mano astral se posó en su hombro.

"Buen trabajo, Loni. ¿O debo llamarte Michelle?"

Michelle se volvió con una enorme sonrisa franca cruzandole el rostro.

"Me temo que Loni está encerrada en una bonita joya, y ser Michelle es maravilloso, monsieur."

El Dracon le devolvió la sonrisa y acarició con ternura el lomo del libro sobre la mesa.

" Este libro... Me trae tantos recuerdos" dijo con melancolía. Por un momento le recordó a aquel viajero que encontró en Constantinopla paseando entre las ruinas con melancolía, aquel primer Arístides que le regaló las bellezas perdidas del mundo en una moneda... Se preguntó si no amaba a aquel hombre... "Te habría gustado conocer a Aristóteles"

Michelle sonrió con ternura, los ojos le brillaban.

"Me habria gustado conocer todo lo que vos conoceis"

Arístides tendió una mano hacia el libro y la depositó con la palma abierta sobre la cubierta de cuero. De pronto, vio un leve resplandor surgir del libro y ascender por la mano del tzimisce, y comprendió ¡Estaba absorviendo su esencia!

Contempló embelesada aquel fenómeno cuando de repente la puerta se abrió de golpe y Ardan entró en su camarote, mirando a todos lados: sabía que algo ocurría, pero no sabía el qué, a sus ojos todo parecía normal. Michelle se preguntó si debía regresar a su cuerpo, puesto que desconocía el poder de los tremere en el plano astral.
Miró al Dracon y este, trás absorver por completo la esencia del libro, le dio un manotazo que le hizo salir volando hacia Ardan, que lo interceptó perplejo: estaba en blanco.

Michelle sonrió, Arístides la miró y le tendió la mano.

"Vámonos"

Juntos, sobrevolaron el adriático, de vuelta a Split, donde Vykos esperaba el regreso de Michelle a su cuerpo. Michelle trató de grabar aquel momento en su mente, entre las estrellas y el mar con aquel hombre tan fascinante.

"Me sirves bien, Michelle. Dime, ¿hay algo que pueda hacer por ti?"


Michelle le miró: en aquel momento sabía que quería muchas cosas, pero necesitaba tiempo para poner en orden en que las quería y para formular los deseos correctos.

"Dadle una Loni a Theresa Kymena" dijo al fin. No era mucho, pero era un principio, no tenía prisa.

Arístides asintió.
"Eso es fácil. Me pasaré un día de estos por Venecia"

Le besó la mano con elegancia y Michelle quiso pensar que demoraba un poco los labios sobre la piel, pero sabía que era solo un anhelo. Arístides sonrió y desapareció.

Michelle regresó a su cuerpo entonces, y en cuanto se levantó, fue al camarote de Vykos con un brillo triunfal en los ojos y una sonrisa divertida en los labios.
_ Monsieur, ya podemos volver a casa.- dijo al entrar.
Vykos alzó la mirada de un mapa, sorprendido.
_ ¿Qué?.- Michelle no pudo evitar sonreir más.
_ Nuestro querido benefactor ya tiene el libro en su poder.- dijo, divertida- Creo que ya podéis entregarme la joya. Podéis preguntarle a él cuando le veais, yo seguiré en Venecia.

Vykos no pudo decir nada. Sacó la joya de los pliegues de su ropa y se la entregó.
_ Os creo... Aunque no sé por qué, os creo.- dijo al fin, sonriendo con un deje de asombro.- Quizás sea ese brillo en vuestros ojos, Signora. Algún día teneis que explicarme vuestro secreto....- tomó su mano con elegancia y depositó un beso cortés.

Era hora de volver a Venecia.

10 may 2005

Sesión Vigésimo Sexta: Stravaganza

Aunque cada uno conversando con otros invitados, y deteniéndose de cuando en cuando uno frente al otro para intercambiar unas pocas palabras, nadie habría podido saber que en realidad la bella Michelle de Mauvernay y Myka Vykos estaban manteniendo una interesante conversación.

"¿Y bien?"- inquirió Vykos mientras tomaba una copa de vino de la bandeja que le ofrecía uno de los mozos. Michelle se había acercado a los muchachos y sonreía orgullosa ante una impecable declamación de Homero por parte del joven Lucio.

"Hablad"

"El libro que ha caido en poder del tremere Ardan es un volumen de gran interés para el Dracon, pues al contrario de lo que se dice, no fue un fundador de clan el que estuvo con Aristóteles, sino el propio Dracon." Se acercó a una hermosa doncella y comenzó a charlar con ella. "Contiene información que le podría poner en peligro. Me ha encargado recuperarlo. También me dijo que erais una agente suyo."

"Pude haber comprado el libro" dijo Michelle desde la escalinata, mientras posaba una mano maternal en el hombro del joven Pietro. "¿Por qué no os dirigisteis a mi antes? "

Vykos se despidió de la doncella y comenzó a caminar hacia a ella, tomando algunos aperitivos de las bandejas que encontró en su camino.

"Porque no os conozco. Y porque apenas llegué a tiempo para la fiesta. No esperaba tantos pujantes. Se suponía que la venta iba a ser secreta."


Cuando llegó junto a ella, se situó a su lado y Michelle sonrió, indicandole con un leve gesto de cabeza que prestara atención a los chicos que recitaban textos clásicos.
_ Son unos alumnos muy aplicados- dijo ella sonriente.
"¿Veis Veis esta casa? ¿Veis a mis chicos? ¿Qué os hace pensar que pueda querer abandonar esto? "

_ Debe haber costado grandes esfuerzos llevar a cabo vuestro proyecto, madame.- respondió él, elogiando a Lucio con una sonrisa.
"El Dracon puede compensaros"

_ Lo cierto es que sí, fue toda una labor encontrar unos maestros tan espléndidos.
"¿De qué manera?"

Vykos sonrió.
_ Sois una mujer valiente.
"Me dijo que seríais reticente, dijo que os podría interesar esto"
Sacó del bolsillo de su levita una joya y se la mostró brevemente, para enseguida volver a guardarla.

_ Muy hermosa.
"¿Es algo que deba conocer?"`
_ Cierto, sí, muy rara.
"Es Loni"

Michelle alzó las cejas sin dejar de sonreir, y tomó una copa de una bandeja.
_ ¿Y como ha llegado a vuestras manos, monsieur?
"Explicaos"
_ La conseguí de un mercader en Budapest, señora.
"Me dijo que contenía la capacidad de ser Loni, aunque no sé qué significa eso para vos".

Michelle tendió la mano.
_ ¿Puedo verla un momento?
Vykos depositó la piedra en la blanca palma que se tendía ante él.
_ Claro, no hay problema.
"El toque del espíritu revelará su verdadera naturaleza".

Michelle cerró la mano entorno a la piedra y deslizó la llema de los dados por las facetas talladas, y de repente se vio sumergida en un mar de sentimientos que no recordaba haber olvidado: su niñez en Béziers, su matrimonio con Talbo, su entrada a aquel mundo de tinieblas, Girona, Cardona, Pamplona... Una Loni niña, frágil y desvalida, con aquel aspecto delicado de muñeca de porcelana... Todo estaba allí, desde el día en que nació hasta el día en que cedió su cuerpo a Michelle de Mauvernay.
¿De manera que también había esculpido aquello?¿Si alguien trataba de leer su mente encontraría el triste y turbulento pasado de la duquesa de Mauvernay? ¡Ah, Arístides! ¡Qué gran trabajo!

Realmente no sentía ningún tipo de necesidad de volver a ser la desvalida Loni de Lances salvo cuando su belleza le impedía pasar desapercibida en los asuntos más discretos, pero salvo aquello le pareció una hermosa extravagancia conservar su propia alma en una hermosa joya, envuelta en terciopelos en un bonito joyero de marfil labrado...

Devolvió la piedra a Vykos, que la guardó en su bolsillo rápidamente.
_¿Y bien?
_ Una piedra excepcional, sin duda.
"¿Sabéis donde encontrar al tremere?"
_ ¿Entendéis de joyas, madame?
"Camino de Ceoris, la fortaleza casa capital de lo tremere en Transilvania, pero tardará en llegar y cuento con algo de ayuda"
_ ¡Oh! No realmente, signore, tan solo entiendo de hermosura...
"¿Y pretendeis que recuperemos el libro vos y yo?"
Vykos sonrió y dirigió la mirada a los niños que declamaban con pasión al pie de la escalera.
"Cuento con aliados, como ya os he dicho, que rastrean en este momento al tremere y a su amigo nosferatu. Lucita me debía un par de favores, pero os necesito a vos y vuestro Auspex para rastrear al nosferatu."

Ah, Lucita ¿De nuevo juntas?

"¿Cuento con vos?"

"Vos lo habéis dicho, necesitais mi auspex y esa joya despierta mi curiosidad"

"Partiremos cuando finalice la fiesta"

Michelle alzó las cejas, era demasiado precipitado.
"No puedo organizar mi casa y mi escuela en tan poco tiempo, monsieur

"Teneis a vuestro sirviente. Él puede hacerlo por vos."

Michelle buscó con la mirada al hermoso Vincenzo, y lo encontró como era habitual, conversando con una bella doncella, pero con los ojos prendados de una única mujer en la sala, ella misma, Michellde Mauvernay, llenos de amor, deseo y devoción.
Le sonrió y sus ojos se llenaron de luz.

"Vincenzo vendrá conmigo"

"Entonces, disponedlo todo para mañana al anochecer, más tarde sería demasiada ventaja."

Repararon entonces en que el malkavian Luc de Montpellier se acercaba a ellos y le recibió con su sonrisa más encantadora.
_ ¡Monsieur Luc! Disfrutais de la fiesta?
_ Una gran fiesta, madame Michelle -dijo, besándole la mano al llegar hasta ellos- ¿Nunca os han dicho que teneis la sonrisa de un angel?

Michelle sonrió y bajó la mirada con recato.
_ Sois muy amable, monsieur ¿Deseáis ver vuestro busto ahora?
_ Me encantaria, madame.-respondió Luc- pero me gustaria que fuese en privado, si puede ser.
Michelle asintió y se disculpó ante Vykos.
_ Si nos disculpais, signore, tengo algo que mostrar a Monsieur Luc en privado.
Vykos asintió y Michelle esperó a que Luc le tendiera el brazo, pero el brazo no llegó. En el fondo seguía siendo el pequeño malkavian, aunque le hubieran cambiado el embalaje.
Suspiró resignada pero con una sonrisa en los labios y comenzó a caminar hacia la sala de exposiciones, seguida de cerca por Luc.
_ Estoy seguro que muchos hombres han caido rendidos a vuestros pies, vuestra belleza no tiene limites.- Michelle puso los ojos en blanco sin dejar de sonreir, a sabiendas que Luc no podía verle el rostro con claridad.- Si existen los ángeles deben de ser parecidos a vos...

Oh, cielos, los halagos eran encantadores pero tan... tan empalagosos...

_ ¿Siempre os habéis dedicado a la escultura?
_ Así es, monsieur.- respondió ella con una sonrisa mientras abría la puerta del salón.

El busto ocupaba una pequeña tarima de caoba tallada en el centro de la habitación y estaba cubierto por un paño de terciopelo añil que se derramaba hasta el suelo en una cascada de suaves pliegues. Michelle se acercó y tiró de un extremo del paño, dejando que por su propio peso se deslizara hasta el suelo con un siseo.

Lo cierto era, debía admitir, que era sencillamente excepcional. Se enorgullecía de sus obras cada vez más, puesto que con cada una adquiría más destreza y siempre mejoraba sus obras anteriores. En este caso, la mirada grave de Nerón parecía casi humeda, y el gesto solemne era sencillamente... genuino.
_ Aquí lo tenéis, monsieur.
Luc avanzó hasta acercarse a la tarima y contempló el busto desde cerca, y Michelle supo lo que pensaba: no entendía de arte, pero no veía la diferencia con los bustos originales.
_ Una obra maestra.- dijo el malkavian, y de pronto se volvió hacia ella y le acarició la blanca mejilla con la mano.- Aunque nada comparado con vuestra belleza...
La miraba a los ojos fijamente, tratando de estudiar sus reacciones, y Michelle estuvo a punto de echarse a reir. Luc percibió su sorpresa y se retiró un paso.- Disculpad, no pretendia molestaros.

Michelle decidió que aquello era divertido. Llenó sus ojos de candor y no se movió.
De pronto, Luc volvió a acercarse a ella, decidido.
_ Vos me haceis perder la cabeza, jamas me habia sentido así.- Michelle sencillamente no podía creer lo que estaba ocurriendo ¡Pero era tan divertido! Continuó inmóvil, sin rechazar su cuerpo. Luc dio un paso más, hasta casi tocarla, con los ojos clavados en su mirada.- Sois unica en el mundo, nunca he visto mujer como vos.

"Claro que no" se dijo Michelle.
Dejó que sus ojos brillaran de emoción, engañosos.
Luc deslizó una mano suave en la curva perfecta de su cintura, mientras con la otra le acariciaba de nuevo el rostro.
_ Decididamente, me habéis hecho perder la cabeza.- en su interior, Michelle no podía dejar de reir. Luc pegó su cuerpo al de ella y acercó el rostro hasta que casi rozó sus labios. Michelle entreabrió la boca, invitando a aquel beso, y cuando ya casi le rozaba, giró el rostro hacia un lado.
_ Deberiamos volver con los demás.
Luc permaneció un instante totalmente inmóvil, tratando de asimilar el frenazo. Al cabo de unos momentos retrocedió, consternado.
_ Di... Disculpad... Yo no sé... No sé qué decir... espero que perdoneis mi impetuosidad, lamento lo sucedido. No sé qué me ha ocurrido pero por un momento he creido estar a cientos de kilometros de aquí, libre de preocupaciones. Creo que mi mente me ha jugado una mala pasada, os ruego me perdoneis. no volvera a suceder.- parecía realmente consternado. Realmente ¡Eran raros los malkavian!

Con dos pasos de gata, se acercó a él y depositó en sus labios un beso, presionando ligeramente su cuerpo contra él, y cuando sintió que él alzaba las manos para sujetarla por la cintura, se alejó.
_ No hace falta que digáis nada.- y salió de la sala.

En el salón principal la gente continuaba conversando animadamente, y algunos bailaban al son de la pequeña orquesta, y Michelle se dirigió hacia sus invitados mientras que Luc se sentaba en un rincón con aspecto apesadumbrado.
Al cabo de un rato, Vykos volvió a reunirse con ella y le recibió con una sonrisa.
_ Parece que vuestro amigo parece abatido. ¿Ha pasado algo?- inquirió, curioso como una vieja urraca.
Michelle se encogió de hombros y sonrió.
_ Digamos que trató de tomar más de lo estrictamente cortés...- Vykos sonrió. Vio entonces como Luc hablaba con su sirviente, Francesco, y agudizó el oido para tratar de escuchar lo que decían.

"_ Poca cosa.-decía Francesco.- Al parecer, le ayudó a huir de la vista de todos un hombre llamado Nosfi. Nunca había oido tal nombre.
Luc sonrió.
_ Quizas algun dia os ponga al dia de esas cosas mi buen Francesco, sobre el otro tema hablaremos cuando lleguemos a casa. Mañana vendréis por el busto que ha hecho Michelle y se lo pagaréis, y quiero que tambien le traigais un ramo de rosas, las mas bellas que encontreis."

Michelle sonrió y vio que Vykos también lo hacía: había estado escuchando él también.
_ ¡Monsieur!- exclamó en divertido reproche.
Vykos se encogió de hombros y sonrió.
_ Empezasteis vos, madame.
Michelle rompió a reir, jovial.
"He hablado con mi enlace. Mañana os pasará a buscar con un carro. Os llevará a una góndola, y de ahí a otro carro. Os esperaré"

Asintió y Vykos con una reverencia, le besó la mano y se despuso a marcharse.
Se alejó en dirección a la puerta, pidiendo a Jesu su capa.
_ Madame Michelle- se volvió y vio a Luc a su lado.
_ ¿Oui, monsieur?.- cuando Vykos estaba a punto de cruzar el umbral, dejó un pequeño mensaje en su mente.
"Signore, una última cosa..."

Vykos se detuvo, pero no se volvió.
_ Señorita Michelle, os agradezco de corazón esta fiesta que habeis dado en mi honor.- decía Luc, pero Michelle seguía concentrada en su mensaje a Vykos.- Pero lamentablemente creo que debo irme
"Decidme... ¿Hicisteis vos esa mala copia de mi sire? ¿O fue algun otro "escultor"?
_ ¡Oh, vaya!- dijo con cortesía.- ¿No os llevais vuestro busto entonces, monsieur?
"No sé de qué me habláis"
_ Mañana enviare a Francesco a por él.-respondió Luc.
"Ya veo... Buenas noches, signore"

Luc dio un paso hacia ella, acercándose más de lo cortés.
_ Decidme que no ha sido un sueño, porque si ha sido un sueño ha sido el mejor de mi vida.- susurró. Michelle esta vez sí retrocedió.
_ Controlaos, monsieur, tengo invitados.- dijo, incómoda.
_ Me encantaria desaparecer con vos, donde nadie nos encuentre, donde nadie haya estado jamas. -avanzó más, acosandola con su cuerpo. Retrocedió otro paso.
_ Monsieur, por favor, controlaos.- insistió.

Luc retrocedió.
_ Me siento avergonzado, disculapd. Os agradezco la fiesta.- y dicho esto se dio la vuelta y se dirigió a la salida, seguido de Francesco.

Desde luego... ¡Qué extraños eran los malkavian!

3 may 2005

Sesión Vigésimo Quinta: El códice de Aristoteles

Michelle sonrió a Isaac mientras se alejaba, pero por dentro se sentía gritar.
Se volvió hacia Luc.
_ ¿Vendréis mañana entonces? Organizaré una pequeña cena con algunos invitados,. Me gusta agasajar a mis clientes...
Luc sonrió con cortesía.
_ Será un gran honor, pero no hace falta que os molesteis, madame.- Michelle rió con dulzura.
_ No es molestia, monsieur. Ademas, sois un viajante de mi tierra, será grato recibiros en mi casa y hablar con vos.- Buscó a Vincenzo con la mirada, estaba a pocos metros, charlando con una doncella pero sin prestarle atención real: toda su atención estaba en Michelle, y cada pocos segundos apartaba la vista brevemente para comprobar que estaba bien.

"Sigue a Loni de Lances, vigilala, pero ten cuidado, es peligroso"

Vincenzo asintió y se marchó de nuevo.


Vincenzo asintió levemente y se volvió hacia la doncella, despidiéndose de ella con cortesía. La muchacha le observó partir: era un joven apuesto y más de una habría querído comprtartir la noche con él.
_ Para mi serà un placer- decía Luc, volvió a mirarle y le sonrió, sabía que su sonrisa era un comodín maravilloso- aunque no estare disponible hasta el anochecer, tengo unos asuntos pendientes de resolver que me ocuparan todo el dia.- ¿Acaso no se había dado cuenta de que era una cainita ella también? Era imposible, Luc era un malkavian, tenía ese poder... Se preguntó si la estaría probando.
_ Oh... No debéis excusaros conmigo, monsieur. La fiesta es para vos, se amoldará a vuestra disponibilidad.

_ ¡Un momento de atención!- exclamó de pronto Lucio Giovanni poniéndose en pie en su privilegiado puesto. Todo el mundo se volvió hacia él, los musicos dejaron de tocar y el baile se detuvo. Michelle sonrió a Luc y se volvió con curiosidad.
En aquel momento Vincenzo se acercó a ella con discreción.
_ Isaac se ha ido en carro con Loni- le susurró al oido. Tuvo el impulso de volverse bruscamente ¡No podía ser! ¡Isaac era la persona que mejor la conocía! No podían haberla copiado tan bien. Se limitó a asentir, no quería alarmar a Luc.


"Esa Loni es una traidora, necesitamos cualquier pista que podamos encontrar para desenmascararla."


_ Amigos, amigas, esta noche prometí una sorpresa, y hela aquí.- decía Lucio a sus invitados- Hace algunos meses, cayó en mis manos un incunable de gran rareza, que para mí no tiene valor alguno. Pero que para los filántropos y amantes de lo antiguo, puede tenerla. Se trata de un curioso texto que algunos consideran hereje. Otros, arte. Otros, curioso.- la gente escuchaba con atención. Parecía que muchos, si no todos, habían acudido a la fiesta por aquel momento. Michelle se preguntó qué ocurría con aquel incunable- Tonino, per favore...

El joven Tonino apareció por un lado de la pequeña tarima con el grueso tomo en las manos.
_ Damas y caballeros, les presento la única copia conocida del Códice de Aristóteles. La puja inicial es de cien ducados de plata.

Inmediatamente, el misterioso Ardan alzó una mano.
_ Cinco mil ducados de plata.- Michelle alzó las cejas sorprendida: ¿primera puja y multiplica por 500 la puja inicial? ¿Qué tenía aquel libro?
Rodrigo fue el siguiente en alzar la mano: siete mil quinientos ducados, y trás él, Vykos, ocho mil.

¿Qué demonios ocurría con aquel libro? Se preguntó si sería algo interesante de comprar...
Ambrogino Giovanni bajó del segundo piso y se acercó a la tarima. En aquel momento Luc se volvió hacia ella y le susurró.
_ Salgo un segundo a tomar el aire, que me encuentro un poco indispuesto.- Michelle asintió y Luc se alejó. No debía encontrarse muy indispuesto, pues a los poco segundo le oyó pujar por nueve mil ducados, para ser superado por Ardan enseguida, diez mil.

La puja fue reñida, Vykos también subió e incluso Ambrogino probó suerte con veinte mil ducados, el doble de la última puja.
Toda la sala quedó asombrada y comenzó a aplaudir.
Luc se acercó de nuevo a ella: que hombre tan extraño, claro que... era un malkavian.
_ ¿Os sucede algo? Desde que vuestro sirviente vino os noto algo preocupada, ¿puedo ayudaros?- maldición, ¿tan obvio era? Sonrió.

Oyó la voz de Lucio.
_ Estupendo, veinte mil a la una...
Dibujó su sonrisa más dulce.
_ Oh... No es nada importante, monsieur, no os preocupéis por mi- dijo amablemente.
_ Veinte mil a las dos...
_ Disfrutad de la fiesta. He visto que estabais interesado en el libro ¿Qué es?
_ ¡Treina mil!- exclamó la voz de Ardan. Aquel libro era muy muy interesante. Se alzaron exclamaciones y aplausos de la sala.
_ Si os digo bien no lo sé- respondió Luc-, pero al hombre que represento seguro que le gustaria poseerlo aunque como bien digo nadie me habia avisado y queda fuera de mi alcance, es una autentica lastima no haberlo sabido... Pero decidme ¿puedo ayudaros en algo? No me gusta ver a una dama tan bella como vos preocupada.
_ Treinta mil! Fantástico! Alguien da más? - clamaba la voz de Lucio, nadie respondió.- A la una... a las dos... ¡Y a las tres! Adjudicado al señor Ardan por treinta mil ducados de plata!- la audiencia estalló en aplausos.

Michelle suspiró.
_ No es nada importante, de veras Signore. Decidme ¿Conocéis a Madame Loni de Lances? Os vi bailar con ella.
Lucio entregó a Ardan el tomo, envuelto en un paño de seda verde, y en cuanto lo tuvo en las manos, se dirigió a la puerta, seguido de la mayoría de los asistentes.
_ Crei que la conocia, aunque ya no estoy seguro- Michelle escuchó con atención.- y bailar por desgracia no es una de mis virtudes, creo que debere buscarme una profesora- sonrió. Michelle imaginó que trataba de resultar seductor, de manera que apartó la mirada con timidez.- Lamentablemente en mi juventud no tuve tiempo de aprender bien a bailar, algun dia sere digno de bailar con alguien como vos. - Michelle tuvo la decencia de sonrojarse, y a continuación dibujó un deje de preocupación en su rostro.
_ ¿Puedo confesaros algo, monsieur? - Luc hizo un gesto a Francesco, que se acercó y volvió a marcharse después de susurrarle algo al oido. La sala se estaba vaciando en pos de Ardan y vio a Vincenzo entrar de nuevo.
_ Por supuesto, mademoiselle Michelle.- Michelle se fingió inquieta.
_ No quería darle demasiada importancia pero ahora que lo comentais vos...- murmuró- Yo también conoci a Madame Loni hace algún tiempo, y la he visto muy cambiada. Normalmente hubiera venido hacia mi con un abrazo... Pero... ha sido como si no me conociera

Buscó a Vincenzo con la mirada y se sumergió en su mente: Isaac y Loni se habían ido juntos en un carro hacia el barrio judio, pero les había perdido el rastro.


"No te preocupes, mi amor. Sigue ahora al hombre que compró al libro, siempre y cuando puedas pasar desapercibido"


Vincenzo sonrió.

"Le sigue demasiada gente..." dijo.

" Fundete con la multitud,si ves problemas, retirate"


Asintió y volvió a marcharse. Ah... las palabras mágicas.

_ Aunque yo la conozco de poco crei que se acordaria de mi. Aunque no nos guste la gente suele cambiar. ¿No os parece que hay mucha gente abandonando la fiesta?-Michelle asintió. Luc no iba a serle de ayuda.
_ Ahora que lo decis, si, es cierto. ¿Quien es el hombre que ha comprado el libro?- Luc se encogió de hombros.

Dos hombres entraron en la sala con sacos de dinero y los depositaron a los pies de Lucio Giovanni: el pago del libro.
Michelle se depositó su mano en el brazo de Luc y se dirigieron al exterior.
Vincenzo no estaba por ninguna parte y la gente parecía desconcertada. De pronto Francesco se acercó a ellos.
_ ¡Ha desaparecido! ¡Ese tal Ardan ha desaparecido!- exclamó. Luc frunció el ceño- Tal y como lo digo. Estaba ahí, y de repente ya no estaba!- señaló el pie de las escaleras.
Michelle decidió que ya era hora de volver a casa.
_ Bien, monsieur, parece que la fiesta ha terminado- dijo con una sonrisa- Iré a despedirme de nuestro anfitrión y volveré a casa. Os espero mañana.
Luc hizo una reverencia.
_ Si, mañana al anochecer pasare pos vuestra casa, será un autentico placer- y volvió a besarle la mano con cortesía.

Michelle volvió al interior del palacete, donde Lucio contaba el dinero con algunos sirvientes. Se acercó a él con la más encantadora de sus sonrisas.
_ Ese libro parecía importante, signore.- comentó divertida.- Dicen fuera que el hombre que lo compró desapareció en el aire.
Lucio se puso en pie para recibirla.
_ No me sorprende- dijo- A mi me daba urticaria. No quería que me rebanaran el pescuezo por tenerlo. Así que he preferido sacar tajada .
Michelle alzó una ceja.
_ ¿Tan importante era? ¿Qué contenía?
Lucio negó con la cabeza, quitándole importancia.
_ Cosas inconexas: El rumor dice que Aristóteles conoció a un fundador de un clan, y que debatieron sobre la condición cainita un mes, todas las noches. Ambos alcanzaron algún tipo de "iluminación", presente en ese tomo. Pero creedme: paparruchas. Es un libro de filosofía. Ni siquiera un original. Aristóteles nunca habría escrito un tomo. No habían.- Michelle asintió, curiosa.
_¿Y el hombre que lo compró?
_ ¿Ardan? Un magus. Esos Usurpadores me dan mala espina. Qué mal gusto usurpar un clan...- añadió con ironía. Michelle frunció el ceño, de acuerdo con su anfitrión.
Le invitó a la cena de la noche siguiente y se despidió.

Vincenzo no estaba fuera, de modo que regresó sola a casa, con un nudo en el pecho... Isaac le había fallado, había demostrado no conocerla tan bien como pensaba... ¿O acaso habían copiado tan bien su persona que le había sido imposible distinguirla?
¿Qué pretendían? ¿De qué manera podía afectarle aquella falsa Loni?
Jesu la recibió en la puerta de la casa: los chicos ya se habían acostado, de manera que dio ordenes para preparar la cena del dia siguiente y dejó dicho que Vincenzo subiera al dormitorio en cuanto llegara.

Una vez en su habitación, se quitó la capa y los escarpines y se recostó en la cama. Cerró los ojos y respiró hondo: cuando los volvió a abrir, volaba muy por encima de su cuerpo.

Recorrió las calles de Venecia palmo a palmo, pero no Isaac ya no estaba, ni Loni tampoco... Se habían marchado. Sobrevoló la ciudad en dirección a los caminos, pero cuando se dirigía al oeste... algo obstaculizó su visión. Un puño le atenazó el pecho ¿Qué estaba ocurriendo? Algo le decía que no debía seguir... pero necesitaba saber qué estaba sucediendo. Superó aquella extraña barrera y si hubiera tenido corazón, se le habría detenido en seco en el pecho: allí, sobrevolando la ciudad en el plano astral, había alguien, Rodrigo.
"¡No!" exclamó Rodrigo "¡No puedes seguirles!"

Y como una flecha, aquella figura plateada se dirigió rauda hacia el hilo de plata que unía a Michelle con su cuerpo.

"¡No!" gritó, y tiró del cordel tan rápido como pudo, hasta que se encontró de nuevo en su cuerpo. Aunque hacía más de cien años que no respiraba, su pecho se agitaba, presa de un creciente nerviosismo. Rodrigo...

Vincenzo entró en la habitación y se acercó a ella, alarmado. Nunca había visto a su señora en aquel estado.
_ ¿Qué ocurre, Michelle? ¿Va todo bien?- Michelle se incorporó en la cama y le acarició el rostro con dulzura.
_ No te preocupes, mi vida. Dime ¿Qué has averiguado?

Vincenzo había perdido el rastro de Isaac, pero eso Michelle ya lo sabía. Probablemente estaban de vuelta a Girona, en el camino del este, donde había encontrado a Rodrigo.
Todo era muy extraño.

La noche siguiente, la casa era como un hormiguero: los sirvientes se apresuraban en sus labores para tenerlo todo listo, y los chicos parecían nerviosos ante la noticia de la llegada de un nuevo alumno. Muchos de los habituales invitados cainitas no habían confirmado su asistencia, al parecer los hechos de la noche anterior habían agitado la ciudad.
Sin embargo, los mortales acudieron como era habitual, y Luc llegó acompañado de Lucio Giovanni y Tonino, y con ellos, llegaba Vykos.

Jesu retiró sus capas y les ofreció unas copas, y Michelle aprovechó que Luc y Lucio hablaban de negocios para presentar Tonino a los muchachos. Le recibieron con sonrisas, como un compañero más de juego, y Tonino parecía feliz. Michelle sonrió y se dirigió hacia sus invitados, con intención de que le presentaran oficialmente a Myka Vykos.

_ ¡Ah! La dama Michelle...- exclamó este al verla acercarse. Cuando la tuvo delante, tomó su mano y la besó con cortesía.- Tenía curiosidad por conocer a la chiquilla de Loni de Lances.- se inclinó sobre ella, y trás depositar un beso fugaz en su mejilla, le susurró al oído- El libro no debe ser para los tremere.- depositó otro beso en la otra mejilla- Partiré mañana. ¿Vendréis conmigo?- cuando se alejó de ella, volvió a hablar en tono normal.- Me encanta esta pequeña fiesta. Adorables sus chicos...

Michelle sonrió y proyectó su mente en el interior de la de Vykos ¿Realmente sabía quien era?
Lo que no esperaba es que Vykos la interceptara.

"Ah, no. Estas cosas no, por favore.. " dijo.

"Nuestro benefactor común no se tomaría a bien estas desconfianzas"

30 abr 2005

Sesión Vigésimo Cuarta: Carnaval

La esperada noche había llegado: toda Venecia se había engalanado para recibir a su fiesta mas conocida: Carnaval.
Aquí y allá faroles de colores, máscaras y trajes de ensueño, carrozas adornadas, gondolas revestidas con sedas... Toda Venecia se preparaba para la gran fiesta.

En un carruaje, Michelle de Mauvernay contemplaba embelesada las plumas rojas y amarillas de su máscara: había escogido para la gran celebración de Lucio Giovanni un hermoso vestido en sedas vistosas del color del fuego, adornadas con plumas y rubíes, y bordadas con hilo de oro. La máscara, a juego, era el rostro de un ave de pico dorado y resplandecientes ojos de rubí.
Vincenzo iba sentado a su lado y la contemplaba embelesado, pues para aquella ocasión Michelle había decidido no ocultar su belleza y mostrarla sin recato alguno.

La fiesta se celebraba en un hermoso palacio cedido por el príncipe, y el Caronte que tallara recibía a los invitados en la entrada. Del interior surgía el rumor de las risas, el tintineo de las copas y una hermosa melodía que invitaba a bailar.
Nada más entrar, un sirviente les informó, discretamente, que en el sótano podían disfrutar de un "refrigerio".

Entraron de la mano en la fiesta y tomando una copa de un aparador, permanecieron a un lado de la zona de baile, contemplando a los invitados en sus máscaras danzando en un remolino de color. Lucio Giovanni se acercó a ellos para saludarlos personalmente, y de la misma manera dio la bienvenida a otros invitados ilustres, como Ambrogio Giovanni, que vestía ropas completamente blancas y una máscara inmaculada del mismo color, que llegó acompañado de un pequeño séquito de hombres y mujeres, todos vestido de negro y con un broche con la inicial de la familia Giovanni.

Trás él, llegó la sorpresa.
Con porte solemne, entraba en la sala Rodrigo de Lances.
Michelle apretó con fuerza la mano de Vincenzo junto a ella, pero sus uñas se hincaron en la carne cuando vio quién acompañaba a Rodrigo cogida de su brazo.
Si no hubiera sabido ella misma a ciencia cierta que era del todo imposible, puesto que era ella misma, Michelle hubiera jurado sobre el fuego que aquella mujer era la joven y delicada Loni de Lances.

No podía creerlo. Por supuesto, aquella mujer no era Loni ¡Ella era Loni! Y sin embargo era idéntica a ella misma antes de convertirse en Michelle. Un nombre acudió a su mente: Vykos, y cuando le vio aparecer en la sala, sus dudas se disiparon.
De modo que Rodrigo había "encargado" una nueva Loni... Aquello no olía bien.
Cuando llegó a Venecia, el príncipe de la ciudad le dijo que Rodrigo daba a Loni por muerta, de modo que aquella nueva Loni debió ser creada al identificarse Michelle como chiquilla suya... ¿Pero por qué una nueva Loni? Aquello era normal, le traería problemas, estaba segura, y sin embargo no podía desvelar su secreto revelandose como la auténtica Loni de Lances... Debía pensar. Debía hacer algo. Pero... ¿Qué?

Continuó charlando con Vincenzo mientras observaba la llegada de los invitados, y las sorpresas se sucedieron una trás otra: vestidos con sencillas máscaras, Lucía de Aragón y su inseparable Anatole entraban en la sala... y no solo ellos...
Con una sobria pero elegante máscara, y sin ningún otro disfraz, el buen Isaac cruzaba las puertas.
No podía creer - ni entender- que los hubieran reunido a todos aquella noche y en aquel lugar. Pero no todo era malo: habiendo tantas personas que la conocían como Loni, no debería ser demasiado complicado desvelar el engaño...
Acudieron muchos más ilustres invitados, cainitas y mortales, como miembros de la Familia Medici, que se presentaron ante Michelle con una profunda reverencia.

La fiesta transcurría plácida, pero la mente de Michelle no dejaba de pensar. Veía piezas del rompecabezas, pero no conseguía encajarlas e intuía que le faltaban algunas.
Cuando todos los invitados estuvieron dentro del salón -unos cien- Lucio Giovanni se dirigió a todos.
_ Bienvenidos a Venecia, amigos y amigas, invitados míos.-dijo, erguido orgulloso- Sabed que es un honor para mi teneros a todos y a todas presentes en este evento de esta noche. Y sabed también que esta noche, nuestro buen amigo el Señor Oscuro nos ha cedido este magnífico palacio. Por favor, un aplauso...- inclinó la mano hacia el príncipe de la ciudad y todos los invitados aplaudieron sonrientes.- El baile puede empezar. ¡Maestro, cuando quiera! - a un gesto suyo, la orquesta, que se habia detenido para dejarle hablar, reanudó su marcha.

Lucio tomó una silla de roble desde la que presidió el baile, y Michelle, cediendo al apuesto Vincenzo a una doncella enmascarada, recibió a Francesco, el comerciante genovés que se acercaba a ella acompañada por otro hombre enmascarado.
_ ¿Signora Michelle? Os presento a Luc, de quien os hablé...- dijo el hombre. Michelle frunció el hermoso ceño y Francesco recordó que no había dado ningun nombre durante su entrevista- Oh, perdón, creí que había mencionado su nombre. Luc, la Signora Michelle. Signora, el señor Luc.
_ Buenas noches, Señora.- dijo el hombre, y Michelle recordo que conocía aquel nombre... de Toledo... eljoven malkavian. Sin embargo no conseguía recordar su aspecto...
_ Enchantée, monsieur.- respondió realizando una grácil reverencia.- ¿Francés?
_ Sí, señora. Francés.-Luc tomó la mano pálida con suavidad y se la llevó a los labios, depositando en el dorso un beso.- Francesco solo me ha hablado maravillas de vos, creo que le tenéis completamente cautivado.
Michelle sonrió halagada y sonrió timidamente.
_ Me halagáis, monsieur. Siempre es grato encontrar a gente de la propia tierra.
Luc asintió.
_ Espero que Francesco os haya hablado de los servicios por los cuales necesito de vuestra pericia.- dijo. Michelle reprimió el impulso de fruncir el ceño. No le gustaba hablar de trabajo en los momentos de ocio. Asintió.
_ Así es, monsieur. Un busto de Nerón.- retiró un instante la máscara, levemente, y volvió a cubrise al segundo- Decidme ¿Pensáis quedaros mucho tiempo en la bella Venecia? Sería maravillos poder conversar con vos con más tranquilidad...
_ En verdad no mucho -respondió el hombre- aunque nunca se sabe a ciencia cierta y para mi seria un privilegio conversar con vos con mas tranquilidad. Lamentablemente mi antiguo tasador, sufrio un inconveniente por el cual no pudo viajar conmigo - Michelle pensó que se imaginaba el tipo de inconveniente, pero debía interpretar el papel de hermosa tonta- y al veros debo reconocer que me alegra no disponer de el en estos momentos, si no quizas no hubiera tenido la oportunidad de conoceros.
Michelle sonrió, aquel hombre parecía agradable... Si tan solo pudiera recordar al muchacho de Toledo...
_ Vuestro busto ya está listo, Monsieur.Tal vez querríais venir abuscarlo vos mismo, mañana.
Luc asintió cortesmente.
_ Será un placer.

Michelle sonrió sinceramente: ya tenía al primer invitado para el desenmascaramiento de la falsa Loni.
_ Debo atender unos negocios con los Giovanni,-dijo el hombre- quizá requiera de vuestra pericia para ellos. Pero por el momento os dejare disfrutar de la fiesta-volvió a tomar su mano para besarla con elegancia- hablar con vos ha sido lo mejor del dia.
_ Si está en mi mano ayudaros.- contestó ella con una reverencia cortés, y Luc se alejó mezclándose entre los invitados.

Michelle miró a su alrededor: La falsa Loni conversaba con Vykos y Lucio presidía el baile desde su silla de roble, y puesto que Vincenzo iba rodando de dama en dama, decidió acercarse a su anfitrión para tratar otros asuntos.
_ ¡Michelle! -saludó Lucio sonriendo ampliamente y poniéndose en pie para recibirla- Digo... ¡Signora Michelle! Espero que disfruteis de la fiesta.
Michelle asintió complacida.
_ Está resultando divina, signore.- se inclinó levemente a modo de saludo.- ¿Tal vez podáis ahora presentarme al joven Tonino?
Lucio abrió mucho los ojos un instante, con reconocimiento.
_ Claro, claro... Está arriba, ha venido con Ambrogino Giovanni. Subid arriba y decidle que venís de mi parte.- Luc se acercó a ellos justo cuando Michelle se alejaba, y aun pudo oir como se presentaba.

Arriba el sonido llegaba amortiguado. El suelo enmoquetado y las paredes de terciopelo retenían las risas y la música dando a todo un aspecto más apacible.
Un hombre vestido de negro señaló una puerta cuando preguntó por Ambrogino y trás llamar discretamente, abrió y entró.

En el interior, Ambrogino conversaba con el buen Isaac, y con ellos había un joven, que imaginó que sería Tonino, y dos mujeres.
Ambrogino se puso en pie al verla entrar. También lo hizo Isaac: parecía cansado y tenía los ojos tristes...
_¿Perdón? Esta es una sala privada.- dijo Ambrogino
_ Buenas noches, signores.- dijo la hermosa con una reverencia.-Me envia il signore Lucio.
_ Buenas noches, señora.- fue el saludo cortés de Isaac.
Ambrogino asintió con reconocimiento.
_ Lucio... Acercáos. ¿Con quién tengo el placer de hablar?- Michelle se adelantó unos pasos y saludó a Isaac con una leve inclinación de cabeza.
_ Madame Michelle de Mauvernay, para serviros.- se dirigó a Ambrogino- No deseo interrumpir vuestros asuntos, señores. Pero si podeis prescindir del joven Tonino, me agradaría charlar con él...
Ambrogino asintió.
_ ¡Ah! Si... Michelle de Mauvernay. Tonino, levantate.- El joven se puso en pie.- En la sala de al lado hay un privado. Por favor, Tonino, ¿acompañas a la Signora?- el muchacho asintió y, abriendo la puerta para permitir que Michelle saliera, ambos se marcharon de la habitación.

La habitación de al lado era pequeña y estaba decorada con gusto. Tonino, que no tendría mas de doce o trece años, la hizo pasar con la cortesía de un pequeño hombrecito y ambos tomaron asiento.
_ Bien, Tonino...- comenzó Michelle con voz dulce, acomodando su vestido- Tu tío me enseñó tus dibujos... - el muchacho parecía nervioso y Michelle imaginó que se debía a que no estaba acostumbrado a tratar con alguien como ella.
_ Así es...- carraspeó- Me gusta dibujar. El tío Lucio dice que tengo talento.
_ Y así es, Tonino - asintió Michelle con amabilidad- . Los dibujos que vi eran excepcionales. Estás dotado para el dibujo ¿Has probado a pintar en lienzo?
_ La verdad es que no- respondió el chico mirando a suelo- solo carbón.

¡Oh! ¡Había tanto... tanto potencial...!

_ Bien Tonino ¿Te ha dicho tu tió quien soy y por qué deseaba que hablaras conmigo?
El muchacho asintió timidamente.
_ Así es... ¿Querréis hacerme alguna prueba, o algo así? He traido mis cosas de dibujar. Las tengo en el armario.
_ ¡Oh!-exclamó Michelle llevandose una mano al pecho- ¡Qué apropiado! ¿Querrías tú dibujar para mi, Tonino?
EL muchacho se puso en pie y se dirigió al mueble del lateral.
_ ¿Qué quereis que dibuje...?- dijo, abriendo el armario.
Michelle se recostó sobre la silla.
_ Dejaré que dibujes lo que quieras. Para ver tu talento, no deseo ponerte limites: Sorpréndeme.

Tonino sacó pergamino y carbón y se sentó para comenzar a dibujar, no sin dejar de mirarla cada cierto tiempo. Un retrato... que muchacho tan encantador...
Tardó un poco, pero cuando terminó y tendió el pliego hacia ella, Michelle pudo ver que había inmortalizado su efigie, con el disfraz, pero con un aire algo sombrío...
_ ¿Os.. os gusta, señora?-preguntó inseguro.
Michelle estudió el dibujo.
_ ¿Tan oscura me ves, Tonino?
El chico frunció el ceño sin entender la pregunta.
_ ¿Oscura, signora?- parecía preocupado.
Michelle sonrió tratando de resultar conciliadora.
_ Me gusta, Tonino, me gusta mucho... pero creo que deberías tratar de captar mejor la energia de las personas en los retratos.- dijo- Tengo maestros que pueden enseñarte, si lo deseas.
Tonino sonrió sinceramente, pero su sonrisa era sombria, la sonrisa de un alma atormentada.
_ ¿Me acogeréis?- preguntó con el alma en vilo.
_ ¿Deseas que te acoja?- fue la respuesta de Michelle. El muchacho asintió vehemente.- Hay muchos muchachos como tú.- El chico parecía entusiasmado.- Perfecto entonces, Tonino. Hablaré con tu tío para decidir los detalles.- Tonino se levantó y se dirigó a la puerta.- Ah... hazme un favor, Tonino. Cuando hables con tu tío, comentale que Monsieur Luc me encargó un busto.
Tonino asintió y se marchó corriendo escaleras abajo.

Michelle salió trás él, justo en el momento en que Isaac abandonaba la sala en la que le había encontrado. Tenía mal aspecto y, aunque seguía recordando su vida en Girona como una espina clavada en su corazón, quería saber del pobre buen Isaac. Le llamó discretamente y él pareció no saber que se dirigía a él, hasta que al final, viendo que no podía dirigirse a nadie más, se detuvo a esperar que le alcanzara.
_ ¿Deseais algo, señora?-preguntó cortesmente.
Michelle sonrió con todo su esplendor.
_ ¿Vos sois al que llaman Isaac de Girona, signore?- Isaac asintió.
_ Así es, señora, un placer veros de nuevo.- besó su mano- ¿Cómo habéis sabido mi nombre?
_ ¡Oh...! Escuché cuando os anunciaron en la entrada, signore.- dijo, quitandole importancia- ¿Es la primera vez que venis a Venecia?
_ Así es, nunca había visitado la ciudad.- era extremadamente cortés y amable, pero se le veía abatido.
_ ¿Y os gusta Venecia? A mi me encanta.- un par de hombres pasaron junto a ellos en dirección al salón.
_ No he tenido tiempo para visitarla, usted regenta una academia según me han dicho, ¿no es así? - Ah, pobre y buen Isaac... sabía que eso te gustaría...
_ Sí, signore.- contestó con sencillez.- Enseño a algunos pequeños en mi casa.
Isaac le ofreció un brazo elegante.
_ ¿Queréis que regresemos a la fiesta? Vuestra ausencia no pasará desapercibida.
Michelle bajó la mirada con timidez y aceptó el brazo.
_ Oh, por supuesto, Signore. Estaba charlando con un futuro alumno, pero ya es hora de regresar.
_ Tonino ¿No es así? Buen pintor por lo que le he oido a Ambrogino.- Michelle asintió mientras comenzaban a caminar en dirección a la escalera. El contacto de Isaac le reconfortaba, y al mismo tiempo, le ardía en la piel. Pero no podía demostrarlo, debía ser la hermosa tonta... ya llegaría el momento de rebelarlo todo...
_ Asi es, signore. Tiene una mano excepcional para el dibujo.
_ Y contadme: habréis necesitado de grandes recursos, y encontrar buenos profesores. ¿Como ocultais vuestra condición?
Michelle sonrió animadamente, comenzaron a bajar los escalones, despacio, del brazo.
_ Oh... El dinero consigue muchas cosas, signore. Y frente a él los hombres se muestran... dóciles.- miró a la gente que bailaba en el salón, que empezaba a aparecer bajo sus ojos.
Isaac sonrió amablemente.
_ Imagino que vuestra belleza también habrá tenido algo que ver...- dijo suavemente.
Michelle bajó la vista, halagada. Después de tanto tiempo, era la primera vez que Isaac la llamaba "hermosa", aunque no fuera ella, aunque tuviera otro rostro...
_ Me halagais, signore, sin embargo he de reconocer que sí, tal vez goce de un poco de ventaja en ese sentido- sonrió con timidez- Pero decidme ¿Qué haceis tan lejos de Aragón?
_ Me han traido asuntos comerciales, negocios - En aquel momento se acercó a ellos Luc, que volvió a besar su mano con elegancia.
_ Al fin vuelvo a veros,-Michelle intuyó una tímida sonrisa a través de la máscara- la sala no era lo mismo sin vuestra presencia.

La dama sonrió.
_ Sois muy gentil, monsieur.- se volvió y presentó a Isaac.- Luc, os presento a Isaac de Aragón. Signore Isaac, este es monsieur Luc.
Ambos hombres se saludaron con una leve inclinación de cabeza. Michelle sonrió para sí: había juntado a las dos primeras piezas de lo que esperaba, comenzase a perfilarse pronto como un plan.
_ Buenas noches - dijo Isaac con cortesía- Creo que nos conocemos...
Luc asintió.
_ Si señor, creo que nos conocemos pero hace mucho de eso y tampoco estoy muy seguro... El tiempo hace que uno se vuelva olvidadizo.- Isaac asintió, confirmando sus palabras.
_ Fue en Toledo ¿no es así?-inquirió- aunque tan solo coincidimos una noche...
_ Si, teneis razon. Solo fue una noche, aunque aquella noche fue bastante entretenida,¿no creeis?
Michelle abrió mucho los ojos y fingió sorpresa, como si aquel encuentro fuera terriblemente curioso
_ ¿Ah, os conocéis entonces?- exclamó, juntando ambas palmas de las manos- ¡Qué mundo tan pequeño!
Isaac asintió.
_ Así es, coincidimos durante una apasionante velada. Lo que me recuerda...-miró a su alrededor, hacia donde la falsa Loni se dirigía- si me disculpan tengo que ir a comprobar un asunto. Un placer volver a veros Luc y uno aun más grande el conoceros, señora.- se despidió con una reverencia cortés y desapareció entre los bailarines.

Sí... Iba a buscar a la falsa Loni... Rogó a Dios para que descubriera el engaño.

"No me falles, mi buen Isaac. Tú conoces a Loni mejor que nadie..."

19 abr 2005

Sesión Vigésimo Tercera: Nerón

La vida en Venecia era plácida y tranquila. Su tiempo transcurría como un río apacible entre sus esculturas, numerosas cenas en las que vendía sus obras y a las que asistían tanto cainitas como mortales, y su vida con Giulianno Médici, que desde que fue vinculado, la veneraba casi con un fervor religioso y lo único que le situaba por encima de los demás mortales era que encarnaba su conexión con la fortuna y el renombre Medici. Era, por tanto, un agradable animal de compañía, pero un animal de compañía útil, y eso le hacía contemplarla con un deje de cariño. El cariño que se siente por un perro especialmente listo.
No se interesó por la vida cainita en la ciudad más que en su faceta social, pues deseaba ser, si no respetada, al menos no molestada por el resto de vampiros, y por esta razón decidió agasajarlos, tallando esculturas para ellos. Para los ventrue, regios caballeros, reinas poderosas de mirada inteligente... Para los tremere, figuras quiméricas que provocaban escalofríos...
De esta manera, nadie consideró a la Signora Michelle de Mauvernay más que una hermosa tonta que en nada pensaba más que en su arte. Y aquello era justo lo que pretendía.

Contrató para su hogar doncellas y caballerizos que vivirían en la casa, así como un chambelán llamado Jesu y un ama de llaves, Rosanna, que se encargaban de administrar la casa cuando su señora no estaba, y contrató guardias que custodiaran su casa. Sin embargo, no debía descuidar a los mortales que podían, si prestaban la suficiente atención, descubrir que no envejecía lo más mínimo, que ninguna arruga surcaba el rostro perfecto... Es por ello que usó sus artes para hechizar a todo el que la contemplaba y que olvidaran en el instante aquello que levantaba sus sospechas. De esta manera, en su hogar, todos adoraban a la Signora Micaela, y nadie dudaba o sospechaba de su extraña naturaleza.

Decidió de todas maneras que, de ser necesario, usaría el arte que Vykos le enseño para dibujar en su rostro los signos del tiempo, que, por suerte, no durarían a no ser que lo deseara.

No quería ser confiada, de todos modos, de manera que durante un tiempo viajó por Italia con la excusa de inspirarse pero con la meta real de encontrar un hombre fuerte, diestro con las armas y a ser posible, no necesariamente estúpido.
Buscaba, aunque no quisiera reconocerlo, el tipo de hombre que había sido Talbo antes de su Abrazo: un buen estratega, una mente rápida y unos brazos fuertes.
Así encontró a Vincenzo.

En la pequeña ciudad costera de Bari, al sur de la península, encontró a un hombre joven, de no más de tres décadas, de aspecto fuerte y atractivo que jugaba al ajedrez en la terraza de una cantina contra un viejo decrépito. Por supuesto, lo que primero llamó su atención fue su hermosura, su perfil de busto griego, el cabello oscuro que se enroscaba en su frente, el gesto pensativo con la barbilla apoyada contra el puño...
Era hermoso, tan hermoso como las esculturas que tallaban los artistas griegos y romanos en siglos pasados.
No fue dificil convencerle, sin embargo, para que posara para ella en una escultura.
Pasó en Bari varias semanas, las necesarias para esculpir a la perfección aquel gesto, y cuando no esculpía, se dedicó a observar al joven Vincenzo.

Era culto: hijo de una familia acomodada, había aprendido a leer y a escribir, y pasaba largas horas enfrentándose a su maestro, el viejo que siempre veía en el pórtico. Había llegado, por los murmullos del viejo que podía escuchar desde el otro lado de la plaza, que el joven había llegado a igual a su maestro, lo cual llenaba al buen hombre de orgullo.
Vincenzo era el segundo hijo de su familia, y por tanto, estaba destinado a entrar en el ejército, pero, siguiendo el ejemplo de su abuelo, que había sido un importante comandante, se había propuesto desarrollar tanto su intelecto como su cuerpo.
Entrenaba largas horas, cuando no jugaba al ajedrez, con una espada y su peto, y sabía también tirar con arco.
Se reveló entonces Vincenzo como un hombre con la cabeza bien asentada sobre los hombros, orgulloso de su razocinio y de no ser una bestia bruta como otros, y de no dejarse alejar nunca de sus obligaciones.
Era justo lo que estaba buscando.

No fue complicado. Ella era hermosa como un ángel, y él era joven, que aunque inteligente, no dejaba de tener sangre en las venas e impetu en el pecho.
Le convenció para que posara en otra escultura y él aceptó.
Las sesiones comenzaron siendo cortas, pero con el tiempo, Vincenzo comenzó a relegar un poco las clases de lucha y las partidas de ajedrez. La mirada de Michelle encendía en él un sentimiento que no había conocido. No era deseo, aunque si que lo sentía cuando recorría con la mirada el cuerpo perfecto, era... algo extraño.
Comenzaron entonces a charlar y Vincenzo descubrió que aquella mujer no era solo hermosa, sino intrépida y culta, y que disfrutaba de su compañía.

Una cosa llevó a la otra y el día que la tocó por primera vez, el día que rozó su brazo, se inflamó en él el deseo y, llevándola en brazos hasta el lecho, la depositó sobre las sábanas de seda, la roja cabellera derramabada sobre la almohada, y la amó hasta el amanecer.
Con el tiempo, Vincenzo fue enamorandose poco a poco de aquella misteriosa mujer a la que jamás podia visitar durante el día. Todo era perfecto y Michelle estaba satisfecha porque había encontrado lo que había ido a buscar, hallando con él un amante entregado. Había además en él un extraño sentimiento de culpa que lo desconcertaba, por olvidar sus tareas solo por estar en brazos de una mujer...

Siguiendo su plan, procedió Michelle a verter vitae en su copa durante tres noches seguidas, y cuando el vínculo fue completo, se rodeó de un halo de encantamiento y le confesó lo que era. Como esperaba, Vincenzo aceptó lo que oía y le juró amor y devoción eternos más allá de las sombras.
Desde aquel día, llenó su boca de vitae con un beso sangriento, que él aceptaba ávido.

Había creado un Ghoul.

Regresaron entonces a Venecia y Michelle decidió también, ya que nunca sabía en qué podía verse, tomar de sus arcas el dinero suficiente para comenzar una nueva vida con comodidades tales como un carruaje, un cochero, guardias, doncellas, un chambelán y una casa lo suficientemente grande, e ingresar aquella cantidad en uno de los poderosos bancos Venecianos, aunque contempló la posibilidad de enviar también la misma cantidad a alguna otra ciudad... por si acaso...

Compró también, para no pasar tanto tiempo en Venecia y evitar los problemas derivados de establecerse en un lugar concreto por demasiado tiempo, una bella casa de campo en el Livorno, en la bella Toscana: Un caserío encalado y situado cerca del mar, con establo y un pequeño molino de agua, para el que contrató tambien unos caballerizos, tres doncellas y un ama de llaves para gobernarlas, así como un chambelán que supervisara todo cuando no estaba y se ocupara de tenerlo todo listo si había noticias de su regreso.

Cada cierto tiempo, Michelle y Vincezo abandonaban Venecia dejando la casa a cargo de Jesu y Rosanna, y viajaban hasta el Livorno, donde pasaban plácidas temporadas.

La vida no podía ser más perfecta.

Sin embargo, tenía Loni un proyecto en mente, que, aunque no tenía ninguna utilidad, la satisfacía, de manera que cuando regresaron a Venecia, Michelle se presentó ante el príncipe de la ciudad y le describió su idea. El lasombra, divertido por los juegos de aquella mujer, que se divertía con los mortales, no puso ningún inconveniente.
Michelle hizo entonces llamar a su casa a profesores de todos los campos: profesores de historia, de latín, de álgebra y geometría, de arte y astronomía, de canto y de instrumento y les invitó a colaborar en su proyecto.

Siendo como era, les explicó, una joven viuda que no había tenido hijos, sentía el tierno deseo de ofrecer a otros niños lo que hubiera hecho por los suyos. Manifestó entonces el deseo de acoger niños en su hogar, a modo de discípulos, y que deseba instruirlos para que en el futuro, fueran gente cultivada y sabia.
Conmovidos, todos los maestros aceptaron y Michelle les prometió a cambio un sueldo que jamás habrían soñado en ninguna de las escuelas de Italia.
Les convocó a todos para que acudieran a su casa pasadas tres lunas, momento en que los niños llegarían a su casa, y les pidió con amabilidad -y un toque de sus artes- que no hablaran con nadie de aquel proyecto, pues pensaba presentarlo en sociedad más adelante.

Tres noches después de que los maestros hubieran abandonado la casa con los pequeños sacos repletos de plata, Michelle, acompañada de su amante y sirviente Vincenzo, abandonó Venecia en busca de sus pequeños discípulos. Buscaba niños, niños hermosos, y que no parecieran irremediablemente estúpidos.

Viajó por toda Italia, escoltada por el fiel Vincenzo, y encontró en su camino lo que buscaba. A los pequeños Angelo, Mario y Carlo, los sacó de un pobre orfanato de Roma. Angelo, de doce años, y Carlo, de siete, eran hermanos, según le habían dicho en el orfanato, y Mario, el más pequeño, de tan solo cinco años, había demostrado una habilidad sorprendente con el carbón en los lienzos viejos, creando imágenes sorprendentes.
Pagó al orfanato el precio por los tres niños, y los envio a Venecia con una nota dirigida a Jesu, con órdenes de limpiar y asear a los niños, así como darles de comer y vestirles con buenas ropas y asignarles el gran dormitorio con diez camas que había habilitado en la casa.
En Nápoles, decidió descargar familias humildes de niños de los que no se podían ocupar, y de esta manera pagó por Lucio, Antonio, Alberto y Julio, enviándolos a Venecia con idénticas instrucciones para Jesu y Rosanna.
Más al sur, en Salerno, procedió de igual manera con dos pequeños gemelos a los que habían llamado en un ataque de originalidad, Rómulo y Remo. Con ellos, adoptó también a dos pequeños de seis y cinco años: Lucas y Mateo. Los pequeños viajaron a Venecia y fueron recibidos por Jesu y los demás niños.

El último niño fue Pietro. Tal vez fue su nombre,de tantos modos afin a ella, o tal vez fue el rostro de gesto solemne, o los rizos cobrizos, o tal vez la manera en que la miraba... O tal vez fueron las figuras de madera que había tallado con un cuchillo, creando de la nada animales fantásticos... Tal vez fue todo eso, tal vez no fue nada, pero en cuanto le vio con aquel aire meditabundo, con aquel rostro de ángel, decidió que aquel niño debía ser suyo.

Pietro era el tercer hijo de una familia acomodada de Catania, destinado desde su nacimiento a entrar en la Iglesia. Michelle no había podido evitar sonreir al oir aquello, y se reafirmó en la idea de arrebatar al Falso Dios un ministro para ponerlo a su servicio.
Se presentó ante la familia y usó su arte para converncerla de que el niño debía partir con ella.

Ya tenía todo lo que necesitaba: doce apóstoles.

Volvieron a Venecia entonces, donde al llegar, Michelle comprobó que se habían obedecido sus órdenes y que los niños la esperaban en el gran salón, limpios, alimentados y bien vestidos, todos en una fila. Pietro los observó con los ojos muy abiertos y fue invitado a unirse al resto de los niños.
Utilizó con ellos aquel hechizo que podía invocar, y los niños pasaron a contemplarla con veneración.

Tomó su tiempo entonces para hablar con todos, para explicarles lo que iba a ser de ellos. Deberían asistir a las clases que impartirían los maestros en aquella misma casa. A cambio, serían vestidos y bien alimentados, y dispondrían de dinero de bolsillo para los dias de mercado, días en que Rosanna y uno de los criados, irían a hacer las compras, dejando que los niños les acompañasen.

Tomarían clases con los maestros y aprenderían latínm álgebra, historia y otras disciplinas. Aprenderían también a cantar y a tocar un instrumento, y en algunas ocasiones, ella misma instruiría a aquellos que demostrasen ser alumnos responsables y dedicados, el arte de la escultura.
Les explicó que cada cierto tiempo, celebraba fiestas en la casa, cenas a las que asistían ilustres invitados. Se les permitiría contemplar el inicio de la fiesta desde la escalinata, todos en formación y sin hacer ruido, y a los mayores, Pietro, Lucio y Angelo, se les permitiría incluso tomar una copa de vino. Después de aquello, y trás haber saludado a los invitados, deberían subir a acostarse.
Sin embargo, ella misma no podría estar con ellos todos los días, pues importantes asuntos la reclamaban en otros lugares, pero les prometió que trataría de volver todas las noches para pasar algunas horas con ellos.

Los niños asintieron con los ojos brillantes de emoción y Michelle sonrió complacida.
Ahora que estaban limpios y radiantes, podía apreciar la belleza de todos ellos.
Los admiró largo rato mientras cenaban: eran como doce querubines que reian ante la suerte que se les presentaba.
Una escultura comenzó a forjarse en su mente. Sería deliciosamente escandaloso...
Sonrió.

En los meses que siguieron, comenzó a destinguir el talante de cada uno.
Frente a la solemnidad de Pietro, que pasaba largas horas contemplando las esculturas que adornaban la casa con aire meditabundo, disfrutaba con la vivacidad de los más pequeños, Mario, Lucas y Mateo, que alborotaban en los pasillos cuando pensaban que la Signora no podía oirles. El rubio Lucio resultó ser un maravilloso orador, y enseguida hizo buenas migas con el único de su edad, Angelo. Este, sin embargo, se veía seguido a todas partes por su hermano Carlo y tenía que dejar algunas de las actividades más emocionantes a causa de su hermano. Es por ello que empujó con benevolencia al pequeño Carlo para que entablara amistad con los gemelos, Rómulo y Remo, y pronto comenzó a verse a los tres como amigos inseparables.
Por su parte, Antonio, Alberto y Julio, que ya eran amigos cuando fueron adoptados, no sintieron ningun tipo de reparo en trasladar su cordialidad a aquel nuevo y lujoso escenario y en extenderlo al resto de sus compañeros. Todos fueron amigos, los mayores cuidaban de los más pequeños, como si fueran hermanos.
Y todos, absolutamente todos adoraban a la Signora Micaela y esperaban con impaciencia el crepúsculo en que aparecía en lo alto de la escalera, radiante como una aparición divina.

Y la vida en Venecia continuó siendo plácida y perfecta.
Sin embargo, cuando todo era tal y como lo deseaba, surgió en ella un anhelo y una palabra resonó en su mente: Lisboa.
Le llevó algunos meses, pero al fin encontró a Talbo. Como dijo en su carta de amenaza, estaba al servicio de un tal Sancho, príncipe de Lisboa, como guardaespaldas. Por lo que pudo saber Michelle, Sancho tenía fuertes conexiones con la nobleza, y aunque no tenía muchos enemigos, parecía hombre celoso por su ciudad, no solo con los extranjeros sino con todo aquel que no tuviera sangre brujah.
No pudo evitar sonreir con ironía cuando descubrió esto: no habría esperado otra cosa de Talbo.

Y en aquella plácida existencia vivía Michelle de Mauvernay, rodeada de lujo, de escultura y de sus jóvenes discípulos, abandonando Venecia cada cierto tiempo para viajar por Italia o para vivir durante algunos meses en la casa de la Toscana.
Y siempre que regresaba a Venecia, pedía a Jesu y a Rosanna que le contaran como se habían portado los muchachos, hablaba con los profesores sobre su evolución y charlaba con los niños mismos y les premiaba si habían sido buenos estudiantes, y los copaba de regalos traidos de sus viajes.

Una noche, mientras disfrutaba de una charla sobre Platón con Lucio, ante los oidos maravillados de sus compañeros, Jesu anunció un visitante y Michelle, con un gesto de cabeza, le indicó que lo hiciera pasar.
Los niños ya sabían lo que debían hacer, y con una reverencia (y un beso lo más pequeños)se retiraron escaleras arriba hacia su dormitorio.

Cuando los niños se hubieron retirado, Jesu hizo pasar al visitante al salón.
Se trataba de un mercader genovés, llamado Francesco, que deseaba hacer un encargo, habiendo oido maravillas de la Signora Micaela. Vestía unas calzas de terciopelo y un elegante jubón de piel ribeteada con armiño; aquello, junto a una obesidad completamente antiestética, evidenciaban un cierto posicionamento económico.
_ ¡Ah! ¡La Signora! - exclamó, llevandose el blanco dorso de la mano a los labios. Depositó un beso cortés y cuando se incorporó, la papada tembló desagradablemente- Es un placer conoceros...
Michelle le saludó con una leve inclinación de cabeza y trás retirar Jesu su levita y su sombrero, pasaron a una sala más pequeña, decorada toda en madera tallada.
Tomaron asiento en unas cómodas butacas de terciopelo y enseguida apareció Jesu portando sendas copas de vino especiado, depositándolas a continuación en la mesa baja que había entre sendos asientos.
_ Vos diréis, signore.- dijo Michelle con una sonrisa cortés.
El mercader se acomodó en el asiento.
_ Tengo un cliente, mi Signora, que está buscando algo muy especial -dijo. Michelle asintió- Es un nostálgico de la tierra, y le encanta el arte romano... Pero el mármol de Roma ya no brilla con esplendor. Y mi cliente querría algo especial. Algo... Un busto. De Nerón.
Michelle volvió a asentir.
_ Y ¿Quién es vuestro cliente, signore?
_ ¡Ah!- suspiró Francesco- Prefiere permanecer en el anonimato... aunque pagará con generosidad.
Michelle se reprimió para no alzar una ceja. No pensaba dejar una de sus queridas esculturas en manos de alguien que se ocultaba, de manera que, sin ninguna dificultad penetró en su mente.

La mente de Franceso... ¡Ah! Era divertido ver como algunos cainitas hacían ghoul a alguien así. Buscó la imagen de su regente, pero parecía borroso incluso allí. Tampoco parecía estar seguro de si era hombre o mujer, joven o anciano. Aquello no le gustó lo más mínimo. Instintivamente se llevó la mano al pecho, donde, imitando a Anatole, había ocultado la moneda, debajo de la piel.

_ Un busto de Nerón entonces ¿No, Signore?- inquirió, saliendo de su mente. Franceso asintió.
_ He oído decir que hay bustos suyos, pero están en mal estado. Mi señor desea que hagáis uno fidedigno.
Michelle volvió a bloquear su ceja. ¿Cómo pretendía que hiciera un busto fidedigno si no había conocido a Nerón personalmente?
_ Y ¿donde he de enviar la escultura una vez terminada?
Francesco negó con la cabeza.
_ Decidme cuándo pasar a recogerla, y será un hecho.-dijo- Puedo pagar diez ducados de plata ahora, y el resto que acordemos en la entrega.
Michelle tomó un sorbo de su copa: aquella suma le permitía pagar diez veces el coste del mármol.
Preguntó entonces si acaso tenía alojamiento en la ciudad y el mercader asintió. Tenía una habitación en cierta posada de rojas paredes de terciopelo.
_ Os haré llegar un mensaje entonces, cuando podáis venir a buscarla, signore.
_ Si lo necesitais, sé de gente en Venecia con bustos de Nerón originales - contestó él, al tiempo que asentia- Aunque siendo estatuas, no creo que necesiteis de mi...
Era cierto: uno de los Medici tenía un original en su casa y lo cuidaba como oro en paño.
Acordaron entonces el precio y Francesco le entregó los diez ducados antes de marcharse.

En los días que siguieron, Michelle visitó a los Medici y contempló largamente el busto de Nerón y dibujó bocetos para la escultura. De todos modos, debía memorizar no solo los rasgos y los ángulos, la tersura de la piel o sus arrugas. Debía memorizar el gesto, el sentimiento que le inspiraba al contemplarlo.
Y a los dos días de la visita de Francesco, Jesu depositó una carta lacrada en el escritorio de Michelle.

La enviaba Lucio Giovanni, un conocido de la familia Giovanni que vivía en Venecia y, curiosamente, deseaba un busto de Nerón. Acordaba pagar casi el doble de lo acordado con Francesco y solicitaba una pronta respuesta. Normalmente, Lucio usaba a sus apoderados para los asuntos de negocios, y el hecho de haberse dirigido a ella personalmente por carta era un gesto a tener en cuenta.
Después de releer varias veces la carta. Loni la depositó sobre la mesa y cruzó las manos sobre el regazo. Obviamente aquello no era algo normal y se preguntó si acaso alguien había averiguado quién era y la relación que tenía con el Dracon....
Decidió hacer una pequeña "visita" a Lucio Giovanni: subió al dormitorio y, velada por Vincezo, abandonó su cuerpo y sobrevoló Venecia en dirección a la mansión.

No tardó demasiado en llegar al Lido, cerca de Venecia. Según se acercaba, percibió una sombra siniestra que crecía cuanto más cerca estaba; la casa se veía oscura y aterradora en el plano astral y cuanto más se acercaba más se acrecentaba la sensación de que no debía entrar en aquella casa de aquella manera. Sintió un astral escalofrío y, trás pensarlo un instante, regresó a su cuerpo.
Avisó por mensajero entonces a Lucio Giovanni de que deseaba hacerle una visita, y recibió rápida respuesta, asegurando que podría recibirla la noche siguiente.


La noche siguiente, cuando abrió los ojos, vio al apuesto Vincenzo inclinado sobre la cama, a punto de besarla, de modo que le rodeó con ambos brazos y dejó que sus labios recorrieran su rostro y su cuello con los ojos brillantes de adoración.
_ He de salir -dijo al cabo de un rato, mientras se recomponía las ropas.- Necesitaré mi caballo.
Vincenzo frunció el ceño.
_ ¿No quieres que te acompañe?-preguntó incorporándose. Le invadía una extraña inquietud cada vez que ella se alejaba, cada vez que se marchaba sin escolta. Sentía miedo, terror ante la sola idea de perderla.
_ No, es tan solo una visita de cortesía, mon chère.- agitó la cascada de rojos tirabuzones y le acarició el rostro- He de visitar a Lucio Giovanni.
Vincenzo se apoyó contra la puerta, impidiéndole el paso.
_ No me gusta que salgas sola.- Michelle alzó una ceja inquisitiva y Vincenzo, bajando la mirada, se apartó de la puerta y dejó que saliera, perdiendo la mirada en el artesonado del techo, oyendo los pasos leves en las escaleras de mármol.

Echó la cabeza hacia atrás hasta que golpeó la pared y suspiró, pasandose las manos por el cabello revuelto. Entrelazó los dedos sobre la coronilla y permaneció así un instante, mientas la escuchaba ordenar a Jesu que enviara un mensajero a casa de Lucio Giovanni anunciando su visita y que el caballerizo ensillara su caballo.
Casi sin quererlo, la visión de Michelle montada sobre su palafrén blanco inundó su mente como una epifanía sublime.
Maldijo en voz baja. No podía recordar en qué momento había perdido todo el autocontrol por aquella mujer... Y sin embargo, no deseaba por nada del mundo que fuera de otra manera. No quería imaginar su vida sin ella ni recordar su pasado antes de conocerla...
Oyó cerrarse el gran portón de la entrada, y en seguida el trote acompasado de Odiseo alejándose calle abajo. Solo entonces se permitió correr a la ventana para ver como la figura de ensueño que era Michelle montando su palafrén blanco desaparecía entre las calles, sumiéndolo en una oscuridad obsesiva.

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Los sirvientes de Lucio Giovanni la recibieron con una reverencia y enseguida un caballerizo tomó las riendas de Perseo y lo llevó a los establos. En la entrada fue recibida por Giacomo Giovanni, apoderado de Lucio, que la hizo pasar al interior.
_ Ah, la Signora Michelle...-dijo, mientras retiraba el manto de sus hombros y lo entregaba a una sirvienta- He oído excelencias de vos. Il Signore Lucio os espera, si me acompañáis...
Era Giacomo un hombre joven, vestido con elegancia, y llevaba colgada al cinto una hermosa espada de aspecto afilado, que la guió por los laberínticos pasillos de la casa hasta llegar a un sobrio salón, en el que esperaba Lucio.
Al verla aparecer, el Giovanni la recibió con una sonrisa.
_ Ah, bienvenida a mi morada.-dijo con cortesía, indicandole un asiento- Por favor, sentáos. ¿Un refresco?- Una muchacha joven dio un paso al frente a un gesto suyo, pero Michelle rechazó con cortesía la invitación. Lucio se encogió de hombros- Vaya... En fin, no será cuestión de desaprovechar la cata...
Se acercó a la muchacha y clavó los colmillos en la carne tierna del cuello, arrancándole un grito de dolor. Con un gesto rápido le tapó la boca y bebió. Michelle contempló la escena impasible, y cuando la muchacha, mareada se despidió, apenas se dignó a mirarla.
_ Supongo que venís por mi encargo.-dijo al fin Lucio, limpiándose los labios con un pañuelo.
Michelle asintió
_ Así es, Signore. Deseaba concretar con vos algunos detalles de la escultura.

Lucio sacó unos pergaminos con una serie de bocetos y se los tendió.
_ Ya... Aquí os he preparado algunos bocetos de algunas estatuas de Nerón.
Michelle los tomó y los estudió con atención. Estaban dibujados con mano diestra, claros y concisos.
_ ¿Los habéis dibujado vos, signore? - dijo al fin, admirada- No sabía que tuvierais mano para el dibujo...
_ ¡Oh, no!- negó con una sonrisa- Las cosas hay que hacerlas bien. Un primo segundo mío es ducho. Tiene quince años. ¿Quizás os interese acogerlo?

Iba a responder que no: no deseaba tener como discípulos niños mortales relacionados con cainitas, pero no quiso ofender a su anfitrión.
_ Oh, ahora mismo creo que con mis pequeños discipulos tengo agotados a los maestros, pero tal vez más adelante...- dijo con una sonrisa cándida- o si resulta ser un joven prometedor...
_¡Es prometedor!- exclamó con orgullo paternal Lucio- Su academia es la mejor. Y él tiene talento. Podríamos pagar bien... Podría ampliar su mecenazgo...
Michelle sonrió.
_ Presentadme al muchacho entonces, signore. Veré si puedo abusar un poco de la benevolencia de mis queridos maestros.
Lucio se puso en pie y le ofreció el brazo.
_ Será un placer. Permitidme mostraros mi casa. Vuestro buen gusto empieza a ser legendario en Venecia, y me gustaría sugerencias para la decoración...

La casa de Lucio era en realidad una gran mansión, y la riqueza de la familia ere evident; y pese a ser capadocios - Loni no podía evitar un estremecimiento al recordar los rostros capadocios que había encontrado en su camino- su rostro no tenía el aspecto apergaminado, ni resutaba especialmente insalubre. Un sobrio blanco mármol era como mejor podía definir su piel. Y, a parte del dinero, no parecían tener muchos más intereses.
La mansión estaba decorada sobriamente con piedra y ricos brocados de colores oscuros, lo que daba a todas las estancias una apariencia solemne y gris. Inmediatamente sintió que faltaba energía en aquella casa, luz, sonido, movimiento...
A la sensación de desasosiego que inspiraba la casa - acrecentada por el recuerdo de su siniestro aspecto en el plano astral- se unía el murmullo casi imperceptible que venía de algún lugar que no podía definir... Buscó cainitas ofuscados, y aunque no encontró a nadie, sabía que no estaba sola con Lucio en aquellos pasillos.
Reprimió un escalofrío y continuó caminando: no quería revelar sus poderes a nadie, era mejor seguir pareciendo tonta y débil.

Mientras Lucio avanzaba, quejándose del mal gusto de su predecesor, Michelle comenzó a perfilar en su mente ideas para aquella casa, ideas acordes con los gustos de Lucio, con su clan... Casi sin querer, su mente se llenó de mitología. Visualizó un rio lleno de luces fantasmagóricas, y un barquero...
_ Veo un Caronte, Signore. Un barquero surcando un rio artificial que atraviese la casa...- Lucio sonrió ante la evocación de Caronte.
_ El rio de las almas... Me gusta la idea...- continuaron caminando- Podríais... podríais crear el rio, fluyendo por la casa, con escenas del mundo de los muertos... Y... ¡Mirad esta sala!-exclamó, claramente entusiasmado, al llegar aun gran salón- Aquí... aquí escenas de la laguna estigia...
Michelle alzó las cejas.
_ Creo que debéis escoger, signore. ¿Queréis el rio de los muertos o la laguna? Por supuesto, podemos encontrar sitio para ambas pero puede ser más complicado...
_ Sí, sí...- continuó impaciente Lucio- Y en la entrada ¡Un can cerbero! ¡Con sus tres cabezas! Podría vestir a Giacomo de Caronte, sí... Y mmm, quizá podría comprar el canal que pasa junto a la casa y crear una puerta especial y...
Michelle negó con la cabeza, aunque tomaba buena nota mental de todas las ideas del giovanni.
_ Las aguas de los canales no bajan limpias, signore. Tal vez os gustarían aguas más claras para vuestro hogar...
_ Cuanta razón tenéis, Signora.- regresaron al salón donde habían comenzado, y cuando estuvieron de nuevo sentados en los butacones, Lucio parecía entusiasmado- Bien, Michelle... ¿Puedo contar con vuestro trabajo en mi morada?
Loni asintió.
_ Yo puedo construiros un inframundo, pero deberéis contratar ingenieros para que el rio artificial fluya...- Lucio asintió- Puedo tallaros lo que vos queráis, sin embargo...- se interrumpió. Era el momento de averiguar qué ocurría con aquel busto de Nerón...- No veo en qué lugar de este mundo de mitologías encajaría el busto que me encargais, signore. ¿Es acaso para otra sala?
Lucio negó con cabeza
_ No, es un encargo. Negocios...
_ Entiendo...- se miró desinteresadamente el dorso de las manos- Imagino que no querréis decirme quién os la pidió,¿verdad signore? Soy curiosa como una niña cuando se trata de mis esculturas...
Lucio sonrió.
_ Por supuesto, Signora. Es un encargo de un mercader genovés llamado Francesco. ¿Por qué?

¡Ah!

_ Mis esculturas son como mis hijos, Signore. Me gusta saber en qué manos las dejo.
_ Comprendo, comprendo...- asintió Lucio- Si os soy sincero, el muy necio pidió algo más que una escultura: quiere un original en perfecto estado.- Michelle alzó una ceja- Pero Nerón fue poco querido, y sus bustos fueron profanados. Los pocos que quedan intactos no están al alcance de su bolsillo...
Michelle frunció el ceño.
_ Se puede tratar de recomponer un original destrozado, pero él debe saber que nunca será exacto a como fue al inicio...
_ Cierto - contestó el giovanni- Sin embargo, pagaría generosamente por ese "original"... Y vuestro silencio...- Michelle asintió- Os presentaré si os place, a Tonino en la fiesta que organizaré en unos días, Signora. Tonino es el dibujante del que os hablé. Será en diez días. ¿Suficiente para tenerlo todo listo?
_ Debería, signore.
_ Sería recomendable. Pues acudirá Francesco y otros con los que hago negocios. Pero no será aquí, en el Lido. Queda lejos de la ciudad. El príncipe se ha prestado a dejarnos un espacio como Elíseo.
Michelle se puso en pie.
_ Deseareis entonces que os haga llegar la escultura antes que los invitados... ¿Deseais acordar ahora el precio de el proyecto para vuestro hogar?
Lucio permaneció pensativo un instante.
_ ¿Qué os parecen tres mil ducados de plata, materiales a parte?
MIchelle aceptó la suma, que era mucho más de lo que estaba acostumbrada a recibir por su arte - y que no era necesariamente poco.

De pronto le asaltó una duda... Si el busto de Lucio era para Francesco, y Francesco era un ghoul, era casi obvio que cualquiera que conociera el toque del espíritu podría saber que el busto no era original, y que era su propia mano la que lo había tallado. Se preguntó hasta qué punto podrían averiguar de Michelle usando aquel truco.

_ ¿Algo más, Signora Michelle? -inquirió Lucio poniéndose en pie- Confio en vuestra habilidad como escultora. ¿O hay algo más?
Había interrogación en su mirada: había percibido su momento de inseguridad.
_ Mi escultura puede ser perfecta, signore, pero un Artesano podría determinar la mano que la talló...
Lucio negó con la cabeza.
_ La estatua es para un mortal, Francesco no es cainita.
_ Tened por seguro, Signore,- insistió ella- que si un cainita tiene a su alcance un busto supuestamente original, si tiene el poder querrá saber de su autenticidad...
Lucio sonrió apaciguador.
_ Creedme, ese Francesco es un necio regordete. Comprará. No tiene la delicadeza ni la sutileza para saber de nuestra estirpe, o contratar los servicios de un Artesano.
Michelle le miró a los ojos.
_ Oh pero... ¿Y si fuera un Artesano el que contrata sus servicios?- inquirió.
Entonces Lucio correspondió a su mirada. Al fin había comprendido. Volvió a sentarse en la butaca, invitando con un gesto a Michelle para que le imitara.
_ ¿Qué insinuais? ¿Acaso sabeis algo que yo no sé?
Michelle se encogió de hombros y puso su gesto más cándido e inocente.
_ ¿No es extraño que un necio regordete encargue el mismo busto a dos personas diferentes?¿A dos cainitas, de hecho?
El rostro de Lucio tomó otra sombra de palidez.
_ Hablad, os escucho.

Michelle comenzó a hablar como quien relata una excursión al campo.
_ Oh, Signore, no sé mucho en realidad, pero poco antes de recibir vuestra carta, recibí en mi casa al Signore Francesco encargándome para su señor (del que no quiso dar el nombre) una réplica de un busto original de Nerón. Y al decirme vos que es un encargo de Francesco también, no puedo menos que sospechar, signore.
Lucio parecía ahora claramente preocupado.
_ Mmm... ¿Y vuestras sospechas de lo del cainita? Es evidente que el que haya contactado con vos y conmigo no es casualidad... ¿Quién puede estar detrás?
Michelle se encogió de hombros con ingenuidad.
_ Lo desconozco, Signore. A parte de mi Sire he de admitir que no conozco a ningún cainita que no haya conocido en Venecia, y son los mismos que conocéis vos.

Lucio se incorporó y comenzó a caminar nervioso por la sala.
_ Me temo que esto parece una maniobra para desacreditar a los Giovanni. Mmm... Os agradezco esto, Michelle - Michelle se puso en pie- Cobraréis lo acordado, pero no hace falta que esculpáis para mi ese busto.
_ Como deseeis, Signore. ¿Deseais alguna otra obra para presentarla ante vuestros invitados?¿El Caronte para recibirlos, tal vez? - Lucio asintió.

No hablaron mucho más. Acordaron enviar algunos ingenieros para tomar medidas y diseñar el rio artificial, así como las figuras principales que debía esculpir, y antes de partir, cuando Giacomo depositaba sobre sus hombros el rico manto, y el caballerizo traía a Odiseo por las riendas, Lucio Giovanni le tendió un pliego sellado.
_ Es una invitación para la fiesta, Signora.- Michelle abrió el pliego y leyó las brillantes letras carmesí que se entrelazaban formando una palabra.

Carnaval
 

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