Cuando regresaban, silenciosas, por las calles de Venecia, Michelle se sintió derrotada y rabiosa. A menudo había deseado el poder que implicaba un principado, de hecho, el poder bajo cualquiera de sus formas, pero ahora que tenía el control de la ciudad que amaba y que había obtenido Florencia para restaurarsela a María, el triunfo le sabía amargo y se le convertía en cenizas en la boca. María caminaba a su lado, cogiéndola de la mano, y trás ellas, silencioso, marchaba Ambrogino. Caminaba con la mirada clavada en el suelo y el elegante bastón en la mano, y su sombra se proyectaba oscura y larga entre las dos mujeres.
Llegaron a la casa y entraron sin ceremonia, y los sirvientes se afanaron en retirar capas y sombreros antes de que los tres se dirigieran sin detenerse al salón privado. Allí permanecieron de pie, alumbrados por lámparas en las paredes, hasta que Michelle emitió el primer sonido desde que dejaran el refugio de Augustus: Un suspiro.
Ambrogino, interpretando aquello como la señal, dejó su bastón apoyado contra la pared y se acercó a ella hasta quedar a una distancia pero aún así lo suficientemente cortés.
_ Para contactar con un difunto- dijo- a menudo es mejor emplear alguna cosa a la que tuviese apego en vida ¿Su chiquilla sobrevivió?
Michelle pensó en la bella Caterina, herida en el lecho, destrozada por la pérdida de Pietro, y asintió.
_ Está malherida.
_ Quizás ella pueda servir de foco. La llamada de un ser querido siempre puede ser de utilidad en estos casos.
Michelle suspiró.
_ ¿Qué debe hacer?
_ Llamarle. Mis conocimientos harán que su voz se oiga más allá del Velo de la muerte.
Asintió y mandó una orden a los sirvientes para que trajeran a Catherina en una camilla y también a los hermanos de Pietro y a la joven Joanna. Todos debían estar presentes. No tardaron apenas, y cuando llegaron, Caterina estaba consciente. El refresco de sangre que le habían dado había sido suficiente como para que pudiera ponerse en pie, aunque a duras penas se tenía derecha, pero aún así, y con toda la dignidad que trataba de mantener de su linaje, se levantó y saludó a Ambrogino.
El silencio era opresivo en la sala, hasta que sonó la voz temblorosa de la muchacha.
_ ¿Qué necesitáis de mí, Signora?
Michelle clavó sus ojos en ella.
_ No puedo dejar que Pietro se marche de esta manera, Caterina, necesito tu ayuda.- dijo, y su voz era una mezcla de rabia y tristeza- Necesito que le llames. El signore Giovanni te explicará lo que debes hacer.
Caterina miró a Ambrogino, que la instó a tumbarse en la camilla y puso una mano en su frente.
_ Necesito que pienses en el, Caterina. Necesito que le llames.
Caterina cerró los ojos y lo mismo hizo el Giovanni, en un inconfundible gesto de concentración y trance, y Michelle se preguntó qué estaría viendo. Al cabo de unos minutos, Ambrogino suspiró y abrió los ojos.
_ No noto nada...
La muchacha se volvió hacia él, con la desesperación brillando en los ojos.
_ ¿Es... estoy haciendo algo mal?- inquirió, asustada. Ambrogino negó con la cabeza.
_ No, signora, no hacéis nada mal.- su voz era grave pero amable y Michelle le agradeció que tuviera aquella deferencia para con los suyos.
_ Intentalo de nuevo.- le instó, y luego miró a sus dos chiquillos y a la joven Joanna- Tomadla de la mano, llamadle vosotros también. No puede irse así.
Ambrogino miró a Michelle y asintió.
_ Volveré a intentarlo, pues.
Cerró los ojos de nuevo, en concentración, y lo intentaron de nuevo, y trás unos instantes, Ambrogino abrió los ojos repentinamente.
_ Está aquí.
Michelle apretó los puños y sin mediar palabra, emergió de su cuerpo y su alma flotó en la habitación. En plano astral, lo primero que llamó su atención fue el aspecto de Ambrogino, extremadamente débil y terriblemente deformado, apenas una sombra del hombre que fue antaño. Y sus ojos. Podía ver sus extraños ojos brillando en las tinieblas y Michelle supo que así podía verles.
Y Pietro estaba allí. La miró con su único ojo sano, su rostro colgando del hueso, lleno de heridas purulentas y putrefactas. Parecía haber sufrido horrorosas deformidades en su muerte.
"Esas heridas..." murmuró Ambrogino al verle "Me temo que su alma fue atrapada por las almas que invocamos en nuestra ayuda en batalla. Si Pietro no hubiese sido fuerte, habría quedado esclavizado. Es un milagro que escapara de sus garras."
Sin escucharle, Michelle flotó hacia aquel niño que había criado en su regazo y acarició con ternura el rostro mutilado.
"Tú... Mi hijo más querido..."
Sintió congoja en su interior. Pietro era frío al tacto y su único ojo sano miraba a Michelle con una mezcla de sentimientos que jamás había visto.
"Ve con cuidado" le advirtió Ambrogino "Siento que su Sombra le posee, Michelle. Este no es el Pietro que conociste. Al menos, no ahora mismo."
Michelle le habló sin apartar los ojos del que había sido su hijo pródigo, de su carne muerta...
"¿No descansará jamás?"
"Por la fuerza que he necesitado para llamarle, su alma había descendido mucho en los Abismos del mundo de los muertos. Supongo que eso significa que por sí mismo llegaba a un lugar de reposo."
Volvió a acariciar el rostro que tanto había amado, recordando como había sido cuando era apenas una criatura deseosa de complacerla, con aquel gesto solemne y los ojos grises como la piedra que era su nombre...
"Perdoname" murmuró "Te hubiera regalado el mundo. No debías morir, tú no... Mi hijo..."
Pietro se mantuvo inmóvil, taciturno, ajeno a sus palabras y a sus caricias. Entonces dijo algo en voz tan baja que era casi inaudible.
"El sol se ha puesto"
Michelle no entendió aquello, pero de pronto el ojo sano de Pietro pareció cobrar vida, pero no fue a Michelle a quien miró, sino a la bella y joven Caterina, que aún sin verle, lloró sangre mirando al vacío en su dirección y Michelle supo que le estaba hablando. Y entonces se desvaneció.
Sintió como si se le helaran las entrañas, viendo como su hijo de marchaba sin dirigirle siquiera una mirada amable, y sintió que incluso en el mundo de los muertos, su chiquillo más querido la creía culpable de su muerte. Regresó de forma brusca a su cuerpo y se revolvió para zafarse de Angelo, que la había sujetado para que no cayera durante la proyección. Le empujó haciendo que se alejara y gritó con rabia y dejó que la ira la embargara como aquella vez, hacía tanto tiempo. Dejó que la presión y la rabia y el miedo que la habían atenazado fluyeran a través de ella y de pronto, el caos había estallado a su alrededor, entre cortinas rasgadas, jarrones y esculturas reducidos a pedazos, muebles destrozados y mesas partidas. Asustados por aquella reacción, los presentes no se atrevieron a reducirla, y preocupados pero sin poder hacer nada, la fueron dejando sola. Incluso María, que la contemplaba angustiada por su dolor, bajó la vista apenada, sintiendo que Michelle necesitaba realmente liberar aquella ira que la embargaba.
Todo terminó algunas horas depués, cuando apenas quedaba una sola escultura en pie en la casa, cuando todo estaba lleno de restos de piedra y cerámica y telas, cuando dos cadáveres yacieron en el suelo y los sirvientes se apiñaron en un rincón, aterrorizados... Entonces y solo entonces, agotada, exhausta, como si un ciclón hubiera barrido su interior arrancándole cualquier pasión y convirtiéndola en un remanso de paz, se detuvo. Miró el caos a su alrededor y con su poder calmó a los sirvientes y les hizo olvidar lo que habían visto, ordenandoles a continuación reparar los desperfectos y arreglar la casa. Aquella noche, ninguno de sus chiquillos ni de la progenie que había sobrevivido a la masacre volvió a hablar con ella. Solo María subió a la torre donde tenía el salón privado, cuando la vio como una sombra desaparecer en las escaleras.
Cuando abrió la puerta y entró en aquel rincón acogedor no podía saber que Michelle acababa de engullir la piedra del zafiro que adornaba su cuello. Ahora, después de aquella purga, había entendido que si realmente amaba a María, necesitaba que la amara con todo lo que conllevaba ser Michelle de Mauvernay: con su presente, su futuro... y su pasado.
Se sentó pesadamente en una butaca cuando bajo su piel comenzaron los cambios, y al verla, María reprimió una exclamación, asustada.
_ ¡Michelle!-exclamó acercándose a ella- ¿Qué te sucede? ¿Qué es esto que te bulle bajo la piel?
Había alarma en su voz y Michelle sonrió debilmente.
_ María, tengo que contarte algo.- dijo, sencillamente, y María la miró sin comprender, asustada y preocupada por lo que podía ver bajo su piel, recorriéndola como una serpiente.- Te necesito a mi lado siempre, y para eso tengo que mostrate quién soy en realidad.
Casi de manera intuitiva, envió a su mente los recuerdos que conservaba de la noche en que se habían conocido, en la plaza de Florencia. También del baile en que por fín se había entregado a ella, y de todas las cosas que habían vivido juntas. María, en reconocimiento, compartió sus recuerdos con ella y Michelle tuvo el valor de continuar, a sabiendas que tal vez aquella sería la última noche que querría verla.
_ Una vez te dije que nunca había estado en Tierra Santa.- dijo, mirándola a los ojos, y María vio que sus iris cambiaban del color zafiro de Michelle a un verde oliva que no había visto jamás.- Te mentí. Perdóname pero tenía que hacerlo, por tu bien, por el mío. Y ahora te cuento la verdad, porque ha llegado el momento, porque te amo tanto que necesito que conozcas cada rincón de mi ser. María, Michelle de Mauvernay nació en Petra.
Envió a su mente imagenes de la ciudad excavada en la roca a la luz de la luna, y aunque María nunca había estado allí, supo que lo había reconocido por grabados que había visto.
_ Hace años, cuando aquella farsante llegó a las puertas de mi casa, en Florencia- continuó, y trató de que su voz sonara firme aunque se sentía desnuda de una manera impúdica frente a ella- te hablé de como Loni había matado a una chiquilla de Theresa Kymena y huido. Recuerda sus palabras.
María, sin decir nada asintió y Michelle sintió la necesidad de saber qué estaba pensando. Pero no violaría su mente, no ahora. Nada podía leerse en su rostro y no tuvo más remedio que continuar.
_ Aquella mujer no mentía, y por eso la maté, porque iba a desvelar algo que solo yo debía decirte.
Al oir aquello, por primera vez pudo percibir lo que ocurría en el interior de María, que entrecerró los ojos con sospecha y dudas... Sintió que la perdía y sintió pánico.
_ María, Michelle no fue jamás una joven francesa casada con un conde... Michelle nació para ocultar a Loni.
De pronto, un brillo de comprensión en los ojos de María, que la miró a medio camino entre el miedo y la lucidez.
_ Tú eres Loni de Lances.- susurró, y su rostro era la más clara visión de la sorpresa.
Michelle asintió, bajando la vista como si hubiera cometido un terrible pecado. Su rostro estaba cambiando y sus cabellos ya no eran de fuego, sino de paja discreta y oscura.
_ Perdoname.- dijo- Te amo, te amé siempre y te amaré hasta el resto de mis días si tú me dejas.
Pero María escuchaba vagamente sus palabras, la miraba como si bajo su piel hubiera descubierto un monstruo, como si de pronto ya no la conociera. Su confusión era evidente, y Michelle no supo si tenía miedo o si la odiaba por haberle mentido.
_ ¿Cómo es posible?- dijo al fin con voz temblorosa la mujer que había sido Reina de Florencia- ¿Qué es esto que te sucede? Y sobre todo... ¿Por qué te ocultaste? ¿De quién? ¿Qué sucedió?
Michelle miró el cuerpo menudo en que estaba mutando el exhuberante aspecto de Michelle y alzó las manos con humildad...
_ Esto... es obra de un buen amigo a quien pronto conocerás. Él me dio el poder de cambiar entre Loni y Michelle. En Damasco maté a la chiquilla de Theresa Kymena porque estaba asustada. Jamás había salido de Iberia más que en mi tierra natal, en los Pirineos franceses. Lucia de Aragón buscaba a Theresa para matarla, pero no la encontró en su capilla y estacó a su chiquilla en el laboratorio con el fin de averiguar donde estaba Theresa. Luego se marchó y me dejó sola con ella en aquel lugar lleno de símbolos extraños. Yo por aquel entonces era ambiciosa y deseaba robar su saber de Tremere, pero tuve miedo, tuve miedo de que al soltarla me matara, de que me buscara, y la maté. Luego, arrepentida, busqué a Theresa y la encontré en Petra. Le dije que se cuidara de Lucía pues la buscaba para matarla, y trás aquello, trás matar a la chiquilla de Theresa y traicionar a Lucía, para ocultarme, me convertí en Michelle. De allí fui directa a Venecia y el resto de la historia ya la conoces...
Cuando terminó de hablar, temblaba. Jamás había contado a nadie lo que había ocurrido aquella noche en Damasco y saber que ahora María podía rechazarla le causaba pavor. Pero María estaba tan sorprendida que su ceño se fruncía intentando comprender.
_ Pero... ¿Quién es ese amigo tuyo? Este poder de ocultación jamás lo había visto...
Michelle suspiró. También debía hablarle de él, de él a quien nadie hablaba.
_ Recuerdas cuando te encontré en Malta... Percibiste en mi una tristeza inmensa y te dije que por mi culpa habían dañado a un ser muy querido.
María asintió.
_ Lo recuerdo.
_ Él era quien descansaba bajo mi casa en Florencia, a quien ella se refería. Fue él quien la atacó cuando trató de usar su magia conmigo y me permitió estacarla y por defenderme fue apresado por una criatura terrible que no quiero ni nombrar. Y por pagar la deuda de vida que tenía con él...- cerró los ojos para reunir valor, y cuando lo hizo, los abrió para clavar la mirada verde en los ojos de María- Desaparecí cincuenta años, por salvarle.
María se quedó inmóvil y en silencio, habiendo recibido aquel golpe. Aquellos cincuenta años habían supuesto su depresión, su letargo, su caída, y de pronto Michelle sintió que ni siquiera su causa era suficiente justificación.
_ No puedes ni imaginar, María, el horror que habitaba bajo mi casa, el horror que invadía la ciudad, como una sombra terrible en cada calle, en el aire, en el agua...
Y entonces María dijo lo que jamás habría imaginado.
_ Le vi en mis pesadillas, mientras estuve en letargo. Esperaba poder vigilar la ciudad aún en mis sueños, pero ese horror que nombras me lo impidió. Ahora lo sé. Sé que era ese horror que mencionas. Un horror que te asficia, como si aún pudieses respirar, tapándote todos los poros del cuerpo, aislándote de la luz, del recuerdo. Y si te pierdes en él, te olvidas de tí misma...
Michelle, que era ahora Loni, asintió sobrecogida al recordar lo que ella misma había sentido bajo los cimientos de su casa.
_ Entregando esos cincuenta años, pude hacer que se marchara, que lo liberara. Y entonces volví a tí. Habría matado a tu chiquilla si no te hubiera encontrado en Malta.
María cerró los ojos y se apoyó contra el respaldo, incómoda.
_ Son... muchas cosas, Michelle.- dijo.- Pero por encima de ellas, hay una que me carcome ¿Por mí también habrías desaparecido cincuenta años?
Michelle la miró fanáticamente a los ojos.
_ Por tí desaparecería el resto de mis días, María.
María, su aliada y amante, cerró los ojos sopesando aquellas palabras, y al fin volvió a mirarla.
_ ¿Quién es ese amigo que te separó de mí?
Allí estaba, la prueba de fuego, la pregunta más dificil.
_ Le conocerás esta noche.- respondió- Y le viste la noche pasada, desapareció en el lago, envuelto en llamas...
De pronto, los ojos de María se llenaron de horror, e inconscientemente retrocedió hasta que la butaca no le permitó alejarse más.
_ No puede ser...-murmuró- ¿Quién... quién eres tú?
Loni bajó la vista, con los ojos llenos de tristeza.
_ Me conoces, María- respondió simplemente- y ahora lo sabes todo de mí. Te he dado una saeta apuntando directa a mi corazón y no me importa. Y si ya no me amas, me marcharé, desapareceré para siempre.
Y para su sorpresa y alivio, María asintió.
_ Lo sé- dijo- y por eso sé que no me mientes cuando me dices que me amas, aunque te miro y me cuesta imaginar que eres Michelle... Que siempre ha sido Michelle...
_ Y seré Michelle siempre, si lo deseas.
Se miraron a los ojos en silencio, María asumiendo lo que veía y oía, y Michelle llena de gratitud porque ella no la había apartado de su lado. Si la aceptaba sabiendo aquello, sabia que su unión sería indestructible y que realmente estaba preparada para lo que tenía preparado para ella... Sin decir una palabra, invocó a Marianne.
María se irguió entonces en su asiento y la miró a los ojos.
_ Seré justa contigo.- dijo- Yo también tengo algunos secretos.- Michelle escuchó con atención- ¿Recuerdas a Rafael de Corazón?- asintió, intuyendo lo que le iba a decir- Yo soy su madre, le parí con mi vientre.
Tuvo que fingirse perpleja para que María no descubriese que el propio Rafael le había confesado aquello en Thorns.
_ Mi sire es François Villon, príncipe de Paris. Él crió a mi hijo, pues me abrazó apenas unos meses trás el parto. Luego, mandó a Rafael a las mejores escuelas del reino. Le habría dado el Abrazo, pero la sire de François intervino. Nos lo quitó. Yo no pude soportar la idea de perder a mi hijo. Le rogué a François que hiciese lo posible para no tener que separarme de Rafael. No hizo nada. Y Rafael se alejó de mi. Me sentí traicionada, como se sintió François. Y me fui de París.
Michelle recordó el anciano que había perecido bajo el cuchillo de filo negro, en la Biblioteca.
_ Entonces... ¿El hombre que había en Malta?
_ No era mi sire, aunque me convertí en su chiquilla adoptada. ¿Dónde mejor que huir, que a ese rincón sólo conocido por unos pocos?
_ Pero Rafael aún te amaba, María.- se vio obligada a decir.
_ Lo sé. Me ha pedido más de una vez que regrese a Francia, pero en Malta sucedió algo que me impide regresar. Conocí a Nefeo. Mi maestro y más que eso. Su aspecto era el de un cadáver, pero su alma tenía una luz más fuerte que el sol del mediodía. Acudía de vez en cuando a la biblioteca en busca de secretos, y con Simón siempre tratando de poseerme, era mi alivio. Y él me sacó de Malta, y me llevó a conocer los lugares del mundo antiguo. Él, que había sido hermano de Lázaro y de Japeth. Y me enseñó cosas que no puedes ni imaginar, Michelle... Hasta que su sire le llamó a Italia, hace casi quinientos años. Fue cuando me presentaron a su nuevo hermano, Augustus. Nefeo murió poco después. Una manada de baali penetró en su Sanctum, y devoraron su alma usando un impío ritual. Mi ira fue enorme... Y Augustus se ofreció a vengar la afrenta a su clan. Japeth no movió un dedo - y escupió al pronunciar el nombre de Japeth. Luego, continuó- Junto a Augustus, y a otros, les dimos caza. A todos. Augustus se convirtió en mi amante. Él llenó el vacío dejado por Nefeo. Y yo, en la caza de los baali, aprendí cosas que no puedes ni imaginar, Michelle...
Abrió entonces la mano y de pronto, de la palma, brotó una llama de oscuridad.
_ Para vencer a los demonios, aprendí sus armas. Y por ello tuve que perder mi humanidad y liberar mis pasiones y mis instintos. Y pactar.
Acercó la llama a su cabello y con ella quemó el pelo de la parte superior de la frente, y bajo la piel quemada, Loni vio aparecer una marca que quedaba no podía verse a causa del cabello. Un pacto con diablos...
_ Augustus me dejó poco después de nuestra victoria, tras un siglo de lucha. Yo tomé Florencia bajo mi mando. Y esa cosa aún me viene a atormentar de vez en cuando. Pero en dos ocasiones ya ha intentado hacerte daño, Michelle, por mi culpa. En una pude detenerle. En la otra, los suyos desaparecieron sin más, aún no sé cómo. Los demonios del infierno se ríen de mi, Michelle... Y para obligarme a usar su poder, te han usado dos veces. No pueden obligarme a usar el poder que me garantizan, si yo no lo empleo. Por eso, en esas dos ocasiones han intentado hacerte daño. Puede que lo intenten en un futuro otra vez. Cuando desapareciste... Creí que habían sido ellos. Cuando entré en letargo, creí que esas pesadillas eran ellos que se burlaban de mi y venían a reclamar mi alma. Cuando te vi en Malta... Me diste algo por lo que vivir de nuevo... Y me devolviste la fe en mi misma, porque temí que hubiese sido mi culpa ¿Lo entiendes ahora? ¿Entiendes por qué sentí tanto miedo cuando desapareciste? Todas tenemos secretos, Michelle... Secretos terribles...
Loni asintió y se puso en pie para tomarle la mano, que temblaba trás la confesión.
_ Aún queda uno, María. Aún queda algo que debes ver, alguien a quien debes conocer. Existe un lugar y quiero que vengas conmigo.
Volvió a llamar a Marianne con su mente, pero apenas había pensado en ella cuando la mujer apareció en un rincón del salón, retirando el velo de ofuscación que la ocultaba. María la miró, como congelada en su asiento, al ver que aquella desconocida podía haber escuchado toda su confesión, pero Loni la tranquilizó con la mirada. Luego miró a la recién llegada.
_ Necesito ir a Bajara, Marianne.
La mujer miró a María.
_ ¿También ella?
Loni asintió.
_ También. Quiero que la conozca. Tal vez ella pueda liberarla de su yugo como hizo con el mío y debo encontrarle a él ¿Cómo está?
_ Agotado.- fue la sencilla respuesta. Pero agotado significaba vivo.
Sintió el alivio recorrer cada centímetro de su ser.
_ No le harán daño allí ¿Verdad?- inquirió entonces al recordar las criaturas que había conocido entorno a la hoguera.
Marianne negó con la cabeza.
_ Aún conserva amigos, pese a la guerra que les separó. Adonai siempre fue bueno con Malakai y ella no olvida.
Asintió y tomó de la mano a María.
_ Entonces vámonos.- miró a su amante entonces, que parecía confundida- María, pase lo que pase esta noche, veas lo que veas, te amo. No lo olvides ni lo dudes jamás.
Entonces Marianne obró su poder sobre ellas y ocultas a los ojos de todos, como lo había hecho Camilla Banes en Thorns, atravesaron Venecia y entraron en una casa que Loni no conocía. Tenía una fuente en un salón, y cuando María vertió en ella el agua de un jarro de rosas, comprendió que aquel era un portal consagrado. Allí en Venecia, tan cerca de su casa... Se preguntó si podría usarlo ella sola...
María contempló aquello y se inclinó sobre Loni.
_ El rito de la fuente... Dur an Ki... ¿Assamitas?- susurró, pero fue Marianne quien le contestó.
_ Algunos de ellos lo aprendieron de nosotros.
Al oir aquello, María enmudeció, intrigada, y las tres penetraron en la fuente para aparecer en Bahara.
El jardín primigenio que las rodeó brillaba con la luz plateada de la luna perenne que viajaba entre las estrellas en el cielo límpido y Loni supo que, como el día en que ella había pisado el jardín por primera vez, de haber tenido respiración, María la habría contenido.
_ ¿Qué es esto?- atinó a preguntar, con la voz embargada de emoción.
Loni sonrió.
_ El edén...
María se volvió hacia ella con los ojos muy abiertos, pero Marianne intervino.
_ El Edén está vetado a todos, Loni. Bahara puede parecerse al Edén, pero el jardín de Yahvé no es este. Este es el jardín de Lilith.
_ ¿Lilith?- inquirió, aturdida María- Un momento.. esto es...
Marianne sonrió
_¿Imposible? Aquí nada es imposible.
Comenzaron a caminar, siguiendo a Marianne Marianne entre la vegetación y el arrullo del agua y la brisa, y en un claro vieron un rayo de luna que descendía desde los cielos límpido como una columna. De hecho, lo sorprendente de la columna de pálida luz era ver como emergía de la luna... y del suelo, que brillaba como si le respondiera. Allí, al llegar a la base de la columna de luz, un ser de plata refulgente, permanecía sentado sobre una roca, mirando a las estrellas, con las alas plegadas a la espalda, y al reconocer su silueta, Loni no pudo reprimir un sollozo de alivio.
Adonai tenía la mirada triste mirando al cielo, y su cuerpo de ángel estaba desnudo y sin mácula, tal y como lo recordaba.
_ Aquí está, Loni.- dijo Marianne en voz baja- Voy al claro con los demás. Espero que sepas qué estás haciendo.
Desapareció entre la vegetación y Michelle se acercó al ángel, que bajó la mirada de las estrellas y se volvió para encontrar su rostro. Alzó una mano resplandeciente entonces, y extendio la palma hacia ella, ofreciéndosela. Como un amargo dolor, Loni recordó aquella aciaga noche en Transilvania, y posó en la mano que le tendía, su pequeña mano marmorea.
Una lágrima solitaria recorría el rostro de Adonai, pero no era sangre lo que bañaba su rostro, sino luz pura, como una lágrima de plata... Se demoró en el rostro perfecto que había visto tan pocas veces pero que ya conocía tan bien, aquel rostro que había tallado e inmortalizado en la piedra de su estudio, y entonces él habló, y su voz temblaba.
_ Estás bien...
Loni se sintió desfallecer al comprender que era alivio lo que oía en aquella voz de campanas.
_ Tenía tanto miedo de perderte una segunda vez, por mi culpa...- comenzó, pero entonces con delizadeza, el ángel acercó su rostro hasta ella y apagó sus miedos con los labios.
Loni sintió que algo se iluminaba en su interior al recibir aquel beso que había ansiado durante siglos, como si por fin pudiera ver el sol de nuevo, como si le devolvieran el aire que le faltaba, y se demoró en aquellos labios de seda deseando que aquello no desapareciera jamás.
Y entonces recordó a María.
Se separó del consuelo de aquellos labios con pereza pero también con urgencia, y Adonai, percibiendo aquello, le permitió alejarse. Loni tomó entonces la mano de María, que invadida por un trance ante aquella belleza, tenía la vista fija en el ángel de plata. Y Loni tiró de ella hasta acercarla a los dos.
_ Esta es María.-le dijo al ser por el que daría su vida, y dijo las palabras que no podía ocultar aunque sabía que una vez más, podía perderle. Pero debía comprender, tenía que hacerlo...- Mi amante, mi compañera, mi apoyo y mi aliada.
Adonai se volvió lentamente y reparó por primera vez en ella, y su luz se tambaleó, vibró, y Loni percibió su confusión con tristeza y temor. No dijo nada, pero sabía como si lo sintiera ella misma que aquella palabra, amante, le había chocado... Después de aquel beso y si ella era su amante ¿Quién era él ahora?
Loni sonrió con tristeza al comprender, al ver que después de tanto tiempo él todavía no había entendido que su amor por él estaba por encima de cualquier amor terrenal... Adonai cerró entonces los ojos y rió levemente, como si recordara una broma privada.
_ Es mi destino.- dijo entonces, con amable resignación. Cerró los ojos y de pronto se encontró junto a María. Le acarició el rostro sin que ella pudiera reaccionar, embelesada como estaba.- Encantado de conocerte, María.
Y la besó con la misma delicadeza que había ofrecido con sus labios a Loni. Luego le tomó la mano con suavidad y se la ofreció a la pequeña mujer de cabello de oro viejo y ojos de oliva, y alzó la vista a las estrellas, que iluminaron las nuevas lágrimas de plata que rodaron por sus mejillas.
_ ¿Lo ves, Miguel, como era mi destino?- murmuró al aire con un amor infinito- Si Antonius me viera se reiría de mi, de mis celos...
Loni contempló aquella escena con devoción y de pronto sintió los brazos sedosos de una María conmovida que la rodeaban. Adonai se volvió entonces hacia ellas y las envolvió con las niveas alas blancas. Y por un momento, todo estuvo en su lugar. Y Loni, que por primera vez sentía el cuerpo firme del ángel contra el suyo, entró en su mente y se arropó en ella, y le habló con amor.
"Ella es como la tierra bajo mis pies, dándome su fuerza y su apoyo. Tu eres como el cielo que me cubre, incalcanzable como las estrellas. Me apoyo en ella para tratar de estar más cerca de tí. Perdona lo que te hice y lo que te hago"
Las alas de Adonai se replegaron entonces y la luz de la luna se desvaneció, y de pronto junto a ellas el ángel había desaparecido y en su lugar estaba Arístides, aquel que había conocido y amado desde el primer momento de su encuentro, en Constantinopla.
Y él la acunó en su mente y le respondió.
"Entonces, tú eres el fuego que une el cielo y la tierra. Mi motivo para creer que ni siquiera para mí es tarde aún"
Le sonrió con la más bella de sus sonrisas, con una sonrisa tan íntima y cálida que solo dos personas en el mundo la habían visto en todos aquellos siglos desde que naciera al mundo, y Aristides tomó una túnica de lino blanco que guardaba entre las ramas y se envolvió en ella.
Y los tres, en silencio pero unidos por un lazo invisible, caminaron hacia el claro.
Allí, Malakai estaba sentada sobre un tronco, hablando con Marianne. No había nadie más con ellas y Loni se preguntó donde estarían los demás y cuan grande sería aquel lugar.
_ Bueno, Adonai...- dijo Malakai, aquella criatura milenaria con rostro de chiquilla, al verlos llegar- ¿Ya estás mejor?
Arístides asintió con amabilidad.
_ Sí. Gracias, Malakai.
El rostro juvenil de ojos profundos se volvió entonces hacia María, que miraba la escena tan confusa como cuando pisara el jardín al salir del lago. Su gesto era indescifrable, aunque parecía apacible y amable, aquellos ojos habían visto caer imperios y era imposible leer en ellos cualquier emoción.
_ Y tú debes ser María Sforza.
Aquella afirmación fue tan sencilla y evidente que Loni no pudo evitar sonreir ante el gesto confuso de María, que asintió.
_ Y vos sois...- preguntó.
_ Malakai. Aunque me conocen muchos como la hermana de mi hermano.
Una ceja se alzó en el hermoso rostro de María, que no podía ni siquiera imaginar con quién estaba hablando.
_ Y vuestro hermano es...
_ Malkav.
Aquel nombre pronunciado de manera tan sencilla e incluso con una nota de cariño, resonó en el jardín como una campana, y María se tambaleó un instante, como si fuera a caer. Loni le ofreció un brazo para que se apoyara en ella, y aquella con quien compartía su vida se inclinó junto a su oído y susurró, anonadada:
_ Michelle ¿Qué... qué lugar es este?
_ El Jardín de Lilith, María, Bahara, un lugar de paz infinita, un refugio.- le respondió con cariño, casi como cuando hablaba de las constelaciones a los niños de la Academia, hacía tanto tiempo, cuando era feliz...
Malakai se encogió levemente de hombros.
_ Bueno, tanto como de paz infinita...-dijo- Algunos discutirían la naturaleza de esas palabras.
Marianne se volvió entonces y de entre los árboles surgió una anciana de aspecto vigoroso comiendo una manzana a bocados, y Loni supo en el fondo de su arma que aquella mujer era Lilith también.
_ La he traído, Madre.- dijo Marianne, y Loni se arrodilló ante la madre de todos los vampiros.
_ Madre...
Lilith masticó un último bocado de su manzana y las miró un instante antes de dirigirse a ellas. María miraba a la anciana como si esperara un nuevo golpe, y no se atrevía a hablar.
_ Loni de Lances y María Sforza- dijo al fin- Y Adonai... ¿Has pensado en mis palabras de ayer?
Aquella pregunta intrigó a Loni que una vez más deseó saber cuales habían sido aquellas palabras que la Madre había compartido con él. Arístides, por su parte, asintió.
_ He pensado en ellas, señora. No tengo muchas opciones.
_ Sirves a un antediluviano, Adonai.- dijo Lilith- Si regresas al mundo, pones en peligro a los que estamos aquí.
_ Creo que ya sé cómo resolver este problema, señora. El mundo espera el regreso de aquel que conocen como el Dracon, pero si regresa Arístides de Constantinopla, nadie verá en mi más que a un viajero.
Lilith le estudió con atención.
_ ¿Te someterás pues a un pacto?
Arístides asintió y miró a María y luego a Loni.
_ Así es. Hay algo por lo que deseo volver al mundo. Tengo un motivo. Y si ellas estan con vos, yo también.-se arrodilló en el suelo e inclinó la cabeza- Así que ante vos, bajo las estrellas y bajo la luna llena, renuncio a mi Sangre y a mi Sire y os juro lealtad a vos, Lilith.
La anciana que era Lilith se acercó entonces a él y dijo:
_ Acepto, y como muestra de gratitud, te libero de tu Sangre- y poniendo una mano sobre la cabeza de Arístides, una sustancia negra supuró de sus oídos.
Se volvió entonces a María.
_ En ti siento un pacto también hacia otro.
Imitando a Loni y a Arístides, María se arrodilló en el suelo frente a ella y agachó la cabeza.
_ Me someto, Madre.- dijo, con voz temblorosa- Si Loni ha confiado su destino a vuestras manos, no dudaré que sois aquella a quien debo servir.
De nuevo la mano más antigua del mundo se posó sobre la frente de María y de pronto, con un siseo, un ligero aroma azufre llenó el aire.
_ Liberada quedas de ese demonio, y te doy la bienvenida a Bahara.
Loni sintió entonces la mirada de Lilith en ella y alzó el rostro para mirarla.
_ Tú la has traido a mi, es tu responsabilidad enseñarle. ¿De acuerdo?
Asintió, llena de gratitud: de pronto, nada podía ir mal.
_ Gracias, Venerable.
Lilith se marchó sin decir más y Marianne les guió de nuevo a la laguna. Antes de entrar en el agua, se detuvo en la arena clara y tendió a Loni un puñado de pergaminos. Loni miró los volúmenes en sus manos, ya casi había olvidado los primeros que recibiera en aquel lugar. Miró a Marianne a los ojos.
_ Gracias... madre.
Un brillo de emoción y reconocimiento apareció en los ojos en Marianne, y la rodeó con los brazos, abrazándola. Arístides se acercó a ellas entonces, y Marianne se volvió hacia él.
_ Adonai... ¿La instruirás?
Arístides asintió.
_ Su Don será instruido, Marianne.
Allá en el agua, María esperaba. Tenía el gesto ausente y estupefacto y no pareció reparar en sus palabras. Los tres se acercaron a ella y, tomándose de las manos, abandonaron Bahara.
Y por un momento, todo estuvo bien.

15 may 2006
9 may 2006
Sesión Sexagésimo Cuarta: Sacrificio
Pasados unos días, María encontró el modo de que la amenaza menguara y la fiesta no se convirtiera en una masacre. Ambas habían olvidado a los Giovanni que vivían en Venecia, pero ellos bien podían ser la fiel de la balanza en la fiesta: si Alfonso intentara algo, los Giovanni podrían interpretarlo como un ataque a su clan, y lo mismo que ocurriría si la progenie de Michelle pensara otro tanto. De este modo todos se veían condicionados a guardar la calma. Y si los Giovanni iban a ser invitados, había alguien que no podía faltar, de modo que a cuatro días de la fiesta, Michelle de Mauvernay invocó a su viejo amigo, Ambrogino Giovanni. De acudir tardaría algunos días, puesto que desconocía donde estaba trás Thorns, de modo que se dedicó a preparar la fiesta como si nada ocurriera y fuera la inofensiva fiesta que nadie, salvo ella, pretendía celebrar. Como su heredero en Venecia y más conocido por los cainitas de la ciudad, envió a Pietro con las invitaciones para los vampiros, mientras que su chiquilla Caterina se encargaba de buscar una casa en las afueras lo suficientemente grandes para recibir a todos los invitados. El resto de labores las llevarían a cabo ghouls y criados.
Pietro regresó diciendo que había hablado con el primogénito giovanni de Venecia, un tal Luca, y que este había quedado en dar su respuesta dos noches más tarde. Ante aquella respuesta, Michelle decidió que antes de alarmarse quería saber qué pensaba exactamente Alfonso, y la noche siguiente abandonó su cuerpo y flotó hasta el palacio del principe, una casa mucho menos ostentosa que la de la propia Michelle pero que, extrañamente, presentaba una inusual actividad a aquellas horas incluso para la casa de un vampiro. Al parecer el príncipe tenía a unos cuantos visitantes esa noche, desde comerciantes a juzgar por los ricos carruajes, hasta hombres de armas, todos reunidos allí por orden de Alfonso. Y todos ellos eran vampiros. El temor de María era fundado. Michelle recorrió el exterior de la casa, reuniendo información: al parecer Alfonso por ahora solo estaba reuniendo fuerzas. Decidió entrar, pero cuando cruzó la puerta del servicio, en la parte de atrás, no vio a nadie y su sexto sentido percibió algo que no estaba bien en el palacio, que había algo peligroso y oscuro en el interior. Michelle, que ya estaba escarmentada de sensaciones como aquella, regresó a su cuerpo y habló a María de lo que había visto.
Ella se mostró preocupada, más sabiendo que Luca Giovanni no daría su respuesta hasta el día siguiente por la noche, lo que quería decir que primero quería escuchar lo que tenían que decirle en casa de Alfonso.
_ Esperemos a mañana, a la respuesta de Luca.-dijo- Y recemos por que Ambrogino aparezca.
Michelle estuvo de acuerdo, pero temerosa de que Ambrogino, siguiendo la tradición familiar, se inclinara de parte de los Giovanni dejandola sin apoyo, decidió invocar a otro viejo amigo junto al cual se sentiría más segura, y llamó Sasha Vykos.
La noche siguiente, se presentó en la puerta de la Casa Mauvernay un carruaje con la G de Giovanni en la puerta. Michelle esperó ver aparecer a su viejo amigo Ambrogino, pero el que se apeó del transporte no era nadie que conociera.
_ Buenas noches, Singora.- saludó el hombre con cortesía, al llegar hasta ella.- Soy Claudius Giovanni. ¿Podemos hablar?
Aquel nombre la heló por dentro. Claudius era el chiquillo de Augustus Giovanni, que había diabolizado a Capadocius. Un hijo de la cuarta generación, uno más, allí, en su casa.
_ Por supuesto- sonrió- Pasad.
Claudius entró y tomó asiento en un cómodo butacón forrado de terciopelo rojo, y permitiendo que los sirvientes guardaran su media capa y su bastón de marfil. Michelle le ofreció un refrigerio, que el Giovanni rechazo cortesmente, agradecido. Cuando los sirvientes los hubieron dejado a solas, Michelle cruzó las manos sobre el regazo.
_ Y bien, Signore Claudius, es un honor teneros en mi casa.- dijo.
_ Gracias, Signora.-dijo el hombre- Sinceramente, vuestro regreso a la vida activa en Venecia ha levantado mucha expectación.
Michelle maldijo para sí. De modo que todo era cierto. Sonrió de nuevo.
_ ¡Oh!- exclamó agitando la mano para quitar importancia al tema- Se adelantan los acontecimientos, me temo. Pretendía organizar una gran fiesta para presentarme de nuevo a Venecia y honrar al príncipe, pero por lo visto, los rumores se me adelantan, una lástima.
Claudius asintió.
_ Sí, eso se rumoreaba. Y ahora sé que es cierto. Pero Alfonso de Venecia... El príncipe es un paranoico: Ha llamado a sus aliados para acabar con vos. Cree que se trata de una maniobra de algún chiquillo de Miguel de Constantinopla para vengarse de él.
Michelle abrió mucho los ojos, sorprendida de veras.
_ ¿Chiquillo del patriarca Miguel! ¡Pero eso es absurdo! Solo soy yo...
_ ...una chiquilla de Loni de Lances, quien estuvo en Constantinopla pocos años después de la caída, y viajó a Tierra Santa, donde se refugiaron los chiquillos de Miguel supervivientes.- Michelle se quedó sin habla ante aquellas palabras- Ve en vos una punta de lanza de alguien, y sus paranoias le hacen creer ciegamente en ello. Pocas cosas pasan en esta ciudad que yo no sepa. Os coaccionaron recientemente, ¿no es así?
Michelle frunció el ceño.
_ Es una manera poco sutil de decirlo, señor mío.
_ Mi sire siempre dijo que la sutileza no era una de mis virtudes, y que lo prefería así. Pero no quiere que nadie centre demasiado su atención en la ciudad en que reside en secreto... ¿Comprendéis?
Comprendía, y lo que oía no quería creerlo. Augusutos Giovanni en Venecia, oculto...
_ Está furioso con toda esta actividad- añadió Claudius.- Y Alfonso irá a esa fiesta, pero con veinte fieles con él.
No podía entender como aquello se le había escapado tan rápido de las manos. Suspiró.
_ ¿Qué sugerís, signore?
_ Seguid con la fiesta. Mi sire no desea que Alfonso siga gobernando Venecia.-Imaginó la fiesta, toda su descendencia, sus amados chiquillos, la progenie que aún no conocía, y los soldados de Alfonso, la masacre. Se estremeció.- Dos años con él de príncipe ya le han dado bastante dolor de cabeza.
_ Pero mi progenie, mi patrimonio...
_ Elegid, vuestra vida está en juego.
_ ¿Y cuales son mis opciones? ¿Dejar que nos masacre a mí y a los míos?
Claudius agitó la mano para hacerla callar.
_ Un amigo vuestro ha hablado por vos ante mi sire. Tiene algo en mente para vos.
Ambrogino.
_ Lo tratará con vos en persona dentro de tres noches.- finalizó el giovanni.
Michelle decidió que era hora de que María escuchara aquello y la llamó telepáticamente para que acudiera, invisible.
_ De modo que debo celebrar una fiesta en la que probablemente acaben conmigo para escuchar, si sobrevivo, una propuesta de vuestro sire... Es un extraño plan, signore.
_ No esperamos que vuestra progenie combata. Pero habéis revelado la naturaleza de Alfonso, digno chiquillo de Narsés. Y os habéis convertido en un cebo perfecto.
_ ¿Y cómo garantizaré la seguridad de los míos?
_ Eso lo dejamos en vuestras manos. Pero tened esto presente: si Alfonso sospecha algo, soplaremos dos velas de la tarta en lugar de una. Dad gracias a Ambrogino. Él ha hecho caer en cuenta a mi sire que podéis serle útil. Estaba igual de enfadado con vos como con Alfonso. Pero recordad que útil no es imprescindible...
De pronto, no pudo dejar de escuchar su voz y supo que estaba utilizando en ella el poder que ella misma utilizaba con sus sirvientes, pero a un nivel aterrador.
_ No hablaréis de nada de lo que hemos dicho con nadie, aunque conservéis el recuerdo y podáis actuar en consecuencia.- dijo el Giovanni, y Michelle no pudo sino asentir, frustrada.
Claudius se levantó y dijo:
_ Vámonos, Cos.
Y cuando se marchó, Michelle oyó el grito de María, en sus habitaciones. Se precipitó escaleras arriba y encontró a María acurrucada en un rincón de la habitación, en posición fetal y de pronto todas su sentido de alerta le previno: estaba en Rötchreck. Asustada, golpeó su mente con recuerdos y cayó inmediatamente inconsciente. Preocupada, se dio cuenta de que había sido preocupantemente fácil: fuera lo que fuera contra lo que luchó, le había devorado la fuerza de voluntad. Se quedó a su lado hasta que su amante despertó, y cuando lo hizo, María estaba terriblemente débil.
_ Monstruos... Los giovanni son monstruos...- dijo.- Cuando vine... Eso me atacó... Quería devorar mi alma... Olió a Nefeo en mi... Mi maestro capadocio, el que me enseñó el Don... Los giovanni matan capadocios... Si descubren tu secreto, que usas tu Don que te enseñé... Te matarán sin dudarlo, Michelle.
Michelle la rodeó con los brazos y hundió el rostro en su cuello alabastrino.
_ Lo siento, lo siento tanto...- María le devolvió el abrazo, y temblaba.
La noche siguiente, al despertar, encontró en el salón un ghoul giovanni esperando con una carta que solo ella debía leer. Michelle deseó con todas sus fuerzas que fuera de Ambrogino Giovanni y la leyó.
"Querida Michelle:
Siento mucho lo sucedido. Sé que en tu mente jamás pasaría derrocar a Alfonso de Venecia, pero él ha visto en tu presentación una amenaza a su autoridad, o algo similar. Todo habría sido más fácil de no ser porque nuestro gran padre habita bajo el mausoleo. Con la Camarilla apuntándole como uno de los vampiros más buscados, no desea que haya tanta atención sobre Venecia como hay ahora. Me ha dicho sus planes, y sólo te advierto que te despidas de los tuyos, pues mañana perderás a alguno de ellos. Ya ha sido decidido. Por nuestra vieja amistad, te doy esa posibilidad, para que puedas hacerlo bien.
Siento no haber podido hacer más.
Ambrogino."
Miró la carta largo rato, recibiendo sus palabras como un mazazo. Ya estaba decidido: iba a perder a su progenie ¿Pero quién? ¿Acaso los habían elegido? No podía hablar de ello con María, puesto que Claudius la había hechizado para que guardara silencio, y podía percibir la frustración de su amante que veía como no podía ayudar de ningún modo. Desamparada, Michelle visitó astralmete la casa que Catalina había elegio para comprobar que era posible huir si ocurriera lo inevitable. Era una casa grande, con amplios jardines y muchos salones, y decidió que en caso de necesidad, podrían huir a los exteriores. En aquel momento de desasosiego, solo se le ocurrió una persona a la que recurrir, aunque su llamada fuera vana, y acarició la moneda, enviando su llamamiento. No hubo respuesta, pero percibió una extraña palpitación que no había percibido jamás. Aquello la inquietó y volvió a intentarlo, pero percibió la misma perturbación.
Agotada y asustada, aquella noche durmió repleta de angustia.
Poco antes del amanecer, María llegó para meterla en el carro en que viajarían a la casa. No habían planeado que ella acuriera, pero su amante se negaba a dejarla sola de nuevo y arriesgarse a perderla. Trató de convencerla, temiendo por ella, pero María era arrojada y apasionada, y no era fácil hacerla cambiar de opinión. Michelle sabía que la matarían, pero por mucho que rogó, María decidió acompañarla de todos modos y nada de lo que dijo pudo hacerla cambiar de parecer.
_ Si te matan, no me lo perdonaré jamás.- le dijo.
_ Si te matan a ti, mi vida me dejará de importar.- fue su respuesta.
La tomó de la mano.
_ Prometeme que huirás si ocurre algo.
_ Lo prometo.
Y haciendo esta promesa, ambas subieron a los carros, hacia su funeral.
La noche fatal despertó en una mullida cama. Estaba en la casa que Caterina había elegido y alguien la había trasladado desde el carro al dormitorio. Lo primero que llamó su atención fue la suave música de orquesta que llegaba a ella desde algun lugar del piso inferior, señal de que los músicos contratados estaban ensayando.
Se dio un baño y se vistió y peinó con ayuda de sus sirvientas con un vestido tan exquisito que, cuando bajó las escaleras, Caterina, que salía a su encuentro, no pudo reprimir una exclamación. Sin embargo parecía preocupada.
_ Signora... Me dicen que el príncipe Alfonso ha venido con una numerosa delegación, y su campamento está a apenas media milla de la casa. ¿Qué hemos de hacer?- su voz era nerviosa. El resto de invitados nada sabían, salvo Pietro. La suerte estaba echada.
_ Los recibiremos.
Caterina asintió, y justo trás ella, Lucio y Alba se acercaron a ella. Lucio, el dorado Lucio, lucía una agradable sonrisa de reencuentro. Alba, por su parte, estaba entusiasmada con la fiesta.
_ Signora... - dijo su chiquillo saludándola como hacía en la Academia.
Michelle le premió con una radiante sonrisa, como solía, y se volvió hacia Alba, la directora de la escuela de Florencia.
_ Alba, he oído que haces un gran trabajo con la escuela de Florencia.- concedió, mangnánima. Alba se inclinó en reverencia cortés.
_ Aprendí de la mejor, Signora.
De pronto, Lucio alzó la vista y mirando las escaleras, sonrió exclamando:
_ ¡Angelo!
Bajando del brazo de una joven, su segundo chiquillo acababa de aparecer. Como dos hermanos largo tiempo separados, Angelo soltó a la muchacha para abrazarse impetuosamente con su hermano de sangre. Trás el abrazo, avanzaron cogidos por los hombros hacia ella, que los recibió con una sonrisa.
_ Es un placer estar en casa... Signora.- dijo Angelo el apasionado.
Michelle, le devolvió la sonrisa.
_ Ya solo falta el solemne Pietro y tendré conmigo a mis cuatro hijos.- dijo.
Pietro no tardó en aparecer, pues Caterina había ido a buscarle. Más comedido que sus hermanos, Pietro estaba alegre por ver a los que hacía tiempo que se marcharon y con los que tanto tenía en común. Viéndolos reunidos, su corazón se volvió de piedra al recordar que tal vez uno de ellos moriría aquella noche. No podía advertirles de la amenaza Giovanni, pero al menos, podría prevenirles de los Lasombra.
_ Bien, antes de que comience la fiesta, me gustaría hablar con vosotros en privado, mis herederos.
El resto de descendientes que les rodeaban asintieron y se alejaron para dejar a Michelle con la primera generación de su progenie, que subieron al piso superior y se acomodaron en un estudio. Michelle los contempló un instante, tan hermosos como el día que los creó, más sabios y fuertes, y se sintió orgullosa de ellos. Sin embargo, temerosa de que alguien pudiera escuchar su conversación, decidió hablar directamente en sus mentes.
"Me alegro de veros reunidos a los cuatro por fin, después de tanto tiempo...", se interrumpió, al agudizar sus sentidos para usar la telepatía, había percibido algo terriblemente oscuro e inquietante. Era lejano, pero se acercaba, y sintió miedo. Sin embargo, sus chiquillos no percibieron su preocupación y pudo seguir. Ellos escuchaban, en silencio.
"Esta noche, la casa va a llenarse de invitados y Caterina me ha informado que el Principe Alfonso ha traido un séquito numeroso. La velada promete ser dificil, muy dificil. Los que conocéis a Alfonso sabéis de su caracter..."
"Alfonso de Constantinopla, menudo uno" interrumpió Lucio.
"Os recomiendo fervientemente cautela. Más que eso. Quiero que tengáis cuidado, y si algo ocurre, os pongáis a salvo."
Ahora se miraban entre sí, preocupados.
"¿Por qué? ¿Sucede algo malo entre Alfonso y tú?" exclamó Angelo.
"Digamos que esta fiesta ha despertado más que sospechas en él. Hasta ahora eran solo eso, sospechas, pero ahora están ahí fuera. Necesito, por el bien de todos, que os comportéis de la manera habitual. Sé que es dificil, pero debemos hacerlo. Le recibiremos y agasajaremos, a él y a su séquito, pero si ocurriera algo, no esperéis. Debéis jurarme que os pondréis a salvo y os separaréis, para que no puedan encontraros a todos juntos."
Asintieron al unísono, inquietos. Sin embargo, Angelo pareció expectante, como si aún quisiera hacer una pregunta.
"Di, querido"
"Signora... Madre. Hay algo que hace mucho quiero preguntaros, y no se me ocurre mejor ocasión que esta noche, con todos vuestros hijos presentes. En mi estancia en Portugal, he criado a chiquillos, y su sangre ha resultado ser más potente de lo que debiera ser en generaciones tan altas. Consulté con un tremere ducho en el tema... Y no soy de la onceava generación. Soy de la octava. ¿Por qué?"
Michelle suspiró y sonrió débilmente. Casi había olvidado aquel pequeño desajuste.
"Supongo que es justo que lo sepáis, sois de la octava generación, los cuatro, y vuestros chiquillos lo son de la novena. También yo me creí de la décima por un tiempo, hasta que, como vosotros, descubrí que mi sangre era más poderosa de lo que debía ser."
"Entonces ¿No eres chiquilla de Loni de Lances?" inquirió de nuevo Angelo.
Negó con la cabeza.
"Sí lo soy, pero fue Loni, mi sire, quien comenzó la farsa. ¿Cómo lo hizo? Solo existe una manera y yo no quiero ni pensar en algo tan terrible, pero la cuestión es que aquí estamos. Tenemos en nuestras manos un poder inospechado, pero si lo desvelamos, estaremos en peligro más de lo que ya lo estamos esta noche"
Asintieron de nuevo.
"Cuidad vuestro poder, usadlo con moderación. Todos debemos seguir siendo los banales toreador que todos creen. Os agradezco de corazón que hayáis acudido. Me siento reconfortada con vuestra compañía en esta aciaga noche. Ahora, por favor, volvamos a los salones y comportemonos como la ocasión se merece. Esta es mi fiesta."
Las música los recibió en el vestíbulo mientras bajaban las escalinatas de mármol como un cortejo de ángeles, todos jóvenes y hermosos. Y malditos. Uno a uno, sus chiquillos fueron presentando a sus descendientes, que eran numerosos y la miraban con devoción. Ella los recibió con su más sublime sonrisa, aunque por dentro gritaba de rabia al pensar que cada uno de ellos podía morir aquella maldita noche. En aquel último momento antes de arrojarse a los brazos del destino, buscó bajó la piel la moneda y lanzó al mundo su último llamamiento.
De nuevo, no tuvo respuesta, y se unió a sus invitados con una máscara de sonrisa aunque dentro estaba iracunda y triste.
Estaba saludando a sus últimos descendientes, los más jóvenes, cuando llegó Claudius Giovanni, con Ambrogino y una amplia delegación Giovanni, unos diez miembros de la familia. Michelle acudió a recibirles, como la mangífica anfitriona que era, y les deleitó con su mejor sonrisa.
_ ¡Cómo me alegro de que hayan aceptado la invitación, signores! Es un honor recibirles en esta mi casa.- mintió.
Fue Ambrogino quién habló, con su máscara de perfecto Giovanni, de modo que no mostró ninguna complicidad con ella, y menos con Claudius delante.
_ Fue un placer descubrir que a los Giovanni no les faltan amigos, Signora, en estas aciagas noches.- respondió, elegante como le recordaba.
Michelle se inclinó en reverencia ante Claudius y saludó al resto con cortesía, haciéndoles pasar.
Los Giovanni se mezclaron entonces con los invitados y su joven descendencia toreador, les asaltaron con preguntas y cumplidos, como buenos cortesanos.
Hizo llamar entonces a la joven Ravnos, Joanna, su apadrinada, que había prosperado bajo su nombre, y le pidió que con su magia creara una luz difusa que no creara sombras en ninguno de los salones. Joanna frunció el ceño, extrañada, pero con disimulo lo hizo, mientras alguno de sus chiquillos, aquellos con el auspex más alto, arrugaban la nariz al notar el quimerismo en la sala.
"Las sombras seguirán estando, solo que las ilusiones las cubrirán. Si alguien sabe qué buscar, lo encontrará. Pero será más dificil encontrarlas" pensó la joven, para que Michelle pudiera recoger el pensamiento de su mente.
"Si es lo único que puede hacerse, tendrá que bastar. Gracias, querida"
Apenas unos minutos más tardes, el chambelán anunció la llegada de tres nuevos invitados. Michelle se volvió para verles y el alivio casi la hizo gemir al ver en la puerta a Vykos acompañado de alguien que le heló la sangre: Velya el Vivisector. Iba con ellos un lasombra milanés, y fueron anunciados como emisarios del magnánimo Sabbat en los reinos itálicos. Michelle corrió a recibirles.
_ ¡Que grata sorpresa, señores! ¡Me alegro de que hayan decidido acudir a esta fiesta!- dijo, y en aquella ocasión era cierto. Incluso la presencia de Velya le tranquilizaba si acompañaba a Vykos. No estaría sola.- Vuestra presencia honra mis salones.
Vykos estaba irreconocible, y lo que vio bajo su capucha no podía ser humano, sin embargo, aquellos gestos felinos, casi reptiloides, le resultaron tan hermosos y fascinantes que apenas pudo apartar la mirada de su rostro.
_ Oí de esta celebración, y acompañaba a mi buen amigo Velya en su camino hacia los Cárpatos... - dijo Vykos- De modo que decidimos pasarnos por aquí. Nos encontramos al conde Sforza de camino. No molestamos, ¿verdad?
_ ¡En absoluto, signore!- exclamó Michelle.- ¡Todos sois bienvenidos en esta fiesta!
"Gracias a Dios que has venido" dijo en su mente.
"¿Qué sucede?"
"Alfonso tiene fuera medio ejército de fieles para acabar conmigo y mi progenie. Cree que queremos vengar a Miguel de Constantinopla"
_ Por favor, pasad: el banquete está servido en el salón azul y la música en el salón verde.
"¿Y no es así? Lástima... Porque me odia, y con Velya aquí podríamos montar una buena juerga... Yo estaba en el bando de Miguel cuando él atacó Constantinopla, ¿sabes? Seguro que él aún se acuerda..." bromeó Vykos.
Velya fue a refrescarse, y el conde Sforza con él. En ese momento, el chambelán anunció un nuevo invitado.
_ Dominus, del Clan Ventrue.
Michelle y Vykos se volvieron para verle, y Sascha, bajo la capucha, entrecerró receloso los ojos.
"¿Qué hace Dominus aquí?"
Michelle no había visto en la vida a aquel hombre.
"No lo sé. No le invité, tal vez haya venido con Alfonso. Si siquiera sé quién es... Dios mio... ¿Qué he hecho?
Vykos se giró para ver la reacción de Claudius Giovanni, y vio que el giovanni había dado un paso atrás y se había ido a un sitio discreto con Ambrogino.
"No, ese no. Estaba con los Arpad en una fiesta en Transilvania hace unos años. Se enfrentó a Vladimir Rustovich, y salió victorioso. Es viejo"
"Entonces no lo sé, no lo sé, cielos..." Sintió pánico, aquello estaba completamente fuera de control.
Se acercó a la puerta para recibirle, pues al fin y al cabo era un Ventrue y eso le hacía distinguido. Debía guardar las formas.
_ Buenas noches...- dijo el hombre- ¿Tenéis algo para secarme? Me temo que he pisado algo de lodo al llegar.
Michelle le miró perpleja un momento. No había llovido y el suelo estaba seco, pero de todos modos llamó con premura a un criado para que este le ayudara a limpiarse, pero entonces reparó en la mirada del ventrue y comprendió: no había llegado por el camino. Había salido del estanque. Un monitor, un miembro del Inconnu.
_ Es un placer que hayais acudido, signore, por favor pasad.- Dominus miró a los presentes y asintió antes de pasar al salón.
Al fin, el chambelán anunció al último invitado y Michelle sintió que un puño le atenazaba el pecho.
_ Alfonso de Venecia, Príncipe de la Ciudad de los Canales, heredero legítimo del trono de Constantinopla, y su séquito.
Toda sonrisas, Michelle acudió a recibirle.
_ ¡Signore Alfonso! Al fin llegáis... Es un honor que el príncipe de mi amada Venecia nos deleite con su presencia en esta fiesta
Alfonso le devolvió las sonrisas, pero sus palabras estaban cargadas de veneno.
_ Ah... La famosa Michelle de Mauvernay... Al fin nos conocemos, Signora.
_ Lamento que tenga que ser en algo tan poco privado, Signore, pero asi podremos agasajaros como es debido, por favor, pasad.
_ No pasa nada, signora.- la disculpó Alfonso- Solo que no estoy acostumbrado a este tipo de cosas. Comprended... Que normalmente son mis vasallos los que me vienen a ver a mi, y no al revés... Y no tras un año residiendo en mi ciudad.
Michelle se mordió un labio.
_ Lo tendré en cuenta para próximas ocasiones, mi señor. Yo también suelo optar por fiestas más discretas para asuntos menos triviales. Tenéis razón, olvidé los modales trás tanto tiempo fuera. Me disculpo ante vos.
Alfonso asintió y él y su séquito entraron en la casa, mezclándose con los invitados.
Michelle se volvió para mirarlos a todos: casi cuarenta y cinco vampiros reunidos en su casa. De pronto se acordó de Isaac y de lo que había hecho con los príncipes de la camarilla.
"Que venga ahora Rafael y prenda fuego a la casa" pensó con amargura "Veremos que fiesta..."
Cuando el chambelán cerró las puertas, Michelle hizo una seña al director de los músicos y estos comenzaron con una alegre melodía. Ya estaba todo dispuesto, ahora solo debía estallar la chispa que lo prendería todo en llamas. Estaba observando a los invitados en el salón verde cuando de pronto escuchó un grito sesgar el aire.
_ ¡Por Miguel!- gritó la voz- ¡Por el Patriarca! ¡Muerte al Usurpador!
Su mundo se resquebrajó al reconocer la voz. Se volvió, casi como si el tiempo se hubiera detenido, y vio a Pietro, a su amado Pietro, sujetando por la empuñadura una espada que atravesaba el pecho de Alfonso de lado a lado.
El grito brotó de sus labios y se abalanzó sobre ellos, pero ya era tarde.
_ ¿Qué...?- murmuraba un Alfonso sorprendido, mirando la sangre de su herida- ¿Sanguinaria? ¿De dónde la has... sacado?
Y de pronto estalló, convirtiéndose en polvo ante el monumental silencio.
Michelle alcanzó a su chiquillo y lo sacudió por los hombros, perpleja, aterrada..
_ ¡Pietro! ¡Pietro! ¿Qué has hecho? ¡Por dios! ¿Qué has hecho?
Pero en sus ojos solo vio miedo. Estaba aterrado, no sabía lo que había hecho, y entonces Michelle comprendió y odió con toda su alma a Claudius Giovanni.
_ Santo Dios...- murmuró, y de pronto unos tentáculos de oscuridad se abalanzaron sobre Pietro, que gritó. Michelle trató de alcanzarle, pero el caos que estalló a su alrededor le fue alejando más y más. Podía oirle gritar, pero ya no le veía, y gruesas lágrimas de sangre rodaron por sus mejillas.
A su lado, Vykos y Velya adoptaron sus formas de combate. No vio al Sforza milanés entre el gentío y se dio cuenta de que debía salir de allí cuanto antes. Buscó con su mirada a sus chiquillos y les ordenó, y envió un mensaje a María ordenandole que saliera corriendo de la casa. Ya había perdido a uno y no quería perder a ninguno más.
"¡Salid de aquí" gritaba en sus mentes "¡Salid de aquí, por Dios!"
Entonces oyó la voz de María en su mente.
"Deberías ver lo que se acerca"
Y de pronto, se encontró viendo por sus ojos y no pudo creer lo que veía. Una figura enorme, de ojos rojos furiosos, volando a toda velocidad hacia la casa y gritando como en una pesadilla... Un dragón... Un sollozo le sacudió el pecho al comprender quién era...
Sus gritos se hicieron más intensos.
"María ¡Sald de aquí! ¡Sal de aquí ahora mismo!"
De pronto comprendió que lo que había percibido, enorme y amenazador, arriba, había sido él. Ahora podía reconocerle: se movía por instinto, por el instinto de protegerla de aquello que la aterraba cuando le llamó. Era la primera vez que le veía en la forma que le dio el nombre de Dracon, y era terrible. Azuzó a su progenie para que saliera de la casa cuando oyó la voz de Vykos trás ella.
_ ¡Muevete! ¡O te van a matar!- gritaba, y pudo ver que había acabado con un lasombra que trataba de asesinarla por la espalda. Se dio cuenta entonces de que se había quedado clavada en el suelo al ver al dragón, y corrió tan deprisa como pudo hacia la salida. De pronto el suelo comenzó a temblar bajo sus pies, y las paredes comenzaron a tambalearse. Cruzo el umbral y salió al exterior, donde la gente corría sin control, tratando de huir. Oyó gritos y lamentos espirituales saturando el cielo, y supo que los Giovanni habían traido a su propio ejército. Las sombras se arremolinaron en las ventanas, señal de que los Lasombra estaban plantando cara en la batalla. Una carnicería se estaba llevando a cabo en el interior y deseó desesperada que toda su progenie hubiera podido salir de allí.
María corría trás ella, no muy lejos, y ambas corrieron a refugiarse a un lugar oscuro, donde Michelle mutó sus rostros para evitar que las persiguieran.
Y entonces llegó el Dracon. Aterrizo frente a la casa y su forma mutó, y de pronto cientos de tentáculos de carne entraron por las ventanas de la casa con ansia homicida en una transformación casi instantanea.
Pensó en su progenie, en sus chiquillos en el interior, y quiso correr hacia la casa, pero María la sujetó con fuerza. Por el rabillo del ojo vieron a Dominus ir hacia el estanque, y pudieron ver también que Claudius y Ambrogino corrían también para ponerse a salvo. El Dracon penetró completamente en la casa, pero oyeron un grito espantoso casi de inmediato y salió de nuevo, con una parte de su cuerpo envuelto en llamas. Michelle gritó, pero de nuevo María la retuvo.
De pronto un crugido terrible llenó el aire, y la estructura de la mansión no soportó más la presión y se hundió. El grito que brotó de los labios de Michelle fue antinatural y terrible, lleno de angustia y rabia.
Entonces, lo impensable.
El Dracon, con el cuerpo en llamas, se arrojó al estanque para salvarse, justo en el momento en que Dominus entraba en el portal. Y ambos desaparecieron.
Cayó al suelo como fulminada, de rodillas, con las manos abiertas y los brazos inertes, los ojos abiertos sin mirar nada, golpeada por lo ocurrido, por el miedo, por la pena, por la ira... De pronto todo estaba en calma, la casa estaba en ruinas y ardía en llamas, y aquí y allá veía a la gente huir despavorida, sin embargo, nada oía. Todo sucedía despacio, como aquella noche en Thorns, como si el tiempo hubiera quedado suspendido. Vio a Angelo, estaba bien, pero cargaba al hombro a Joanna, malherida. Buscó con la mirada, pero no vio a Pietro ni a Lucio en ningún lugar, pero los jardines eran grandes y había mucha confusión. Viendo las ruinas, tuvo la certeza de que no quedaba ni uno solo del séquito lasombra. Vio a Velya. Arrastraba a un Vykos que había vuelto a su forma humana, lo cual quería decir que había sufrido heridas terriblemente graves. Su progenie...
Alguien la sacudió por los hombros y la hizo reaccionar.
_ Tenemos que irnos.- le urgía María, asustada y preocupada- Es peligroso quedarse aquí...
Michelle asintió sin querer y su cuerpo se puso en pie automáticamente. No lo movía ella, sino su instinto de supervivencia. Ella hubiera permanecido allí y levantado cada piedra en busca de sus descendientes.
Los carros las llevaron de vuelta a la ciudad, donde poco a poco fueron llegando aquellos de su progenie que se habían salvado. Nada más podían hacer, salvo esperar. La noche siguiente, el recuento aún era provisional, pero al parecer,
de sus cuatro chiquillos, solo Angelo y Lucio seguían con vida, y Caterina y Joanna estaban malheridas pero en casa. Todos parećian atribuir la culpa a Vykos y a Velya, puesto que fueron ellos quien invocaron el magma, y aquello era sin duda obra de tzimisces. Salvo ella y María, nadie había visto al dragón, solo el horror tentacular. Estaban demasiado ocupados en escapar o sobrevivir. Aún estupefacta y entumecida por el terrible golpe que había supuesto lo ocurrido, Michelle se preparó aquella noche para ver al patriarca de los Giovanni. Caminaba ausente, como un autómata, con la vista perdida, y ni siquiera se dio cuenta de que María la había seguido hasta que la cogió del brazo, ante la verja del mausoleo familar de los Giovanni.
_ Déjame ir contigo.- dijo la reina de Florencia- Le conocí cuando aun era un chiquillo de Capadocius. Es arriesgado, sabiendo lo que sé, pero también es arriesgado para ti.
Michelle se sacudió su brazo con tristeza.
_ ¿Y que nos domine a las dos?
María frunció el ceño.
_ ¿Prefieres ir sola y que te gire en mi contra?
_ Jamás- gimió al pensar en aquella posibilidad- Te necesito más que nunca, María.
_ Si vamos juntas, al menos podremos seguir estando juntas. Y Augustus me debe un favor de su época anterior a su... Divinización. Déjame acompañarte... Y esta vez, sin ocultarme. Ya me he escondido demasiado tiempo.
Michelle la cogió de la mano sin decir nada, y juntas entraron en el mausoleo.
Les recibió Ambrogino, silencioso y con la mirada gacha.
_ Bienvenidas.- dijo- Lo siento... lo siento mucho...
Michelle sabía que sus palabras eran sinceras, pero entonces oyó la voz de Claudius.
_ No sientas nada, Ambrogino.- dijo desde una puerta lateral- Es impropio de un Giovanni de tu posición.
Ambrogino miró a Claudius pero no replicó.
_ Mi señor te espera- dijo el viejo Giovanni a Michelle. Luego se volvió hacia María.- Vaya, vaya, vaya... María Sforza. Qué sorpresa.
María alzó el mentón y le miró, desafiante.
_ Voy con ella, Claudius.
Claudius la miró de arriba a abajo y sonrió bufón.
_ Como quieras.-dijo simplemente- Por aquí.
Las dos mujeres le siguieron por las oscuras galerías del mausoleo, cogidas de la mano sin querer soltarse. En un estudio, sentado en una mesa redactando cartas, vieron a un hombre de estatura importante, cerca de metro noventa, vestido al modo del renacimiento. Estaba escribiendo una carta y no les prestó atención, y cuando al fin terminó trás largos minutos, alzó la vista y las miró. Su mera presencia era abrumadora, podía recordar haber sentido lo mismo en presencia de Tzimisce y Malkavian, así como el terror absoluto de la presencia de Absimilliard, y de Ella, pero cada vez que lo había sentido había sido como si fuera la primera de toda su vida. Era magnífico y terrible, y la invadió un sentimiento de temor reverencial.
_ Michelle de Mauvernay y María Sforza.-dijo Augustus con su perfecta voz de barítono, tranquila y pausada.- Es una sorpresa ver a la reina de Florencia. Hacía mucho, María.
María apretó la mano de Michelle.
_ Mucho, Augustus. Desde que me dejaste.
Augustus sonrió levemente.
_ Cosas de la familia.- dijo- Asuntos que debía atender. Veo que me reemplazaste bien.- Y señaló con la cabeza a Michelle, junto a ella.- He de reconocer que no me sorprende verte de nuevo, viendo quien acompañas.- se volvió a Michelle de nuevo- Parece que anoche Vykos y Velya hicieron algo extraño...
_ Nosotras salimos de la casa en cuanto mataron a Alfonso. No vimos qué ocurrió dentro.- dijo ella, y su voz sonó fría, carente de emoción. Se sentía como una de sus esculturas, sin entrañas, de fría piedra.
_ Siento el sacrificio por parte de vuestra progenie, Signora.- dijo Augustus con tono desafectado- Era necesario para evitar efectos colaterales.
Michelle apretó la mandíbula y no dijo nada.
_ Todo el mundo cree que Pietro actuaba influenciado por los temores de Alfonso- continuó Augustus, y Michelle apretó los puños con rabia- Y eso os situa en una posición excepcional.
Michelle quiso matarle, no soportaba el modo en que hablaba de él como un mero accesorio, como un juguete.
_ No digáis su nombre.- siseó con la ira contenida en su voz. Augustus decidió obviarla y continuó hablando.
_ Seréis príncipe de Venecia, arzobispo del Sabbat que ha acabado con un lasombra que ponía en jaque los intereses del Sabbat en el norte de Italia. Anunciaréis vuestra nueva afiliación, reivindicaréis su muerte, y bajo mi protección podréis reinar en Venecia. Alfonso era demasiado llamativo, y con demasiada ansia de poder. Sus hermanos lasombra no le veían con buenos ojos. Michelle de Mauvernay será mucho mejor Reina de Venecia.
Michelle trató de asimilar aquellas palabras y recordó lo que habían propuesto los lasombra como oferta para su afiliación al Sabbat.
_ ¿Qué ocurrirá con Florencia?
Augustus miró a María.
_ Si estáis dispuesta a tener protección giovanni, y aceptar la afiliación al Sabbat, no será inconveniente para mi devolverle a María su dominio natural. Esto incluye ayuda en nuestra guerra declarada con esos bastardos de los Fundadores.
_ Así que seremos tus máscaras de porcelana... Bellas y frágiles. Propio de ti, Augustus.- replicó María.
_ Yo te amaba, María. Pero amo a mi familia, y tengo mis deberes. No me tengas rencor, por favor.
Maria calló y fue el turno de Michelle.
_ ¿Y eso es todo? ¿Así de sencillo?- preguntó con amargura.
Augustus alzó las cejas.
_ Por cierto, como muestra de buenas intenciones, nuestro enlace será Ambrogino. A Claudius le mandaré al sur de Italia. Ambrogino ha hecho bien las cosas. Se merece lo mejor.- y añadió con tono casual- Otra cosa. Por su comportamiento, el primer edicto de la nueva reina será este: declarar caza de sangre a Vykos y a Velya el Vivisector en Venecia. Bien. Mi presencia en Venecia debe permanecer en el más estricto secreto por el momento.
Michelle le interrumpió.
_ Vos... vos podéis hablar con los muertos.- Augustus la miró con interés.- ¿Podéis dar un cuerpo a un espíritu que ha perdido el suyo?
_ Creedme, aunque eso es sencillo, el cuerpo se deteriora rápidamente, y la mente muerta emboza el alma. No puedo resucitar.
_ ¿Podré al menos hablar con él?
Augustus asintió.
_ Ambrogino puede encargarse. Pero os advierto. Sólo si algo le retiene en este mundo, podréis hablar con él. Si no es así, sencillamente se habrá ido.
Michelle le miró entonces desafiante y de sus labios brotaron palabras cargadas de veneno.
_ ¿Lo que le hicisteis no os parece suficiente?- siseó. Augustus no respondió, pero su mirada fue todo un ultimatum.
"Capadocius lo habría hecho" pensó con amargura, pero se calmó.
_ ¿Algo más?- inquirió, deseando salir de aquel lugar.
_ Una muestra de buena voluntad por vuestra parte.- dijo el Giovanni- Solo esta vez.
Y tomando un cortaplumas de la mesa, cortó su muñeca, y tendió la herida sangrante hacia ellas. Michelle le maldijo en su interior, pero miró a María.
_ Es la segunda vez que me haces beber- dijo la Reina.
_ Es la segunda vez que me das motivos para ello.- respondió él. Y para sorpresa de Michelle, María obedeció.
No tuvo más remedio que imitarla.
Augustus cerró la herida y las despidió. Estaban cruzando el umbral del estudio cuando habló de nuevo.
_ Ah, un detalle- decía- Que la proclama sea discreta.
Pietro regresó diciendo que había hablado con el primogénito giovanni de Venecia, un tal Luca, y que este había quedado en dar su respuesta dos noches más tarde. Ante aquella respuesta, Michelle decidió que antes de alarmarse quería saber qué pensaba exactamente Alfonso, y la noche siguiente abandonó su cuerpo y flotó hasta el palacio del principe, una casa mucho menos ostentosa que la de la propia Michelle pero que, extrañamente, presentaba una inusual actividad a aquellas horas incluso para la casa de un vampiro. Al parecer el príncipe tenía a unos cuantos visitantes esa noche, desde comerciantes a juzgar por los ricos carruajes, hasta hombres de armas, todos reunidos allí por orden de Alfonso. Y todos ellos eran vampiros. El temor de María era fundado. Michelle recorrió el exterior de la casa, reuniendo información: al parecer Alfonso por ahora solo estaba reuniendo fuerzas. Decidió entrar, pero cuando cruzó la puerta del servicio, en la parte de atrás, no vio a nadie y su sexto sentido percibió algo que no estaba bien en el palacio, que había algo peligroso y oscuro en el interior. Michelle, que ya estaba escarmentada de sensaciones como aquella, regresó a su cuerpo y habló a María de lo que había visto.
Ella se mostró preocupada, más sabiendo que Luca Giovanni no daría su respuesta hasta el día siguiente por la noche, lo que quería decir que primero quería escuchar lo que tenían que decirle en casa de Alfonso.
_ Esperemos a mañana, a la respuesta de Luca.-dijo- Y recemos por que Ambrogino aparezca.
Michelle estuvo de acuerdo, pero temerosa de que Ambrogino, siguiendo la tradición familiar, se inclinara de parte de los Giovanni dejandola sin apoyo, decidió invocar a otro viejo amigo junto al cual se sentiría más segura, y llamó Sasha Vykos.
La noche siguiente, se presentó en la puerta de la Casa Mauvernay un carruaje con la G de Giovanni en la puerta. Michelle esperó ver aparecer a su viejo amigo Ambrogino, pero el que se apeó del transporte no era nadie que conociera.
_ Buenas noches, Singora.- saludó el hombre con cortesía, al llegar hasta ella.- Soy Claudius Giovanni. ¿Podemos hablar?
Aquel nombre la heló por dentro. Claudius era el chiquillo de Augustus Giovanni, que había diabolizado a Capadocius. Un hijo de la cuarta generación, uno más, allí, en su casa.
_ Por supuesto- sonrió- Pasad.
Claudius entró y tomó asiento en un cómodo butacón forrado de terciopelo rojo, y permitiendo que los sirvientes guardaran su media capa y su bastón de marfil. Michelle le ofreció un refrigerio, que el Giovanni rechazo cortesmente, agradecido. Cuando los sirvientes los hubieron dejado a solas, Michelle cruzó las manos sobre el regazo.
_ Y bien, Signore Claudius, es un honor teneros en mi casa.- dijo.
_ Gracias, Signora.-dijo el hombre- Sinceramente, vuestro regreso a la vida activa en Venecia ha levantado mucha expectación.
Michelle maldijo para sí. De modo que todo era cierto. Sonrió de nuevo.
_ ¡Oh!- exclamó agitando la mano para quitar importancia al tema- Se adelantan los acontecimientos, me temo. Pretendía organizar una gran fiesta para presentarme de nuevo a Venecia y honrar al príncipe, pero por lo visto, los rumores se me adelantan, una lástima.
Claudius asintió.
_ Sí, eso se rumoreaba. Y ahora sé que es cierto. Pero Alfonso de Venecia... El príncipe es un paranoico: Ha llamado a sus aliados para acabar con vos. Cree que se trata de una maniobra de algún chiquillo de Miguel de Constantinopla para vengarse de él.
Michelle abrió mucho los ojos, sorprendida de veras.
_ ¿Chiquillo del patriarca Miguel! ¡Pero eso es absurdo! Solo soy yo...
_ ...una chiquilla de Loni de Lances, quien estuvo en Constantinopla pocos años después de la caída, y viajó a Tierra Santa, donde se refugiaron los chiquillos de Miguel supervivientes.- Michelle se quedó sin habla ante aquellas palabras- Ve en vos una punta de lanza de alguien, y sus paranoias le hacen creer ciegamente en ello. Pocas cosas pasan en esta ciudad que yo no sepa. Os coaccionaron recientemente, ¿no es así?
Michelle frunció el ceño.
_ Es una manera poco sutil de decirlo, señor mío.
_ Mi sire siempre dijo que la sutileza no era una de mis virtudes, y que lo prefería así. Pero no quiere que nadie centre demasiado su atención en la ciudad en que reside en secreto... ¿Comprendéis?
Comprendía, y lo que oía no quería creerlo. Augusutos Giovanni en Venecia, oculto...
_ Está furioso con toda esta actividad- añadió Claudius.- Y Alfonso irá a esa fiesta, pero con veinte fieles con él.
No podía entender como aquello se le había escapado tan rápido de las manos. Suspiró.
_ ¿Qué sugerís, signore?
_ Seguid con la fiesta. Mi sire no desea que Alfonso siga gobernando Venecia.-Imaginó la fiesta, toda su descendencia, sus amados chiquillos, la progenie que aún no conocía, y los soldados de Alfonso, la masacre. Se estremeció.- Dos años con él de príncipe ya le han dado bastante dolor de cabeza.
_ Pero mi progenie, mi patrimonio...
_ Elegid, vuestra vida está en juego.
_ ¿Y cuales son mis opciones? ¿Dejar que nos masacre a mí y a los míos?
Claudius agitó la mano para hacerla callar.
_ Un amigo vuestro ha hablado por vos ante mi sire. Tiene algo en mente para vos.
Ambrogino.
_ Lo tratará con vos en persona dentro de tres noches.- finalizó el giovanni.
Michelle decidió que era hora de que María escuchara aquello y la llamó telepáticamente para que acudiera, invisible.
_ De modo que debo celebrar una fiesta en la que probablemente acaben conmigo para escuchar, si sobrevivo, una propuesta de vuestro sire... Es un extraño plan, signore.
_ No esperamos que vuestra progenie combata. Pero habéis revelado la naturaleza de Alfonso, digno chiquillo de Narsés. Y os habéis convertido en un cebo perfecto.
_ ¿Y cómo garantizaré la seguridad de los míos?
_ Eso lo dejamos en vuestras manos. Pero tened esto presente: si Alfonso sospecha algo, soplaremos dos velas de la tarta en lugar de una. Dad gracias a Ambrogino. Él ha hecho caer en cuenta a mi sire que podéis serle útil. Estaba igual de enfadado con vos como con Alfonso. Pero recordad que útil no es imprescindible...
De pronto, no pudo dejar de escuchar su voz y supo que estaba utilizando en ella el poder que ella misma utilizaba con sus sirvientes, pero a un nivel aterrador.
_ No hablaréis de nada de lo que hemos dicho con nadie, aunque conservéis el recuerdo y podáis actuar en consecuencia.- dijo el Giovanni, y Michelle no pudo sino asentir, frustrada.
Claudius se levantó y dijo:
_ Vámonos, Cos.
Y cuando se marchó, Michelle oyó el grito de María, en sus habitaciones. Se precipitó escaleras arriba y encontró a María acurrucada en un rincón de la habitación, en posición fetal y de pronto todas su sentido de alerta le previno: estaba en Rötchreck. Asustada, golpeó su mente con recuerdos y cayó inmediatamente inconsciente. Preocupada, se dio cuenta de que había sido preocupantemente fácil: fuera lo que fuera contra lo que luchó, le había devorado la fuerza de voluntad. Se quedó a su lado hasta que su amante despertó, y cuando lo hizo, María estaba terriblemente débil.
_ Monstruos... Los giovanni son monstruos...- dijo.- Cuando vine... Eso me atacó... Quería devorar mi alma... Olió a Nefeo en mi... Mi maestro capadocio, el que me enseñó el Don... Los giovanni matan capadocios... Si descubren tu secreto, que usas tu Don que te enseñé... Te matarán sin dudarlo, Michelle.
Michelle la rodeó con los brazos y hundió el rostro en su cuello alabastrino.
_ Lo siento, lo siento tanto...- María le devolvió el abrazo, y temblaba.
La noche siguiente, al despertar, encontró en el salón un ghoul giovanni esperando con una carta que solo ella debía leer. Michelle deseó con todas sus fuerzas que fuera de Ambrogino Giovanni y la leyó.
"Querida Michelle:
Siento mucho lo sucedido. Sé que en tu mente jamás pasaría derrocar a Alfonso de Venecia, pero él ha visto en tu presentación una amenaza a su autoridad, o algo similar. Todo habría sido más fácil de no ser porque nuestro gran padre habita bajo el mausoleo. Con la Camarilla apuntándole como uno de los vampiros más buscados, no desea que haya tanta atención sobre Venecia como hay ahora. Me ha dicho sus planes, y sólo te advierto que te despidas de los tuyos, pues mañana perderás a alguno de ellos. Ya ha sido decidido. Por nuestra vieja amistad, te doy esa posibilidad, para que puedas hacerlo bien.
Siento no haber podido hacer más.
Ambrogino."
Miró la carta largo rato, recibiendo sus palabras como un mazazo. Ya estaba decidido: iba a perder a su progenie ¿Pero quién? ¿Acaso los habían elegido? No podía hablar de ello con María, puesto que Claudius la había hechizado para que guardara silencio, y podía percibir la frustración de su amante que veía como no podía ayudar de ningún modo. Desamparada, Michelle visitó astralmete la casa que Catalina había elegio para comprobar que era posible huir si ocurriera lo inevitable. Era una casa grande, con amplios jardines y muchos salones, y decidió que en caso de necesidad, podrían huir a los exteriores. En aquel momento de desasosiego, solo se le ocurrió una persona a la que recurrir, aunque su llamada fuera vana, y acarició la moneda, enviando su llamamiento. No hubo respuesta, pero percibió una extraña palpitación que no había percibido jamás. Aquello la inquietó y volvió a intentarlo, pero percibió la misma perturbación.
Agotada y asustada, aquella noche durmió repleta de angustia.
Poco antes del amanecer, María llegó para meterla en el carro en que viajarían a la casa. No habían planeado que ella acuriera, pero su amante se negaba a dejarla sola de nuevo y arriesgarse a perderla. Trató de convencerla, temiendo por ella, pero María era arrojada y apasionada, y no era fácil hacerla cambiar de opinión. Michelle sabía que la matarían, pero por mucho que rogó, María decidió acompañarla de todos modos y nada de lo que dijo pudo hacerla cambiar de parecer.
_ Si te matan, no me lo perdonaré jamás.- le dijo.
_ Si te matan a ti, mi vida me dejará de importar.- fue su respuesta.
La tomó de la mano.
_ Prometeme que huirás si ocurre algo.
_ Lo prometo.
Y haciendo esta promesa, ambas subieron a los carros, hacia su funeral.
La noche fatal despertó en una mullida cama. Estaba en la casa que Caterina había elegido y alguien la había trasladado desde el carro al dormitorio. Lo primero que llamó su atención fue la suave música de orquesta que llegaba a ella desde algun lugar del piso inferior, señal de que los músicos contratados estaban ensayando.
Se dio un baño y se vistió y peinó con ayuda de sus sirvientas con un vestido tan exquisito que, cuando bajó las escaleras, Caterina, que salía a su encuentro, no pudo reprimir una exclamación. Sin embargo parecía preocupada.
_ Signora... Me dicen que el príncipe Alfonso ha venido con una numerosa delegación, y su campamento está a apenas media milla de la casa. ¿Qué hemos de hacer?- su voz era nerviosa. El resto de invitados nada sabían, salvo Pietro. La suerte estaba echada.
_ Los recibiremos.
Caterina asintió, y justo trás ella, Lucio y Alba se acercaron a ella. Lucio, el dorado Lucio, lucía una agradable sonrisa de reencuentro. Alba, por su parte, estaba entusiasmada con la fiesta.
_ Signora... - dijo su chiquillo saludándola como hacía en la Academia.
Michelle le premió con una radiante sonrisa, como solía, y se volvió hacia Alba, la directora de la escuela de Florencia.
_ Alba, he oído que haces un gran trabajo con la escuela de Florencia.- concedió, mangnánima. Alba se inclinó en reverencia cortés.
_ Aprendí de la mejor, Signora.
De pronto, Lucio alzó la vista y mirando las escaleras, sonrió exclamando:
_ ¡Angelo!
Bajando del brazo de una joven, su segundo chiquillo acababa de aparecer. Como dos hermanos largo tiempo separados, Angelo soltó a la muchacha para abrazarse impetuosamente con su hermano de sangre. Trás el abrazo, avanzaron cogidos por los hombros hacia ella, que los recibió con una sonrisa.
_ Es un placer estar en casa... Signora.- dijo Angelo el apasionado.
Michelle, le devolvió la sonrisa.
_ Ya solo falta el solemne Pietro y tendré conmigo a mis cuatro hijos.- dijo.
Pietro no tardó en aparecer, pues Caterina había ido a buscarle. Más comedido que sus hermanos, Pietro estaba alegre por ver a los que hacía tiempo que se marcharon y con los que tanto tenía en común. Viéndolos reunidos, su corazón se volvió de piedra al recordar que tal vez uno de ellos moriría aquella noche. No podía advertirles de la amenaza Giovanni, pero al menos, podría prevenirles de los Lasombra.
_ Bien, antes de que comience la fiesta, me gustaría hablar con vosotros en privado, mis herederos.
El resto de descendientes que les rodeaban asintieron y se alejaron para dejar a Michelle con la primera generación de su progenie, que subieron al piso superior y se acomodaron en un estudio. Michelle los contempló un instante, tan hermosos como el día que los creó, más sabios y fuertes, y se sintió orgullosa de ellos. Sin embargo, temerosa de que alguien pudiera escuchar su conversación, decidió hablar directamente en sus mentes.
"Me alegro de veros reunidos a los cuatro por fin, después de tanto tiempo...", se interrumpió, al agudizar sus sentidos para usar la telepatía, había percibido algo terriblemente oscuro e inquietante. Era lejano, pero se acercaba, y sintió miedo. Sin embargo, sus chiquillos no percibieron su preocupación y pudo seguir. Ellos escuchaban, en silencio.
"Esta noche, la casa va a llenarse de invitados y Caterina me ha informado que el Principe Alfonso ha traido un séquito numeroso. La velada promete ser dificil, muy dificil. Los que conocéis a Alfonso sabéis de su caracter..."
"Alfonso de Constantinopla, menudo uno" interrumpió Lucio.
"Os recomiendo fervientemente cautela. Más que eso. Quiero que tengáis cuidado, y si algo ocurre, os pongáis a salvo."
Ahora se miraban entre sí, preocupados.
"¿Por qué? ¿Sucede algo malo entre Alfonso y tú?" exclamó Angelo.
"Digamos que esta fiesta ha despertado más que sospechas en él. Hasta ahora eran solo eso, sospechas, pero ahora están ahí fuera. Necesito, por el bien de todos, que os comportéis de la manera habitual. Sé que es dificil, pero debemos hacerlo. Le recibiremos y agasajaremos, a él y a su séquito, pero si ocurriera algo, no esperéis. Debéis jurarme que os pondréis a salvo y os separaréis, para que no puedan encontraros a todos juntos."
Asintieron al unísono, inquietos. Sin embargo, Angelo pareció expectante, como si aún quisiera hacer una pregunta.
"Di, querido"
"Signora... Madre. Hay algo que hace mucho quiero preguntaros, y no se me ocurre mejor ocasión que esta noche, con todos vuestros hijos presentes. En mi estancia en Portugal, he criado a chiquillos, y su sangre ha resultado ser más potente de lo que debiera ser en generaciones tan altas. Consulté con un tremere ducho en el tema... Y no soy de la onceava generación. Soy de la octava. ¿Por qué?"
Michelle suspiró y sonrió débilmente. Casi había olvidado aquel pequeño desajuste.
"Supongo que es justo que lo sepáis, sois de la octava generación, los cuatro, y vuestros chiquillos lo son de la novena. También yo me creí de la décima por un tiempo, hasta que, como vosotros, descubrí que mi sangre era más poderosa de lo que debía ser."
"Entonces ¿No eres chiquilla de Loni de Lances?" inquirió de nuevo Angelo.
Negó con la cabeza.
"Sí lo soy, pero fue Loni, mi sire, quien comenzó la farsa. ¿Cómo lo hizo? Solo existe una manera y yo no quiero ni pensar en algo tan terrible, pero la cuestión es que aquí estamos. Tenemos en nuestras manos un poder inospechado, pero si lo desvelamos, estaremos en peligro más de lo que ya lo estamos esta noche"
Asintieron de nuevo.
"Cuidad vuestro poder, usadlo con moderación. Todos debemos seguir siendo los banales toreador que todos creen. Os agradezco de corazón que hayáis acudido. Me siento reconfortada con vuestra compañía en esta aciaga noche. Ahora, por favor, volvamos a los salones y comportemonos como la ocasión se merece. Esta es mi fiesta."
Las música los recibió en el vestíbulo mientras bajaban las escalinatas de mármol como un cortejo de ángeles, todos jóvenes y hermosos. Y malditos. Uno a uno, sus chiquillos fueron presentando a sus descendientes, que eran numerosos y la miraban con devoción. Ella los recibió con su más sublime sonrisa, aunque por dentro gritaba de rabia al pensar que cada uno de ellos podía morir aquella maldita noche. En aquel último momento antes de arrojarse a los brazos del destino, buscó bajó la piel la moneda y lanzó al mundo su último llamamiento.
De nuevo, no tuvo respuesta, y se unió a sus invitados con una máscara de sonrisa aunque dentro estaba iracunda y triste.
Estaba saludando a sus últimos descendientes, los más jóvenes, cuando llegó Claudius Giovanni, con Ambrogino y una amplia delegación Giovanni, unos diez miembros de la familia. Michelle acudió a recibirles, como la mangífica anfitriona que era, y les deleitó con su mejor sonrisa.
_ ¡Cómo me alegro de que hayan aceptado la invitación, signores! Es un honor recibirles en esta mi casa.- mintió.
Fue Ambrogino quién habló, con su máscara de perfecto Giovanni, de modo que no mostró ninguna complicidad con ella, y menos con Claudius delante.
_ Fue un placer descubrir que a los Giovanni no les faltan amigos, Signora, en estas aciagas noches.- respondió, elegante como le recordaba.
Michelle se inclinó en reverencia ante Claudius y saludó al resto con cortesía, haciéndoles pasar.
Los Giovanni se mezclaron entonces con los invitados y su joven descendencia toreador, les asaltaron con preguntas y cumplidos, como buenos cortesanos.
Hizo llamar entonces a la joven Ravnos, Joanna, su apadrinada, que había prosperado bajo su nombre, y le pidió que con su magia creara una luz difusa que no creara sombras en ninguno de los salones. Joanna frunció el ceño, extrañada, pero con disimulo lo hizo, mientras alguno de sus chiquillos, aquellos con el auspex más alto, arrugaban la nariz al notar el quimerismo en la sala.
"Las sombras seguirán estando, solo que las ilusiones las cubrirán. Si alguien sabe qué buscar, lo encontrará. Pero será más dificil encontrarlas" pensó la joven, para que Michelle pudiera recoger el pensamiento de su mente.
"Si es lo único que puede hacerse, tendrá que bastar. Gracias, querida"
Apenas unos minutos más tardes, el chambelán anunció la llegada de tres nuevos invitados. Michelle se volvió para verles y el alivio casi la hizo gemir al ver en la puerta a Vykos acompañado de alguien que le heló la sangre: Velya el Vivisector. Iba con ellos un lasombra milanés, y fueron anunciados como emisarios del magnánimo Sabbat en los reinos itálicos. Michelle corrió a recibirles.
_ ¡Que grata sorpresa, señores! ¡Me alegro de que hayan decidido acudir a esta fiesta!- dijo, y en aquella ocasión era cierto. Incluso la presencia de Velya le tranquilizaba si acompañaba a Vykos. No estaría sola.- Vuestra presencia honra mis salones.
Vykos estaba irreconocible, y lo que vio bajo su capucha no podía ser humano, sin embargo, aquellos gestos felinos, casi reptiloides, le resultaron tan hermosos y fascinantes que apenas pudo apartar la mirada de su rostro.
_ Oí de esta celebración, y acompañaba a mi buen amigo Velya en su camino hacia los Cárpatos... - dijo Vykos- De modo que decidimos pasarnos por aquí. Nos encontramos al conde Sforza de camino. No molestamos, ¿verdad?
_ ¡En absoluto, signore!- exclamó Michelle.- ¡Todos sois bienvenidos en esta fiesta!
"Gracias a Dios que has venido" dijo en su mente.
"¿Qué sucede?"
"Alfonso tiene fuera medio ejército de fieles para acabar conmigo y mi progenie. Cree que queremos vengar a Miguel de Constantinopla"
_ Por favor, pasad: el banquete está servido en el salón azul y la música en el salón verde.
"¿Y no es así? Lástima... Porque me odia, y con Velya aquí podríamos montar una buena juerga... Yo estaba en el bando de Miguel cuando él atacó Constantinopla, ¿sabes? Seguro que él aún se acuerda..." bromeó Vykos.
Velya fue a refrescarse, y el conde Sforza con él. En ese momento, el chambelán anunció un nuevo invitado.
_ Dominus, del Clan Ventrue.
Michelle y Vykos se volvieron para verle, y Sascha, bajo la capucha, entrecerró receloso los ojos.
"¿Qué hace Dominus aquí?"
Michelle no había visto en la vida a aquel hombre.
"No lo sé. No le invité, tal vez haya venido con Alfonso. Si siquiera sé quién es... Dios mio... ¿Qué he hecho?
Vykos se giró para ver la reacción de Claudius Giovanni, y vio que el giovanni había dado un paso atrás y se había ido a un sitio discreto con Ambrogino.
"No, ese no. Estaba con los Arpad en una fiesta en Transilvania hace unos años. Se enfrentó a Vladimir Rustovich, y salió victorioso. Es viejo"
"Entonces no lo sé, no lo sé, cielos..." Sintió pánico, aquello estaba completamente fuera de control.
Se acercó a la puerta para recibirle, pues al fin y al cabo era un Ventrue y eso le hacía distinguido. Debía guardar las formas.
_ Buenas noches...- dijo el hombre- ¿Tenéis algo para secarme? Me temo que he pisado algo de lodo al llegar.
Michelle le miró perpleja un momento. No había llovido y el suelo estaba seco, pero de todos modos llamó con premura a un criado para que este le ayudara a limpiarse, pero entonces reparó en la mirada del ventrue y comprendió: no había llegado por el camino. Había salido del estanque. Un monitor, un miembro del Inconnu.
_ Es un placer que hayais acudido, signore, por favor pasad.- Dominus miró a los presentes y asintió antes de pasar al salón.
Al fin, el chambelán anunció al último invitado y Michelle sintió que un puño le atenazaba el pecho.
_ Alfonso de Venecia, Príncipe de la Ciudad de los Canales, heredero legítimo del trono de Constantinopla, y su séquito.
Toda sonrisas, Michelle acudió a recibirle.
_ ¡Signore Alfonso! Al fin llegáis... Es un honor que el príncipe de mi amada Venecia nos deleite con su presencia en esta fiesta
Alfonso le devolvió las sonrisas, pero sus palabras estaban cargadas de veneno.
_ Ah... La famosa Michelle de Mauvernay... Al fin nos conocemos, Signora.
_ Lamento que tenga que ser en algo tan poco privado, Signore, pero asi podremos agasajaros como es debido, por favor, pasad.
_ No pasa nada, signora.- la disculpó Alfonso- Solo que no estoy acostumbrado a este tipo de cosas. Comprended... Que normalmente son mis vasallos los que me vienen a ver a mi, y no al revés... Y no tras un año residiendo en mi ciudad.
Michelle se mordió un labio.
_ Lo tendré en cuenta para próximas ocasiones, mi señor. Yo también suelo optar por fiestas más discretas para asuntos menos triviales. Tenéis razón, olvidé los modales trás tanto tiempo fuera. Me disculpo ante vos.
Alfonso asintió y él y su séquito entraron en la casa, mezclándose con los invitados.
Michelle se volvió para mirarlos a todos: casi cuarenta y cinco vampiros reunidos en su casa. De pronto se acordó de Isaac y de lo que había hecho con los príncipes de la camarilla.
"Que venga ahora Rafael y prenda fuego a la casa" pensó con amargura "Veremos que fiesta..."
Cuando el chambelán cerró las puertas, Michelle hizo una seña al director de los músicos y estos comenzaron con una alegre melodía. Ya estaba todo dispuesto, ahora solo debía estallar la chispa que lo prendería todo en llamas. Estaba observando a los invitados en el salón verde cuando de pronto escuchó un grito sesgar el aire.
_ ¡Por Miguel!- gritó la voz- ¡Por el Patriarca! ¡Muerte al Usurpador!
Su mundo se resquebrajó al reconocer la voz. Se volvió, casi como si el tiempo se hubiera detenido, y vio a Pietro, a su amado Pietro, sujetando por la empuñadura una espada que atravesaba el pecho de Alfonso de lado a lado.
El grito brotó de sus labios y se abalanzó sobre ellos, pero ya era tarde.
_ ¿Qué...?- murmuraba un Alfonso sorprendido, mirando la sangre de su herida- ¿Sanguinaria? ¿De dónde la has... sacado?
Y de pronto estalló, convirtiéndose en polvo ante el monumental silencio.
Michelle alcanzó a su chiquillo y lo sacudió por los hombros, perpleja, aterrada..
_ ¡Pietro! ¡Pietro! ¿Qué has hecho? ¡Por dios! ¿Qué has hecho?
Pero en sus ojos solo vio miedo. Estaba aterrado, no sabía lo que había hecho, y entonces Michelle comprendió y odió con toda su alma a Claudius Giovanni.
_ Santo Dios...- murmuró, y de pronto unos tentáculos de oscuridad se abalanzaron sobre Pietro, que gritó. Michelle trató de alcanzarle, pero el caos que estalló a su alrededor le fue alejando más y más. Podía oirle gritar, pero ya no le veía, y gruesas lágrimas de sangre rodaron por sus mejillas.
A su lado, Vykos y Velya adoptaron sus formas de combate. No vio al Sforza milanés entre el gentío y se dio cuenta de que debía salir de allí cuanto antes. Buscó con su mirada a sus chiquillos y les ordenó, y envió un mensaje a María ordenandole que saliera corriendo de la casa. Ya había perdido a uno y no quería perder a ninguno más.
"¡Salid de aquí" gritaba en sus mentes "¡Salid de aquí, por Dios!"
Entonces oyó la voz de María en su mente.
"Deberías ver lo que se acerca"
Y de pronto, se encontró viendo por sus ojos y no pudo creer lo que veía. Una figura enorme, de ojos rojos furiosos, volando a toda velocidad hacia la casa y gritando como en una pesadilla... Un dragón... Un sollozo le sacudió el pecho al comprender quién era...
Sus gritos se hicieron más intensos.
"María ¡Sald de aquí! ¡Sal de aquí ahora mismo!"
De pronto comprendió que lo que había percibido, enorme y amenazador, arriba, había sido él. Ahora podía reconocerle: se movía por instinto, por el instinto de protegerla de aquello que la aterraba cuando le llamó. Era la primera vez que le veía en la forma que le dio el nombre de Dracon, y era terrible. Azuzó a su progenie para que saliera de la casa cuando oyó la voz de Vykos trás ella.
_ ¡Muevete! ¡O te van a matar!- gritaba, y pudo ver que había acabado con un lasombra que trataba de asesinarla por la espalda. Se dio cuenta entonces de que se había quedado clavada en el suelo al ver al dragón, y corrió tan deprisa como pudo hacia la salida. De pronto el suelo comenzó a temblar bajo sus pies, y las paredes comenzaron a tambalearse. Cruzo el umbral y salió al exterior, donde la gente corría sin control, tratando de huir. Oyó gritos y lamentos espirituales saturando el cielo, y supo que los Giovanni habían traido a su propio ejército. Las sombras se arremolinaron en las ventanas, señal de que los Lasombra estaban plantando cara en la batalla. Una carnicería se estaba llevando a cabo en el interior y deseó desesperada que toda su progenie hubiera podido salir de allí.
María corría trás ella, no muy lejos, y ambas corrieron a refugiarse a un lugar oscuro, donde Michelle mutó sus rostros para evitar que las persiguieran.
Y entonces llegó el Dracon. Aterrizo frente a la casa y su forma mutó, y de pronto cientos de tentáculos de carne entraron por las ventanas de la casa con ansia homicida en una transformación casi instantanea.
Pensó en su progenie, en sus chiquillos en el interior, y quiso correr hacia la casa, pero María la sujetó con fuerza. Por el rabillo del ojo vieron a Dominus ir hacia el estanque, y pudieron ver también que Claudius y Ambrogino corrían también para ponerse a salvo. El Dracon penetró completamente en la casa, pero oyeron un grito espantoso casi de inmediato y salió de nuevo, con una parte de su cuerpo envuelto en llamas. Michelle gritó, pero de nuevo María la retuvo.
De pronto un crugido terrible llenó el aire, y la estructura de la mansión no soportó más la presión y se hundió. El grito que brotó de los labios de Michelle fue antinatural y terrible, lleno de angustia y rabia.
Entonces, lo impensable.
El Dracon, con el cuerpo en llamas, se arrojó al estanque para salvarse, justo en el momento en que Dominus entraba en el portal. Y ambos desaparecieron.
Cayó al suelo como fulminada, de rodillas, con las manos abiertas y los brazos inertes, los ojos abiertos sin mirar nada, golpeada por lo ocurrido, por el miedo, por la pena, por la ira... De pronto todo estaba en calma, la casa estaba en ruinas y ardía en llamas, y aquí y allá veía a la gente huir despavorida, sin embargo, nada oía. Todo sucedía despacio, como aquella noche en Thorns, como si el tiempo hubiera quedado suspendido. Vio a Angelo, estaba bien, pero cargaba al hombro a Joanna, malherida. Buscó con la mirada, pero no vio a Pietro ni a Lucio en ningún lugar, pero los jardines eran grandes y había mucha confusión. Viendo las ruinas, tuvo la certeza de que no quedaba ni uno solo del séquito lasombra. Vio a Velya. Arrastraba a un Vykos que había vuelto a su forma humana, lo cual quería decir que había sufrido heridas terriblemente graves. Su progenie...
Alguien la sacudió por los hombros y la hizo reaccionar.
_ Tenemos que irnos.- le urgía María, asustada y preocupada- Es peligroso quedarse aquí...
Michelle asintió sin querer y su cuerpo se puso en pie automáticamente. No lo movía ella, sino su instinto de supervivencia. Ella hubiera permanecido allí y levantado cada piedra en busca de sus descendientes.
Los carros las llevaron de vuelta a la ciudad, donde poco a poco fueron llegando aquellos de su progenie que se habían salvado. Nada más podían hacer, salvo esperar. La noche siguiente, el recuento aún era provisional, pero al parecer,
de sus cuatro chiquillos, solo Angelo y Lucio seguían con vida, y Caterina y Joanna estaban malheridas pero en casa. Todos parećian atribuir la culpa a Vykos y a Velya, puesto que fueron ellos quien invocaron el magma, y aquello era sin duda obra de tzimisces. Salvo ella y María, nadie había visto al dragón, solo el horror tentacular. Estaban demasiado ocupados en escapar o sobrevivir. Aún estupefacta y entumecida por el terrible golpe que había supuesto lo ocurrido, Michelle se preparó aquella noche para ver al patriarca de los Giovanni. Caminaba ausente, como un autómata, con la vista perdida, y ni siquiera se dio cuenta de que María la había seguido hasta que la cogió del brazo, ante la verja del mausoleo familar de los Giovanni.
_ Déjame ir contigo.- dijo la reina de Florencia- Le conocí cuando aun era un chiquillo de Capadocius. Es arriesgado, sabiendo lo que sé, pero también es arriesgado para ti.
Michelle se sacudió su brazo con tristeza.
_ ¿Y que nos domine a las dos?
María frunció el ceño.
_ ¿Prefieres ir sola y que te gire en mi contra?
_ Jamás- gimió al pensar en aquella posibilidad- Te necesito más que nunca, María.
_ Si vamos juntas, al menos podremos seguir estando juntas. Y Augustus me debe un favor de su época anterior a su... Divinización. Déjame acompañarte... Y esta vez, sin ocultarme. Ya me he escondido demasiado tiempo.
Michelle la cogió de la mano sin decir nada, y juntas entraron en el mausoleo.
Les recibió Ambrogino, silencioso y con la mirada gacha.
_ Bienvenidas.- dijo- Lo siento... lo siento mucho...
Michelle sabía que sus palabras eran sinceras, pero entonces oyó la voz de Claudius.
_ No sientas nada, Ambrogino.- dijo desde una puerta lateral- Es impropio de un Giovanni de tu posición.
Ambrogino miró a Claudius pero no replicó.
_ Mi señor te espera- dijo el viejo Giovanni a Michelle. Luego se volvió hacia María.- Vaya, vaya, vaya... María Sforza. Qué sorpresa.
María alzó el mentón y le miró, desafiante.
_ Voy con ella, Claudius.
Claudius la miró de arriba a abajo y sonrió bufón.
_ Como quieras.-dijo simplemente- Por aquí.
Las dos mujeres le siguieron por las oscuras galerías del mausoleo, cogidas de la mano sin querer soltarse. En un estudio, sentado en una mesa redactando cartas, vieron a un hombre de estatura importante, cerca de metro noventa, vestido al modo del renacimiento. Estaba escribiendo una carta y no les prestó atención, y cuando al fin terminó trás largos minutos, alzó la vista y las miró. Su mera presencia era abrumadora, podía recordar haber sentido lo mismo en presencia de Tzimisce y Malkavian, así como el terror absoluto de la presencia de Absimilliard, y de Ella, pero cada vez que lo había sentido había sido como si fuera la primera de toda su vida. Era magnífico y terrible, y la invadió un sentimiento de temor reverencial.
_ Michelle de Mauvernay y María Sforza.-dijo Augustus con su perfecta voz de barítono, tranquila y pausada.- Es una sorpresa ver a la reina de Florencia. Hacía mucho, María.
María apretó la mano de Michelle.
_ Mucho, Augustus. Desde que me dejaste.
Augustus sonrió levemente.
_ Cosas de la familia.- dijo- Asuntos que debía atender. Veo que me reemplazaste bien.- Y señaló con la cabeza a Michelle, junto a ella.- He de reconocer que no me sorprende verte de nuevo, viendo quien acompañas.- se volvió a Michelle de nuevo- Parece que anoche Vykos y Velya hicieron algo extraño...
_ Nosotras salimos de la casa en cuanto mataron a Alfonso. No vimos qué ocurrió dentro.- dijo ella, y su voz sonó fría, carente de emoción. Se sentía como una de sus esculturas, sin entrañas, de fría piedra.
_ Siento el sacrificio por parte de vuestra progenie, Signora.- dijo Augustus con tono desafectado- Era necesario para evitar efectos colaterales.
Michelle apretó la mandíbula y no dijo nada.
_ Todo el mundo cree que Pietro actuaba influenciado por los temores de Alfonso- continuó Augustus, y Michelle apretó los puños con rabia- Y eso os situa en una posición excepcional.
Michelle quiso matarle, no soportaba el modo en que hablaba de él como un mero accesorio, como un juguete.
_ No digáis su nombre.- siseó con la ira contenida en su voz. Augustus decidió obviarla y continuó hablando.
_ Seréis príncipe de Venecia, arzobispo del Sabbat que ha acabado con un lasombra que ponía en jaque los intereses del Sabbat en el norte de Italia. Anunciaréis vuestra nueva afiliación, reivindicaréis su muerte, y bajo mi protección podréis reinar en Venecia. Alfonso era demasiado llamativo, y con demasiada ansia de poder. Sus hermanos lasombra no le veían con buenos ojos. Michelle de Mauvernay será mucho mejor Reina de Venecia.
Michelle trató de asimilar aquellas palabras y recordó lo que habían propuesto los lasombra como oferta para su afiliación al Sabbat.
_ ¿Qué ocurrirá con Florencia?
Augustus miró a María.
_ Si estáis dispuesta a tener protección giovanni, y aceptar la afiliación al Sabbat, no será inconveniente para mi devolverle a María su dominio natural. Esto incluye ayuda en nuestra guerra declarada con esos bastardos de los Fundadores.
_ Así que seremos tus máscaras de porcelana... Bellas y frágiles. Propio de ti, Augustus.- replicó María.
_ Yo te amaba, María. Pero amo a mi familia, y tengo mis deberes. No me tengas rencor, por favor.
Maria calló y fue el turno de Michelle.
_ ¿Y eso es todo? ¿Así de sencillo?- preguntó con amargura.
Augustus alzó las cejas.
_ Por cierto, como muestra de buenas intenciones, nuestro enlace será Ambrogino. A Claudius le mandaré al sur de Italia. Ambrogino ha hecho bien las cosas. Se merece lo mejor.- y añadió con tono casual- Otra cosa. Por su comportamiento, el primer edicto de la nueva reina será este: declarar caza de sangre a Vykos y a Velya el Vivisector en Venecia. Bien. Mi presencia en Venecia debe permanecer en el más estricto secreto por el momento.
Michelle le interrumpió.
_ Vos... vos podéis hablar con los muertos.- Augustus la miró con interés.- ¿Podéis dar un cuerpo a un espíritu que ha perdido el suyo?
_ Creedme, aunque eso es sencillo, el cuerpo se deteriora rápidamente, y la mente muerta emboza el alma. No puedo resucitar.
_ ¿Podré al menos hablar con él?
Augustus asintió.
_ Ambrogino puede encargarse. Pero os advierto. Sólo si algo le retiene en este mundo, podréis hablar con él. Si no es así, sencillamente se habrá ido.
Michelle le miró entonces desafiante y de sus labios brotaron palabras cargadas de veneno.
_ ¿Lo que le hicisteis no os parece suficiente?- siseó. Augustus no respondió, pero su mirada fue todo un ultimatum.
"Capadocius lo habría hecho" pensó con amargura, pero se calmó.
_ ¿Algo más?- inquirió, deseando salir de aquel lugar.
_ Una muestra de buena voluntad por vuestra parte.- dijo el Giovanni- Solo esta vez.
Y tomando un cortaplumas de la mesa, cortó su muñeca, y tendió la herida sangrante hacia ellas. Michelle le maldijo en su interior, pero miró a María.
_ Es la segunda vez que me haces beber- dijo la Reina.
_ Es la segunda vez que me das motivos para ello.- respondió él. Y para sorpresa de Michelle, María obedeció.
No tuvo más remedio que imitarla.
Augustus cerró la herida y las despidió. Estaban cruzando el umbral del estudio cuando habló de nuevo.
_ Ah, un detalle- decía- Que la proclama sea discreta.
25 abr 2006
Sesión Sexagésimo Tercera: Familia
La noche siguiente, Michelle envió un mensaje a Lucio.
Pietro le había explicado que su hermano de sangre vivía, desde la desaparición de Michelle, en Génova, donde había aprovechado sus numerosos contactos en la Corona de Aragón para servir de enlace a los negocios de Venecia con Iberia. Realmente eran ambas tierras puramente lasombra y muchos lasombra empleaban sus servicios para trasladarse en barco de un sitio a otro. Se había especializado en servicios de guardaespaldas y de lograr rebaños, a parte de tripulaciones discretas, y así se ganaba bien la vida. Era conocido y respetado, y aquello favorecía a Michelle, que tenía planes para él, de modo que en su mensaje le pidió que hiciera lo posible por congraciarse todavía más con lasombra y Sabbat.
Aprovechando su regreso, Caterina, la chiquilla de Pietro, quería aprovechar para presentarle a su chiquilla Elisa, al frente de la academia de Milán. El mecenas de la academia de Milán era el conde Ludovico Sforza y un tal Leonardo ejercía de director de la escuela milanesa mientras que Elisa supervisaba al alumnado en busca de potenciales chiquillos. De hecho, al parecer Leonardo, llamado Da Vinci, tenía mucho más talento de lo habitual y Elisa se veía en un dilema: abrazarlo o dejarlo envejecer, como cara pública que era de aquella institución, las Academias.
Entre los estudiantes de Florencia, por otra parte, había un tal Michelangelo Buonarroti, un jóven tan talentoso que también estaba apuntando maneras para futuro Toreador. Para futuro chiquillo de Michelle de Mauvernay, de hecho.
Hizo llamar a Joanna, la joven ravnos que apadrinaba, con la intención de dar una gran fiesta en la que entrevistarse con el representante de Monçada, de Milán y utilizar su poder para hacer algunos trucos sorprendentes, pero mientras planeaba la celebración, recordando a sus chiquillos y sus apadrinados, decidió dar también una pequeña fiesta para ellos. Después de conocer a Favole en Thorns, sentía curiosidad por si tendría en el mundo más progenie desconocida, y una fiesta le parecía un buen modo de reunirlos a todos. Envió invitaciones a sus cuatro chiquillos y a Joanna, con la petición de que a su vez invitaran a su progenie para una fiesta en Venecia, y mientras preparaba el encuentro, aprovechó para volver a los brazos de María, bajo la superficie de Malta, y con ella pasaba largas horas.
Sin embargo, nada fue tan sencillo y, una noche mientras organizaba la fiesta, recibió la visita de María en su balcón, oculta a los ojos del resto. Le habló de los planes para la fiesta, de como pensaba agasajar en ella al Príncipe de Venecia para ganar su favor, y aprovechar la celebración para entrevistarse con el lasombra enviado de Monçada. A la mención de Alfonso de Venecia, María alzó una ceja.
_ Ese es peligroso, Michelle.-dijo- Le conocí bien hace tiempo, cuando era un joven cainita ambicioso que deseaba destacar a ojos de Narsés. A él y a su chiquillo, Damien. Si él controla Venecia y haces este despliegue de poder en su ciudad, créeme. Te matará, pues es exactamente lo que él hizo en Constantinopla hace más de trescientos años, con la excusa que él ayudaba a cruzados de Tierra Santa. Y mira. Miguel murió, y él fue príncipe. No puedo ni imaginar cuántos ojos debe tener puestos en tu casa ahora que sabe que estás reuniendo a tu progenie. Es... O era al menos, desconfiado. Le visité antes de la caida de Miguel en un viaje a Constantinopla. Su territorio era un barrio entero, el barrio latino. Armó a caitiffs y los lanzó a matar vampiros que le molestaban. Caitiffs... No tiene honor, ni orgullo.
Michelle sintió que el suelo se hundía bajo sus pies. No había pensado en aquello.
_ ¿Qué sugieres?- inquirió a su amante.
_ ¿Qué te recomiendo? Anular la fiesta mostraría debilidad a sus ojos, Michelle. Ya has movido tus engranajes. Él ya habrá visto el primer paso de un ataque. ¿Cuántos vampiros de tu linaje vendrán? Sin contar que has invitado a los toreador locales, aliados naturales de tus chiquillos.- Michelle dio un número aproximado- Y lo que me has contado de Rafael... ¿Te imaginas que alguno de sus amigos que estuvo en Thorns os viese juntos, o sospechase algo? Dudo que sea el caso, pero... Y si lo fuera...
Michelle apretó su mano.
_ Ya está todo en marcha, no podemos volvernos atrás ahora.- María se volvió entonces y la miró con fanatismo a los ojos.
_ Tomemos Venecia.- Michelle quedó clavada en el suelo, no podía creer lo que oía- Llama a tus amigos Fundadores. Tienes a Rafael de tu lado. Si lo llamamos juntas, nos ayudará.
Agitando los rizos pelirrojos, Michelle negó vehemente con la cabeza, aún estupefacta con lo que acababa de oir.
_ ¿Qué? ¿Ahora?-acertó a decir- ¿Tan cerca de recuperar Florencia?
_ Florencia es una ratonera. Está en el centro. No tiene puerto. No tiene fronteras cercana, Venecia es vulnerable. Milán esta aquí al lado. Este Sabbat o como quiera que se llame aún es joven. Una afrenta así puede ser dilapidada.
Michelle negó con la cabeza de nuevo.
_ No María. No perderé lo que tanto tiempo me ha costado conseguir, ni siquiera por Venecia.- su voz fue dura, sin dar pie a réplica, y María se apaciguó, bajando la mirada.
_ Está bien.- concedió- Pero hay que pensar en algo por si Alfonso intenta algo. Tu progenie nunca ha sido guerrera. La suya viene de luchar contra los otomanos. Si detecta la más leve amenaza, créeme. Te borrará del mapa a ti y a todos los tuyos. Se los has reunido. En su puerta, en su casa. Míralo desde el punto de vista de un depredador: todos los contactos, todas las escuelas... En un movimiento puede tenerlas, y nadie os podrá vengar. Y sin ceder Florencia...
Michelle se dejó caer abatida contra la balaustrada.
_ María, no puedes hacerme esto ahora. ¿Por qué esperaste tanto para decirmelo?
También ella parecía terriblemente preocupada.
_ Porque no sabía el alcance de tus invitados, ni que Alfonso estaba aquí.- dijo- Y Malta está demasiado lejos de todo... - añadió con rabia, dando un puñetazo al brazo de la silla. Michelle volviò a sujetar su mano con ternura.- Me he dormido, Michelle... Mi pequeña Michelle...
De pronto enmudeció y contempló silenciosa la ciudad a sus pies, dormida y bañada por la luz de la luna.
_ Sus canales son hermosos, ¿no crees?- dijo al fin. Michelle asintió.
_ Lo son, pero echo de menos la luz de Florencia.
_ Y yo, y yo...- respondió la que fue reina de Florencia- Pero las polillas van a la luz y mueren en sus brasas. No nos convirtamos en polillas, mi amor...
Se miraron y Michelle recordó una vez más lo mucho que la amaba.
Tomaron la decisión de trasladar la fiesta a algun lugar fuera de la ciudad, donde la amenaza que pudiera sentir Alfonso fuera menor, y en los días que siguieron, María se encargaría de buscar la manera de evitar el desastre.
Pietro le había explicado que su hermano de sangre vivía, desde la desaparición de Michelle, en Génova, donde había aprovechado sus numerosos contactos en la Corona de Aragón para servir de enlace a los negocios de Venecia con Iberia. Realmente eran ambas tierras puramente lasombra y muchos lasombra empleaban sus servicios para trasladarse en barco de un sitio a otro. Se había especializado en servicios de guardaespaldas y de lograr rebaños, a parte de tripulaciones discretas, y así se ganaba bien la vida. Era conocido y respetado, y aquello favorecía a Michelle, que tenía planes para él, de modo que en su mensaje le pidió que hiciera lo posible por congraciarse todavía más con lasombra y Sabbat.
Aprovechando su regreso, Caterina, la chiquilla de Pietro, quería aprovechar para presentarle a su chiquilla Elisa, al frente de la academia de Milán. El mecenas de la academia de Milán era el conde Ludovico Sforza y un tal Leonardo ejercía de director de la escuela milanesa mientras que Elisa supervisaba al alumnado en busca de potenciales chiquillos. De hecho, al parecer Leonardo, llamado Da Vinci, tenía mucho más talento de lo habitual y Elisa se veía en un dilema: abrazarlo o dejarlo envejecer, como cara pública que era de aquella institución, las Academias.
Entre los estudiantes de Florencia, por otra parte, había un tal Michelangelo Buonarroti, un jóven tan talentoso que también estaba apuntando maneras para futuro Toreador. Para futuro chiquillo de Michelle de Mauvernay, de hecho.
Hizo llamar a Joanna, la joven ravnos que apadrinaba, con la intención de dar una gran fiesta en la que entrevistarse con el representante de Monçada, de Milán y utilizar su poder para hacer algunos trucos sorprendentes, pero mientras planeaba la celebración, recordando a sus chiquillos y sus apadrinados, decidió dar también una pequeña fiesta para ellos. Después de conocer a Favole en Thorns, sentía curiosidad por si tendría en el mundo más progenie desconocida, y una fiesta le parecía un buen modo de reunirlos a todos. Envió invitaciones a sus cuatro chiquillos y a Joanna, con la petición de que a su vez invitaran a su progenie para una fiesta en Venecia, y mientras preparaba el encuentro, aprovechó para volver a los brazos de María, bajo la superficie de Malta, y con ella pasaba largas horas.
Sin embargo, nada fue tan sencillo y, una noche mientras organizaba la fiesta, recibió la visita de María en su balcón, oculta a los ojos del resto. Le habló de los planes para la fiesta, de como pensaba agasajar en ella al Príncipe de Venecia para ganar su favor, y aprovechar la celebración para entrevistarse con el lasombra enviado de Monçada. A la mención de Alfonso de Venecia, María alzó una ceja.
_ Ese es peligroso, Michelle.-dijo- Le conocí bien hace tiempo, cuando era un joven cainita ambicioso que deseaba destacar a ojos de Narsés. A él y a su chiquillo, Damien. Si él controla Venecia y haces este despliegue de poder en su ciudad, créeme. Te matará, pues es exactamente lo que él hizo en Constantinopla hace más de trescientos años, con la excusa que él ayudaba a cruzados de Tierra Santa. Y mira. Miguel murió, y él fue príncipe. No puedo ni imaginar cuántos ojos debe tener puestos en tu casa ahora que sabe que estás reuniendo a tu progenie. Es... O era al menos, desconfiado. Le visité antes de la caida de Miguel en un viaje a Constantinopla. Su territorio era un barrio entero, el barrio latino. Armó a caitiffs y los lanzó a matar vampiros que le molestaban. Caitiffs... No tiene honor, ni orgullo.
Michelle sintió que el suelo se hundía bajo sus pies. No había pensado en aquello.
_ ¿Qué sugieres?- inquirió a su amante.
_ ¿Qué te recomiendo? Anular la fiesta mostraría debilidad a sus ojos, Michelle. Ya has movido tus engranajes. Él ya habrá visto el primer paso de un ataque. ¿Cuántos vampiros de tu linaje vendrán? Sin contar que has invitado a los toreador locales, aliados naturales de tus chiquillos.- Michelle dio un número aproximado- Y lo que me has contado de Rafael... ¿Te imaginas que alguno de sus amigos que estuvo en Thorns os viese juntos, o sospechase algo? Dudo que sea el caso, pero... Y si lo fuera...
Michelle apretó su mano.
_ Ya está todo en marcha, no podemos volvernos atrás ahora.- María se volvió entonces y la miró con fanatismo a los ojos.
_ Tomemos Venecia.- Michelle quedó clavada en el suelo, no podía creer lo que oía- Llama a tus amigos Fundadores. Tienes a Rafael de tu lado. Si lo llamamos juntas, nos ayudará.
Agitando los rizos pelirrojos, Michelle negó vehemente con la cabeza, aún estupefacta con lo que acababa de oir.
_ ¿Qué? ¿Ahora?-acertó a decir- ¿Tan cerca de recuperar Florencia?
_ Florencia es una ratonera. Está en el centro. No tiene puerto. No tiene fronteras cercana, Venecia es vulnerable. Milán esta aquí al lado. Este Sabbat o como quiera que se llame aún es joven. Una afrenta así puede ser dilapidada.
Michelle negó con la cabeza de nuevo.
_ No María. No perderé lo que tanto tiempo me ha costado conseguir, ni siquiera por Venecia.- su voz fue dura, sin dar pie a réplica, y María se apaciguó, bajando la mirada.
_ Está bien.- concedió- Pero hay que pensar en algo por si Alfonso intenta algo. Tu progenie nunca ha sido guerrera. La suya viene de luchar contra los otomanos. Si detecta la más leve amenaza, créeme. Te borrará del mapa a ti y a todos los tuyos. Se los has reunido. En su puerta, en su casa. Míralo desde el punto de vista de un depredador: todos los contactos, todas las escuelas... En un movimiento puede tenerlas, y nadie os podrá vengar. Y sin ceder Florencia...
Michelle se dejó caer abatida contra la balaustrada.
_ María, no puedes hacerme esto ahora. ¿Por qué esperaste tanto para decirmelo?
También ella parecía terriblemente preocupada.
_ Porque no sabía el alcance de tus invitados, ni que Alfonso estaba aquí.- dijo- Y Malta está demasiado lejos de todo... - añadió con rabia, dando un puñetazo al brazo de la silla. Michelle volviò a sujetar su mano con ternura.- Me he dormido, Michelle... Mi pequeña Michelle...
De pronto enmudeció y contempló silenciosa la ciudad a sus pies, dormida y bañada por la luz de la luna.
_ Sus canales son hermosos, ¿no crees?- dijo al fin. Michelle asintió.
_ Lo son, pero echo de menos la luz de Florencia.
_ Y yo, y yo...- respondió la que fue reina de Florencia- Pero las polillas van a la luz y mueren en sus brasas. No nos convirtamos en polillas, mi amor...
Se miraron y Michelle recordó una vez más lo mucho que la amaba.
Tomaron la decisión de trasladar la fiesta a algun lugar fuera de la ciudad, donde la amenaza que pudiera sentir Alfonso fuera menor, y en los días que siguieron, María se encargaría de buscar la manera de evitar el desastre.
4 abr 2006
Sesión Sexagésimo Segunda: Tratos
La noche siguiente, Michelle despertó de nuevo en su cuerpo. El debate siguió, de costumbre, en el claustro, y al terminar, sintió una suave mano en el hombro y se encontró con la mirada de Ariadna.
_ Rafael quiere hablar contigo.- dijo la muchacha.- Está en el salón de comidas de los hermanos. Yo debo quedarme aquí.
Michelle asintió y con paso solemne acudió a encontrarse con el fundador, aunque de buena gana se hubiera reunido primero con Hardestat. Rafael estaba con tres personas, a las que con un gesto hizo marcharse en cuanto la vio entrar, de modo que ambos quedaron de pronto solos en el comedor. Michelle se inclinó en una respetuosa reverencia.
_ Me han dicho que queríais hablar conmigo- dijo. Rafael asintió y le señaló con la mano la silla que había frente a él, de modo que tomó asiento.
_ Dime... ¿Quieres entrar en la corte de Hardestat?
Michelle alzó las cejas.
_ Pensaba que era algo que no estaba en mi mano decidir... Hardestat fue bastante claro en cuanto a eso la pasada noche.
_ Habrás visto que Hardestat y yo no estamos muy de acuerdo en ciertas cosas sobre cómo debe ser la Camarilla- respondió Rafael, atusandose el bigote con elegancia- Y yo sé qué hiciste a Tyler. Puedo hacerle apechugar, pues sé que no fue él quien hizo caer a Tyler. Pero eso te implica a ti ¿Comprendes?
Asintió, por supuesto que comprendía. Pretendía utilizarla como medio de presión para forzar a Hardestat a aceptar la Mascarada.
Meditó un instante sus opciones. Sabía que de manera tan precipitada, olvidaría factores importantes a la hora de tomar su decisión, y el tiempo apremiaba.
_ ¿Y bien?- inquirió Rafael.
Lentamente, Michelle procedió a explicarle su precio. Principalmente consistía en apoyo, protección y no intromisión en sus negocios y asuntos, así como de cara a la apertura de Academias fuera de Italia, en territorio francés, e incluso más allá, aunque sabía que en el momento que aceptara, el territorio germano quedaría excluido de sus perspectivas. Sin embargo Rafael tenía influencia en territorios Toreador, y aunque aquello quisiera decir Francia, implicaba también otros muchos lugares, de utilidad para Michelle. Si aquello resultaba como esperaba, ya sería un gran triunfo para ella. Pidió además el matrimonio de algún poderoso señor mortal con tierras, del cual poder obtener más rentas para su ya abultada fortuna. Rafael prometió dar una fiesta para ella en Francia, con el fin de que encontrara algun esposo de su gusto de entre los señores.
Rafael parecía convencido de que tener a Michelle de su lado bastaría para que Hardestat aceptara el establecimiento de la Mascarada, aunque Michelle se mantuvo escéptica a aquel respecto, a sabiendas de que aquella elección, como la contraria, la compremetía seriamente. Rafael prometió una escolta para ella, con la condición de que abandonara Thorns antes de la última noche, cosa que Michelle aceptó sin demora, alegando que se marcharía en cuanto hubiera hablado con Hardestat. Quedaron en reunirse al cabo de una hora, y se separaron.
Michelle en aquel tiempo ordenó a sus sirvientes que recogieran sus cosas con disimulo, y ella misma se dedicó a charlar superficialmente con sus amigos y conocidos, puesto que había estado distante con ellos desde que llegara y no quería quedar en malos términos, y decidió enviar un mensaje a Vykos para que no diera ninguna orden a sus hombres. Al cabo de una hora, acudió al lugar en que debía reunirse con Rafael y lo encontró cubierto con una capa, tratando de pasar desapercibido. Ambos salieron del monasterio y accedieron a los jardines exteriores. Bajo las estrellas, Hardestat esperaba solo, sentado en un banco. También él iba cubierto con una capa y Michelle maldijo no haber pensado en cubrirse ella misma, llamativa como era. Rafael le pidió que esperara en un banco algo alejado mientras él hablaba con Hardestat, y Michelle aceptó, complacida de no tener que enfrentar los ojos del viejo ventrue.
Rafael se sentó junto al fundador y hablaron quedamente, y cuando Hardestat se volvió para mirarla, Michelle pudo ver claro su gesto de disgusto al verla del lado de Rafael. Al cabo de unos minutos, Rafael asintió con la cabeza y Hardestat se marchó por su lado. El fundador Toreador se quedó solo en el banco y le hizo un gesto a Michelle para que se acercara.
_ Por favor, sentaos, signora.- dijo cuando llegó a su lado, y Michelle tomó asiento junto a él.- Hardestat ha accedido. Como era de esperar está molesto con vos. Dos han sido sus peticiones, una tiene que ver con vos. Ni vos ni ningún chiquillo o chiquilla de Michelle de Mauvernay será bienvenida en Alemania. Se os respetará siempre que Alemania quede fuera de vuestras actividades. La pena por violar el territorio de los ventrue germanos es la Caza de Sangre. Pero fuera de Alemania, no actuarán bajo presión de iniciar un conflicto con Francia. Mi protección, pues, estará garantizada en Francia y en sus territorios aliados.
Michelle asintió, era menos terrible de lo que había podido esperar.
_ Espero que no hayáis olvidado lo que hablamos hace algunas noches.- dijo Michelle.
_ No lo olvido, señora. Sigue en pie.
Michelle se levantó y acomodó su vestido.
_ Entonces ya sabéis donde encontrarme ¿Está lista mi escolta?
Rafael se puso en pie y señaló con un gesto hacia el este.
Nada más dijeron, pues no había más que decir. Michelle se encaminó en la dirección que Rafael había señalado, y al final del sendero que seguía, vio un carro. Un sirviente se acercó a ella y la saludó cortesmente.
_ Buenas noches, mademoiselle...- dijo, inclinandose en profunda reverencia- Soy Jean Luc, mi señor ha ordenado que os escolte en persona hasta donde deseéis ir. Estoy a vuestro servicio.
Michelle deslizó la mirada por el lugar: Rafael había puesto a sus pies un sirviente, un cochero y cuatro guardias armados. Asintió y subió al carro.
Se dirigieron al puerto en que el Déjá Vu esperaba. Tardaron dos noches, con lo cual Michelle supuso que Thorns habría llegado a su final y que fuera lo que fuera aquello que tramaba Vykos, habría ocurrido ya. Sus sirvientes llegaron trás ellos, apenas unas horas más tarde, y zarparon sin más dilación, dejando en tierra a la escolta de Rafael, que constituían unos cuantos ojos más de los que Michelle deseaba de aquel cainita. El viaje por tierra una vez en Francia fue largo pero plácido, y no recibiò por el camino noticias de Thorns.
Llegó a Venecia y todo parecía estar en orden, sin más apuros o alegrías que las esperables en los negocios de los que se valían ella y su progenie. Pasado un mes, llegaron las primeras noticias desde Thorns. Al parecer, durante la noche de conclusiones, los anarquistas arrasaron la villa de Thorns hasta los cimientos y Thorns había dejado de existir.
La Haceldema.
Al aprecer las fuerzas de la Camarilla se enfrentaron a los anarquistas con escaso éxito, pero no hubo ni un solo superviviente de entre la población mortal, que murió de las maneras más horribles. Los tzimisce no se habían contenido usando su viscisitud y la masacre había sido terrible. Y apenas un mes más tarde, llegaron noticias nuevas, pero esta vez mucho más cercanas, de los lasombra italianos. Un enorme cónclave se estaba reuniendo en la península itálica, llamando a la creación de un gran Sabbat contra los opresores de la Camarilla. La convención se llevaba a cabo en Milán, y lo firmaban Monçada, Radu y Vladimir Rustovich, entre otros... Michelle, que ya había tenido bastante política por un par de décadas, envió a Pietro a la convención, y al poco tiempo comenzó a recibir las esperadas noticias: se había constituido una nueva organización, el Sabbat, que agrupaba a los descontentos de la camarilla y a sus enemigos naturales, los lasombra y los tzimisce, aunque incluía en sus filas desde assamitas hasta toreador. Pietro los definió como "una panda de locos y canallas con más hambre de sangre que sentido común", aunque los planteamientos que planteaban se parecían peligrosamente a los dichos por Vykos en Thorns. Pocos días después, llegó a Venecia un enviado de este Sabbat, concretamente hasta la puerta de la gran casa de Michelle de Mauvernay en la ciudad. Sus sirvientes le avisaron de que un tal Lucio Marconi, de los Lasombra Sabbat, deseaba verla, y Michelle le hizo pasar.
Era un hombre delgado y oscuro, y sus ojos le dieron inmediatamente la impresión de pertenecer a un animal salvaje más que a lo qeu antaño fue un ser humano, por su ferocidad no contenida ni disimulada. Tampoco disimuló aquella mirada de deprededor al verla bajar, impecable, por las escaleras.
_ Decían que erais bella, signora, pero no hay palabras para describiros...-dijo- Gracias por recibirme, soy Lucio Marconi, hermano del Sabbat.
Michelle le saludó con cortés frialdad y le acompañó al salón, donde tomaron asiento.
_ Sentaos, por favor.- invitó- ¿Deseais tomar un refrigerio?
Casi pudo ver a Lucio relamerse.
_ Con sumo placer.
Con un gesto de la mano, Michelle hizo acercarse a una de las muchachas que constituían su rebaño. Para su sorpresa, Lucio Marconi tan solo tomó de ella lo justo para dejarla mareada. Michelle sonrió complacida: sería un asesino, pero tenía modales...
_ Deliciosa... El buen gusto toreador...- dijo, cortés. Michelle decidió que pese a sus modales,no deseaba andarse por otros derroteros.
_ Y bien, signore Marconi ¿En qué puedo ayudaros?
Marconi cruzó las manos sobre las rodillas.
_ Como sabréis, no hace mucho Italia ha visto nacer una nueva organización.
Michelle asintió levemente con desinterés.
_ He oído sobre ello, sí.
Su frialdad tuvo el efecto deseado. Lucio Marconi torció los labios ante su cortesía sobre el tema.
_ El caso es que sabemos de buena fuente que estuvisteis en Thorns, aunque no defendiendo las causas anarquistas.- continuó el lasombra- He venido a hacer una petición formal. Alineaos con el Sabbat.
Michelle se irguió cual cisne orgulloso.
_ Sin duda vuestra buena fuente os debió informar que igual que no apoyé la causa anarquista, tampoco apoyé ninguna otra.- contestó.
_ Muy cierto... Aunque dada vuestra situación con una base de poder amplia en Italia... hubiese sido de locos apoyar a la Camarilla estando las cosas como estaban aquí.
_ De igual modo tengo en mente expandir mis negocios fuera de Italia y tampoco puedo permitirme tener a la Camarilla en contra, como comprenderéis.
Una sonrisa de depredador se dibujó en los labios de Marconi.
_ Me temo, Signora,que vivis en una época que ya no existe. El tiempo en que uno podía seguir su camino ha pasado ya. La necesidad nos ha hecho unirnos a la causa más fuerte. El sabbat tiene demasiados enemigos como para poder quedarse indiferente ante los que no se declaran sus amigos. Y más cuando tiene tantos ojos y oídos como vos en nuestra tierra.
Michelle entrecerró los ojos.
_ Cortés manera de amenazarme, signore.
Lucio le respondió con una sonrisa afilada y amenazadora.
_ Gracias, trato de esmerarme en mis modales. De todos modos, debo decirso que no ignoramos vuestro poder, Michelle de Mauvernay, y que en el Sabbat tenéis el respeto de muchos.
La dama toreador calibró un instante sus palabras y al fin entrecerró las ojos con altivez.
_ Bien, siendo así, signore, me temo que no estoy en posición de aceptar por ahora ninguna propuesta, no al menos hasta que tenga unas ciertas garantías que dudo vos podáis darme.
Aquello pareció complacer a Marconi.
_ Se me ha autorizado a doblar la oferta de la Camarilla.- sonrió y sacó de un estuche que portaba, un pergamino que le tendió.
Michelle tomó el volumen y lo leyó, y se contuvo para que sus manos no temblaran de emoción al leer el contenido.
Le ofrecían el principado de Florencia, y con él la cabeza de la chiquilla rebelde que ahora se hacía llamar reina, así como un título de fuerza en el Sabbat. El privilegio venía firmado por el conde Radu, en representación de Vladimir Rustovich, y un lasombra al que no reconocía, en nombre de Monnçada. El documeto iba datado en Milán, durante la convención.
_ Esta es la oferta, aunque es negociable.- dijo Marconi cuando Michelle depositó el pergamino en su regazo.- Mi consejo es que no rechaceis.
Se puso en pie y Michelle le imitó.
_ Si me disculpáis, hay más gente a quien debo visitar en Venecia.- dijo el lasombra despidiéndose de ella, y dicho esto se marchó.
_ Rafael quiere hablar contigo.- dijo la muchacha.- Está en el salón de comidas de los hermanos. Yo debo quedarme aquí.
Michelle asintió y con paso solemne acudió a encontrarse con el fundador, aunque de buena gana se hubiera reunido primero con Hardestat. Rafael estaba con tres personas, a las que con un gesto hizo marcharse en cuanto la vio entrar, de modo que ambos quedaron de pronto solos en el comedor. Michelle se inclinó en una respetuosa reverencia.
_ Me han dicho que queríais hablar conmigo- dijo. Rafael asintió y le señaló con la mano la silla que había frente a él, de modo que tomó asiento.
_ Dime... ¿Quieres entrar en la corte de Hardestat?
Michelle alzó las cejas.
_ Pensaba que era algo que no estaba en mi mano decidir... Hardestat fue bastante claro en cuanto a eso la pasada noche.
_ Habrás visto que Hardestat y yo no estamos muy de acuerdo en ciertas cosas sobre cómo debe ser la Camarilla- respondió Rafael, atusandose el bigote con elegancia- Y yo sé qué hiciste a Tyler. Puedo hacerle apechugar, pues sé que no fue él quien hizo caer a Tyler. Pero eso te implica a ti ¿Comprendes?
Asintió, por supuesto que comprendía. Pretendía utilizarla como medio de presión para forzar a Hardestat a aceptar la Mascarada.
Meditó un instante sus opciones. Sabía que de manera tan precipitada, olvidaría factores importantes a la hora de tomar su decisión, y el tiempo apremiaba.
_ ¿Y bien?- inquirió Rafael.
Lentamente, Michelle procedió a explicarle su precio. Principalmente consistía en apoyo, protección y no intromisión en sus negocios y asuntos, así como de cara a la apertura de Academias fuera de Italia, en territorio francés, e incluso más allá, aunque sabía que en el momento que aceptara, el territorio germano quedaría excluido de sus perspectivas. Sin embargo Rafael tenía influencia en territorios Toreador, y aunque aquello quisiera decir Francia, implicaba también otros muchos lugares, de utilidad para Michelle. Si aquello resultaba como esperaba, ya sería un gran triunfo para ella. Pidió además el matrimonio de algún poderoso señor mortal con tierras, del cual poder obtener más rentas para su ya abultada fortuna. Rafael prometió dar una fiesta para ella en Francia, con el fin de que encontrara algun esposo de su gusto de entre los señores.
Rafael parecía convencido de que tener a Michelle de su lado bastaría para que Hardestat aceptara el establecimiento de la Mascarada, aunque Michelle se mantuvo escéptica a aquel respecto, a sabiendas de que aquella elección, como la contraria, la compremetía seriamente. Rafael prometió una escolta para ella, con la condición de que abandonara Thorns antes de la última noche, cosa que Michelle aceptó sin demora, alegando que se marcharía en cuanto hubiera hablado con Hardestat. Quedaron en reunirse al cabo de una hora, y se separaron.
Michelle en aquel tiempo ordenó a sus sirvientes que recogieran sus cosas con disimulo, y ella misma se dedicó a charlar superficialmente con sus amigos y conocidos, puesto que había estado distante con ellos desde que llegara y no quería quedar en malos términos, y decidió enviar un mensaje a Vykos para que no diera ninguna orden a sus hombres. Al cabo de una hora, acudió al lugar en que debía reunirse con Rafael y lo encontró cubierto con una capa, tratando de pasar desapercibido. Ambos salieron del monasterio y accedieron a los jardines exteriores. Bajo las estrellas, Hardestat esperaba solo, sentado en un banco. También él iba cubierto con una capa y Michelle maldijo no haber pensado en cubrirse ella misma, llamativa como era. Rafael le pidió que esperara en un banco algo alejado mientras él hablaba con Hardestat, y Michelle aceptó, complacida de no tener que enfrentar los ojos del viejo ventrue.
Rafael se sentó junto al fundador y hablaron quedamente, y cuando Hardestat se volvió para mirarla, Michelle pudo ver claro su gesto de disgusto al verla del lado de Rafael. Al cabo de unos minutos, Rafael asintió con la cabeza y Hardestat se marchó por su lado. El fundador Toreador se quedó solo en el banco y le hizo un gesto a Michelle para que se acercara.
_ Por favor, sentaos, signora.- dijo cuando llegó a su lado, y Michelle tomó asiento junto a él.- Hardestat ha accedido. Como era de esperar está molesto con vos. Dos han sido sus peticiones, una tiene que ver con vos. Ni vos ni ningún chiquillo o chiquilla de Michelle de Mauvernay será bienvenida en Alemania. Se os respetará siempre que Alemania quede fuera de vuestras actividades. La pena por violar el territorio de los ventrue germanos es la Caza de Sangre. Pero fuera de Alemania, no actuarán bajo presión de iniciar un conflicto con Francia. Mi protección, pues, estará garantizada en Francia y en sus territorios aliados.
Michelle asintió, era menos terrible de lo que había podido esperar.
_ Espero que no hayáis olvidado lo que hablamos hace algunas noches.- dijo Michelle.
_ No lo olvido, señora. Sigue en pie.
Michelle se levantó y acomodó su vestido.
_ Entonces ya sabéis donde encontrarme ¿Está lista mi escolta?
Rafael se puso en pie y señaló con un gesto hacia el este.
Nada más dijeron, pues no había más que decir. Michelle se encaminó en la dirección que Rafael había señalado, y al final del sendero que seguía, vio un carro. Un sirviente se acercó a ella y la saludó cortesmente.
_ Buenas noches, mademoiselle...- dijo, inclinandose en profunda reverencia- Soy Jean Luc, mi señor ha ordenado que os escolte en persona hasta donde deseéis ir. Estoy a vuestro servicio.
Michelle deslizó la mirada por el lugar: Rafael había puesto a sus pies un sirviente, un cochero y cuatro guardias armados. Asintió y subió al carro.
Se dirigieron al puerto en que el Déjá Vu esperaba. Tardaron dos noches, con lo cual Michelle supuso que Thorns habría llegado a su final y que fuera lo que fuera aquello que tramaba Vykos, habría ocurrido ya. Sus sirvientes llegaron trás ellos, apenas unas horas más tarde, y zarparon sin más dilación, dejando en tierra a la escolta de Rafael, que constituían unos cuantos ojos más de los que Michelle deseaba de aquel cainita. El viaje por tierra una vez en Francia fue largo pero plácido, y no recibiò por el camino noticias de Thorns.
Llegó a Venecia y todo parecía estar en orden, sin más apuros o alegrías que las esperables en los negocios de los que se valían ella y su progenie. Pasado un mes, llegaron las primeras noticias desde Thorns. Al parecer, durante la noche de conclusiones, los anarquistas arrasaron la villa de Thorns hasta los cimientos y Thorns había dejado de existir.
La Haceldema.
Al aprecer las fuerzas de la Camarilla se enfrentaron a los anarquistas con escaso éxito, pero no hubo ni un solo superviviente de entre la población mortal, que murió de las maneras más horribles. Los tzimisce no se habían contenido usando su viscisitud y la masacre había sido terrible. Y apenas un mes más tarde, llegaron noticias nuevas, pero esta vez mucho más cercanas, de los lasombra italianos. Un enorme cónclave se estaba reuniendo en la península itálica, llamando a la creación de un gran Sabbat contra los opresores de la Camarilla. La convención se llevaba a cabo en Milán, y lo firmaban Monçada, Radu y Vladimir Rustovich, entre otros... Michelle, que ya había tenido bastante política por un par de décadas, envió a Pietro a la convención, y al poco tiempo comenzó a recibir las esperadas noticias: se había constituido una nueva organización, el Sabbat, que agrupaba a los descontentos de la camarilla y a sus enemigos naturales, los lasombra y los tzimisce, aunque incluía en sus filas desde assamitas hasta toreador. Pietro los definió como "una panda de locos y canallas con más hambre de sangre que sentido común", aunque los planteamientos que planteaban se parecían peligrosamente a los dichos por Vykos en Thorns. Pocos días después, llegó a Venecia un enviado de este Sabbat, concretamente hasta la puerta de la gran casa de Michelle de Mauvernay en la ciudad. Sus sirvientes le avisaron de que un tal Lucio Marconi, de los Lasombra Sabbat, deseaba verla, y Michelle le hizo pasar.
Era un hombre delgado y oscuro, y sus ojos le dieron inmediatamente la impresión de pertenecer a un animal salvaje más que a lo qeu antaño fue un ser humano, por su ferocidad no contenida ni disimulada. Tampoco disimuló aquella mirada de deprededor al verla bajar, impecable, por las escaleras.
_ Decían que erais bella, signora, pero no hay palabras para describiros...-dijo- Gracias por recibirme, soy Lucio Marconi, hermano del Sabbat.
Michelle le saludó con cortés frialdad y le acompañó al salón, donde tomaron asiento.
_ Sentaos, por favor.- invitó- ¿Deseais tomar un refrigerio?
Casi pudo ver a Lucio relamerse.
_ Con sumo placer.
Con un gesto de la mano, Michelle hizo acercarse a una de las muchachas que constituían su rebaño. Para su sorpresa, Lucio Marconi tan solo tomó de ella lo justo para dejarla mareada. Michelle sonrió complacida: sería un asesino, pero tenía modales...
_ Deliciosa... El buen gusto toreador...- dijo, cortés. Michelle decidió que pese a sus modales,no deseaba andarse por otros derroteros.
_ Y bien, signore Marconi ¿En qué puedo ayudaros?
Marconi cruzó las manos sobre las rodillas.
_ Como sabréis, no hace mucho Italia ha visto nacer una nueva organización.
Michelle asintió levemente con desinterés.
_ He oído sobre ello, sí.
Su frialdad tuvo el efecto deseado. Lucio Marconi torció los labios ante su cortesía sobre el tema.
_ El caso es que sabemos de buena fuente que estuvisteis en Thorns, aunque no defendiendo las causas anarquistas.- continuó el lasombra- He venido a hacer una petición formal. Alineaos con el Sabbat.
Michelle se irguió cual cisne orgulloso.
_ Sin duda vuestra buena fuente os debió informar que igual que no apoyé la causa anarquista, tampoco apoyé ninguna otra.- contestó.
_ Muy cierto... Aunque dada vuestra situación con una base de poder amplia en Italia... hubiese sido de locos apoyar a la Camarilla estando las cosas como estaban aquí.
_ De igual modo tengo en mente expandir mis negocios fuera de Italia y tampoco puedo permitirme tener a la Camarilla en contra, como comprenderéis.
Una sonrisa de depredador se dibujó en los labios de Marconi.
_ Me temo, Signora,que vivis en una época que ya no existe. El tiempo en que uno podía seguir su camino ha pasado ya. La necesidad nos ha hecho unirnos a la causa más fuerte. El sabbat tiene demasiados enemigos como para poder quedarse indiferente ante los que no se declaran sus amigos. Y más cuando tiene tantos ojos y oídos como vos en nuestra tierra.
Michelle entrecerró los ojos.
_ Cortés manera de amenazarme, signore.
Lucio le respondió con una sonrisa afilada y amenazadora.
_ Gracias, trato de esmerarme en mis modales. De todos modos, debo decirso que no ignoramos vuestro poder, Michelle de Mauvernay, y que en el Sabbat tenéis el respeto de muchos.
La dama toreador calibró un instante sus palabras y al fin entrecerró las ojos con altivez.
_ Bien, siendo así, signore, me temo que no estoy en posición de aceptar por ahora ninguna propuesta, no al menos hasta que tenga unas ciertas garantías que dudo vos podáis darme.
Aquello pareció complacer a Marconi.
_ Se me ha autorizado a doblar la oferta de la Camarilla.- sonrió y sacó de un estuche que portaba, un pergamino que le tendió.
Michelle tomó el volumen y lo leyó, y se contuvo para que sus manos no temblaran de emoción al leer el contenido.
Le ofrecían el principado de Florencia, y con él la cabeza de la chiquilla rebelde que ahora se hacía llamar reina, así como un título de fuerza en el Sabbat. El privilegio venía firmado por el conde Radu, en representación de Vladimir Rustovich, y un lasombra al que no reconocía, en nombre de Monnçada. El documeto iba datado en Milán, durante la convención.
_ Esta es la oferta, aunque es negociable.- dijo Marconi cuando Michelle depositó el pergamino en su regazo.- Mi consejo es que no rechaceis.
Se puso en pie y Michelle le imitó.
_ Si me disculpáis, hay más gente a quien debo visitar en Venecia.- dijo el lasombra despidiéndose de ella, y dicho esto se marchó.
1 abr 2006
Sesión Sexagésimo Primera: Lazos
Cuando regresó a su celda, envió de inmediato un mensaje a Vykos. Recibió la respuesta más rápido de lo que había esperado, en la cual Vykos la citaba una hora antes del amanecer... en el claustro. Michelle se enfureció: trataba de inclinarla por su bando cuando le había dejado muy claro que no quería entrar en aquel juego. Sin embargo, acudiría, y no sería Michelle quien se expusiera, sino alguien mucho menos conocido...
El poder del zafiro casi agotó sus fuerzas y para cuando la transformación se completó, estaba hambrienta. Casi diezmó a su rebaño tomando de ellos la sangre suficiente para no sentirse débil, y tomó de una de sus sirvientas un sencillo vestido de paño, mucho más apropiado para el aspecto de Loni. Una vez alimentada y vestida, y llegada la hora del encuentro, se dirigió al claustro.
El monasterio estaba tranquilo y silencioso, puesto que al parecer el incidente ocurrido al principio de la noche había provocado una retirada en casi todos los bandos. Había poca gente en las galerías, y todos se retiraban ya a sus celdas, debido a la cercanía del amanecer, pero al cruzar una de las galerías, vio a un hombre que se detenía al verla y se le quedaba mirando. No tardó en reconocerlo, puesto que aquel hombre había sido su esposo durante los largos años de mortal y los primeros años como cainita, y era, de hecho, la criatura a la que más detestaba en el mundo. No se detuvo, sino que trató de pasarle de largo como si no existiera, camino del claustro.
_ ¿Qué haces aquí?- inquirió Talbo cuando estuvo cerca. Loni pasó de largo sin mirarle.
_ Lo que yo haga o deje de hacer hace mucho que dejó de incumbirte, Talbo.- respondió con tono frío, y siguió caminando. El hombre entonces la agarró con fuerza por un brazo y la acercó a él, amenazador, aunque lo único que recibió el brujah fue una sonrisa indiferente por parte de la que había sido su esposa. Loni pudo leer en su rostro una gran cotradicción, y decidió regodearse en su confusión.
_ ¿Vas a usar la fuerza conmigo, Talbo?- preguntó con voz desafiantemente dulce, y él la soltó con violencia.
_ Puta.- espetó. Si la carcajada que obtuvo como respuesta le había enfurecido, no lo demostró, puesto que ya caminaba con paso firme a lo largo del pasillo, alejándose de ella.
Una vez sola, Loni pudo continuar su camino, y para cuando llegó al claustro, Vykos estaba solo, mirando las estrellas. Se acercó a él en silencio y cuando estuvo en su lado le habló como se habla a un viejo amigo.
_ Aún recuerdo la escultura que me regalaste, la última vez que nos vimos...- le dijo. Él no la miró, sino que continuó mirando al firmamento.
_ Bella ¿verdad?- dijo.
_ Palpitante, diría yo.
Vykos bajó entonces los ojos del cielo y la miró frunciendo el ceño.
_ Te oí reir en la escalera ¿Ha ocurrido algo?
Loni negó la cabeza levemente y sonrió con amargura.
_ Oh, me encontré con un viejo conocido... Hacía siglos que no me veía, y tenía una bonita palabra guardada para mí- respondió- ¿Cómo te va todo?
_ Están alterados, quieren cargarse a Hardestat, pero aún no es el momento, y eso al fin lo han entendido. Hay que sacar a la luz a ese monstruo, que todos le vean: juega a ser el piadoso pero no lo es.
Aquel tema le aburría y no se había reunido con él para hacer campaña. Loni agitó la mano descartando el tema con desdén.
_ No me interesan los asuntos de los cainitas. Lo mío es el mundo y sus largos caminos. Sé que conociste a mi chiquilla en Venecia, sublime ¿Verdad?
Una sonrisilla asomó al rostro de Vykos.
_ Me gustan las pelirrojas, tiene fuego en el cuerpo.
Loni asintió complacida, miró al cielo y habló como si tratara el asunto más banal del mundo.
_ Iba a sugerirle que me acompañara en mi próximo viaje. quiero visitar la vieja Constantinopla, pero al parecer graves asuntos la retendrán en Thorns durante toda la convención. Una lástima, la verdad, porque tenía pensado partir mañana con ella. Debería olvidarse de todos estos asuntos y dedicarse por completo al arte, lo que hace es un desperdicio de talento.
Vykos asintió ausente.
_ Desde luego ¿Te has dado cuenta de algo? El revuelo ha roto la concentración de Camilla Banes y de Rafael de Corazón.
Loni alzó las cejas, sorprendida, y comprobó que decía la verdad, su auspex funcionaba tan bien como antes.
_ Oh... ¿no se supone que eso puede ser letal en este lugar?- inquirió, curiosa. Vykos se encogió de hombros.
_ Es posible. De todos modos...
_ Vaya, vaya, vaya...- interrumpió una voz terriblemente familiar, y ambos se volvieron alarmados para encontrarse con una proyección perfectamente definida del infame Rodrigo de Lances, pero tan imponente y cambiado que nadie que no le hubiera conocido bien, lo habría reconocido.
_ Busco a tu chiquilla, Loni. ¿La has visto?- inquirió el fantasma, y Loni entrecerró los ojos con recelo y odio.
_ ¿Para qué puedes quererla tú, serpiente?- espetó, y casi le escupió a los pies. Casi había olvidado lo mucho que le odiaba... El fantasma alzó las cejas.
_ ¿Serpiente? Me duele en el alma oir eso de los labios de mi chiquilla favorita- respondió.
Esta vez fue Vykos el sorprendido.
_ ¿Es tu sire? Vaya, está cambiado...
Rodrigo le ignoró y continuó mirando a Loni.
_ Me encantaría quedarme,-dijo- pero amanecerá en poco tiempo, y quiero antes encontrar a Michelle de Mauvernay.
_ Le diré que te escupa cuando te vea, que tengas suerte...- fue la desdeñosa respuesta de su chiquilla.
El fantasma frunció el ceño.
_ ¿Yo te enseñé a ser tan malhablada?- de pronto Vykos agitó la mano, trazando un extraño símbolo en el aire y Rodrigo desapareció con una maldición.
_ Qué molesto...- siseó cuando volvió a haber silencio en el claustro, y Loni no pudo sino darle la razón.
_ Desde luego... Me gusta ese método contra las moscas ¿Me lo enseñarás algun día?
Vykos chasqueó suavemente la lengua.
_ Solo si te unes a mi, lo sabes bien. ¿Conoces a Eloise de Blanchard?- Loni negó con la cabeza- Es amiga mía. Una vidente. Malkavian. Dice que vio en su mente a tu chiquilla con Hardestat hace unas horas.- bajó entonces la voz hasta que fue apenas un susurro- Tenemos unos pocos minutos de privacidad. Eso que he hecho no dejará que nadie oiga o entre en este claustro.
Loni maldijo en su interior y suspiró.
_ Hardestat tiene a Michelle en una posición tremendamente frágil, Vykos.-dijo- No puedo hacer nada que pueda perjudicarla, no con todo lo que le ha costado conseguir lo que tiene. No podrá marcharse antes de la noche de conclusiones y tengo miedo por ella.
_ En ese caso, puedo crear una Michelle falsa, a ojos de Hardestat, la habríamos secuestrado. Con un poco de tu ayuda, no se daría cuenta antes de las conclusiones y eso le dejaría tiempo.
Loni no lo veía nada claro, aquello era justo lo contrario a lo que pretendía. Se encogió de hombros.
_¿Y después?
_ La Michelle falsa morirá, no lo dudes. Hardestat no la dejará viva, si no muere, sabremos qué quería de ella. A menos que me lo digas ahora, claro...
_ No es Michelle quien necesita ojos en la Camarilla, y lo sabes, y ella tiene ojos en lugares inaccesibles para ellos. Las escuelas son una potente fuente de información del territorio Lasombra en Italia ¿No querrías tú unos ojos en la corte de Hardestat?-añadió, afilada.
Vykos pareció pensativo un instante.
_ Puede ser, puede ser ¿Qué es entonces lo que deseas? ¿Que Michelle escape, o que Hardestat caiga?
Loni negó con la cabeza.
_ Por nuestra vieja amistad, Vykos. Dí lo que tengas que decir a tu gente, pero sabes tan bien como yo que ni siquiera tú puedes despreciar unos ojos en el corazón de la Camarilla.
Aquello pareció ser la fórmula correcta. Vykos asintió.
_ Así lo haré, pero si lo hago, Hardestat sabrá que he dado esa premisa, sólo necesitará un traidor, o un prisionero, para ello.
Loni volvió a negar.
_ No tiene por qué, eres mucho más inteligente que eso.
Vykos alzó las cejas.
_ ¿De veras? A veces, me da la sensación que lucho contra el océano en tormenta.
Guardaron silencio un instante, y al fin Loni volvió a hablar.
_ No me dirás qué ocurrirá ¿Verdad?
_ No puedo. No quiero cometer ningún error. Y a ti te vigila demasiado Camilla Banes.
Loni asintió y se puso en pie.
_ Confio en tí, Vykos.- comenzó a caminar hacia las escaleras, pero se detuvo al dar unos pocos pasos y se volvió hacia su viejo compañero.- Ah, y me alegro de verte.
_ Ten cuidado, Rodrigo sabe que estás aquí.
_ La cuestión es ¿cuanto sabe? Y... ¿para quién?
Vykos se encogió de hombros y negó con la cabeza, y Loni regresó a las escaleras.
En el pasillo, encontró a Talbo sentado. Estaba mirando el cielo que empezaba a palidecer y Loni pasó de largo, pero una vez más le habló, cuando Loni había supuesto que ya no tenían más que decirse.
_ ¿Sabes que me he reconciliado con Isaac?- dijo el brujah, y Loni sonrió con amargura.- Me ha dicho algunas cosas interesantes...
_ Pensaba que le matarías el día que le vieras. Al menos eso decía tu carta- respondió con ironía deteniendose a una distancia prudencial.
_ Las cosas cambian. No todas, pero sí muchas.
_ Me alegro por vosotros.- mintió.
_ Hay una cosa que me gustaría saber- dijo el hombre- ¿Por qué?
La carcajada de Loni retumbó por el pasillo y luego dirigió a Talbo una sonrisa burlona.
_ Desde luego, no has hablado lo suficiente con Isaac.- espetó, y comenzó a caminar de nuevo- Buenos días.
Entonces Talbo habló a su espalda, y lo que dijo estuvo a punto de dejarla clavada en el suelo.
_ ¿Quién es Adonai?
No pudo detenerse, porque detenerse habría sido darle una respuesta que no se merecía, y continuó caminando, apretando fuerte los dientes y los puños. Talbo no insistió, sino que volvió a sentarse donde le había encontrado.
Cuando llegó a su celda, recordó las palabras de Vykos. De modo que Camilla Banes la vigilaba... Emergió de su cuerpo brevemente para asegurarse de que no había nadie en la habitación con ella y entonces lo vio: Rodrigo. Estaba allí, suspendido en el aire, inconsciente de que ya había sido descubierto. Loni decidió fingir y se volvió hacia uno de sus sirvientes.
_ ¿Donde está Michelle?- inquirió al tiempo que daba las respuestas que debía ofrecer, directamente en su mente.
_ Está en el pueblo, dijo que volvería mañana, tenia que reunirse con alguien- respondió obediente el criado. Loni asintió.
_ Ve con ella, dile que me marcharé mañana justo después de la puerta de sol, si quiere despedirse, tendrá que volver pronto.
El criado asintió y se marchó, pero Rodrigo no se marchó y Loni maldijo para sí, puesto que no podía convertirse en Michelle si él estaba presente. Se fingió ocupada para ver si se cansaba de esperar, pero entonces otro ente entró en el plano astral, se acercó a Rodrigo y le dio una palmada en el hombro.
"Tenemos que irnos ya" dijo el extraño. Rodrigo suspiró.
"¿Puedes darme unas horas?" inquirió,y añadió casi suplicante "Por favor..."
El extraño le miró sorprendido y asqueado, y luego se encogió de hombros.
"Estás enfermo"
"¡Por favor!" rogó Rodrigo.
"Como quieras" fue la respuesta del extraño, y de pronto, Loni sintió que las paredes comenzaban a alejarse de ella, como si algo se detuviera de repente.
Miró por la ventana y vio un pájaro suspendido en el cielo. No, no estaba inmóvil, pero se movía a una velocidad antinaturalmente lenta. Loni no podía creerlo: había ralentizado el tiempo hasta casi detenerlo y sintió vértigo ante aquel poder.
"Tienes una hora. No me puedo arriesgar a hacer más en este lugar." dijo el extraño, y desapareció. Y entonces, cuando estuvieron de nuevo a solas, Loni comenzó a sentir algo que recordaba como una pesadilla, unos extraños zarcillos intentando penetrar en su mente como dedos untuosos...
Reprimió un grito y las arcadas, y casi instintivamente, se sacudió los zarcillos de su mente, devolviendo todos sus pensamientos a Rodrigo. El fantasma se estremeció y Loni vio entonces lo que jamás habría pensado presenciar: el fino hilo de plata que unía el espíritu de Rodrigo con su cuerpo, que se perdía en la lejanía, se quebró con un chasquido. Había roto el lazo. El rostro de Rodrigo era la más clara expresión del terror, y de pronto el aturdimiento le golpeó de pleno y quedó suspendido en el aire, inconsciente.
Loni emergió entonces de su cuerpo, para tratar de alejar al fantasma a algun lugar donde el sol pudiera besarlo al amanecer, pero por alguna razón el extraño hechizo que había detenido el tiempo no le permitió salir de la celda y se preguntó si fuera de sus muros, en el resto del monasterio, el tiempo seguiría corriendo. Regresó a su cuerpo, resignada a esperar a que Rodrigo despertara y marchara.
Al cabo de un tiempo, Rodrigo comenzó a volve en sí. Su rostro seguía reflejando el terror más absoluto, y comenzó a lamentarse.
"¿Cómo ha podido pasar...? ¡¿Cómo?! Voy a morir... ¡Voy a morir!" en su forma astral, se sentó en un rincón, como una bestiezuela asustada, y comenzó a pedir auxilio a gritos, gritos que solo se oirían en el mudno astral,y Loni, que seguía fingiendo no verle, se regodeó en su pesar.
"Maldito Rathmonicus... Es culpa de su poder..." parloteaba, desesperado "Voy a morir... Esto no puede estar pasando..."
Al cabo de casi una hora entera, la miró con lástima y resentimiento y le habló sin saber que ella escuchaba.
"Y todo por desearte... ¿Por qué ha tenido que pasar? Eras mi pequeña Loni, mi escultora de sueños y quimeras... Aquella a la que siempre protegí... ¿Cuándo cambió todo? ¿Fue el Ordo? ¿Fue Roque el que me alejó para siempre de ti? ¿O fue cuando me uní a la Tal-mahe-rah? ¿Cuándo cambié tanto?" Loni reprimió un grito de angustia. Rodrigo miró a su alrededor, exasperado. "No quiero morir..."
Era consciente de que el tiempo se terminaba, y se dio cuenta de que Rodrigo no sabía qué sería de él cuando el tiempo volviera a correr normalmente. Haciendo acopio de sus últimas fuerzas, invocó de nuevo su poder para que el fantasma fuera visible. Loni, al verlo, se fingió sorprendida y ofendida.
_ ¡Sucia rata!- le espetó al mirarle- ¿Qué haces aquí?
El rostro de Rodrigo era la más absoluta desolación.
_ Me muero, Loni.- fueron sus palabras. Loni sonrió con crueldad.
_ Debiste hacerlo hace mucho tiempo, Rodrigo de Lances.
Rodrigo asintió, apesadumbrado.
_ Puede ser. Hoy tendrás la satisfacción de verme morir, muy a pesar mío...
Podía notar la tensión en su voz y en su gesto, estaba aterrado. Loni decidió que quería volver a golpearle.
_ Eres como las cucarachas,-añadió con desdén- no me creeré nada hasta que vea tus cenizas.
El rostro de Rodrigo se contrajo como si hubiera recibido un golpe.
_ ¿Qué nos pasó, Loni?
Aquello sí la enfureció, y le miró con ojos llameantes.
_ ¿Y tú me lo preguntas?- siseó- Muerete ya y déjame tranquila.
_ Me muero, Loni- gimió el fantasma- Por quererte ver una vez más, me muero... Cuando te vi en el claustro, no pude resistir verte una vez más... Así que te daré un regalo de despedida. Algo que debí hacer hace tiempo. Porque aunque sé que me odias, en el fondo siempre te quise. Siempre lo haré. Hay un pasaje secreto bajo el castillo en que te rescaté, o más bien, bajo sus ruinas. Ahora eres tú su custodio...
Su curiosidad la traicionó, alzó las cejas e inquirió:
_ ¿Qué hay allí?
El trino de un pájaro marcó el final del hechizo y la cara de Rodrigo mutó a una máscara de terror y comenzó a deformarse. Loni quiso gritar que respondiera antes de que fuera demasiado tarde, pero las palabras de Rodrigo ya estaban en su labios antes de que pudiera hablar siquiera.
_ El corazón de...
Las palabras flotaron en el aire cuando Rodrigo se esfumó, sin haber podido completar su respuesta. Si estaba muerto, eso Loni no lo sabía, aunque lo dudaba.
El poder del zafiro casi agotó sus fuerzas y para cuando la transformación se completó, estaba hambrienta. Casi diezmó a su rebaño tomando de ellos la sangre suficiente para no sentirse débil, y tomó de una de sus sirvientas un sencillo vestido de paño, mucho más apropiado para el aspecto de Loni. Una vez alimentada y vestida, y llegada la hora del encuentro, se dirigió al claustro.
El monasterio estaba tranquilo y silencioso, puesto que al parecer el incidente ocurrido al principio de la noche había provocado una retirada en casi todos los bandos. Había poca gente en las galerías, y todos se retiraban ya a sus celdas, debido a la cercanía del amanecer, pero al cruzar una de las galerías, vio a un hombre que se detenía al verla y se le quedaba mirando. No tardó en reconocerlo, puesto que aquel hombre había sido su esposo durante los largos años de mortal y los primeros años como cainita, y era, de hecho, la criatura a la que más detestaba en el mundo. No se detuvo, sino que trató de pasarle de largo como si no existiera, camino del claustro.
_ ¿Qué haces aquí?- inquirió Talbo cuando estuvo cerca. Loni pasó de largo sin mirarle.
_ Lo que yo haga o deje de hacer hace mucho que dejó de incumbirte, Talbo.- respondió con tono frío, y siguió caminando. El hombre entonces la agarró con fuerza por un brazo y la acercó a él, amenazador, aunque lo único que recibió el brujah fue una sonrisa indiferente por parte de la que había sido su esposa. Loni pudo leer en su rostro una gran cotradicción, y decidió regodearse en su confusión.
_ ¿Vas a usar la fuerza conmigo, Talbo?- preguntó con voz desafiantemente dulce, y él la soltó con violencia.
_ Puta.- espetó. Si la carcajada que obtuvo como respuesta le había enfurecido, no lo demostró, puesto que ya caminaba con paso firme a lo largo del pasillo, alejándose de ella.
Una vez sola, Loni pudo continuar su camino, y para cuando llegó al claustro, Vykos estaba solo, mirando las estrellas. Se acercó a él en silencio y cuando estuvo en su lado le habló como se habla a un viejo amigo.
_ Aún recuerdo la escultura que me regalaste, la última vez que nos vimos...- le dijo. Él no la miró, sino que continuó mirando al firmamento.
_ Bella ¿verdad?- dijo.
_ Palpitante, diría yo.
Vykos bajó entonces los ojos del cielo y la miró frunciendo el ceño.
_ Te oí reir en la escalera ¿Ha ocurrido algo?
Loni negó la cabeza levemente y sonrió con amargura.
_ Oh, me encontré con un viejo conocido... Hacía siglos que no me veía, y tenía una bonita palabra guardada para mí- respondió- ¿Cómo te va todo?
_ Están alterados, quieren cargarse a Hardestat, pero aún no es el momento, y eso al fin lo han entendido. Hay que sacar a la luz a ese monstruo, que todos le vean: juega a ser el piadoso pero no lo es.
Aquel tema le aburría y no se había reunido con él para hacer campaña. Loni agitó la mano descartando el tema con desdén.
_ No me interesan los asuntos de los cainitas. Lo mío es el mundo y sus largos caminos. Sé que conociste a mi chiquilla en Venecia, sublime ¿Verdad?
Una sonrisilla asomó al rostro de Vykos.
_ Me gustan las pelirrojas, tiene fuego en el cuerpo.
Loni asintió complacida, miró al cielo y habló como si tratara el asunto más banal del mundo.
_ Iba a sugerirle que me acompañara en mi próximo viaje. quiero visitar la vieja Constantinopla, pero al parecer graves asuntos la retendrán en Thorns durante toda la convención. Una lástima, la verdad, porque tenía pensado partir mañana con ella. Debería olvidarse de todos estos asuntos y dedicarse por completo al arte, lo que hace es un desperdicio de talento.
Vykos asintió ausente.
_ Desde luego ¿Te has dado cuenta de algo? El revuelo ha roto la concentración de Camilla Banes y de Rafael de Corazón.
Loni alzó las cejas, sorprendida, y comprobó que decía la verdad, su auspex funcionaba tan bien como antes.
_ Oh... ¿no se supone que eso puede ser letal en este lugar?- inquirió, curiosa. Vykos se encogió de hombros.
_ Es posible. De todos modos...
_ Vaya, vaya, vaya...- interrumpió una voz terriblemente familiar, y ambos se volvieron alarmados para encontrarse con una proyección perfectamente definida del infame Rodrigo de Lances, pero tan imponente y cambiado que nadie que no le hubiera conocido bien, lo habría reconocido.
_ Busco a tu chiquilla, Loni. ¿La has visto?- inquirió el fantasma, y Loni entrecerró los ojos con recelo y odio.
_ ¿Para qué puedes quererla tú, serpiente?- espetó, y casi le escupió a los pies. Casi había olvidado lo mucho que le odiaba... El fantasma alzó las cejas.
_ ¿Serpiente? Me duele en el alma oir eso de los labios de mi chiquilla favorita- respondió.
Esta vez fue Vykos el sorprendido.
_ ¿Es tu sire? Vaya, está cambiado...
Rodrigo le ignoró y continuó mirando a Loni.
_ Me encantaría quedarme,-dijo- pero amanecerá en poco tiempo, y quiero antes encontrar a Michelle de Mauvernay.
_ Le diré que te escupa cuando te vea, que tengas suerte...- fue la desdeñosa respuesta de su chiquilla.
El fantasma frunció el ceño.
_ ¿Yo te enseñé a ser tan malhablada?- de pronto Vykos agitó la mano, trazando un extraño símbolo en el aire y Rodrigo desapareció con una maldición.
_ Qué molesto...- siseó cuando volvió a haber silencio en el claustro, y Loni no pudo sino darle la razón.
_ Desde luego... Me gusta ese método contra las moscas ¿Me lo enseñarás algun día?
Vykos chasqueó suavemente la lengua.
_ Solo si te unes a mi, lo sabes bien. ¿Conoces a Eloise de Blanchard?- Loni negó con la cabeza- Es amiga mía. Una vidente. Malkavian. Dice que vio en su mente a tu chiquilla con Hardestat hace unas horas.- bajó entonces la voz hasta que fue apenas un susurro- Tenemos unos pocos minutos de privacidad. Eso que he hecho no dejará que nadie oiga o entre en este claustro.
Loni maldijo en su interior y suspiró.
_ Hardestat tiene a Michelle en una posición tremendamente frágil, Vykos.-dijo- No puedo hacer nada que pueda perjudicarla, no con todo lo que le ha costado conseguir lo que tiene. No podrá marcharse antes de la noche de conclusiones y tengo miedo por ella.
_ En ese caso, puedo crear una Michelle falsa, a ojos de Hardestat, la habríamos secuestrado. Con un poco de tu ayuda, no se daría cuenta antes de las conclusiones y eso le dejaría tiempo.
Loni no lo veía nada claro, aquello era justo lo contrario a lo que pretendía. Se encogió de hombros.
_¿Y después?
_ La Michelle falsa morirá, no lo dudes. Hardestat no la dejará viva, si no muere, sabremos qué quería de ella. A menos que me lo digas ahora, claro...
_ No es Michelle quien necesita ojos en la Camarilla, y lo sabes, y ella tiene ojos en lugares inaccesibles para ellos. Las escuelas son una potente fuente de información del territorio Lasombra en Italia ¿No querrías tú unos ojos en la corte de Hardestat?-añadió, afilada.
Vykos pareció pensativo un instante.
_ Puede ser, puede ser ¿Qué es entonces lo que deseas? ¿Que Michelle escape, o que Hardestat caiga?
Loni negó con la cabeza.
_ Por nuestra vieja amistad, Vykos. Dí lo que tengas que decir a tu gente, pero sabes tan bien como yo que ni siquiera tú puedes despreciar unos ojos en el corazón de la Camarilla.
Aquello pareció ser la fórmula correcta. Vykos asintió.
_ Así lo haré, pero si lo hago, Hardestat sabrá que he dado esa premisa, sólo necesitará un traidor, o un prisionero, para ello.
Loni volvió a negar.
_ No tiene por qué, eres mucho más inteligente que eso.
Vykos alzó las cejas.
_ ¿De veras? A veces, me da la sensación que lucho contra el océano en tormenta.
Guardaron silencio un instante, y al fin Loni volvió a hablar.
_ No me dirás qué ocurrirá ¿Verdad?
_ No puedo. No quiero cometer ningún error. Y a ti te vigila demasiado Camilla Banes.
Loni asintió y se puso en pie.
_ Confio en tí, Vykos.- comenzó a caminar hacia las escaleras, pero se detuvo al dar unos pocos pasos y se volvió hacia su viejo compañero.- Ah, y me alegro de verte.
_ Ten cuidado, Rodrigo sabe que estás aquí.
_ La cuestión es ¿cuanto sabe? Y... ¿para quién?
Vykos se encogió de hombros y negó con la cabeza, y Loni regresó a las escaleras.
En el pasillo, encontró a Talbo sentado. Estaba mirando el cielo que empezaba a palidecer y Loni pasó de largo, pero una vez más le habló, cuando Loni había supuesto que ya no tenían más que decirse.
_ ¿Sabes que me he reconciliado con Isaac?- dijo el brujah, y Loni sonrió con amargura.- Me ha dicho algunas cosas interesantes...
_ Pensaba que le matarías el día que le vieras. Al menos eso decía tu carta- respondió con ironía deteniendose a una distancia prudencial.
_ Las cosas cambian. No todas, pero sí muchas.
_ Me alegro por vosotros.- mintió.
_ Hay una cosa que me gustaría saber- dijo el hombre- ¿Por qué?
La carcajada de Loni retumbó por el pasillo y luego dirigió a Talbo una sonrisa burlona.
_ Desde luego, no has hablado lo suficiente con Isaac.- espetó, y comenzó a caminar de nuevo- Buenos días.
Entonces Talbo habló a su espalda, y lo que dijo estuvo a punto de dejarla clavada en el suelo.
_ ¿Quién es Adonai?
No pudo detenerse, porque detenerse habría sido darle una respuesta que no se merecía, y continuó caminando, apretando fuerte los dientes y los puños. Talbo no insistió, sino que volvió a sentarse donde le había encontrado.
Cuando llegó a su celda, recordó las palabras de Vykos. De modo que Camilla Banes la vigilaba... Emergió de su cuerpo brevemente para asegurarse de que no había nadie en la habitación con ella y entonces lo vio: Rodrigo. Estaba allí, suspendido en el aire, inconsciente de que ya había sido descubierto. Loni decidió fingir y se volvió hacia uno de sus sirvientes.
_ ¿Donde está Michelle?- inquirió al tiempo que daba las respuestas que debía ofrecer, directamente en su mente.
_ Está en el pueblo, dijo que volvería mañana, tenia que reunirse con alguien- respondió obediente el criado. Loni asintió.
_ Ve con ella, dile que me marcharé mañana justo después de la puerta de sol, si quiere despedirse, tendrá que volver pronto.
El criado asintió y se marchó, pero Rodrigo no se marchó y Loni maldijo para sí, puesto que no podía convertirse en Michelle si él estaba presente. Se fingió ocupada para ver si se cansaba de esperar, pero entonces otro ente entró en el plano astral, se acercó a Rodrigo y le dio una palmada en el hombro.
"Tenemos que irnos ya" dijo el extraño. Rodrigo suspiró.
"¿Puedes darme unas horas?" inquirió,y añadió casi suplicante "Por favor..."
El extraño le miró sorprendido y asqueado, y luego se encogió de hombros.
"Estás enfermo"
"¡Por favor!" rogó Rodrigo.
"Como quieras" fue la respuesta del extraño, y de pronto, Loni sintió que las paredes comenzaban a alejarse de ella, como si algo se detuviera de repente.
Miró por la ventana y vio un pájaro suspendido en el cielo. No, no estaba inmóvil, pero se movía a una velocidad antinaturalmente lenta. Loni no podía creerlo: había ralentizado el tiempo hasta casi detenerlo y sintió vértigo ante aquel poder.
"Tienes una hora. No me puedo arriesgar a hacer más en este lugar." dijo el extraño, y desapareció. Y entonces, cuando estuvieron de nuevo a solas, Loni comenzó a sentir algo que recordaba como una pesadilla, unos extraños zarcillos intentando penetrar en su mente como dedos untuosos...
Reprimió un grito y las arcadas, y casi instintivamente, se sacudió los zarcillos de su mente, devolviendo todos sus pensamientos a Rodrigo. El fantasma se estremeció y Loni vio entonces lo que jamás habría pensado presenciar: el fino hilo de plata que unía el espíritu de Rodrigo con su cuerpo, que se perdía en la lejanía, se quebró con un chasquido. Había roto el lazo. El rostro de Rodrigo era la más clara expresión del terror, y de pronto el aturdimiento le golpeó de pleno y quedó suspendido en el aire, inconsciente.
Loni emergió entonces de su cuerpo, para tratar de alejar al fantasma a algun lugar donde el sol pudiera besarlo al amanecer, pero por alguna razón el extraño hechizo que había detenido el tiempo no le permitió salir de la celda y se preguntó si fuera de sus muros, en el resto del monasterio, el tiempo seguiría corriendo. Regresó a su cuerpo, resignada a esperar a que Rodrigo despertara y marchara.
Al cabo de un tiempo, Rodrigo comenzó a volve en sí. Su rostro seguía reflejando el terror más absoluto, y comenzó a lamentarse.
"¿Cómo ha podido pasar...? ¡¿Cómo?! Voy a morir... ¡Voy a morir!" en su forma astral, se sentó en un rincón, como una bestiezuela asustada, y comenzó a pedir auxilio a gritos, gritos que solo se oirían en el mudno astral,y Loni, que seguía fingiendo no verle, se regodeó en su pesar.
"Maldito Rathmonicus... Es culpa de su poder..." parloteaba, desesperado "Voy a morir... Esto no puede estar pasando..."
Al cabo de casi una hora entera, la miró con lástima y resentimiento y le habló sin saber que ella escuchaba.
"Y todo por desearte... ¿Por qué ha tenido que pasar? Eras mi pequeña Loni, mi escultora de sueños y quimeras... Aquella a la que siempre protegí... ¿Cuándo cambió todo? ¿Fue el Ordo? ¿Fue Roque el que me alejó para siempre de ti? ¿O fue cuando me uní a la Tal-mahe-rah? ¿Cuándo cambié tanto?" Loni reprimió un grito de angustia. Rodrigo miró a su alrededor, exasperado. "No quiero morir..."
Era consciente de que el tiempo se terminaba, y se dio cuenta de que Rodrigo no sabía qué sería de él cuando el tiempo volviera a correr normalmente. Haciendo acopio de sus últimas fuerzas, invocó de nuevo su poder para que el fantasma fuera visible. Loni, al verlo, se fingió sorprendida y ofendida.
_ ¡Sucia rata!- le espetó al mirarle- ¿Qué haces aquí?
El rostro de Rodrigo era la más absoluta desolación.
_ Me muero, Loni.- fueron sus palabras. Loni sonrió con crueldad.
_ Debiste hacerlo hace mucho tiempo, Rodrigo de Lances.
Rodrigo asintió, apesadumbrado.
_ Puede ser. Hoy tendrás la satisfacción de verme morir, muy a pesar mío...
Podía notar la tensión en su voz y en su gesto, estaba aterrado. Loni decidió que quería volver a golpearle.
_ Eres como las cucarachas,-añadió con desdén- no me creeré nada hasta que vea tus cenizas.
El rostro de Rodrigo se contrajo como si hubiera recibido un golpe.
_ ¿Qué nos pasó, Loni?
Aquello sí la enfureció, y le miró con ojos llameantes.
_ ¿Y tú me lo preguntas?- siseó- Muerete ya y déjame tranquila.
_ Me muero, Loni- gimió el fantasma- Por quererte ver una vez más, me muero... Cuando te vi en el claustro, no pude resistir verte una vez más... Así que te daré un regalo de despedida. Algo que debí hacer hace tiempo. Porque aunque sé que me odias, en el fondo siempre te quise. Siempre lo haré. Hay un pasaje secreto bajo el castillo en que te rescaté, o más bien, bajo sus ruinas. Ahora eres tú su custodio...
Su curiosidad la traicionó, alzó las cejas e inquirió:
_ ¿Qué hay allí?
El trino de un pájaro marcó el final del hechizo y la cara de Rodrigo mutó a una máscara de terror y comenzó a deformarse. Loni quiso gritar que respondiera antes de que fuera demasiado tarde, pero las palabras de Rodrigo ya estaban en su labios antes de que pudiera hablar siquiera.
_ El corazón de...
Las palabras flotaron en el aire cuando Rodrigo se esfumó, sin haber podido completar su respuesta. Si estaba muerto, eso Loni no lo sabía, aunque lo dudaba.
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