27 nov 2005

Sesión Cuadragésimo Novena: Isabel

Era otoño de 1485 cuando Arístides y Loni, convertidos en Grigor y Ada, emprendieron el viaje de regreso a Transilvania, atravesando tierras de caos, con el único objetivo de encontrar grupos anarquistas, integrarse en ellos, y empezar a ganar prestigio entre sus filas.
Grigor aprovechó el tiempo que pasaban juntos viajando para explicarle las costumbras de los tzimisce y sus aspectos básicos, puesto que el tiempo que Loni había pasado con ellos trás la liberación de Malkav no le había desvelado mucho.
Le explicó que los tzimisce debían dormir en dos puñados de la tierra en que murieron, pues era la tierra el origen de su poder. Además, le dijo, los anarquistas habían usurpado un ritual koldún que rompía los vínculos de sangre: la vaulderie. Originalmente, el ritual era utilizado en la Noche de Kupala, una noche del año -que variaba según el año, al regirse por el calendario lunar- en que los voivodas tzimisce dejaban de lado sus disputas, se reunían con los hechiceros koldun y usando un rito koldún traspasaban el Manto entre el mundo real y el espiritual, y una vez al otro lado, se dedicaban a acabar con los siervos de Kupala.
Ada se preguntó entonces si debido a la Vaulderie, su supuesto vínculo con Grigor había desaparecido, pero entendió que no era así. La vaulderie era lo que evitaba que, aprovechándose de la batalla, algún voivoda se viese tentado de acabar con un rival. Mezclando sus sangres en un cuenco grande, haciendo el rito y bebiendo todos esa mezcla de sangre se creaba un vínculo de manada. Fue Lugoj el Rompesangre el que reveló este rito a los anarquistas y estos con tzimisce la practicaban a menudo para sentirse parte los unos de los otros y para que sus naturalezas brutales no se aniquilasen mutuamente: la vaulderie era el puntal que mantuvo viva la revuelta anarquista.
El rito original era, sin embargo, ignorado entre los anarquistas, que lo conservaron unicamente como sistema de defensa mutua.

De hecho, Grigor le explicó que no debía esperar gran poder entre los anarquistas, ni sutilezas, y la tranquilizó diciendo que aunque toleraban la diablerie de otros, sólo la toleraban si era de no-anarquistas. Despreciaban la diablerie a otros anarquistas, por lo que en los casos en que manadas chocaban, y por lo tanto no había lazo de vaulderie entre ellos, se considera una villanía diabolizar a un camarada anarquista.

Por otra parte, sus tácticas para atacar a antiguos eran bastante básicas, pero muy eficaces. Normalmente, empleaban el número para vencer. Sin embargo, dados los recursos que los antiguos manejaban, los anarquistas creaban el caos en las ciudades que atacaban creando hordas de vampiros con hambre roja. Eso era, abrazar indiscriminadamente a una veintena de humanos y soltalos en frenesí de hambre en la ciudad. Normalmente, con ello sobraba para entretener a las autoridades locales mientras ellos hacían su trabajo, y si alguno de los humanos abrazados sobrevivía, era apto para entrar a formar parte de la manada, por lo que los creados de este modo, la experiencia era tan traumática que se conviertían en verdaderos monstruos.
Ada había sonreido en aquel punto: conocía bien las técnicas de asedio de los anarquistas.
Grigor insitió en que, en caso de tener que participar en un asedio, deberían asegurarse de que todo aquel al que abrazaran, muriera puesto que traería problemas que aparecieran de pronto en la manada dos miembros de la quinta y séptima generación.
Aquella fue la lección y Ada trató de asimilarla lo mejor posible. Utilizando su viscisitud, Grigor llevaba en su interior siempre dos saquitos con tierra para ambos.

Transilvania tenía a sus puertas al Imperio Otomano. Estambul era turca, como Bulgaría, lo que les obligó a tomar un rodeo hacia el norte, pasando por Viena y Budapest, zonas donde los anarquistas siempre habían sido activos, sobretodo Budapest.
Llegaron a ella en 1486.

Budapest, capital de Hungría, bullía de actividad en todas partes. La ciudad había crecido mucho, y sus barrios bajos eran un hervidero de gentes hacinadas en condiciones miserables, que convertían ese en un lugar propicio para ocultar alguna manada anarquista.
_ Buda antes era la ciudad alta, con Pest como ciudad menor, para los pobres.- explicó Grigor- Con el paso del tiempo, se fundieron de lado a lado del rio, nadie recuerda ya las dos ciudades separadas. Aquí los ventrue siempre han tenido fuerza, y donde hay ventrue, hay moscas anarquistas que revolotean. Lo mejor es mezclarnos con los vampiros de la ciudad, y tratar de descubrir cosas de ataques y similares. De modo que sería bueno tomar un aspecto ligeramente diferente, descubrible que estamos en una forma cambiada si se fijan, para darnos crédito a ojos anarquistas. Pero que no sea fácil en ningún caso.
Ada asintió.
_ Entiendo.
_ Vayamos al centro de Pest. Ahí hay un mercado bastante transitado. Podemos hacernos pasar por ravnos, que por aquí abundan- continuó Grigor- Eso llamará la atención de los ravnos locales, que tratarán de repelernos de su territorio, o aceptarnos en él.- Ada arrugó el ceño.- Si no te sientes cómoda en ese papel, entonces busquemos uno más adecuado.¿Qué prefieres?
Ada negó con la cabeza.
_ No hay problema con los ravnos, pero solo conocí a uno en toda mi vida y no pasé mucho tiempo con él.- Grigor asintió.
_ Comprendo... Esencialmente, necesitaremos vestimentas humildes, pero eso ya es lo que llevamos. Y un aspecto gitano. Los ravnos ven mal a las mujeres ravnos, al menos en oriente. He tratado poco con los europeos, de modo que puede que hayan degenerado en ese aspecto de sus tradicionalistas sires. Sin embargo, con tu nivel de percepción sus trucos no deberían ser problema: podrás ver sus engaños, y fingir que te los crees si hace falta.
_ También puedo hacerlos, si es necesario- añadió, distraida, pero Grigor le miró sorprendido, alzando una ceja y sonriendo.
_ Esa es una muy buena noticia.- dijo,y Ada no pudo evitar sonreir satisfecha y alzar las cejas.
_ Vaya, vaya, vaya...- sonrió- Así que no lo sabes todo...
Grigor le devolvió la sonrisa.
_ Preparémonos. Llámame Gregor, del sur de Castilla.
_ Entonces yo seré Isabel.
Y con unos cuantos retoques de viscisitud, ambos estaban listos para impersonar a dos ravnos.

Avanzaron por el concurrido mercado de Pest, un mercado de ganado y de todo tipo de productos, que duraba hasta cerca de medianoche, y dado que era invierno, aun tenían tiempo para trabajar aquella noche, sin embargo, Isabel se sentía inquieta a causa de las antorchas y lumbres de grasa y aceite que iluminaban las calles y estaban en todas partes... No recordaba haber tenido tanto miedo al fuego desde... que entró en la Corte de los Sueños...
Grigor le hizo un gesto para que se separaran y cubrir así más terreno, y conectó su mente con la de Isabel usando un poder de auspex de telepatía avanzada.

"¿Qué buscamos exactamente?"
inquirió Isabel.

"Llamar la atención, pero sin que lo parezca. Eso es, ser lo suficientemente discretos como para lograr robar algo, a la vez que lo suficientemente poco discretos para que cualquier buen ladrón presente se percate"

Isabel paseó entre los puestos del mercado, contemplando los jarrones, las joyas y los tapices que allá se vendían, disfrutando de su belleza pero tratando de no dejarse embargar por aquel trance que la invadía siempre que contemplaba algo hermoso. La gente se apretaba para pasar, y pudo distinguir algunas manos en bolsas ajenas, aunque los habitantes de Pest parecían estar en guardia: todos llevaban, si no ocultas, la mano sobre la bolsa, haciendo que fuera complicado robarles sin que se dieran cuenta.
Pensó en buscar vampiros en las calles y robar algo delante suyo, pero tal vez se encontrara con que no eran ravnos y tuviera un problema. También podría jugar a las cartas y hacer trampas, aunque sus trampas no eran propias de un ladronzuelo, sino de un vidente... Repasadas las opciones, decidió que pese a todo, robar sería la mejor opción. Supuso que al ser las esquinas lugares de paso, probablemente todas estarían controladas por otros ladrones, de modo que se acercó a una especialmente concurrida.
Con las artes que había aprendido de Joanna, creó en un rincón del suelo un maravilloso rubí que despedía destellos de fuego, engarzado en oro en una magnífica gargantilla y exclamó en castellano:
_ ¡Mirad!- y señaló con el dedo el rubí en el suelo. La gente no la entendía pero vio su dedo apuntando a la joya, e inmediatamente, comenzaron a arrojarse unos sobre otos para tratar de apropiarse del rubí, gritando algo que perfectamente podría ser "¡Es mío!".
Isabel sonrió satisfecha y se fundió con la multitud, disponiendo ahora de numerosas bolsas sin manos encima que poder robar. Cogió un par y las escondió en los pliegues de su ropa, y echó a caminar por el mercado. Cuando abandonó la concentración, empezaron a increparse unos a otros y siguieron peleandose. Aquello llamaría la antención.
Y no se equivocaba: inmediatamente un par de hombres comenzaron a seguirla... pero no eran vampiros. Decidió ignorarlos y continuó caminando.
_ Eh, tu- increpó uno, e Isabel penetró en su mente. Eran ladrones y había robado en su esquina. Pero ni eran vampiros, ni ghouls. Continuó caminando sin volverse.- ¡Eh, tú, la zorra gitana! ¡Quieta ahí!
De pronto echaron a correr hacia ella, pero hombre se cruzó en su camino, y golpeó con el puño en la cara a uno de los hombres que la perseguían. Parecía gitano, y se volvió hacia ella gritando:
_ ¡Corre, joder!- Mientras de un puñetazo frenaba al otro. Isabel se fingió sorprendida y confundida, y echó a correr, no sin antes asegurarse de que esta vez sí, se trataba de un vampiro.

"Los tengo"

"Te alcanzaré en un rato, para no asustar a este
" respondió Grigor.

Continuó corriendo y pronto se dio cuenta de que trás ella, el gitano corría también. Pasaron de largo varios puestos del mercado, y su "salvador" tiró un par de jaulas llenas de gallinas para entretener a sus perseguidores. Al poco, salieron del mercado y se metieron en callejuelas, tomando él la delantera, y al fin, al cabo de unos minutos, les habían despistado. Se detuvieron en las sombras e Isabel le miró con los ojos llenos de candida gratitud.
_ ¡Vaya! ¡Gracias!- exclamó, y se dio cuenta de que estaba hablando Búlgaro... Tanto tiempo con Vykos...- ¿Quienes eran esos tipos?
El gitano la miró sorprendido y enfadado.
_ ¿No te diste cuenta de que era su esquina?- increpó.- No te tengo vista. ¿De dónde has salido?
Era un hombre atractivo, con el cabello negro cayendole en ondas a ambos lados de la cara y brillanes ojos verdes. Llevaba una barba corta de color oscuro y vestía ropas humildes pero llevaba al cuello una cadena de oro.
Isabel bajó la mirada timidamente y removió el suelo con los pies.
_ Yo... llegué anoche. Aún no conozco la ciudad.- dijo en voz baja. El hombre cruzó los brazos sobre el pecho con gesto severo.
_ Pues vaya... Será mejor que vengas conmigo a presentarte al patriarca rom.- dijo- Él decidirá si puedes quedarte o tienes que irte. Por cierto, me llamo Vassily.
Ella asintió.
_ Yo me llamo Isabel.

"¿Vienes?"
inquirió a Grigor.

"Os sigo" Respondió él.

_ ¿Crees que me dejará quedarme un par de noches? Aun no sé lo que voy a hacer...- preguntó tímida a Vassily cuando echaron a caminar. Él se encogió de hombros.
_ Por un par de noches no creo que haya problema, al menos no si no montas más espectáculos como ese. El truco del rubí ha sido un poco tosco. Ha llamado demasiado la atención, tienes que ser más discreta, Isabel.
Isabel suspiró, cohibida y decepcionada.
_ Yo... lo aprendí hace poco, me gustaba ese truco... pero está bien, trataré de hacerlo mejor la próxima vez.- le sonrió timida- Tal vez puedas enseñarme un poco..
Vassily puso los ojos en blanco y continuó caminando, e Isabel arrugó la nariz y no dijo nada más.

El campamento eran varias caravanas de madera en una explanada de las afueras, donde convivían gitanos mortales y algún que otro ravnos, por lo que le explicó Vasily. Entraron en una caravana, y el gitano le pidió que se sentara, cosa que Isabel hizo sin dudar. Él entonces cerró la puerta y se sentó sobre la cama que había. La caravana había quedado completamente a oscuras e Isabel vio como, desde la cama, Vassily la miraba. La observaba.
Le miró un segundo y luego se dedicó a mirar inquieta a su alrededor, pero ya estaba dentro de su mente.
"Mírala, tan joven y torpe, tan maleable..." pensaba. Su nombre era Vassily Taltos, y creía que le acaba de caer del cielo una oportunidad y estaba regocijándose en ello. De hecho, por lo que pudo leer en su mente, debía tener una cierta edad, como Loni... Quería seducirla, atraido por el hecho de que ella quisiera... aprender. Y lo más curioso: el patriarca rom... era él.
Reprimió una sonrisa, pensaba que aquellas cosas solo las hacía Michelle.

Isabel se revolvió inquieta y cohibida en su silla.
_ ¿Está aquí el patriarca? No veo nada ¿Va a tardar mucho?- preguntó cuando hubo pasado un tiempo razonable para inquietar a cualquier neonato.
Vassily respondió desde la cama.
_ Estás frente a él, jovencita.- Isabel abrió los ojos tanto como pudo, fingiéndose sorprendida.- Quizás hayas oido hablar de mi. Soy Vassily Taltos.
En su interior, Loni reía a carcajadas. Pero Isabel entrecerró los ojos y asintió, tímida, siempre tímida.
_ Que tonta, no me di cuenta...
Vassily sonrió y se acercó a ella con pasos felinos. Isabel, asustada, se puso en pie, pero acabó encontrandose con Vassily a pocos centímetros de su cuerpo. Le miró, fingiéndose fascinada.
_ ¿Tonta?-dijo con voz grave cuando estuvo tan cerca que casi podía besarlo. Isabel siguió el movimiento de sus labios mientras hablaba- Eso decís todas... ¿Y crees que nos lo tragamos?
Y de pronto la sujetaba por la nuca con fuerza y besaba sus labios. Isabel al principio trató de alejarse, luego se quedó quieta y segundos después, se entregaba al beso de Vassily.
Al cabo de un instante, el ravnos separó sus labios y se relamió.
_ Me gusta tu sabor, Isabel.- dijo entonces, y ella deslizó la mirada de sus ojos al suelo, a la mesita, a sus manos, a sus labios, de nuevo a sus ojos...- Y me gustan tus ojos...- continuó- Conmigo, puedes llegar a ser mucho más de lo que me has enseñado en el mercado...
Isabel clavó sus ojos en él, con devoción.
_ ¿E... entonces puedo quedarme?- preguntó.
_ Tal vez.- respondió él, y volvió a besarla. Esta vez, Isabel no se resistió e incluso dejó que le flojearan las rodillas. Pero en su interior, Loni no podía dejar de reir... Hacía tanto tiempo que no jugaba a aquello...
Al fin Vassily volvió a separarse de ella, y una vez más, se relamió como un gato.
_ Sí, definitivamente me gusta tu sabor...- dijo, y lentamente, se alejó para regresar a la cama, donde se sentó y continuó mirándola. Isabel se quedó de pie, sin saber si acudir a él o sentarse.- Háblame de ti, mujer misteriosa... - y se recostó un poco contra la cama, y de pronto, los primeros botones de su camisa se habían desabrochado.
Isabel miró al suelo.
_ Bueno, ya te dije, le dije, digo... os dije que llegué aquí anoche- tartamudeó- llevo bastante tiempo dando vueltas, pero me han echado en muchas ciudades. No soy muy buena... Pensaba que me echarías de aquí también, por eso quería conseguir el dinero, para poder seguir viajando.
Vassily sonrió enigmático.
_ Eso de que te echaron, es porque no te habían probado... - y se relamió con un gesto que suponía erótico.- Háblame más de ti, primero... Mujer misteriosa. Me gusta la melodía de tu voz.

"Bien ¿Ahora qué?" inquirió, pero Arístides no respondió. Sin embargo podía sentirlo... divertido. Aquello sí le gustó.

_ Pues... me llamo Isabel, pero eso ya te lo he dicho.- continuó, dejando que su lengua se soltara, como si hubiera ganado confianza.- y tengo... -contó mentalmente- veinticinco años... creo... Viví en Castilla, está muy lejos de aquí, pero allí siempre están en guerra,-arrugó la nariz- así que me fui.
Vassily volvió a ponerse en pie y se acercó de nuevo a ella con aquellos andares felinos.
_ Si solo eres una niñita...- le acarició el cabello con los dedos, suavamente.- Sí, te enseñaré algunas cosas, Isabel...
Los ojos oscuros de Isabel le miraron con adulación y él, trás obsequiarle con su mejor sonrisa, volvió a tomarla por la cintura y volvió a besarla con pasión.

"¿Te diviertes jugando con él?" inquirió divertido Grigor desde fuera.

"Recordando viejos tiempos ¿Qué quieres hacer?"


"Vassily Taltos... Me suena su nombre. Eso quiere decir que al menos tiene tu edad. No te confíes" advirtió Grigor "Necesitamos saber de anarquistas. Dile de los de Iberia. Asegúrate de que te diga que no hay por aquí... O dónde no hay, porque así pensará en aquellos que conozca"

Isabel dejó que la besara aún un rato más, y al cabo de un instante, dejó que Vassily percibiera su inquietud. Como había esperado, el ravnos dejó de besarla y la miró con gesto paternal.
_ ¿Qué sucede?- inquirió, preocupado.
Isabel pareció no saber muy bien como explicase.
_ Yo... he recordado...- frunció el ceño, como si no quisiera recordar- en Castilla había vampiros... malvados. Vi como diabolizaban a muchos de los míos...- dejó que Isabel se consternara y estremeciera entre sus brazos.
_ No te preocupes.-dijo Vassily con suavidad- Aquí hay ventrue para llenar un barco, ningún vampiro de esos se atrevería a acercarse a esta ciudad.
_ ¿E... están muy cerca entonces?
_ No, no muy cerca.- y volvió a besarla, como si con aquello pudiera borrar todas las tribulaciones de su pequeño corazón. E Isabel se entregó al beso como si realmente pudiera hacerlo.

Y en la mente de Vassily apareció un nombre. Bistritz, la ciudad de Radu.


"¿Has oido? Allí conocí a Yorak, cuando te buscaba, y ya había anarquistas allí entonces"

"Entonces, le haremos una visita a Radu. Atúrdele y vámonos"


En su interior Loni sonrió y concentró sus pensamientos para volcarlos en la mente de Vassily, que besandola, cayó fulminado al suelo. Estaría aturdido lo suficiente para que pudiera marcharse.
En la puerta, Grigor esperaba.
_ ¿Nos vamos?- preguntó Isabel con una sonrisa.
_ Por supuesto.
Y envueltos en un manto de Ofuscación, la tomó del brazo y abandonaron Budapest.

18 nov 2005

Sesión Cuadragésimo Octava: Presencias

Llevaba tanto tiempo en la Corte de los Sueños que cuando el sirviente acudió a ella con el mensaje de Kahina, ya tenía sus propias habitaciones, cómodas y lujosas, como la que les habían ofrecido a ella y a Vykos cuando llegaron. Habría querido bajar enseguida, puesto que aquello significaba que al fin era libre, pero era ya muy tarde y el sirviente le dijo que Kahina la esperaba la noche siguiente.
Pasó la mañana inquieta en el lecho, tratando de pensar qué haría ahora ¿Habría liberado Vykos al Dracon con la ayuda de Zelios? ¿Donde ir? Ya no era Michelle, aunque su legado seguía en Florencia, y sus chiquillos en Castilla... Debía encontrar a Arístides, saber si estaba libre y si su sacrificio había servido para algo. Sí, le buscaría, y si la única manera de dar con él era encontrar primero a Vykos, que así fuera.

La noche siguiente se arregló y vistió para acudir al laboratorio, tratando de mantenerse calmada: habían pasado 35 años ¿Qué importaba en realidad una noche más? ¿Era acaso miedo a que Kahina no cumpliera su parte del trato? El laboratorio estaba vacío cuando llegó y los sirvientes le indicaron que Kahina la esperaba en sus habitaciones, cosa harto extraña, puesto que jamás estaba en ella. Cuando llegó, La hechicera la estaba esperando en sus aposentos, que eran tan desnudos y ascéticos como lo era ella: un lecho de piedra sin colchón ni sábanas como en el que había despertado hacía tanto tiempo, y paredes desnudas. Kahina estaba sentada en el lecho con las piernas cruzadas en la posición del loto, y Loni pudo comprobar que al fin, después de dos décadas, se había cambiado aquel andrajo que la cubría por otro más nuevo, aunque igualmente ajado.
_ Buenas noches, Loni.- dijo con fría cortesía, como era habitual en ella. Loni la saludó con una leve inclinación de cabeza.
_ Buenas noches.- podía sentir su ansiedad, la idea de volver a Europa al fin, tan cerca...
Kahina se puso en pie con gesto adusto pero satisfecho.
_ Anoche dominé el poder. Tu estancia en la Corte de los Sueños ya no es necesaria.- dijo sin más preambulos- Tu estancia en la Corte de los Sueños ya no es necesaria. Has cumplido tu promesa. Ahora, es mi turno. ¿A dónde deseas ir?
Después de tanto tiempo, la frialdad y bruquedad de la setita ya no eran motivo de sorpresa, hasta tal punto que habría sido extraño realmente que lo hiciera de otra manera. Alzó el mentón, serena.
_ Quiero volver a Europa, a Francia.
Kahina asintió.
_ ¿A algún lugar en particular?- inquirió.
Loni recordó el puerto desde el que habían zarpado, su riqueza. Sí, sería un buen lugar para comenzar su búsqueda, volver a empaparse de arte...
_ Mónaco.- dijo al fín.
_ ¿Deseas escolta, o con el transporte será suficiente?
Loni comprobó aliviada que, definitivamente, Kahina parecía estar dispuesta a cumplir su parte del trato.
_ Si puedo tener escolta, la aceptaré, y necesitaré dinero para seguir adelante cuando llegue allí.
Kahina volvió a asentir,con aquellos ojos suyos tan inquietantes.
_ Hecho. Te asignaré una escolta no setita, aunque de confianza. No deseo que te relacionen con la Corte del Sueño. Pero, antes que te vayas, Loni, quiero hacerte una advertencia. Supongo que será innecesaria, pero la haré de todos modos. Así que escucha con atención. Ya sabes que no soy dada a hablar por hablar.- añadió- Todo lo que ha sucedido en la Corte de los Sueños, todo lo que has visto, todo lo que has oido... Si lo revelas, morirás.- A Loni aquello le pareció justo, aunque afirmar ahora que no lo desvelaría jamás le pareció absuro. Asintió de todos modos.- Que tengas un buen viaje.
Aquello sí fue una sorpresa. ¿Kahina siendo amable? ¿Pudiera ser que después de todo, le hubiera cogido cierto aprecio?
Loni se despidió con la misma inclinación de cabeza con la que se había presentado, y volvió a sus habitaciones. Allí cogió las cosas que había acumulado durante su estancia en la Corte, que no eran más que algunos vestidos y pocas joyas, y para cuando lo tuvo todo listo, dos sirvientes llamaron a su puerta para llevar sus cosas. Una escolta setita la conduce hasta Alejandría, donde otros dos escoltas la esperaban. Por lo que le explican los setitas, son dos los que la acompañarían hasta Europa. Los sirvientes subieron sus cosas y su oro al barco, y los dos que había abordo, bajaron por la rampa habilitada para embarcar. Ya al ver sus figuras recortadas contra la luz de la luna, sintió una sensación familiar, y cuando les reconoció, tuvo que reprimir una carcajada de sorpresa.
_ Vaya, vaya... Esto sí que es inesperado. ¿Así que es Loni de Lances la misteriosa mujer a la que hay que escoltar hasta Mónaco?- dijo Lucía, tan fría y distante como la recordaba. Junto a ella, Anatole bajó deprisa y estrujó a Loni en un afectuoso abrazo.
_ ¡Cuanto tiempo!-exclamó el Malkavian. Loni depositó un pequeño beso en su mejilla y se volvió hacía Lucita con sonrisa incrédula al tiempo que despectiva.
_ Yo también me alegro de verte, Lucía.- Mintió, pero ambas sabían que solo era cortesía. No sentía el más mínimo aprecio por ella y volver a verla era no solo incómodo, sino desagradable. La última vez que se habían visto, había sido en una capilla tremere, con la chiquilla de Theresa Kymena estacada en el laboratorio. Trás aquello, Loni había matado a Anna y había tratado de frustrar los planes de Lucía avisando a Theresa de que la buscaba para matarla.
_ Lucía... Hacía mucho que nadie me llamaba así.-dijo la lasombra- ¿De qué agujero has salido? Bueno, da igual. Haremos nuestro trabajo. Vamos, Anatole...
Anatole, despreocupado, fue trás ella mientras volvía a ascender por la rampa hacia el interior del barco, no sin antes despedirse con un alegre gesto y exclamar:
_ ¡Estaremos en cubierta!

El barco zarpó cuando todos estuvieron a bordo y Loni se hubo instalado en el camarote más grande con todas sus cosas. Dos sirvientes la acompañaban, para poder cargar con sus cosas cuando desembarcaran en Mónaco. Una vez en cubierta, Loni comprobó que Lucía era la encargada de vigilar, aunque se mantenía alejada de ella. Loni reprimió una sonrisa y se acercó a Anatole, que esta sentado junto al palo de una de las velas del barco, mirando las estrellas despreocupadamente. Loni se sentó junto a él y Anatole la miró.
_ ¿Puedes oirlo?- Loni aguzó el oído, pero no le sorprendió no escuchar nada. Un malkavian era un malkavian, después de todo, y ella lo sabía mejor que nadie.- Yo sí los oigo. Los gritos. Se acercan. A cada noche que pasa, los oigo más claros.
_ ¿Gritos?- intentó Loni- ¿De quién?
_ Todos, sí. Todos los gritos.- ya empezaba...
_ ¿Quién se acerca?- insistió Loni con suavidad.
Anatole volvía a mirar a las estrellas.
_ Se acercan todos. Pero todos se alejan. Y no paran de gritar.- Loni decidió que no trataría de entrar en su mente si no quería volverse más loca que él. Continuó del modo tradicional.
_ ¿Y por qué gritan?
_ Porque mueren... creo...- respondió Anatole dubitativo- Y sigo siendo el único que les oye... Y sólo Lucita me hace caso. Nadie hace caso a Anatole.- señaló al cielo- El Dragón Ascenderá. Y será el inicio de la Caída de todos. Los gritos son las trompetas que le preceden, anunciando su llegada. Me lo ha dicho Dios.
Loni decidió que ya había escuhado bastante, volvió a besarle suavemente en la mejilla y se decidio a acercarse a Lucía. Quisiera o no, tendría que hablar con ella. Estaba sentada, apoyada en la borda de estribor,y sus ojos oscuros la observaron friamente a medida que se acercaba.
_ Vaya, vaya... Realmente, eres Loni.- dijo la lasombra cuando llegó a su lado. El desprecio era mutuo y por ello a Loni no le importaba la manera en que pudiera mirarla o hablarle- Menuda sorpresa.
Loni se sentó junto a ella, con la vista fija en el horizonte.
_ Ha sido mutua, Lucita. Eres la última persona que esperaba ver.
_ Y tu eres la última persona a la que esperaba tener que escoltar.
Ya estaba dicho, ambas sabían lo que había debajo de aquellas palabras. Trás unos instantes de silencio, Loni habló.
_ ¿Qué encontraré cuando lleguemos a Europa?
_ Vencedores y vencidos.- respondió Lucía- ¿Conoces a los de la Camarilla?- Loni asintió levemente con la cabeza- Han vencido la guerra contra los Anarquistas. Aún hay focos de violencia, pero la guerra está más muerta que viva, dicen que se avecinan tiempos de paz. Si es así, se me acabará el trabajo.
Loni sonrió irónica.
_ Seguro que encuentras algo- una mercernaria jamás se quedaba sin trabajo en un mundo donde todo el mundo tenía enemigos. Lucita mimetizó su sonrisa.
_ No lo dudo, los hijos de Cain no saben vivir sin enemigos.
Loni cambió de tema.
_ ¿Sabes donde está Vykos? Oí algo de Estambul, pero era algo demasiado vago.
La débil sonrisa de Lucita se esfumó, reemplazada por un semblante petreo.
_ Vykos se ha pasado al bando anarquista- Loni reprimió una sonrisa, alzó las cejas y se inspeccionó las uñas.
_ No puedo decir que me sorprenda, Vykos siempre tuvo su propio bando.
_ De hecho, en Transilvania es uno de los dos focos de poder de los anarquistas que queda. El asalto a Estambul fue una maniobra de fuerza, para demostrar a los enemigos de los tzimisce que su poder sigue intacto.
_ ¿Cual es el otr?- inquirió Loni.
Lucita se levantó y apoyó los codos en la borda, mirando al mar. Loni vio sus ojos arder de furia. Aquello la divirtió más todavía.
_ Castilla.- esta vez, tuvo que reprimir una carcajada- Mi sire ha adoptado a los anarquistas bajo su oscuro manto. No a los ojos de todos, pero si quieres ver con ojos que ansian la verdad, es algo evidente.
Loni vio odio en sus ojos al decir aquellas palabras.
_ Y tu amigo Isaac tuvo algo que ver con que la Camarilla perdiese la Península.- continuó Lucita.
Esta vez Loni no pudo reprimirse y rompió a reir.
_ El viejo Isaac...- dijo, con una sonrisa en los labios.
_ Oh, sí, el viejo Isaac. Si los rumores son ciertos, suyo fue el plan que permitió a un solo asesino acabar con la vida de más de 30 príncipes de la Camarilla quemándolos vivos.- Loni soltó otra carcajada, divertida.- Al parecer, decidió meterles en una casa y llenar la casa de antorchas para evitar que las sombras penetrasen en la casa.
_ ¿De veras? Pobre piadoso Isaac. Tendré que ir a visitarle algún día. ¿Qué hay de Aragón?
_ Aragón ahora es parte de Castilla. Casaron al heredero de Aragón con la heredera de Castilla, y los dos reinos ahora actuan como uno solo.- Loni alzó las cejas. Aquello sí que era interesante.- En cuanto a Isaac, eso sería si sigue vivo. Parece ser que tal desastre le granjeó enemigos, y hace tiempo que no sé de sus pasos.- Loni sonrió al descubrir que no le importaba si Isaac moría.
_ Bueno, tiempo al tiempo.- dijo.- Tengo asuntos que atender antes de eso.
_ Por supuesto.- fue la respuesta de Lucita, y de aquella manera terminó una de las pocas conversaciones que mantuvieron durante el viaje.

Una noche Anatole se acercó a ella.
_ He soñado contigo.- le dijo- ¿Quieres oir mi sueño?
Loni en realidad no quería, le inquietaba lo que pudiera soñar un malkavian, pero aún así asintió. Solo eran delirios ¿No?
_ Claro.- dijo con amabilidad, haciendole sitio a su lado.
Anatole se sentó junto a ella en la cubierta.
_ Vi un lazo, un lazo de tela púrpura. Venía de la lejanía, del horizonte, y se dirigía a la lejanía, al horizonte. No tenía principio ni fin, pero estaba tenso, suspendido en medio del aire, así que lo seguí... Y te encontré en una punta, rodeaba tu cuello- Loni suspiró, había esperado aquello.- Y otros tres lazos más también lo hacían, cada uno en una dirección.
_ ¿Qué había en la otra punta?- inquirió con amabilidad. Anatole se encogió de hombros.
_ A la otra punta, no me atreví a ir, no me atreví a mirar.- Loni sonrió.
_ Eso fue sabio, Anatole.- pero él no le prestaba atención, continuaba hablando de su sueño.
_ Tú estabas bien, pero los cuatro lazos que rodeaban tu cuello estaban tensos. Tú actuabas como si no fueras consciente de esos lazos. Uno, púrpura. Otro, verde. El tercero, blanco. El cuarto, negro.- se quedó mirando al vacio, cuchicheaando los colores como si estuviera desentrañando algún tipo de enigma- Blanco... Verde... Púrpura... Negro...

Y al fin, trás el largo viaje, el barco -fletado sólo para su transporte- llegó al puerto de Mónaco. Y sintió algo, algo en el aire, en los edificios, en el lujo de la ciudad principado... Y una palabra que flotaba en las mentes de los iluminados: Renacimiento. Loni alzó las cejas y sonrió. Qué apropiado...
Lucía y Anatole desembarcaron con ella.
_ Nuestra misión de escolta finaliza aquí, Loni. Lo que hagas a partir de aquí, es cosa tuya.- fueron las predecibles palabras de Lucita. Loni asintió.
_ No esperaba menos.- miró al malkavian con una sonrisa.- Fue grato volver a verte, Anatole.
Él sonrió, pero Lucía ni se inmuto, como había esperado.
_ Entonces, nuestros caminos vuelven a separarse.

Aquella fue la despedida, ellos se marcharon por un lado y Loni por otro, acompañada de los sirvientes que llevaban sus cosas. Se alojaron en una posada y la noche siguiente se encargaron de comprar para ella algo de ropas y un carro con caballos para viajar, de modo que para cuando amaneció, abandonaron Mónaco en dirección al este, con Loni oculta en el interior del carruaje, conducido por los dos criados.
Quería viajar hacia Transilvania, atravesando el norte de Italia para encontrar a Vykos, y para facilitar su tarea, se valió de un poder que había aprendido pero jamás había utilizado. La invocación, repetida cada noche, haría que Vykos oyera su llamada y la buscara sin saber por qué. Y de la misma manera, invocó la presencia de Arístides, rogando que siguiera vivo, que la oyera, que estuviera bien y acudiera. El viaje fue lento en algunas etapas en las que el carro tenía dificultades para pasar, pero pronto alcanzaron el norte de Italia y Loni sintió la tentación de visitar Venecia, a su chiquillo Pietro, que creía ser chiquillo de Michelle en realidad...
Una noche, cuando pasaban a pocos kilómetros de Venecia, Loni sintió que su carro se detenía y se puso en guardia inmediatamente, invocó a su sangre para poder huir si era necesario, pero al no oir a los sirvientes ni a los caballos, se asomó cautelosamente por la ventana de la portezuela.
Fuera vio a un hombre que no se ocultaba, vestido con sucias y gastadas ropas de peregrino, y con una capucha cubriéndole el rostro. Pero apenas se hubo asomado, el hombre retiró la capucha y el corazón muerto de Loni dio un vuelco.
Sin decir nada, Loni abrió la puerta del carro, y sin decir nada, pero sin dejar de mirarla a los ojos, Arístides se acercó y subió. Se sentó frente a una Loni que no sabía si creer lo que estaba pasando y tomó con suavidad su mano, haciendo que la recorriera un estremecimiento. Con suavidad, su mentor se llevó la mano fina a los labios, y la besó con delicadeza.
_ Gracias.- dijo con suavidad- Gracias, Loni, por más de lo que crees. Gracias.- sus ojos la miraban y no se apartaban de los suyos y Loni sintió ganas de acariciarle rostro, de apartarle con suavidad los rizso castaños del rostro, pero se contuvo- Cuando noté tu llamada, vine en cuanto pude. En cuanto supe que estabas viva... Tuve que venir. Tenía que hacerlo.
No pudo sino sonreir. Estaba bien, le había salvado...
_ ¿Hablaste con Vykos? ¿Te contó lo que había ocurrido? - Aristides asintió, mirándola con gravedad- ¿Sabes lo que ocurrió antes de que le encontrara?
_ Sí.- respondió.- Malkav. El se quedó a Michelle ¿Verdad? Pero veo en tus ojos que no te la arrebató del todo.
Loni sonrió con amargura.
_ Michelle desapareció, no sé lo que ocurrió con ella. Sencillamente desperté y era... yo.- e hizo un gesto con las manos como si ser Loni fuera solo un andrajo comparado con lo que era Michelle. Y lo era ¿La apreciaría menos Arístides ahora? Se reprendió a si misma por permitir que aquellos pensamientos infantiles la asaltaran: había salvado su vida y él la había buscado. La apreciaba.
Arístides alzó entonces una mano y la posó con suavidad sobre su pecho muerto, sobre el corazón de Loni.
_ Sigue en tí.- dijo al fin- Pero para que ambas vivierais, necesitaba de tu fuerza, Loni. La misma fuerza que te impulsó a salvarme. Esa fortaleza que nunca creiste tener, pero que estuvo siempre en ti. La misma que me salvó.
Loni cerró los ojos. Podía sentir aquella mano ardiendole en el pecho, clavándosele como mil cuchillas. ¿Entonces por qué no me amas? quiso decirle, pero sus labios no se despegaron. Volvió a abrir los ojos.
_ Yorak habló de un nexo, un don...- temía que la Dama se lo hubiera arrancado, puesto que era aquello lo que necesitaba para sanarse.- ¿Sigue en mí?
_ La Dama no te lo ha arrebatado, pero sí lo ha mancillado. Puedo sentirlo... Diferente.- la miró con gesto preocupado y aquello alarmó a Loni- Dime, Loni... ¿Cuánto hace que no has esculpido?
Loni trató de recordar.
_ Desde que dejé Florencia. Antes de que me encontrara Malkav, hace casi treinta años...
_ Cuando te conocí, aquella chispa que vi en ti se manifestaba en tus esculturas. Por eso te di la moneda, porque esperaba que esculpiendo las grandezas del pasado pudieras crecer en ese don. Y lo hiciste... Porque la escultura era tu forma de manifestarlo.
Loni se llevó la mano al pecho, junto a la de Arístides, donde había estado la moneda.
_ Malkav me arrebató la moneda.
Arístides retiró entonces aquella mano que era como un puñal y se recostó preocupado contra el asiento.
_ Vaya...- dijo- Bueno, lo arreglaremos. Puede que lleve tiempo, pero lo arreglaremos.
_ Perdí muchas cosas cuando perdí a Michelle.- dijo Loni entonces, al pensar en las escuelas, la casa de Florencia, la fama, sus esculturas, María...
_ Las recuperaremos. Ahora que te he encontrado, estoy seguro que recuperaremos todo lo perdido.
Entonces Loni recordó algo y alzó las cejas.
_ ¿Quién le enseñó Hechicería Koldúnica?- dijo, y Arístides supo a quién se refería.
_ No lo sé... Pero era buena. l conjuro que me selló no era suyo, de eso estoy seguro, ella solo era el foco. Sé quién lo hizo, porque fue el que me retuvo. Pero no sé a través de quién lo hizo, pues él... Nunca da la cara.
En su mente palpitó el recuerdo del Dracon preso por aquellas raices de luz, en su verdadera forma, un arcángel terrible y hermoso.
_ Yo sólo fui la prueba que necesitaba, Loni.
_ El nosferatu que acompañó a Vykos, Zelios... Él creó la red que te retenía.
Arístides negó con la cabeza.
_ Él creía estar acabando con un demonio de la tierra.
_ Kupala...
_ Así es. Sin embargo, ya no soy del interés de Absimiliard, pues mi liberación tuvo un precio.
Loni alzó las cejas ¿No le había liberado Zelios? ¿No había servido de nada su sacrificio?
_ ¿Cual? A parte de mi cordura...
_ Absimiliard obligó a Kupala a traicionar a Yorak. La Catedral de la Carne es ahora su dominio, y mi hermano mayor está muerto. Sin el poder de mi hermano, y con el Anciano loco tras su transfiguración, los tzimisce ya no somos una amenaza para él. Porque al liberarme, se manifestó ante mi... Y él mismo me lo dijo.- Loni se revolvió en su asiento al recordar la espantosa imagen de Nosferatu- "Ya no me interesas" - dijo -. "Ya no sois nada más que ceniza. Larga agonía a los tzimisce." Luego se fue. Viajé a la Catedral... Y estaba sellada: la protegen demonios menores, sirvientes de Kupala. Busqué a mi Padre... Pero su transfiguración le ha cambiado, sus hijos ya no le importan, sólo su búsqueda.
Loni frunció el ceño.
_ Él... llegó a Malkav a través de mí.- dijo, al recordar lo ocurrido en la torre, aquella fatídica noche- ¿Le había llevado dentro siempre o sencillamente me usó como portal?
_ No. Él nos domina a todos, somos parte de él. Su sangre se esparce, y con ella, él mismo lo hace, puede manifestarse en cualquiera que sea tzimisce... O tenga algo de su sangre. Tú la tienes, la Viscisitud.- suspiró- Pero ahora, sólo somos medios para sus fines.
Loni asintió.
_ Entiendo. Malkav dijo que Tzimisce tenía planes para mi.
Arístides alzó las cejas.
_ ¿De veras? No puedo imaginar qué puede haber planeado... Si es que Malkav te dijo la verdad...
_ ¿Quién sabe? Al Ordo lo doy por perdido...
_ El Ordo es a Malkav lo que la sangre de Tzimisce es a mi Padre: una extensión de él- explicó Aristides- Que la Vicisitud tenga ventajas, que el Ordo las diese... Sólo son medios para hacerlos atractivos. Y extender el poder de los dos Ancianos.
Loni le miró, sano y salvo, allí, frente a ella. Sonrió y cruzó las manos sobre su regazo.
_ De todos modos,-dijo- me alegro de verte de nuevo.
De pronto, antes de que Arístides pudiera responder, el carro volvió a detenerse y el Dracon miró a la puerta con gesto de gran sorpresa dibujado en el rosto, al tiempo que Loni percibía una inmensa presencia cerca de ellos, grande, grande como la de... Se puso tensa en su asiento, dispuesta a saltar para huir, pero entonces Arístide dijo algo que la dejó estupefacta.
_ ¿Padre?
Y entonces Loni lo vio: el hombre era como aquel niño que crió Michelle, Leonardo, pero más adulto y con barba. Vestía sencillo pero tenía los mismos ojos ¿Cuantos años habían pasado? El hombre se aferró a la barandilla del carro y entró.
_ ¿Me haceis sitio?- inquirió Tzimisce. Arístides se apartó un poco para que pudiera sentarse, pero Tzimisce la miraba a ella.
_ Hola, Madre.- dijo. ¿Había sido una ironía? Su voz era monótona y profunda, y Loni no pudo sino inclinar la cabeza con reverencia ante aquella criatura. Arístides, por su lado, parecía no acabar de creer lo que estaba ocurriendo.
_ ¿Qué... qué haces aquí?- inquirió a su Sire.
_ Sentí que estabais juntos. Quería veros.- se sentó frente a Loni y continuó mirándola- Veo que la Dama de las Plagas me sigue temiendo. No se atrevió a acabar contigo, ni a tocar tu preciosa alma.
Loni alzó las cejas, escéptica.
_ No estoy tan segura.- dijo.
_ Lo sé. -contestó con sencillez el antediluviano.- Eso es por la enfermedad que portas. Muy hábil. Pero nimio.
Loni se sintió desfallecer ¿Enfermedad? ¿Realmente le habia contagiado la Dama aquella repugnante maldición suya? ¿Acabaría convertida en un charco informe y burbujeante pero consciente?
_ ¿Qué enfermedad?- inquirió, temerosa.
Tzimisce alzó la mano y la cogió de la barbilla. Loni sintió un efecto de aspiración, y de pronto se desprendió un poco de piel de su mentón, que separó y moldeó con sus dedos hasta hacer una pequeña bola.
_ Esto. Supongo que esperaba infectar a mi hijo con su Pestilencia.- se llevó la bolita a la boca y la tragó- La examinaré luego.
Se volvió entonces hacia Arístides, que contemplaba la escena a medio camino entre incrédulo, sorprendido y grave.
_ Adonai... Hay algo que quiero hablar contigo.- dijo Tzimisce. Loni se dio cuenta de que le había llamado por el que debía ser su verdadero nombre. Arístides asintió.
_ Claro, Padre.
Loni, al ver que no se levantaban para salir, se preguntó si debía salir ella, pero ninguno de los dos hizo gesto alguno para indicarle que debía marcharse.
_ Sé que estás preocupado por lo sucedido con Yorak.- dijo el antediluviano, y Loni no pudo creer que fuera a presenciar una conversación como aquella.
_ Su muerte.- atajó el Dracon.
_ Él se lo buscó.- fue la respuesta de Tzimisce- Nuestro clan ha renunciado a sus antiguos. Hasta tu amigo Vykos ha renegado de ti.- Loni alzó las cejas al escuchar aquello- Los Tres se están empezando a mover, creo que en cinco o seis siglos estarán en condiciones de mostrarse abiertamente. Así me lo dijo me hermano. Lo ve en el futuro.
Arístides frunció el ceño, grave.
_ ¿Los Tres? No puede ser...
_ Lo que está maldito por Dios, no puede morir, ni siquiera a nuestras manos. Eso es algo que sé mejor que nadie. Absimiliard es consciente que será el primero en caer, por eso es tan agresivo. Que acumule poder. Eso quizás les debilite, y nadie le perdona lo que hizo.- Loni trataba de asimilar lo que estaba escuchando. Incluso los terribles antediluvianos sentían miedo- Dejemos que muera, y que desgaste a nuestro enemigo.
_ ¿Y qué haremos nosotros?-inquirió el Dracon- ¿Qué esperas de mi?
_ Yorak ha muerto. Ahora, tú eres mi primogénito.- sentenció Tzimisce- Voy a hacer la Búsqueda final. Puede que no logre volver. Dejo el clan en tus manos.
_ Creo recordar que no lo has maneajado desde hace siglos... Y el resultado...- respondió con actritud su chiquillo. A Loni le resultaba extraño pensar en Arístides como en el chiquillo de otro cainita, aunque fuera del propio Tzimisce.
_ Lo sé. Pero eso debe cambiar. Yo ya no existo, morí a sus ojos. Ahora, son rebeldes. Son anarquistas, como se llaman a sí mismos. Toma las riendas, Adonai, porque cuando nos venguemos de Dios, necesitaremos soldados para la batalla final. Para la Gehena.
Arístides negó con la cabeza.
_ Sigo sin estar seguro de desear tal venganza.
Tzimisce chasqueó la lengua con suavidad.
_ Porque viviste en su Gracia hasta la guerra. Yo te devolví la divinidad que perdiste, aunque fuera con Su Maldición, Adonai.- Un arcángel, un auténtico arcángel que había visto el rostro de Dios y había caido... ¿Cómo no amarle?- Ahora, me iré. No nos volveremos a ver hasta que llegue el día de la Gehena.
Tzimisce se puso en pie para abandonar el carro, y volvió a fijar sus ojos en Loni.
_ Madre, siempre es un placer poder verte. Si está en mi mano, trataré de salvarte cuando llegue la Última Batalla. Vive hasta entonces.- entonces abrió la portezuela, bajó, y el carro volvió a ponerse en marcha.

Loni trató de asimilar lo que había oido, incrédula incluso ante lo que había ocurrido en el interior del carro. Se llevó la mano al mentón, allí donde se había desprendido aquel pedacito de piel, y sintió que ya no había ninguna irregularidad, y en lo más profundo de sí misma supo que, si algún día había estado maldita, Tzimisce la había sanado.
Miró a Arístides, pensativo, quieto, en silencio, aturdido por las palabras de Tzimisce sentado frente a ella. Un arcángel. No podía dejar de pensar en ello: había visto su forma, sí, pero las historias decían que Miguel, el Patriarca de los Toreador, utilizaba su presencia para hacer tal cosa. Un arcángel, Tzimisce lo había dicho: vivió en la Gracia de Dios, había visto su rostro, y estaba condenado a vagar por la tierra.
Y entonce se dio cuenta de algo.
Había una escultura que había creado numerosas veces, en Girona, en los Cárpatos, en Venecia y en Florencia... Un ángel caído, clamando al cielo. Y supo que había sido él. Todo el tiempo, había sido él.
Depositó con suavidad una mano sobre la suya y Arístides la cogió y apretó con fuerza.
_ Gracias...- murmuró.
_ ¿Qué haremos ahora?- preguntó Loni con suavidad.
_ Ahora... Tengo que pensar, llevo más de mil años alejado del Clan. Y Vykos traicionó mi confianza... Y dio muerte a los Obertus que quedaban. Con sus amigos anarquistas, asaltó los últimos que quedaban que habían regresado a Constantinopla... Estambul, la llaman ahora. Mis hijos. Sólo quedan un puñado, y eso que nunca fueron muchos. Sólo veo una manera de volver al clan, ser uno de ellos. Estar con ellos. Llevarlos a conseguir victorias.- la miró a los ojos- ¿Quieres ayudarme en esta tarea, Loni? ¿A reclutar el ejército que luchará el último día?
Loni sonrió suavemente,
_ ¿Todavía necesitas preguntar?
Aristides asintió con sonrisa grave.
_ Entonces, los dos necesitamos ser otros. Otra vez.- dijo- Si sólo quedan tzimisce anarquistas, deberemos ser anarquistas. Ocultar nuestro verdadero poder. Y emplearlo para gobernar sobre ellos cuando llegue el momento.
Vio entonces que Arístides comenzaba a cambiar de forma, sin siquiera tocarse la carne. Su cuerpo crecía y se estilizaba, sus facciones se volvían angulosas, su mirada fiera. Pasados unos momentos, nadie le reconocería.
_ Bien. A partir de este momento, soy Grigor Basarab.- dijo aquel nuevo hombre- Ejecutor de su sire y señor el voivoda Dragomir ¿Quién deseas ser?
Loni no dudó un instante.
_ Tu chiquilla, Ada.
Grigor asintió.
_ Sea, Ada... Mi chiquilla.- conectó su mente con la de Loni y puso las manos en sus mejillas: poco a poco, Loni sintió mutar su aspecto a aquel que tenía en mente: una mujer joven, de cabello negro y ojos claros. Se dio cuenta de que se parecía vagamente a Deirdre von Scatha, la chiquilla de Vykos ...
Cuando hubo terminado, Grigor la tomó de las manos.
_ Recuérdalo, Ada. Somos anarquistas. No podemos revelar nuestro verdadero poder, o arruinaremos todo lo que hagamos en adelante. - el carro se detuvo de nuevo- Y no podemos dejar testigos. Bauticemos con su sangre nuestra nueva forma, Ada.
Bajó del carro y Ada le siguió. Su mirada era fiera. Realmente, era un maestro de la impersonación. Nada tenía que ver con Arístides... Salvo que pese a parecer fiero e indómito, seguía teniendo clase y un cierto estilo. Al fin y al cabo, era un arcángel.
Los sirvientes, fuera, no estaban muertos sino paralizados. Grigor tomó a uno y clavó sus colmillos fuertemente en su cuello, y Ada hizo lo mismo con el otro, dejando que un rugido gutural naciera de su garganta al sentir la sangre deslizarse en su boca.

Y con la sangre de los dos sirvientes, nacieron Grigor y Ada... Y juntos, emprendieron el camino que quedaba hasta la ya no muy lejana Transilvania...

15 nov 2005

Sesión Cuadragésimo Séptima: Oscuridad

El frío le despertó. Sentía como su cuerpo se sacudía con espasmos, como lo había hecho hacía tanto tiempo, cuando había sido mortal... Nunca desde su Abrazo había sentido frío de nuevo. Abrió los ojos y todo estaba oscuro, y ni siquiera su otrora aguda vista, ni su poder le permitían ver lo que le rodeaba.

¿Qué estaba pasando?

Sintió la piel fría, humeda y pegajosa, estaba desnuda y el frío era insoportable. Trató de concentrar su sangre para ascender sobre su cuerpo, pero no consiguió nada, y cuando se puso en pie, sintió la punzada del Hambre como no la había sentido en décadas.

¿Era aquello la muerte definitiva? ¿Una condena eterna a frío, Hambre y oscuridad?

Poco a poco, su poder comenzó a definir algunas formas en la oscuridad, y se dio cuenta de que estaba en una habitación pequeña, con paredes como talladas en la roca y donde había yacido, una especie de altar, o tal vez fuera una cama. En una pared, había una puerta de madera, y cuando consiguió ponerse en pie, sintiéndose terriblemente débil, se dirigió hacia ella. Estaba abierta, y no tuvo mucha dificultad en empujarla para salir a un pasillo tan a oscuras como la habitación y un ligero olor a incienso llegó a ella desde alguna parte. ¿Dónde estaba?A ambos lados del pasillo había más puertas como la que conducía a la habitación donde había despertado. A su derecha, tras unos metros, el pasillo parecía acabar y al otro lado, parecía abrirse a una sala más amplia y caminó hacia allí. Necesitaba dejar de sentirse débil, necesitaba sangre... Aguzando el oido, oyó un murmullo similar a un susurro que parecía venir de algún lugar, como una oración oscura y grave, pero lejana.
Con cuidado y paso sigiloso, llegó a la sala. Al contrario que el pasillo, esta sí tenía algo de decoración. Se trataba de una sala circular de unos diez metros de diámetro con un altar en medio y estatuas en las paredes, representando hombres con cabeza de serpiente, pero estaba vacía.

Recordó: Seguidores de Set. ¿Estaba aún en la Corte de los Sueños?

En el extremo opuesto de la sala vio unas escaleras que subían y otras que bajaban, y su Hambre la obligó a ascender. El sonido de oraciones parecía intensificarse a medida que subía y por primera vez, pareció que tras torcer algunas veces en las escaleras, sus ojos percibieron un leve resplandor al final. Al acercarse a lo alto de las escaleras vio que acababan en unas cortinas de cuyo otro lado parecían provenir la luz y las oraciones. No conseguía utilizar su poder de auspex y no podía saber si los oradores eran humanos o cainitas puesto que la cortina se los ocultaba. Sintió otra urgente punzada de hambre y la ansiedad comenzó a hacer presa en ella. Tocó la tela: parecía un cortinaje pesado, más similar a un tapiz alfombra que a una suave cortina e intuyó que ocultaba las escaleras a los que estuvieran en la sala al otro lado, como si fueran un pasadizo secreto. Se deslizó lentamente entre la pared y el pesado cortinaje, con la intención de llegar a un extremo y estudiar como salir de allí, pero depronto sintió que la tela tiraba, oyó un crugido, y el tapiz se desplomó ante ella, descubriéndola ante un grupo de setitas, que ahora la miraban con una mezcla de sorpresa, indignación y curiosidad.
No parecía haber ningún sumo sacerdote, sino que estaban practicando algo como sus oraciones diarias y ninguno parecía agresivo, sino tan sorprendidos como ella misma. Dos de ellos se levantaron y se acercaron a ella con gesto hosco. La cogieron de los brazos lado a lado, llevándola a la fuerza fuera de la sala sin decir nada y taladrandola con la mirada. Loni no podía pensar, solo sentía Hambre y de no haber sido porque podía encontrar, esta vez sí, la muerte definitiva si trataba de diablerizar a alguno, se habría revuelto hasta clavar sus colmillos en su carne. Uno de los que la arrastraba la soltó y se dirigió a los otros cuatro sacerdotes, y les dijo algo en egipcio. Loni se sorprendió entendiendo vagamente lo que parecía una llamada a la tranquilidad... ¿Ahora sabía egipcio?
Cogida por el otro sacerdote, subieron largos tramos de escaleras que parecían no terminar jamás, pasando por salas con más sirvientes que se inclinaban siempre ante su captor. Al fin, y tras pasar por varias salas, llegaron a una sala llena de aparatos extraños y de sarcófagos, y altares similares al suyo con hombres y mujeres aparentemente muertos sobre ellos.
El sacerdote la sujetó con fuerza del brazo.
_ ¡Kahina!- llamó, y Loni recordó a la fría mujer que había visto al llegar a El Cairo, pero como si fuera un recuerdo muy lejano... ¿Cuánto había pasado?
De detrás de unos estantes, apareció la mujer, que apenas vestía un harapo sucio y desgastado, y que seguía teniendo aquellos ojos de serpiente tan inquietantes. Se acercó con paso rápido y la observó de cerca.
_ Loni de Lances...- dijo como para ella- De modo que sigue viva. Sorprendente. Ponla en ese altar- dijo en egipcio al sacerdote.
Loni comenzó a sentir miedo: no tenía modo de salir de allí, de defenderse, y comenzó a revolverse violentamente, tratando de zafarse del sacerdote, pero estaba tan debil que apenas consiguió nada.
Kahina pareció levemente sorprendida.
_ Vaya... Parece que aún retiene algo en su mente... Interesante. Rara vez la Dama devuelve un sujeto con mente- murmuró, y se dirigió a una estantería llena de utensilios cortantes mientras el sacerdote la obligaba a ir hacia el altar.
_ Déjame ir.- dijo Loni, despesperada, pero aquello no hizo sino acrecentar la curiosidad de Kahina.
_ Sorprendente. Y aún puede hablar. Qué especímen tan fascinante.- volvió a dirigirse al sacerdote. Átala al altar, quiero empezar la vivisección de inmediato.
Terror. Loni siguió revolviéndose, aunque parecía imposible zafarse de él, y cuando se dio cuenta, había cerrado unos fuertes grilletes a sus muñecas y tobillos. De pronto, sin recordar haberlo intentado, Loni se vio dentro de la mente de Kahina.

Parecía esperar descubrir en ella un punto débil de la Dama de las Plagas, un motivo para que no fuera una masa babeante de sangre y carne, pero Loni no conocía ninguno, de hecho apenas recordaba nada desde que entrara en la cámara custodiada por aquellas terribles criaturas. Se estremeció ¿Cuanto tiempo había pasado? La mente de Kahina le dio la respuesta: diez años. Diez años presa y sin conciencia de lo que ocurría a su alrededor. ¿O sí? Poco a poco algunos recuerdos regresaron a su mente, pero parecían esquivos. Y la mente de Kahina estaba allí, y también su mano, sujetando un escalpelo, y acercándose a ella. Siguió buscando en su mente una manera de sobrevivir.
Kahina sospechaba que algo en su fisiología pudiera haber sido "de sabor desagradable" para la Dama, tal vez su contacto con los tzimisce. Ordenó al sacerdote que se retirara, cuando estuvo sujeta y asegurada y Loni sintió a la Bestia en su interior, arañándole el pecho. Pero no podía dejarla salir, no debía someterse o encontaría la muerte. Trató de pensar una solución, pero estaba demasiado asustada, y de pronto todos los recuerdos terribles que tenía asaltaron su mente, como una cascada de pesadillas que le daba ganas de gritar. No entendía como podía seguir en la mente de Kahina y reviviendo sus propios terrores, y de repente, en un intento desesperado de salvarse, envió todo aquel caos de miedo y sangre a la mente de Kahina, lo depositó allí y se retiró, tratando de alejar su propia mente de aquellos recuerdos tan horribles. Y entonces, sosteniendo el escalpelo en la mano, Kahina retrocedió dos pasos con los ojos muy abiertos, un hilillo de sangre se deslizó de su nariz, y cayó redonda al suelo para quedar inmóvil.

Loni tardó un instante en entender lo que había hecho. Sus pesadillas habían actuado como un potente golpe en la mente de Kahina, y aunque no la habían matado - no había cenizas en ningún lado- la había dejado completamente inconsciente. Aquel poder le dio miedo, y comenzó a revolverse para liberarse de las cadenas, pero fue imposible. La llave la tenía Kahina, en el suelo, y su cuerpo quedaba completamente fuera del alcance de Loni. Se desesperó: no podía liberarse de las cadenas sin la llave y sin poder utilizar sus poderes. Y Kahina comenzaba a recuperar la conciencia.
Impotente, contempló como Kahina, aturdida y sorprendida, se ponía en pie torpemente y la miraba con renovado interés.
_ Sor... Sorprendente...- murmuró, mientras dejaba el escalpelo en la mesa y la contemplaba como si fuera un manuscrito único y precioso.- Este poder... Lo quiero para mi...- Kahina se tambaleó y Loni se dio cuenta de que tenía los sentidos descompensados y le costaba coordinar sus movimientos. Loni maldijo, no pretendía darle otra razón a Kahina para que la abriera o tratara de obtener aquello por sí misma. No dijo nada y Kahina la estudió entrecerrando los ojos.- Pero... Entiendo... No es algo que te pueda robar... Enséñame pues, Loni de Lances. ¿Qué deseas a cambio?
Sus ojos brillaban con ambición, y de nuevo en su mente Loni entendió que había interpretado su acto desesperado como una disciplina. Podría sacar provecho de ello. Alzó las manos sujetas con grilletes.
_ Si te enseño, me dejarás marchar, y te asegurarás de que abandono Äfrica sana y salva.
Kahina la miró ladeando la cabeza con gesto inquietante, parecía calcular.
_ La Dama no permitirá que se sepa de su existencia. Deberé eliminar todo recuerdo que tengas de tu estancia entre nosotros.
Loni se permitió mirarla con desprecio, en una pose.
_ La Dama lo hubiera hecho ella misma.
Aquello, sorprendentemente, pareció convencer a Kahina y Loni se preguntó si el golpe no había niblado también su juicio.
_ Tienes razón.- dijo la setita- En ese caso, garantizaré lo que pides
Loni asintió.
_ Suéltame ahora. Necesito beber.
Kahina pareció sorprendida.
_ El aturdimiento debe haber nublado mi juicio... Por supuesto- Sacó una pequeña llave y quitó los grilletes a Loni, que permaneció en guardia, con los músculos en tensión, y tratando de controlar el Hambre que rugía en su interior.- ¡Sirviente! ¡Sangre!- exclamó.
Un sirviente entró por la puerta, se acercó a Kahina y se rajó diligentemente la muñeca con un cuchillo.
_ No, para mi no, para ella.- el sirviente se volvió hacia Loni, que se llevó la muñeca a la boca con avidez. Sintió la sangre deslizarse por su garganta, apaciguando su hambre, pero apenas había bebido un poco cuando sintió las piernas del sirviente flaquear. Estaba tomando demasiado y apenas se sentía saciada. Dejó al sirviente, que parecía aturdido, y se dirigió a Kahina, que se había acercado a una estantería mientras Loni bebía.
_ Necesitaré mas sangre,- dijo- este poder requiere un gran esfuerzo.
Kahina asintió, cogió una polvorienta bolsa de un estante y se la lanzó.
_ Toma.- Loni abrió la bolsa y descubrió unas extrañas gemas rojas en su interior- Puedes tomarlas. Son genéricas, puede tomarlas cualquiera.
Podía ser magia, podía ser vitae y acabar vinculada, o podría ser deliciosa sangre. Fuera lo que fuera, era rojo, y tomó una primera gema para llevarsela a la boca. Al engullirla, comprobó aliviada que era sangre, y tomó otra y otra hasta que se sintió con fuerzas pero no saciada.
Cuando hubo terminado, Kahina se acercó a ella con un pergamino y un cálamo, y se los tendió.
_ Firma aquí, con tu sangre.-dijo.
Loni estudió el documento, pero no entendía nada.
_ ¿Qué es lo que firmo?
_ Si no me enseñas el poder, caerás medio siglo en letargo. Si no te dejo ir tras enseñarme el poder, caeré cincuenta años en letargo. Es un contrato de sangre. Lo firmaremos las dos, y lo quemaremos.
_ Dejarme ir y asegurarte de que no me ocurrirá nada hasta que deje África. Los setitas no me atacarán.- puntualizó Loni, y Kahina asintió, añadió unas cuantas lineas más al pergamino con su propia sangre.
_ Hecho.
Ambas firmaron, y cuando las dos señales rojas brillaron sobre la piel, Kahina se acercó a una de las linternas de grasa de la estancia y quemó el pergamino. Mientras se consumía, la setita se giró hacia ella con los ojos muy abiertos.
_ Ya está hecho.-siseó- Ahora, dependemos la una de la otra. Cumplamos el contrato, y no nos pasará nada a ninguna de las dos.

Durante los meses que siguieron, Loni no cayó en letargo, por lo que supo que Kahina aun esperaba aprender algo de ella, pero también la setita se dio cuenta de que lo que había ocurrido no era una disciplina refinada, sino un poder en bruto que ni siquiera la propia Loni controlaba plenamemte. Kahina esperaba que desarrollara una versión refinada del poder para enseñársela a ella y aquello siginificaba... años de trabajo.

¿A donde vas a ir ahora? Se decía Loni ¿Qué tienes? ¿Quién te espera? Quedate y asegurate tu libertad, y quien sabe qué más...

Loni se dio cuenta de que había pasado treinta y cinco años viviendo con los setitas, aunque de los diez primeros apenas recordaba nada. Sí recordaba, por ejemplo, algo muy inquietante acerca de la maldición que aquejaba a la Dama de las Plagas, de la que temía haber sido contagiada aunque no pudiera saberlo, y algo que la turbó profundamente: el nosferatu que marchó con Vykos para liberar al Dracon... fue el mismo que creó la red que le aprisionaba. No había sido una iniciativa suya, sino que había creado la red por orden de Kupala, el demonio... Aquello le dio la primera pista, la primera meta en cuanto saliera de África: encontrar a Vykos y averiguar si había liberado al Dracon, y si así era, encontrar a Arístides.

De los veinticinco años que convivió en la Corte de los Sueños con los setitas, puesto que Kahina no le permitía abandonar el templo, y en alguna ocasión en que había intentado huir vía astral, había comprobado con frustración que la Dama vigilaba la salida astral. Sin embargo se dio cuenta de que había aprendido muchas cosas, como por ejemplo que los setitas de la Corte de los Sueños adoraban a Seth con fanatismo, cosa que no parecía demasiado complicado de percibir, rodeada como estaba constantemente de esculturas y tapices del dios.
Por otro lado Kahina era una asceta, todo lo contrario a Michelle. Fría, analítica, desprovista de emociones, sólo dedicada a sus estudios y a sus obligaciones hacia Set, podría haber sido algo hermosa de cuidarse y de no ser por las deformidades reptilianas que asolaban su cuerpo, como aquellos inquietantes ojos viperinos. En los veinticinco años, Loni no logró nunca desarrollar el más mínimo afecto por ella y de hecho, podría haberse vuelto loca de no ser porque en la corte había setitas más sociables que ella, como por ejemplo, el hombre gordo que se fue cuando Loni había llegado por vez primera al palacio, un pez gordo de la corte y chiquillo de uno de los señores del lugar. Su nombre era Izzat y era chiquillo del cainita que los había recibido a ella y a Vykos, Bilaal.
Aprendió tambien que la Corte se dividía en tres tipos de gente. Los que adoraban a Seth y sólo existían para ello, como Kahina y los Sacerdotes, jamás abandonaban el templo y el mundo les era indiferente. Trás ellos, estaban los que interaccionaban con el mundo y traían a las víctimas para sacrificios y sangre, normalmente, neonatos y similares probando su valía a Seth para ganarse una buena vida como sacerdotes. Algunos de ellos eran antiguos dedicados a formar a sus jóvenes en aquellas tareas y eran definitivamente los más sociables. Entre ellos fue con quien pudo haber encontrado algo similar a la amistad. El tercer tipo de setita, eran los viajeros, que pasaban por la Corte y se marchaban. Eran a menudo, neonatos con mensajes, pero también eruditos en busca de información, y uno de ellos llamó la atención de Loni, o al contrario, tal vez fuera ella quien llamara su atención. Su nombre era Hesha Ruzhade, que se interesó por ella al saber que había llegado con Vykos. Al parecer, era un estudioso erudito setita que viajaba por todo el mundo en busca de reliquias y otras cosas similares pero apenas tuvieron tiempo de hablar, al interrumpirles Kahina, impaciente por seguir el entrenamiento.

En aquel tiempo, Loni había llegado a conocerla, y era una hechicera muy poderosa. Por ejemplo, los cuerpos de los altares en realidad eran contenedores para espíritus muertos para crear unos guardianes llamados "momias híbridas", muy poderosos e insensibles al dolor. Aparte de aquello, Kahina dominaba una rara forma de hechicería, el Akhu, y tenía su dominación era interesante, usandola para condicionar a los sujetos de sus experimentos para que se volvieran insensibles al dolor cuando los estudiaba con vida. Aprendió fortaleza para no cansarse nunca, lo cual era muy práctico para ella, pero agotador para Loni, que veía como era incansable en sus entrenamientos. También dominaba la ofuscación, y gustaba de ocultarse cada vez que alguien entraba en el laboratorio, de hecho, las había ocultado a ambas en más de una ocasión.
Por otra parte Kahina ostentaba el título de Suprema Sacerdotisa de Seth en la Corte de los Sueños y al fin en 1485, Kahina consiguió dejar inconsciente a uno de sus sirvientes por medio de su voluntad.

4 nov 2005

Sesión Cuadregésimo Sexta: Errores

Cuando llegó la noche siguiente, nada más levantarse Vykos le informó de que iría a buscar a los humanos prometidos por Deirdre para ser su rebaño, no sin que antes Loni le recordara el lugar y la hora en que debían reunirse para embarcar en el Occitania.
_ No me olvidaría... Y créeme, tengo más ganas que tú de salir de esta ciudad.- Loni sonrió escéptica y no dijo nada, sin embargo, en cuanto Vykos desapareció por la puerta, decidió que era su última oportunidad para presenciar sus juegos con la misteriosa Deirdre von Scatha.
Llegó al palacio, siguiendo a Vykos con cuidado y en el patio había una veintena larga de mozos y muchachas con los fardos listos para un viaje largo. Vio a una hermosa muchacha vestida elegantemente- aunque sin tanto gusto como Michelle -saludar a Vykos y presentarle al que parecía ser el líder de los allí presentes. Había visto aquel rostro en la mente de los sirvientes y debía admitir que aquella mirada maliciosa resultaba más inuquietante en persona que en cualquier recuerdo.
Deirdre se adelantó, tomando a Vykos del brazo.
_ Fausto, querido - dijo- Permíteme presentarte a André Lemer, el embajador monegasco para El Cairo. Estoy convencida que la experiencia de lord Fausto, querido André, te será de gran utilidad en esta tarea de representar los intereses de nuestro principado en el país del Nilo.
El hombre llamado André se inclinó ante ella en una reverencia.
_ Mi señora Carolina, os agradezco la confianza, aunque sigo sorprendido por la presteza con que todo esto se ha sucedido. Os prometo llevar a cabo mi tarea con la máxima diligencia.
Vykos no dijo nada y Loni le vio tenso. Deirdre sonrió ferozmente.
_ Y ahora, Fausto, ¿puedes venir conmigo? Tenemos algo que hacer... ¿Nos disculpas, André?
André asintió y volvió a los suyos para acabar de prepararlo todo antes de ir hacia el puerto.
ykos y Deirdre entraron en el palacio, y Loni les siguió cuando fueron hacia una torre donde, atada sobre la cama, había una muchacha desnuda y terriblemente asustada. Deirdre se acercó a ella, que gimoteaba y temblaba, y al cabo de un instante Vykos la imitó. Entonces, su chiquilla la mano por el rostro de la muchacha, y Loni vio de pronto sus dedos convertirse en dos hilillos de sangre que le entraron por las fosas nasales. La mano de Vykos hizo lo propio, y sus dedos al convertirse en sangre le entraron por la boca, ahogando cualquier intento de grito de la chica.
Loni contempló fascinada como poco a poco, los cuerpos de Vykos y de Deirdre se diluían en sangre, y las formas se perdían. Pronto, los tres cuerpos desaparecieron en una masa de carne y sangre palpitante, en un solo ser.
Poco a poco, tras muchos minutos, las formas empezaron a separarse. La chica ya no existía, no había una sola gota de sangre en la cama y Vykos había recuperado su buen aspecto de siempre.
Deirdre volvió a sonreir con aquella sonrisa feroz.
_ Te dije que te haría sentir mejor.- le dijo a Vykos, pero él, desnudo, se acercó al armario para coger ropas limpias- ¿Cuándo volverás por aquí? - le preguntó con voz gatuna.
Vykos se encogió de hombros levemente.
_ No lo sé, tengo asuntos...
_ Importantes...- terminó ella- Siempre tienes asuntos importantes.- de pronto parecía molesta y realizó un gesto despectivo con la mano- Da igual, es tu no-vida. Pero recuerda que un día puedo cansarme de jugar contigo.
Vykos no dijo nada, se anudó la camisa y se marchó sin mirar atrás.
Cuando salió por la puerta, Deidre permaneció aún un instante allí, moldeándose el rostro. El resultado de su trabajo fue el rostro del propio Vykos pero con rasgos indiscutiblemente femeninos.
_ Sascha...-murmuró Deidre, y se estiró en la cama, jugando con un dedo en la sábana hasta rasgarla con la uña. Luego, no se movió más.
Loni volvió a su cuerpo después de aquello, cogió sus cosas y salió de la posada en pos del puerto. Una vez fuera, vio a varias de las personas que había visto en el patio del palacio cruzar la calle hasta el puerto. André estaba con ellos. Al parecer mientras Vykos y Deirdre cenaban, ellos habían ido hacia el barco.
Loni estudió al grupo desde un rincón sombrío: eran jóvenes sanos, emparejados entre ellos, asistentes para André y su embajada egipcia. Los había de toda clase: adinerados administradores, humildes cocineros...
Luego, penetró en la mente de André para averiguar qué clase de rebaño iban a ser. André sabía que ni la mitad de sus allegados sobrevivirá al viaje, era una marioneta de Deirdre que esperaba ganarse el Abrazo por esta misión, que consistía en asegurarse de que el resto de pasaje les sirviera a ella y a Vykos de comida sin dar problemas de ningún tiempo. Parecía estar demasiado acostumbrado a qeu Deirdre se propasase con sus presas y estaba convencido que ellos harían lo mismo.
En el fondo, estaba deseando ser como Deirdre para hacer él mismo aquellas cosas, pero hasta entonces, dejaría aquel instinto asesino tan oculto como fuera posible. Le gustaba tener el control sobre otros, sentirse con el poder, dominante, aunque en manos de Deirdre - a la que parecía estar vinculad por el modo en que todos sus pensamientos iban dirigidos hacia ella- prefería ser sumiso y dejarse hacer. De hecho, ella sólo le había "tratado" una vez, y de aquello hacía dos años, por lo que dedujo que él era completamente prescindible para ella, aunque él estuviera convencido de que para ella, él era especial y diferente, y que esta misión era su ocasión de ganarse el Abrazo. Mientras, pensaba entretenerse con un par de las sirvientas a las que había elegido personalmente. Loni sonrió complacida, era un monstruo para ser sólo un hombre, y aquello hacía que su sangre resultara más sabrosa a sus labios.

Convertida en una radiante belleza de piel tostada y cabellera oscura, Loni se acercó coqueta al grupo, y André no tardo ni un instante en acercarse con impecables modales de caballero y seductor.
_ Una hermosa vista la que mis ojos contemplan esta noche, bella dama. ¿Puedo ayudaros en algo?- dijo. Los tzimisces serían monstruos, pero Loni había comprobado en muchas ocasiones que tenían educación y modales. Invocó su sangre para sonrojarse castamente.
_ Me halagáis señor- dijo, tímida. Miró entonces el barco amarrado en el muelle y él siguió su mirada- ¿Navegáis en el Occitania?
André asintió.
_ Así es. Soy diplomático, y me dirijo a la lejana África.- Loni abrió los ojos como si la labor de diplomático fuera la más excitante del mundo y sonrió.
_ ¡Ah! Entonces vos debéis deser André Lemer...- exclamó, fingiendo que recordaba algo importante. André se sorprendió un momento, pero finalmente sonrió halagador.
_ Eso es algo injusto, señora. Vos sabeis de mi, pero yo nada sé de vos. Eso me da desventaja...- dijo, coqueteando. Loni se sonrojó un poco más.
_ Perdonad- dijo Loni mirando al barco.- Estoy algo nerviosa. Soy María.
Advirtió entonces su mirada maliciosa por unos instantes y vio que estaba convencido de tenerla conquistada. André le tomó la mano con elegancia, y en lugar de depositar un casto beso, deslizó brevemente la punta de la lengua lasciva por el dorso de su mano.
_ Enchanté, María.- esta vez Loni mezcló con su sonrojo una mirada descarada. De pronto André se volvió hacia los que esperaban en el puerto- ¡Jean Pierre! Lleva mis cosas al barco.- le tendió el brazo y sonrió- ¿Un paseo, señorita?
Loni tomó el brazo con una sonrisa.
_ Será un placer.
Para diversión de Loni, André no tardó demasiado en llevarla hacia un callejón oscuro. Al parecer el joven tenía subido mucho más que su ego y antes de que pudiera siguiera desenlazar el escote de su blusa, ya tenía sus manos paseando por debajo de la ropa.
_ Y decidme, hermosa desconocida... ¿Qué quereis del buen André?- dijo, tomándola por la cintura con un gesto brusco y acercando tanto su rostro al de ella que apenas cabía un dedo entre sus labios. Loni le miró con malicia y sonrió.
_ Todo lo que podáis darme.
Se entregó a sus besos, divertida, sintiendo que incluso sin Bestia, los humanos también estaban sujetos a otro tipo de hambre... Su ansia tomó un caliz agresivo sin borrar la sonrisa de su rostro, y ella se dejó llevar hasta que decidió que ya era hora de cobrar el precio de sus besos, y clavó con suavidad los colmillos en la tierna carne del cuello. André se mareo levemente y la soltó por un momento, pero de nuevo la tomó por la cintura y hundió el rostro en el escote de su blusa. Al cabo de un rato Loni se cansó del juego y le ordenó parar pronunciando las palabras en su mente.
Entonces André la soltó y la miró sorprendido. Sorprendido... y asustado.
_ ¡Eres como ella!- exclamó al ver que la soltaba contra su voluntad. Loni sintió su miedo, acaba ba de darse cuenta que había sido víctima de su juego y tenía miedo que desease acabar el juego al estilo de su señora, en los que la muerte de la victima no era infrecuente.
Loni le sonrió con malicia.
_ Vendrás cada anochecer a mi camarote.- dijo, y supo que él obedecería sin necesidad de usar sus poderes.
Volvió al barco dejándolo ahí y se encontró con Vykos y Marianne con su esposo, que llegaban al mismo tiempo.
_ Ah, madame - dijo Marianne acercandose para saludarla- ¿Lista para zarpar? Permitidme mostraros vuestro camarote. Debereis compartirlo con Vykos, a quien ya le hemos preparado todo para suis necesidades.
El barco zarpó al fin con todos a bordo, con André alejándose todo lo que podía de ella, y con Vykos depositando en el suelo del camarote algo de tierra sacada de su propio ser.
Loni se tumbó en la cama como un gato perezoso.
_ ¿Aún quieres ir a Malta, Loni?- inquirió Vykos la segunda noche.
_ No será necesario. Nos esperan en El Cairo.

Y así, comnezó el viaje por el Mediterraneo...
Loni pasó su tiempo asustando a André y probandose vestidos que Marianne confeccionaba para ella a cambio de los dos cocineros, jovenes especialmente apetitosos, que formaban parte de su rebaño. Vykos, por su parte, se enfrascó en la lectura de varios tomos que Deirdre le había proporcionado.
Y mientras Marianne intentaba, con la charla incesante de las costureras, averiguar más cosas de ella, Loni entró en su mente en busca de sus orígenes y encontró que era una seguidora de Set, nacida en Occitania que había sido utilizada por si Sire por su apariencia europea. De Kahina no sabía apenas nada, salvo que era poderosa, y trataba de no acercarse ni permanecer mucho cerca de Egipto.

La embarcación pronto comenzó a bordear sin más problemas la costa africana, enfilando hacia tierras egipcias. Al fin, tras un par de meses de viaje, alcanzaron el delta del Nilo, y la ciudad de Alejandría. El destino donde Marianne se comprometió a dejarles. Loni cumplió su padre del trato y dejó a bordo a los dos cocineros prometidos, y se regaló a sí misma el placer de devorar lentamente a André.
Al bajar del barco, en la misma pasarela, cuatro individuos individuos esperaban. Tenian aspecto de musulmanes, de pieles cetrinas e iban armados. Marianne bajó a hablar con ellos y trás un par de minutos de conversación volvió a bordo.
_ Parece que vuestra escolta ha llegado... Loni de Lances. Os esperan en el Cairo.- Vykos la miró alarmado. Los cuatro hombres abajo observaban atentos, al parecer no habían subido a bordo para no parecer hostiles.- Mi trabajo aquí ha concluido.

Loni habló en su mente.
"Habéis hecho un buen trabajo, Marianne, hija de Set"

Marianne asintió.
_ No esperaba alguien ha llamado la atención de mis superiores. Gloria Set.

Se despidieron allí, llevando con ellos a dos miembros del rebaño y dejando al resto desorientado en el puerto trás la muerte de André, temerosos de volver a Mónaco con su jefe muerto. Vykos la seguía mirando, esperando una explicación pero Loni decidió que no se la daría todavía, aunque no podría demorarlo mucho más.
Los cuatro de abajo les saludaron respetuosamente al llegar abajo, y en un correcto francés de fuerte acento.
_ Saludos, soy Mahmud, de los Seguidores de Set. Os escoltaremos hasta El Cairo, madame.
Los cuatro eran vampiros y aunque educados, no eran muy habladores y se habían encargado de todo para hacer el viaje lo más llevadero posible.
Dos semanas más tarde, alcanzaron al fin su destino, El Cairo. En la lejanía, recortadas contra la luna, el perfil de las pirámides se lograba incluso adivinar. La llegada a la ciudad fue sencilla y la escolta les llevó directamente al palacio de uno de los grandes señores de la ciudad.
_ La Corte de los Sueños os espera.-dijo Mahmud- Mi señor Bilaal os recibirá hoy mismo.
El palacio estaba lleno de gente, sobretodo de sirvientes de ambos sexos: guardias los hombres... Un harén ellas. No podía verlas, pero sus sentidos le permiten oir sus voces venir de algún sitio de aquel palacio.
SIn embargo, en el salón principal, vio tan sólo tres personas. Uno, un hombre gordo. A su lado una mujer vestida en harapos de aspecto siniestro, y un rico hombre ataviado en lujosos vestidos hablando con el gordo.
Mahmud se inclinó ante ellos.
_ Mi señor Bilaal... Los extranjeros que me encargasteis escoltar han llegado.
Bilaal asintió, e hice un gesto para que abandonasen la sala. Acto seguido, hice el mismo gesto al gordo.
_ Ah... Vos debeis ser la Esperada.- dijo Bilaal cuando quedaron solo la mujer extraña, Loni, Vykos y él mismo.- Soy Bilaal, señor de esta humilde hacienda... Aunque no con quien tratareis, me temo. Os presento a mi señora, Kahina.
La mujer envuelta en harapos la miró con ojos que no parpadebaan, examinándola sin moverse nada. Era... siniestra...
_ Mi señor me anunció un trato con vos. ¿Venís a cumplir el trato?- espetó la mujer de pronto, sin más rodeos.
Loni no se esperaba aquello, contaba con más tiempo para hablar con Vykos, de explicárselo, y de pronto se dio cuenta de que había cometido un error que podía costarle la vida. Se armó de valor.
_ El trato incluye dos partes. Si cumplis la vuestra, cumpliré la mía- dijo a la mujer.
La mujer asintió.
_ Supongo que vuestro acompañante será el depositario del conocimiento mientras vos os quedais aquí, ¿me equivoco?- Kahina miró a Vykos, que permaneció callado como desde hacía unos días, esperando una explicación que no llegaba.
Loni no se atrevió a mirarle y mantuvo el mentón alzado.
_ No traté con vuestro señor los detalles del trato. Os ruego que nos permitáis aposentarnos y hablaremos de ello una vez hayamos descansado.
Kahina siseó algo que Loni no pudo comprender.
_ Mi señor no tiene mucha paciencia, pero es comprensible. Vuestros aposentos están en el piso de arriba. Los sirvientes de la puerta os llevarán a ellos. Os mandaremos alimento.- Kahina, fría y tremendamente directa, se giró y dirigió a la puerta para marcharse.- Mañana a primera hora discutiremos el trato, una vez estéis descansados.
Loni se inclinó a modo de respuesta y Kahina desapareció por una puerta lateral. Loni y Vykos salieron del salón y se dirigieron en busca de los sirvientes, pero al salir del salón Loni percibió una presencia invisible en él. Se volvió para mirar, pero no vio a nadie allí.
Los sirvientes les alojaron arriba en habitaciones separadas, de un lujo y detalle inusitado, amplias y muy cómodas. En la suya, Loni encontró las más finas telas para vestirse, en un armario enorme, y un joven para alimentarse a placer. Sin embargo, tenía cosas que hacer.
Vykos aguardaba en su habitación, taciturno y silencioso.
Al verla entrar, fue el primero que habló en su mente.

"Espero que te des cuenta la situación en que nos has metido, Loni. Espero que tengas una buena explicación."

Aquello la encendió. Sí, sabía que no había sido una buena idea, que era peligroso y que era probable que no saliera de allí con vida. Pero Vykos no había hecho absolutamente nada por el Dracon ¡Nada! ¡No tenía derecho a hablarle así! Ella le había visto preso, había sentido su dolor ¡Había llevado a Tzimisce en su carne y le había alimentado con su sangre! ¡Vykos no era nadie para dirigirse a ella de aquel modo!

"Necesitabamos un geomante, tenemos un geomante."
le espetó.

"¿Y el precio?"


Loni le miró a los ojos.
"Yo"
Vykos enarcó una ceja escéptica.

"No sabía que tu devoción por él llegase tan lejos" dijo.
Loni le dirigió una mirada de desprecio.

"En realidad no sabes nada. Lo que ellos quieren de mi es lo mismo que quería Yorak, pero ellos nos proporcionarán a un geomante, que ya es más delo que nos ofrecía Yorak. Y más de lo que has hecho tú."

"Y tú serás su juguete" suspiró Vykos "No me voy a poner sentimental contigo, Loni, pero espero que sepas lo que has hecho con este trato"

"Intuyo que nada bueno para mí. Así que más te vale sacarle de
donde está"


"Esto es una fortaleza setita, en corazón de territorio setita" continuó él "Incluso con él, dudo que sea posible rescatarte de aquí"

Loni suspiró, resignada.
"El trato está hecho, Vykos."

Vykos lo sabía y Loni supo que la conversación había terminado.
"Buena suerte, la necesitarás. Y debes saber, que la próxima vez que te vea, dudo que pueda mirarte como a una amiga o aliada. Pues si vuelvo a verte, dudo que seas la misma Loni que he conocido."

Loni se puso en pie y se dirigió a la puerta.
"En realidad no me has conocido nunca. Dile lo que he hecho por él"

Vykos asintió y se acercó a ella.
"Lo haré", se quitó un anillo que llevaba en el dedo y se lo entregó."Un regalo de despedida"


La noche siguiente, Kahina estaba sola en el salón de abajo.
_ Buenas noches. Ahora el trato ¿Es él el depositario?- dijo, de nuevo con aquella rudeza que la caracterizaba.
Loni asintió.
_ Lo es.
Kahina hizo un gesto con la mano al tiempo que decía:
_ Zelios.- y de pronto, se desofuscó un nosferatu. Loni reprimió un grito al recordar el rostro de Absimilliard.
El nosferatu se inclinó levemente para saludarles.
_ Buenas noches. Buscabais un geomante, ¿no es así? Soy Zelios, maestro geomante buen conocedor de Europa. Mis colegas setitas me han pedido que trabaje con usted, señor Vykos. Me alegra verle de nuevo.
_ ¡Zelios! -exclamó entonces Vykos, y Loni la miró sorprendida¿ ¿Había conocido un geomante todo aquel tiempo?- ¿Desde cuándo trabajas con los setitas?
_ Oh, desde hace mucho tiempo, viejo amigo. Me alegro verte de nuevo. ¿De qué se trata?
Vykos ni la miró.
_ Ya te lo contaré cuando nos hayamos ido, Zelios.
_ Si habéis acabado, ya podéis iros.- espetó Kahina. Vykos miró a Loni un momento y bajó la vista al suelo antes de irse con el nosferatu. Kahina se acercó a ella.- Ahora, niña, acompáñame. La Dama desea verte.

Bajaron al sótano, y de ahí al subsótano. Pronto, entraron en una especie de extraño palacio subterraneo. Extraños cánticos resonaban por doquier, y sacerdotes de Set adoraban en el complejo subterraneo, que parecía a cada paso más y más gigantesco, a su dios oscuro. La luz casi no existía en aquel lugar, plagado de serpientes de todos los tamaños que reptaban entre estatuas del dios. Cada vez descendian más, hasta que al llegar a un umbral de una enorme puerta, Kahina se detuvo.
_ La Dama de las Plagas te espera.- dijo entonces, y llamó una sola vez a la puerta, que se abrió con un chirrido. Al otro lado, vio a una figura de más de dos metros en la penumbra, y contempló horrorizada que se trataba de un extraño ser medio gato medio hombre monstruoso. Kahina se dirigó al ser.
_ Es ella. La Dama la espera.- el ser asintió y acompañó a Loni a través de once puertas más, cada una vigilada por otro de su misma especie. Y cada vez que cruzaba una, Loni se daba cuenta del tremendo error que había cometido, y de que ya no había vuelta atrás. Moriría allí.
Al fin, la última puerta se abrió,y en el interior, algo burbujeante se hallaba en perpetuo cambio, informe, una masa carnosa sin forma está suspendida a un metro del suelo. Era la Dama de las Plagas, víctima de una maldición que privaba a su cuerpo de adquierir forma.
_ Loni de Lances.- dijo una voz, la voz que había escuchado aquella noche flotando sobre El Cairo- Ahora eres mía. ¿Te sometes voluntariamente?
Loni quería salir corriendo, esconderse, huir, pero las monstruosas criaturas de las puertas no se lo permitirían. Y si se resistía, habría dolor. Dolor y muerte. Asintió, aquí acababa su vida.
_ Sí.
Zarcillos de esencia espiritual la rodearon, la tantearon... Pero no era su cuerpo lo que tocaban, sino su espíritu. Y se entregó al dolor.

31 oct 2005

Sesión Cuadragésimo Quinta: Kahina

Puesto que necesitaban un rebaño para el viaje a Alejandría, Loni decidió preguntar a Vykos si su querida Deirdre podría proporcionárselo.
_ ¿Deirdre...? Eso no será problema. No, no será problema para ella.- respondió él- ¿Qué prefieres?
Loni recordó el rebaño que había tenido en Florencia cuando era Michelle de Mauvernay, hermoso y ostentoso, pero ya no podía permitirse algo así si quería pasar desapercibida...
Y que lejos parecía ahora Michelle de Mauvernay...
_ Algo discreto, no quiero llamar la atención. Y tal vez alguno hermoso como obsequio para Marianne, una doncella, o un hombre joven.
Vykos asintió.
_ De acuerdo. Para un viaje tan largo... Creo que con una docena para cada uno será suficiente.- Pareció meditabundo un segundo- Si nos moderamos, claro. Le pediré algo de rebaño capaz de hacer tareas en el barco.
Entonces se levantó de la cama en la que yacía y se dirigió hacia la puerta con paso cansino. Sin embargo, cuando llegó al umbral dio media vuelta y volvió a la cama.
Loni contempló divertida todo el proceso.
_ Mejor mañana a primera hora de la noche, ahora, necesito un poco de descanso...-dijo Vykos para sí.
Loni se recostó contra la pared. Sentía el imnpulso de lanzarse a su mente en busca de recuerdos interesantes que la divirtieran, pero se contuvo.
_ ¿Te das cuenta de que ahora necesito preguntar qué demonios te hace esa mujer para agotarte tanto?- pero Vykos no contestó. Se limitó a volver a tumbarse con la mirada perdida en el techo, estirando y acortando sus dedos con gesto ausente. Loni se dirigió a la puerta.
_ Siempre tan encantador hablar contigo...- y salió.

Cuando despertó, la noche siguiente, Vykos ya se había marchado, atendiendo el reclamo de su querida Deirdre. Loni no pudo evitar pensar que parecía ella el sire y Vykos el pusilánime chiquillo. El tabernero, abajo, le confirmó que había salido en cuanto anocheció, y Loni se sentó a observar con curiosidad a los parroquianos de la taberna. Marianne bajó con su marido poco después, y la mujer se acercó a ella con una sonrisa. Loni se levantó para recibirla.
_ Buenas noches, mi señora. ¿Habeis pasado un buen día?
_ Oh, me disponía a caminar por la ciudad, desde que llegué no he tenido mucho tiempo para visitarla ¿Habéis descansado bien?
En realidad todo aquel intercambio cortés le aburría. Era curioso, pero como Loni no sentía tan atrayentes las cosas que habían tentado a Michelle, sino que al contrario, le parecían banales. Lo que añoraba era como esas cosas la habían hecho sentir cuando había sido ella, aunque sabía que nunca volvería a sentirlo. No como Loni...
_ Estupendamente. Dormir en una cama de verdad y no en el balanceo del barco, se agradece. Pues si no os importa, podríamos ir juntas de paseo. ¿Conoceis Mónaco?
Loni negó con la cabeza.
_ Me temo que no, será todo un placer pasear con vos.- Le ofreció su brazo, pero cuando Marianne lo tomó, sintió algo extraño a su contacto, como una ligera nausea que, por la manera en que Marianne la miraba, había sido mutua.
_ ¿Lo habéis sentido? ¿Qué ha sido eso?- le preguntó Loni, intrigada. Marianne la miró con ojos interrogantes, y volviéndose dijo:
_ Caminemos.

Cuando estuvieron fuera y sin nadie alrededor, Marianne la miró con curiosidad.
_ Diabolista ¿Eh? ¿Te gustó?
Loni no pudo reprimir su sorpresa. Jamás había hablado con nadie de lo ocurrido en Petra y nunca había creído que pudiera detectarse algo así, al menos no después de tanto tiempo. Y no iba a hablar de aquello con aquella mujer.
_ Fue hace mucho tiempo- dijo- No es algo de lo que me guste hablar, Marianne.
Y era verdad. Sin embargo, el hecho de que lo hubiera detectado con tanta facilidad, le hizo pensar que tal vez estaba acostumbrada a tratar con diabolistas, lo que no era muy tranquilizador. Comno tampoco lo era el haber detectado en su piel que no era una toreador como afirmaba, sino que había sido entrenada para parecerlo. Marianne ya no le inspiraba confianza.
_ Comprendo- dijo la mujer con gesto amable.- A mi no me desagradó. Él fue malo conmigo. No más. Se lo merecía.
Loni alzó las cejas.
_ Bueno, llevarle dentro no parece la mejor manera de deshacerse de él, querida.
Marianne se encogió de hombros levemente.
_ Puede ser. A veces le oigo. Puede ser. A veces le oigo.Pero le oigo sufrir. Y eso me endulza la existencia. El muy bastardo... Me vinculó. Me utilizó. ¿Sabeis qué es ser utilizada por otros?
Loni dibujó una sardónica sonrisa en su rostro.
_ Algo sé.

Caminaron largo y tendido y recorrieron las calles monegascas hasta que percibieron el sabor a sal en el aire y vieron los barcos.
_ Ah, el puerto. Mirad y admirad este puerto. Pequeño pero fascinante. Mirad mi galeote, allí varado.
Loni no entendía de barcos, pero aquel era un barco muy cuidado, amén de tener un nombre que le hacía recordar las manos manchadas de barro, la lluvia sobre el cobertizo. Sonrió, la vida había sido tan fácil en Béziers...
_ Es hermoso y tienen un nombre que me resulta grato. ¿Desde cuando os dedicais al comercio de la seda, Marianne?
_ Desde la derrota de Salah-al-din.- Loni se sorprendió al descubrir que no sabía ubicar aquello en el tiempo, de modo que cambió de tema.
_ ¿Cuando tenéis pensado partir?
Caminaron a lo largo del puerto, entre el sonido de los barcos a marrados, las gruesas sogas en el suelo y alguna campana perdida en la niebla.
_ Mañana antes del alba-respondió Marianne- ¿Ya habeis resuelto el tema del rebaño?
Loni asintió.
_ Sí, estará listo para cuando partamos, no será problema.
Al fin llegaron frente al Occitania y se detuvieron. Marianne señaló la bodega con un gesto de cabeza.
_ Tengo a bordo algunas cosas que os podrían interesar, si deseais verlas.
Algo le dijo que no debía entrar a solas con ella en aquel barco, de modo que sonrió y negó con la cabeza.
_ Oh, tendremos tiempo de sobra camino de Alejandría, querida ¿Sabéis de algun lugar de especial hermosura que sea imperativo contemplar en esta ciudad?
Marianne asintió.
_ El palacio es hermoso. Es un principado menor, pero amante del lujo.

Caminaron lentamente hasta allí, y a cada paso que daba se sentía más inquieta. Aquella arquitectura era demasiado parecida a la de Florencia, las risas que llegaban amortiguadas del interor de los palacios... Sabía que Michelle habría disfrutado aquello, y temía dejarse llevar por lo que había sido en lugar de por lo que era ahora. Marianne se dio cuenta de su inquietud, pues no habló en todo el camino.
_ Estais muy callada.
_ Oh, no me gusta navegar... Estoy un poco inquieta ante la idea de pasar tanto tiempo en el mar- mintió- Y esta ciudad es hermosa... hacía tiempo que no veía algo así ya casi había olvidado que podía existir esta belleza...
Marianne asintió.
_ Las ciudades son una bendición para los de nuestra condición. Devolver el favor es nuestro deber, inmortalizando con obras maestras su línea.
_ Desde luego... ¡y están en tierra firme!- sonrió Loni. Marianne le devolvió la sonrisa.
_ Siempre he preferido la llamada del mar, aunque la tierra firme contiene placeres y sensaciones que el mar nunca podrá ofrecer.
Volvieron a las calles y la inquietud de Loni creció. Concentró su sangre por si debía reaccionar y Marianne lo percibió. Alarmada, miró a su alrededor en busca de una amenaza que no podía localizar.
_ ¿Qué sucede?- ahora también ella estaba inquieta. Loni negó con la cabeza.
_ No... no sé, fue una corazonada. Llevo demasiado tiempo fuera de las ciudades, tengo que volver a acostumbrarme.- suspiró- Creo que prefiero volver a la posada.

Regresaron sin hablar, y cuando llegaron a la posada, Marianne se despidió de ella para volver con su marido y Loni subió a su habitación cada vez más convencida de que debería añadir a su equipaje una calavera. María le había enseñado un ritual para prevenir la entrada de intrusos y para ello era un elemento indispensable.
Antes de que tuviera tiempo de cerrar los ojos, ya estaba flotando muy por encima de su cuerpo.
No se fiaba ya de Marianne y no pensaba esperar para averiguar realmente quien era y qué quería de ella.

Flotó hasta la taberna y la encontró hablando con su marido. Parecía preocupada y hablaban en voz baja, sin embargo hacía mucho que aquello había dejado de ser un problema para Loni.
_ Debemos tener cuidado, ella es más peligrosa de lo que parece- le decía Marianne a su ghoul- No sé si debimos aceptar, esto es un gran riesgo para nosotros...
Loni alzó las cejas y penetró en su mente para averiguar que era aquello que suponía un gran riesgo, puesto que confirmaba sus sospechas de que quería algo de ella. Al parecer, alguien le había encargado que la llevara a Alejandría, una tal Kahina, una hechicera setita de El Cairo. ¿Sería la misma persona que la encontró a ella? ¿O tal vez codiciaba su sangre alguien más entre los seguidores de Set?

Salió de la taberna en busca de Vykos, hacia la cripta bajo las cocinas, en el palacio donde le había dicho que le encontraría, pero salvo alguno sirvientes asustados, el lugar estaba vacío y sin señal de él. Buscó en la mente de los sirvientes una imagen de Vykos, pero no la encontró, sin embargo halló miedo, mucho miedo. También había miedo en las paredes, en el suelo, en las puertas. Miedo a la Señora que aquella noche estaba...jugando. Loni sonrió. La misteriora Deirdre estaba resultando muy muy interesante...
Buscó en la mente de los sirvientes una imagen de su temida señora y encontró que, contra todo lo que había pensado, Deirdre no parecía tener más de dieciseis años, y sí, era hermosa, pero de una belleza despiadada de cabellos oscuros, con unos ojos felinos que parecían cambiar de color con la luz y sonrisa afilada en la que destellaban unos colmillos amenazadores. Una niña terrible con un juego más terrible todavía...
Las paredes le desvelaron que la noche anterior Vykos y ella habían estado haciendo uso de sus mutuas maestrías de Vicisitud, jugando a modificar mutuamente sus cuerpos en busca de sus límites del dolor. El juego consistía en dos vertientes: por un lado, probar los propios límites del dolor y de la resistencia a él, cosa que al parecer gustaba a ambos, y por el otro, hacer lo mismo a un sirviente. Usar viscisitud para causar dolor de manera imaginativa, y el que lo acabase matando, perdía.
Interesante, muy interesante... e insospechado.

Como no pudo localizar a Vykos, programó en la mente de uno de los sirvientes un mensaje para que le fuera comunicado en cuanto regresaba. El sirviente no recordaría el mensaje hasta que viera a Vykos, y una vez comunicado, lo olvidaría por completo. Hecho esto, flotó fuera del palacio y se dirigió hacia el último destino de la noche: El Cairo.

El viaje era largo pero cuando llegó, no tardó apenas en sentir la presencia del ente que la había encontrado la primera vez.

"Loni de lances, de nuevo visitas esta ciudad" dijo la voz.

"¿Kahina?"

El ente no dio muestras de haberla oído. No podía verlo, solo oirlo, pero escuchó un siseo que le hizo pensar que si las serpientes riesen, lo harían así.

"¿Qué quieres, Loni de Lances?¿A qué has venido?"

"Dijiste que me esperabas en El Cairo. ¿Es Marianne tu manera de asegurarte de que iré allí?"

"Es una manera de ayudarte a llegar a mi. Sólo una herramienta. Aprovéchala. Será más fácil todo."
respondió Kahina. Era curioso como, ahora que sabía su nombre, no se sentía más tranquila. Sin más, regresó a Mónaco justo antes del amanecer. Vykos ya estaba en la posada, le vio caminar por el pasillo.
Y llevaba la calavera. Olía a reciente y parecía fresca.
Entró en su mente antes de regresar a su cuerpo y habló en ella.

"Veo que has recibido mi mensaje"
dijo, y sin añadir nada más, salió de ella y se refugió en su cuerpo mientras amanecía.
 

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